¿Cómo murió Krishna? (Segunda parte)

Dicen que cuando los hombres de su clan se mataron los unos a los otros, en una borrachera salvaje, el príncipe Krishna estaba solo. Se encontraba meditando en el bosque, bajo la mirada de la luna, rodeado de aromas de la tierra y susurros de las plantas.

Entonces llegó a él Daruka, su fiel auriga, para informarle de la tragedia. Y Krishna sonrió, esa enigmática sonrisa que servirá de hilo conductor para las próximas entradas de este blog. Después Krishna ordenó a Daruka que partiera: Lo mandó a convocar al héroe Arjuna, para que viniera a proteger la ciudad de los ataques de los bandidos, que llegarían cuando supieran que en la ciudad de Krishna ya no quedaban guerreros.

Aquella noche terrible, cuando volvió a quedar solo, Krishna caminó hasta el mar, donde vio a su hermano sentado bajo un árbol. Cuando Krishna llegó al lugar Bala Rama, el hermano, abrió la boca y salió de ella una serpiente blanca gigantesca, con mil cabezas, que se deslizó hacia las aguas sin hacer ningún ruido. Y Krishna no se inmutó. La noche seguía tan negra como hacía unos minutos, pero nada era igual. Para el mundo. Aunque para Krishna las cosas marchaban como tenían que marchar. El príncipe se adentró en el bosque hasta encontrar un lugar tranquilo, y allí se sentó, concentrando toda su atención en el interior del cuerpo, meditando en sus dientes, su paladar, la lengua, el cuello, la garganta, el corazón, las arterias y las venas dentro de su corazón. Una sola vez se movió Krishna, pero cuando ya comenzaba a amanecer. Justo en aquel momento pasó por el lugar un cazador, quien según dicen se llamaba vejez (Jara).

El cazador confundió el movimiento del príncipe entre los matorrales con la agitación de una gacela. Disparó, y mató a Krishna.

Así murió el príncipe Krishna, acompañado de su hermano Bala Rama. Pero Bala Rama, dicen, fue la encarnación en la tierra de la serpiente Sesha. Una serpiente infinita (ananta) hecha de todos los residuos (sesha) de la realidad. Una serpiente compuesta por los restos encadenados de todo lo que ha existido alguna vez, y todo lo que existe, que se desliza lenta y velozmente a la vez, infinitamente, en todas partes. Y sobre esta serpiente descansas tú, que lo permeas todo (vishnu), Oh Krishna. Porque, aunque la historia cuente que moriste, todos sabemos que “tus manos y tus pies alcanzan todas las direcciones, y tus ojos, cabeza y caras miran hacia todas partes[1]”.

Esta historia responde, en parte, a la pregunta de una lectora de este blog, quien preguntaba cómo murió Krishna. Pero queda más por responder: ¿Por qué Krishna atrajo la maldición letal sobre su propio clan? ¿Y por qué sonríe? De esto seguiremos hablando en la próxima entrada y así, por partes, seguimos profundizando en el tema de este año de Respirar el Mahābhārata, que es cómo llegar a Krishna sin confundirse.


[1] Cita del canto llamado Anu Gita, una “segunda Bhagavad Gita” que se encuentra en el capítulo del Mahābhārata llamado

¿Cómo murió Krishna?

Habían pasado 36 años, desde la guerra de la vergüenza, cuando llegaron los malos augurios: vientos huracanados traían lluvias de piedras, las aves volaban en círculos contrarios al sentido de la tierra, la corriente de los ríos volvía hacia atrás, las cuatro direcciones se cubrían de niebla, polvo tapaba el disco solar, la luna y el sol se veían siempre rodeados de una aureola negra y roja y por todas partes caían meteoritos como carbones incandescentes.

El rey entendió, entonces, que Krishna estaba partiendo.

Unos pocos supervivientes de aquella guerra innombrable, que había cosechado las vidas de los guerreros de la tierra, fueron los Vrishni, el clan al que pertenecía Krishna.

¿Y quién eres tú Krishna? ¿Qué significa tu nombre estrellado? Cuenta la historia que el clan de los Vrishni estaba marcado por una maldición, y dicen que fuiste tu, Krishna, quien la había llevado sobre ellos.

Años atrás el campamento de los Vrishni fue visitado por los sabios Nárada, Vishvamitra y Kanva. Los guerreros de la asamblea recibieron a los tres sabios con un juego que les costó la vida. ¿Por qué? Dicen que el destino lo sabe.

¿Y cuál fue ese juego? Dicen que a los Vrishni se les ocurrió vestir a uno de sus guerreros de mujer y presentarlo así a los sabios:

-Esta joven está en su período más fértil del mes – dijeron los guerreros, embriagados de humor -es la obligación de uno de vosotros, oh sabios ilustres, dejarla embarazada.

Pero a los sabios no les gustó nada la broma, y respondieron con una maldición:

-Este guerrero, vestido de mujer, quedará embarazado y dará a luz a una vara de hierro que será la muerte de todos vosotros. Excepto Krishna y su hermano Bala Rama. Porque sois todos crueles e insolentes.

Después Bala Rama llegará al océano y descartará allí su cuerpo. Cuando Krishna se siente a descansar en el bosque será atravesado por la flecha de un cazador. –

Se cuenta que los ojos de los sabios estaban rojos de furia cuando emitieron esas palabras. Krishna se retiró a sus aposentos sin decir nada.

El guerrero que se había vestido de mujer dio a luz a una vara de hierro, que los Vrishni convirtieron en un polvo fino de hierro que vertieron al mar.

Pero años después, cuando llegaron los malos augurios, los Vrishni vieron como el disco arrojadizo de Krishna, un arma que le había sido entregada por el dios del fuego, volvía volando al cielo. Los caballos de Krishna, que eran rápidos como el pensamiento, huyeron de la ciudad cabalgando sobre las aguas hasta perderse en el horizonte marítimo.

Y se cuenta que los guerreros Vrishni intentaron salvar la situación peregrinando juntos a un santuario frente al océano, pero se les ocurrió llevar con ellos distintos tipos de licor. Los Vrishni se emborracharon frente al santuario, en la noche fatal de su extinción, y con la intoxicación llegó la discordia, y con la discordia llegó la pelea, que desencadenó en una batalla campal.

El misterio, cuentan, es que en su furia los Vrishni arrancaban pedazos de hierba del lugar, y cada brizna se convertía en una vara de metal.

El polvo maldito que habían volcado en el mar había alimentado la vegetación de la costa, y se dividió en miles de bastones, con los que los Vrishni se exterminaron unos a otros. A excepción de Krishna, y su hermano Bala Rama, que no habían participado en el festín.

Esa misma noche Bala Rama abandonó su cuerpo frente al mar, y Krishna murió al día siguiente en el bosque. De esto hablará la entrada que viene. ¿De qué manera trajo Krishna esa maldición sobre su linaje? De eso hablaremos también, en próximas entradas. ¿Y por qué son relevantes estos detalles sobre la muerte de Krishna? Pues la verdad es que nunca llegarán a ser del todo relevantes mientras los sigamos viendo como la historia que contó alguien sobre alguien. Porque Krishna es la última verdad filosófica, el que hace que todo pase (prabhu), el sostén de todo lo que existe (nivasa), lo más cercano a todos los corazones (suhrut) y la semilla (bija) de todo lo que existe. Si pensamos en Krishna como un “ello”, un concepto abstracto, o un “él”, un ídolo de piedra, estamos viendo al mundo, a todo lo que nos rodea, y a nosotros mismos, como un concepto, o un pedazo de tierra. Si descendemos por este camino ninguna historia acabará siendo relevante para nada. Pero si nos atrevemos a dirigirnos a Krishna en segunda persona, y preguntar a nuestro corazón, a cada árbol y a cada instante ¿tú quien eres, y qué necesitas expresar? Esta historia nos hablará del sentido de la vida.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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