Los Ashvins son dioses gemelos, que siempre van juntos, siempre se invocan ante el fuego, pero no viven con los dioses luminosos sino entre el cielo y la tierra. Están relacionados, por su nombre (ashva = caballo) y la manera en que nacieron, con los caballos. Son los médicos de los dioses y tienen un látigo de miel.

Los Ashvins me fascinan. Me atraen desde la primera vez que los oí nombrar. También en el Mahabharata, entre los Pandava, los cinco hermanos protagonistas del relato, los dos hermanos menores, que se llaman Nakula y Sahadeva, son gemelos y además hijos de los Ashvins. Nakula y Sahadeva también me fascinan. Me atrae el misterio de su silencio. A lo largo del Mahabharata los tres Pandava mayores, Yudisthira, Bhima y Arjuna, tienen cada uno suficiente texto para que reconozcamos su carácter. Nakula y Sahadeva casi no hablan pero acompañan a los grandes allí donde van. Este silencio me atrae, cada día más.

En la astrología india existe, además del signo zodiacal, el ascendente solar, el ascendente lunar y los nodos, como en la astrología occidental, lo que algunos traducen como la “estrella” de nacimiento – o nakshatra, si quieres investigar más. Bien, grande fue mi alegría cuando descubrí que mi nakshatra es, precisamente, los Ashvins. Gente nacida bajo la estrella de los Ashvins es gente destinada a unir mundos diferentes, dice la tradición, porque están afectados por el misterio de la dualidad sincronizada de estos gemelos divinos.

Este es el segundo post que escribo sobre los Ashvins, porque quiero compartir un fragmento relacionado con estos dioses procedente de un texto filosófico llamado Brihadaranyaka Upanishad, que me gusta repasar cada tantos meses. Pero antes, aprovecho para remarcar otro aspecto del Mahabharata que veo que se pasa a menudo por alto.

En el proceso de profundización en el Mahabharata me encuentro que a veces paso más tiempo estudiando filosofía y teorías místicas que el propio argumento del relato. Esto a veces me preocupa, y me pregunto si no estoy dejando que mis filias personales afecten demasiado el proceso. Bien, cada vez estoy más tranquilo en este aspecto porque me doy cuenta que en el Mahabharata el argumento propio de la escalada de la guerra civil que enfrenta a los Pandava con sus primos apenas llega a ser una cuarta parte del relato. La mitad del tiempo los Pandava están de viaje, y se encuentran en su camino a sabios, dioses y seres astrales que les cuentan relatos sobre su linaje real y el linaje de los dioses. Estos relatos son relatos misticológicos, como los llamados Purana, las recopilaciones de leyendas devocionales indias. En añadido, la última tercera parte del relato está enteramente dedicada al último discurso de Bhishma, el abuelo de los Pandava. Bhishma puede elegir cuando abandonar el cuerpo y decide partir hacia el más allá al final de la guerra, el día del solsticio de invierno en el hemisferio norte; pero antes de dejar su cuerpo Bhishma cita a los Pandava y les cuenta prácticamente todo lo que se puede saber sobre la vida. Esta parte, en la traducción inglesa del Mahabharata que uso, ocupa 1600 de las 7000 páginas de la obra; para que nos hagamos una idea de la envergadura del discurso.

Se trata de un discurso que está dividido por partes: Dharma Raja Parva, la parte dedicada a los consejos de cómo ser un buen rey, con frases como «La satisfacción es el mejor paraíso. La satisfacción es la felicidad suprema. No hay nada superior a la satisfacción cuando una persona está bien establecida en esto. (…) Cuando uno no está asustado ni asusta a nadie uno triunfa sobre el deseo y la aversión y ve al verdadero ser[1]». A esto le sigue un fragmento llamado Apad Dharma Parva, que significa algo así como “lo que hay que hacer cuando las cosas van mal”, y contiene numerosas fábulas que espero ir compartiendo cuando toque, así como consejos del tipo: «Empleando las capacidades diferentes de personas diferentes en tareas diferentes un enemigo puede volverse un aliado (…) la persona sabia siempre busca estar en paz con aquellos que le desean el bien pero por el fin de proteger la propia vida uno puede hacer una alianza también con el enemigo».

A continuación sigue Moksha Parva, “el capítulo de la liberación”, que es una larguísima disertación filosófica que combina relatos filosóficas con frases como: «Sentir tristeza no cambia una situación. Solamente el cuerpo es afligido por ella y los enemigos se deleitan. Apenarse no ayuda a nada. La pena destruye la belleza y el orden. Saber qué es lo beneficioso en cada momento y mantener esto en el corazón, lleva tener éxito en todo».

Y la última parte del discurso se llama Dana Parva, “el capítulo de la entrega, o donación”, y es una colección de relatos sobre momentos ejemplares de compasión por parte de reyes que perdonan la vida a serpientes y enemigos.

Lo que quiero decir con esta introducción es que el Mahabharata es muy vasto, y que una cosa que enseña esta gran obra es que no se pueden entender las acciones de los que se vieron envueltos en aquel gran conflicto sin conocer su linaje y el contexto transcendente que los enmarca. En el caso de Nakula y Sahadeva, los Pandava menores, son hijos de los Ashvins, esos elusivos dioses gemelos que tienen un látigo de miel.

¿Un látigo de miel?, me pregunto. ¿Cómo es un látigo de miel?

Bueno, una vez leí, no recuerdo dónde, que en el universo todo es miel, porque las abejas y la miel son uno: las abejas no pueden nacer sin la miel y la miel no puede existir sin las abejas. De la misma manera, según el Brihadaranyaka Upanishad[2], la tierra es como la miel para todos los seres y todos los seres son como la miel para la tierra. El agua es también la miel para todos los seres porque el agua es el cuerpo y está en todos los cuerpos, y ella contiene la creación. El fuego, que es como el órgano del habla, es como la miel para todos los seres porque sin la palabra svaha, la invocación central del sacrificio, no hay fuego. El aire, como la energía vital del cuerpo, es la miel para todos los seres y todos los seres son la miel para el aire porque este transita a través de sus órganos.

Todos los seres son como la miel para el sol, y el ser que está en el sol es el mismo ser luminoso e inmortal que podemos reconocer en la mirada. Los cuartos son como la miel para los seres y el luminoso ser que está en ellos y se identifica con el oído y el tiempo de escucha en el cuerpo es como la miel para los cuartos. La luna es como la miel para todos los seres y el ser inmortal identificado con la mente en el cuerpo es como la miel para la luna. El relámpago es como la miel para todos los seres y el ser inmortal identificado como la luz en el cuerpo es como la miel para el relámpago. La nube es como la miel para todos los seres y el sonido y la voz son como la miel para la nube. El cosmos es como la miel para todos los seres y el espacio en el corazón es como la miel para el cosmos. El orden (Dharma) es como la miel para todos los seres y el deber en el cuerpo es como la miel para el orden. La verdad es como la miel para todos los seres y la luminosidad inmortal que está en todos los seres es como la miel para la verdad. La especie humana es como la miel para todos los seres y todos los seres son como la miel para esa especie.

El cuerpo es como la miel para todos los seres y todos los seres son como la miel para el cuerpo. Y el luminoso, inmortal ser que está en el cuerpo, y el luminoso, inmortal ser que está en lo individual, no son sino el Ser. Él es el camino para la inmortalidad, es lo Absoluto, es todo.

Esta es la meditación de la miel que el sabio Dadhyac enseñó a los Ashvins: «El ser supremo hizo cuerpos con dos pies y cuerpos con cuatro. Como la miel, el ser supremos penetró primero en los cuerpos como un cuerpo sutil. Por habitar todos los cuerpos se le llama el espíritu (purușa). No hay nada que no esté cubierto por Él, nada que no esté penetrado por Él. Se transformó a sí mismo de acuerdo a cada forma, y su forma era para darse a conocer. Indra, Dios creador a través de la ilusión (Māyā), se percibe de diversas formas. Porque para Él es los órganos, diez y mil, infinitos. Lo Absoluto no tiene causa ni efecto, ni interior ni exterior. El Ser, el que es consciente de todas las cosas, es lo Absoluto. Esta es la enseñanza».

La miel de los Ashvins me parece la miel de la comprensión de que todo está relacionado. Esta es la meditación de Dios, perdón, quería decir el universo, describiéndose a sí mismo a partir de sí mismo.

El lenguaje está compuesto de medidas. Medidas, o referencias en el espacio y en el tiempo: La distancia hacia una montaña, desde donde estoy, es un cálculo de energía – la que tendré que usar para llegar a la montaña- pero el mundo interior utiliza unas coordenadas espacio temporales diferentes. Dentro de mí estoy aquí y en la cima de la montaña, también al otro lado.

La luna es un cuerpo sólido inalcanzable, concentrado alrededor de un inasible centro de gravedad, que circunvala mi planeta, y en mi interior la luna es un reflejo blanco onírico que inspira mis sueños. El relámpago, en mi interior, es la intuición del recuerdo lejano de una verdad olvidad; el cosmos, el entusiasmo por la abundancia de aprendizaje que ofrece la vida.

Leer siempre es interpretar, y vivir también lo es. Hay una vida en mí, y un reflejo que la interpreta a medida que vivo. Un gemelo podríamos decir. Como los Ashvins; gemelos, como dos caballos blancos que cabalgan uno al lado del otro, moviendo cada uno exactamente los mismos músculos que el otro, pisando al mismo tiempo la tierra. El mismo número de pelos en la cabellera, cada pelo meciéndose hacia la misma dirección, los dos cabalgan teñidos de las tonalidades color miel del atardecer.

Es importante conocer a los Ashvins para leer el Mahabharata.

[1] Dharma Parva 21

[2] Brihadarānyaka Upanishad II, V, I-19