Esta entrada la he escrito por partes, en libretas y hojas sueltas, y la ensamblo aquí con la sensación de escribir algo que solamente entenderé en el futuro, en retrospectiva.

La primera parte del escrito es un comentario sobre la lectura de un libro que me ha afectado mucho esta última quincena. Se trata de The KLF, Caos y Magia – La banda que quemó un millón de libras, de John Higgs, y no tiene mucho que ver con el Mahabharata, pero sí con la parte performática de este proyecto y por esto siento que es importante que en el blog quede registro de mi encuentro reciente con este libro.

El libro que cito es la biografía de dos amigos que se lanzaron a un viaje por el ¿arte? de la provocación, bajo diferentes seudónimos como The JAMM’S, The KLF o The K Foundation, entre los cuales The KLF fue el nombre de una supuesta “banda” de música electrónica con la que estos dos amigos, Bill Drummond y Jimmy Cauty, lanzaron varios éxitos musicales a principios de la última década del pasado milenio. Y digo “supuesta banda” porque The KLF fue un montaje de Bill y Jimmy, un experimento, para demostrar que podían hacer un éxito comercial y después criticar la industria musical desde dentro; usándo su éxito como plataforma.

Después de enriquecerse con varios números 1, Bill y Jimmy se despidieron de la industria musical durante la celebración de unos premios importantes para la música Pop inglesa, a los que habían sido invitados para actuar y recoger un premio. Bajo el nombre de la banda The KLF, Bill y Jimmy salieron al escenario con una metralleta cargada de balas de fogueo y dispararon una larga ráfaga hacia la dirección del público invitado (críticos y productores musicales). Después de esta acción se retiraron del lugar, sin pasar a recoger el premio que les habían asignado, y continuaron su acto de rechazo destruyendo todas las copias restantes del material que habían grabado, renunciando a los derechos de sus canciones –que no pertenecían a ninguna discográfica porque los dos amigos trabajaron siempre de manera independiente- y pasando finalmente a ejecutar el acto más polémico y criticado de su trayectoria, el cual consistió en quemar un millón de libras inglesas -todo lo que habían ganado con la música- en billetes de papel. Grabaron el acto en vídeo, editaron la grabación e hicieron una gira por salas alternativas de Inglaterra, organizando proyecciones debate en las que Bill Drummond y Jimmy Cauty pedían al público que les explicaran por qué habían hecho lo que habían hecho.

Mucho debate parece que no hubo porque el público, por lo que escribe el biógrafo de la pareja, se dedicó a abuchearlos y acusarlos de cínicos provocadores. La crítica a la industria musical, al enriquecimiento frívolo con productos artísticos superficiales, la apreció poca gente. No porque no se comprendiera la idea tras la acción, sino porque la decisión de quemar un millón de libras reales molestaba demasiado como para poder apreciar el componente crítico del acto. Podrían haber donado el dinero, coincidían todos.

Dicho esto, tengo que reconocer que tengo una debilidad por The Klf, por las canciones y los vídeos que salieron bajo este nombre, porque marcaron el imaginario de mi infancia.

Cuando tenía 11 y 12 años todos los niños escuchábamos música electrónica. Era la moda y cada semana salían recopilatorios con canciones nuevas, todas parecidas pero excitantes. Pero en este mar de ritmos repetitivos yo tenía el ojo puesto en The Klf como un fenómeno aparte; por la atmósfera y el juego misterioso de símbolos que combinaban sus estribillos y vídeos. Y esto es algo casi premonitorio, porque lo que los vídeos de The Klf combinaban era una mitología personal de Jimmy Drummond y Billy Cauty, que barajaba elementos de fenómenos artísticos (¿pseudo?)místico-filosóficos que marcaron posteriormente mi crecimiento, no menos que The Klf, sin que yo fuera consciente que los había oído mencionar por primera vez, de manera subliminal, en los vídeos de esta falso proyecto musical. Hablo del Discordianismo y William Burroughs, que me obsesionaron al final de la adolescencia, y la Magia del Caos y la filosofía artística de Robert Anton Wilson, y la mitología que este autor desarrolló en su literatura. Y de fondo, además de estos fenómenos minoritarios, la mano del Situacionismo, movimiento por el que siempre he sentido atracción.

De hecho, la obra de los autores que he mencionado, incluido el Discordianismo y la Magia del Caos, prácticas de origen semi-anónimo, o colectivo, entroncan todos con el Situacionismo. La ideología del Situacionismo consiste en considerar a todas las expresiones de la modernidad, a todos sus discursos y expresiones artísticas, como un gran espectáculo, como un teatro de la usura capitalista. Los situacionistas consideran que cualquier acto de rebeldía es asimilado por la sociedad como parte del espectáculo y comercializado como tal. Desde el terrorismo a las sectas religiosas, cualquier acto de diferenciación ideológica se convierte en material creativo para el espectáculo periodístico (que busca naturalmente el sensacionalismo porque la información objetiva no existe realmente como tal) y el mundo del espectáculo en general.

Conscientes de esto, en lugar de defender una visión política determinada en su arte, los artistas situacionistas buscaban jugar con el negocio de la cultura, entrar en su juego y exponer su funcionamiento en actos de provocación que veían como pequeños sabotajes al mecanismo de producción de imaginario colectivo.

Un bello acto situacionista es el que perpetró el performer Andy Kaufman cuando se saltó el guión de un programa de humor en vivo, en hora de máxima audiencia. Parece ser que el guión pedía a varios cómicos de moda en el momento simular estar en un restaurante bajo los efectos de la marihuana. Andy Kaufman se salió de su personaje, en vivo, y dijo que iba contra su ética el bromear sobre las drogas. El resultado, que ha quedado grabado para la posteridad, es que los demás cómicos se indignaron con Andy Kaufman hasta el punto de salirse ellos también de personaje. El acto derivó en una pelea entre los actores, con intervención del productor, ante la atónita mirada del público en casa. Los spots comerciales cortaron la bizarra situación y después el programa continuó. Los que estaban mirando el programa en vivo, y también los que vemos la grabación de la escena hoy, nos preguntamos si Andy Kaufman realmente sacó de sus casillas a sus compañeros o toda la escena estaba planeada desde el principio. En cualquier caso, no importa. El acto situacionista ya está hecho, porque montaje o no, lo que el público en casa tiene claro de repente es que nada de lo que ve en la televisión es lo que parece. De repente se rompe un hechizo, y ya no estamos viendo unos amigos en un restaurante sino cuatro actores, y un plató, y cámaras que los graban, y un montaje tecnológico impresionante que hace que veamos estas imágenes en todo el mundo. En un instante, vemos también la pantalla que nos muestra estas imágenes, e incluso nuestro salón, y quien sabe si nuestra vida, hasta el punto de preguntarnos ¿qué estamos haciendo aquí, viendo este programa de humor? Y esta pregunta nos lleva ya muy cerca de la espiritualidad. Este momento de conciencia es un acto situacionista. Estos son los pequeños sabotajes a los que aspiraban los situacionistas, y The Klf, entrando en la escena de la música electrónica, con un proyecto falso que sus creadores no se tomaban en serio, plantaron probablemente semillas que han llevado a otros adultos como yo, que sintieron una confusa fascinación con The Klf en la infancia, a cuestionar profundamente la percepción que tenemos de la realidad.

Creo que este proyecto de Respirar el Mahabharata debe mucho a The Klf, y a los situacionistas, porque una de las motivaciones principales de este proyecto es preguntarme por qué nos gustan tanto las historias a los humanos (historias de los vecinos, historias políticas, todo tipo de historias, no solo historias místicas) y cómo se relata la verdad, cuando sabes que esta es elusiva y se escurre entre las palabras a medida que la intentas definir. ¿Es más real la biografía de un personaje público que el relato del nacimiento de un dios? ¿Por qué?

El momento donde relaciono esta primera parte con un escrito que tenga que ver con el Mahabharata viene ahora. Porque si bien simpatizo con el situacionismo, y con performers provocadores de fines del pasado milenio como Drummond, Cauty o Andy Kaufman, hay algo que me siempre me ha faltado en sus actos, que sin embargo sí encuentro al relatar el Mahabharata. Este algo es difícil de describir para mí y el comprometerme por doce años con el Mahabharata me da la esperanza que pueda acabar describiéndolo mejor. De momento, sin embargo, me sirve mencionar algo que me ha llamado la atención en el libro The Klf, Caos y Magia, de John Higgs, porque el biógrafo de la falsa banda Klf introduce durante su libro el fenómeno llamado Discordianismo, que fue una parodia de religión que se expandió primero por los estados unidos, en la década de 1970 y llegó a mí a través de un compañero del instituto a fines de la década de 1990. Los creadores del Discordianismo lo difundieron de manera anónima, como una nueva biblia esotérica de fotocopiadora, o falso documento esotérico, promoviendo una religión de la no religión. Los discordianos adoran a Eris, sin creer en ella, y tienen rituales que no tienen sentido, porque son seguidores de la diosa de la discordia. Lo que los discordianos querían demostrar era que la práctica religiosa en sí ya constituye una realidad sin la necesidad de que represente a una entidad transcendental real. Los discordianos, o erisianos, eligieron a Eris, la diosa de la discordia Griega, para crear un culto paródico destinado a los que no creen en ninguna entidad, ni siquiera en Eris. De allí la paradoja de que ni los mismos Erisianos crean en Eris.

Lo que llama la atención es, primero, el éxito que tuvo el discordianismo, y la seriedad con la que muchos nos tomamos esa parodia. Y en segundo lugar, llama la atención que aquellos que incorporaron el culto a Eris (sin creer en ella) en sus vidas u obra artística, como por ejemplo Bill Drummond y Jimmy Cauty, siguieron un sendero relativamente autodestructivo o, por lo menos, de disgregación. Al parecer el autor al que se atribuye el panfleto provocador Principia Discordia, que lanzó este alocado movimiento al mundo, dijo décadas después que si hubiera sabido cómo hubieran ido las cosas hubiera adorado a Venus en lugar de Eris.

Parece que el culto, aún siendo paródico, instaura una realidad. Y donde siento desapego ante el Situacionismo o gran parte del arte contemporáneo de protesta, es en la actitud desintegradora, de protesta discordante; de rechazo. Porque si hablamos en términos mistocológicos, en estas actitudes de protesta falta Lakshmi, la presencia de la armonía; lo contrario a Eris.

Lakshmi, citando la obra La Madre, de Sri Aurobindo, que en su momento ya prometí traducir y citar en cuatro posts diferentes: «es el milagro de la eterna belleza, un secreto inasible de armonías divinas, una persuasiva magia de una atracción y encante universales que atrae y agrupa cosas y fuerzas y seres y los obliga a encontrarse y unirse para que una dicha (Ananda) escondida juegue tras el velo y los convierta en sus ritmos y figuras. Este es el poder de Lakshmi y no hay un aspecto de la Divina energía (Shakti) que sea más atractivo al corazón de los seres corpóreos.

Maheshwari (La sabiduría) puede parecer demasiado grande y calma, y distante, para que la pequeñez de una criatura terrestre se le acerque o la contenga: Kali (la fuerza) demasiado certera y formidable para que su debilidad la soporte; pero todos se dirigen con dicha y anhelo hacia Lakshmi. Pues ella lanza el conjuro de la dulzura intoxicante de lo Divino: estar cerca de ella es una felicidad profunda y sentirla en el corazón es convertir la existencia en un rapto y una maravilla; la gracia, el encanto y la ternura fluyen de ella como la luz del sol y allí donde fija su maravillosa mirada o deja caer la belleza de su sonrisa el alma es tomada y cautivada y sumergida en las profundidades de una dicha insondable. Magnético, es el tacto de sus manos y su oculta y delicada influencia refina la mente, la vida y el cuerpo, y allí donde apoya sus pies se dirigen corrientes milagrosas de cautivador Ananda.

Y sin embargo no es fácil cumplir las exigencias de este Poder encantador o mantener su Presencia. La armonía y la belleza de la mente y el alma, la armonía y belleza de pensamientos y sentimientos, la armonía y belleza en cada acto y movimiento hacia el exterior, la armonía y belleza en la vida y alrededores; esta es la exigencia de Lakshmi. Donde hay afinidad a los ritmos de la dicha secreta del mundo y respuesta a la llamada de la belleza total y la concordia y unidad y el flujo satisfecho de muchas vidas dirigidas hacia lo Divino; en esa atmósfera ella reside y consiente. Pero todo lo que es feo y mal intencionado y bajo (base), todo lo que es pobre y sórdido y escuálido, todo lo que es brutal y áspero repele su llegada. Allí donde el amor y la belleza no están, o son reticentes a nacer, ella no viene, donde están desfigurados y mezclados con cosas más bajas ella se marcha pronto o se esfuerza muy poco en verter sus riquezas. Si se encuentra en los corazones de los hombres rodeada de egocentrismo, y odio, y maldad, y envidia, y lucha; si la traición y la avaricia y la ingratitud están mezcladas en el cáliz sagrado, si la pasión burda y el deseo poco refinado degradan la devoción en estos corazones la agraciada y bella Diosa no se quedará. Un disgusto divino la posee y se retira, pues no es alguien que insista o luche, o, tapándose la cara, espera que esta amarga y venenosa materia diabólica sea rechazada y desaparezca antes de que ella base de nuevo su feliz influencia. La yerma desnudez ascética y la aspereza no le son agradables, ni la supresión de las emociones profundas del corazón y la represión rígida de la participación del alma y la vida en la belleza. Pues es a través del amor y la belleza que ella pone sobre los hombres el yugo de lo Divino. La vida se convierte en su creación suprema, en una rica pieza de arte celestial, y toda la existencia en un poema de deleite sagrado; las riquezas del mundo se juntan y conciertan en pos de un orden supremo y hasta las cosas más simples y comunes se vuelven maravillosas por su intuición y unidad y el aliento de su espíritu. Cuando es admitida en el corazón eleva la sabiduría a pináculos de maravilla y le revela los secretos místicos de un éxtasis que supera todo conocimiento, que aúna la devoción con la atracción pasional de lo Divino, le enseña a la fuerza el poder del ritmo que mantiene el poderío de sus actos armonioso y medido y conjura sobre la perfección el encanto que la hace durar para siempre».

Los sabotajes culturales de los situacionistas fueron necesarios y representan momentos de punzante toma de conciencia, como los pequeños despertares que provocaba Andy Kaufman con sus provocaciones televisivas, pero nacen de la discordia y el rechazo. Creo que todo el que lea estas líneas entiende contra qué estaban resistiendo los situacionistas y qué rechazan. En la base apoyo sus creencias, pero creo también que es posible resistir lo mismo que resistían los situacionistas desde otro lugar. Invocando a Lakshmi en lugar de Eris.

En fin, lo importante para mí en este post son dos cosas. La primera tiene que ver con el enfoque que hace el biógrafo John Higgs de su estudio. A diferencia de otras biografías de artistas, en la suya John Higgs no habla de Bill Drummond y Jimmy Cauty, los creadores de The Klf, como dos iluminados incomprendidos, sino como hijos de su época. El biógrafo presenta el panorama cultural de fin del pasado milenio y sitúa en él a los dos activistas de la provocación como elementos movidos inconscientemente por el torrente de eventos que les tocó vivir y por la desintegración de muchas concepciones artísticas antes del cambio de milenio. Creo que este enfoque es el que ha producido en mí el pequeño despertar que me tiene tan intrigado los pasados días; porque yo tampoco sé exactamente por qué estoy haciendo este proyecto. No puedo apoyar mis decisiones de hacer una performance de 12 años y basarla en el Mahabharata con un manifiesto teórico sólido, solo confío en que las razones se expliquen a posteriori. Y en segundo lugar, leer este libro me ha recordado que la motivación de este blog es artística. Porque reconozco que momentos me he llegado a confundir, y pensar en el blog como un blog didáctico sobre el Mahabharata, con el subsiguiente estrés de sentir que no estoy haciendo un trabajo demasiado minucioso, y la lectura de esta biografía me ha reconectado con la motivación artística del proyecto. Lo que estoy haciendo, no lo tengo muy claro, me lo  explico a medida que va ocurriendo. ¿Por qué lo estoy haciendo? Por la misma razón que Drummond y Cauty quemaron todo su dinero: porque no podía ser de otra manera, porque tenían que hacerlo. La diferencia es que yo no quiero quemar nada, sino construir. Pido a la armonía de Lakshmi que guíe mi inspiración.

Biografía:

Higgs, John The Klf, Caos y Magia. La banda que quemó un millón de libras. Libros Walden, Madrid, 2016.