Krishna, el viaje

Esta es la historia de una batalla perdida y, a la vez, es la historia de una batalla ganada. Es una historia que nos concierne a todos:

Duryodhana es el nombre de un rey que ha usurpado el trono del emperador de la tierra, mediante el engaño. En consecuencia, Duryodhana tiene que enfrentar el resultado de sus actos en una guerra contra el antiguo emperador y sus hermanos. Una guerra que Duryodhana confía ganar gracias al poder de su ejército y, en gran medida, porque quien va a dirigir las tropas en la batalla será Bhishma, <<sabio como el gurú de los dioses, profundo como el océano, firme como el Himalaya, generoso como la vida, equiparable al sol en su fuerza. Capaz de destruir al enemigo en una lluvia de flechas, como Indra, el mismo rey de los dioses>> (Mahabharata, Bhishma-abhishecham Parva). Bhishma es hijo del matrimonio de un rey humano con el río Ganges. Tiene el poder de todos los elementos y la capacidad de decidir el momento en el que va a morir.

Con semejante aliado capitaneando y dirigiendo sus tropas Duryodhana está convencido de su victoria. Sin embargo, después de describir las tropas de ambos bandos y los preparativos para la guerra, la primera noticia que nos llega del campo de batalla es:

<<-Bhishma ha muerto. ->>

Esta es la primera frase que los lectores oímos. Esta es la primera descripción de lo que ha pasado en el campo de batalla. Antes de empezar, saber que Bhishma ha muerto. Es decir, la guerra está perdida.

Sin Bhishma Duryodhana no puede ganar, y Bhishma ha muerto. Lo que viene después no es más que el relato de la descomposición de ambos ejércitos, pero en ningún momento la obra (el Mahābhārata) pretende crear la ilusión de que Duryodhana pueda ganar la guerra. La pregunta no es quién ganará, sino cómo se desarrolla el desenlace esperado.

Este blog documenta el paso por 12 años de preparación de la narración oral del Mahābhārata, este enorme relato que nos concierne a todos. Y a medida que me dejo permear por el Mahābhārata crece en mí la impresión de que para narrarlo es necesario poder concentrar la narración en lo principal, y lo más relevante para cada momento y audiencia. Y para hacer esto tengo que vivenciar el Mahābhārata en mí y plantearme de raíz qué es lo que realmente quiero compartir. ¿Por dónde me lleva el Mahābhārata en estos 12 años? Esta es la pregunta importante porque por muy neutral que quiera ser, al final, cualquier resumen, análisis o transmisión segmentada de un texto tan extenso y profundo será tendenciosa. Esto es inevitable. Cualquier narración que haga del Mahābhārata vendrá filtrada por mis intereses y mi ignorancia; por mi inconsciente si se quiere. Y si yo no hago el esfuerzo de comprender por qué estoy haciendo esto lo que comunicaré será la misma confusión y pereza, a través del Mahābhārata. Es por esto que en este sexto año me he propuesto ir hacia el origen de todo, que es Krishna.

Krishna es un personaje del Mahābhārata, y es Dios: <<Su carro está hecho de oro y tiene ocho ruedas: sus riendas están amarradas a todos los seres y tiene la velocidad de la mente. Tiene el aspecto del fuego y es extremadamente veloz. Está decorado con oro. Él es el señor de todos los seres y toda prosperidad. Es finito y también infinito. Él es el que actúa. Él es quien hace que todos actúen. Él es la tierra, agua, cielo, viento y energía. Es el sacrificio, para todos los seres, y el fuego es su boca>> (Mahābhārata, Jambukhanda-vinirmana parva).

En la primera entrada de este año escribí sobre el momento del Mahābhārata en el que Krishna da a los bandos enfrentados la posibilidad de elegir: él mismo, sin luchar, o todas sus tropas. <<Donde está Krishna está la victoria>>, se repite a lo largo del Mahābhārata. Pero Duryodhana no lo sabe, o no se lo cree, o no le importa, y elige con felicidad las tropas de Krishna.

Con miles y miles de soldados a su cargo, y un semidiós que muere solamente cuando él lo decida dirigiendo todas estas tropas, Duryodhana está convencido de que puede ganar. Pero la primera noticia que recibimos del campo de batalla es que Bhishma ha muerto. El resto, a partir de aquí, es un derrumbamiento anunciado.

Y yo siento que la vida es exactamente lo mismo: Por mucho que nos cuidemos los sentidos se apagan; oímos menos la música, se nos escapan los detalles de las formas, el cuerpo pierde fuerza, las articulaciones se endurecen y la mente calcula menos, sueña más, se duerme y desaparece. Y aún si mantenemos por arte de magia un cuerpo en perfecto estado llegará el día en que tendremos que despedirnos de él.

Todos los fenómenos y experiencias sensoriales y mentales son “las tropas de Krishna”; sus herramientas. Agarrarse a esto es la historia de un derrumbe anunciado. Como agarrarse a castillos de arena en el fondo del mar. Pero ¿qué queda sino? Krishna. Y ¿qué es Krishna? No lo sé, pero entiendo que soltando todo lo demás se irá viendo. Lenta e inevitablemente. Por esto digo que esta vida es la historia de una derrota y una victoria inevitables. Porque allí donde está Krishna está la victoria.

En concordancia con el proceso de búsqueda de este sexto año voy a compartir un ciclo de narraciones de las descripciones que Krishna se hace de sí mismo en la Bhagavad Gita. En este texto iniciático Krishna se compara con distintos elementos de la cosmogonía sánscrita, que normalmente no se explican en las traducciones y comentarios de la Bhagavad Gita, a pesar de que cada una de estas comparaciones es la semilla de numerosas historias inspiradoras. Los encuentros serán por zoom y se pueden seguir en vivo o recibir la grabación. Para más información o inscribirse puedes escribir a: respirarelmahabharata@gmail.com

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