El Mahābhārata es un gran relato iniciático y en esta entrada voy a proponer algunas de las razones por las que así lo creo.

El Mahābhārata habla de una gran guerra, que dio fin a una era. La era anterior a la nuestra. Y este mismo es uno de los aspectos iniciáticos del Mahābhārata, que importa tener en cuenta. Porque el Mahābhārata habla de un mundo que es este, pero ya no. No de un mundo de fantasía, sino este, el mundo en el que vivimos, pero tampoco este mundo exactamente, porque el Mahābhārata pasó en otra era, en la que muchas cosas eran demasiado distintas a hoy.

Un ejemplo de esto es que al inicio de la guerra del Mahābhārata, cuando los dos bandos ya estaban situados, ocupando todas las colinas y llenando los bosques del terreno en el que se disponían a luchar, se firmaron unas condiciones para la batalla que se iniciaría en la madrugada:

“Cuando cesasen las hostilidades habría amistad entre unos y otros, como establecía el comportamiento adecuado antes. No se volvería a recurrir al engaño.

Los que combatieran con palabras serían respondidos con palabras. Un carro debería luchar contra otro carro, el que fuera en elefante contra otro elefante, el que fuera a caballo contra otro jinete a caballo y un soldado a pie contra otro soldado a pie.

Cada ataque se respondería en igualdad de fuerza, energía y edad. No debería atacarse a quien estaba desprevenido, distraído, luchando con otro o en retirada. El que estaba sin arma o armadura nunca debería ser matado.

Uno nunca debería atacar a los conductores de los carros, a los transportistas, los que traían armas o los que tocaban tambores y hacían sonar conchas marinas.” (Jambukhanda-Vinirmana Parva)

Pero lo trágico es que ninguna de estos acuerdos se mantuvo. Una a una, fueron transgredidas todas estas normas, y por ambos bandos. Fue así como terminó la era anterior y comenzó nuestra era de la confusión; la era en la que nadie sabe bien lo que tiene que hacer.

¿Qué ha cambiado? Quizá algo muy sutil, y a la vez importante. Porque, en una guerra, uno quiere ganar. Para sobrevivir.

Si no es aprovechando cada pizca de la debilidad del ejército enemigo, ¿cómo vamos a ganar? No solo aprovechar, sino causar el despiste y la confusión, en el enemigo, es requerido. Aprovechar la ventaja de la posición, la luz, las condiciones atmosféricas… acorralar a los escuadrones más débiles con armamento aventajado, cortar las líneas de avituallamiento, y el acceso a la munición, son premisas básicas y vitales en la batalla tal y como la conocemos.

¿Si no es para ganar, para qué luchaban aquellos guerreros de antaño? ¿Cómo entendían el conflicto?

¿Queda alguien entre nosotros que viva así?

Pues también es importante recordar que el Mahābhārata dice que en el seno de esta era nuestra de la confusión va a renacer otra era perfecta. Esto está destinado así. Es inevitable.

La posibilidad de vivir la vida como los héroes de antaño está abierta. A la pregunta de si queda alguien que viva así podríamos responder que cada uno de nosotros. Si así lo queremos. La posibilidad está dada. Vivir más allá de la derrota y la victoria. Más allá del miedo. Si lo hacemos, ya no importa cuán literal sea el relato del Mahābhārata. El texto se deja atrás y quedan las acciones. Es así como el Mahābhārata se revela como un texto iniciático.

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