El tiempo que dura el mundo

En cada átomo hay un movimiento. Danzas circulares acompasadas con el ritmo del jardín secreto de nuestro corazón, que es un sol, que brilla en un templo con forma de cosmos, que tiene un altar invisible que sostiene un caldero sin fondo que guarda un universo en su interior; y en el centro de este universo hay un lugar que absorbe toda partícula, impulso, flujo, onda y pensamiento hasta transformarse y separarse en dos. De su lado izquierdo nace su reflejo femenino y entre los dos aparece el amor.

Viviendo el amor hacen el amor. De las gotas de sudor que resbalan sobre le piel de él y ella, cuando hacen su amor, nacen los ríos.

-¿Y cuánto tiempo hacen el amor?

Para responder esta pregunta iría bien entender primero qué es el tiempo.

Para comprender el tiempo es útil hacerse la idea de que con la separación nace el amor y con el amor nace la consciencia de ser en el universo. La consciencia de ser uno, que quiere estar con el otro.

El otro se transforma a medida que buscan sentirlo los sentidos, a medida que se imagina; el otro toma formas, colores, gustos, texturas y cualidades. Se vuelve físico e imaginado, se idealiza. Cuando se acerca la forma física del otro se aleja la idea que tenemos de él y cuando se acerca la idea se aleja el cuerpo. El otro se vuelve muchos y así un solo amor expande, a medida que lo experimenta, al universo como si fuera una gran nube luminosa; como un huevo luminiscente, lleno de polvo dorado, que contiene todas las formas de la creación; como un gran útero.

Dentro de este aureo y cósmico recipiente el amor se busca en las formas y a través de ellas se transmuta en ideales y proyecciones, que se acaban destilando en la energía pura que siempre fueron. Quien dirige la transmutación de la energía a través de los sentidos de los cuerpos es el rey de los dioses. Los dioses expanden el impulso de la energía a través del cielo, las nubes, los bosques, ríos, lagos y campos sembrados con el alimento que los humanos les ofrendan en cada celebración. Las celebraciones se hacen en ciclos anuales, mensuales y semanales.

El sol se eleva por el este y desciende en el horizonte opuesto. Así empieza la noche. El intervalo que va de un amanecer a otro amanecer es un día. 30 días forman un mes. 12 meses son un año humano. 1 año humano es un solo día de los dioses.

El rey de los dioses vive cientos de miles de millones de años divinos.

Cuando muere un rey de los dioses lo sucede otro y la sucesión de 28 reyes de los dioses compone 1 día del huevo cósmico.

108 años cósmicos son una vida de la acción del ser en el universo.

Después todo se reabsorbe en uno y no existe la separación.

Todo el despliegue del universo, la expansión del huevo cósmico, los dioses, los planetas y la humanidad es un parpadeo de la diosa que hace el amor con su compañero. Cuando abre los ojos se expande el universo ante su mirada, cuando los cierra se repliega toda la creación hacia la unidad.

¿Quién podría comprender el tiempo que dura su amor?

 

(Para Gisele)

 

 

Fuentes:

Rumi – El cant del sol. Ed. Olañeta

Devi Bhagavata Purana, Libro IX, cantos I y IX.

Siguiendo el sendero

Queda poco más de un mes para estrenar el segundo espectáculo de Respirar el Mahabharata y me estoy encontrando con un estado anímico y mental comparable al que tenía el año pasado alrededor de estas fechas. Recuerdo que el pasado noviembre me encontré en la situación de que de tanto releer y darle vueltas a las mismas historias del inicio del Mahabharata llegué a una situación en la que ya no era más capaz de tomar apuntes por escritos y empecé a tomar los apuntes de lo que estudiaba en dibujos.

Recuerdo que la sensación era la de tener la función racional saturada pero el anhelo de avanzar en el estudio del Mahabharata fresco y vivo. Del encuentro de la necesidad de estudiar bien las historias que me disponía a narrar para el público y la saturación intelectual surgió el tomar apuntes en forma de dibujos; no fue una idea que me planteé de antemano y puse en acción sino algo que de repente se hizo, sin más. Un día empecé a tomar apuntes en dibujos porque no podía ser de otra manera, y no tardé en encontrar un lenguaje personal de jeroglíficos que me ayudaban a recordar el Mahabharata. Más tarde, este interés intuitivo en el funcionamiento de los jeroglíficos me llevó a interesarme por los libros de Medhananda, que encontré en la librería del ashram de Aurobindo en la India, pocos meses después del estreno de Respirar el Mahabharata I, y los escritos de Medhananda han sido una de las influencias más importantes en este segundo año del proyecto… «Los mundos son solo un lugar de juego del tú y el yo y una máscara colorida del dos en uno, yo soy en ti y tú eres en mí, oh amor.[1]»

Ahora, un año después, me encuentro con la misma sensación y la dificultad de proponer un texto nuevo de la tradición del Mahabharata para compartir en el blog. A pesar de que los últimos quince días han estado muy cargados de vivencias relacionadas con el proyecto de Respirar el Mahabharata, estas han sido vivencias interiores basadas más en los encuentros personales, en la escucha y en una práctica física que no en la lectura de textos. Y cuando termino esta última frase vuelvo a escuchar el insistente helicóptero de la policía que sobrevuela el cielo de Barcelona como un pesado e insistente moscardón. Yo estoy convencido de que el Mahabharata y el arte espiritual durará mucho más que los procesos políticos actuales, por eso continuo con este proyecto con la misma insistencia, porque estoy convencido de que aporta mucho al bienestar humano. Bienestar no en el sentido de comodidad material, sino en el sentido profundo de un Estar Bien en el mundo. El Mahabharata ofrece señales del sendero que puede avanzar la humanidad en conjunto, para ofrecer lo mejor de sí. Pero estar comprometido con este proyecto no implica ignorar los ánimos políticos de la hora o dejar de participar en las protestas que mi limitada y condicionada conciencia crea necesarias.

Dejando de lado al helicóptero, vuelvo a lo que decía, que estas dos últimas semanas han estado más llenas de trabajo físico y emocional dedicado al proyecto que no de lecturas. El pasado fin de semana, por ejemplo, tuvimos una sesión intensa de ensayos con Gisele Cornejo, compañera de proyecto en el desarrollo de este segundo capítulo de Respirar el Mahabharata.  El trabajo del segundo año se ha centrado alrededor de la investigación artística del número 2 y la dualidad en las relaciones de pareja de la primera generación del Mahabharata. Parejas de reyes y reinas, reinas y ascetas, reinas y dioses o reyes y ninfas. Parejas de humanos con humanos y humanos con el mundo imaginal. Seres que salen del bosque de lo invisible como las apsarā, las “ninfas” que fluyen (sara) en el agua (ap), que nacieron cuando los dioses volcaron el calor en el océano:

 

           «Para que todo funcione como debe funcionar,

templo para ti el deseo,

 que los dioses han vertido en las aguas.

                 Para que las cosas sigan el curso que han de seguir,

avivo para ti el recuerdo del éxtasis,

que los arcanos han vertido en las aguas.

 Para que pase lo que ha de pasar

caldeo para ti la intimidad,

que la soberana celeste ha vertido en las aguas.

Para que circule lo que ha de circular,

enardezco para ti las palabras melosas

que el vigor de lo heroico, templado por la sabiduría,

ha vertido en las aguas.

Para que fluya lo que ha de fluir,

enciendo para ti el amor

que lo mejor que puedo ofrecer de mí

ha volcado en las aguas.[2]»

 

«Para que pase lo que ha de pasar», como dice el verso, si se quiere que «se cumpla lo que se tiene que cumplir», hay que “calentar” el “amor”.

Donde traduzco por “pase lo que tenga que pasar” o “sea lo que tenga que ser”, “fluya lo que tenga que fluir”, etc. pone en el original más bien «que se cumpla el Dharma de Varuņa». Varuņa es el orden en las aguas universales; una consciencia que excede a la comprensión humana y ata con unos lazos cósmicos (nunca me canso de este adjetivo) las consecuencias de cada movimiento y acción. El Dharma es algo más transcendental que Varuņa y más concreto. El Dharma es el “sostén de las cosas”. El Dharma es la armonía del universo. Para que “la armonía del universo corresponda al movimiento de los lazos cósmicos de la consciencia transcendental que permea el fluir universal”, podría ser otra traducción. En cuanto a lo que se vuelca en las aguas, se trata de «smara». Smara viene de la raíz smŗ, que es recordar, pero smara es también amor – conversación íntima de alcoba – deseo erótico – recuerdo amoroso – o un intérprete de los textos sagrados. Está muy relacionado, en realidad, porque un intérprete de los textos sagrados (Veda) es alguien que “recuerda con amor” ese acto de pasión original del cual nacimos todos, del cual nació el universo. Por esto es interesante notar como la traducción inglesa de Ralph T.H. Griffith, de 1895, traduce el verso como: «el filtro», volcado en las aguas, o el «hechizo», volcado en las aguas; entendiendo smara como seducción mágica. Sofia Moncó, en el bello recopilatorio de himnos de Mujeres en los Vedas, editado por Akal Oriente, traduce «el amor que los dioses han vertido en las aguas». Esta traducción es efectiva porque la palabra amor recoge todas las acepciones mencionadas: el amor es un filtro, un hechizo, una sabiduría… ¿qué es, el amor?

En fin, la cuestión es que hay un amor, o un recuerdo de un amor arcano, erótico y transcendental a la vez, que calienta las aguas por las que fluye el orden universal, que permite que las cosas pasen. Calentando, avivando, este recuerdo del amor… cósmico, se llega al encuentro con la energía que mueve la vida. Con esa energía que habla en los textos ancestrales, y dice:

«Yo transito la atronadora existencia[3] entre sus elementos[4], las potencias de la libertad[5] y los dioses que miran desde las estrellas[6]. Soy el centro del poder[7], el fuego que conecta el cielo con la tierra[8]y con los ciclos de la naturaleza[9]. Soy el soporte del vino de la inmortalidad, que brota de la piedra sacrificial; soy la base de lo que da forma[10], de lo que inspira tu viaje[11] y del gozo heredado[12]. Soy quien dispensa el fruto de la acción al ejecutor del sacrificio ritual, que nutre a todos los dioses con sus ofrendas. Soy el Reino, la dadora de bienestar, la conocedora de la esencia de las cosas. Vengo primera en todos los rituales. Mi esfera es amplia, yo habito todas las cosas…[13]»

Esta es la energía con la que nos estamos encontrando junto a Gisele, para que, entre los dos, ofrezcamos al público una narración más viva, más real, del Mahabharata. Así hacemos nuestra aportación al trabajo de continuar avivando la llama que guarda el Mahabharata, la llama en el centro de las aguas, la llama de la inmortalidad.

**

Dentro de quince días me propongo seguir este escrito, ampliando un poco la explicación de las decisiones que he tomado para la traducción de los textos y por qué considero tan importante tomar como referente algún texto de la tradición en cada entrada.

 

 

[1] Sri Aurobindo, citado por Medhananda en El juego de la Eternidad – traducción de Anandí

[2] Atharva Veda, Libro 6, Canto 132. – Traducción personal.

[3] Rudra

[4] Vasu

[5] Aditya

[6] Vishvadevas

[7] Indra

[8] Agni y Mira-Varuna

[9] Ashvin

[10] Tvastŗ

[11] Pushan

[12] Bhoga

[13] Devi Shukta, himno a la diosa original del Rig Veda X,125. Traducción basada en la de Olivia Cattedra en Upasana – Tesoros de la India, Mard el Plata, 2006.

Escuchar el Mahabharata

¿Cómo se escribe la escucha?
Intentar describir la escucha con palabras sería incongruente, porque un texto es un discurso y el discurso es precisamente lo opuesto a la escucha. Sin embargo me he propuesto esta vez intentar escribir la escucha. Me lo he propuesto porque la intención de este cuaderno de bitácora es ir documentando el estado en el que me encuentro dentro de este proyecto llamado Respirar el Mahabharata y siento que estas últimas semanas he comenzado a escuchar el Mahabharata.
Hasta ahora he cuestionado el texto, y estoy aprendiendo que cuando uno hace una pregunta tiene que tomarse el tiempo también para escuchar la respuesta. Ahora que se acerca la fecha del estreno de la representación de la narración del primer tomo del Mahabharata (el próximo 12 de Diciembre), he decidido releer una vez más las primeras 500-600 páginas de la obra pero de principio a fin como si fuera una novela. No tomo ninguna nota, no releo ningún capítulo, no investigo más, solo leo poco a poco y siento lo que me pasa sin juzgar ni analizar. Estoy escuchando el Mahabharata con una apertura que no había tenido hasta ahora. De hecho la manera en que leo los Purana (otros textos que complementan al Mahabharata) ha cambiado también. Ya no intento memorizar nada. Me doy cuenta de que los Purana ya repiten por sí mismos los puntos importantes, y de manera diferente cada vez. No me esfuerzo en memorizar las historias sino que las leo y observo cómo van transformando mi manera de pensar y de vivir mi día a día como si observara el cambio de las estaciones en el parque que tengo delante de casa.
¿Sería posible, me pregunto, compartir la experiencia que tengo cuando escucho el Mahabharata? Porque ninguna de estas historias que ya conozco me suenan igual, ahora que las leo con otra intención. ¿Pero cómo describir lo que veo ahora? Podría armar escritos sobre mis nuevas conclusiones, pero estos se volverían discursos simbólicos y esotéricos que probablemente tengan sentido solo para mí o en el mejor de los casos representarían un discurso más, compuesto con el Mahabharata como excusa. Pero lo que me interesa es describir el acto de escuchar un texto.
Lo primero que se me ocurre, para escribir sobre la escucha, es decir el Mahabharata más que parecerse a una novela tiene características de jeroglífico. Y esto es algo que yo tampoco comprendo del todo, pero me esfuerzo en describir aquí qué entiendo por un “texto jeroglífico” con la intención de ordenarme las ideas y de paso creo que me ayudará indirectamente a describir la experiencia de la escucha.
Cuando digo que el Mahabharata es un jeroglífico pienso en que no está compuesto de un argumento lineal sino de historias que comienzan y antes de terminar inician otra historia que contiene en su interior otra historia a su vez, u otra, u otra más, y todo mezclado con invocaciones, discursos éticos, consejos de decoro, reglas de rituales y diálogos filosóficos. Dependiendo del estado de ánimo que se tenga, se leen en el Mahabharata cosas diferentes; uno se fija en aquello hacia lo que está más receptivo cada vez. El Mahabharata tiene una cualidad más abierta que una novela, o una historia. No es una fábula, ni es meramente un mito.
Por poner un ejemplo, hace unos meses compartí una breve descripción de la historia de Garuda, el ave de fuego que robó el elixir de la inmortalidad a los dioses (Deva). Cuando compartí un esbozo de su historia tuve que resumir y omití la descripción de su nacimiento. Voy a compartir ahora una traducción del fragmento que describe el nacimiento de Garuda, añadiendo entre paréntesis y en cursiva comentarios y preguntas que me hago sobre este fragmento a medida que lo leo. Con esto quiero compartir cuánta curiosidad puede crear un texto tan corto y en principio tan críptico:
«Cuando llegó el momento Garuda, lleno de energía, quebró el huevo sin la ayuda de su madre y emergió. Parecía una masa de fuego en llamas y su apariencia infundía el terror. En el momento en que nació, el ave creció hasta alcanzar un tamaño gigantesco, elevándose hacia el cielo. Al verlo, todos los seres buscaron refugio en el más brillante entre los bienes; se postraron ante la forma universal de este dios, que estaba sentado en su lugar asignado, y se dirigieron a él de esta manera: «Oh Agni (fuego), no extiendas tu cuerpo. ¿Es que has decidido calcinarnos? Mira lo que está pasando, la enorme masa de llamas se está expandiendo». Y Agni les respondió: «¡Oh perseguidores de asuras! No es lo que pensáis. Es el poderoso Garuda, equivalente a mí en energía». Informados de esta manera, los dioses y todos los sabios se dirigieron a Garuda y desde la distancia le adoraron con estas palabras: «¡Oh señor de las aves! Eres un Rishi. Puedes obtener la mejor parte de la ceremonia. Eres un dios. Eres el supremo protector. Eres el océano de poder, eres pureza. Estás más allá de las cualidades y la oscuridad. Eres el dueño del furor (¿dueño del furor?). No puedes ser conquistado. Hemos oído que eres el hacedor de todas las grandes hazañas. Eres todo lo que no ha sido y todo lo que ha sido. Eres el conocimiento supremo (¿qué significa conocimiento supremo?). Sobrepasando los rayos del sol, produces todo lo que es permanente y todo lo que es transitorio (esto es porque el sol que vemos, esa bola de fuego que arde en el centro de nuestro sistema solar, no es el sol propiamente, sino un objeto creado por el arquitecto de los dioses que nos permite soportar el brillo del auténtico sol. El sol verdadero es la energía que enciende el sol que podemos ver). Oscureciendo el brillo del sol, eres el destructor de todo. Eres todo lo que muere y todo lo que no lo hace. ¡Oh Dios! Con un brillo equivalente al del fuego lo consumes todo, igual que el sol quema todos los seres en su furia. Eres como el fuego horrible que todo lo consume al final de una era, cuando todo se consume en el ciclo de la destrucción. ¡Oh rey de las aves! Acercándonos a ti buscamos tu protección. Te mueves por el cielo, tu energía no tiene restricción, eres poderoso como el fuego (todo el fuego, no solo las llamas visibles en una hoguera, también el calor que mueve todos los cuerpos). Eres la majestuosa ave Garuda, alcanzas las nubes. Nos hemos acercado a ti. Eres el que concede las ayudas e incomparable en tu fuerza.»
Una cosa que me gusta del Mahabharata es que no tiene ningún complejo para el uso del énfasis. No encuentro fácilmente textos tan entusiastas en la literatura moderna. Pero por otra parte, ¿por qué iba a ser menos entusiasta? Está hablando de Garuda, algo que se expande mucho más allá de nuestra comprensión. Sin embargo el siguiente párrafo del Mahabharata contrasta esta poderosa expresión de admiración con un detalle tierno. Dice que «entonces ese pájaro, capaz de viajar a cualquier lugar según su voluntad y capaz de reunir energía en el momento en que lo desee, fue a la casa de su mamá». Evito ahora posibles comentarios sobre el alto contenido simbólico de las líneas citadas para no caer en la parrafada esotérica que ya he conseguido evitar al principio de este escrito. Lo que voy a hacer, para abrir más el campo de visión, o la escucha, es relacionar este texto con una descripción que recojo del Devi Bhagavata Purana, una recopilación de historias sagradas en las que aparecen muchos de los elementos de los que habla el Mahabharata, pero desde el punto de vista de lo femenino. El Mahabharata dice que Garuda es energía, equivalente al fuego, y tiene una madre. En el Devi Bhagavata Purana encontramos un texto de veneración al principio femenino del universo, que el texto sánscrito denomina Shakti y traduzco aquí por Fuerza tomando el ejemplo Swami Vijnanananda. También traduzco al castellano términos sánscritos que habitualmente no se traducen para compartir una versión más cercana del texto:
«Algunas personas mencionan a Vishnu como el omnipresente, el que protege a todos los dioses porque es el mejor entre ellos. Según estas personas todo lo que contiene este universo, lo móvil y lo inmóvil, es creado por La llamada que reside en el corazón y despierta hombres y mujeres para que sigan su camino, se postran ante ella y la llaman Vishnu. Otros adoran a la vibración original que percute todas las acciones, la llaman Shiva, el que reside sentado en el centro del universo con su esposa dorada compartiendo la mitad de su cuerpo. Hay personas que conocen los textos sagrados y adoran cada día al sol, por la mañana, al mediodía y al atardecer. Otros, expertos en los textos, adoran los dioses, al fuego, al que rige los sentidos y al guardián de la justicia de cuerpo oscuro y mirada dorada. Los que son grandes pensadores declaran que la percepción, la inferencia y el testimonio verbal son los tres modos de probar la realidad. Otros pensadores añaden a estas tres maneras de comprender la realidad una cuarta: la comparación. Otros añaden una quinta: la deducción a partir de elementos conocidos, y las escrituras de la escuela filosófica llamada Vedanta declaran que la Causa Elemental del Universo no puede ser comprendida usando ninguna de estas técnicas. Los seguidores de esta escuela usan la razón para llegar a la comprensión de la existencia irrefutable del Ser. Una persona inteligente debería asumir aquello que se percibe como evidente y aquello que puede ser inferido por la observación y el análisis de la conducta adecuada. Las historias sagradas dicen que la Fuerza primordial está presente en Brahma como la fuerza creadora, en Hari como la fuerza que preserva, en Hara como la fuerza que destruye y en la tortuga Kurma y la serpiente de mil cabezas Ananta como la fuerza que guarda; en el fuego como fuerza que quema, en el aire como la fuerza que mueve y que la Fuerza está presente en todas partes en todas las manifestaciones.
En todo el universo todo lo que existe es incapaz de efectuar ninguna acción si es privado de su fuerza. La fuerza está presente en todas partes y en cada elemento del universo desde el supremo Brahma hasta la más pequeña brizna de hierba, en todo lo móvil y en lo inmóvil a la vez. Todo se vuelve inerte si es privado de su fuerza; la conquista de los enemigos, el moverse de un sitio a otro o comer, nada de esto es posible sin fuerza. Quienes son inteligentes deberían adorarla a Ella en todas sus formas y asumir su presencia en la realidad por todos los medios posibles. En Vishnu existe la fuerza benefactora, así puede preservar, sino sería bastante inútil. En Shiva hay fuerza oscura, así destruye, sin ella es bastante inútil. En Brahma hay fuerza activa, así puede crear, sin ella es bastante inútil. Todo el mundo debería acercarse al conocimiento de la Fuerza Original, su mera voluntad crea y preserva este universo y Ella es quién lo destruye cuando llega la hora. El fuego, los sentidos, y todos los dioses son capaces de hacer su trabajo usando esta Fuerza Original. Que ella sola está presente en cada causa, en cada efecto y en cada acción, puede ser observado sin dificultad. Los que están apegados a las sensaciones adoran las formas de La Fuerza y los menos apegados adoran su aspecto no manifiesto. Cuando se trata de la manera adecuada, La Fuerza concede todos los deseos. Aquellos que están seducidos por el juego de espejismos de este mundo La desconocen del todo; otras personas que La conocen solo un poco encantan a otros mientras algunos estudiosos aburridos, a causa de sus prisas y confusión, La usan para fundar sectas de heréticos para mantener lleno su estómago.
¿Si Brahma, Vishnu y Shiva son las divinidades supremas, porque estos tres dioses siguen meditando en lo que está más allá de la palabra, más allá de la mente? Ellos conocen al Ser Supremo, la eterna Fuerza, la eterna Devi Shakti».
Recuerdo una vez más que esta fuerza es la que da a Garuda la fuerza que tiene, y es su “madre”. Pero además quiero hacer hincapié en un último elemento que creo define un poco más la calidad “jeroglífica” de estos textos. Shakti, la Fuerza, es una diosa. Vishnu y Shiva, son dioses, el fuego es un dios, incluso el sol, y Garuda también es un dios, que asusta a todos los dioses. Ahora, la palabra sánscrita que usan estos textos es deva, o devi en femenino. Un deva es un dios, para entendernos. Si queremos traducir cualquier fragmento del Mahabharata podemos traducir la palabra deva por dios cada vez que aparezca porque sería una traducción correcta. ¿Pero qué matices nos abre cuestionar la etimología de la palabra sánscrita deva?
Recuerdo, antes de empezar, que esto no es un ejercicio filológico con el rigor necesario sino más bien jugar con el diccionario. Lo que estoy buscando no es demostrar una hipótesis sobre el significado de ninguno de estos textos sino describir la experiencia de la escucha. Entonces, volviendo a la palabra deva, según el diccionario sánscrito Monier Williams, y basándose este en la gramática sánscrita de Panini (Pāņini) recopilada en el cuarto siglo de la era común, la raíz de la palabra deva es div, que significa: lanzar, arrojar unos dados, apostar, jugar, bromear, expandir, aumentar, brillar, regocijarse, desear o ir.
En algunos textos he visto traducir el plural de deva como los brillantes, porque me parece lo menos confuso para la idea que tenemos de dioses. Pero deva es una explosión de mucho más. Deva, en femenino o masculino, suena a… bueno, todo lo dicho en el párrafo anterior, pero junto.
Entonces, cuando leo sobre la expansión de Garuda, y sumo a su expansión todos los sentidos de la raíz div, y sumo a esto que toda expansión de Garuda viene impulsada por la expansión de la fuerza que lo impulsa… algo pasa. Algo pasa en mi cuerpo, que me atraviesa. Imaginemos el dibujo de un pájaro en llamas, pongamos la imagen de una galaxia detrás, y la fotografía de una mujer embarazada, y un cartel que diga «todo esto te incumbe»… ¿me explico? – Hay que leer el Mahabharata.
Y si prefieres escuchar el Mahabharata narrado, te invito el próximo 12 de Diciembre a la sala de la tetería Mailuna, situada en la calle Valldonzella, número 48, en Barcelona, para escuchar la narración del primer tomo del Mahabharata. Llevo un año preparándola, y tendremos un acompañamiento musical de lujo, y juegos de mesa. Puedes escribir para reservar sitio, o recibir más información, a: respirarelmahabharata@gmail.com

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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