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El Mahābhārata es como un palacio con habitaciones y patios en el que cada lector encuentra su propio camino. A medida que exploro este espacio no me deja de sorprender la vastedad de sus dimensiones; es como si una parte de la estructura del palacio se fuera abriendo dentro de mi alma mientras la se expande hacia el cielo.

En esta entrada quiero presentar a María Stoyanova, la directora que está guiando lo que será la presentación pública del Mahābhārata, y aprovechar también para hacer un primer intento de explicar de qué manera creo que una vanguardia artística puede relacionarse con un texto tradicional. Al final de la entrada ofrezco la traducción de dos fragmentos del Mahābhārata.

La vastedad del Mahābhārata implica que cuando uno lo lee, en algún momento tiene que asumir qué es aquello que está buscando al leerlo. A su vez, dado que el Mahābhārata es más grande que la vida, cuando uno lo lee, el Mahābhārata exige también al lector el hacerse cargo progresivamente de la razón por la que está viviendo, porque esta coincidirá con el sentido que pueda encontrar en el Mahābhārata.

En mi viaje de buceo en el Mahābhārata me impele el compromiso de compartir cada año un fragmento de la obra. Preparar esta presentación pública me lleva hacer un trabajo de asimilación emocional del texto, incluso física, y en este proceso es crucial para mí el trabajo con la directora y artista escénica María Stoyanova.

Hace años que sigo y admiro la búsqueda de María Stoyanova. Creo que reconozco en Stoyanova una búsqueda incansable y sin frenos de la auténtica sinceridad, del lugar donde se encuentra la esencia de lo humano. El ímpetu de María Stoyanova recuerda al de los artistas románticos del siglo XIX, pero a diferencia de estos Stoyanova no parece tener como ideal lo sublime sino el encuentro horizontal con el público.

El trabajo con María Stoyanova me ayuda a reconocer, a partir de ejercicios físicos, aquello que mi cuerpo ha heredado del pasado. Al pasado le podemos llamar traumas familiares o consecuencias kármicas, pero al final se trata de una misma cosa. Para mí el pasado es un dolor y una sensación de desolación ante el legado que nos ha dejado el siglo XX. Y cuando leo el Mahābhārata, me doy cuenta de que existe un gran paralelismo en ese relato y la época que estamos viviendo.

El Mahābhārata, como nuestro siglo, comienza también después de una gran guerra, o después de una gran debacle en la que han desaparecido  reinos enteros y con ellos algunos de los valores que habían sostenido a la humanidad.

¿Hasta dónde está mi antiguo karma/traumas influenciando mi lectura del Mahābhārata y en qué medida está la lectura del Mahābhārata influenciando la interpretación que hago de mis recuerdos? Creo que esta línea no está nada clara, si es que existe, pero me parece una de las cuestiones más interesantes de esta investigación de doce años.

En el método de ajustar de una línea de trabajo basada en lo autobiográfico a uno de los grandes relatos tradicionales de la humanidad veo una vía que puede reintegrar las vanguardias del siglo XX en el contexto de la tradición. Este es el motor que mueve este proyecto.

En cuanto al texto prometido para esta entrada, creo que ha sido necesario hacer esta introducción. Es necesario explicar por qué mi trabajo personal me ha llevado a sensibilizarme de manera tan personal con el Mahābhārata, con la historia de una gran guerra y del fin de una era.

 

La circularidad del Mahābhārata:

La historia del Mahābhārata comienza en el contexto de un sacrificio, que auspicia un rey. El rey sacrificante es nieto de los cinco protagonistas del Mahābhārata: los Pandava. Cinco hermanos que se ven arrastrados a la guerra civil del Mahābhārata; la gran guerra que acaba destruyendo a todos los reinos que participan en ella. El rey sacrificante pregunta cómo y por qué pasó esta catástrofe de la que la humanidad se está recuperando. Un bardo, le comienza a contar las razones de la guerra, comenzando con el nacimiento del universo.

Uno de los primeros eventos que describe el bardo es el momento en el que los dioses, antes de que existiera el tiempo, tuvieron que aliarse con los demonios para batir juntos, en movimiento circular, el océano del universo y extraer de él una gota del elixir de la inmortalidad. Esto es importante porque una vez extraído el elixir, los dioses y los demonios empezaron a luchar por él, y esta lucha les ha llevado a encarnarse en el mundo material, como animales humanos y salvajes, para continuar su contienda. La gran guerra civil del Mahābhārata, es el desenlace de este evento primordial: el batir del océano universal.

Insisto en mencionar que el movimiento para batir el océano es circular porque mi trabajo personal me está llevando a indagar en el símbolo de la esvástica, que he elegido por la influencia que ha tenido sobre la historia de mi familia y por el Mahābhārata, porque en la tradición india este símbolo significa ofrecer bendiciones, en contraste con el uso que se le dio en Europa durante el siglo XX.

Existe una interpretación esotérica también, según la cual la esvástica, cuando se dibuja con las aspas apuntando a un movimiento hacia la derecha, ofrece bendiciones, y en cambio cuando se dibuja girando hacia la izquierda, lleva a la descomposición y la destrucción.

Volviendo poco a poco al texto del Mahābhārata, es interesante observar que la esvástica se puede interpretar como el dibujo de un remolino, y los remolinos se encuentran a nuestro alrededor allí donde miremos. De hecho, vivimos en un remolino. La vía láctea es una de las aspas de nuestra galaxia, que tiene forma de enorme remolino.

Igual que nuestra galaxia gira, en el Mahābhārata también nos encontramos con un texto que comienza donde acaba: El rey que escucha contar la historia del Mahābhārata, es el nieto del personaje con el que termina el libro. El Mahābhārata termina con la muerte de Yudisthira, el hermano mayor de los cinco protagonistas, cuando ya ha terminado la guerra. Si el lector se pregunta qué pasará con la humanidad después de Yudisthira puede seguir leyendo. Si vuelve a comenzar a leer el Mahabharata tras terminar la última página, el lector encuentra la continuación de la saga de Yudisthira; es decir la historia del nieto de Yudisthira y de su hijo. El Mahābhārata comienza donde termina.

Me he dado cuenta de la posibilidad leer el Mahābhārata hacia atrás cuando me he permitido identificarme personalmente con la tristeza de los personajes que abren el Mahābhārata; con la tristeza del rey y los participantes del ritual que este organiza. A raíz del trabajo con María Stoyanova, a consecuencia del proceso de reconocer mi autobiografía en el texto del Mahābhārata, he llegado a identificarme profundamente con el trauma familiar de Janamejaya, el rey que inicia el Mahābhārata. Sintiendo la tristeza del rey como la mía, a medida que indagaba en mi pasado familiar, he sentido la necesidad de indagar en el pasado de Janamejaya, el nieto de Yudisthira; esto me ha llevado a leer el final del Mahābhārata.

Es especialmente triste la descripción de la destrucción del reino de Krishna, el avatar divino que acompaña a los hermanos protagonistas: Los nobles del reino de Krishna se emborrachan y sucede una fatal discusión que comienza cuando varias personas acusan a dos de los presentes de haber ayudado al hijo del maestro de armas de los Pandava a asesinar a todo el campamento de los Pandava cuando dormían. Estas acusaciones terminan en una pelea campal en la que fallecen todos los nobles del reino de Krishna. El resto de la población es saqueada por bandidos cuando intentan emigrar juntos hacia otro reino aliado.
Tras leer esta historia tan triste y tan actual, he querido leer con detalle qué pasó en el campamento Pandava cuando fue atacado de noche por el hijo de su maestro de armas. Este es uno de los eventos más crudos del Mahābhārata  y uno de los puntos donde se pierde irremediablemente la confianza en la humanidad de los guerreros. Tras leer la descripción de esta tragedia, lo natural es querer saber por qué el hijo del maestro de armas de los Pandava decide perpetuar tal crimen y manchar así su nombre para siempre. Así resulta que Ashvatama, el nombre del hijo, está profundamente dolido por la manera en la que los Pandava mataron a su padre en la guerra. Y uno se pregunta, ¿por qué el maestro de armas de los Pandava estaba luchando en el bando opuesto y no junto a ellos? Y así me he dado cuenta que si no paro puedo acabar leyendo el Mahābhārata entero, hacia atrás, de trauma en trauma, de vuelta hacia el evento original, el batir del océano universal para extraer el elixir de la inmortalidad.

Esto me ha recordado la interpretación esotérica de la esvástica. Se puede leer el Mahābhārata hacia adelante, tal como está relatado, y se puede leer hacia atrás. La diferencia es que hacia atrás, vamos de trauma en trauma, en busca de las acusaciones y el sufrimiento. Hacia adelante, el texto ofrece otra cosa. De ambas maneras uno vuelve al principio, a la espiral original, y de allí puede seguir leyendo el Mahābhārata hacia atrás, otra vez, o dar la vuelta y leerlo hacia adelante. Cualquier espiral tiene un movimiento circular hacia dentro, hacia el centro, y a la vez una fuerza centrífuga hacia fuera. ¿Cuál es la diferencia? Creo que la elección de dos fragmentos del Mahābhārata puede darnos una pista. En primer lugar, he decidido traducir la descripción que ofrece el Mahābhārata del momento en el Ashvatama decide atacar el campamento de noche y asesinar a lo dormidos, tanto a los soldados como a las criaturas y las mujeres de los Pandava.

Ashvatama tiene insomnio a causa del dolor de la pérdida de su padre. En medio de la noche, ve como un búho ataca el nido de unos cuervos y asesina a todos los polluelos dormidos. Esto le da la idea de atacar el campamento enemigo de noche. Cuando avanza hacia el campamento, acompañado por dos guerreros del reino de Krishna:

…La noche, la creadora del universo, se manifestó. En todas las direcciones, el cielo era hermoso de ver. Estaba ornamentado por planetas, constelaciones y estrellas. Seres que se vuelven poderosos y merodean por la noche comenzaron a aullar

Los acompañantes de Ashvatama le vuelven a avisar de que lo que quiere hacer no es correcto y Ashvatama contesta que está tan lleno de dolor, que no le importa renacer como insecto, que lo único que busca es la destrucción de los Pandava. Ashvatama decide invocar el poder de Shiva, y en el fuego que enciende para hacer la invocación se aparece todo el ejército de demonios que acompaña a Shiva y que Shiva controla:

Las llamas envolvieron todas las direcciones y las sub-direcciones del firmamento. Muchos seres se manifestaron. Poseían bocas y ojos en llamas. Tenían muchos pies, cabezas y brazos. Eran como elefantes y montañas, con caras gigantes. Había formas como perros, jabalíes y camellos. Había bocas como las de caballos, hienas y vacas. Había caras como osos y gatos y bocas como tigres y leopardos. Había caras como cuervos, bocas como monos y caras como loros. Algunos poseían bocas como serpientes gigantes. Otros tenían bocas que eran blancas como la de los cisnes. (…) Otros tenían miles de ojos o cientos de estómagos. Había algunos sin carne y bocas como los lobos, y bocas como halcones. Algunos no tenían cabeza. ¡Oh rey! Algunos tenían bocas terribles como osos. Ojos y lenguas brillantes. Otros tenían bocas en llamas, ¡oh rey! Algunos tenían caras como ovejas y bocas como cabras. Había algunos con forma de conchas marinas y orejas como conchas marinas. Algunos llevan guirnaldas de conchas. Otros tenían voces como conchas. Algunos tenían el pelo revuelto y pegado, o estaban pelados. Otros tenían estómagos delgados. Había cuatro dientes y cuatro lenguas. Algunos tenían orejas cónicas, o llevaban diademas. ¡Oh Indra entre los reyes! Algunos tenían  hierba en el cuerpo, otro pelo rizado. Algunos tenían gorros y coronas. Otros tenían bocas preciosas e iban ornamentados. Algunos llevaban lotos y lotos blancos, otros estaban decorados con lirios. Emanaban grandeza y había cientos de miles de ellos. Algunos llevaban armas que podían matar cientos de personas de un golpe y discos metálicos en las manos. Otros llevaban garrotes. Otros llevaban catapultas y lazos en las manos, otros llevaban porras en las manos. Algunos llevaban aljabas en la espalda, llenas de flechas coloreadas. Eran indomables en la batalla. (…) Algunos tenían pilares en las manos (…) Otros llevaban serpientes alrededor de sus coronas, o serpientes gigantes como brazaletes, adornadas con ornamentos coloridos. Algunos estaban cubiertos de polvo. Otros iban cubiertos de barro. Todos llevaban ropas blancas y guirnaldas. Algunos tenían miembros azules, otros naranja. Algunos tenían las caras afeitadas. (Tocaban instrumentos, algunos bailaban, otros cantaban). Los inmensamente fuertes saltaban y viraban. Corrían velozmente, con la cabellera volando al viento. Eran como locos elefantes gigantes y rugían constantemente. (…) Ellos podían resistir, pero era imposible resistirse a ellos. (…) Vivían de carne y vísceras, bebían sangre y comían grasa y tuétano. Algunos llevaban pendientes y eran delgados, otros tenían panzas enormes. (…) Algunos no se podían mirar del miedo que daban, otros tenían bocas babeantes. Algunos tenían el pene muy largo. Otros tenían los huesos quebrados. Eran capaces de derribar el sol, la luna, los planetas y las constelaciones al suelo, si así lo desearan (…) nunca tenían miedo y eran capaces de tolerar las reprimendas de Hara (Shiva). (…) Eran los señores del habla. Estaban privados de malicia. Habiendo alcanzado las ocho formas de prosperidad (Compasión, perdón, limpieza, falta de celos, altruismo, falta de codicia, purea y auto-control) ya no se veían poseídos por la maravilla. De todas maneras, el gran Hara siempre se maravillaba de sus actos. Él era devotamente adorado por ellos en pensamiento, palabras y hechos. En pensamiento, hechos y palabras, él los protegía devotamente como hijos. (…)

Se reían de muchas formas diferentes. Golpeaban sus muslos y rugían. Tocaban instrumentos musicales y eso hacía que el universo respondiera.

Antes este “fuego de formas”, o “fuego de deformaciones”, Ashvatama ofrece su cabeza y es poseído por Shiva. Con el poder de la deidad merodea el campamento de los Pandava como la misma muerte. Cuando Ashvatama comienza a atacar el campamento, crea tal miedo y destrucción que los guerreros que mientras duermen sueñan con la diosa Kali y cuando se despiertan lo hacen tan aterrados que levantan las armas y golpean a lo primero que ven, es decir a sus mismos compañeros. En poco tiempo, el terror que infunde Ashvatama deja el campamento como una masa de piernas y brazos amputados, y grasa y sangre que fluye sobre la tierra. Cito literalmente.

La imagen de la destrucción que causa Ashvatama y de la invocación que hace antes de empezar es de un gran caos y desorden. Este desorden contrasta con la descripción que se hace al final del Mahābhārata del momento en que Yudisthira, el hermano más justo de los cinco Pandava, asciende al cielo en su cuerpo físico. El texto contiene mucha nomenclatura propia de la filosofía sánscrita y es difícil de traducir. Lo que presento aquí más que una traducción es un comentario personal con el que intento transmitir el sabor del fragmento a quienes tengan menos interés en los detalles técnicos del sánscrito:

El rey Yudisthira fue felicitado por los dioses, las consciencias iluminadas (Rishis) y las tormentas (Maruts) y siguió hacia el lugar que ocupaban los de su linaje. Vio a Dios en forma de expansión (Brahmán); esto no había sido visto antes en aquella forma ni reconocido de aquella manera. Yudisthira brilló en su forma original y las armas celestiales (Astra) se presentaron ante él, en sus formas personificadas. El disco celestial, y las otras armas terribles se presentaron, en su forma corporal. Fue venerado por el doceavo mes (Phalugna), el mes divino, en su forma más brillante.

Después, el texto va mencionado cada uno de los personajes principales de la historia, los hermanos de Yudisthira y sus maestros, y Yudisthira los va reconociendo en el cielo como constelaciones. A su esposa la ve brillando en el cielo como el sol, y cuando quiere hablar con ella Indra, el rey de los dioses, le explica que Shri, la energía femenina divina, había tomado forma humana para acompañarlo sobre la tierra y ahora estaba de nuevo en su lugar. Los hijos que tuvo con ella volvían a ser tras la muerte músicos celestiales.

Cuando las consecuencias de sus acciones se extingan, el brillo de estas constelaciones, las constelaciones con las que se fundieron los personajes del Mahābhārata, también desaparecerá.

Con este tono termina el Mahābhārata leído desde el principio hasta el final. Una descripción que contrasta con la descripción de desorden y descomposición del ataque de Ashvatama, que lleva sin embargo también hacia Shiva, a lo divino. El remolino hacia el centro, o hacia los bordes; la esvástica hacia la izquierda o hacia la derecha. Todo vuelve y avanza hacia el mismo infinito, pero ¿qué dirección decidimos tomar? Es por esto que defiendo que para leer el Mahābhārata es necesario asumir qué es lo que uno busca el Mahābhārata, porque si no, uno merodea por el texto sin dirección.

Este ha sido un primer intento de explicar qué es lo que busco al combinar una presentación del Mahābhārata basándome en una indagación autobiográfica, relacionada con un método artístico de vanguardias. Espero poder ir refinando la explicación en las próximas entradas, siempre con el apoyo del fantástico enigma que es el Mahābhārata.