Habían pasado 36 años, desde la guerra de la vergüenza, cuando llegaron los malos augurios: vientos huracanados traían lluvias de piedras, las aves volaban en círculos contrarios al sentido de la tierra, la corriente de los ríos volvía hacia atrás, las cuatro direcciones se cubrían de niebla, polvo tapaba el disco solar, la luna y el sol se veían siempre rodeados de una aureola negra y roja y por todas partes caían meteoritos como carbones incandescentes.

El rey entendió, entonces, que Krishna estaba partiendo.

Unos pocos supervivientes de aquella guerra innombrable, que había cosechado las vidas de los guerreros de la tierra, fueron los Vrishni, el clan al que pertenecía Krishna.

¿Y quién eres tú Krishna? ¿Qué significa tu nombre estrellado? Cuenta la historia que el clan de los Vrishni estaba marcado por una maldición, y dicen que fuiste tu, Krishna, quien la había llevado sobre ellos.

Años atrás el campamento de los Vrishni fue visitado por los sabios Nárada, Vishvamitra y Kanva. Los guerreros de la asamblea recibieron a los tres sabios con un juego que les costó la vida. ¿Por qué? Dicen que el destino lo sabe.

¿Y cuál fue ese juego? Dicen que a los Vrishni se les ocurrió vestir a uno de sus guerreros de mujer y presentarlo así a los sabios:

-Esta joven está en su período más fértil del mes – dijeron los guerreros, embriagados de humor -es la obligación de uno de vosotros, oh sabios ilustres, dejarla embarazada.

Pero a los sabios no les gustó nada la broma, y respondieron con una maldición:

-Este guerrero, vestido de mujer, quedará embarazado y dará a luz a una vara de hierro que será la muerte de todos vosotros. Excepto Krishna y su hermano Bala Rama. Porque sois todos crueles e insolentes.

Después Bala Rama llegará al océano y descartará allí su cuerpo. Cuando Krishna se siente a descansar en el bosque será atravesado por la flecha de un cazador. –

Se cuenta que los ojos de los sabios estaban rojos de furia cuando emitieron esas palabras. Krishna se retiró a sus aposentos sin decir nada.

El guerrero que se había vestido de mujer dio a luz a una vara de hierro, que los Vrishni convirtieron en un polvo fino de hierro que vertieron al mar.

Pero años después, cuando llegaron los malos augurios, los Vrishni vieron como el disco arrojadizo de Krishna, un arma que le había sido entregada por el dios del fuego, volvía volando al cielo. Los caballos de Krishna, que eran rápidos como el pensamiento, huyeron de la ciudad cabalgando sobre las aguas hasta perderse en el horizonte marítimo.

Y se cuenta que los guerreros Vrishni intentaron salvar la situación peregrinando juntos a un santuario frente al océano, pero se les ocurrió llevar con ellos distintos tipos de licor. Los Vrishni se emborracharon frente al santuario, en la noche fatal de su extinción, y con la intoxicación llegó la discordia, y con la discordia llegó la pelea, que desencadenó en una batalla campal.

El misterio, cuentan, es que en su furia los Vrishni arrancaban pedazos de hierba del lugar, y cada brizna se convertía en una vara de metal.

El polvo maldito que habían volcado en el mar había alimentado la vegetación de la costa, y se dividió en miles de bastones, con los que los Vrishni se exterminaron unos a otros. A excepción de Krishna, y su hermano Bala Rama, que no habían participado en el festín.

Esa misma noche Bala Rama abandonó su cuerpo frente al mar, y Krishna murió al día siguiente en el bosque. De esto hablará la entrada que viene. ¿De qué manera trajo Krishna esa maldición sobre su linaje? De eso hablaremos también, en próximas entradas. ¿Y por qué son relevantes estos detalles sobre la muerte de Krishna? Pues la verdad es que nunca llegarán a ser del todo relevantes mientras los sigamos viendo como la historia que contó alguien sobre alguien. Porque Krishna es la última verdad filosófica, el que hace que todo pase (prabhu), el sostén de todo lo que existe (nivasa), lo más cercano a todos los corazones (suhrut) y la semilla (bija) de todo lo que existe. Si pensamos en Krishna como un “ello”, un concepto abstracto, o un “él”, un ídolo de piedra, estamos viendo al mundo, a todo lo que nos rodea, y a nosotros mismos, como un concepto, o un pedazo de tierra. Si descendemos por este camino ninguna historia acabará siendo relevante para nada. Pero si nos atrevemos a dirigirnos a Krishna en segunda persona, y preguntar a nuestro corazón, a cada árbol y a cada instante ¿tú quien eres, y qué necesitas expresar? Esta historia nos hablará del sentido de la vida.