Una historia misteriosa

Este blog está dedicado a una gran historia que se llama Mahābhārata: Una historia antigua, que relata lo que nos está pasando ahora, en este mismo momento. Porque si no fuera así de actual el Mahabharata no seguiría inspirando a tantos de nosotros.

Pero, ¿qué es eso que narra el Mahābhārata que sigue siendo tan vigente?

En la extensa y entrelazada historia que despliega el Mahābhārata aparece un rey furioso (de nombre Duryodhana) que desea declarar una guerra: Quiere que se preparen los generales, que se ciñan las armaduras, se aten las bridas, se engrasen las ruedas, se monten los elefantes, se levanten los campamentos, se movilicen los soldados y se afilen las espadas, las lanzas y las flechas. Quiere que mueran sus enemigos, las tropas de sus enemigos, y las de los aliados de sus enemigos. Quiere la victoria, y la destrucción de sus contrarios. Por encima de todo, sin reparar en lo justo, lo práctico, o lo mejor para su gente ni para el futuro. El rey Duryodhana quiere la destrucción.

Pero sus enemigos no son enemigos comunes.

Los consejeros de Duryodana (el rey furioso) temían que su líder no estuviera asumiendo con quién se estaba queriendo enfrentar y para hacerle entrar en razón uno de sus consejeros le contó una historia ancestral, recordada de generación en generación desde el origen de los tiempos: Una historia que hablaba de Matali, el auriga divino, conductor del carro en el que viaja Indra, quien es el rey de los todos los dioses que dirigen la vida, y brilla como el oro cuando es puro y refleja la luz del amanecer.  

Matali, el conductor cósmico, tenía una hija. Era tan bella que su belleza casi podía equipararse a la de la gran diosa de todos los mundos (Shri): las mejores cualidades de todos los elementos emanaban de la presencia de la hija de Matali y descendían por su cabellera como una cascada. Verla, era como tener un atardecer veraniego ante los ojos.

Matali quería mucho a su hija, y estaba preocupado de que no fuera a encontrar un marido de la talla que consideraba que se merecía. Para eso Matali salió de viaje por todos los mundos: para buscar un pretendiente apto.

En el camino, Matali se encontró a Narada, el viajero de los universos, y Narada le invitó a acompañarle hacia las regiones subterráneas:

-Me estoy dirigiendo hacia las moradas del señor de las aguas profundas, acompáñame y seguro que en alguno de los mundos internos encontraremos un pretendiente.

Narada conocía muy bien aquellos mundos y los describía con detalle a su acompañante:

 Le enseñó las moradas del señor de las aguas y vieron juntos al hijo del dios de las profundidades, quien estaba casado con la hija de la luna.

Vieron los palacios abismales, construidos todos en oro puro. Palacios que contenían las armas mágicas de los Asura (quienes seguían siendo los enemigos de los dioses). Los dioses las habían guardado allí, y fue conquistando todos aquellos palacios de las profundidades como los dioses se habían adueñado también de su propia divinidad. En esas profundidades (que están en todas partes) fue creado el fuego. En ellas reposa el disco de Vishnu, rodeado de un fuego sin humo, y el arco Gandiva, que fue creado para la destrucción del mundo y tiene la potencia de cientos de alientos vitales. En la batalla este arco subyuga a todos los reyes que se hayan aliado con los espíritus crueles (Rakshasa). Desde esas regiones fluyen las aguas de todos los mundos, pero allí todo está sumido en la oscuridad absoluta y Matali no hubiera podido discernir nada en esas profundidades si Narada no se lo hubiera descrito.

Desde allí subieron a Patala, la ciudad situada bajo el mundo de los Naga, quienes son los seres serpentinos que influyen nuestros sueños y fantasías. Las ciudades de los Naga son frecuentadas por dioses y Asura. Es hacia allí donde los seres y sus recuerdos desaparecen cuando son lavados por las aguas del tiempo, que caen a Patala en medio de un ruido ensordecedor. Desde esas profundidades Airavata, el elefante que monta el rey de los dioses, absorbe las aguas que después expulsa con su trompa sobre las nubes, haciendo que lluevan todos los objetos de los sentidos sobre los mundos.

-Durante el día, algunos de los habitantes de Patala son atravesados por los rayos del sol y mueren – contaba Narada a Matali – pero reviven de noche, bendecidos por los rayos de la luna.

Pero a Matali no le convenció nada de lo que vio:

-No hay nada que me interese aquí. Vayamos a otro mundo.

Y entonces vieron Hiranyapura, la ciudad dorada. Una construcción que fue imaginada en la mente de Maya, el arquitecto de Asura, y construida por Vishvakarma, el arquitecto de los dioses (Deva). Allí vivían los titánicos Asura, veloces como el viento, en mansiones de oro y plata, lapis lazuli verde, coral rojo y blanco, así como diamantes, que brillaban como la tierra, las montañas y las rocas, y parecían estrellas. Es imposible describir las formas que allí pueden ver los visitantes; son enormes y poseen todas las cualidades. Las montañas parecen nubes, con ríos que las descienden en todas las direcciones, y los árboles se pueden mover allí a voluntad, así como dar el fruto que uno quiera.

Pero Matali dijo:

-No me interesa nada de un mundo que cause disgusto a los Deva. Vayamos a otro lugar.

Así llegaron al mundo de las aves míticas. Ellas son las que persiguen a los Naga. En ese mundo todos los habitantes aspiran a la buena fortuna y tienen muchísima fuerza. Son guerreros, y nunca alcanzan la frecuencia de la sabiduría, porque luchan contra los Naga, y los Naga son sus parientes.

-Y esta otra- contaba Narada a Matali, cuando pasaron al siguiente mundo -es la región de Surabhi, la madre de todas las vacas sagradas, quien fue creada en el Amrita, el elixir de la inmortalidad. La vaca sagrada siempre rebalsa de leche y es la fuente de todas las esencias en la tierra. Todos los sabios se alimentan de la espuma de su crema. Los terneros de la vaca sagrada sostienen las cuatro direcciones y los sabios saben que vivir aquí trae más felicidad que habitar el mundo de los Naga, los cielos o viajar en los palacios voladores de los dioses.

Y esta ciudad que vemos ahora, – dijo Narada -es la ciudad del placer (Bhogavati), y está gobernada por Vasuki, el rey de los Naga. Esta ciudad es tan bella como la capital de los dioses. Aquí descansa Sesha, la serpiente enjoyada que sostiene todos los mundos. Tiene mil cabezas, y lenguas llameantes.

Aquí residen todos los Naga, en su multitud de formas. Llevan tatuadas esvásticas, círculos y otros símbolos sagrados. Son miles y miles; algunos tienen cinco caras, y otros cien cabezas, o tres, o siete. Tienen colas fuertes y son grandes como montañas.  

Pero Matali ya hacía un rato que no prestaba atención a su guía. Seguía con la mirada a un Naga en particular:

-Ese que está allí es radiante y bello. ¿Qué gran linaje representa? ¿De qué serpientes desciende?  Tiene energía y fortaleza, además de juventud. Mi mente se deleita al verlo. Él sería un marido digno de mi hija.

-Oh Matali, él es Sumukha (agradable faz); desciende de Airavata, el elefante cósmico que cabalga el rey de los dioses.

Pero los Naga tenían malas noticias que para Matali. No es que la familia de Sumukha no quisiera casarlo con la hija de Matali, quien era ni más ni menos que el auriga de Indra, el mismo rey de los dioses, pero le informaron con tristeza que el padre de Sumukha había sido devorado recientemente por Garuda, el águila de fuego que persigue incansablemente a los Naga, y cuando se marchó, Garuda amenazó con volver en un mes para devorar también a Sumukha.

No hay nada que los Naga puedan hacer contra Garuda; su poder es mayor que el de todos ellos juntos.

Entonces Matali y Narada viajaron al mundo de Indra, y lo vieron sentado en su trono, que brilla con todos los colores. Junto a Indra se encontraba Vishnu, el omnipresente, y sus cuatro brazos se expandían hacia los confines del universo. 

Matali expuso el caso ante el rey de los dioses, y habló de lo importante que era para él que viviera Sumukha. Entonces Indra, el rey de los dioses, alargó la vida de Sumukha con permiso de Vishnu, quien es el gran misterio que permea todo lo que existe, lo que existió y lo pueda existir algún día.

Pero cuando Garuda supo de los hechos enfureció. Con sus alas bloqueó el paso del viento en los tres mundos y tronó:

– Yo no puedo vivir de otra cosa que de Nagas, y necesito alimentar a mi familia. No soy como tú, Indra, que hago lo que quiero. Recuerda que pude haber gobernado el universo pero renuncié a ese trono por lealtad a lo justo. Aunque seas el más fuerte entre los Deva, puedo llevarte en una sola de mis plumas. Piensa bien sobre mi poder, antes de contrariarme.

Pero entonces resonó la voz de Vishnu en el corazón de los presentes:

-Oh Garuda, te consideras muy poderoso, pero no deberías alabarte así en nuestra presencia. Incluso juntos, los tres mundos no son capaces de soportar mi cuerpo. Yo mismo me sostengo a mí mismo y te sostengo a ti también. Para que se establezca la verdad en tus palabras demuestra que puedes levantar el peso de uno de mis brazos.

Y dicho esto Vishnu dejó caer uno de sus cuatro brazos sobre Garuda sin ejercer presión, porque no quería quitarle la vida. pero aun así el águila de fuego quedó aplastado, perdiendo la consciencia.

Cuando volvió en sí Garuda dijo:

-Te pido perdón señor de los universos. Estando tan cerca de ti me ha consumido el fuego del poder y he pensado que podía hacerte frente. Te ruego me perdones y me liberes.

Entonces Vishnu levantó el brazo.

-De la misma manera -dijo el narrador de esta historia a Duryodana, el rey enfurecido:

 -Seguirás vivo en mientras no ataques en el campo de batalla a tus primos, a los que tanto odias. Quienes has elegido como enemigos son hijos de los dioses. Hijos del Dharma, el orden universal que decide quien vive y quien muere; del viento, que nada puede detener; de Indra, el rey de todos los dioses, y de los Ashvin, los dioses gemelos del ocaso y del atardecer. En añadido, están aliados con Krishna, quien es Vishnu mismo, nacido en la tierra. Él es dios, y ellos son sus rayos. No puedes ni mirarlos, ¿cómo vas a enfrentarlos en la batalla?

En este gran relato que es el Mahābhārata, se cuentan muchas historias. Y todas las historias confluyen hacia una única realidad que nos incumbe a todos. Pero esta realidad es tan misteriosa, tan elusiva, resbaladiza y agitada, que nos la tenemos que explicar una y otra vez, y de maneras distintas.

En la historia que cuenta el Mahābhārata se habla de Krishna, y se nos dice que Krishna es el misterio. Es Vishnu encarnado; lo que permea todo, lo que da permiso al rey de los dioses para alargar o recortar vidas; lo que sostiene todos los mundos: Pero en ningún momento se no se nos pide que nos creamos el cuento de manera ciega, o literal, sino que meditemos, más bien, en qué es lo que une al mundo, y cómo lo describiríamos.

Una historia es un reflejo de la vida. La vida parece una encrucijada donde se encuentran las historias que nos contamos, que hemos oído, que imaginamos, que desarrollamos, que descubrimos… Y en todo esto hay un misterio. En la vida, y en cada historia. Un misterio que vive en nuestra propia mirada; en la lectura que hacemos de la vida y de cada una de sus matices. El Mahābhārata llama a este misterio Krishna.

El fragmento compartido se encuentra en el capítulo del Mahabharata llamado Bhagavad Yana Parva.

Continuará…

Escuchar el Mahabharata

¿Cómo se escribe la escucha?
Intentar describir la escucha con palabras sería incongruente, porque un texto es un discurso y el discurso es precisamente lo opuesto a la escucha. Sin embargo me he propuesto esta vez intentar escribir la escucha. Me lo he propuesto porque la intención de este cuaderno de bitácora es ir documentando el estado en el que me encuentro dentro de este proyecto llamado Respirar el Mahabharata y siento que estas últimas semanas he comenzado a escuchar el Mahabharata.
Hasta ahora he cuestionado el texto, y estoy aprendiendo que cuando uno hace una pregunta tiene que tomarse el tiempo también para escuchar la respuesta. Ahora que se acerca la fecha del estreno de la representación de la narración del primer tomo del Mahabharata (el próximo 12 de Diciembre), he decidido releer una vez más las primeras 500-600 páginas de la obra pero de principio a fin como si fuera una novela. No tomo ninguna nota, no releo ningún capítulo, no investigo más, solo leo poco a poco y siento lo que me pasa sin juzgar ni analizar. Estoy escuchando el Mahabharata con una apertura que no había tenido hasta ahora. De hecho la manera en que leo los Purana (otros textos que complementan al Mahabharata) ha cambiado también. Ya no intento memorizar nada. Me doy cuenta de que los Purana ya repiten por sí mismos los puntos importantes, y de manera diferente cada vez. No me esfuerzo en memorizar las historias sino que las leo y observo cómo van transformando mi manera de pensar y de vivir mi día a día como si observara el cambio de las estaciones en el parque que tengo delante de casa.
¿Sería posible, me pregunto, compartir la experiencia que tengo cuando escucho el Mahabharata? Porque ninguna de estas historias que ya conozco me suenan igual, ahora que las leo con otra intención. ¿Pero cómo describir lo que veo ahora? Podría armar escritos sobre mis nuevas conclusiones, pero estos se volverían discursos simbólicos y esotéricos que probablemente tengan sentido solo para mí o en el mejor de los casos representarían un discurso más, compuesto con el Mahabharata como excusa. Pero lo que me interesa es describir el acto de escuchar un texto.
Lo primero que se me ocurre, para escribir sobre la escucha, es decir el Mahabharata más que parecerse a una novela tiene características de jeroglífico. Y esto es algo que yo tampoco comprendo del todo, pero me esfuerzo en describir aquí qué entiendo por un “texto jeroglífico” con la intención de ordenarme las ideas y de paso creo que me ayudará indirectamente a describir la experiencia de la escucha.
Cuando digo que el Mahabharata es un jeroglífico pienso en que no está compuesto de un argumento lineal sino de historias que comienzan y antes de terminar inician otra historia que contiene en su interior otra historia a su vez, u otra, u otra más, y todo mezclado con invocaciones, discursos éticos, consejos de decoro, reglas de rituales y diálogos filosóficos. Dependiendo del estado de ánimo que se tenga, se leen en el Mahabharata cosas diferentes; uno se fija en aquello hacia lo que está más receptivo cada vez. El Mahabharata tiene una cualidad más abierta que una novela, o una historia. No es una fábula, ni es meramente un mito.
Por poner un ejemplo, hace unos meses compartí una breve descripción de la historia de Garuda, el ave de fuego que robó el elixir de la inmortalidad a los dioses (Deva). Cuando compartí un esbozo de su historia tuve que resumir y omití la descripción de su nacimiento. Voy a compartir ahora una traducción del fragmento que describe el nacimiento de Garuda, añadiendo entre paréntesis y en cursiva comentarios y preguntas que me hago sobre este fragmento a medida que lo leo. Con esto quiero compartir cuánta curiosidad puede crear un texto tan corto y en principio tan críptico:
«Cuando llegó el momento Garuda, lleno de energía, quebró el huevo sin la ayuda de su madre y emergió. Parecía una masa de fuego en llamas y su apariencia infundía el terror. En el momento en que nació, el ave creció hasta alcanzar un tamaño gigantesco, elevándose hacia el cielo. Al verlo, todos los seres buscaron refugio en el más brillante entre los bienes; se postraron ante la forma universal de este dios, que estaba sentado en su lugar asignado, y se dirigieron a él de esta manera: «Oh Agni (fuego), no extiendas tu cuerpo. ¿Es que has decidido calcinarnos? Mira lo que está pasando, la enorme masa de llamas se está expandiendo». Y Agni les respondió: «¡Oh perseguidores de asuras! No es lo que pensáis. Es el poderoso Garuda, equivalente a mí en energía». Informados de esta manera, los dioses y todos los sabios se dirigieron a Garuda y desde la distancia le adoraron con estas palabras: «¡Oh señor de las aves! Eres un Rishi. Puedes obtener la mejor parte de la ceremonia. Eres un dios. Eres el supremo protector. Eres el océano de poder, eres pureza. Estás más allá de las cualidades y la oscuridad. Eres el dueño del furor (¿dueño del furor?). No puedes ser conquistado. Hemos oído que eres el hacedor de todas las grandes hazañas. Eres todo lo que no ha sido y todo lo que ha sido. Eres el conocimiento supremo (¿qué significa conocimiento supremo?). Sobrepasando los rayos del sol, produces todo lo que es permanente y todo lo que es transitorio (esto es porque el sol que vemos, esa bola de fuego que arde en el centro de nuestro sistema solar, no es el sol propiamente, sino un objeto creado por el arquitecto de los dioses que nos permite soportar el brillo del auténtico sol. El sol verdadero es la energía que enciende el sol que podemos ver). Oscureciendo el brillo del sol, eres el destructor de todo. Eres todo lo que muere y todo lo que no lo hace. ¡Oh Dios! Con un brillo equivalente al del fuego lo consumes todo, igual que el sol quema todos los seres en su furia. Eres como el fuego horrible que todo lo consume al final de una era, cuando todo se consume en el ciclo de la destrucción. ¡Oh rey de las aves! Acercándonos a ti buscamos tu protección. Te mueves por el cielo, tu energía no tiene restricción, eres poderoso como el fuego (todo el fuego, no solo las llamas visibles en una hoguera, también el calor que mueve todos los cuerpos). Eres la majestuosa ave Garuda, alcanzas las nubes. Nos hemos acercado a ti. Eres el que concede las ayudas e incomparable en tu fuerza.»
Una cosa que me gusta del Mahabharata es que no tiene ningún complejo para el uso del énfasis. No encuentro fácilmente textos tan entusiastas en la literatura moderna. Pero por otra parte, ¿por qué iba a ser menos entusiasta? Está hablando de Garuda, algo que se expande mucho más allá de nuestra comprensión. Sin embargo el siguiente párrafo del Mahabharata contrasta esta poderosa expresión de admiración con un detalle tierno. Dice que «entonces ese pájaro, capaz de viajar a cualquier lugar según su voluntad y capaz de reunir energía en el momento en que lo desee, fue a la casa de su mamá». Evito ahora posibles comentarios sobre el alto contenido simbólico de las líneas citadas para no caer en la parrafada esotérica que ya he conseguido evitar al principio de este escrito. Lo que voy a hacer, para abrir más el campo de visión, o la escucha, es relacionar este texto con una descripción que recojo del Devi Bhagavata Purana, una recopilación de historias sagradas en las que aparecen muchos de los elementos de los que habla el Mahabharata, pero desde el punto de vista de lo femenino. El Mahabharata dice que Garuda es energía, equivalente al fuego, y tiene una madre. En el Devi Bhagavata Purana encontramos un texto de veneración al principio femenino del universo, que el texto sánscrito denomina Shakti y traduzco aquí por Fuerza tomando el ejemplo Swami Vijnanananda. También traduzco al castellano términos sánscritos que habitualmente no se traducen para compartir una versión más cercana del texto:
«Algunas personas mencionan a Vishnu como el omnipresente, el que protege a todos los dioses porque es el mejor entre ellos. Según estas personas todo lo que contiene este universo, lo móvil y lo inmóvil, es creado por La llamada que reside en el corazón y despierta hombres y mujeres para que sigan su camino, se postran ante ella y la llaman Vishnu. Otros adoran a la vibración original que percute todas las acciones, la llaman Shiva, el que reside sentado en el centro del universo con su esposa dorada compartiendo la mitad de su cuerpo. Hay personas que conocen los textos sagrados y adoran cada día al sol, por la mañana, al mediodía y al atardecer. Otros, expertos en los textos, adoran los dioses, al fuego, al que rige los sentidos y al guardián de la justicia de cuerpo oscuro y mirada dorada. Los que son grandes pensadores declaran que la percepción, la inferencia y el testimonio verbal son los tres modos de probar la realidad. Otros pensadores añaden a estas tres maneras de comprender la realidad una cuarta: la comparación. Otros añaden una quinta: la deducción a partir de elementos conocidos, y las escrituras de la escuela filosófica llamada Vedanta declaran que la Causa Elemental del Universo no puede ser comprendida usando ninguna de estas técnicas. Los seguidores de esta escuela usan la razón para llegar a la comprensión de la existencia irrefutable del Ser. Una persona inteligente debería asumir aquello que se percibe como evidente y aquello que puede ser inferido por la observación y el análisis de la conducta adecuada. Las historias sagradas dicen que la Fuerza primordial está presente en Brahma como la fuerza creadora, en Hari como la fuerza que preserva, en Hara como la fuerza que destruye y en la tortuga Kurma y la serpiente de mil cabezas Ananta como la fuerza que guarda; en el fuego como fuerza que quema, en el aire como la fuerza que mueve y que la Fuerza está presente en todas partes en todas las manifestaciones.
En todo el universo todo lo que existe es incapaz de efectuar ninguna acción si es privado de su fuerza. La fuerza está presente en todas partes y en cada elemento del universo desde el supremo Brahma hasta la más pequeña brizna de hierba, en todo lo móvil y en lo inmóvil a la vez. Todo se vuelve inerte si es privado de su fuerza; la conquista de los enemigos, el moverse de un sitio a otro o comer, nada de esto es posible sin fuerza. Quienes son inteligentes deberían adorarla a Ella en todas sus formas y asumir su presencia en la realidad por todos los medios posibles. En Vishnu existe la fuerza benefactora, así puede preservar, sino sería bastante inútil. En Shiva hay fuerza oscura, así destruye, sin ella es bastante inútil. En Brahma hay fuerza activa, así puede crear, sin ella es bastante inútil. Todo el mundo debería acercarse al conocimiento de la Fuerza Original, su mera voluntad crea y preserva este universo y Ella es quién lo destruye cuando llega la hora. El fuego, los sentidos, y todos los dioses son capaces de hacer su trabajo usando esta Fuerza Original. Que ella sola está presente en cada causa, en cada efecto y en cada acción, puede ser observado sin dificultad. Los que están apegados a las sensaciones adoran las formas de La Fuerza y los menos apegados adoran su aspecto no manifiesto. Cuando se trata de la manera adecuada, La Fuerza concede todos los deseos. Aquellos que están seducidos por el juego de espejismos de este mundo La desconocen del todo; otras personas que La conocen solo un poco encantan a otros mientras algunos estudiosos aburridos, a causa de sus prisas y confusión, La usan para fundar sectas de heréticos para mantener lleno su estómago.
¿Si Brahma, Vishnu y Shiva son las divinidades supremas, porque estos tres dioses siguen meditando en lo que está más allá de la palabra, más allá de la mente? Ellos conocen al Ser Supremo, la eterna Fuerza, la eterna Devi Shakti».
Recuerdo una vez más que esta fuerza es la que da a Garuda la fuerza que tiene, y es su “madre”. Pero además quiero hacer hincapié en un último elemento que creo define un poco más la calidad “jeroglífica” de estos textos. Shakti, la Fuerza, es una diosa. Vishnu y Shiva, son dioses, el fuego es un dios, incluso el sol, y Garuda también es un dios, que asusta a todos los dioses. Ahora, la palabra sánscrita que usan estos textos es deva, o devi en femenino. Un deva es un dios, para entendernos. Si queremos traducir cualquier fragmento del Mahabharata podemos traducir la palabra deva por dios cada vez que aparezca porque sería una traducción correcta. ¿Pero qué matices nos abre cuestionar la etimología de la palabra sánscrita deva?
Recuerdo, antes de empezar, que esto no es un ejercicio filológico con el rigor necesario sino más bien jugar con el diccionario. Lo que estoy buscando no es demostrar una hipótesis sobre el significado de ninguno de estos textos sino describir la experiencia de la escucha. Entonces, volviendo a la palabra deva, según el diccionario sánscrito Monier Williams, y basándose este en la gramática sánscrita de Panini (Pāņini) recopilada en el cuarto siglo de la era común, la raíz de la palabra deva es div, que significa: lanzar, arrojar unos dados, apostar, jugar, bromear, expandir, aumentar, brillar, regocijarse, desear o ir.
En algunos textos he visto traducir el plural de deva como los brillantes, porque me parece lo menos confuso para la idea que tenemos de dioses. Pero deva es una explosión de mucho más. Deva, en femenino o masculino, suena a… bueno, todo lo dicho en el párrafo anterior, pero junto.
Entonces, cuando leo sobre la expansión de Garuda, y sumo a su expansión todos los sentidos de la raíz div, y sumo a esto que toda expansión de Garuda viene impulsada por la expansión de la fuerza que lo impulsa… algo pasa. Algo pasa en mi cuerpo, que me atraviesa. Imaginemos el dibujo de un pájaro en llamas, pongamos la imagen de una galaxia detrás, y la fotografía de una mujer embarazada, y un cartel que diga «todo esto te incumbe»… ¿me explico? – Hay que leer el Mahabharata.
Y si prefieres escuchar el Mahabharata narrado, te invito el próximo 12 de Diciembre a la sala de la tetería Mailuna, situada en la calle Valldonzella, número 48, en Barcelona, para escuchar la narración del primer tomo del Mahabharata. Llevo un año preparándola, y tendremos un acompañamiento musical de lujo, y juegos de mesa. Puedes escribir para reservar sitio, o recibir más información, a: respirarelmahabharata@gmail.com

Garuda y el elixir de la inmortalidad

Continuando la entrada anterior, esta vez quiero desarrollar un poco más el tema del linaje en los inicios del Mahābhārata.

El Mahābhārata, como ya escribí en otra entrada, consiste en la transcripción del relato que contó un conductor de carros (o bardo, depende de la versión) al rey Janamejaya, durante un sacrificio. Lo que el bardo le cuenta al rey es la historia de su linaje, el linaje del rey, iniciado por su antepasado, el monarca sagrado Bhārata. Pero la historia de este linaje comienza mucho antes del nacimiento de Bhārata; la historia comienza con el origen del tiempo, con la creación de la primera constelación, la osa mayor, que representa las siete mentes brillantes de las cuales emana el conocimiento universal (los saptarṣi). A continuación, la historia relata el primer encuentro de la luz con la oscuridad, cuando los dioses y los contra-dioses (devas y asuras) unieron fuerzas para batir juntos el océano infinito y extraer de él una gota de inmortalidad, una gota de infinito refinado si se quiere (amṛta). Los deva (dioses) se apoderaron del amṛta, del elixir de la inmortalidad, y gracias a él vencieron a los asura.

Los asura, derrotados en su plano, decidieron nacer en el plano material, entre las bestias salvajes y los humanos, para huir de los deva. Los deva los siguieron, encarnándose ellos también, entre sabios y monarcas, para defender el plano material de los excesos de los asura.

Durante este proceso de descenso, desde lo más sutil hasta lo más denso del plano material, uno de los primeros seres que nació en el mundo fue Garuḍa, un pájaro mágico que reunía en su persona el poder de todos los deva juntos; un águila capaz de tomar forma humana y cambiar el tamaño a voluntad. Cuando nació, salió del huevo como una llama que creció hasta alcanzar el cielo y todos los seres del universo temblaron y buscaron refugio en el dios del fuego.

Garuḍa, en su juventud, voló sobre toda la creación y decidió robar de los dioses el elixir de la inmortalidad.

Ahora tengo que interrumpir un momento la historia y disculparme de antemano por lo que va a continuar a partir de aquí. Es importante para mí recordar que los símbolos que despliega el Mahābhārata sobrepasan mi capacidad de comprensión y mi capacidad de asimilación. Lo que documento en este blog es mi relación con el texto, desde la espontaneidad, y lo que quiero decir con esto es que estoy documentando mi relación con el texto desde el error también, porque solo equivocándome aprenderé y me parece que documentar mis errores es un acto de sinceridad que favorece la unión con el texto. Recuerdo además que C.G. Jung decía que para la mentalidad occidental abrirse a lo ridículo permite acceder a lo sagrado. Es por esta razón que me permito abrirme a lo ridículo, asumiendo el peligro de equivocarme, con el objetivo de llegar a lo sagrado. Y lo que puede sonar ridículo a continuación, es mi interpretación del texto, y asumo el riesgo, pero quiero dejar claro que no dejo de ser consciente de que esta es una interpretación, no la verdad, y que si entro en lo ridículo es para llegar a lo sagrado.

Volviendo a Garuḍa, buscando el amṛta alcanzó el palacio de Indra, el monarca de los deva, y luchó solo contra todos los dioses, en su propio terreno. Con sus enormes alas levantó ventiscas que acabaron desperdigando a los dioses en todas las direcciones del universo. Los devas quedaron heridos y alejados del palacio en el que guardaban el amṛta.

Garuḍa se acercó al recipiente del elixir y lo encontró guardado dentro de una columna de fuego. Garuḍa creció y amplió su pico noventa veces noventa, para llenarlo de agua de los ríos, que vertió sobre el fuego. Tras bajar la intensidad de las llamas, Garuḍa tomó la forma de un muchacho dorado, y penetró el calor como un río entrando en el océano. Se encontró dentro del fuego un mecanismo de ruedas dentadas y cuchillas giratorias, virando alrededor del amṛta; una maquinaria sofisticada inventada por los deva para proteger a la inmortalidad. Garuḍa hizo su cuerpo extremadamente pequeño, y atravesó los radios de las ruedas cuando vio la apertura adecuada.

Tras  las ruedas, Garuḍa se encontró dos serpientes gigantes con una mirada fiera. Quien se interpusiera ante aquellos ojos brillantes ardería en las llamas de su veneno. Pero Garuḍa cegó a las serpientes lanzándoles arena con las alas y las atacó con el pico y las garras, descuartizándolas. A continuación, sin perder tiempo, recogió el amṛta con el pico y levantó el vuelo.

Para mí es muy sugerente que otro de los nombres de amṛta sea soma, que significa también luna, y si me quedo en el plano asociativo, esta descripción de Garuḍa alcanzando el amṛta me sugiere connotaciones sexuales también. Sexual, en el sentido profundo de la idea. Sexual en el sentido de la unión de las almas, a partir del cuerpo, a través del miedo y del campo de las fantasías y los sueños, hasta la luna y más allá. Soy consciente de que estoy entrando en aguas profundas compartiendo esta interpretación tan personal, pero confío en que pueda explicarme mejor en los párrafos que siguen.

Un par de capítulos más adelante, en el Mahābhārata, se narra como el descenso del linaje celestial a la tierra, que comenzó con el batir del océano universal, se comienza a concretar y se materializa en un primer rey humano: Dushyanta. Aparece el primer emperador del universo; el rey sagrado.

En las puertas de su vejez, Dushyanta persiguió durante una cacería a un ciervo y tras él acabó llegando a un bosque. El rey ordenó al séquito que lo seguía detenerse, y decidió adentrarse solo en la vegetación.

Se encontró en un bosque rico en cacería y todo tipo de árboles; el paisaje combinaba valles y montañas decoradas con rocas gigantes y peladas que sobresalían entre la vegetación tupida. No había señal de construcción humana.

Continuando su camino, el rey Dushyanta accedió a una apertura muy extensa en la vegetación, un espacio amplio como un campo abierto, pero rodeado de árboles. Tardó mucho en atravesarlo y al otro lado del espacio abierto entró en otro bosque en el que abundaban construcciones de ermitas sagradas, muy agradables a la vista. Continuó caminando por caminos en los que soplaba una corriente de aire fresca. Todo estaba en flor y cantaban los pájaros entre las ramas. Cuando la brisa soplaba más fuerte, levantaba de pétalos de flores en el aire y las abejas revoloteaban alrededor de las enredaderas.

Adentrándose más, el rey vio que el bosque estaba poblado por valakhilyas, seres sagrados diminutos y resplandecientes como el polvo anaranjado que flota en el aire cuando se sopla sobre unas brasas. El lugar estaba poblado de fuegos sacrificiales que se reflejaban en las lagunas transparentes que se iba encontrando entre las raíces de los árboles.

Dushyanta, el rey que nadie podía parar, llegó a una ermita grande, abrazada por las aguas de un río que parecía la madre de todos los seres. A medida que se acercaba a ella, se olvidó de todo cansancio y hambre. Empezó a escuchar los sonidos harmónicos de la recitación de los Vedas, los cantos de la sabiduría eterna, empezó a ver grupos de ascetas reunidos tranquilamente en diferentes rincones, cada grupo recitaba un canto diferente y todas las sílabas se armonizaban entre sí como la construcción de un gran edificio sonoro que ascendía hacia el cielo como si fuera el mismo palacio de Brahmā, el poeta de la creación.

Dushyanta entró a la ermita, buscando al sacerdote que estaba a cargo de ella, pero a la única persona a quién encontró es a Śakuntalā, sonriendo. Śakuntalā es hija de la unión de Viśvāmitra, uno de los sabios más célebres de la tierra, con  Menaka, una ninfa celestial dotada de una forma humana y la fluidez del agua. La sonrisa de Śakuntalā, mezcla de lo más elevado de la espiritualidad humana con la intensidad de las tormentas de verano, robó el corazón de Dushyanta.

Escribo esta historia con el relato de Garuḍa en mente todavía. Dushyanta, el primer rey que recuerda la humanidad, atraviesa el bosque del deseo carnal, de la cacería, para entrar en un espacio un poco más refinado de placeres, los placeres de la vista y el olfato, continuando hacia un palacio un poco más refinado, el del sonido, en el centro del cual se encuentra, más allá de Brahmā y de la creación, a la esencia del deseo: al amor. ¿Si el amṛta es la esencia del universo, o de la vida, el amor sería la esencia del deseo?

Pero Dushyanta vuelve a sus tierras, a la sociedad, a sus obligaciones de monarca, y deja en el bosque a Śakuntalā, quien ha quedado embarazada del iniciador de la dinastía cuya historia relata el Mahābhārata. Bhārata, el hijo de esta unión sensual, crece sano y tan fuerte que es capaz, en su todavía tierna infancia, de atar leones y tigres con cuerdas para jugar con ellos.

Y Śakuntalā ve que los años pasan pero Dushyanta no vuelve, así que decide tomar la iniciativa y salir del bosque para visitar al padre de su hijo.

Sorprendentemente, cuando se presentan ante él, Dushyanta reniega de ambos. Declara ante la corte no haber visto en su vida a Śakuntalā. Ante esto, ella contiene su ira y antes de maldecir a su antiguo amante, expresa un precioso discurso sobre la sinceridad y la lealtad. La sinceridad y la lealtad en general y en particular de un hombre hacia la mujer que ama. El que piensa una cosa en el corazón, dice Śakuntalā, pero expresa otra por los labios, es un ladrón que se está robando a sí mismo. (…) Cuando peca, un hombre se dice que está solo, pero es visto por todos los dioses y por todos los corazones;  la luna, el sol, el fuego, el viento, el cielo, la tierra, su corazón, la muerte, el amanecer y el ocaso conocen todas las acciones del hombre. Śakuntalā sigue hablando, y su discurso empieza a tratar sobre la muerte y la inmortalidad:  Si el dios que está en su corazón, dice Śakuntalā, quién es testigo de todos los actos, está contento, la muerte no molesta al humano, pero el que degrada su propio ser con la falsedad no encuentra refugio entre los dioses. Y en cuanto al hijo de los dos, Śakuntalā dice que los sabios ancianos sabían que cuando un marido entraba en la vientre de su esposa reemergía como un hijo. Es por esta razón que a la esposa se la conoce como jāyā (jāyā con A larga, significando “creación” o “nacimiento”, no confundir con jaya con A corta, que significa victoria en sánscrito).

Shakuntala continúa:

Mirando la cara del hijo nacido de su esposa, un hombre se ve como en un espejo y siente el placer de un hombre virtuoso alcanzando el cielo. (…) Incluso en el enfado, un hombre nunca debería expresar palabras desagradables hacia su esposa, (…) la esposa es el espacio sagrado en el que el marido renace. (…) Aunque seas uno, has sido dividido en dos, oh rey.

Me parece escuchar un eco, aquí también, de las enseñanzas que Kṛṣṇa le ofrecerá a Arjuna, mucho más adelante, en el centro del Mahābhārata, justo antes de comenzar la batalla final, recogidas en la famosa Bhagavad Gitā. Me parece reconocer un eco del discurso de Kŗșna sobre el alma inmortal, que se mueve de un cuerpo a otro a través de las muertes y los renacimientos continuos. Es en este sentido que veo en el relato de Garuḍa robando el amṛta algo sexual, como si la aventura del águila representara una mirada diferente al mismo evento enigmático que representa el encuentro de Dushyanta y Śakuntalā; otra expresión sincera del sentido profundo de la inmortalidad.

Tras el discurso de Śakuntalā, tengo que mencionarlo, Dushyanta se arrepiente y acoge a su hijo en brazos, es por eso que el niño poderoso pasa a llamarse Bhārata, el acogido. Y así comienza la gran saga del Mahābhārata.

Espero haber dejado un poco más claro a lo que me refiero con sexualidad, y la relación de la sexualidad con la inmortalidad. De todas maneras repito que no pretendo exponer mi interpretación como la lectura correcta de estos símbolos. Pero tampoco creo que sea errónea. El Mahābhārata, además de una narración es un tejido, o un código si se quiere, que combina diferentes velocidades de lectura: se puede entender desde una visión aérea, observando las grandes líneas argumentales que se cruzan en la historia, y con una mirada microscópica, recogiendo lentamente las perlas filosóficas que se esconden en cada frase. Además, el Mahābhārata se entiende con el subconsciente, con la intuición. Después, cuando uno quiere explicar el viaje que ha vivido tiene que volver al lenguaje, que es dual por naturaleza y de la dualidad nace la división. Lo que yo pueda llamar sexualidad en este comentario hoy, podría interpretarlo otro día de otra manera muy diferente, pero ambas interpretaciones no se contradicen, sino que se complementan. Lo que queda, es el vuelo de Garuḍa y la gota de amṛta que protegen los deva.

También es relevante mencionar que cuando Bhārata nace su madre Śakuntalā lo bendice con una bendición que parece tener una ironía amarga: Śakuntalā le promete que ninguna otra dinastía podrá desplazar a su linaje del poder, pero lo que acabará desgarrando a la descendencia de su hijo será precisamente una guerra civil en la que su prole se destruirá entre sí. Parece que hay una relación también, entre el batir original del océano universal, la lucha consecuente por el elixir de la inmortalidad, entre devas y asuras, y el descenso de esta lucha al plano material, que se refleja en la guerra civil que relata el Mahābhārata. Pero esto es para otro día…

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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