El Mahabharata es la historia de lo que le pasó al mundo para estar como está ahora.

El Mahabharata es la historia de un conflicto bélico, con unos protagonistas, que son primordialmente Yudisthira, quien llegó a ser rey del mundo entero, y sus cuatro hermanos, pero también Draupadi – la esposa de los cinco, los familiares que los odiaban, los familiares que los apoyaron y, por extensión, todos los dioses, las estrellas, los seres invisibles, los ciervos y todos los habitantes del mundo. También nosotros, porque lo que pasó, ese conflicto que cuenta el Mahabharata, nos afecta a todos hoy.

El Mahabharata es una historia que afirma ser el recuerdo de una era en la que algunas leyes físicas funcionaban distinto. Una era, en la que las personas eran humanas como nosotros, pero tenían otro tipo de percepción. Esto no se puede ignorar cuando leemos y escuchamos el Mahabharata. Podemos verlo como un recurso literario, pero no podemos ignorar que el Mahabharata es una historia que de entrada avisa que nada de lo que escuches en ella es exactamente como nos lo imaginamos, porque no seríamos capaces de hacerlo. El Mahabharata habla de una era que escapa a nuestra comprensión. Y aún así, el mundo del que habla el Mahabharata es este mismo que estamos habitando. Y las personas de las que habla son todas humanas, como nosotros. Esta es una parte de su misterio.

Y recomiendo tener esto en mente para adentrarse en el texto que quiero compartir en esta entrada. Lo que comparto a continuación es la traducción de un discurso de Draupadi sobre el arte de retener a un marido. El arte del matrimonio, o la pareja, si se quiere. Porque el texto de este discurso bien serviría de consejo a un mujer para estar con otra mujer, o a un hombre para estar con su esposa. Podemos ir más allá de lo inmediato y reflexionar sobre la enseñanza que nos está ofreciendo.

Ante la pregunta de cómo retener a un hombre, con qué artes, Draupadi responde que ella no intenta retener por ningún medio. Draupadi se entrega, en cuerpo y alma, a sus maridos. De esta entrega nace la unión. Y este consejo sirve para toda relación, también la de uno con sí misme. La diferencia entre esperar algo del mundo y entregarse a él es la esencia de la libertad también. Draupadi lo explica desde el punto de vista del matrimonio.

Ahora, antes de leer el texto, me gustaría recordar algún detalle de Drauadi. Primero, Draupadi no está casada con un solo hombre sino con cinco. Cómo consigue entregarse, de la manera que recomienda, a cinco hombres distintos, es una de las claves simbólicas del texto, intuyo. Segundo, Draupadi nació por artes mágicas de un fuego, y el destino que le ha sido asignado es el de hacer caer a toda la nobleza guerrera de la tierra. Tercero, Draupadi es la encarnación de la Shakti, de la diosa, o la energía femenina del universo. Además, recordemos que en el Mahabharata aparecen mujeres guerreras, y una monarca que gobierna su reino sola.  Leamos con esto en mente los consejos de este discurso. Tachar a este texto de anticuado y machista es demasiado simple y una pena, porque nos perdemos el sutil matiz meta-narrativo que la historia propone, poniendo este discurso en boca de un personaje de las características que he comentado, que vivió en una forma de este mundo nuestro que ya no podemos entender:

<<Satyabama, esposa de Krishna:

-Oh Draupadi, ¿cómo actúas cuando atiendes a los Pandava? Esos jóvenes valientes son equiparables a los guardianes del mundo, oh bella, ¿cómo los mantienes bajo tu control? Oh tú, que eres bella a la vista. Los Pandava siempre te miran con admiración y cumplen tus deseos. Explícame la razón. ¿Sigues votos de austeridades? ¿Se trata de abluciones, baños, mantras o hierbas? ¿Es por el valor del conocimiento o el efecto de raíces? ¿Es la meditación, las oblaciones o las pócimas? ¡Oh hija del reino de Panchala!¡Oh morena! Comparte conmigo tu famosa comprensión de los asuntos amorosos para que Krishna permanezca siempre bajo mi control.

Y Satyabhama se detuvo.

Draupadi, que era devota a sus esposos, respondió:

-Oh Satya, me preguntas por las prácticas de las mujeres malvadas. ¿Cómo puedes alabar a aquellas que transitan los senderos siniestros? Estas son preguntas impropias de ti. Tienes suficiente inteligencia tú misma, pues eres la amada esposa de Krishna.

Cuando un marido descubre que su esposa ha estado usando encantamientos o pócimas de este tipo se asusta como si una serpiente hubiera entrado en la casa. ¿Cómo puede alguien angustiado encontrar la paz? ¿Y cómo puede haber felicidad sin paz? Ninguna mujer puede controlar a su marido con encantamientos. Los que propagan el uso de las pócimas son enemigos. Son violentos, transmiten el veneno y horribles enfermedades. Cuando un hombre ingiere estos polvos por la lengua o la piel no hay duda de que morirá pronto. Hay mujeres que han causado gota, lepra, vejez, impotencia, estupidez, ceguera y sordera por estos medios. Por su adicción a las artes siniestras estas malvadas han causado mucho daño a sus maridos. Una mujer nunca debería actuar para causar malestar a su esposo. ¡Oh ilustre Satyabhama! Escucha. Te lo contaré todo sobre cómo me porto con los Pandava de alma extensa:

Siempre evito la vanidad, el deseo o la rabia. Siempre, y sin interrumpir, sirvo a los Pandava y a sus esposas. A cambio de su amor, siempre entrego mi alma a la de ellos. Siempre los sirvo sin ningún orgullo. Protejo los corazones de mis maridos, sin impacientarme por desafortunadas palabras, situaciones, miradas o posiciones ni por senderos o señales difíciles. Esta es la manera en la que sirvo a los grandes Pandava, quienes son terribles en su energía y equiparables al sol, al fuego y la luna, y quienes pueden matar con la mirada. Mi mente nunca se gira hacia otros hombres -ya sea dios, hombre, gandharva, uno joven con ornamentos, uno que sea rico o uno que sea guapo. No como, me baño o duermo antes que mi marido, con sus sirvientes, haya consumado estos actos. Cuando mi marido vuelve a casa del campo, el bosque o el pueblo, siempre me levanto a recibirlo y le ofrezco asiento y agua. Los recipientes de la comida están limpios. La comida está limpia. Sirvo la comida en el momento que toca. Tengo cura de mantener el grano y aseguro que la casa está limpia. Soy directa y refinada en el hablar. No me junto con mujeres malvadas. Siempre hago lo que es agradable. Nunca soy vaga. No río a menos que haya un chiste. No me entretengo demasiado tiempo en el baño o en el jardín. No río ruidosamente ni me quejo, o doy causa para enfado. ¡Oh Satya! Siempre me dedico a servir a mi marido sin falta. De ninguna manera deseo nada que no le dé a mi marido placer. Cuando mi marido no está en casa debido a algún trabajo relacionado con familiares sigo el voto de no ponerme flores ni fragancias. Cuando mi marido no bebe, o no come, tampoco lo hago yo. Siempre renuncio a lo que mi marido no disfruta. ¡Oh preciosa! Siempre me baso en lo que haya sido instruido. Estoy bien ornamentada. Soy extremadamente cuidadosa. Me dedico al placer de mi marido.

Tiempo atrás mi suegra me lo explicó todo sobre el dharma del hogar – sobre los donativos, sacrificios, ceremonias funerales, la cocina, los días lunares auspiciosos y todo lo que es necesario tener en cuenta. Conozco todo esto. Siempre sigo estas instrucciones, incansablemente, día y noche, con mi alma fijada en la humildad y los mandatos. Mis maridos son suaves, justos, sinceros y seguidores del auténtico dharma. Pero yo los sirvo como si fueran serpientes venenosas. Es de mi opinión que el dharma eterno de las mujeres es ser dependiente del marido. El es el dios en el sendero, ¿cómo podría una causarle molestias? No vulnero a mis maridos en sueño, comida o habla. Siempre me controlo y nunca me quejo sobre mi suegra. ¡Oh afortunada! Mediante la atención constante a las labores diarias, y la servitud a los superiores, mis maridos permanecen bajo mi control. Siempre sirvo yo misma a Kunti, la madre de los valientes Pandava, quien siempre es fiel a sus palabras; en su baño, vestido y comida. Nunca la cruzo en cuestiones de vestidos, ornamentos o comida. Ella es como la tierra y nunca me quejo de ella. Antes, en el palacio, ocho mil sabios eran alimentados cada día en platos dorados. Ochenta y ocho mil padres de familia devotos eran financiados por el emperador Yudisthira con treinta mucamas para cada uno. Más allá de esto, diez mil ascetas, con el deseo controlado, eran servidos comida bien cocinada en platos dorados. Todos estos sabios comprendían la expansión cósmica y se les había dado una parcela de tierra. Yo los adoraba en orden, con bebida, vestimenta y comida. El gran emperador tenía mil sirvientas jóvenes. Estaban adornadas con collares y brazaletes hechos de conchas marinas, llevaban oro alrededor de sus cuellos, ornamentos, guirnaldas caras, oro y sándalo, y gemas. Eran excelentes bailarinas y cantantes. Yo conocía los nombres, las caras, las comidas favoritas y las ropas de cada una, y también su trabajo. Sabía lo que cada una hacía y lo que no. El inteligente hijo de Kunti tenía mil sirvientas en casa que atendían los invitados día y noche, sosteniendo recipientes en sus manos. Cuando el emperador vivía en su reino poseía cien mil caballos y cien mil elefantes. Así eran las instrucciones del emperador cuando gobernaba la tierra. Yo hice una lista de todas y asigné el número y tipo de tarea a cada sirviente, para todo lo que debía hacerse en los aposentos internos. Lo sabía todo sobre los vaqueros y ganaderos, lo que hacían y lo que no. Lo sabía todo sobre los ingresos y gastos del rey ¡oh afortunada! Yo sola lo sabía todo sobre los Pandava. Estos toros entre la dinastía de Bharata relegaron todo lo relacionado al hogar a mí. ¡Oh mujer de cara bonita! Esa es la razón por la que me eran devotos. Esta carga le sería imposible de llevar a alguien con maldad en el alma. Renuncié a todo placer, día y noche. El tesoro de mi marido, quien seguía el dharma, era tan grande que ni el dios de los océanos podría manejarlo. Sin embargo, yo sola conocía todo su contenido. Soporté hambre y sed, día y noche. Atendía a los Pandava y el día y la noche eran lo mismo para mí. Era la primera en levantarme. Era la última en irme a dormir ¡Oh Satya! Esta ha sido siempre mi práctica. Considro esta como la mayor técnica para hacer que los esposos te sean devotos. No he seguido las prácticas de las malvadas, ni deseo hacerlo.

 

Traducción del discruso de Draupdi expuesto en el fragmento llamado: Draupadi Satyambhada sambada parva.