La palabra Deva se traduce normalmente por Dios. Y es una traducción correcta. Deva suena parecido a Dios y tiene una misma raíz común, que comparten los antiguos idiomas indo-europeos: una palabra que se supone sonaba parecido a cómo se pronuncia hoy la palabra Dios, y tenía que ver con la luminosidad y la transcendencia.  Sin embargo yo considero dos cosas distintas el hacer un análisis teórico de lo que podían significar las palabras deva, o deus, para antiguas sociedades de las zonas que hoy llamamos India o Europa y traducir la palabra Deva por una palabra contemporánea que signifique para nosotros, ahora, algo que sea luminoso, y a la vez signifique azar, juego, lanzar, apostar, expandir, abrir miras, bromear, aumentar, regocijarse e incluso enloquecer o emborracharse. Todos estos son usos diferentes de la raíz de la palabra deva, en sánscrito, junto a otro significado común que es el de cielo.

La cuestión que más me interesa es cuál es el común denominador a todas estas ideas, que nos sea habitual y mundano. Porque si yo cuento una historia en la que hablo del deva llamado Indra, “el rey de los dioses”, en algún punto siento que yo, y parte del círculo de oyentes, sufrimos una desconexión sutil de la historia. De repente, nos encontramos con el esfuerzo de tener que tomar la decisión de creer en una figura que no conocemos para poder seguir sumergidos en la historia. Y por una parte creo que el misterio forma parte de la palabra deva; y preguntarse quién es Indra cada vez que aparece su nombre es algo importante y positivo. Pero por otra parte veo también una gran diferencia entre la experiencia de preguntarse quién o qué es Indra cadavez y el caso hipotético de si en lugar de decir que el personaje del relato se encontró con el dios Indra, dijéramos que el personaje vio una gran luz brillar en el cielo, que el personaje se encontró con algo por azar o se vio lanzado hacia el cielo por una gran fuerza. El movimiento, el azar, la luz, el cielo, son cosas que no cuestionamos. Un deva sí.

Si lo que busco es entretejer estas historias sagradas con nuestra interpretación contemporánea de la realidad tengo que encontrar una manera de transmitir todo lo que es un deva sin tener que cortar la historia. Porque por ahora lo que estoy haciendo es contar toda esta introducción que acabo de escribir cada vez que narro una historia, pero me gustaría encontrar una manera más fluida de compartir el Mahabharata.

Buscando con el cuerpo

En mi investigación del Mahabharata siento que es importante poder asimilar con todo el cuerpo partes de la historia que escapan a la capacidad analítica de la mente. Recurrir inmediatamente a la meditación y a técnicas de consciencia corporal de origen indio me produce la preocupación de que el proyecto se vaya volviendo un producto de interés exclusivo para indiófilos y practicantes de yoga. En caso de que esto ocurriera el objetivo de la traducción se perdería, a mi parecer. Lo que busco es una manera más popular de compartir del Mahabharata; una transmisión más abierta. Este objetivo es muy ambicioso, soy consciente de ello, y acepto el fracaso como posible resultado final, pero estoy convencido que el proceso será suficientemente interesante como para conocerme mejor y conocernos mejor como sociedad.

Buscando una manera diferente de relacionar el cuerpo con el Mahabharata hemos comenzado a investigar maneras de compartir fragmentos de su argumento desde el cuerpo con mi hermana Diana Gadish, que es coreógrafa de formación y en consecencia conocedora del cuerpo en profundidad desde una vía más bien occidental. A propósito de los entrenamientos con Diana he preparado el texto que voy a compartir en esta entrada, que consiste en un resumen del proceso de creación universal y de la mayoría de divinidades involucradas en él.

El resumen que presento no es perfecto pero estoy satisfecho con él. En la tradición del Mahabharata no existe un relato de creación lineal. En ninguna parte se describe la creación del universo desde el instante cero hasta hoy. Primero porque el universo se expande y desaparece cíclicamente, hasta el infinito, así que en alguna parte los procesos de creación y de destrucción del universo son constantes y paralelos, y en segunda parte porque hay muchas maneras de contar un mismo proceso, sobre todo cuando se usa el lenguaje mitológico. En el Mahabharata y los textos relacionados con él se ofrecen fragmentos, vistazos de momentos de la creación repartidos en historias diferentes, y es el inconsciente de uno el que va recogiendo los detalles y formándose de manera natural una visión de pájaro de un proceso que es a la vez presente e infinito, real e imaginario. Pero como experimento he querido probar cómo se recibe una descripción más o menos lineal de la creación del mundo, en combinación con algunos ejercicios físicos, y para esto he ensamblado este resumen.

La guía del resumen son las casas lunares indias, los nakshatra (nakșatra). Las casas lunares indias están relacionadas con ciertas constelaciones celestes y ciertos deva. Así, con un repaso de los símbolos de cada casa lunar nos formamos una imagen general de la creación del universo. De hecho, es interesante tener en cuenta que en los sutras del yoga de Patañjali, el verso 3.28 propone el consejo enigmático de meditar en la luna para conocer las estrellas interiores. Menciono aquí esta cita porque si te decides leer el texto que viene a continuación recomiendo hacerlo como una meditación, sin intentar comprender, memorizar o aferrar de alguna manera estas ideas. Lo que presento es un resumen de descripciones poéticas y fragmentos de himnos y oraciones que relacionan el estado interior con las estrellas y el universo. Este tipo de información se vive más allá de la mente y más allá del cuerpo a mi parecer.

Para los más avanzados: he traducido los nombres de las constelaciones indias originales por el de las constelaciones occidentales, para que el texto sea más cercano al público general, y la estructura de dioses que he usado es la védica. En los textos puránicos esta estructura gana muchas florituras y se vuelve más barroca. El nombre de algunos dioses cambia ligeramente también, pero la esencia es claramente la misma. Como ya he dicho, el resumen es incompleto. Se puede hacer mejor, seguro, pero dudo de que se pueda hacer bien. Resumir algo así es imposible, y contar de manera lineal algo que no lo es, también. Pero estoy satisfecho con el texto porque creo que es una herramienta útil:

«Los Nakshatra son las estrellas en el cielo, puntos de luz difuminados que marcan lugares demasiado lejanos para que la mente pueda comprender cuán lejos quedan. En el contexto sánscrito la palabra nakshatra se usa tanto para designar las casas lunares como las estrellas en general. Las casas lunares son divisiones en el cielo nocturno, de 12 grados. La tradición divide el cielo en 27 o 28 líneas imaginarias. La órbita de la luna alrededor de la tierra intercepta la órbita de la tierra alrededor del sol y por esta razón desde la tierra parece que cada día la luna circule por una franja diferente del cielo, bajo otro grupo de estrellas.

A las estrellas principales de cada franja, de cada nakshatra, casa lunar, se les atribuye relación con dioses diferentes. Meditar en el sentido de cada uno armoniza la mente con las necesidades del cuerpo en el espacio:

El arquitecto de los dioses se llama Vishvakarman (Vișvakarman), el “todo creador”: es el ser primordial porque construye todas las formas a partir de su propio cuerpo. Vishvakarman diseña también al bebé dentro de su madre.

El dios primordial deseó y de su deseo nació su hija, masculino y femenino se separaron y con la separación nacieron los dos: de lo femenino nació lo masculino y de lo masculino nació lo femenino.

La hija del ser primordial (Aditi) es ilimitada, dulce y cariñosa. Protege a los dioses, es una nube cargada como una ubre que amamanta con cataratas de agua la madre tierra, que es ella misma.

Perseguida por el deseo de su padre (e hijo), la hija del ser primordial se convirtió en gacela y huyó hacia los confines del universo. El ser primordial la seguía deseando, y persiguiendo, y para equilibrar esta situación nació Rudra, “el aullador”, que algunos llaman también Shiva (Śiva). Rudra nació para cortar el deseo desenfrenado del ser primordial con una flecha, y el pago que pidió a cambio fue vivir apartado del mundo, en el monte, y ser el señor de lo salvaje. Por esto se le llama “el señor de los animales” (Pașupati), pero también “múltiple” (șarva), feroz (ugra), trueno (aśani), existencia (bhava), “divinidad suprema” y “el señor”.

Cuando Rudra disparó su flecha el ser primordial se convirtió en un ciervo y su hija se convirtió en una estrella roja- Rohiņī, o Aldebarán en occidente, que es la estrella que persigue la constelación de Orión.

La flecha se convirtió en Pushya (Pușya), la constelación de Cáncer, tres estrellas que forman la estrella que apunta más allá (traividyam). La flecha es el gurú de los dioses y tiene una voz profunda y potente. Cuando unos ladrones disfrazados de sacerdotes robaron las vacas de los dioses, la voz de Pushya abatió las rocas que las escondían y el ganado pudo volver a la luz.

De Aditi y Prajapati (Prajāpati), -el ser primordial y la madre/hija que el deseo separó de él- nacieron los dioses y el primer mortal (Mārtāņḍa: embrión/parte mortal). El arquitecto primordial colocó al primer mortal en el cielo y le dio la forma del sol.

Quien da la energía al sol es Savitri (Savitŗ). Savitri penetra con sus manos doradas todo lo que existe, materia, sueños y pensamientos, para despertarlo con la energía que necesita para existir. Savitri se eleva desde los extremos de la tierra y asciende hacia la cúspide del cielo. Así, moviéndose, deleita todo lo que existe (RV 6.71.5)

El sol (Mārtāņḍa) se casó con la hija de Savitri (Saraņyū: fuente de agua o nube) y juntos dieron a luz a los gemelos Yama y Yami (Yamī); de género masculino y femenino. Yami bajó hacia la materia y reclamó a Yama que hiciera el amor con ella para tener descendencia mortal. Yama se negó por su carácter estricto. Yama descubrió el camino hacia la luz. Yama guía a los antepasados hacia ella. Ojalá nuestros antepasados caminen por el camino que pasa entre los dos perros de Yama, uno negro y otro blanco, nacidos del amanecer; ojalá les ganen la carrera; ojalá podamos uniros a nuestros antepasados en el lugar donde disfrutan en compañía del dios del orden cósmico. (RV10.14.10 10.14.8)

El hermano menor de Yama y Yamī es otro ser mortal llamado Manu Vaivasvata. Cuando se crearon los tres mundos, los hijos inmortales de Aditi, los dioses, viajaron a través del sol hacia la salida de la luz y dejaron atrás a Manu. La descendencia mortal de Manu Vaivasvata se mezcló con los descendientes de los siete sabios que nacieron de la mente de Brahma, las siete estrellas de la osa mayor, y de esta mezcla nació la raza humana.

La transmisión genética de Vaivasvata Manu, el primer humano, garantiza el camino lunar. La transmisión espiritual de los siete Rishi mantiene abierto el camino solar, el sendero de los dioses.

Pero a la esposa del sol no le gustaba su forma original, con el tiempo se fue cansando y al final se sentía tan disgustada cada vez que lo miraba que no pudo aguantar más la situación y huyó. Creó una sombra de ella y le pidió a su sombra que siguiera viviendo con el sol en su lugar. El sol no se dio cuenta del cambio y tuvo con ella dos hijos: el planeta Saturno y otro de los ancestros de la humanidad (Savarni Manu).

Yama se dio cuenta del engaño y se lo contó a su padre. Este salió a buscar a su esposa y se la encontró disfrazada de yegua, pastando en un campo. El sol tomó la forma de un potro y montó a su esposa. Esta primero cooperó pero cuando percibió la energía intensa de su marido escupió su semen por la nariz, que salió de sus dos fosas nasales en forma de fuego y de este fuego doble nacieron los gemelos Ashvins.

Los Ashvins son gemelos con espíritu de caballo. Viajan juntos por los tres mundos, de noche y de día, bajo el agua y dentro de la tierra. Visitan a los que confían en ellos y reparten miel metafísica que traen del plano de las potencias. Conocen todos los caminos de la sanación.

Estos dos gemelos llevaron juntos el carro ornamentado en el que iba la hija del Sol cuando se casó con la Luna (Soma). Como acompañante de la procesión iba Aryaman -las caderas de la constelación de Leo- el dios que protege los contratos legales y la amistad, y Bhaga, dios de la prosperidad y también la cola de la constelación de Leo. Esta boda enlaza el punto de partida del camino hacia el más allá. El camino de los ancestros, lleva hacia la luna, hacia la mano de Pushyan, el navegante –la constelación piscis- el pastor que acompaña los viajantes por el sendero dorado. Este es el camino del humo (dhūma-marga), y el camino de retorno a la tierra. El camino hacia el norte es el de los dioses (devayāna) el camino que nunca vuelve a la tierra. El universo entero, que se extiende entre el cielo paterno y la madre tierra, avanza por estos dos senderos (RV 10.88.15)

Aryaman y Bhaga se llaman también arjunīs, “los plateados”, igual que Arjūna es el nombre místico de Indra, el rey de los dioses (SB 2.1.2.11). Esto es así porque la constelación de Leo es el trono sobre el que se sienta Indra, el que posee el vigor necesario en los sentidos (indriya vīrya) para vencer a la bestia que retenía las aguas y proclamarse rey entre los dioses. Es el más vigoroso entre los dioses, el más fuerte, el más valiente, el más perfecto y el que lleva a cabo toda misión necesaria; por esto es el rey de los dioses (AiB 8.3.12)

Los sirvientes de Indra son los aulladores (rudras); que viven en el cielo  y lo sacuden vestidos con joyas doradas, que centellean cuando los rudras juegan a perseguirse. Once hijos gigantes de Rudra, el dios salvaje, que nacieron de las ubres de su madre, la vaca celestial. Entre los Rudras las estrellas de la constelación de Pegaso y la punta del triángulo de Andrómeda representan a la nube en forma de serpiente que se desliza por la atmósfera y el dios cabra de una pierna, el relámpago loco que salta por el cielo.

Otras fuentes (Vāyu Purana), dicen que el ser primordial, el origen de la creación, quiso que Rudra naciera como su hijo. Estuvo haciendo ejercicios ascéticos y místicos durante eones pero nada pasó. La desesperación del ser original (Prajāpati-Brahmā) le hizo chillar y cuando las lágrimas de rabia caían sobre la tierra se transformaban en serpientes venenosas. Al final, el ser original se sintió tan angustiadamente mal que cayó muerto. Cuando murió, de su cuerpo nacieron once seres aullando (Rudra: aullar) Estos son los Rudras, los aulladores, y ellos revivieron al ser original y este vio como así nacieron de él once hijos de Rudra.

Los tres mundos crecen como un árbol con las raíces en la tierra y la copa son las estrellas de la bóveda paradisíaca. En los márgenes, de las estrellas más bajas del sur del horizonte, la constelación de escorpio sirve como raíz a la enredadera de la diosa Nirriti (Nirŗti) que se alimenta de la enfermedad y el caos. Nirŗti encuentra el desorden y lo absorbe con sus lianas, se le rinde homenaje para que alivie su amarre (AV 6.63.2-3). Junto a las lianas de Nirriti se deslizan las serpientes que habitan el espacio atmosférico y la tierra, y algunas viven también en la esfera luminosa del sol (TB 3.1.1.7). Las serpientes se arrastran alrededor del horizonte -constelación hydra- y engullen a quienes abusamos de nuestro nacimiento humano y desaprovechamos la oportunidad que este significa.

Varuna ata las normas desde la constelación de acuario. Varuna se refleja en las aguas del océano, por eso se dice que vive en sus profundidades. El océano es el recipiente que une (samudra) todas las aguas. Las aguas de los ríos, las aguas congeladas en las cimas de las montañas y las aguas que flotan en la atmósfera, todas las aguas son el océano. De hecho todas las aguas son el universo y para producir la vida meditan y encienden el fuego en su interior, que se convierte en la semilla dorada que transforma las aguas en el huevo dorado que dibuja la vida como un esquema intrincado y brillante.

Por esto el fuego, en el ritual, representa la semilla de la vida. Representa Soma, la medicina que cuando se mezcla con las aguas de la vida otorga la fuerza a Indra. Soma es el sabor de la vida, y Soma fluye de la sabiduría de las estrellas.  Los hijos de Aditi, los luminosos, dirigen el paraíso detrás del sol. Los Rudras viven en el espacio atmosférico y el viento, las aguas y el fuego se quedan en la tierra junto a los Ashvins. Los gemelos.

Cuando la lluvia hace crecer las plantas de la tierra y estas se ofrecen al paraíso transformadas en humo, el paraíso y la tierra vuelven a unirse. Soma es el sentido del ritual, es el sacrificio y el beneficio, las plantas, la lluvia y las constelaciones».

Si el universo son átomos chocando a velocidades diferentes, el reposo no es estático sino un estado temporal de equilibrio de potencias; una red de tensiones enmarañada en el zumbido de una nube energética que eventualmente se disolverá, se dividirá y volverá a formarse en grumos energéticos de formas variadas en constante transformación. Unos átomos chocan y se repelen a distancias enormes, otros quedan enroscados en órbitas respectivas y algunos quedan perdidos en el espacio, fuera de una estructura reconocible, pero eventualmente volverán a influir otros sistemas. Dentro de esto ¿qué es la imagen que el espejo me devuelve y qué son los deva? Si quieres escribir algo al respeto puedes contestar esta pregunta en los comentarios.