Un instante antes del origen de los tiempos indiferenciados el ser original emanó un brillo que ardía. El señor de todos los nacimientos (Prajapati) emanó un resplandor que difundía belleza por el universo. Un resplandor que crecía, y cada una de sus llamas doradas creaba otro mundo.

Ese brillo es la diosa. La divinidad femenina. La llaman Lakshmi: bellas marcas, o Shri: fulgor.

Pero cuando Shri nació, cuando el brillo femenino de la belleza amaneció, los dioses, que habían nacido de esa misma energía, se vieron sobrellevados por la avaricia y saquearon sus cualidades. Uno le robó el habla. Otro le robó las formas de las cosas. Uno le robó los rayos de luz y otro le robó los rituales. Uno le robó la sacralidad y otro le robó el poder. El dios del fuego le robó la ferocidad y otro le robó la nobleza.

Solamente Vishnu, la esencia que reside en todo, reunió de nuevo estas cualidades rotas y separadas entre los dioses, y las recuperó para Shri. Por esto el brillo de la belleza cósmica está con Vishnu, y solo cuando se hace por el bien universal, sin deseo alguno de recompensa, premio, placer o retribución personal de ningún tipo, el ritual reúne a todos los dioses, quienes devuelven al cosmos las cualidades que robaron a la belleza. Así lo cuentan los textos sagrados (Satapatha Brahmana 5.4.5.2)

En la tierra, en este teatro de la confusión, el deseo y la furia, Shri nació en la forma de Draupadi Krishnā, la esposa de cinco reyes. Exiliados. Saqueados de sus posesiones y forzados a vagar por la tierra como mendigos.

Para esconderse de sus enemigos Draupadi, la reina expoliada, encarnación de la diosa en la tierra, se vio obligada a esconder su identidad durante un año. Así se encontró caminando sola por un reino extranjero, donde enseguida llamó la atención de la monarca local:

Una mañana la reina miró por el balcón y vio a Draupadi caminando y cubierta de una sola tela descolorida. La reina bajó con su séquito y la interpeló.

-Oh afortunada ¿quién eres y qué es lo buscas?

-Oh diosa entre las reinas. Soy una cortesana- contestó Draupadi -y he llegado a este reino en busca de trabajo. Haré lo que me dé de comer.

-Oh preciosa, pero las cortesanas no poseen la belleza que posees tú. Tus labios son finos, tus muslos firmes. Eres profunda en tres lugares: habla, inteligencia y ombligo. Y alta en seis: nariz, ojos, orejas, uñas, pechos y cuello. Tienes rojizas las cinco partes que deberían serlo: las palmas de los pies, palmas de las manos, lengua, labios y uñas. Tu voz es lenta como la del cisne. Tienes el cabello y los pechos preciosos. Eres morena. Tus nalgas y pechos están llenos. Posees todas las cualidades como una yegua del Kashmir. Tus pestañas se rizan con gracia. Tus labios son como frutas maduras. Tienes la cintura estrecha. Tu cuello tiene graciosos pliegues. Tu cara es bella como la luna llena. Oh afortunada. Dime quién eres realmente, no puedes ser una sirviente. ¿Eres un espíritu del bosque (yakshi), diosa, esposa de los caballeros invisibles de las nubes (gandharvi) o una bailarina acuática (apsara)? ¿Eres la esposa de alguno de los dioses?

-No soy ni una diosa ni una gandharvi, ni un titán (asura) o demonio (rakshasi). Te digo de verdad que soy una cortesana. Sé como arreglar el cabello y soy habilidosa en la preparación de ungüentos. Puedo tejer preciosas prendas coloridas. He servido a Satyabhama, la amada esposa de Krishna, y a Draupadi, la esposa de los Pandava, los cinco reyes exiliados. Voy allí donde pueda tener una buena vida. Me contento con llevar buenos vestidos. Draupadi, mi antigua reina, me solía llamar Malini: la que colecciona flores y prepara guirnaldas. ¡Oh Diosa!¡Oh reina! Así he llegado a tu hogar.

Y la reina dijo:

-No hay duda de que me gustaría tomarte como cortesana, pero me asusta que el rey no te desee con todo su corazón y te busque. Date cuenta de cómo te miran tanto las damas de linaje noble como todas las que viven en mis aposentos, date cuenta del interés que estás causando. ¿Qué hombre no vas a dejar prendido? Mira como incluso los árboles de mi jardín se doblan sobre ti. Cuando el rey vea tu belleza sobrehumana, tus bellas nalgas y caderas, se olvidará de mí y te buscará con todo su corazón.

Tus extremidades son perfectas. Tus ojos son suaves y largos. Con mirarte, todo hombre se ve sobrellevado por el deseo. Pienso que si te ofrezco residencia estaré trayendo mi propia destrucción.

A lo que Draupadi contestó:

-¡Oh bella! Ni tu rey Virata, ni nadie, puede obtenerme nunca. Tengo cinco jóvenes seres sobrenaturales como maridos. Cinco gandharva, cinco jóvenes de la raza de los caballeros de las nubes que luchan junto a los dioses. Son los hijos de un rey gandharva que es extremadamente poderoso. Siempre me protegen. Toda conducta que me traiga pena asegura la destrucción. Si un hombre me desea, como si fuera cualquier otra mujer, antes de que termine la noche abandonará su cuerpo. ¡Oh preciosa! Nadie es capaz de desviarme.

Así, Draupadi pasó a vivir en la corte, disfrazada. La que merecía ser servida hizo de sirvienta. Y quien quedó prendido de su belleza fue el general Kichaka, el héroe del reino. En el momento en el que vio a Draupadi merodear por la corte, como una diosa, sintió el impacto de las flechas del deseo. Abrasado por la pasión, el general se presentó ante la reina:

-No había visto antes esta preciosidad en la corte. Sus formas bellas me intoxican como el aroma del licor. ¿Quién es esta mujer que roba mi corazón como una diosa? ¿De dónde ha venido y a quién pertenece? Oprime mi mente y me controla. No creo que haya medicina que me pueda curar ahora. Tu sirvienta es muy bella, no es apropiado que haga este trabajo. Debería comandar todas mis posesiones. Permite que agracie mi enorme residencia, con sus elefantes, caballos, carruajes, riquezas y opulencia, con abundancia de comida, bebida y colores dorados.

Y con el permiso de la reina el general Kischaka se acercó a Draupdi Krishnā y le habló con voz suave como un chacal dirigiéndose a una leona en el bosque.

-Oh preciosa, tu forma suprema y tu juventud están desperdiciados si estás sola, como una bella guirnalda cuando no es llevada. ¡Oh bella! A pesar de que seas atractiva careces de fulgor. Oh mujer de bella sonrisa, renunciaré a las esposas que he tenido hasta ahora. Me convertiré en tu sirviente. Oh mujer de cara preciosa. Siempre estaré bajo tu control.

Pero Draupadi contestó:

-Oh general. Me deseas, pero no soy alguien que debería ser codiciada. Esta conducta es inferior a tu talla. Las esposas son amadas por todos los seres. Piensa en el dharma. De ninguna manera debería la mente de uno dirigirse a la esposa de otro. Los hombres que cumplen sus votos evitan siempre lo que es despreciable. Los hombres malvados se ven sobrellevados por la confusión y codician lo que no debería ser codiciado, alcanzando la mala fama. Estos hombres se enfrentan a un gran peligro. Oh general, no te regocijes en tus deseos o perderás hoy mismo la vida. Deseas aquello que es imposible de obtener. Estoy protegida por valientes. No puedo ser obtenida por ti. Mis esposos son gandharva. Se enfadarán y te matarán. Detente y no traigas tu propia destrucción. Deseas atravesar un sendero por el que los hombres no pueden caminar. Eres como un niño caprichoso que desea lanzarse a las aguas turbulentas del río. Podrás entrar en la tierra o elevarte a los cielos, podrás huir a la costa más alejada del océano, pero no podrás huir de mis maridos. Son poderosos hijos de dioses. Oh Kichaka, me deseas como si estuvieras enfermo y la noche de tu muerte haya llegado. Me deseas, como un niño que duerme sobre el regazo de su madre y desea obtener la luna.

¿Qué pasará con Draupadi y el general Kichaka? Veremos el resto de los espeluznantes detalles de esta historia en la próxima entrada, pero mientras tanto propongo reflexionar sobre las preguntas de ¿a quién pertenece la belleza? ¿Se puede asir la belleza? ¿Se puede poseer? Y ¿cuál es la relación del deseo con la belleza?

Los fragmentos del Mahabharata aquí traducidos provienen de Vairata Parva 8, Kichaka Vada Parva 1 y 2.

 

Si te interesa la narración oral de estas historias te recomiendo mirar en la parte lateral de la pantalla el enlace al taller que estoy ofreciendo online sobre la estructura interna de la cosmogonía que se trata en este blog y herramientas para leer y narrar estas maravillosas fuentes.