Los pequeños relatos del Mahābhārata se entrelazan para ir tejiendo lentamente el gran tapiz que es el argumento general de la obra. Igual que en las historias con las que compongo el relato de mi vida, se me hace muy difícil señalar comienzos o finales a cada encuentro y cada separación, que puede convertirse a su vez en un re-encuentro, así también en las diferentes líneas argumentales del Mahābhārata. ¿Podría contar la historia de mi vida sin mencionar la de mis padres, o mi hermana, o mis amigos, o la de los líderes políticos más influyentes del siglo, o la de algunos de los artistas pop más conocidos, o la de los sabios que nos han transmitido el Mahābhārata?

En el Mahābhārata está la historia de un gran practicante espiritual llamado Upamanyu, que por razones que ahora son largas de explicar, comió las hojas de un árbol venenoso y se quedó ciego. Solo en el bosque y privado del sentido de la vista, Upamanyu cayó a un pozo y cuando lo encontró su maestro, ciego y atrapado en el fondo del hoyo, le recomendó alabar a los Ashvins, los dioses gemelos, los médicos divinos, para que le devolvieran la vista.

Aquí paro para presentar cortamente a los Ashvins, dos dioses gemelos que se invocan siempre juntos, hasta donde yo sé, y me tienen fascinado desde hace años. Primero, porque se dice de ellos que son los médicos divinos. Y yo me pregunto, ¿desde cuándo se ponen enfermos los dioses? Me da la sensación de que aquí se está diciendo algo entre líneas que se me escapa. De hecho, el mutismo de los Ashvins es uno de los elementos que los hace más misteriosos. Lo Pandava, los cinco hermanos protagonistas del Mahābhārata, son hijos de cinco dioses: Yudișțhira, hijo de Dharma el orden universal. Bhīma, hijo de Vāyu el dios del viento- la fuerza imparable de los elementos y Arjuna, hijo de Indra- el rey de los dioses. Estos tres hermanos son los que mueven la acción del Mahābhārata y sus palabras son las que llenan los diálogos allí donde aparecen los Pandava en la historia. Ahora bien, Yudișțhira, Arjuna y Bhīma tienen dos hermanos menores: Nakula y Sahadeva, que son hijos de los gemelos divinos, los Ashvins. Nakula y Sahadeva acompañan a sus hermanos en todas las historias, pero no tienen texto, y si las cualidades de sus hermanos mayores se describen con detalles y pormenores, de Nakula y Sahadeva se dice que son extremadamente bellos, y punto. Esta presencia silente de los dos hermanos mayores fue lo que me llamó primero la atención sobre los Ashvins. He intentado recoger información sobre esta deidad doble pero esta información también es muy escueta y se hace escurridiza. Una palabra aquí, media frase allí y así los Ashvins, como Nakula y Sahadeva, siempre están pero de fondo, como si fueran sombras que guardan los relatos itihasa.

Volviendo a Upamanyu, su loa a los Ashvins, desde el pozo de la ceguera, en el capítulo llamado Poushya Parva, recién en los meros inicios del gran Mahābhārata, dice así:

Oh fieros seres primogénitos, nacidos antes que la creación, os alabo a los dos, infinitos y radiantes. Sois pájaros de plumas preciosas, más allá de la medida, pero penetráis en el mundo y el universo; estáis en todos los seres. Sois águilas dorados en los que todo desaparece. Estáis libres de falsedad y deterioro. Siempre triunfáis. Habiendo creado el sol, tejéis noche y día con hilos negros y blancos. En favor de la buena fortuna, habéis liberado el pájaro de la vida que estaba atrapado por el tiempo. Los que sufren el engaño de los sentidos piensan que vosotros, que transcendéis la materia, y tenéis forma. Trescientas sesenta vacas que dan leche dieron luz a un solo ternero, el creador y destructor del tiempo. Los terneros están en casetas diferentes pero maman la misma verdad. Los Ashvins ordeñan de ellos el auténtico conocimiento. Hay 720 radios en el timón; al borde de la rueda hay clavados 20 más. Sin borde, esta rueda gira, sin deterioro y con delirio. ¡Oh Ashvins! Poned esta rueda en movimiento, una rueda del tiempo gira con doce bordes. Seis radios y un eje sustentan el néctar inmortal al que los dioses del universo son adictos. Ashvins, liberadme de esta rueda del tiempo. Tras matar a Vŗtra, Indra recuperó en su día el néctar, de esta manera los Ashvins lo recobraron. Los Ashvins partieron los montes en todas sus formas y liberaron los placeres obtenidos por los sentidos. Al principio de la creación, creasteis las diez direcciones del universo. Colocasteis el sol y la luna en lo alto; los rishi hacen sacrificios en relación a sus movimientos y así lo hacen también los dioses y los habitantes de la tierra. Mezclando muchos colores, habéis creado objetos para la vista y el mundo y el universo están creados de estos. Los dioses y los humanos siguen a estos objetos. ¡Oh Ashvins! Os adoro y adoro el cielo que habéis creado. Estáis libres y no conocéis el deterioro, y creáis un orden que ni los dioses pueden evitar. Sois la semilla de todo. Como macho y hembra, tragáis comida que se convierte en fluido vital y sangre. El bebé recién nacido mama del pecho de la madre y vosotros sois el bebé. ¡Oh Ashvins! Devolvedme la vista y otorgadme la vida.

Algunas partes de esta invocación pueden ser simbólicas, pero suficientemente sugerentes como para que la intuición de uno pueda abrirse hacia ellas; otras son demasiado crípticas. Por suerte, más adelante, otro personaje del Mahābhārata relacionado con Upamanyu recibe una explicación: Los hilos negros y blancos son la noche y el día, la rueda de 720 radios son la suma de las 360 noches y 360 días del año. 360 vacas son 360 días y el ternero que mama de ellas es el año; la rueda tiene 12 bordes como los 12 meses y 6 ejes como las 6 estaciones del año indio (a las 4 estaciones se le suman la estación del monzón y una estación de paso entre el otoño y el invierno)

Los Ashvins están en todas las formas del universo, lo que percibimos lo percibimos gracias a ellos; tal vez por eso tienen la capacidad de salvar a Upamanyu del pozo y de la ceguera. Me pregunto si mi amor a la literatura y el arte en general es lo que me atrae tanto a la figura de los Ashvins. Lo que está claro, es que estas invocaciones y las historias de los dioses que se describen en el Mahābhārata y los llamados puranas (en breve una corta explicación de lo que es un Purāņa) no deben leerse literalmente. De la misma manera en que 360 vacas son 360 días del año, cuando hablamos de gemelos divinos estamos hablando otra cosa también. Probablemente de cosas que a fin de cuentas no pueden contarse con otro lenguaje que no sea el simbólico.

Continuando con el lenguaje simbólico, se dice que los Ashvins están emparentados con el artesano de los dioses. Esto se describe con más detalle en el Vāyu Purāņa, el Purāņa del dios del viento. Los puranas son recopilaciones de relatos, cosmogonías que relatan el inicio del universo y las dinastías de los dioses. Son relatos que fueron transmitidos a los humanos por los mismos seres divinos. Cuando hablamos del Vāyu Purāņa, el Purāņa del dios del viento, no estamos hablando de historias sobre el dios del viento sino más bien lo contrario: historias sobre el universo transmitidas por el dios del viento, por Vāyu mismo, a Vedavyāsa primero, quién recopiló los vedas, el Mahābhārata y los Purāņa principales, y se los enseñó a su discípulo Lomaharshana, quién se los cuenta a los presentes en el sacrificio que organiza el rey Janamejaya. Para entendernos, tanto el Vāyu Purana como el Mahābhārata son contados por la misma persona en el mismo lugar y tiempo. Volviendo a lo simbólico, poco a poco parece ser que este famoso sacrificio que organizó el rey Janamejaya tiene una transcendencia mucho mayor de lo que parece; parece como el punto de contacto entre el cielo y la tierra, cuando el discípulo de Vedavyāsa transmitió a la humanidad las historias que su maestro recibió de los dioses. Cabe preguntarse de qué hablan realmente estas historias.

Según el Mahābhārata, después de escuchar el relato de la extracción del amṛta, el rey Janamejaya pide oír la historia del nacimiento de los dioses. De la expansión de la mente de Brahmā, dice Lomaharshana, nacen los Saptarṣi, los siete sabios videntes que corresponden a las siete estrellas de la Osa Mayor. De los Saptarṣi nacen más Rishis y algunos dioses menores (por ejemplo kala, el regulador del tiempo, nace del Rishi llamado Dhruva). Otros dioses nacen en paralelo a los Rishi. La hija de Brihaspati, el maestro de los dioses, la primera mujer de la creación, caminaba por el mundo absorta en sus poderes yóguicos hasta que se casó con el octavo vasu, Prabhasa. Los vasus son los ayudantes de Indra, el dios del cielo, pero a su vez Indra posee el rayo como arma y cada uno de los vasus corresponde a un elemento –tierra, llamas, viento, espacio, eternidad, cielo, luna y estrellas. Prabhasa es el cielo y de su unión con la primera mujer, la hija de Brihaspati, nace Vishvakarma, el arquitecto y constructor de los dioses – fundador de todas las artes y técnicas. Gracias a él los humanos se ganan la vida siguiendo las formas de esta alma noble.

Insisto en las correspondencias de cada personaje divino con un elemento natural para recordar una vez más el carácter alegórico y simbólico de estas transmisiones.

El arquitecto original, Vishvakarma, tomó la forma de una yegua y se emparejó con Savita, hija del sol, de ellos nacieron los Ashvins en el cielo (Según el Mahābhārata: Sambhava Parva 60).

Ahora, si comparamos esta versión con la del Purāņa de Vāyu (capitulo 22), vemos ligeras variaciones: Allí se dice que fue la hija de Vishvakarma, de nombre Samjña, quien tomando la forma de una yegua se emparejó con el sol y parió los dos Ashvins por las fosas nasales.

En este punto los sabios que escuchan a Lomaharshana le preguntan: ¿Por qué se llama el sol también Mārtaņḍa y por qué Samjña, en forma de yegua, parió los Ashvins por las fosas nasales?

Lomaharshana responde que cuando el sol estaba en su huevo, pasó mucho tiempo y este no se abría. Su padre pensó que el feto podía haber muerto y rompió el huevo, cuando miró dentro dijo “este hijo no ha muerto” de allí el nombre Mārtaņḍa: huevo muerto.

Samjña, la hija de Vishvakrma, tuvo tres hijos con el sol, pero con el tiempo el contacto abrasador del sol en el cuerpo se le hizo a Samjña menos y menos agradable. Cansada, Samjña creó una sombra de ella misma. Una mujer con forma física material nació de la sombra creada y se presentó ante la Samjña original y le preguntó: ¿qué debo hacer? Samjña le dijo que ella volvería a la casa de su padre, el artesano divino, y en cambio la sombra se quedaría a vivir con el sol. Samjña también le pidió a su doble que no le dijera nada al sol. Samjña le dijo a Samjña: Noble mujer, mientras el pelo pueda ser aferrado con los dedos no delataré tu secreto.

La Samjña luminosa volvió a casa de su padre y vivió con él mil años, durante los cuales él no dejó de pedirle que volviera con su marido. Al final ella tomó coraje para abandonar la casa paterna pero no se presentó ante el sol sino que tomó la forma de una yegua y se quedó pastando hierba en el “reino superior” (Uttarakuru), una especie de paraíso para guerreros bañado por el sol.

Samjña sombra tuvo dos hijos con el sol, y el cariño que le tenía a ellos no era igual al que le tenía a los hijos anteriores, aquellos que había tenido con el sol la Samjña original. Después de algunos altercados el sol se dio cuenta de lo que había ocurrido y se presentó furioso en el planeta del artesano divino.

Vishvakarma, confrontado, tuvo que explicarle al sol que su forma ardiente no era placentera y que por eso su esposa real se encontraba pastando sola los campos. Para que pudiera ver a su esposa, Vishvakarma le construyó al sol un disco que regula su luz y así el brillo del sol se convirtió en algo precioso de observar. Con esta nueva forma se presentó el sol ante la Samjña original y la sedujo sin que ella reconociera en la nueva imagen del sol la vieja forma terrible del astro. Los dos hicieron el amor, pero durante el acto ella se dio cuenta de que se estaba acostando con su marido y por tanto había sido engañada, de manera que expulsó su semen por las fosas nasales, de este semen nacieron los médicos divinos, Nāsatya (amigable) y Dasra (beneficioso), llamados también Ashvins, los dioses gemelos.

A mí a estas alturas la historia me produce cierto vértigo intelectual. Lo único que está claro es que todo tiene una alta carga simbólica. Se conectan los hilos blancos y negros con los que los Ashvins tejen el universo y Samjña y su sombra, el papel del artesano del universo en el linaje de los gemelos que cuidan las formas de la realidad, el título de médicos de los dioses, etc.

Siento que la descripción de mi interpretación de estas historias se convertiría en un texto demasiado engorroso, e innecesario, y siento también que si se escribe poco sobre los Ashvins y a su vez lo poco que se escribe se escribe de manera tan misteriosa, es por una buena razón. Es aquí donde se hace audible el silencio de Nakula y Sahadeva, los hijos de los Ashvins. Tal vez no necesitan decir tanto porque es su mirada muda la que cuida de sus hermanos mayores. Es en este silencio que me parece escuchar la presencia enigmática de estos gemelos divinos, velando por las formas del universo desde antes de que este fuera creado.