Lo que sabe el océano sobre la forma de nuestro cuerpo

El argumento del primer tomo del Mahabharata (Mahābhārata) me ha llevado a seguir una corriente en el océano de la literatura sagrada india que me han conducido a una isla singular y placentera, desde la cual puedo también presentar, en primer lugar, a William Burroughs – el autor que más me ha influenciado hasta ahora, y con él, en segundo lugar, a la razón que mueve este proyecto de narración del Mahabharata.

El inicio del Mahabharata, así como el de todos los Purana que conozco, comienza relatando el acontecimiento metahistórico en el cual los dioses se unieron a sus enemigos para batir el océano universal y extraer de él el elixir de la inmortalidad. Esta historia tiene lugar en todas las recopilaciones de historias sagradas, con pequeñas variaciones. Se narra una y otra vez, como una meditación simbólica sobre algo que nunca está de más repetir y volver a oír porque contiene más realidad de la que podemos procesar en una sola lectura.

Hay unos versos del poema Savitri de  Sri Aurobindo que dicen algo así como que «nuestra sombría ignorancia rodea (o viste) los abismos / sobre el seno mudo de la tierra» (our half-lit ignorance skirts the gulf/ on the dumb bosom of the ambiguous earth).

Estos versos me hicieron ver el océano como un abismo de cuyas profundidades nuestra curiosidad mama la sabiduría. También me hicieron ver la sabiduría como la ambrosía -o leche, o alimento metafísico-  que emana de las corrientes profundas de la realidad.

Hace una o dos semanas estaba yo leyendo el Bhavishya Purana (Bhavișhya Purāņa) porque en él se recogen historias sobre hazañas del Sol (surya). Esto forma parte de la preparación de la narración del primer tomo del Mahabharata que tendrá lugar el próximo 12 del 12. Hojeando los capítulos que no tenían que ver con el Sol me encontré con un fragmento en el que de nuevo el océano aparece como el contenedor y guardián de un conocimiento que permite comprender los secretos de los hombres y las mujeres.

 

De lo que estoy hablando es de una sabiduría que explica el significado de las facciones físicas de todo hombre y mujer. Una suerte de quiromancia más completa que incluye todos los miembros del cuerpo. Es un conocimiento que Brahmā redactó en un manuscrito que Shiva lanzó al mar en un momento de enfado. La tinta se disolvió en el agua y los pergaminos se ablandaron y fueron mordisqueados por los peces, pero el océano guardó el conocimiento y se lo devolvió a la humanidad cuando Vișņu así se lo pidió, para redactar el Bhavishya Purana.

 

La información que nos ofrece el océano puede ser muy concreta:

«El hombre cuyos pies parezcan abanicos, estén marcados por líneas visibles, tengan uñas blancas, estén encorvados, tengan venas visibles, estén secos y cuyos dedos tengan espacios entre ellos, sin duda experimentará infelicidad y pobreza. Un hombre cuyos pies tengan el color de la arcilla matará sin ninguna duda algún brahmán» (BP 23:19-20) y «si el segundo dedo de una mujer no toca el suelo cuando está de pie esto indica que matará a sus dos primeros maridos pero vivirá en paz con el tercero» (BP 26:22)

Otra información, en cambio, es más ambigua y hay referentes poco precisos como tener pies «bellos como una flor de loto» o arcos altos como el «caparazón de una tortuga», ambos signos de estar destinado a ser rey (BP 23:17).

Tener los pies amarillentos, por ejemplo, es señal de que ese hombre será incestuoso, el hombre de pies oscuros será un borracho y el de pies pálidos o blancos comerá «comida abominable» como postres de McDonalds y bebidas energéticas (BP 23:21).

No voy a mentir, me he divertido mucho leyendo las descripciones que ofrece el Bhavishya Purana sobre el sentido de las formas que toman los cuerpos humanos. Algunas me han parecido espeluznantes, como la indicación de que «cuando todas las costillas en la caja torácica de un hombre son de tamaño idéntico es una indicación de que tenderá a la gratificación sensorial, cuando la caja torácica de un hombre está hendida hacia dentro esto indicará que tal hombre será un ladrón y cuando las costillas tengan tamaños visiblemente desiguales será un conspirador o estafador» (BP 24:1). O saber que «una mujer con un círculo de pelo en su espalda causará con seguridad la ruina de su marido, una mujer con un círculo de pelo en su abdomen parirá hijos de corta estatura que vivirán poco tiempo y una mujer con un círculo de pelo en el pecho será de naturaleza independiente» (26:27).

Otras me han parecido directamente absurdas, lo reconozco: «Un hombre con la cabeza redonda», por ejemplo, «poseerá muchas vacas» y «un hombre cuya cabeza tenga forma de paraguas será rey» (BP 25:25).

Pero la mayoría tienen un aroma simbólico. Esta última, por ejemplo, dice que será rey el hombre que tenga cabeza en forma de paraguas, o parasol, que es el símbolo real tradicional en India y China. Aquí es donde me pregunto ¿a qué tipo de cabeza se está refiriendo el texto realmente y a qué hombre?

«Si un hombre tiene la altura de 108 dedos, se le considerará superior» – No creo que sea casualidad que el número elegido sea el 108, un número sagrado; y la división tripartita de que continúa tampoco es casual: «si es de 100 dedos se le considerará medio y si es de 90 dedos deberá considerarse inferior» (BP 23:13). Cuando el océano define a las personas y sus características lo hace sobre una base tripartita: «están las características de los hombres superiores, medios e inferiores» (BP 23:10-11). Esto remite a la división del mundo como plano superior, medio e inferior, o plano terrenal, atmosférico y celeste, en el que viven respectivaamente humanos, ayudantes de los dioses (Gandharvas, apsaras, Marutas) y dioses.

Las descripciones físicas del Bhavishya Purana me parecen, de esta manera, un lenguaje.

En una parte se dice, por ejemplo, que «la mujer que se baña y decora cada día, que usa una lenguaje agradable, come lo necesario y controla su rabia es conocida como una diosa en la sociedad humana»; la mujer que disfruta en secreto de «actividades pecaminosas» y cuyas verdaderas intenciones son difíciles de adivinar es una «mujer gato», mientras la mujer «cuya mirada es intranquila y cuyos ojos van de aquí para allá constantemente se conoce como mujer mono». Aquí me parece que más allá del juicio, lo que el texto desarrolla es un determinado lenguaje, una manera de referirse a la realidad.

Lo que más me interesa de este texto es la comprensión del cuerpo como un lenguaje. Un lenguaje que describe también la relación entre la anatomía y algo que de entrada parece casual y dispuesto al azar como es el destino de una persona. La forma de la cabeza, pies y caja torácica expresan la finalidad con la que una persona juega sobre el tablero de la realidad. Reinar sobre miles de súbitos o asesinar al primer marido, son signos del lenguaje de una realidad que escapa a nuestra comprensión.

En la etapa final de la adolescencia mi visión del mundo sufrió un quiebre irreversible gracias al encuentro con la obra del escritor William Burroughs. Más allá de su obsesión con las drogas y la homosexualidad, había algo muy real, demasiado auténtico para ignorar y demasiado elusivo para entender, en los libros de Burroughs. «El lenguaje es un virus», escribía W.B (William Burroughs). En algún punto de la prehistoria, decía, unos homínidos fueron contagiados por un virus, un fragmento parásito de información genética, que afectó sus laringes y cerebros de manera que empezaron a compartir e infectarse mutuamente con esta enfermedad llamada lenguaje, que les hace creer en mundos dentro de mundos. Así explica la mitología personal de W.B, que ni él mismo se creía del todo.

Lo que W.B. hacía era romper las estructuras del lenguaje, y para ello hablaba de adicciones y patrones y recortaba sus propios escritos y hacía collages con sus palabras, como un terrorista conceptual.

Para mí hay un antes y un después de W.B. Porque Burroughs fue para mí el culmen del nihilismo. Cualquier discurso en el que se pueda creer es una construcción temporal y W.B exponía esto, volvía transparentes las estructuras de todos los discursos.

Después de esto, durante años quedé paralizado en cuanto a creatividad porque me sentía dividido entre dos polos que no conseguía unir. Por un lado, si lo real era la insustancialidad del discurso, Burroughs ya lo había dicho todo sobre esto y no tenía sentido seguir dinamitando algo que ya estaba totalmente fragmentado. Por otro lado, yo sí sentía y veía la necesidad viva de construir discursos, cuentos, relatos, estructuras bellas dentro de otras estructuras más bellas todavía. Pero si todo era banal y ningún discurso transcendente, solamente quedaba escribir literatura de pasatiempo, relatos de acción, sexo, escapismo y otros entretenimientos. Y eso me aburría.

Como buen hijo de la modernidad, estaba convencido que la única manera de crear era innovando. Creando algo no visto hasta el momento, original. Pero fue leyendo la épica india del Ramayana, a la luz del sistema de historias entrelazadas de los Purana, cuando empecé a reconocer en la literatura sagrada india un sistema, un lenguaje simbólico, que crea estructuras que permen al lector ser consciente de la cualidad fantástica del relato pero de una manera que no es escapista sino que obliga la consciencia volver al compromiso por la vida una y otra vez, a cada vuelta de una forma diferente.

El Mahabharata, que contiene dentro de sus páginas al mismo Ramayana y grandes rasgos de los Purana principales, es un relato que fascina y molesta, que nos parece anticuado, desagradable y sublime. Es un relato que provoca, y hace que reflexionemos sobre nuestras vidas. ¿Qué efecto nos produce el texto sobre las señales físicas del Bhavishya Purana? Que nos miremos al espejo y nos preguntemos qué significan nuestras cejas, por qué nos agrada nuestro pecho y no nuestra barriga, o viceversa, y por qué no aceptamos la falta de pelo en un sitio y la agradecemos en otro. ¿Y nuestras vidas?  ¿Nos gustan? ¿Somos ricos o pobres? ¿Estamos viviendo nuestra vida de la manera que nos gustaría? Los discursos que nacen para responder esto son todos juego, transparencias, pero es un juego al que juega la vida. Cuando nos importa jugamos y cuando jugamos vivimos. Este texto divertido, absurdo y molesto del Bhavishya Purana no es escapismo, es un reto, es un juego provocador de la vida. Y es un placer compartirlo con quién haya tenido la paciencia de leer este escrito. Este es el sentido que tiene para mí todo este proyecto de 12 años.

Vanguardia y tradición – María Stoyanova y la circularidad del Mahābhārata

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El Mahābhārata es como un palacio con habitaciones y patios en el que cada lector encuentra su propio camino. A medida que exploro este espacio no me deja de sorprender la vastedad de sus dimensiones; es como si una parte de la estructura del palacio se fuera abriendo dentro de mi alma mientras la se expande hacia el cielo.

En esta entrada quiero presentar a María Stoyanova, la directora que está guiando lo que será la presentación pública del Mahābhārata, y aprovechar también para hacer un primer intento de explicar de qué manera creo que una vanguardia artística puede relacionarse con un texto tradicional. Al final de la entrada ofrezco la traducción de dos fragmentos del Mahābhārata.

La vastedad del Mahābhārata implica que cuando uno lo lee, en algún momento tiene que asumir qué es aquello que está buscando al leerlo. A su vez, dado que el Mahābhārata es más grande que la vida, cuando uno lo lee, el Mahābhārata exige también al lector el hacerse cargo progresivamente de la razón por la que está viviendo, porque esta coincidirá con el sentido que pueda encontrar en el Mahābhārata.

En mi viaje de buceo en el Mahābhārata me impele el compromiso de compartir cada año un fragmento de la obra. Preparar esta presentación pública me lleva hacer un trabajo de asimilación emocional del texto, incluso física, y en este proceso es crucial para mí el trabajo con la directora y artista escénica María Stoyanova.

Hace años que sigo y admiro la búsqueda de María Stoyanova. Creo que reconozco en Stoyanova una búsqueda incansable y sin frenos de la auténtica sinceridad, del lugar donde se encuentra la esencia de lo humano. El ímpetu de María Stoyanova recuerda al de los artistas románticos del siglo XIX, pero a diferencia de estos Stoyanova no parece tener como ideal lo sublime sino el encuentro horizontal con el público.

El trabajo con María Stoyanova me ayuda a reconocer, a partir de ejercicios físicos, aquello que mi cuerpo ha heredado del pasado. Al pasado le podemos llamar traumas familiares o consecuencias kármicas, pero al final se trata de una misma cosa. Para mí el pasado es un dolor y una sensación de desolación ante el legado que nos ha dejado el siglo XX. Y cuando leo el Mahābhārata, me doy cuenta de que existe un gran paralelismo en ese relato y la época que estamos viviendo.

El Mahābhārata, como nuestro siglo, comienza también después de una gran guerra, o después de una gran debacle en la que han desaparecido  reinos enteros y con ellos algunos de los valores que habían sostenido a la humanidad.

¿Hasta dónde está mi antiguo karma/traumas influenciando mi lectura del Mahābhārata y en qué medida está la lectura del Mahābhārata influenciando la interpretación que hago de mis recuerdos? Creo que esta línea no está nada clara, si es que existe, pero me parece una de las cuestiones más interesantes de esta investigación de doce años.

En el método de ajustar de una línea de trabajo basada en lo autobiográfico a uno de los grandes relatos tradicionales de la humanidad veo una vía que puede reintegrar las vanguardias del siglo XX en el contexto de la tradición. Este es el motor que mueve este proyecto.

En cuanto al texto prometido para esta entrada, creo que ha sido necesario hacer esta introducción. Es necesario explicar por qué mi trabajo personal me ha llevado a sensibilizarme de manera tan personal con el Mahābhārata, con la historia de una gran guerra y del fin de una era.

 

La circularidad del Mahābhārata:

La historia del Mahābhārata comienza en el contexto de un sacrificio, que auspicia un rey. El rey sacrificante es nieto de los cinco protagonistas del Mahābhārata: los Pandava. Cinco hermanos que se ven arrastrados a la guerra civil del Mahābhārata; la gran guerra que acaba destruyendo a todos los reinos que participan en ella. El rey sacrificante pregunta cómo y por qué pasó esta catástrofe de la que la humanidad se está recuperando. Un bardo, le comienza a contar las razones de la guerra, comenzando con el nacimiento del universo.

Uno de los primeros eventos que describe el bardo es el momento en el que los dioses, antes de que existiera el tiempo, tuvieron que aliarse con los demonios para batir juntos, en movimiento circular, el océano del universo y extraer de él una gota del elixir de la inmortalidad. Esto es importante porque una vez extraído el elixir, los dioses y los demonios empezaron a luchar por él, y esta lucha les ha llevado a encarnarse en el mundo material, como animales humanos y salvajes, para continuar su contienda. La gran guerra civil del Mahābhārata, es el desenlace de este evento primordial: el batir del océano universal.

Insisto en mencionar que el movimiento para batir el océano es circular porque mi trabajo personal me está llevando a indagar en el símbolo de la esvástica, que he elegido por la influencia que ha tenido sobre la historia de mi familia y por el Mahābhārata, porque en la tradición india este símbolo significa ofrecer bendiciones, en contraste con el uso que se le dio en Europa durante el siglo XX.

Existe una interpretación esotérica también, según la cual la esvástica, cuando se dibuja con las aspas apuntando a un movimiento hacia la derecha, ofrece bendiciones, y en cambio cuando se dibuja girando hacia la izquierda, lleva a la descomposición y la destrucción.

Volviendo poco a poco al texto del Mahābhārata, es interesante observar que la esvástica se puede interpretar como el dibujo de un remolino, y los remolinos se encuentran a nuestro alrededor allí donde miremos. De hecho, vivimos en un remolino. La vía láctea es una de las aspas de nuestra galaxia, que tiene forma de enorme remolino.

Igual que nuestra galaxia gira, en el Mahābhārata también nos encontramos con un texto que comienza donde acaba: El rey que escucha contar la historia del Mahābhārata, es el nieto del personaje con el que termina el libro. El Mahābhārata termina con la muerte de Yudisthira, el hermano mayor de los cinco protagonistas, cuando ya ha terminado la guerra. Si el lector se pregunta qué pasará con la humanidad después de Yudisthira puede seguir leyendo. Si vuelve a comenzar a leer el Mahabharata tras terminar la última página, el lector encuentra la continuación de la saga de Yudisthira; es decir la historia del nieto de Yudisthira y de su hijo. El Mahābhārata comienza donde termina.

Me he dado cuenta de la posibilidad leer el Mahābhārata hacia atrás cuando me he permitido identificarme personalmente con la tristeza de los personajes que abren el Mahābhārata; con la tristeza del rey y los participantes del ritual que este organiza. A raíz del trabajo con María Stoyanova, a consecuencia del proceso de reconocer mi autobiografía en el texto del Mahābhārata, he llegado a identificarme profundamente con el trauma familiar de Janamejaya, el rey que inicia el Mahābhārata. Sintiendo la tristeza del rey como la mía, a medida que indagaba en mi pasado familiar, he sentido la necesidad de indagar en el pasado de Janamejaya, el nieto de Yudisthira; esto me ha llevado a leer el final del Mahābhārata.

Es especialmente triste la descripción de la destrucción del reino de Krishna, el avatar divino que acompaña a los hermanos protagonistas: Los nobles del reino de Krishna se emborrachan y sucede una fatal discusión que comienza cuando varias personas acusan a dos de los presentes de haber ayudado al hijo del maestro de armas de los Pandava a asesinar a todo el campamento de los Pandava cuando dormían. Estas acusaciones terminan en una pelea campal en la que fallecen todos los nobles del reino de Krishna. El resto de la población es saqueada por bandidos cuando intentan emigrar juntos hacia otro reino aliado.
Tras leer esta historia tan triste y tan actual, he querido leer con detalle qué pasó en el campamento Pandava cuando fue atacado de noche por el hijo de su maestro de armas. Este es uno de los eventos más crudos del Mahābhārata  y uno de los puntos donde se pierde irremediablemente la confianza en la humanidad de los guerreros. Tras leer la descripción de esta tragedia, lo natural es querer saber por qué el hijo del maestro de armas de los Pandava decide perpetuar tal crimen y manchar así su nombre para siempre. Así resulta que Ashvatama, el nombre del hijo, está profundamente dolido por la manera en la que los Pandava mataron a su padre en la guerra. Y uno se pregunta, ¿por qué el maestro de armas de los Pandava estaba luchando en el bando opuesto y no junto a ellos? Y así me he dado cuenta que si no paro puedo acabar leyendo el Mahābhārata entero, hacia atrás, de trauma en trauma, de vuelta hacia el evento original, el batir del océano universal para extraer el elixir de la inmortalidad.

Esto me ha recordado la interpretación esotérica de la esvástica. Se puede leer el Mahābhārata hacia adelante, tal como está relatado, y se puede leer hacia atrás. La diferencia es que hacia atrás, vamos de trauma en trauma, en busca de las acusaciones y el sufrimiento. Hacia adelante, el texto ofrece otra cosa. De ambas maneras uno vuelve al principio, a la espiral original, y de allí puede seguir leyendo el Mahābhārata hacia atrás, otra vez, o dar la vuelta y leerlo hacia adelante. Cualquier espiral tiene un movimiento circular hacia dentro, hacia el centro, y a la vez una fuerza centrífuga hacia fuera. ¿Cuál es la diferencia? Creo que la elección de dos fragmentos del Mahābhārata puede darnos una pista. En primer lugar, he decidido traducir la descripción que ofrece el Mahābhārata del momento en el Ashvatama decide atacar el campamento de noche y asesinar a lo dormidos, tanto a los soldados como a las criaturas y las mujeres de los Pandava.

Ashvatama tiene insomnio a causa del dolor de la pérdida de su padre. En medio de la noche, ve como un búho ataca el nido de unos cuervos y asesina a todos los polluelos dormidos. Esto le da la idea de atacar el campamento enemigo de noche. Cuando avanza hacia el campamento, acompañado por dos guerreros del reino de Krishna:

…La noche, la creadora del universo, se manifestó. En todas las direcciones, el cielo era hermoso de ver. Estaba ornamentado por planetas, constelaciones y estrellas. Seres que se vuelven poderosos y merodean por la noche comenzaron a aullar

Los acompañantes de Ashvatama le vuelven a avisar de que lo que quiere hacer no es correcto y Ashvatama contesta que está tan lleno de dolor, que no le importa renacer como insecto, que lo único que busca es la destrucción de los Pandava. Ashvatama decide invocar el poder de Shiva, y en el fuego que enciende para hacer la invocación se aparece todo el ejército de demonios que acompaña a Shiva y que Shiva controla:

Las llamas envolvieron todas las direcciones y las sub-direcciones del firmamento. Muchos seres se manifestaron. Poseían bocas y ojos en llamas. Tenían muchos pies, cabezas y brazos. Eran como elefantes y montañas, con caras gigantes. Había formas como perros, jabalíes y camellos. Había bocas como las de caballos, hienas y vacas. Había caras como osos y gatos y bocas como tigres y leopardos. Había caras como cuervos, bocas como monos y caras como loros. Algunos poseían bocas como serpientes gigantes. Otros tenían bocas que eran blancas como la de los cisnes. (…) Otros tenían miles de ojos o cientos de estómagos. Había algunos sin carne y bocas como los lobos, y bocas como halcones. Algunos no tenían cabeza. ¡Oh rey! Algunos tenían bocas terribles como osos. Ojos y lenguas brillantes. Otros tenían bocas en llamas, ¡oh rey! Algunos tenían caras como ovejas y bocas como cabras. Había algunos con forma de conchas marinas y orejas como conchas marinas. Algunos llevan guirnaldas de conchas. Otros tenían voces como conchas. Algunos tenían el pelo revuelto y pegado, o estaban pelados. Otros tenían estómagos delgados. Había cuatro dientes y cuatro lenguas. Algunos tenían orejas cónicas, o llevaban diademas. ¡Oh Indra entre los reyes! Algunos tenían  hierba en el cuerpo, otro pelo rizado. Algunos tenían gorros y coronas. Otros tenían bocas preciosas e iban ornamentados. Algunos llevaban lotos y lotos blancos, otros estaban decorados con lirios. Emanaban grandeza y había cientos de miles de ellos. Algunos llevaban armas que podían matar cientos de personas de un golpe y discos metálicos en las manos. Otros llevaban garrotes. Otros llevaban catapultas y lazos en las manos, otros llevaban porras en las manos. Algunos llevaban aljabas en la espalda, llenas de flechas coloreadas. Eran indomables en la batalla. (…) Algunos tenían pilares en las manos (…) Otros llevaban serpientes alrededor de sus coronas, o serpientes gigantes como brazaletes, adornadas con ornamentos coloridos. Algunos estaban cubiertos de polvo. Otros iban cubiertos de barro. Todos llevaban ropas blancas y guirnaldas. Algunos tenían miembros azules, otros naranja. Algunos tenían las caras afeitadas. (Tocaban instrumentos, algunos bailaban, otros cantaban). Los inmensamente fuertes saltaban y viraban. Corrían velozmente, con la cabellera volando al viento. Eran como locos elefantes gigantes y rugían constantemente. (…) Ellos podían resistir, pero era imposible resistirse a ellos. (…) Vivían de carne y vísceras, bebían sangre y comían grasa y tuétano. Algunos llevaban pendientes y eran delgados, otros tenían panzas enormes. (…) Algunos no se podían mirar del miedo que daban, otros tenían bocas babeantes. Algunos tenían el pene muy largo. Otros tenían los huesos quebrados. Eran capaces de derribar el sol, la luna, los planetas y las constelaciones al suelo, si así lo desearan (…) nunca tenían miedo y eran capaces de tolerar las reprimendas de Hara (Shiva). (…) Eran los señores del habla. Estaban privados de malicia. Habiendo alcanzado las ocho formas de prosperidad (Compasión, perdón, limpieza, falta de celos, altruismo, falta de codicia, purea y auto-control) ya no se veían poseídos por la maravilla. De todas maneras, el gran Hara siempre se maravillaba de sus actos. Él era devotamente adorado por ellos en pensamiento, palabras y hechos. En pensamiento, hechos y palabras, él los protegía devotamente como hijos. (…)

Se reían de muchas formas diferentes. Golpeaban sus muslos y rugían. Tocaban instrumentos musicales y eso hacía que el universo respondiera.

Antes este “fuego de formas”, o “fuego de deformaciones”, Ashvatama ofrece su cabeza y es poseído por Shiva. Con el poder de la deidad merodea el campamento de los Pandava como la misma muerte. Cuando Ashvatama comienza a atacar el campamento, crea tal miedo y destrucción que los guerreros que mientras duermen sueñan con la diosa Kali y cuando se despiertan lo hacen tan aterrados que levantan las armas y golpean a lo primero que ven, es decir a sus mismos compañeros. En poco tiempo, el terror que infunde Ashvatama deja el campamento como una masa de piernas y brazos amputados, y grasa y sangre que fluye sobre la tierra. Cito literalmente.

La imagen de la destrucción que causa Ashvatama y de la invocación que hace antes de empezar es de un gran caos y desorden. Este desorden contrasta con la descripción que se hace al final del Mahābhārata del momento en que Yudisthira, el hermano más justo de los cinco Pandava, asciende al cielo en su cuerpo físico. El texto contiene mucha nomenclatura propia de la filosofía sánscrita y es difícil de traducir. Lo que presento aquí más que una traducción es un comentario personal con el que intento transmitir el sabor del fragmento a quienes tengan menos interés en los detalles técnicos del sánscrito:

El rey Yudisthira fue felicitado por los dioses, las consciencias iluminadas (Rishis) y las tormentas (Maruts) y siguió hacia el lugar que ocupaban los de su linaje. Vio a Dios en forma de expansión (Brahmán); esto no había sido visto antes en aquella forma ni reconocido de aquella manera. Yudisthira brilló en su forma original y las armas celestiales (Astra) se presentaron ante él, en sus formas personificadas. El disco celestial, y las otras armas terribles se presentaron, en su forma corporal. Fue venerado por el doceavo mes (Phalugna), el mes divino, en su forma más brillante.

Después, el texto va mencionado cada uno de los personajes principales de la historia, los hermanos de Yudisthira y sus maestros, y Yudisthira los va reconociendo en el cielo como constelaciones. A su esposa la ve brillando en el cielo como el sol, y cuando quiere hablar con ella Indra, el rey de los dioses, le explica que Shri, la energía femenina divina, había tomado forma humana para acompañarlo sobre la tierra y ahora estaba de nuevo en su lugar. Los hijos que tuvo con ella volvían a ser tras la muerte músicos celestiales.

Cuando las consecuencias de sus acciones se extingan, el brillo de estas constelaciones, las constelaciones con las que se fundieron los personajes del Mahābhārata, también desaparecerá.

Con este tono termina el Mahābhārata leído desde el principio hasta el final. Una descripción que contrasta con la descripción de desorden y descomposición del ataque de Ashvatama, que lleva sin embargo también hacia Shiva, a lo divino. El remolino hacia el centro, o hacia los bordes; la esvástica hacia la izquierda o hacia la derecha. Todo vuelve y avanza hacia el mismo infinito, pero ¿qué dirección decidimos tomar? Es por esto que defiendo que para leer el Mahābhārata es necesario asumir qué es lo que uno busca el Mahābhārata, porque si no, uno merodea por el texto sin dirección.

Este ha sido un primer intento de explicar qué es lo que busco al combinar una presentación del Mahābhārata basándome en una indagación autobiográfica, relacionada con un método artístico de vanguardias. Espero poder ir refinando la explicación en las próximas entradas, siempre con el apoyo del fantástico enigma que es el Mahābhārata.

 

 

 

Garuda y el elixir de la inmortalidad

Continuando la entrada anterior, esta vez quiero desarrollar un poco más el tema del linaje en los inicios del Mahābhārata.

El Mahābhārata, como ya escribí en otra entrada, consiste en la transcripción del relato que contó un conductor de carros (o bardo, depende de la versión) al rey Janamejaya, durante un sacrificio. Lo que el bardo le cuenta al rey es la historia de su linaje, el linaje del rey, iniciado por su antepasado, el monarca sagrado Bhārata. Pero la historia de este linaje comienza mucho antes del nacimiento de Bhārata; la historia comienza con el origen del tiempo, con la creación de la primera constelación, la osa mayor, que representa las siete mentes brillantes de las cuales emana el conocimiento universal (los saptarṣi). A continuación, la historia relata el primer encuentro de la luz con la oscuridad, cuando los dioses y los contra-dioses (devas y asuras) unieron fuerzas para batir juntos el océano infinito y extraer de él una gota de inmortalidad, una gota de infinito refinado si se quiere (amṛta). Los deva (dioses) se apoderaron del amṛta, del elixir de la inmortalidad, y gracias a él vencieron a los asura.

Los asura, derrotados en su plano, decidieron nacer en el plano material, entre las bestias salvajes y los humanos, para huir de los deva. Los deva los siguieron, encarnándose ellos también, entre sabios y monarcas, para defender el plano material de los excesos de los asura.

Durante este proceso de descenso, desde lo más sutil hasta lo más denso del plano material, uno de los primeros seres que nació en el mundo fue Garuḍa, un pájaro mágico que reunía en su persona el poder de todos los deva juntos; un águila capaz de tomar forma humana y cambiar el tamaño a voluntad. Cuando nació, salió del huevo como una llama que creció hasta alcanzar el cielo y todos los seres del universo temblaron y buscaron refugio en el dios del fuego.

Garuḍa, en su juventud, voló sobre toda la creación y decidió robar de los dioses el elixir de la inmortalidad.

Ahora tengo que interrumpir un momento la historia y disculparme de antemano por lo que va a continuar a partir de aquí. Es importante para mí recordar que los símbolos que despliega el Mahābhārata sobrepasan mi capacidad de comprensión y mi capacidad de asimilación. Lo que documento en este blog es mi relación con el texto, desde la espontaneidad, y lo que quiero decir con esto es que estoy documentando mi relación con el texto desde el error también, porque solo equivocándome aprenderé y me parece que documentar mis errores es un acto de sinceridad que favorece la unión con el texto. Recuerdo además que C.G. Jung decía que para la mentalidad occidental abrirse a lo ridículo permite acceder a lo sagrado. Es por esta razón que me permito abrirme a lo ridículo, asumiendo el peligro de equivocarme, con el objetivo de llegar a lo sagrado. Y lo que puede sonar ridículo a continuación, es mi interpretación del texto, y asumo el riesgo, pero quiero dejar claro que no dejo de ser consciente de que esta es una interpretación, no la verdad, y que si entro en lo ridículo es para llegar a lo sagrado.

Volviendo a Garuḍa, buscando el amṛta alcanzó el palacio de Indra, el monarca de los deva, y luchó solo contra todos los dioses, en su propio terreno. Con sus enormes alas levantó ventiscas que acabaron desperdigando a los dioses en todas las direcciones del universo. Los devas quedaron heridos y alejados del palacio en el que guardaban el amṛta.

Garuḍa se acercó al recipiente del elixir y lo encontró guardado dentro de una columna de fuego. Garuḍa creció y amplió su pico noventa veces noventa, para llenarlo de agua de los ríos, que vertió sobre el fuego. Tras bajar la intensidad de las llamas, Garuḍa tomó la forma de un muchacho dorado, y penetró el calor como un río entrando en el océano. Se encontró dentro del fuego un mecanismo de ruedas dentadas y cuchillas giratorias, virando alrededor del amṛta; una maquinaria sofisticada inventada por los deva para proteger a la inmortalidad. Garuḍa hizo su cuerpo extremadamente pequeño, y atravesó los radios de las ruedas cuando vio la apertura adecuada.

Tras  las ruedas, Garuḍa se encontró dos serpientes gigantes con una mirada fiera. Quien se interpusiera ante aquellos ojos brillantes ardería en las llamas de su veneno. Pero Garuḍa cegó a las serpientes lanzándoles arena con las alas y las atacó con el pico y las garras, descuartizándolas. A continuación, sin perder tiempo, recogió el amṛta con el pico y levantó el vuelo.

Para mí es muy sugerente que otro de los nombres de amṛta sea soma, que significa también luna, y si me quedo en el plano asociativo, esta descripción de Garuḍa alcanzando el amṛta me sugiere connotaciones sexuales también. Sexual, en el sentido profundo de la idea. Sexual en el sentido de la unión de las almas, a partir del cuerpo, a través del miedo y del campo de las fantasías y los sueños, hasta la luna y más allá. Soy consciente de que estoy entrando en aguas profundas compartiendo esta interpretación tan personal, pero confío en que pueda explicarme mejor en los párrafos que siguen.

Un par de capítulos más adelante, en el Mahābhārata, se narra como el descenso del linaje celestial a la tierra, que comenzó con el batir del océano universal, se comienza a concretar y se materializa en un primer rey humano: Dushyanta. Aparece el primer emperador del universo; el rey sagrado.

En las puertas de su vejez, Dushyanta persiguió durante una cacería a un ciervo y tras él acabó llegando a un bosque. El rey ordenó al séquito que lo seguía detenerse, y decidió adentrarse solo en la vegetación.

Se encontró en un bosque rico en cacería y todo tipo de árboles; el paisaje combinaba valles y montañas decoradas con rocas gigantes y peladas que sobresalían entre la vegetación tupida. No había señal de construcción humana.

Continuando su camino, el rey Dushyanta accedió a una apertura muy extensa en la vegetación, un espacio amplio como un campo abierto, pero rodeado de árboles. Tardó mucho en atravesarlo y al otro lado del espacio abierto entró en otro bosque en el que abundaban construcciones de ermitas sagradas, muy agradables a la vista. Continuó caminando por caminos en los que soplaba una corriente de aire fresca. Todo estaba en flor y cantaban los pájaros entre las ramas. Cuando la brisa soplaba más fuerte, levantaba de pétalos de flores en el aire y las abejas revoloteaban alrededor de las enredaderas.

Adentrándose más, el rey vio que el bosque estaba poblado por valakhilyas, seres sagrados diminutos y resplandecientes como el polvo anaranjado que flota en el aire cuando se sopla sobre unas brasas. El lugar estaba poblado de fuegos sacrificiales que se reflejaban en las lagunas transparentes que se iba encontrando entre las raíces de los árboles.

Dushyanta, el rey que nadie podía parar, llegó a una ermita grande, abrazada por las aguas de un río que parecía la madre de todos los seres. A medida que se acercaba a ella, se olvidó de todo cansancio y hambre. Empezó a escuchar los sonidos harmónicos de la recitación de los Vedas, los cantos de la sabiduría eterna, empezó a ver grupos de ascetas reunidos tranquilamente en diferentes rincones, cada grupo recitaba un canto diferente y todas las sílabas se armonizaban entre sí como la construcción de un gran edificio sonoro que ascendía hacia el cielo como si fuera el mismo palacio de Brahmā, el poeta de la creación.

Dushyanta entró a la ermita, buscando al sacerdote que estaba a cargo de ella, pero a la única persona a quién encontró es a Śakuntalā, sonriendo. Śakuntalā es hija de la unión de Viśvāmitra, uno de los sabios más célebres de la tierra, con  Menaka, una ninfa celestial dotada de una forma humana y la fluidez del agua. La sonrisa de Śakuntalā, mezcla de lo más elevado de la espiritualidad humana con la intensidad de las tormentas de verano, robó el corazón de Dushyanta.

Escribo esta historia con el relato de Garuḍa en mente todavía. Dushyanta, el primer rey que recuerda la humanidad, atraviesa el bosque del deseo carnal, de la cacería, para entrar en un espacio un poco más refinado de placeres, los placeres de la vista y el olfato, continuando hacia un palacio un poco más refinado, el del sonido, en el centro del cual se encuentra, más allá de Brahmā y de la creación, a la esencia del deseo: al amor. ¿Si el amṛta es la esencia del universo, o de la vida, el amor sería la esencia del deseo?

Pero Dushyanta vuelve a sus tierras, a la sociedad, a sus obligaciones de monarca, y deja en el bosque a Śakuntalā, quien ha quedado embarazada del iniciador de la dinastía cuya historia relata el Mahābhārata. Bhārata, el hijo de esta unión sensual, crece sano y tan fuerte que es capaz, en su todavía tierna infancia, de atar leones y tigres con cuerdas para jugar con ellos.

Y Śakuntalā ve que los años pasan pero Dushyanta no vuelve, así que decide tomar la iniciativa y salir del bosque para visitar al padre de su hijo.

Sorprendentemente, cuando se presentan ante él, Dushyanta reniega de ambos. Declara ante la corte no haber visto en su vida a Śakuntalā. Ante esto, ella contiene su ira y antes de maldecir a su antiguo amante, expresa un precioso discurso sobre la sinceridad y la lealtad. La sinceridad y la lealtad en general y en particular de un hombre hacia la mujer que ama. El que piensa una cosa en el corazón, dice Śakuntalā, pero expresa otra por los labios, es un ladrón que se está robando a sí mismo. (…) Cuando peca, un hombre se dice que está solo, pero es visto por todos los dioses y por todos los corazones;  la luna, el sol, el fuego, el viento, el cielo, la tierra, su corazón, la muerte, el amanecer y el ocaso conocen todas las acciones del hombre. Śakuntalā sigue hablando, y su discurso empieza a tratar sobre la muerte y la inmortalidad:  Si el dios que está en su corazón, dice Śakuntalā, quién es testigo de todos los actos, está contento, la muerte no molesta al humano, pero el que degrada su propio ser con la falsedad no encuentra refugio entre los dioses. Y en cuanto al hijo de los dos, Śakuntalā dice que los sabios ancianos sabían que cuando un marido entraba en la vientre de su esposa reemergía como un hijo. Es por esta razón que a la esposa se la conoce como jāyā (jāyā con A larga, significando “creación” o “nacimiento”, no confundir con jaya con A corta, que significa victoria en sánscrito).

Shakuntala continúa:

Mirando la cara del hijo nacido de su esposa, un hombre se ve como en un espejo y siente el placer de un hombre virtuoso alcanzando el cielo. (…) Incluso en el enfado, un hombre nunca debería expresar palabras desagradables hacia su esposa, (…) la esposa es el espacio sagrado en el que el marido renace. (…) Aunque seas uno, has sido dividido en dos, oh rey.

Me parece escuchar un eco, aquí también, de las enseñanzas que Kṛṣṇa le ofrecerá a Arjuna, mucho más adelante, en el centro del Mahābhārata, justo antes de comenzar la batalla final, recogidas en la famosa Bhagavad Gitā. Me parece reconocer un eco del discurso de Kŗșna sobre el alma inmortal, que se mueve de un cuerpo a otro a través de las muertes y los renacimientos continuos. Es en este sentido que veo en el relato de Garuḍa robando el amṛta algo sexual, como si la aventura del águila representara una mirada diferente al mismo evento enigmático que representa el encuentro de Dushyanta y Śakuntalā; otra expresión sincera del sentido profundo de la inmortalidad.

Tras el discurso de Śakuntalā, tengo que mencionarlo, Dushyanta se arrepiente y acoge a su hijo en brazos, es por eso que el niño poderoso pasa a llamarse Bhārata, el acogido. Y así comienza la gran saga del Mahābhārata.

Espero haber dejado un poco más claro a lo que me refiero con sexualidad, y la relación de la sexualidad con la inmortalidad. De todas maneras repito que no pretendo exponer mi interpretación como la lectura correcta de estos símbolos. Pero tampoco creo que sea errónea. El Mahābhārata, además de una narración es un tejido, o un código si se quiere, que combina diferentes velocidades de lectura: se puede entender desde una visión aérea, observando las grandes líneas argumentales que se cruzan en la historia, y con una mirada microscópica, recogiendo lentamente las perlas filosóficas que se esconden en cada frase. Además, el Mahābhārata se entiende con el subconsciente, con la intuición. Después, cuando uno quiere explicar el viaje que ha vivido tiene que volver al lenguaje, que es dual por naturaleza y de la dualidad nace la división. Lo que yo pueda llamar sexualidad en este comentario hoy, podría interpretarlo otro día de otra manera muy diferente, pero ambas interpretaciones no se contradicen, sino que se complementan. Lo que queda, es el vuelo de Garuḍa y la gota de amṛta que protegen los deva.

También es relevante mencionar que cuando Bhārata nace su madre Śakuntalā lo bendice con una bendición que parece tener una ironía amarga: Śakuntalā le promete que ninguna otra dinastía podrá desplazar a su linaje del poder, pero lo que acabará desgarrando a la descendencia de su hijo será precisamente una guerra civil en la que su prole se destruirá entre sí. Parece que hay una relación también, entre el batir original del océano universal, la lucha consecuente por el elixir de la inmortalidad, entre devas y asuras, y el descenso de esta lucha al plano material, que se refleja en la guerra civil que relata el Mahābhārata. Pero esto es para otro día…

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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