Los cinco hermanos se casaron con una misma mujer. Ese fue el acto que los unió: Ella se convirtió en la dirección de su vida.
Los descendientes de Pandu se casaron con la hija del rey Drupada.
¿Quién era ella?
Ardía lo desconocido en el corazón de los cinco. El deseo, más fuerte que la extrañeza.
Arjuna (el tercer hermano en nacer) ganó un torneo en el que Draupadi ofrecía su mano al vencedor. La madre de Arjuna decretó que repartiera el premio con sus hermanos antes de saber cuál era.
Ahora los ataba el deber. La palabra de la madre. Pero Draupadi no se puede dividir en cinco. Al revés, fueron ellos los que se reorganizaron. Como cinco llamas brillando en la oscuridad. Porque así la llamaban a ella: la negra.
Cuando se aplican normas al deseo, aparecen y se desvanecen civilizaciones enteras.
Pienso que lo que deseo viene del fondo de mi cuerpo -de quién soy yo-, pero el deseo se expresa con formas heredadadas de la tradición que nos ha gestado. El deseo incluye órdenes maternas, y el runrún de una figura paterna lejana, que sigue reinando en la montaña.
Si te ha salido esta historia en una tirada puede ser el momento de pensar cuál es la narrativa de tu deseo. ¿Cómo te explicas lo que deseas?
¿Cómo lo imaginas?
…
El texto de esta entrada está escrito como está escrito porque está pensado para un juego de cartas basado en el Mahabharata, que estoy desarrollando pensando en la presentación final de este proceso, dentro de poco.
La imágen de la portada es de Lucas Lasnier. – Parbo (@lucasparbo)
