La hora de escuchar

Para leer este relato ¡atención!, deténgase un instante la lectura y diríjase la concentración a la nariz, a las fosas nasales, y obsérvese:

¿Hay aire que entra, o sale, por ellas? ¿Con qué intensidad? ¿Qué temperatura?

¿A qué ritmo se llenan y se vacían los pulmones?

Pregúntese:

¿Estoy dirigiendo la respiración cuando observo su funcionamiento? ¿Estoy forzando la inspiración? ¿Estoy reteniendo el aire al expirar?

Y por unos instantes más, propongo dirigirse al aire con un saludo; con un agradecimiento por sostener nuestra vida:

-Saludos, señor de la vida. Agradezco tu presencia en el mundo. Agradezco tu paso por el tiempo.

Porque el aire corre sobre los campos de la historia. Estuvo aquí cuando nació nuestra raza y cuidó de nuestra madre cuando flotábamos en sus aguas.

Antes de la historia que conocemos, el aire tuvo un hijo con una mujer terrestre: Bhima. El hermano mayor de Bhima fue el hijo del dharma, y fue proclamado emperador universal. El hermano menor del hijo del aire fue Arjuna, el mejor guerrero que la tierra haya visto luchar. Sus hermanastros fueron Nakula y Sahadeva. Gemelos. Hijos de la transición entre la luz y la oscuridad.

Los cinco se casaron con una misma mujer: Draupadi, la oscura; hija del fuego y la furia. La mujer más atractiva que su era hubiera visto, y la más peligrosa. Porque si el fuego quema, su hija también. Y eso fue lo que Draupadi explicó a su pretendiente indeseado:

-¡Atención! Yo quemo.

En las tres entradas anteriores he venido escribiendo sobre ese suceso: los cinco hermanos, más su esposa, fueron robados de su reino y exiliados. Huyendo de sus enemigos pasaron un año escondidos, usando identidades falsas. Durante un año los seis convivieron en una misma corte, fingiendo ser desconocidos y ejerciendo oficios distintos. La reina, disfrazada de concubina, ante el acoso del general del reino, avisó:

-Estoy casada con cinco gandharvas. Cinco seres celestiales incorpóreos pero poderosos como el relámpago. No los podéis ver, pero me están cuidando. Aunque lo parezca, no soy soltera. Nadie debería acercarse a mí.

Entre palabras:

-No deseéis mis llamas: quemo.

Porque el peligro no era tan etéreo como unos gandharvas, sino que sus cinco maridos estaban escondidos en la corte. Cinco guerreros, velados pero alerta. Cinco leones escondidos entre la vegetación.

Las palabras de Draupadi fueron misteriosas, pero su mensaje claro. Su pedido fue simple: que no se codiciara su sexualidad. Que se la dejara en paz. Y el general Kichaka no quiso escuchar. Insistió, a pesar de los avisos. Y murió.

Después, los familiares del general se quisieron vengar. Asumieron que el horrible asesinato del general tenía que haberse llevado a cabo por los mencionados gandharvas, y decidieron castigar a la culpable. A la concubina. A la extranjera. A la desconocida. A la seductora que había causado la muerte de su familiar.

Entonces volvió a aparecer Bhima, el hijo del viento. Cuando la reina velada ya estaba llegando a la pira en la que la querían quemar. Entre las antorchas y la noche, como un vendaval, Bhima arrancó un árbol y destrozó con su tronco a todos los familiares del general.

Al amanecer, en el lugar de la pira se encontró la decena de cadáveres.

Una vez más, la falta de escucha.

Yo quemo, dijo Draupadi.

Si el fuego quema, ¿por qué arriesgarse? ¿Por qué no escuchar?

El Mahabharata es la historia de una crisis. Es la gran historia de la crisis de la humanidad. ¿Seremos capaces de escuchar, entonces? Cuando el fuego y la tierra hablan ¿escuchamos? ¿Escuchamos al viento, y lo que nos tiene que contar? ¿Escuchamos el corazón de nuestros semejantes? ¿Escuchamos lo que nos tienen que decir? ¿Escuchamos al destino?

Es una pregunta abierta. Tal vez el Mahabharata también, como la tierra, el cielo y el fuego, nos quiere decir:

Atención.

Para.

Escucha.

Cuerpo y aliento

Bhrigu (Bhṛgu) fue un sabio; un explorador infatigable del ser, de la comprensión y de lo correcto. Bhrigu navegó hacia las aguas del silencio, más allá de lasmpalabras y las formas.

En el fondo del océano cósmico Bhrigu se reunió con Varuna, el dios de las profundidades, para preguntar de qué estaba hecho el universo. Y Varuna lo envió a investigar las cuatro direcciones cardinales.

Yendo al este Bhrigu vio hombres que despedazaban a otros hombres.

Yendo después al norte Bhrigu vio como unos hombres se comían a otros en medio de gritos desgarradores.

Buscando después hacia el oeste, Bhrigu vio hombres sentados, comiéndose en silencio a otros hombres como ellos.

Continuando hacia el sur, Bhrigu vio más hombres siendo despedazados por otros, igual que los que lo hacían yendo hacia el este.

El sabio volvió al seno de las profundidades, en silencio. Había perdido la palabra.

-Los hombres que viste yendo al este son los árboles. – habló Varuna –Los del oeste fueron las manadas de animales. En el sur viste las hierbas y los que gritaban en el norte eran las aguas, que chillan en su lenguaje cuando son bebidas.

El mundo está hecho de alimento. Del espacio sale el aire, del aire el fuego, del fuego el agua, del agua la tierra, de la tierra las plantas, de las plantas la comida, de la comida el ser. Los seres están hechos de alimento, viven de alimento y al final se convierten en alimento.

El cuerpo está hecho de alimento y, junto a la respiración, vive. El hijo de la respiración, el hijo del diose del viento, el hijo de Prána (Prāņa), el aliento vital, fue Bhima. Bhima fue hermano del emperador del mundo. Bhima, junto a su hermano, fue expulsado de su reino por un ardid. Su historia se cuenta en el Mahabharata, el gran relato de la humanidad.

Cuando Bhima, sus hermanos, y la esposa que todos compartían tuvieron que tomar identidades falsas para huir de sus enemigos, Bhima trabajó como cocinero en la corte del rey Virata. Cocinero y Govikartṛ: carnicero. Y no cualquier carnicero, sino un sacrificador de vacas; el encargado de separar los órganos del ganado de la luz cada vez que se sacrificaba uno de estos apacibles mamíferos.

Cada noche, durante un año entero, cuando Bhima terminaba sus labores en la cocina y el matadero, se lavaba el olor a humo y especias de la cara y las fosas nasales. Se lavaba el pelo, y sentía la presencia de su padre, el viento, en la piel. Su corazón roto viajaba hacia su esposa, quien dormía con las concubinas en el mismo palacio. Separados por un puñado de pasadizos y paredes, más uno o dos patios, los dos amantes miraban las mismas estrellas.

Reyes exiliados. Amantes distanciados por las circunstancias políticas. Se reconocían al pasar, pero disimulaban,

Un año entero.

Y cuando Bhima vio como el general del reino golpeaba a su esposa; cómo la humillaba ante la corte en un festín, no hizo nada. Para no desvelar su identidad. Él, que podía arrancar árboles a manotazos.

Pero por supuesto que aquella situación no terminó bien. Bhima se encontró de noche a solas con el general y lo descuartizó como ganado. Por pegar a Draupadi, y quién sabe qué razón más.

La muerte del general fue humillante y no quiero repetirla. Quien quiera conocer los detalles grotescos puede leer el fragmento en el Mahabharata. Ningún resumen omite este macabro evento, porque hay algo ominoso, perturbador, conmovedor, en el cuerpo humano convertido en masa inerte. Cuando alguien, un sujeto -no importa si amado u odiado- se transforma en un trozo de carne, un escalofrío desagradable recorre nuestras espaldas. Primero. Después viene la náusea, Y después la emoción.

Cuando estamos demasiado enfurecidos, inatentos, confundidos o embotados -o sumidos en la negación- no queremos reconocerlo. Son muchas las maneras por las que intentamos evitar esta sensación. Pero vuelve. Repta por nuestra espalda cuando bajamos la guardia. La consciencia de la carne. De que somos alimento andante, impregnado de un aliento vital. Una mezcla que no comprendemos, que brilla en las estrellas y en el amor.

La vida es tan grande que puede incluir al amor, la violencia, incluso la muerte, en un mismo océano de profundidades incomprensibles. Tal vez en el silencio seré capaz de asumir su magnitud.

Fuentes:

Virata Parava, Mahabharata

Katha Upanishad (Kaṭhopaniṣad)

Taittirīya Upanishad, segundo Vali.

Artículo de Alf Hiltebeitel: Śiva, the Godess, and the Disguises of the Pāņdavas and Draupadi. Publicado por Chicago University Press en Journal of Religions, Vol. 20 Nº 1/2

La fragilidad y la tristeza

La historia que empezó en la entrada pasada tiene una tensión interna dramática, pero a la vez primal, y curiosamente actual. Como un arquetipo que se perpetúa de las maneras más inesperadas.

Los personajes son: una reina, que ha perdido su trono y vive ahora disfrazada de concubina en un reino pequeño, para que sus enemigos no la encuentren.

Cinco hermanos, uno de los cuales fue emperador del mundo, son los maridos de la reina. Ellos también se están escondiendo, en la misma corte que ella, bajo identidades distintas.

Un general de la corte desea a la reina disfrazada de concubina. Ella lo rechaza y él la arrastra de los pelos al salón principal, donde la tira al suelo y la patea. Dos de los maridos de la reina están presentes, uno casi actúa, pero el otro lo para, para que su identidad no sea reveleda.

En privado, después, la reina se lamenta:

<<Me quema en el cuerpo que un militar me haya arrastrado a la sala de reuniones, ante todos los cortesanos, y me haya llamado sirvienta.

¿Qué hija de reyes, más que la hija de Drupada, mi padre, querría vivir como yo, y sufrir tantas miserias? ¿Quién sino yo, hubiera soportado ser abusada por segunda vez por Saindhava, el mismo rey que me insultó en la asamblea donde perdimos el reino y me intentó secuestrar cuando vivíamos en el bosque? Aparte de mí, ¿quién más soportaría vivir después de haber sido golpeada por los pies del general, en presencia del rey y ante la mirada mis maridos? He sido atormentada por varias miserias como estas ¿De qué me vale la pena estar viva?

Kichaka, el de la mente malvada, es el general del rey y, además, su cuñado. Mientras yo vivo en las residencias reales disfrazada de concubina, este malvado me acosa constantemente pidiéndome que sea su mujer. Tratada así por alguien que merecería ser matado, se me hincha el corazón en el pecho como una fruta cuyo tiempo haya llegado.

Mi marido parece un bobo silencioso reflexionando sobre sus actos. Antes, cada vez que salía le acompañaban decenas de miles de elefantes engalanados con decoraciones doradas y lotos; ahora vive de la limosna del rey. Cien mil hombres infinitamente energéticos lo honraban como rey en la capital. Cien mil sirvientas le atendían en la cocina con platos en las manos, sirviendo a invitados mañana y noche. Él, supremo entre los generosos, daba miles de monedas de oro. Ahora se ve en esta miseria. Muchos bardos y ministros, con voces preciosas y adornados con pendientes con joyas, le mostraban sus respetos día y noche. Mil sabios se hospedaban siempre en su sala de reuniones. Eran ricos en austeridades y estudio y todos sus deseos eran atendidos. Sin distraerse, financiaba a los ciegos, a los ancianos, a los desprotegidos y a quienes habían perdido su reino. Yudisthira siempre fue devoto de la no-violencia y ahora ha encontrado su infierno como sirviente de un rey. Yudisthira se hace llamar en la corte Kanka, el apostador. Cuando vivía en su capital todos los reyes le traían tributo, ahora pide el salario de otros. Era el protector de la tierra y todos honraban su soberanía. El rey ahora ha perdido sus poderes y está bajo el control de otro.

Como el sol, cegaba la tierra con su energía, pero ahora Yudisthira es un apostador en la corte del rey Virata. El que era honrado por reyes y rodeado de sabios está sentado bajo otro. El inmensamente sabio busca ahora su sustento pidiendo a otro. ¿Quién no sufriría, viendo las penas inmerecidas de Yudsthira, que tiene el dharma en el alma? La tierra entera servía a este valiente, y ahora está sentado bajo otro, mientras yo estoy desprotegida, en medio de un océano de pena.

Pierdo los sentidos cuando veo a mi segundo esposos luchar con tigres, búfalos y leones en el interior de la corte. La reina me ve desmayar y dice al resto de mujeres que la acompañan: “creo que esta dama de sonrisa dulce siente afecto por el cocinero y sufre cuando lucha con estos inmensos seres. La sirvienta es preciosa y el cocinero es muy guapo. Las mentes de las mujeres son imposibles de predecir, pero creo que están hechos el uno para el otro. Ella siempre siente pena por él porque llegaron a esta corte al mismo tiempo”. Mediante palabras así hace que todos me miren. Cuando ve cómo me enfado sospecha que me siento atraída por él. Estoy sobrellevada por este sufrimiento, sumado a la pena por Yudisthira, mi primer marido, y no soporto el vivir.

Él solo, mi tercer marido, sobre su carro, derrotó a dioses, hombres y dragones serpentinos. Este joven es ahora el profesor de danza de la hija del rey. El héroe de alma infinita que pudo satisfacer al mismo dios del fuego en el bosque de Khandava. Ahora Arjuna vive en la corte interior, como un fuego escondido en un pozo. Los enemigos temblaban con el tañido de su arco o una de sus palmadas, ahora satisface a mujeres con el sonido dulce de su canto. Su cabeza siempre estaba adornada por una diadema que era como el sol, ahora su pelo descuidado está trenzado. A este grande le son conocidas todas las armas mágicas, pero lleva ahora pendientes de mujer. Miles de reyes, cuya energía era ilimitada, no podían enfrentarlo en la batalla, igual que el océano no cruza la línea de la costa; pero este guerrero es ahora un profesor de danza. Se esconde detrás de su disfraz y sirve a la princesa. La tierra con sus bosques y elementos móviles e inmóviles solía temblar ante el rugido de su carro, su nacimiento terminó con las penas de su madre, y ahora me da pena. Vive cubierto de joyas femeninas y hace sonar los aros que cubren sus brazos. Cuando lo veo pasar mi mente se sumerge en la tristeza. Él es equivalente a un dios, y cuando lo veo entre las chicas jóvenes, rodeado de instrumentos musicales como un elefante macho rodeado de jóvenes elefantes hembra, al servicio del rey, pierdo la noción de toda dirección. Seguro que la madre de mis maridos no puede ni imaginar las dificultades por las que están pasando.

El joven Sahadeva es el señor entre los guerreros. Palidezco al verlo trabajar de vaquero. Pienso mucho en la actitud que siempre ha tenido: la sinceridad es su valor y no me consta de ninguna falta que Sahadeva haya cometido nunca, a consecuencia de la cual tenga que pasar por esta infelicidad. Viendo a mi cuarto marido siendo señalado por el rey como un toro más entre el ganado me supera el miedo. Va vestido de rojo y sobresale entre todos los vaqueros. Le muestra respetos al rey. La madre de mis maridos siempre alababa la conducta de Sahadeva, su virtud y su reputación: “Es modesto, dulce en su hablar, devoto al dharma y cercano a mí. Oh Draupadi, consuélalo en el bosque cada noche”. Cuando veo a Sahadeva ocupado con las vacas, cubriéndose con cuero de ternero para dormir, ¿cómo puedo soportar mi vida?

Y él, Nakula, quien posee las tres cualidades de belleza, habilidad con las armas e inteligencia; atiende ahora a los corceles del rey. ¡Cómo han cambiado los tiempos! El rey y el público que lo acompaña miran cómo Nakula entrena a los caballos y los dirige con velocidad. Le he visto, con todo su brillo, mostrando los corceles al rey. ¿Cómo puedo ser feliz? Estoy afligida por cientos de miserias, y hay otras peores:

Merodeo el palacio como una cortesana, y soy yo misma una princesa. Como si estuviera enferma, espero el tiempo en que mis penas se terminen. Para los mortales se dice que la prosperidad, el éxito, la victoria y la derrota son siempre pasajeros. Pensando en esto espero que mis esposos se vuelvan a levantar. Lo que lleva un hombre a la victoria puede llevar también a su derrota. Estoy esperando este cambio. Los hombres dan y suplican, matan y mueren a manos de los enemigos. En este orden. No hay nada que le sea demasiado difícil al destino, ni puede el destino nunca ser contradicho. Por tanto, espero a que el destino se manifieste. Donde antes no había agua puede haber agua después, como los lagos que se secan en verano y después se vuelven a llenar. Pensando en estos cambios espero que nos levantemos de nuevo. Si uno no es exitoso a causa del destino, incluso si ha actuado bien, se dice que el inteligente debería actuar para que el destino le sea favorable.

Estoy indefensa y no puedo encontrar la paz.>>

Sin paz interior, no hay paz exterior. Este exilio forzado y esta humillación de la reina Draupadi y de sus cinco maridos, los Pandava, terminó en una guerra horrenda; en un evento traumático que sigue afectando a nuestro inconsciente colectivo. Esa guerra, que fue un eco de la lucha de la luz contra la oscuridad, o de la pugna de los dioses y sus enemigos por la inmortalidad, y de la cual toda discusión sigue siendo un eco, representa la herida de la humanidad. El recuerdo (uno más) de lo peor que podemos hacer.

El abuso, la humillación, la crueldad, son horribles porque nacen de la empatía. El peor daño lo sabemos hacer porque entendemos qué es el dolor. Sabemos qué nos duele y sabemos cómo infligir ese mismo dolor a los demás. Sabemos cómo ofender, cómo enfuriar, cómo molestar y provocar a los demás. ¿Y por qué lo hacemos? ¿Hasta dónde queremos llegar?

Ha llegado la hora de pensar en estas cuestiones. No podemos hacernos más los bobos. Meditemos en el discurso de la reina Droupadi. Meditemos en el dolor de los demás y reflexionemos sobre nuestras intenciones, sobre la provocación, el insulto, el desprecio, y el lugar hacia el cual derivan. Esta historia es un aviso, para todos nosotros.

Entre el templo y el bordel

Un instante antes del origen de los tiempos indiferenciados el ser original emanó un brillo que ardía. El señor de todos los nacimientos (Prajapati) emanó un resplandor que difundía belleza por el universo. Un resplandor que crecía, y cada una de sus llamas doradas creaba otro mundo.

Ese brillo es la diosa. La divinidad femenina. La llaman Lakshmi: bellas marcas, o Shri: fulgor.

Pero cuando Shri nació, cuando el brillo femenino de la belleza amaneció, los dioses, que habían nacido de esa misma energía, se vieron sobrellevados por la avaricia y saquearon sus cualidades. Uno le robó el habla. Otro le robó las formas de las cosas. Uno le robó los rayos de luz y otro le robó los rituales. Uno le robó la sacralidad y otro le robó el poder. El dios del fuego le robó la ferocidad y otro le robó la nobleza.

Solamente Vishnu, la esencia que reside en todo, reunió de nuevo estas cualidades rotas y separadas entre los dioses, y las recuperó para Shri. Por esto el brillo de la belleza cósmica está con Vishnu, y solo cuando se hace por el bien universal, sin deseo alguno de recompensa, premio, placer o retribución personal de ningún tipo, el ritual reúne a todos los dioses, quienes devuelven al cosmos las cualidades que robaron a la belleza. Así lo cuentan los textos sagrados (Satapatha Brahmana 5.4.5.2)

En la tierra, en este teatro de la confusión, el deseo y la furia, Shri nació en la forma de Draupadi Krishnā, la esposa de cinco reyes. Exiliados. Saqueados de sus posesiones y forzados a vagar por la tierra como mendigos.

Para esconderse de sus enemigos Draupadi, la reina expoliada, encarnación de la diosa en la tierra, se vio obligada a esconder su identidad durante un año. Así se encontró caminando sola por un reino extranjero, donde enseguida llamó la atención de la monarca local:

Una mañana la reina miró por el balcón y vio a Draupadi caminando y cubierta de una sola tela descolorida. La reina bajó con su séquito y la interpeló.

-Oh afortunada ¿quién eres y qué es lo buscas?

-Oh diosa entre las reinas. Soy una cortesana- contestó Draupadi -y he llegado a este reino en busca de trabajo. Haré lo que me dé de comer.

-Oh preciosa, pero las cortesanas no poseen la belleza que posees tú. Tus labios son finos, tus muslos firmes. Eres profunda en tres lugares: habla, inteligencia y ombligo. Y alta en seis: nariz, ojos, orejas, uñas, pechos y cuello. Tienes rojizas las cinco partes que deberían serlo: las palmas de los pies, palmas de las manos, lengua, labios y uñas. Tu voz es lenta como la del cisne. Tienes el cabello y los pechos preciosos. Eres morena. Tus nalgas y pechos están llenos. Posees todas las cualidades como una yegua del Kashmir. Tus pestañas se rizan con gracia. Tus labios son como frutas maduras. Tienes la cintura estrecha. Tu cuello tiene graciosos pliegues. Tu cara es bella como la luna llena. Oh afortunada. Dime quién eres realmente, no puedes ser una sirviente. ¿Eres un espíritu del bosque (yakshi), diosa, esposa de los caballeros invisibles de las nubes (gandharvi) o una bailarina acuática (apsara)? ¿Eres la esposa de alguno de los dioses?

-No soy ni una diosa ni una gandharvi, ni un titán (asura) o demonio (rakshasi). Te digo de verdad que soy una cortesana. Sé como arreglar el cabello y soy habilidosa en la preparación de ungüentos. Puedo tejer preciosas prendas coloridas. He servido a Satyabhama, la amada esposa de Krishna, y a Draupadi, la esposa de los Pandava, los cinco reyes exiliados. Voy allí donde pueda tener una buena vida. Me contento con llevar buenos vestidos. Draupadi, mi antigua reina, me solía llamar Malini: la que colecciona flores y prepara guirnaldas. ¡Oh Diosa!¡Oh reina! Así he llegado a tu hogar.

Y la reina dijo:

-No hay duda de que me gustaría tomarte como cortesana, pero me asusta que el rey no te desee con todo su corazón y te busque. Date cuenta de cómo te miran tanto las damas de linaje noble como todas las que viven en mis aposentos, date cuenta del interés que estás causando. ¿Qué hombre no vas a dejar prendido? Mira como incluso los árboles de mi jardín se doblan sobre ti. Cuando el rey vea tu belleza sobrehumana, tus bellas nalgas y caderas, se olvidará de mí y te buscará con todo su corazón.

Tus extremidades son perfectas. Tus ojos son suaves y largos. Con mirarte, todo hombre se ve sobrellevado por el deseo. Pienso que si te ofrezco residencia estaré trayendo mi propia destrucción.

A lo que Draupadi contestó:

-¡Oh bella! Ni tu rey Virata, ni nadie, puede obtenerme nunca. Tengo cinco jóvenes seres sobrenaturales como maridos. Cinco gandharva, cinco jóvenes de la raza de los caballeros de las nubes que luchan junto a los dioses. Son los hijos de un rey gandharva que es extremadamente poderoso. Siempre me protegen. Toda conducta que me traiga pena asegura la destrucción. Si un hombre me desea, como si fuera cualquier otra mujer, antes de que termine la noche abandonará su cuerpo. ¡Oh preciosa! Nadie es capaz de desviarme.

Así, Draupadi pasó a vivir en la corte, disfrazada. La que merecía ser servida hizo de sirvienta. Y quien quedó prendido de su belleza fue el general Kichaka, el héroe del reino. En el momento en el que vio a Draupadi merodear por la corte, como una diosa, sintió el impacto de las flechas del deseo. Abrasado por la pasión, el general se presentó ante la reina:

-No había visto antes esta preciosidad en la corte. Sus formas bellas me intoxican como el aroma del licor. ¿Quién es esta mujer que roba mi corazón como una diosa? ¿De dónde ha venido y a quién pertenece? Oprime mi mente y me controla. No creo que haya medicina que me pueda curar ahora. Tu sirvienta es muy bella, no es apropiado que haga este trabajo. Debería comandar todas mis posesiones. Permite que agracie mi enorme residencia, con sus elefantes, caballos, carruajes, riquezas y opulencia, con abundancia de comida, bebida y colores dorados.

Y con el permiso de la reina el general Kischaka se acercó a Draupdi Krishnā y le habló con voz suave como un chacal dirigiéndose a una leona en el bosque.

-Oh preciosa, tu forma suprema y tu juventud están desperdiciados si estás sola, como una bella guirnalda cuando no es llevada. ¡Oh bella! A pesar de que seas atractiva careces de fulgor. Oh mujer de bella sonrisa, renunciaré a las esposas que he tenido hasta ahora. Me convertiré en tu sirviente. Oh mujer de cara preciosa. Siempre estaré bajo tu control.

Pero Draupadi contestó:

-Oh general. Me deseas, pero no soy alguien que debería ser codiciada. Esta conducta es inferior a tu talla. Las esposas son amadas por todos los seres. Piensa en el dharma. De ninguna manera debería la mente de uno dirigirse a la esposa de otro. Los hombres que cumplen sus votos evitan siempre lo que es despreciable. Los hombres malvados se ven sobrellevados por la confusión y codician lo que no debería ser codiciado, alcanzando la mala fama. Estos hombres se enfrentan a un gran peligro. Oh general, no te regocijes en tus deseos o perderás hoy mismo la vida. Deseas aquello que es imposible de obtener. Estoy protegida por valientes. No puedo ser obtenida por ti. Mis esposos son gandharva. Se enfadarán y te matarán. Detente y no traigas tu propia destrucción. Deseas atravesar un sendero por el que los hombres no pueden caminar. Eres como un niño caprichoso que desea lanzarse a las aguas turbulentas del río. Podrás entrar en la tierra o elevarte a los cielos, podrás huir a la costa más alejada del océano, pero no podrás huir de mis maridos. Son poderosos hijos de dioses. Oh Kichaka, me deseas como si estuvieras enfermo y la noche de tu muerte haya llegado. Me deseas, como un niño que duerme sobre el regazo de su madre y desea obtener la luna.

¿Qué pasará con Draupadi y el general Kichaka? Veremos el resto de los espeluznantes detalles de esta historia en la próxima entrada, pero mientras tanto propongo reflexionar sobre las preguntas de ¿a quién pertenece la belleza? ¿Se puede asir la belleza? ¿Se puede poseer? Y ¿cuál es la relación del deseo con la belleza?

Los fragmentos del Mahabharata aquí traducidos provienen de Vairata Parva 8, Kichaka Vada Parva 1 y 2.

 

Si te interesa la narración oral de estas historias te recomiendo mirar en la parte lateral de la pantalla el enlace al taller que estoy ofreciendo online sobre la estructura interna de la cosmogonía que se trata en este blog y herramientas para leer y narrar estas maravillosas fuentes.

 

Ramayana en el Mahabharata

Este blog documenta una investigación. El objeto de la investigación es la red de significados interrelacionados que contiene el Mahabharata.

¿Y qué quiero decir con esta frase? Para explicarlo tengo que volver a empezar el escrito:

Este blog documenta una investigación. La motivación para comenzar esta investigación nació con una vivencia. Leyendo el Ramayana, la otra gran historia de la India, que relata el viaje del príncipe Rama hacia su amada, me di cuenta de cómo toda la cosmología India, desde aquello que llamamos mitología hasta s el pensamiento filosófico, y ético, tradicional, pasando por la arquitectura y el resto de artes, están unidos como las piezas de un gigantesco rompecabezas. El Ramayana cuenta principalmente la historia del difícil rescate de una princesa, pero alude también a todas las historias de la tradición india. Por tanto, el Ramayana nunca se deja de leer, porque cada historia nueva que uno escuche enriquece un poco más su comprensión. Cada historia es una pieza más del mosaico en el que se enmarca el Ramayana, y una de estas piezas es mi propia historia. Porque la cosmogonía que se articula a partir del Ramayana despliega una teoría sobre el funcionamiento del mundo que incluye mi visión personal. Porque incluye todas las visiones.

Algo así yo no había sentido con nada de lo que había leído antes. ¿Por qué? Esto es lo que sigo indagando. Y con el entusiasmo que derivaba de aquella vivencia, vino la necesidad de compartir la experiencia. Así nacieron los espectáculos de narración oral del Ramayana. Porque la inmediatez del encuentro presencial es la que mejor permite transitar, de una historia a otra, la cosmogonía universal en la que se encuentra el Ramayana, siguiendo el interés de los reunidos en el momento del encuentro.

Después, el impulso de investigar más, me llevó a dirigirme hacia el Mahabharata, la historia más larga de la India, y del mundo. No hay diferencia entre Mahabharata y cosmogonía india. Las dos cosas son sinónimas porque en sus siete mil páginas el Mahabharata incluye todas las historias, o todos los arquetipos, de esta cosmogonía del ser, que nos llega transmitida de la India. Así nació este blog, que documenta esta investigación. Pero aprenderse los relatos del Mahabharata y memorizarlos no es el objetivo de esta investigación. Esta es solo la herramienta. El objetivo de la investigación es la vivencia que tengo al estudiarlas. ¿Cuál es el misterio que relaciona todas estas historias con mi vida, y me hace sentir de esta manera?

El Mahabharata, más que contar la historia de alguien, cuenta la historia de un evento: el nacimiento de esta realidad en la que vivimos. En este nacimiento participaron cinco hermanos de origen divino, y a la vez noble, que se casan con una misma mujer, quien es hija del fuego, y laencarnación del brillo del universo, o Shri, la gran diosa.

El mayor de estos hermanos es el legitimo emperador del mundo, pero es exiliado a vivir en la intemperie a causa de un ardid de sus enemigos. Allí, en añadido, Draupadi (la esposa de los cinco) es secuestrada.

Los hermanos la rescatan en un abrir y cerrar de ojos, pero el mayor, Yudisthira, se lamenta ante su maestro espiritual:

<<-¡Oh ilustre sabio! Me parece que el tiempo y el destino creado por los dioses es inevitable para todos los seres y no puede ser transgredido. Nuestra esposa es entendida en Dharma (lo que hay que hacer) y se comporta perfectamente de acuerdo a ello. ¿Cómo puede haber sufrido de esta manera? ¿Cómo puede haber sido humillada de esta manera? Ella no ha hecho nunca nada malo; no ha cometido ningún acto que pueda ser censurado. (…) Es cierto que la rescatamos tras vencer a sus secuestradores, pero el mero acto ya nos ha mancillado. (…) ¿Existe alguien que sea más desafortunado que nosotros?>>

Y la respuesta de Markandeya, el sabio que escucha este lamento, es contar el Ramayana. La historia del rapto de Sita, quien fue también una encarnación de Shri, el brillo de la gran diosa cósmica, y el viaje del príncipe Rama para rescatarla.

Sin escatimar en detalles, el texto del Mahabharata inserta aquí todo el Ramayana, contado por el sabio Markandeya. Una historia de lo correcto y lo que no. De seres demoníacos que actúan de manera monstruosa y de un príncipe que cuando rescata a su amada le dice:

<< -Ves, eres libre. No te he rescatado para tomarte conmigo sino para castigar la injusticia>>.

Una historia cuya esencia inspira el intelecto pero escapa a la comprensión. Una historia que habla de un evento: el nacimiento de la realidad de los personajes del Mahabharata, que fueron quienes propiciaron el nacimiento de la realidad que vivimos nosotros.

Y el evento original, que propició el nacimiento de todas las realidades, fue el nacimiento de Shri a partir de Parajapti. O el nacimiento de la luz, a partir de la expansión cósmica. Y cuando nació, los dioses robaron a Shri, al fulgor universal, todas sus cualidades. El empuje, el habla, las formas, el ganado, la ceremonia, la sacralidad, el poder, la ferocidad y la realeza. Todas las cualidades de la fuerza real fueron disgregadas, secuestradas en direcciones contrarias. Solo Vishnu, “aquello que reside en todo”, las reunió de nuevo. Rama, el príncipe que rescata a Sita, es la encarnación de Vishnu, de lo que reside en todo, recuperando el brillo del mundo: Shri. Las ceremonias religiosas, cuando se hacen bien, reúnen a todos los dioses para recuperar aquí y ahora las cualidades disgregadas de Shri. La esposa secuestrada de los protagonistas del Mahabharata es Shri, separada. Cada mujer secuestrada es un atentado al universo. Cada pensamiento de avaricia, cada sensación de celos, cada impulso de codicia sexual es un eco del evento que da nacimiento a esta realidad. La nuestra. Y en el centro de la realidad está el encuentro. El camino de retorno.

Me parece, escribiendo estas líneas, que el misterio de estas historias, o de la explicación que ofrecen de la realidad, es que nos cuentan relatos de enfrentamientos épicos entre el bien y el mal, entre dioses y demonios, sin tomar partido. Son historias que trazan los senderos invisibles de la vida, despliegan mapas de los paraísos e infiernos posibles… y a partir de ahí lo que pasa es lo que no termino de comprender.

Si quieres conocer, o volver a oír, el argumento del Ramayana recomiendo escuchar mi intervención en el podcast que enlazo ->aquí<-. Ritxi Ostáriz, del programa El libro rojo, preparó una entrevista muy bien estructurada que nos permitió pasar por todo el Ramayana de manera muy amena.

Entregarse al amor

El Mahabharata es la historia de lo que le pasó al mundo para estar como está ahora.

El Mahabharata es la historia de un conflicto bélico, con unos protagonistas, que son primordialmente Yudisthira, quien llegó a ser rey del mundo entero, y sus cuatro hermanos, pero también Draupadi – la esposa de los cinco, los familiares que los odiaban, los familiares que los apoyaron y, por extensión, todos los dioses, las estrellas, los seres invisibles, los ciervos y todos los habitantes del mundo. También nosotros, porque lo que pasó, ese conflicto que cuenta el Mahabharata, nos afecta a todos hoy.

El Mahabharata es una historia que afirma ser el recuerdo de una era en la que algunas leyes físicas funcionaban distinto. Una era, en la que las personas eran humanas como nosotros, pero tenían otro tipo de percepción. Esto no se puede ignorar cuando leemos y escuchamos el Mahabharata. Podemos verlo como un recurso literario, pero no podemos ignorar que el Mahabharata es una historia que de entrada avisa que nada de lo que escuches en ella es exactamente como nos lo imaginamos, porque no seríamos capaces de hacerlo. El Mahabharata habla de una era que escapa a nuestra comprensión. Y aún así, el mundo del que habla el Mahabharata es este mismo que estamos habitando. Y las personas de las que habla son todas humanas, como nosotros. Esta es una parte de su misterio.

Y recomiendo tener esto en mente para adentrarse en el texto que quiero compartir en esta entrada. Lo que comparto a continuación es la traducción de un discurso de Draupadi sobre el arte de retener a un marido. El arte del matrimonio, o la pareja, si se quiere. Porque el texto de este discurso bien serviría de consejo a un mujer para estar con otra mujer, o a un hombre para estar con su esposa. Podemos ir más allá de lo inmediato y reflexionar sobre la enseñanza que nos está ofreciendo.

Ante la pregunta de cómo retener a un hombre, con qué artes, Draupadi responde que ella no intenta retener por ningún medio. Draupadi se entrega, en cuerpo y alma, a sus maridos. De esta entrega nace la unión. Y este consejo sirve para toda relación, también la de uno con sí misme. La diferencia entre esperar algo del mundo y entregarse a él es la esencia de la libertad también. Draupadi lo explica desde el punto de vista del matrimonio.

Ahora, antes de leer el texto, me gustaría recordar algún detalle de Drauadi. Primero, Draupadi no está casada con un solo hombre sino con cinco. Cómo consigue entregarse, de la manera que recomienda, a cinco hombres distintos, es una de las claves simbólicas del texto, intuyo. Segundo, Draupadi nació por artes mágicas de un fuego, y el destino que le ha sido asignado es el de hacer caer a toda la nobleza guerrera de la tierra. Tercero, Draupadi es la encarnación de la Shakti, de la diosa, o la energía femenina del universo. Además, recordemos que en el Mahabharata aparecen mujeres guerreras, y una monarca que gobierna su reino sola.  Leamos con esto en mente los consejos de este discurso. Tachar a este texto de anticuado y machista es demasiado simple y una pena, porque nos perdemos el sutil matiz meta-narrativo que la historia propone, poniendo este discurso en boca de un personaje de las características que he comentado, que vivió en una forma de este mundo nuestro que ya no podemos entender:

<<Satyabama, esposa de Krishna:

-Oh Draupadi, ¿cómo actúas cuando atiendes a los Pandava? Esos jóvenes valientes son equiparables a los guardianes del mundo, oh bella, ¿cómo los mantienes bajo tu control? Oh tú, que eres bella a la vista. Los Pandava siempre te miran con admiración y cumplen tus deseos. Explícame la razón. ¿Sigues votos de austeridades? ¿Se trata de abluciones, baños, mantras o hierbas? ¿Es por el valor del conocimiento o el efecto de raíces? ¿Es la meditación, las oblaciones o las pócimas? ¡Oh hija del reino de Panchala!¡Oh morena! Comparte conmigo tu famosa comprensión de los asuntos amorosos para que Krishna permanezca siempre bajo mi control.

Y Satyabhama se detuvo.

Draupadi, que era devota a sus esposos, respondió:

-Oh Satya, me preguntas por las prácticas de las mujeres malvadas. ¿Cómo puedes alabar a aquellas que transitan los senderos siniestros? Estas son preguntas impropias de ti. Tienes suficiente inteligencia tú misma, pues eres la amada esposa de Krishna.

Cuando un marido descubre que su esposa ha estado usando encantamientos o pócimas de este tipo se asusta como si una serpiente hubiera entrado en la casa. ¿Cómo puede alguien angustiado encontrar la paz? ¿Y cómo puede haber felicidad sin paz? Ninguna mujer puede controlar a su marido con encantamientos. Los que propagan el uso de las pócimas son enemigos. Son violentos, transmiten el veneno y horribles enfermedades. Cuando un hombre ingiere estos polvos por la lengua o la piel no hay duda de que morirá pronto. Hay mujeres que han causado gota, lepra, vejez, impotencia, estupidez, ceguera y sordera por estos medios. Por su adicción a las artes siniestras estas malvadas han causado mucho daño a sus maridos. Una mujer nunca debería actuar para causar malestar a su esposo. ¡Oh ilustre Satyabhama! Escucha. Te lo contaré todo sobre cómo me porto con los Pandava de alma extensa:

Siempre evito la vanidad, el deseo o la rabia. Siempre, y sin interrumpir, sirvo a los Pandava y a sus esposas. A cambio de su amor, siempre entrego mi alma a la de ellos. Siempre los sirvo sin ningún orgullo. Protejo los corazones de mis maridos, sin impacientarme por desafortunadas palabras, situaciones, miradas o posiciones ni por senderos o señales difíciles. Esta es la manera en la que sirvo a los grandes Pandava, quienes son terribles en su energía y equiparables al sol, al fuego y la luna, y quienes pueden matar con la mirada. Mi mente nunca se gira hacia otros hombres -ya sea dios, hombre, gandharva, uno joven con ornamentos, uno que sea rico o uno que sea guapo. No como, me baño o duermo antes que mi marido, con sus sirvientes, haya consumado estos actos. Cuando mi marido vuelve a casa del campo, el bosque o el pueblo, siempre me levanto a recibirlo y le ofrezco asiento y agua. Los recipientes de la comida están limpios. La comida está limpia. Sirvo la comida en el momento que toca. Tengo cura de mantener el grano y aseguro que la casa está limpia. Soy directa y refinada en el hablar. No me junto con mujeres malvadas. Siempre hago lo que es agradable. Nunca soy vaga. No río a menos que haya un chiste. No me entretengo demasiado tiempo en el baño o en el jardín. No río ruidosamente ni me quejo, o doy causa para enfado. ¡Oh Satya! Siempre me dedico a servir a mi marido sin falta. De ninguna manera deseo nada que no le dé a mi marido placer. Cuando mi marido no está en casa debido a algún trabajo relacionado con familiares sigo el voto de no ponerme flores ni fragancias. Cuando mi marido no bebe, o no come, tampoco lo hago yo. Siempre renuncio a lo que mi marido no disfruta. ¡Oh preciosa! Siempre me baso en lo que haya sido instruido. Estoy bien ornamentada. Soy extremadamente cuidadosa. Me dedico al placer de mi marido.

Tiempo atrás mi suegra me lo explicó todo sobre el dharma del hogar – sobre los donativos, sacrificios, ceremonias funerales, la cocina, los días lunares auspiciosos y todo lo que es necesario tener en cuenta. Conozco todo esto. Siempre sigo estas instrucciones, incansablemente, día y noche, con mi alma fijada en la humildad y los mandatos. Mis maridos son suaves, justos, sinceros y seguidores del auténtico dharma. Pero yo los sirvo como si fueran serpientes venenosas. Es de mi opinión que el dharma eterno de las mujeres es ser dependiente del marido. El es el dios en el sendero, ¿cómo podría una causarle molestias? No vulnero a mis maridos en sueño, comida o habla. Siempre me controlo y nunca me quejo sobre mi suegra. ¡Oh afortunada! Mediante la atención constante a las labores diarias, y la servitud a los superiores, mis maridos permanecen bajo mi control. Siempre sirvo yo misma a Kunti, la madre de los valientes Pandava, quien siempre es fiel a sus palabras; en su baño, vestido y comida. Nunca la cruzo en cuestiones de vestidos, ornamentos o comida. Ella es como la tierra y nunca me quejo de ella. Antes, en el palacio, ocho mil sabios eran alimentados cada día en platos dorados. Ochenta y ocho mil padres de familia devotos eran financiados por el emperador Yudisthira con treinta mucamas para cada uno. Más allá de esto, diez mil ascetas, con el deseo controlado, eran servidos comida bien cocinada en platos dorados. Todos estos sabios comprendían la expansión cósmica y se les había dado una parcela de tierra. Yo los adoraba en orden, con bebida, vestimenta y comida. El gran emperador tenía mil sirvientas jóvenes. Estaban adornadas con collares y brazaletes hechos de conchas marinas, llevaban oro alrededor de sus cuellos, ornamentos, guirnaldas caras, oro y sándalo, y gemas. Eran excelentes bailarinas y cantantes. Yo conocía los nombres, las caras, las comidas favoritas y las ropas de cada una, y también su trabajo. Sabía lo que cada una hacía y lo que no. El inteligente hijo de Kunti tenía mil sirvientas en casa que atendían los invitados día y noche, sosteniendo recipientes en sus manos. Cuando el emperador vivía en su reino poseía cien mil caballos y cien mil elefantes. Así eran las instrucciones del emperador cuando gobernaba la tierra. Yo hice una lista de todas y asigné el número y tipo de tarea a cada sirviente, para todo lo que debía hacerse en los aposentos internos. Lo sabía todo sobre los vaqueros y ganaderos, lo que hacían y lo que no. Lo sabía todo sobre los ingresos y gastos del rey ¡oh afortunada! Yo sola lo sabía todo sobre los Pandava. Estos toros entre la dinastía de Bharata relegaron todo lo relacionado al hogar a mí. ¡Oh mujer de cara bonita! Esa es la razón por la que me eran devotos. Esta carga le sería imposible de llevar a alguien con maldad en el alma. Renuncié a todo placer, día y noche. El tesoro de mi marido, quien seguía el dharma, era tan grande que ni el dios de los océanos podría manejarlo. Sin embargo, yo sola conocía todo su contenido. Soporté hambre y sed, día y noche. Atendía a los Pandava y el día y la noche eran lo mismo para mí. Era la primera en levantarme. Era la última en irme a dormir ¡Oh Satya! Esta ha sido siempre mi práctica. Considro esta como la mayor técnica para hacer que los esposos te sean devotos. No he seguido las prácticas de las malvadas, ni deseo hacerlo.

 

Traducción del discruso de Draupdi expuesto en el fragmento llamado: Draupadi Satyambhada sambada parva.

Los Pandava se casaron con Draupadi y Shri fue establecida

Esta entrada la he escrito por partes, en libretas y hojas sueltas, y la ensamblo aquí con la sensación de escribir algo que solamente entenderé en el futuro, en retrospectiva.

La primera parte del escrito es un comentario sobre la lectura de un libro que me ha afectado mucho esta última quincena. Se trata de The KLF, Caos y Magia – La banda que quemó un millón de libras, de John Higgs, y no tiene mucho que ver con el Mahabharata, pero sí con la parte performática de este proyecto y por esto siento que es importante que en el blog quede registro de mi encuentro reciente con este libro.

El libro que cito es la biografía de dos amigos que se lanzaron a un viaje por el ¿arte? de la provocación, bajo diferentes seudónimos como The JAMM’S, The KLF o The K Foundation, entre los cuales The KLF fue el nombre de una supuesta “banda” de música electrónica con la que estos dos amigos, Bill Drummond y Jimmy Cauty, lanzaron varios éxitos musicales a principios de la última década del pasado milenio. Y digo “supuesta banda” porque The KLF fue un montaje de Bill y Jimmy, un experimento, para demostrar que podían hacer un éxito comercial y después criticar la industria musical desde dentro; usándo su éxito como plataforma.

Después de enriquecerse con varios números 1, Bill y Jimmy se despidieron de la industria musical durante la celebración de unos premios importantes para la música Pop inglesa, a los que habían sido invitados para actuar y recoger un premio. Bajo el nombre de la banda The KLF, Bill y Jimmy salieron al escenario con una metralleta cargada de balas de fogueo y dispararon una larga ráfaga hacia la dirección del público invitado (críticos y productores musicales). Después de esta acción se retiraron del lugar, sin pasar a recoger el premio que les habían asignado, y continuaron su acto de rechazo destruyendo todas las copias restantes del material que habían grabado, renunciando a los derechos de sus canciones –que no pertenecían a ninguna discográfica porque los dos amigos trabajaron siempre de manera independiente- y pasando finalmente a ejecutar el acto más polémico y criticado de su trayectoria, el cual consistió en quemar un millón de libras inglesas -todo lo que habían ganado con la música- en billetes de papel. Grabaron el acto en vídeo, editaron la grabación e hicieron una gira por salas alternativas de Inglaterra, organizando proyecciones debate en las que Bill Drummond y Jimmy Cauty pedían al público que les explicaran por qué habían hecho lo que habían hecho.

Mucho debate parece que no hubo porque el público, por lo que escribe el biógrafo de la pareja, se dedicó a abuchearlos y acusarlos de cínicos provocadores. La crítica a la industria musical, al enriquecimiento frívolo con productos artísticos superficiales, la apreció poca gente. No porque no se comprendiera la idea tras la acción, sino porque la decisión de quemar un millón de libras reales molestaba demasiado como para poder apreciar el componente crítico del acto. Podrían haber donado el dinero, coincidían todos.

Dicho esto, tengo que reconocer que tengo una debilidad por The Klf, por las canciones y los vídeos que salieron bajo este nombre, porque marcaron el imaginario de mi infancia.

Cuando tenía 11 y 12 años todos los niños escuchábamos música electrónica. Era la moda y cada semana salían recopilatorios con canciones nuevas, todas parecidas pero excitantes. Pero en este mar de ritmos repetitivos yo tenía el ojo puesto en The Klf como un fenómeno aparte; por la atmósfera y el juego misterioso de símbolos que combinaban sus estribillos y vídeos. Y esto es algo casi premonitorio, porque lo que los vídeos de The Klf combinaban era una mitología personal de Jimmy Drummond y Billy Cauty, que barajaba elementos de fenómenos artísticos (¿pseudo?)místico-filosóficos que marcaron posteriormente mi crecimiento, no menos que The Klf, sin que yo fuera consciente que los había oído mencionar por primera vez, de manera subliminal, en los vídeos de esta falso proyecto musical. Hablo del Discordianismo y William Burroughs, que me obsesionaron al final de la adolescencia, y la Magia del Caos y la filosofía artística de Robert Anton Wilson, y la mitología que este autor desarrolló en su literatura. Y de fondo, además de estos fenómenos minoritarios, la mano del Situacionismo, movimiento por el que siempre he sentido atracción.

De hecho, la obra de los autores que he mencionado, incluido el Discordianismo y la Magia del Caos, prácticas de origen semi-anónimo, o colectivo, entroncan todos con el Situacionismo. La ideología del Situacionismo consiste en considerar a todas las expresiones de la modernidad, a todos sus discursos y expresiones artísticas, como un gran espectáculo, como un teatro de la usura capitalista. Los situacionistas consideran que cualquier acto de rebeldía es asimilado por la sociedad como parte del espectáculo y comercializado como tal. Desde el terrorismo a las sectas religiosas, cualquier acto de diferenciación ideológica se convierte en material creativo para el espectáculo periodístico (que busca naturalmente el sensacionalismo porque la información objetiva no existe realmente como tal) y el mundo del espectáculo en general.

Conscientes de esto, en lugar de defender una visión política determinada en su arte, los artistas situacionistas buscaban jugar con el negocio de la cultura, entrar en su juego y exponer su funcionamiento en actos de provocación que veían como pequeños sabotajes al mecanismo de producción de imaginario colectivo.

Un bello acto situacionista es el que perpetró el performer Andy Kaufman cuando se saltó el guión de un programa de humor en vivo, en hora de máxima audiencia. Parece ser que el guión pedía a varios cómicos de moda en el momento simular estar en un restaurante bajo los efectos de la marihuana. Andy Kaufman se salió de su personaje, en vivo, y dijo que iba contra su ética el bromear sobre las drogas. El resultado, que ha quedado grabado para la posteridad, es que los demás cómicos se indignaron con Andy Kaufman hasta el punto de salirse ellos también de personaje. El acto derivó en una pelea entre los actores, con intervención del productor, ante la atónita mirada del público en casa. Los spots comerciales cortaron la bizarra situación y después el programa continuó. Los que estaban mirando el programa en vivo, y también los que vemos la grabación de la escena hoy, nos preguntamos si Andy Kaufman realmente sacó de sus casillas a sus compañeros o toda la escena estaba planeada desde el principio. En cualquier caso, no importa. El acto situacionista ya está hecho, porque montaje o no, lo que el público en casa tiene claro de repente es que nada de lo que ve en la televisión es lo que parece. De repente se rompe un hechizo, y ya no estamos viendo unos amigos en un restaurante sino cuatro actores, y un plató, y cámaras que los graban, y un montaje tecnológico impresionante que hace que veamos estas imágenes en todo el mundo. En un instante, vemos también la pantalla que nos muestra estas imágenes, e incluso nuestro salón, y quien sabe si nuestra vida, hasta el punto de preguntarnos ¿qué estamos haciendo aquí, viendo este programa de humor? Y esta pregunta nos lleva ya muy cerca de la espiritualidad. Este momento de conciencia es un acto situacionista. Estos son los pequeños sabotajes a los que aspiraban los situacionistas, y The Klf, entrando en la escena de la música electrónica, con un proyecto falso que sus creadores no se tomaban en serio, plantaron probablemente semillas que han llevado a otros adultos como yo, que sintieron una confusa fascinación con The Klf en la infancia, a cuestionar profundamente la percepción que tenemos de la realidad.

Creo que este proyecto de Respirar el Mahabharata debe mucho a The Klf, y a los situacionistas, porque una de las motivaciones principales de este proyecto es preguntarme por qué nos gustan tanto las historias a los humanos (historias de los vecinos, historias políticas, todo tipo de historias, no solo historias místicas) y cómo se relata la verdad, cuando sabes que esta es elusiva y se escurre entre las palabras a medida que la intentas definir. ¿Es más real la biografía de un personaje público que el relato del nacimiento de un dios? ¿Por qué?

El momento donde relaciono esta primera parte con un escrito que tenga que ver con el Mahabharata viene ahora. Porque si bien simpatizo con el situacionismo, y con performers provocadores de fines del pasado milenio como Drummond, Cauty o Andy Kaufman, hay algo que me siempre me ha faltado en sus actos, que sin embargo sí encuentro al relatar el Mahabharata. Este algo es difícil de describir para mí y el comprometerme por doce años con el Mahabharata me da la esperanza que pueda acabar describiéndolo mejor. De momento, sin embargo, me sirve mencionar algo que me ha llamado la atención en el libro The Klf, Caos y Magia, de John Higgs, porque el biógrafo de la falsa banda Klf introduce durante su libro el fenómeno llamado Discordianismo, que fue una parodia de religión que se expandió primero por los estados unidos, en la década de 1970 y llegó a mí a través de un compañero del instituto a fines de la década de 1990. Los creadores del Discordianismo lo difundieron de manera anónima, como una nueva biblia esotérica de fotocopiadora, o falso documento esotérico, promoviendo una religión de la no religión. Los discordianos adoran a Eris, sin creer en ella, y tienen rituales que no tienen sentido, porque son seguidores de la diosa de la discordia. Lo que los discordianos querían demostrar era que la práctica religiosa en sí ya constituye una realidad sin la necesidad de que represente a una entidad transcendental real. Los discordianos, o erisianos, eligieron a Eris, la diosa de la discordia Griega, para crear un culto paródico destinado a los que no creen en ninguna entidad, ni siquiera en Eris. De allí la paradoja de que ni los mismos Erisianos crean en Eris.

Lo que llama la atención es, primero, el éxito que tuvo el discordianismo, y la seriedad con la que muchos nos tomamos esa parodia. Y en segundo lugar, llama la atención que aquellos que incorporaron el culto a Eris (sin creer en ella) en sus vidas u obra artística, como por ejemplo Bill Drummond y Jimmy Cauty, siguieron un sendero relativamente autodestructivo o, por lo menos, de disgregación. Al parecer el autor al que se atribuye el panfleto provocador Principia Discordia, que lanzó este alocado movimiento al mundo, dijo décadas después que si hubiera sabido cómo hubieran ido las cosas hubiera adorado a Venus en lugar de Eris.

Parece que el culto, aún siendo paródico, instaura una realidad. Y donde siento desapego ante el Situacionismo o gran parte del arte contemporáneo de protesta, es en la actitud desintegradora, de protesta discordante; de rechazo. Porque si hablamos en términos mistocológicos, en estas actitudes de protesta falta Lakshmi, la presencia de la armonía; lo contrario a Eris.

Lakshmi, citando la obra La Madre, de Sri Aurobindo, que en su momento ya prometí traducir y citar en cuatro posts diferentes: «es el milagro de la eterna belleza, un secreto inasible de armonías divinas, una persuasiva magia de una atracción y encante universales que atrae y agrupa cosas y fuerzas y seres y los obliga a encontrarse y unirse para que una dicha (Ananda) escondida juegue tras el velo y los convierta en sus ritmos y figuras. Este es el poder de Lakshmi y no hay un aspecto de la Divina energía (Shakti) que sea más atractivo al corazón de los seres corpóreos.

Maheshwari (La sabiduría) puede parecer demasiado grande y calma, y distante, para que la pequeñez de una criatura terrestre se le acerque o la contenga: Kali (la fuerza) demasiado certera y formidable para que su debilidad la soporte; pero todos se dirigen con dicha y anhelo hacia Lakshmi. Pues ella lanza el conjuro de la dulzura intoxicante de lo Divino: estar cerca de ella es una felicidad profunda y sentirla en el corazón es convertir la existencia en un rapto y una maravilla; la gracia, el encanto y la ternura fluyen de ella como la luz del sol y allí donde fija su maravillosa mirada o deja caer la belleza de su sonrisa el alma es tomada y cautivada y sumergida en las profundidades de una dicha insondable. Magnético, es el tacto de sus manos y su oculta y delicada influencia refina la mente, la vida y el cuerpo, y allí donde apoya sus pies se dirigen corrientes milagrosas de cautivador Ananda.

Y sin embargo no es fácil cumplir las exigencias de este Poder encantador o mantener su Presencia. La armonía y la belleza de la mente y el alma, la armonía y belleza de pensamientos y sentimientos, la armonía y belleza en cada acto y movimiento hacia el exterior, la armonía y belleza en la vida y alrededores; esta es la exigencia de Lakshmi. Donde hay afinidad a los ritmos de la dicha secreta del mundo y respuesta a la llamada de la belleza total y la concordia y unidad y el flujo satisfecho de muchas vidas dirigidas hacia lo Divino; en esa atmósfera ella reside y consiente. Pero todo lo que es feo y mal intencionado y bajo (base), todo lo que es pobre y sórdido y escuálido, todo lo que es brutal y áspero repele su llegada. Allí donde el amor y la belleza no están, o son reticentes a nacer, ella no viene, donde están desfigurados y mezclados con cosas más bajas ella se marcha pronto o se esfuerza muy poco en verter sus riquezas. Si se encuentra en los corazones de los hombres rodeada de egocentrismo, y odio, y maldad, y envidia, y lucha; si la traición y la avaricia y la ingratitud están mezcladas en el cáliz sagrado, si la pasión burda y el deseo poco refinado degradan la devoción en estos corazones la agraciada y bella Diosa no se quedará. Un disgusto divino la posee y se retira, pues no es alguien que insista o luche, o, tapándose la cara, espera que esta amarga y venenosa materia diabólica sea rechazada y desaparezca antes de que ella base de nuevo su feliz influencia. La yerma desnudez ascética y la aspereza no le son agradables, ni la supresión de las emociones profundas del corazón y la represión rígida de la participación del alma y la vida en la belleza. Pues es a través del amor y la belleza que ella pone sobre los hombres el yugo de lo Divino. La vida se convierte en su creación suprema, en una rica pieza de arte celestial, y toda la existencia en un poema de deleite sagrado; las riquezas del mundo se juntan y conciertan en pos de un orden supremo y hasta las cosas más simples y comunes se vuelven maravillosas por su intuición y unidad y el aliento de su espíritu. Cuando es admitida en el corazón eleva la sabiduría a pináculos de maravilla y le revela los secretos místicos de un éxtasis que supera todo conocimiento, que aúna la devoción con la atracción pasional de lo Divino, le enseña a la fuerza el poder del ritmo que mantiene el poderío de sus actos armonioso y medido y conjura sobre la perfección el encanto que la hace durar para siempre».

Los sabotajes culturales de los situacionistas fueron necesarios y representan momentos de punzante toma de conciencia, como los pequeños despertares que provocaba Andy Kaufman con sus provocaciones televisivas, pero nacen de la discordia y el rechazo. Creo que todo el que lea estas líneas entiende contra qué estaban resistiendo los situacionistas y qué rechazan. En la base apoyo sus creencias, pero creo también que es posible resistir lo mismo que resistían los situacionistas desde otro lugar. Invocando a Lakshmi en lugar de Eris.

En fin, lo importante para mí en este post son dos cosas. La primera tiene que ver con el enfoque que hace el biógrafo John Higgs de su estudio. A diferencia de otras biografías de artistas, en la suya John Higgs no habla de Bill Drummond y Jimmy Cauty, los creadores de The Klf, como dos iluminados incomprendidos, sino como hijos de su época. El biógrafo presenta el panorama cultural de fin del pasado milenio y sitúa en él a los dos activistas de la provocación como elementos movidos inconscientemente por el torrente de eventos que les tocó vivir y por la desintegración de muchas concepciones artísticas antes del cambio de milenio. Creo que este enfoque es el que ha producido en mí el pequeño despertar que me tiene tan intrigado los pasados días; porque yo tampoco sé exactamente por qué estoy haciendo este proyecto. No puedo apoyar mis decisiones de hacer una performance de 12 años y basarla en el Mahabharata con un manifiesto teórico sólido, solo confío en que las razones se expliquen a posteriori. Y en segundo lugar, leer este libro me ha recordado que la motivación de este blog es artística. Porque reconozco que momentos me he llegado a confundir, y pensar en el blog como un blog didáctico sobre el Mahabharata, con el subsiguiente estrés de sentir que no estoy haciendo un trabajo demasiado minucioso, y la lectura de esta biografía me ha reconectado con la motivación artística del proyecto. Lo que estoy haciendo, no lo tengo muy claro, me lo  explico a medida que va ocurriendo. ¿Por qué lo estoy haciendo? Por la misma razón que Drummond y Cauty quemaron todo su dinero: porque no podía ser de otra manera, porque tenían que hacerlo. La diferencia es que yo no quiero quemar nada, sino construir. Pido a la armonía de Lakshmi que guíe mi inspiración.

Biografía:

Higgs, John The Klf, Caos y Magia. La banda que quemó un millón de libras. Libros Walden, Madrid, 2016.

Kali

La misticología india describe la evolución histórica del universo como un proceso de sucesión cíclica de “eras cósmicas”, o yuga en sánscrito. El universo se crea perfecto con el inicio de la primera era y a continuación comienza a degradarse, a medida que se suceden las yuga, hasta la desintegración, para volver a renacer perfecto, y comenzar a degradarse… Así, infinitas veces. De manera que igualmente podemos decir que el universo vive un proceso interminable de degradación o que retorna eternamente hacia su renacer. Ambas afirmaciones serían ciertas.

Digo esto a modo de introducción porque hace unas semanas alguien me preguntó en un encuentro de narración, en la escuela de yoga Kaivalya de Barcelona, por qué esto es así, ¿por qué se degrada el universo eternamente? y me parece fascinante lo profunda que puede ser esta pregunta cuando entramos en ella a fondo. Es una pregunta que nos lleva a una de estas cuestiones de la vida que más que entender nos toca aceptar.

Cuando esta pregunta fue hecha contesté con una historia misticológica que me encanta sobre como Dharma, el dios que sostiene el orden del universo, le pegó una patada a su madrastra y esta le maldijo a cojear para siempre; y por eso el universo va perdiendo estabilidad eternamente. Esta puede ser una explicación simbólica, pero existen muchas otras maneras de contestar esta pregunta, sin llegar ni siquiera a entender realmente la cuestión de la eternidad. Está, por ejemplo, el concepto físico de entropía, que describe cómo un sistema en equilibrio tiende siempre a desordenarse para que sus partículas se reordenen en otros sistemas; o la descripción más poética que hace el filósofo romano Lucrecio en De Rerum Natura, cuando describe el universo como un océano infinito de átomos en movimiento libre: Algunos de estos átomos, en su libertad, se ordenan en sistemas estructurados. Pero estos sistemas atómicos ordenados siguen siendo atravesados por el resto de átomos libres que transitan por el universo. Los átomos extraños a una organización atómica, en su paso a través de la estructura van moviendo aquellos átomos con los que chocan y por tanto modificando progresivamente el orden establecido. Visto desde la misticología india, lo que sostiene la estructura atómica sería Vishnu (Vișnu) y la presencia que la desordena para que se puedan formar otras estructuras sería Shiva (Śiva). Dos maneras de referirse a dos polos de una misma existencia. Pero el tesoro de la misticología india está en enseñarnos a usar muchas maneras diferentes para hablar de un mismo misterio. Porque otra manera de explicar este mismo proceso de degradación y renacimiento es integrar a Vishnu y Shiva en la Gran Madre, que puede llamarse también Kali.

En la novela Kali’s Odiyya de Amarananda Bhairavan[1], se describe una secuencia de la infancia del autor en la que él mismo y su prima le preguntan a una mujer adulta por qué los espíritus del bosque los aterrorizan y la respuesta de ella sirve como síntesis clara de esta cuestión:

«Estos demonios nos horrorizan porque asociamos la oscuridad con el cese de toda actividad en el mundo de los vivos. Al final del día cósmico hay demasiado desorden en el universo. La Madre Kali asume su forma severa, arrasa el universo, que es suyo, y construye otro; igual que las amas de casa, cuando se acerca la noche, apartan los muebles y apagan los fuegos de la cocina. Ellas también limpian todo el hogar preparando el día nuevo.

Esta luz de la que hablamos es una forma diferente de luz. Es la luz del espíritu, es la luz del Dharma la que se ve ennegrecida durante el día universal. (…) Cuando el universo nace en su existencia primordial está lleno de amor, compasión, verdad y humildad. Estas son las cualidades del atman (ātman). Este atman está en todas partes y lo adoramos como Madre Kali. En vosotros dos [-El personaje adulto habla a los dos niños que la interrogan-] este atman vive como testigo, en lo más íntimo del centro de vuestro ser. El atman en vosotros es la misma Madre Kali. Siempre que estáis llenos de amor, compasión, y humildad, deberíais saber que vuestra mente se ha acercado al atman, o a la Luz de la Madre Kali. (…)

Teñida por la dualidad, la mente de la gente común ve el mal y el bien absoluto como dos extremos en competición. Establecen lo divino en el extremo bueno de las cosas, atribuyendo el bien absoluto a la Madre Divina y el mal absoluto a las Fuerzas de la Oscuridad. No consiguen comprender la inseparabilidad de los dos; que el bien y el mal son funcionamientos del mismo Absoluto Divino. Cuando crea y nutre el universo, Ella es la Madre Divina, la Kali de nuestro templo. Cuando destruye y asimila, Ella es la Kali de la Noche Oscura de la Disolución, la Kali del bosque.»

Este fragmento citado representa otra manera de nombrar la fuerza que mueve y es el universo en tanto a energía condensada en materia que se alimenta de sí misma. Y si continuamos por este camino, se dice que existen tres maneras de ser de La Madre, de las cuales podemos tener consciencia cuando sentimos en nuestro interior la Fuerza consciente que sostiene nuestra vida y el universo: Transcendente, como la fuerza original (Shakti) que se eleva sobre los mundos y conecta la creación al eterno misterio de lo inalcanzable. Universal, como gran fuerza cósmica, la Madre crea todos los seres que contiene y penetra, sostiene y conduce sus millones de fuerzas y procesos. Individual, cuando da cuerpo al poder de estos dos aspectos más vastos, vuelve la transcendencia y la universalidad seres vivos y cercanos y media entre la personalidad humana y la naturaleza.

El Mahabharata también es, entre otras cosas, una historia sobre la Gran Madre. El Mahabharata es el teatro de la Gran Madre. Determinando todo lo que va a ser en este universo, y en la evolución terrestre, según lo que ella ve y siente y derrama desde sí misma, ella se yergue sobre los Dioses y todos los Poderes y Personalidades de los Dioses se presentan ante ella para actuar y ella manda emanaciones de ellos hacia estos mundos inferiores para intervenir, gobernar, luchar y conquistar, guiar y hacer girar los ciclos: para dirigir las vías absolutas e individuales de sus fuerzas. Estas emanaciones son los personajes del Mahabharata y son las numerosas formas y personalidades Divinas por las que la humanidad la ha adorado a Ella bajo nombres diferentes, a través de las eras. Todas las escenas de la obra terrenal son como una obra de teatro arreglada, planeada y dirigida por ella con los Dioses cósmicos como asistentes y ella misma como actriz encubierta. Por el profundo y gran amor que tiene a sus criaturas ella ha consentido nacer para pasar a través de los portales del nacimiento que es la muerte y ha hecho suyos los dolores y penas de la creación, pues parece que solamente así puede elevarse a la Luz y la Dicha de la Verdad y la Vida continuada. Esto es lo que representa el holocausto de la materia; el sacrificio de la Gran Madre[2].

En la tradición india, sobretodo (pero no exclusivamente), se dividen los poderes de la madre en cuatro personalidades principales. Una es su calmada amplitud y sabiduría compasiva; compasión inextinguible y majestuosidad y grandeza que lo gobierna todo. Otra de sus personalidades da cuerpo a su poder de fuerza espléndida e irresistible pasión, su honor guerrero, su voluntad desbordante, su impetuosidad ágil y fuerza volcánica. Una tercera es vívida y dulce y que causa maravilla en el secreto profundo de su belleza, armonía y ritmo refinado, su intrincada y sutil opulencia, su persuasivo atractivo y gracia cautivadora.

El cuarto aspecto está equipado con su cercana y profunda capacidad de íntimo conocimiento y cuidadoso y preciso trabajo en su quieta y exacta perfección en todas las cosas.

Sabiduría, Fuerza, Armonía y Perfección son sus atributos, y estos poderes se manifiestan en forma humana y alinean con la divinidad aquellos que son capaces de abrir su naturaleza terrestre a la influencia viva y directa de la Madre.

Para el trabajo de creación del segundo espectáculo de esta performance de 12 años que es Respirar el Mahabharata estoy trabajando la voz de la mujer en el Mahabharata -cosa que ya he comentado en anteriores escritos- y en la estructura base del espectáculo que se está perfilando veo que me basaré en cuatro personajes femeninos que expresan su voz en el segundo libro del Mahabharata. Avanzo los nombres: Kunti, Amba, Draupadi (ḍraupaḍi) e Hidimba (Hidimbā), pero lo importante ahora no es recordar estos nombres sino compartir este proceso y centrarnos esta vez en Hidimba, que es quien representa mejor la energía de Kali. Y digo esto porque he relacionado cada uno de estos cuatro personajes con cada nombre de la gran diosa, a modo de guía creativa.

La Gran Madre puede tener cuatro nombres,  que corresponden a sus cuatro aspectos. Estos cuatro aspectos reciben también los nombres de las diosas Maheshwari (o Pārvatī), Mahakali (la gran Kālī), Mahalakshmi (la gran lakșmī) y Mahasaraswati (la gran Saraswatī). Los cuatro personajes femeninos que he escogido los he alineado con cada uno de estos aspectos:

La imperial Maheshwari es la poderosa y sabia cualidad que nos abre a la infinitud supramental y la vastedad cósmica; a la grandeza de la luz suprema, a la sala de los tesoros del conocimiento milagroso, al movimiento inmensurable de las fuerzas eternas de la Madre. El conocimiento es de su poder y su misión es construir nuestra alma y naturaleza hacia la Verdad. (Kunti)

Mahalakshmi representa el milagro de la belleza eterna, un secreto inalcanzable de las armonías divinas, la seductora magia del irresistible encanto universal y la atracción que junta cosas, fuerzas y seres y los obliga a encontrarse y unirse para que un infinito velado los convierta en sus ritmos y figuras. (Droupadi)

Mahasaraswati es el Poder de Ejecución de la Madre y su espíritu de perfección y orden. (Amba)

Mahakali, sin embargo, con cuyo nombre ha comenzado este escrito, tiene otra naturaleza.

No es la sabiduría sino la fuerza y la potencia su poder particular. Hay en ella una intensidad avasallante, una pasión poderosa para los logros, una avalancha de violencia divina que destroza todo límite y obstáculo. Toda su divinidad salta hacia fuera en el esplendor de la acción tempestuosa; existe para la agilidad, para los procesos de efectividad inmediata, el golpe rápido y directo, el asalto frontal que se lleva todo por delante. Su cara es terrible para los demonios (Asura), peligrosa y despiadada su actitud con los que odian a la Divinidad, pues es Guerrera de los Mundos y nunca se achica en la batalla. Intolerante con la imperfección, es ruda con todo lo que es obstinadamente ignorante y opaco; su furia es inmediata y extrema contra el engaño, la falsedad y la maldad; la mala voluntad es aplastada al instante por su azote. La indiferencia, la negligencia y la vagancia en el trabajo divino no las puede soportar y despierta de golpe, con un gran dolor si es necesario, al adormecido que pierde el tiempo. Los impulsos que son veloces, directos y sinceros, los movimientos que son incondicionales y absolutos, la aspiración que se eleva como la llama, son los movimientos de Mahakali. Su espíritu es indomable, su visión y voluntad son elevadas y abiertas de miras como el vuelo de un águila, sus pies transitan veloces el sendero ascendente y sus brazos están abiertos para golpear y salvar. Pues ella también es la Madre y su amor es tan intenso como su furia y tiene una bondad profunda y apasionada. Cuando se le permite intervenir con su fuerza, en un momento los obstáculos que inmovilizan, o los enemigos que acechan al buscador, se vuelven objetos rotos y sin consistencia. Su rabia es terrible y hostil y la vehemencia de su presión dolorosa para el débil y el tímido; pero es querida y adorada por el grande, el fuerte y el noble, pues él siente que sus golpes amoldan lo que es rebelde en su materia en fuerza y verdad perfecta, amartilla recto lo que es retorcido y perverso y expele lo que es impuro o defectuoso. Lo que ella hace en un día podría haber tomado siglos; sin ella el infinito (ānanda) sería extenso y serio o blando y dulce, y precioso, pero se perdería la dicha llameante de sus más absolutas intensidades. Al conocimiento le da una fuerza conquistadora, a la belleza y la armonía les da un creciente movimiento e imparte al trabajo lento y difícil tras la perfección un ímpetu que multiplica el poder y acorta el camino. Nada la puede satisfacer que se quede corto de los éxtasis sublimes, las supremas alturas, las más nobles aspiraciones, las vistas más amplias. Por tanto está con ella la fuerza victoriosa de la Divinidad y es por la gracia de su fuego y pasión, y velocidad, que el gran logro puede hacerse ahora antes que después.

Yo relaciono el personaje de Hidimba con este aspecto de la Gran Madre, Hidimba es una Rakshasa (Rākșasa), un ogro del bosque que huele a los protagonistas cuando caminan por su floresta y se dirige a ellos para matarlos. Hidimba vive en la espesura con su hermano y cuando este huele a los humanos que lo transitan se le hace la boca agua y manda a su hermana para que los mate y le traiga sus cuerpos. Pero cuando Hidimba ve a Bhima, el tercero entre los cinco hermanos protagonistas del Mahabharata, se enamora:

«Este hombre moreno, de brazos poderosos y mirada profunda es el marido adecuado para mí; no obedeceré los crueles órdenes de mi hermano. El amor de una esposa es más fuerte que el afecto por un hermano. Si mato a este hombre el placer de mi hermano y el mío será satisfecho por un instante, pero si no lo mato mi recompensa será eterna.»

Hidimba puede tomar la forma que quiere, así que se acerca al campamento en la forma humana de una mujer atractiva como una enredadera adornada con joyas hechas de luz. Hidimba confiesa la motivación original con la que se había acercado al campamento y confiesa su enamoramiento. «Por favor haz lo que sea apropiado para mí. Mi mente y cuerpo están derrotados por el deseo. Deseo hacerte mío. Hazme tuya. Te salvaré de los Rakshasa y viviremos en la seguridad de las montañas. Puedo viajar por el cielo e ir a donde me apetece. Conmigo encontrarás placer incomparable en estos lugares.»

El primer punto que remarca la historia es que el héroe no requiere la ayuda de Hidimba para vencer a su hermano rakshasa. Primero lo declara el héroe con palabras y después lo demuestra, matando el malvado ogro con las manos desnudas. Durante la pelea los hermanos y la madre del héroe se despiertan, y «se asombran ante la belleza divina de Hidimba».

«El gran bosque que ves, azul como las nubes del monzón, es el hábitat de mi hermano y yo. Soy la hermana del señor de los Rakshasa. (…) Bajo la influencia del deseo enloquecedor he caído bajo el hechizo de tu hijo, [explica Hidimba a la madre del héroe], por tanto lo elijo como esposo. He intentado controlar mi pasión, pero no he podido.»

Todos continúan su huida hasta la ciudad más cercana, seguidos por Hidimba.

Saludando respetuosamente a la madre de los héroes, Hidimba dice: «Honorable señora, tú estás familiarizada con las convulsiones que las mujeres sufrimos a causa del deseo invisible. Afortunada señora, yo estoy sufriendo estos dolores por tu hijo. He sufrido mucho esperando la noche [se entiende que Hidimba los ha estado siguiendo todo el día] pero ahora que la hora ha llegado espero mi felicidad. He abandonado mis amigos, mis parientes y el camino que se me había designado. He elegido a tu hijo, tigre entre los hombres, como marido. Ilustre señora, ¿será la elección de una mujer rechazada a causa de su manera de hablar? Tanto si me consideras estúpida comoo leal a ti, por favor, úneme con tu hijo, mi marido. Permíteme ir donde deseo, llevándome a este semi-dios tuyo. Te prometo que lo devolveré a este mismo lugar. Siempre que pienses en mí vendré a ti inmediatamente y me llevaré a estos toros entre los hombres sobre los hombros, sobre pastizales y terrenos difíciles, allí donde queráis ir. Por favor compadécete de mí y deja que tu hijo me haga el amor. Lo que preserva la vida es sagrado y por tanto lo que otorga la vida es sagrado. Los medios por los que esto se lleva a cabo nunca pueden ser condenados.» (Mahabharata, Hidimba-Vadha Parva)

 

Cierro aquí este escrito porque ya se está alargando mucho y considero mi objetivo con él cumplido. Lo que quería era presentar el estado del trabajo de creación del segundo encuentro de narración de Respirar el Mahabharata, planeado para el próximo 12 de Diciembre de 2017, y aprovechar para presentar el personaje de Hidimba y una descripción de Kali.

En adelante pienso presentar los otros tres personajes femeninos que he elegido y la continuación de traducción de la explicación que Aurobindo hace de las  cuatro cualidades de la Diosa.

[1] Kali’s Odiyya A Shaman’s True Story of Initiation, Amarananda Bhairavan, Pilgrims Publishing, India, 2000.

[2] Todas las descripciones de La Madre,  y la de sus poderes, son una traducción adaptada del texto de Aurobindo sobre La Madre publicado por la editorial del Ashram de Shri Aurobindo en Pondicherry: Sri Aurobindo, The Mother, Sri Aurobindo Ashram Pondicherry, 2013. – (El uso de mayúsculas también es de Aurobindo).

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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