Entregarse al amor

El Mahabharata es la historia de lo que le pasó al mundo para estar como está ahora.

El Mahabharata es la historia de un conflicto bélico, con unos protagonistas, que son primordialmente Yudisthira, quien llegó a ser rey del mundo entero, y sus cuatro hermanos, pero también Draupadi – la esposa de los cinco, los familiares que los odiaban, los familiares que los apoyaron y, por extensión, todos los dioses, las estrellas, los seres invisibles, los ciervos y todos los habitantes del mundo. También nosotros, porque lo que pasó, ese conflicto que cuenta el Mahabharata, nos afecta a todos hoy.

El Mahabharata es una historia que afirma ser el recuerdo de una era en la que algunas leyes físicas funcionaban distinto. Una era, en la que las personas eran humanas como nosotros, pero tenían otro tipo de percepción. Esto no se puede ignorar cuando leemos y escuchamos el Mahabharata. Podemos verlo como un recurso literario, pero no podemos ignorar que el Mahabharata es una historia que de entrada avisa que nada de lo que escuches en ella es exactamente como nos lo imaginamos, porque no seríamos capaces de hacerlo. El Mahabharata habla de una era que escapa a nuestra comprensión. Y aún así, el mundo del que habla el Mahabharata es este mismo que estamos habitando. Y las personas de las que habla son todas humanas, como nosotros. Esta es una parte de su misterio.

Y recomiendo tener esto en mente para adentrarse en el texto que quiero compartir en esta entrada. Lo que comparto a continuación es la traducción de un discurso de Draupadi sobre el arte de retener a un marido. El arte del matrimonio, o la pareja, si se quiere. Porque el texto de este discurso bien serviría de consejo a un mujer para estar con otra mujer, o a un hombre para estar con su esposa. Podemos ir más allá de lo inmediato y reflexionar sobre la enseñanza que nos está ofreciendo.

Ante la pregunta de cómo retener a un hombre, con qué artes, Draupadi responde que ella no intenta retener por ningún medio. Draupadi se entrega, en cuerpo y alma, a sus maridos. De esta entrega nace la unión. Y este consejo sirve para toda relación, también la de uno con sí misme. La diferencia entre esperar algo del mundo y entregarse a él es la esencia de la libertad también. Draupadi lo explica desde el punto de vista del matrimonio.

Ahora, antes de leer el texto, me gustaría recordar algún detalle de Drauadi. Primero, Draupadi no está casada con un solo hombre sino con cinco. Cómo consigue entregarse, de la manera que recomienda, a cinco hombres distintos, es una de las claves simbólicas del texto, intuyo. Segundo, Draupadi nació por artes mágicas de un fuego, y el destino que le ha sido asignado es el de hacer caer a toda la nobleza guerrera de la tierra. Tercero, Draupadi es la encarnación de la Shakti, de la diosa, o la energía femenina del universo. Además, recordemos que en el Mahabharata aparecen mujeres guerreras, y una monarca que gobierna su reino sola.  Leamos con esto en mente los consejos de este discurso. Tachar a este texto de anticuado y machista es demasiado simple y una pena, porque nos perdemos el sutil matiz meta-narrativo que la historia propone, poniendo este discurso en boca de un personaje de las características que he comentado, que vivió en una forma de este mundo nuestro que ya no podemos entender:

<<Satyabama, esposa de Krishna:

-Oh Draupadi, ¿cómo actúas cuando atiendes a los Pandava? Esos jóvenes valientes son equiparables a los guardianes del mundo, oh bella, ¿cómo los mantienes bajo tu control? Oh tú, que eres bella a la vista. Los Pandava siempre te miran con admiración y cumplen tus deseos. Explícame la razón. ¿Sigues votos de austeridades? ¿Se trata de abluciones, baños, mantras o hierbas? ¿Es por el valor del conocimiento o el efecto de raíces? ¿Es la meditación, las oblaciones o las pócimas? ¡Oh hija del reino de Panchala!¡Oh morena! Comparte conmigo tu famosa comprensión de los asuntos amorosos para que Krishna permanezca siempre bajo mi control.

Y Satyabhama se detuvo.

Draupadi, que era devota a sus esposos, respondió:

-Oh Satya, me preguntas por las prácticas de las mujeres malvadas. ¿Cómo puedes alabar a aquellas que transitan los senderos siniestros? Estas son preguntas impropias de ti. Tienes suficiente inteligencia tú misma, pues eres la amada esposa de Krishna.

Cuando un marido descubre que su esposa ha estado usando encantamientos o pócimas de este tipo se asusta como si una serpiente hubiera entrado en la casa. ¿Cómo puede alguien angustiado encontrar la paz? ¿Y cómo puede haber felicidad sin paz? Ninguna mujer puede controlar a su marido con encantamientos. Los que propagan el uso de las pócimas son enemigos. Son violentos, transmiten el veneno y horribles enfermedades. Cuando un hombre ingiere estos polvos por la lengua o la piel no hay duda de que morirá pronto. Hay mujeres que han causado gota, lepra, vejez, impotencia, estupidez, ceguera y sordera por estos medios. Por su adicción a las artes siniestras estas malvadas han causado mucho daño a sus maridos. Una mujer nunca debería actuar para causar malestar a su esposo. ¡Oh ilustre Satyabhama! Escucha. Te lo contaré todo sobre cómo me porto con los Pandava de alma extensa:

Siempre evito la vanidad, el deseo o la rabia. Siempre, y sin interrumpir, sirvo a los Pandava y a sus esposas. A cambio de su amor, siempre entrego mi alma a la de ellos. Siempre los sirvo sin ningún orgullo. Protejo los corazones de mis maridos, sin impacientarme por desafortunadas palabras, situaciones, miradas o posiciones ni por senderos o señales difíciles. Esta es la manera en la que sirvo a los grandes Pandava, quienes son terribles en su energía y equiparables al sol, al fuego y la luna, y quienes pueden matar con la mirada. Mi mente nunca se gira hacia otros hombres -ya sea dios, hombre, gandharva, uno joven con ornamentos, uno que sea rico o uno que sea guapo. No como, me baño o duermo antes que mi marido, con sus sirvientes, haya consumado estos actos. Cuando mi marido vuelve a casa del campo, el bosque o el pueblo, siempre me levanto a recibirlo y le ofrezco asiento y agua. Los recipientes de la comida están limpios. La comida está limpia. Sirvo la comida en el momento que toca. Tengo cura de mantener el grano y aseguro que la casa está limpia. Soy directa y refinada en el hablar. No me junto con mujeres malvadas. Siempre hago lo que es agradable. Nunca soy vaga. No río a menos que haya un chiste. No me entretengo demasiado tiempo en el baño o en el jardín. No río ruidosamente ni me quejo, o doy causa para enfado. ¡Oh Satya! Siempre me dedico a servir a mi marido sin falta. De ninguna manera deseo nada que no le dé a mi marido placer. Cuando mi marido no está en casa debido a algún trabajo relacionado con familiares sigo el voto de no ponerme flores ni fragancias. Cuando mi marido no bebe, o no come, tampoco lo hago yo. Siempre renuncio a lo que mi marido no disfruta. ¡Oh preciosa! Siempre me baso en lo que haya sido instruido. Estoy bien ornamentada. Soy extremadamente cuidadosa. Me dedico al placer de mi marido.

Tiempo atrás mi suegra me lo explicó todo sobre el dharma del hogar – sobre los donativos, sacrificios, ceremonias funerales, la cocina, los días lunares auspiciosos y todo lo que es necesario tener en cuenta. Conozco todo esto. Siempre sigo estas instrucciones, incansablemente, día y noche, con mi alma fijada en la humildad y los mandatos. Mis maridos son suaves, justos, sinceros y seguidores del auténtico dharma. Pero yo los sirvo como si fueran serpientes venenosas. Es de mi opinión que el dharma eterno de las mujeres es ser dependiente del marido. El es el dios en el sendero, ¿cómo podría una causarle molestias? No vulnero a mis maridos en sueño, comida o habla. Siempre me controlo y nunca me quejo sobre mi suegra. ¡Oh afortunada! Mediante la atención constante a las labores diarias, y la servitud a los superiores, mis maridos permanecen bajo mi control. Siempre sirvo yo misma a Kunti, la madre de los valientes Pandava, quien siempre es fiel a sus palabras; en su baño, vestido y comida. Nunca la cruzo en cuestiones de vestidos, ornamentos o comida. Ella es como la tierra y nunca me quejo de ella. Antes, en el palacio, ocho mil sabios eran alimentados cada día en platos dorados. Ochenta y ocho mil padres de familia devotos eran financiados por el emperador Yudisthira con treinta mucamas para cada uno. Más allá de esto, diez mil ascetas, con el deseo controlado, eran servidos comida bien cocinada en platos dorados. Todos estos sabios comprendían la expansión cósmica y se les había dado una parcela de tierra. Yo los adoraba en orden, con bebida, vestimenta y comida. El gran emperador tenía mil sirvientas jóvenes. Estaban adornadas con collares y brazaletes hechos de conchas marinas, llevaban oro alrededor de sus cuellos, ornamentos, guirnaldas caras, oro y sándalo, y gemas. Eran excelentes bailarinas y cantantes. Yo conocía los nombres, las caras, las comidas favoritas y las ropas de cada una, y también su trabajo. Sabía lo que cada una hacía y lo que no. El inteligente hijo de Kunti tenía mil sirvientas en casa que atendían los invitados día y noche, sosteniendo recipientes en sus manos. Cuando el emperador vivía en su reino poseía cien mil caballos y cien mil elefantes. Así eran las instrucciones del emperador cuando gobernaba la tierra. Yo hice una lista de todas y asigné el número y tipo de tarea a cada sirviente, para todo lo que debía hacerse en los aposentos internos. Lo sabía todo sobre los vaqueros y ganaderos, lo que hacían y lo que no. Lo sabía todo sobre los ingresos y gastos del rey ¡oh afortunada! Yo sola lo sabía todo sobre los Pandava. Estos toros entre la dinastía de Bharata relegaron todo lo relacionado al hogar a mí. ¡Oh mujer de cara bonita! Esa es la razón por la que me eran devotos. Esta carga le sería imposible de llevar a alguien con maldad en el alma. Renuncié a todo placer, día y noche. El tesoro de mi marido, quien seguía el dharma, era tan grande que ni el dios de los océanos podría manejarlo. Sin embargo, yo sola conocía todo su contenido. Soporté hambre y sed, día y noche. Atendía a los Pandava y el día y la noche eran lo mismo para mí. Era la primera en levantarme. Era la última en irme a dormir ¡Oh Satya! Esta ha sido siempre mi práctica. Considro esta como la mayor técnica para hacer que los esposos te sean devotos. No he seguido las prácticas de las malvadas, ni deseo hacerlo.

 

Traducción del discruso de Draupdi expuesto en el fragmento llamado: Draupadi Satyambhada sambada parva.

¿Existe el libre albedrio?

Los Pandava son los protagonistas del Mahabharata; son cinco hermanos, y se casan todos con una misma mujer. A ella esto le parece bien y le gusta la idea desde el primer momento, pero su padre y su hermano mayor se sienten algo confundidos: «Está decretado que un hombre tenga varias esposas, pero nunca hemos oído que una mujer tenga varios maridos», se queja el padre de la princesa; «¿Qué le pasa a tu inteligencia?» llega incluso a preguntarle el rey al hermano mayor, cuestionando sus facultades mentales[1].

-«El sendero del Dharma (el orden universal) es sutil, no conocemos su dirección»- responde el Pandava. Y a continuación entra a la sala el sabio Vyasa -«porque así le apetecía»- y le hace una señal al rey confundido para hablarle a solas.

Vyasa es el narrador del Mahabharata, y el texto aprovecha cada una de sus apariciones para recordarnos, una vez más, que Vyasa llega a los lugares «porque le apetece» y después de intervenir en la acción de la historia (siempre de manera propicia) continua su camino «yendo hacia donde le pareció bien». El aroma que envuelve a Vyasa es el de la absoluta libertad. Como el espíritu de un infante que acaba de aprender a correr, junto a la calma de un anciano. Y estos dos detalles, la ligereza de Vyasa más la respuesta del mayor entre los Pandava al rey: «el sendero del Dharma es sutil y misterioso», son  avisos de la explicación que dará Krishna a Arjuna, el tercer hermano entre los Pandava, antes de iniciar la batalla total del Mahabharata. Explicación que se recoge en el capítulo más comentado del Mahabharata, que se llama algo así como “la canción del señor”, y es más conocido por su nombre sánscrito, la Bhagavat Gita.

Volviendo a Vyasa y el rey (el padre de la princesaa que está a punto de casarse con cinco príncipes) lo que el sabio le explica al monarca, a solas, es una historia:

Vyasa le cuenta al rey que en la antigüedad los dioses organizaron un gran sacrificio en el bosque. Yama, el dios de la muerte, hijo del sol, era el encargado del ritual y mientras Yama centraba toda su atención en el sacrificio las personas no morían. La población humana aumentaba sin parar y los dioses de las direcciones comenzaron a incomodarse. «Desde que los mortales son inmortales no hay más diferencia entre nosotros y ellos», le dicen los dioses a Brahma, su creador. «No os preocupéis», responde Brahma, “cuando Yama termine el sacrificio tendréis todos mucho poder y los humanos quedarán debilitados; ayudadle a terminar y todo irá bien».

Los dioses vuelven tranquilizados hacia el terreno donde está teniendo lugar el sacrificio. Por el camino, les sorprende ver una flor de loto dorada bajar flotando por el Ganges. Indra, el rey de los dioses, se sorprende y decide subir hacia la fuente del río para investigar; Allí ve una doncella radiante como el fuego, con medio cuerpo en el agua, llorando. Cada lágrima que cae de las mejillas de la dama se convierte en una flor de dorada cuando toca con las aguas del río y las flores bajan lentamente sobre la corriente. Indra queda ensimismado y se dirige a la joven. Ella le agradece el haberse interesado por quién es y le pide que la siga.

Caminando tras ella, Indra llega al rey de los montes, la cima del mundo, donde ve un joven atractivo jugando a los dados, rodeado de chicas jóvenes y bellas como él.

Indra se dirige al joven y le dice: «Yo soy el rey de los dioses. Este universo me pertenece y el mundo está bajo mi mando. Soy el señor de todo lo que hay».

Pero el joven no le hace caso y sigue inmerso en el juego. Indra se pone furioso y repite lo que acaba de decir con un tono más firme. El joven de repente lo mira y sonríe, e Indra queda totalmente paralizado. Como un pilar.

Cuando termina la partida el joven le dice a la doncella que ha traído a Indra, la que lloraba flores doradas sobre el Ganges: «tráemelo, me aseguraré de que el orgullo no vuelva a entrar en su corazón».

En el momento en que lo toca la chica Indra cae al suelo, sin fuerzas, y el joven le dice: «entra en esta cueva y espera allí con los otros».

Indra se arrastra hacia el agujero en la roca que el joven le señala y, antes de entrar, puede ver dentro de la cueva a cuatro dioses radiantes como él. Indra se entristece y pregunta si ahora se quedará allí como ellos. El señor de las montañas le mira enfurecido y le grita: «¡me has insultado!», a lo que los miembros de Indra pierden la fuerza y se queda meciéndose al viento, ante la cueva, como una hoja o una higuera sacudida por la tormenta.

Indra se arrepiente y suplica que se le muestre la manera de salir de esta situación, pero el Señor de la Montaña ya no está con ánimos de calmarse y le dice que los que actúan como él ya no encuentran la salida. «Los otros fueron como tú y lo volverán a ser. Entra y quédate con ellos, no hay duda de que vuestro destino será el mismo. Vosotros cinco naceréis en una matriz humana; cometiendo hazañas extremadamente violentas mandareis una multitud de personas a la muerte y volveréis a alcanzar el mundo de Indra por vuestras acciones». Al unísono, los Indra anteriores responden: «Iremos desde el mundo de los dioses al de los hombres. La salvación es difícil de conseguir allí. Dejemos que los dioses del Dharma, el viento (Vayu) y los Ashvins nos lleven hacia nuestra madre humana». Oyendo esto, el último Indra en unirse al grupo dice que con su semen creará un hombre que pueda cumplir esta misión. «Será mi hijo y se unirá a los otros cuatro». Esto le agrada al Señor de la Montaña (que no es otro que Shiva) y decreta que la bella mujer que lloraba en el Ganges, la más bella en todos los mundos, que no es otra que la misma Lakshmi, la diosa de la belleza, nazca como la esposa de los cinco en el mundo de los humanos.

Tras contar esto, Vyasa le otorga un instante de visión cósmica al padre preocupado y este ve a sus cinco futuros yernos elevarse a cinco cúbitos de altura, adornados con guirnaldas, coronas y joyas, radiantes como las llamas del sol; vestidos de oro. También ve junto a ellos a la mujer suprema, a la divina Lakshmi.

Pero esta no es la única historia que Vyasa cuenta:

En una ermita en el bosque vivía la hija de un gran asceta que era bella y pura pero no podía encontrar marido. Por sus austeridades agradó a Shiva, que se le apareció y le preguntó qué era lo que quería. «Me gustaría tener un marido dotado en todos los aspectos», a lo que el dios accedió con gusto y le dijo «tendrás cinco excelentes maridos».

-«¡Pero Shiva, yo solo deseo un marido!», responde ella asustada.

– «tú me has pedido cinco veces un marido, y será tal como has dicho. Tendrás muy buena fortuna y todo esto te pasará en un mismo nacimiento”.

«Así es como es esta chica, con la forma de una diosa, ha llegado a ser tu hija”, termina diciendo Vyasa, y tras esta visión de los designios superiores el rey queda tranquilo y bendice la boda.

Esto, en la forma colorida y brillante que tiene el relato de Vyasa, es lo mismo que apunta la Bhagavat Gita, y no consiste en ninguna enseñanza esotérica, o un dogma psicodélico que el devoto ha de aceptar ciegamente, sino más bien una humilde observación de la realidad, que en un lenguaje más lógico y sobrio el filósofo holandés Baruch Spinoza, uno de los santos patrones del ateísmo, también argumentaba en el siglo XVII, desde la lluviosa Ámsterdam, en la obra llamada Ethica, ordine geometrico demonstrata , conocida popularmente como La Ética de Spinoza: Lo que llamamos libre albedrío es más bien nuestra ignorancia de la cadena de eventos históricos, y familiares, y las reacciones químico-emocionales que nos han llevado a elegir aquello que creemos que hemos elegido libremente. Cuando nos decidimos entre un helado de fresa o uno de vainilla, o cuando queremos casarnos con uno, cinco o ningún hombre, lo que decide es la combinación de un carácter adquirido en una determinada situación histórica, social y familiar con un mar de condiciones que desconocemos; porque la comprensión de la mente humana es limitada.

En el lenguaje del filósofo indio Shri Aurobindo, en un comentario a la misma Bhagavat Gita: «existe un plano mucho más elevado que el libre albedrío[2]». Las decisiones que creemos que tomamos no las toma ese “yo” que creemos que somos. Están tomadas desde hace eones, en esferas más sutiles de lo que podemos entender. En el lenguaje de Spinoza serían atributos y modos los nombres de estos planos más sutiles, en el Mahabharata es el mundo de los dioses y las vidas pasadas.

Aurobindo diferencia entre Voluntad y Elección (Will / Choice). Una cosa es la elección personal (vainilla o fresa) y otra es la voluntad infinita. Lo que mueve a los cinco Pandava para casarse todos con Droupadi es la Voluntad Infinita, algo que va más allá de la elección. Por esto el hermano mayor contesta a su suegro que «los caminos del orden universal (Dharma) son sutiles». Y esto es algo sobre lo que se puede filosofar durante siglos, pero en este post quiero hablar de dioses y dragones, no de modos y atributos.

Los dioses y los dragones son las formas que simbolizan la Voluntad Infinita para la visión limitada de nuestra consciencia. Hay una canción de rock cuya letra me gusta porque habla de la misma temática de este post. Describe la infancia del cantante de una manera que se vuelve casi un manifiesto poético sobre la importancia de la visión interior en la vida. Traducida por mí, la canción dice algo así como: «Éramos niños jugando al sol, [éramos] una sensación de libertad corriendo. Nunca sabíamos qué hora era, solo cuán sublime era todo a nuestro alrededor. Nuestro rumbo era determinado por cada uno de los astros que nos atañe; Mamá sabía exactamente dónde estábamos y la tierra se iba formando desde abajo. Un dragón mostraba el camino a tomar. Derramándonos nos filtrábamos hacia el centro; subiendo por combustión, despegando y observándonos a la vez». La canción sigue pero se entiende la idea. Existe la concepción todavía (una idea en retroceso, pero que sigue resistiendo) de que el niño es como un autómata que aprende por imitación a caminar y hablar para poder conseguir alimento y sobrevivencia. Para mí, nada más lejos de la realidad. Nunca he conocido un niño que me diga: «estoy corriendo para fortalecer las piernas». El niño corre para ganar La Carrera, para llegar a la cima del monte que solo él ve. ¿Acaso desaparece el monte con la edad adulta? Para mí no, es otra falacia. Seguimos subiendo el monte que solo puede ver la mirada interior, pero lo llamamos de otra manera. El dragón que marca el camino en la canción es la Voluntad Infinita.

La mirada infantil es la mirada de una mente mucho más armonizada con el cuerpo que la adulta, es una fantasía menos disociada de los impulsos físicos. De niños corremos para perseguir un dragón, porque corremos junto al sentido de la vida. En el Mahabharata, Vyasa y los Pandava son adultos que no hablan desde una mente disociada. Su lenguaje es el lenguaje simbólico de la intuición, de esa denominación estridente que me he inventado para este post: Voluntad Infinita. Spinoza lo llamaba Dios, directamente. Krishna, en la Bhagavat Gita, dice que es él mismo. Esta es la fuente de la ligereza de Vyasa, quien va y vuelve cuando le da la gana y camina por donde le apetece, pero su aparición siempre es transcendente. Porque camina en armonía con la voluntad del universo. ¿Es el ser humano adulto capaz de llegar a la misma armonía con el todo que un niño, pero de una manera más consciente? Yo creo que sí.

 

[1] Todo lo que cito en este escrito se encuentra en el Vaivahika Parva

[2] The Bhagavad Gita, With Text, Translation and Commentary in the Words of Sri Aurobindo, Sri Aurobindo Divine Trust, 2014 pp97-107

Sobre si vale la pena buscar consejos matrimoniales en el Mahabharata

Esta primera entrada de 2017 la dedico a una de las primeras decisiones importantes de Bhishma, un personaje que sirve de eje al argumento del Mahabharata. La decisión a la que me refiero se describe en el texto como una anécdota que no parece mucha transcendencia cuando ocurre y se describe en un par de frases, pero las consecuencias de esta decisión acabarán causando que Bhishma abandone su cuerpo.

El Mahabharata, entre otras cosas, es una historia de enredos en la que actuar de manera correcta no es necesariamente sinónimo de éxito o garantía alguna de evitar el conflicto. La dinastía cuya historia explica el Mahabharata comienza con lío, mucho lío. Demasiado lío para poderlo resumir en esta entrada. Digamos solamente, para situarnos, que nos encontramos en un momento en el que un rey ha hecho un voto de castidad y dado que él, a causa de su voto, no podrá continuar el linaje real, decide buscarle conyugue a su hermanastro menor. El rey en voto de castidad es Bhishma, pero ahora el voto y su relación con el hermanastro no importa, lo que importa es que Bhishma está buscando la descendencia para su familia.

Bhishma se entera de que en el reino de Varanasi el rey está organizando un concurso al que vendrán jóvenes nobles de todos los reinos para demostrar sus cualidades e impresionar a las tres hijas del rey. El premio del concurso es ser elegido como esposo por una de las princesas y se presentan miles de pretendientes.

Aquí el texto hace una cabriola de estas que me impresionan tanto y me hacen pensar que una vida entera no será suficiente para entender el Mahabharata. Lo que quiero hacer en esta entrada es comentar este punto del texto y observar cómo se usa el lenguaje fantástico para explorar los espacios a los que no llega la razón.

La pirueta que hace el texto es afirmar, en referencia a la ceremonia de elección de pretendientes que describe, que esta ceremonia corresponde a la octava forma de casamiento, llamada «autoelección» (Svayamvara, en sánscrito).

Me he encontrado con muchas historias sagradas en las que aparece esta ceremonia pero cuando el Mahabharata habla de «octava forma de casarse», parece referirse a algún códice existente que regule estas formas, y concrete ocho maneras posibles de emparejarse. Aquí es donde el texto hace su “cabriola”. La leyenda dice que el sabio Vyasa, compositor del Mahabharata, le pidió al dios Ganesha que transcribiera el Mahabharata mientras él se lo dictaba. Ganesha aceptó con la condición de que el sabio dictara la obra entera de principio a fin, sin parar ni para dormir. Vyasa aceptó y para poder descansar intercalaba acertijos y enigmas filosóficos en la historia, que hacían que Ganesha levantara la cabeza y se quedara pensativo unos segundos, los cuales el sabio aprovechaba para descansar. Este momento parece ser uno de ellos.

Porque es cierto que existen ocho formas de emparejamiento registradas en los códigos de rituales domésticos de referencia (Grihya Sutras, Artha Shastra o el Código de Manu), en ambos se habla de ocho maneras de casarse, pero no se incluye el ritual de autoelección entre ellas. ¿Por qué esta línea del Mahabharata sitúa esta ceremonia (svayamvara) entre una de las ocho formas posibles de matrimonio? es un misterio, más aún a la luz de la siguiente línea: «[la ceremonia] que los instruidos recuerdan y los reyes elogian». ¿Es que la ceremonia en la que la mujer elegía un hombre entre varios pretendientes constituía un recuerdo del pasado, ya en la época del Mahabharata, y es posterior la composición de los códices? Yo, en este momento, no sé la respuesta a esta pregunta. Si estás leyendo esto y sabes algo al respeto por favor escríbeme algo, en los comentarios o a la dirección: respirarelmahabharata@gmail.com

Más allá de este pequeño gran enigma, quiero continuar con el discurso y las acciones de Bhishma en este punto de la historia. Bhishma se presenta en la ceremonia de autelección y exclama la mencionada frase: proclama que la ceremonia que está tomando lugar es «recordada por los sabios y respetada por los reyes», pero «aquellos que conocen el Dharma saben que la esposa tomada por la fuerza es la mejor», y acto seguido Bhishma lucha contra todos los pretendientes y secuestra a las tres princesas.

Ahora, es natural que nos sintamos repelidos por lo que está pasando en el texto, pero una doble, triple y cuádruple lectura de estas páginas abre la mirada a unos significados más sutiles de lo que parece a primera vista. Y aviso de antemano que no pretendo forzar un sofismo enrevesado para justificar ningún secuestro sino que quiero romper una lanza a favor de la complejidad y sensibilidad del Mahabharata. El texto, si se lee con cuidado, es muy imparcial, también visto desde la mirada post-feminista del siglo XXI. Bhishma irrumpe la ceremonia y guerrea contra los príncipes más feroces de la tierra. El texto describe, alaba, las proezas marciales de Bhishma por unas buenas dos páginas, hasta que victorioso, Bhishma se aleja en un carro con las tres princesas a bordo. «A las cuales trata como sobrinas». Es decir, la batalla de Bhishma es contra los otros pretendientes y la derrota es de ellos, en ningún momento se habla de hacer daño a las princesas, o menospreciar su persona o feminidad, ellas se mantienen a salvo, mientras los hombres compiten.

¿Pero y la opinión de ellas? Nos diremos. Y a esto responde la historia, inmediatamente. En el viaje de vuelta a su palacio una de las princesas habla: «Yo ya he elegido al rey de Soubha como marido. Esto yo ya lo había hecho anteriormente, y él ha aceptado mi mano. En la ceremonia yo iba a elegirlo a él. Tú conoces bien el Dharma y ahora sabiendo esto, decide lo que el Dharma implica». Ante esto Bhishma hace los arreglos para que la princesa vuelva a su reino.

Que Bhishma venza a otros príncipes para secuestrar unas princesas es correcto desde el punto de vista del Dharma, a menos que una ya haya elegido, entonces lo correcto es que ella vaya con su elegido. A lo que la princesa alude es a la llamada boda Gandharva, esta vez sí, una de las ocho formas regladas,  en la que hombre y mujer se emparejan por mutuo acuerdo. Es la boda más valorada en la sociedad occidental del siglo XXI, pero ahora me gustaría entrar en el significado profundo de la palabra Gandharva.  ¿Por qué hacerlo? De entrada, porque el texto hace un llamado a la reflexión en este punto. Primero, porque presenta un cruce de intereses sin sancionar ninguno de los dos, al contrario, presentándolos como de igual valor frente al Dharma (la armonía universal). Segundo, porque este enredo será la causa de que Bhishma abandone su cuerpo, a partir de ramificaciones que probablemente aparezcan en próximas entradas o futuras narraciones del Mahabharata.

¿Cuál es la ambigüedad de la boda Gandharva? La denominación en sí nos presenta la pista. Los Gandharva son seres astrales. Tienen cuerpos demasiado sutiles para que los podamos percibir con sentidos humanos. Se les describe como músicos de los Dioses; entretienen a las potencias que son mayores que ellos, a los Deva, y confunden a los humanos. Llama la atención que en el Atharva Veda, himnario referencial para la cultura del Mahabharata, ofrece un himno de protección contra los Gandharva: «como un joven, de apariencia exuberante, el Gandharva acecha las mujer. A él lo expulsamos de aquí con un poderoso hechizo» y las Apsara son las ninfas acuáticas, compañeras de los Gandharva, «marchad hacia el río, a sus vados, como levantadas por el viento, ¡habéis sido reconocidas!» (Ambas citas: Ath.Veda 5,37).

Los Gandharva y las Apsara son bellos, divertidos, sobretodo atrayentes, su presencia imperceptible embelesa el alma, ¿por qué protegerse contra ellos con conjuros? Esto ya es una pregunta que cada uno debe hacerle a su interior. ¿Qué deseo en la vida? ¿Existe otro propósito que el embelesamiento? No pretendo responder estas preguntas aquí, ni tampoco ofrecer una guía para hacerlo, lo que quiero ilustrar es la ambigüedad y la apertura que ofrece definir un tipo de emparejamiento como el «mutuo acuerdo» con una definición “mitológica”, o “simbólica”, como lo es el término Gandharva. Podemos ver que no nos encontramos con un claro juicio moral sino con otra cosa, algo mucho más flexible. Gandharva es una definición, que no cierra ni fuerza sino que apela al discernimiento interior desde este plano sutil hacia el que se expande la percepción cuando accede al pensamiento mitológico. Llámesele fantasía, si se quiere, pero una fantasía real; una fantasía que tiene que ver con el amor y la elección de pareja.

Por otra parte, el secuestro como “forma de emparejamiento”, se menciona en los códigos como boda Rakshasa. Los Rakshasa son seres monstruosos, con un físico muy concreto, tan material como el cuerpo humano, pero con poderes mágicos como la capacidad de volar y cambiar de forma a voluntad. Los Rakshasa son feroces depredadores y consumen carne humana. ¿Se refiere a este tipo de boda como algo positivo la exclamación de Bhishma? En primer lugar, según el código de Manu (3,21), esta boda es la única aceptada para un noble (Ksatriya). En segundo lugar, tal vez, lo que pueda tener de positivo este tipo de “boda”, a nivel material, es que en caso de secuestro, Bhishma no tendría ningún derecho a la propiedad de las princesas que secuestra ni las de sus reinos. Si Bhishma reclamara algo de su dote se consideraría su reclamo como robo. En este caso, Bhishma deja intacto las posesiones del reino de las princesas. Pero de nuevo ¿qué es lo que desean ellas? Y por extensión ¿qué desea el hermanastro de Bhishma? Se toma por supuesto que él estará contento cuando se le presenten dos desconocidas con las que debe casarse, igual que suponemos que dos personas que deciden casarse por la influencia de la melodía encantadora de los Gandharva serán más felices, pero sabemos que no es siempre así.

No pretendo con este escrito defender una u otra acción de los personajes del Mahabharata. Tampoco pretendo, como alguien pueda pensar, defender una ordenación patriarcal, matriarcal, o de ningún tipo en este escrito. Estoy comentando una historia sagrada y un códice legal/ritual. Todo códice es una idealización y representa a la sociedad que lo aplica tanto como una constitución nacional pueda representar a los individuos que respiran dentro del territorio que incumbe; es un mero referente. Lo único que quiero compartir aquí es la fluidez que aporta a un códice el lenguaje mítico. El hecho de dar a cada emparejamiento un nombre mitológico hace que obtenga un significado mayor que el del juicio binario de bien o mal. Las ocho formas de emparejamiento que definen los códices indios son primero una descripción de las posibilidades reales de emparejamiento. Nos guste o no, la realidad es de una manera determinada y ofrece un margen de acción que va desde la elección de la pareja al secuestro. Dentro de estas posibilidades de la realidad, fluye el sentido.

En mi opinión, lo que aporta el uso de un lenguaje “mitológico” en un códice ritual, es la opción de establecer normas y acuerdos sociales sin olvidar que estos no dejan de ser coordenadas temporales dentro del infinito. Allende las murallas del mundo, las murallas de la realidad y de la ley, el espacio es infinito. Con esto en mente vuelvo a honrar el Mahabharata como un texto que es de todo menos didáctico o taxativo, porque lo que nos ofrece es un espejo de la realidad en todos sus matices y uno se sitúa frente el Mahabharata de acuerdo a su discernimiento interior. Así es como el espejo del Mahabharata actúa como un catalizador, un estímulo del despertar interior.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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