¿Cómo se escribe la escucha?
Intentar describir la escucha con palabras sería incongruente, porque un texto es un discurso y el discurso es precisamente lo opuesto a la escucha. Sin embargo me he propuesto esta vez intentar escribir la escucha. Me lo he propuesto porque la intención de este cuaderno de bitácora es ir documentando el estado en el que me encuentro dentro de este proyecto llamado Respirar el Mahabharata y siento que estas últimas semanas he comenzado a escuchar el Mahabharata.
Hasta ahora he cuestionado el texto, y estoy aprendiendo que cuando uno hace una pregunta tiene que tomarse el tiempo también para escuchar la respuesta. Ahora que se acerca la fecha del estreno de la representación de la narración del primer tomo del Mahabharata (el próximo 12 de Diciembre), he decidido releer una vez más las primeras 500-600 páginas de la obra pero de principio a fin como si fuera una novela. No tomo ninguna nota, no releo ningún capítulo, no investigo más, solo leo poco a poco y siento lo que me pasa sin juzgar ni analizar. Estoy escuchando el Mahabharata con una apertura que no había tenido hasta ahora. De hecho la manera en que leo los Purana (otros textos que complementan al Mahabharata) ha cambiado también. Ya no intento memorizar nada. Me doy cuenta de que los Purana ya repiten por sí mismos los puntos importantes, y de manera diferente cada vez. No me esfuerzo en memorizar las historias sino que las leo y observo cómo van transformando mi manera de pensar y de vivir mi día a día como si observara el cambio de las estaciones en el parque que tengo delante de casa.
¿Sería posible, me pregunto, compartir la experiencia que tengo cuando escucho el Mahabharata? Porque ninguna de estas historias que ya conozco me suenan igual, ahora que las leo con otra intención. ¿Pero cómo describir lo que veo ahora? Podría armar escritos sobre mis nuevas conclusiones, pero estos se volverían discursos simbólicos y esotéricos que probablemente tengan sentido solo para mí o en el mejor de los casos representarían un discurso más, compuesto con el Mahabharata como excusa. Pero lo que me interesa es describir el acto de escuchar un texto.
Lo primero que se me ocurre, para escribir sobre la escucha, es decir el Mahabharata más que parecerse a una novela tiene características de jeroglífico. Y esto es algo que yo tampoco comprendo del todo, pero me esfuerzo en describir aquí qué entiendo por un “texto jeroglífico” con la intención de ordenarme las ideas y de paso creo que me ayudará indirectamente a describir la experiencia de la escucha.
Cuando digo que el Mahabharata es un jeroglífico pienso en que no está compuesto de un argumento lineal sino de historias que comienzan y antes de terminar inician otra historia que contiene en su interior otra historia a su vez, u otra, u otra más, y todo mezclado con invocaciones, discursos éticos, consejos de decoro, reglas de rituales y diálogos filosóficos. Dependiendo del estado de ánimo que se tenga, se leen en el Mahabharata cosas diferentes; uno se fija en aquello hacia lo que está más receptivo cada vez. El Mahabharata tiene una cualidad más abierta que una novela, o una historia. No es una fábula, ni es meramente un mito.
Por poner un ejemplo, hace unos meses compartí una breve descripción de la historia de Garuda, el ave de fuego que robó el elixir de la inmortalidad a los dioses (Deva). Cuando compartí un esbozo de su historia tuve que resumir y omití la descripción de su nacimiento. Voy a compartir ahora una traducción del fragmento que describe el nacimiento de Garuda, añadiendo entre paréntesis y en cursiva comentarios y preguntas que me hago sobre este fragmento a medida que lo leo. Con esto quiero compartir cuánta curiosidad puede crear un texto tan corto y en principio tan críptico:
«Cuando llegó el momento Garuda, lleno de energía, quebró el huevo sin la ayuda de su madre y emergió. Parecía una masa de fuego en llamas y su apariencia infundía el terror. En el momento en que nació, el ave creció hasta alcanzar un tamaño gigantesco, elevándose hacia el cielo. Al verlo, todos los seres buscaron refugio en el más brillante entre los bienes; se postraron ante la forma universal de este dios, que estaba sentado en su lugar asignado, y se dirigieron a él de esta manera: «Oh Agni (fuego), no extiendas tu cuerpo. ¿Es que has decidido calcinarnos? Mira lo que está pasando, la enorme masa de llamas se está expandiendo». Y Agni les respondió: «¡Oh perseguidores de asuras! No es lo que pensáis. Es el poderoso Garuda, equivalente a mí en energía». Informados de esta manera, los dioses y todos los sabios se dirigieron a Garuda y desde la distancia le adoraron con estas palabras: «¡Oh señor de las aves! Eres un Rishi. Puedes obtener la mejor parte de la ceremonia. Eres un dios. Eres el supremo protector. Eres el océano de poder, eres pureza. Estás más allá de las cualidades y la oscuridad. Eres el dueño del furor (¿dueño del furor?). No puedes ser conquistado. Hemos oído que eres el hacedor de todas las grandes hazañas. Eres todo lo que no ha sido y todo lo que ha sido. Eres el conocimiento supremo (¿qué significa conocimiento supremo?). Sobrepasando los rayos del sol, produces todo lo que es permanente y todo lo que es transitorio (esto es porque el sol que vemos, esa bola de fuego que arde en el centro de nuestro sistema solar, no es el sol propiamente, sino un objeto creado por el arquitecto de los dioses que nos permite soportar el brillo del auténtico sol. El sol verdadero es la energía que enciende el sol que podemos ver). Oscureciendo el brillo del sol, eres el destructor de todo. Eres todo lo que muere y todo lo que no lo hace. ¡Oh Dios! Con un brillo equivalente al del fuego lo consumes todo, igual que el sol quema todos los seres en su furia. Eres como el fuego horrible que todo lo consume al final de una era, cuando todo se consume en el ciclo de la destrucción. ¡Oh rey de las aves! Acercándonos a ti buscamos tu protección. Te mueves por el cielo, tu energía no tiene restricción, eres poderoso como el fuego (todo el fuego, no solo las llamas visibles en una hoguera, también el calor que mueve todos los cuerpos). Eres la majestuosa ave Garuda, alcanzas las nubes. Nos hemos acercado a ti. Eres el que concede las ayudas e incomparable en tu fuerza.»
Una cosa que me gusta del Mahabharata es que no tiene ningún complejo para el uso del énfasis. No encuentro fácilmente textos tan entusiastas en la literatura moderna. Pero por otra parte, ¿por qué iba a ser menos entusiasta? Está hablando de Garuda, algo que se expande mucho más allá de nuestra comprensión. Sin embargo el siguiente párrafo del Mahabharata contrasta esta poderosa expresión de admiración con un detalle tierno. Dice que «entonces ese pájaro, capaz de viajar a cualquier lugar según su voluntad y capaz de reunir energía en el momento en que lo desee, fue a la casa de su mamá». Evito ahora posibles comentarios sobre el alto contenido simbólico de las líneas citadas para no caer en la parrafada esotérica que ya he conseguido evitar al principio de este escrito. Lo que voy a hacer, para abrir más el campo de visión, o la escucha, es relacionar este texto con una descripción que recojo del Devi Bhagavata Purana, una recopilación de historias sagradas en las que aparecen muchos de los elementos de los que habla el Mahabharata, pero desde el punto de vista de lo femenino. El Mahabharata dice que Garuda es energía, equivalente al fuego, y tiene una madre. En el Devi Bhagavata Purana encontramos un texto de veneración al principio femenino del universo, que el texto sánscrito denomina Shakti y traduzco aquí por Fuerza tomando el ejemplo Swami Vijnanananda. También traduzco al castellano términos sánscritos que habitualmente no se traducen para compartir una versión más cercana del texto:
«Algunas personas mencionan a Vishnu como el omnipresente, el que protege a todos los dioses porque es el mejor entre ellos. Según estas personas todo lo que contiene este universo, lo móvil y lo inmóvil, es creado por La llamada que reside en el corazón y despierta hombres y mujeres para que sigan su camino, se postran ante ella y la llaman Vishnu. Otros adoran a la vibración original que percute todas las acciones, la llaman Shiva, el que reside sentado en el centro del universo con su esposa dorada compartiendo la mitad de su cuerpo. Hay personas que conocen los textos sagrados y adoran cada día al sol, por la mañana, al mediodía y al atardecer. Otros, expertos en los textos, adoran los dioses, al fuego, al que rige los sentidos y al guardián de la justicia de cuerpo oscuro y mirada dorada. Los que son grandes pensadores declaran que la percepción, la inferencia y el testimonio verbal son los tres modos de probar la realidad. Otros pensadores añaden a estas tres maneras de comprender la realidad una cuarta: la comparación. Otros añaden una quinta: la deducción a partir de elementos conocidos, y las escrituras de la escuela filosófica llamada Vedanta declaran que la Causa Elemental del Universo no puede ser comprendida usando ninguna de estas técnicas. Los seguidores de esta escuela usan la razón para llegar a la comprensión de la existencia irrefutable del Ser. Una persona inteligente debería asumir aquello que se percibe como evidente y aquello que puede ser inferido por la observación y el análisis de la conducta adecuada. Las historias sagradas dicen que la Fuerza primordial está presente en Brahma como la fuerza creadora, en Hari como la fuerza que preserva, en Hara como la fuerza que destruye y en la tortuga Kurma y la serpiente de mil cabezas Ananta como la fuerza que guarda; en el fuego como fuerza que quema, en el aire como la fuerza que mueve y que la Fuerza está presente en todas partes en todas las manifestaciones.
En todo el universo todo lo que existe es incapaz de efectuar ninguna acción si es privado de su fuerza. La fuerza está presente en todas partes y en cada elemento del universo desde el supremo Brahma hasta la más pequeña brizna de hierba, en todo lo móvil y en lo inmóvil a la vez. Todo se vuelve inerte si es privado de su fuerza; la conquista de los enemigos, el moverse de un sitio a otro o comer, nada de esto es posible sin fuerza. Quienes son inteligentes deberían adorarla a Ella en todas sus formas y asumir su presencia en la realidad por todos los medios posibles. En Vishnu existe la fuerza benefactora, así puede preservar, sino sería bastante inútil. En Shiva hay fuerza oscura, así destruye, sin ella es bastante inútil. En Brahma hay fuerza activa, así puede crear, sin ella es bastante inútil. Todo el mundo debería acercarse al conocimiento de la Fuerza Original, su mera voluntad crea y preserva este universo y Ella es quién lo destruye cuando llega la hora. El fuego, los sentidos, y todos los dioses son capaces de hacer su trabajo usando esta Fuerza Original. Que ella sola está presente en cada causa, en cada efecto y en cada acción, puede ser observado sin dificultad. Los que están apegados a las sensaciones adoran las formas de La Fuerza y los menos apegados adoran su aspecto no manifiesto. Cuando se trata de la manera adecuada, La Fuerza concede todos los deseos. Aquellos que están seducidos por el juego de espejismos de este mundo La desconocen del todo; otras personas que La conocen solo un poco encantan a otros mientras algunos estudiosos aburridos, a causa de sus prisas y confusión, La usan para fundar sectas de heréticos para mantener lleno su estómago.
¿Si Brahma, Vishnu y Shiva son las divinidades supremas, porque estos tres dioses siguen meditando en lo que está más allá de la palabra, más allá de la mente? Ellos conocen al Ser Supremo, la eterna Fuerza, la eterna Devi Shakti».
Recuerdo una vez más que esta fuerza es la que da a Garuda la fuerza que tiene, y es su “madre”. Pero además quiero hacer hincapié en un último elemento que creo define un poco más la calidad “jeroglífica” de estos textos. Shakti, la Fuerza, es una diosa. Vishnu y Shiva, son dioses, el fuego es un dios, incluso el sol, y Garuda también es un dios, que asusta a todos los dioses. Ahora, la palabra sánscrita que usan estos textos es deva, o devi en femenino. Un deva es un dios, para entendernos. Si queremos traducir cualquier fragmento del Mahabharata podemos traducir la palabra deva por dios cada vez que aparezca porque sería una traducción correcta. ¿Pero qué matices nos abre cuestionar la etimología de la palabra sánscrita deva?
Recuerdo, antes de empezar, que esto no es un ejercicio filológico con el rigor necesario sino más bien jugar con el diccionario. Lo que estoy buscando no es demostrar una hipótesis sobre el significado de ninguno de estos textos sino describir la experiencia de la escucha. Entonces, volviendo a la palabra deva, según el diccionario sánscrito Monier Williams, y basándose este en la gramática sánscrita de Panini (Pāņini) recopilada en el cuarto siglo de la era común, la raíz de la palabra deva es div, que significa: lanzar, arrojar unos dados, apostar, jugar, bromear, expandir, aumentar, brillar, regocijarse, desear o ir.
En algunos textos he visto traducir el plural de deva como los brillantes, porque me parece lo menos confuso para la idea que tenemos de dioses. Pero deva es una explosión de mucho más. Deva, en femenino o masculino, suena a… bueno, todo lo dicho en el párrafo anterior, pero junto.
Entonces, cuando leo sobre la expansión de Garuda, y sumo a su expansión todos los sentidos de la raíz div, y sumo a esto que toda expansión de Garuda viene impulsada por la expansión de la fuerza que lo impulsa… algo pasa. Algo pasa en mi cuerpo, que me atraviesa. Imaginemos el dibujo de un pájaro en llamas, pongamos la imagen de una galaxia detrás, y la fotografía de una mujer embarazada, y un cartel que diga «todo esto te incumbe»… ¿me explico? – Hay que leer el Mahabharata.
Y si prefieres escuchar el Mahabharata narrado, te invito el próximo 12 de Diciembre a la sala de la tetería Mailuna, situada en la calle Valldonzella, número 48, en Barcelona, para escuchar la narración del primer tomo del Mahabharata. Llevo un año preparándola, y tendremos un acompañamiento musical de lujo, y juegos de mesa. Puedes escribir para reservar sitio, o recibir más información, a: respirarelmahabharata@gmail.com