Entre la locura y la inmortalidad

Por muy viejos, experimentados o leídos que seamos seguimos viendo el mundo con una mirada infantil. Por ejemplo, sabemos que el cielo no existe, que lo que de día nos rodea es la luz dispersa el sol, difuminada sobre la aureola de gases que cubren nuestro planeta y, sin embargo, cuando levantamos la mirada lo que vemos es un bello “cielo azul”. Un cielo azul, estirado sobre la línea de un horizonte que, sabemos también, no es plano como lo vemos.
Hablamos también de la “enamoradora” luz de la luna, que no es más que una roca que refleja el sol. Por muchas herramientas que tengamos para analizar el entorno de manera objetiva, nuestra mirada sigue siendo subjetiva. Lo subjetivo -como sentir que soy el protagonista de mi vida-y lo objetivo -como pensar que probablemente todos se sientan tan protagonistas como yo- caminan sincrónicamente uno al lado del otro, a pasos acompasados, como los luminosos gemelos divinos, que algunos llaman Ashvin, que cambian simultáneamente por la tierra y el cielo, así como se corresponden la luz y el poder o el brillo y sus reflejos.
Los Ashvin son gemelos, como el crepúsculo y el amanecer. Son gemelos como la semilla y la flor.
¿Y qué buscan los Ashvin? Pues lo mismo que todos, el elixir de la inmortalidad; Soma, el que fue bien prensado para poder ser degustado por la consciencia que une el exterior con el interior.
En toda ceremonia, en toda acción ritual que una la energía vital con la mente y los sentidos, o el control con la inspiración, emana el elixir de la vida, el dulce soma; y los Ashvin acuden a beber su fluir abundante.
¿Y quién invitó a los Ashvin a ese festín? El sabio Chyavana.
La consciencia de Chyavana es el universo entero. Su dicha son las galaxias así como sus alegrías las estrellas y su cuerpo llegó a quedarse seco y esquelético, viejo como la historia de la tierra, y estuvo cubierto de un hormiguero, porque permaneció décadas meditando en la misma postura.
Cuando el rey Sharyati vino a divertirse junto al lago donde meditaba Chyavana cubierto por un hormiguero, con una corte de cuatro mil esposas que lo acompañaban, iba con él también su hija Sukanya, la de las preciosas cejas.
La joven era tan bella, que cuando comenzó a deambular por el lugar vestida por una sola tela y joyería preciosas, se encendieron dos puntos rojos en el alto y extraño hormiguero que se erguía junto al lago cubierto de enredaderas; eran los ojos de Chyavana.
-¡Qué fenómeno tan curioso!- se dijo Sukanya, y levantó una caña seca del suelo con la cual pinchó uno de los puntos incandescentes.
El dolor enfureció a Chyavan, quien posee los poderes propios de un místico de su talla, y Chyavana reaccionó bloqueando en el mismo instante los canales de evacuación de todos los soldados que acompañaban al rey.
El rey, asustado y preocupado por la salud de sus soldados, miró alrededor del lago con atención y se dio cuenta de que había alguien meditando dentro del hormiguero silencioso.
-¡¿Quién ha molestado a este asceta!?
-Yo no sabía si lo que veía eran dos luciérnagas y las he querido hacer volar- contesta Sukanya, de manera que el rey se dispone a disculparse de rodillas ante Chyavana.
-Tu hija es bella y generosa, pero se ha dejado llevar por la confusión de sus sentidos. Entrégame su mano.
Sin dudar, el rey casa a Sukanya con el rishi (asceta) para salvar la vida de sus soldados, que seguían sin poder evacuar.
Así es como la bella Sukanya pasó a vivir con el anciano y poderoso mago ermitaño que era Chyavana.
Los Ashvin, los gemelos protagonistas de esta historia, la vieron bañarse desnuda en el lago, cada uno desde su ángulo correspondiente, y se presentaron juntos a rendir tributo a la belleza de Sukanya:
-Oh portadora de unos muslos precisos, ¿a qué linaje perteneces?¿Qué estás haciendo en el bosque? Queremos saber sobre ti.
A esto Sukanya se tapó asustada.
-Soy hija del rey Shatyati, esposa y propiedad de Chyavana.
-Bella afortunada, ¿por qué te ha entregado tu padre a alguien que ya ha terminado sus viajes? Brillas en este bosque como el destello del relámpago, no hemos visto a nadie como tú ni entre los dioses. Adornada con atuendos y joyas preciosas relucirías mucho más la perfección de tus formas que así como estás, cubierta de tierra. Este hombre no está capacitado para proteger y mantenerte. Abandona a Chyavana y acepta a uno de nosotros como marido. Pareces de nacimiento divino, no desperdicies tu juventud.
-Soy devota de mi esposo Chyavana, no tengo ninguna duda de esto.
-Somos quienes curan a los dioses, podemos volver a tu marido joven y bello, después elige un marido entre los tres.
Chyavana, convocado, entró a petición de los Ashvin en el lago, con lentitud. Después lo siguió el brillo de los gemelos divinos. Las aguas se quedaron silenciosas. El viento fresco acarició los juncos, y a los pocos instantes amanecieron del lago tres jóvenes apuestos con pendientes brillantes; los tres idénticos en belleza, y traían todo tipo de pensamientos agradables a la mente.
-Elige al que te parezca mejor como marido- dijo uno de los jóvenes, y Sukanya eligió con su propia inteligencia a quien ya era su marido.
Agradecido a los Ashvin por haberle otorgado belleza y juventud el poderoso Chyavana les garantiza el derecho a beber Soma, incluso en presencia del rey de los dioses.
Chyavana y Sukanya pasaron a disfrutar de su amor como si fueran dioses en el paraíso y cuando en añadido, el rey Sharyati fue informado de que su hija y Chyavana eran ambos apuestos y jóvenes ahora, “como hijos de los seres celestiales”, se alegró como si hubiera conquistado la tierra. El rey construyó un gran espacio ceremonial e invitó al sabio Chyavana a oficiar un sacrificio junto a Sukanya, para el cual se preparó Soma, la bebida de la inmortalidad, y se ofreció una parte del precioso jugo a los Ashvin.
Con el Soma, sin embargo, apareció también Indra, rey de los dioses.
-Estos son meros médicos de las divinidades y viven entre las plantas del plano terrenal, son indignos de ser adorados y mucho menos de beber soma.
-Son enormes en su alma,- contestó Chyavana -a sus pasos se desborda la miel, se escurre y gotea desde las alas de los cisnes que levantan sus carros con el amanecer. Los Ashvin curan las plantas de la tierra y nos enseñan a seguir nuestros sueños.
-No son más que sirvientes. Pueden adoptar la forma que desean. Merodean por el mundo de los mortales, ¿cómo pueden merecer el soma?
Pero el rishi no hacía caso a Indra y seguía vertiendo Soma en la copa de los Ashvin.
-Si les ofreces este Soma os golpearé con el rayo.
Y en este momento Chyavana paralizó el brazo de Indra, y con sus poderes creó al demonio de la locura (Mada).
Enorme en su valor e inmenso en su forma. Su cuerpo no podía ser mesurado ni por los mismos dioses y tampoco por los demonios. Su boca era terrible; era gigante y con dientes afilados; la parte inferior de la mandíbula descansaba sobre la tierra y la superior cubría los cielos. Tenía cuatro colmillos que se alargaban kilómetros. El resto de sus dientes tenían también miles de kilómetros de altura, tenían forma de muros y parecían puntas de lanza. Sus brazos eran como montañas, sus ojos como el sol y la luna. Su boca parecía la muerte. Se lamía la boca con su rápida lengua, que se movía brusca como el relámpago.
Tenía la boca abierta y una apariencia aterradora, como si fuera a engullir la tierra a la fuerza. Se dirigía con furia hacia el paralizado rey de los dioses, como para devorarlo. El mundo retumbaba con el sonido de su poderoso y horrendo rugido.
-¡Oh Chayavana, desde hoy los Ashvin serán merecedores del Soma!
Solo entonces, Chyavana liberó a Indra de su conjuro y con sus poderes dividió a Mada y lo repartió entre las bebidas alcohólicas, la lujuria, las apuestas y la cacería, en los cuales renace una y otra vez.
Desde entonces Indra, Vāyu y Dharma beben soma junto a los Ashvin, por esta razón vemos a los gemelos cabalgar en el umbral de cada uno de los velos oscuros que cubren los laterales de nuestra visión. Los Ashvin extienden estos mundos inferiores hacia el cielo para iluminarlos como el océano estrellado.

Fuentes:
Mahabharata, Tirtha Yatra Parva 42-46
Rig Veda, IV.45
Un sueño

Pintura de J. Swaminathan

El propósito de este blog es documentar el tránsito por el voto de estudiar y narrar durante 12 años el Mahabharata. La parte más importante de este proyecto es su dimensión oral. En este momento me encuentro preparando con esmero el estreno del tercer espectáculo basado en el Mahabharata, que se estrenará el próximo 12 de Diciembre. Este curso voy a participar en varias formaciones de yoga y cosmogonía tradicional de la India, puedes ver información sobre los posibles encuentros de narración o formación que propongo en el apartado “próximas fechas” en la parte superior de la página. Algunas propuestas ya aparecen en él y otras serán añadidas próximamente.

Ashvins, otra vez

Los Ashvins son dioses gemelos, que siempre van juntos, siempre se invocan ante el fuego, pero no viven con los dioses luminosos sino entre el cielo y la tierra. Están relacionados, por su nombre (ashva = caballo) y la manera en que nacieron, con los caballos. Son los médicos de los dioses y tienen un látigo de miel.

Los Ashvins me fascinan. Me atraen desde la primera vez que los oí nombrar. También en el Mahabharata, entre los Pandava, los cinco hermanos protagonistas del relato, los dos hermanos menores, que se llaman Nakula y Sahadeva, son gemelos y además hijos de los Ashvins. Nakula y Sahadeva también me fascinan. Me atrae el misterio de su silencio. A lo largo del Mahabharata los tres Pandava mayores, Yudisthira, Bhima y Arjuna, tienen cada uno suficiente texto para que reconozcamos su carácter. Nakula y Sahadeva casi no hablan pero acompañan a los grandes allí donde van. Este silencio me atrae, cada día más.

En la astrología india existe, además del signo zodiacal, el ascendente solar, el ascendente lunar y los nodos, como en la astrología occidental, lo que algunos traducen como la “estrella” de nacimiento – o nakshatra, si quieres investigar más. Bien, grande fue mi alegría cuando descubrí que mi nakshatra es, precisamente, los Ashvins. Gente nacida bajo la estrella de los Ashvins es gente destinada a unir mundos diferentes, dice la tradición, porque están afectados por el misterio de la dualidad sincronizada de estos gemelos divinos.

Este es el segundo post que escribo sobre los Ashvins, porque quiero compartir un fragmento relacionado con estos dioses procedente de un texto filosófico llamado Brihadaranyaka Upanishad, que me gusta repasar cada tantos meses. Pero antes, aprovecho para remarcar otro aspecto del Mahabharata que veo que se pasa a menudo por alto.

En el proceso de profundización en el Mahabharata me encuentro que a veces paso más tiempo estudiando filosofía y teorías místicas que el propio argumento del relato. Esto a veces me preocupa, y me pregunto si no estoy dejando que mis filias personales afecten demasiado el proceso. Bien, cada vez estoy más tranquilo en este aspecto porque me doy cuenta que en el Mahabharata el argumento propio de la escalada de la guerra civil que enfrenta a los Pandava con sus primos apenas llega a ser una cuarta parte del relato. La mitad del tiempo los Pandava están de viaje, y se encuentran en su camino a sabios, dioses y seres astrales que les cuentan relatos sobre su linaje real y el linaje de los dioses. Estos relatos son relatos misticológicos, como los llamados Purana, las recopilaciones de leyendas devocionales indias. En añadido, la última tercera parte del relato está enteramente dedicada al último discurso de Bhishma, el abuelo de los Pandava. Bhishma puede elegir cuando abandonar el cuerpo y decide partir hacia el más allá al final de la guerra, el día del solsticio de invierno en el hemisferio norte; pero antes de dejar su cuerpo Bhishma cita a los Pandava y les cuenta prácticamente todo lo que se puede saber sobre la vida. Esta parte, en la traducción inglesa del Mahabharata que uso, ocupa 1600 de las 7000 páginas de la obra; para que nos hagamos una idea de la envergadura del discurso.

Se trata de un discurso que está dividido por partes: Dharma Raja Parva, la parte dedicada a los consejos de cómo ser un buen rey, con frases como «La satisfacción es el mejor paraíso. La satisfacción es la felicidad suprema. No hay nada superior a la satisfacción cuando una persona está bien establecida en esto. (…) Cuando uno no está asustado ni asusta a nadie uno triunfa sobre el deseo y la aversión y ve al verdadero ser[1]». A esto le sigue un fragmento llamado Apad Dharma Parva, que significa algo así como “lo que hay que hacer cuando las cosas van mal”, y contiene numerosas fábulas que espero ir compartiendo cuando toque, así como consejos del tipo: «Empleando las capacidades diferentes de personas diferentes en tareas diferentes un enemigo puede volverse un aliado (…) la persona sabia siempre busca estar en paz con aquellos que le desean el bien pero por el fin de proteger la propia vida uno puede hacer una alianza también con el enemigo».

A continuación sigue Moksha Parva, “el capítulo de la liberación”, que es una larguísima disertación filosófica que combina relatos filosóficas con frases como: «Sentir tristeza no cambia una situación. Solamente el cuerpo es afligido por ella y los enemigos se deleitan. Apenarse no ayuda a nada. La pena destruye la belleza y el orden. Saber qué es lo beneficioso en cada momento y mantener esto en el corazón, lleva tener éxito en todo».

Y la última parte del discurso se llama Dana Parva, “el capítulo de la entrega, o donación”, y es una colección de relatos sobre momentos ejemplares de compasión por parte de reyes que perdonan la vida a serpientes y enemigos.

Lo que quiero decir con esta introducción es que el Mahabharata es muy vasto, y que una cosa que enseña esta gran obra es que no se pueden entender las acciones de los que se vieron envueltos en aquel gran conflicto sin conocer su linaje y el contexto transcendente que los enmarca. En el caso de Nakula y Sahadeva, los Pandava menores, son hijos de los Ashvins, esos elusivos dioses gemelos que tienen un látigo de miel.

¿Un látigo de miel?, me pregunto. ¿Cómo es un látigo de miel?

Bueno, una vez leí, no recuerdo dónde, que en el universo todo es miel, porque las abejas y la miel son uno: las abejas no pueden nacer sin la miel y la miel no puede existir sin las abejas. De la misma manera, según el Brihadaranyaka Upanishad[2], la tierra es como la miel para todos los seres y todos los seres son como la miel para la tierra. El agua es también la miel para todos los seres porque el agua es el cuerpo y está en todos los cuerpos, y ella contiene la creación. El fuego, que es como el órgano del habla, es como la miel para todos los seres porque sin la palabra svaha, la invocación central del sacrificio, no hay fuego. El aire, como la energía vital del cuerpo, es la miel para todos los seres y todos los seres son la miel para el aire porque este transita a través de sus órganos.

Todos los seres son como la miel para el sol, y el ser que está en el sol es el mismo ser luminoso e inmortal que podemos reconocer en la mirada. Los cuartos son como la miel para los seres y el luminoso ser que está en ellos y se identifica con el oído y el tiempo de escucha en el cuerpo es como la miel para los cuartos. La luna es como la miel para todos los seres y el ser inmortal identificado con la mente en el cuerpo es como la miel para la luna. El relámpago es como la miel para todos los seres y el ser inmortal identificado como la luz en el cuerpo es como la miel para el relámpago. La nube es como la miel para todos los seres y el sonido y la voz son como la miel para la nube. El cosmos es como la miel para todos los seres y el espacio en el corazón es como la miel para el cosmos. El orden (Dharma) es como la miel para todos los seres y el deber en el cuerpo es como la miel para el orden. La verdad es como la miel para todos los seres y la luminosidad inmortal que está en todos los seres es como la miel para la verdad. La especie humana es como la miel para todos los seres y todos los seres son como la miel para esa especie.

El cuerpo es como la miel para todos los seres y todos los seres son como la miel para el cuerpo. Y el luminoso, inmortal ser que está en el cuerpo, y el luminoso, inmortal ser que está en lo individual, no son sino el Ser. Él es el camino para la inmortalidad, es lo Absoluto, es todo.

Esta es la meditación de la miel que el sabio Dadhyac enseñó a los Ashvins: «El ser supremo hizo cuerpos con dos pies y cuerpos con cuatro. Como la miel, el ser supremos penetró primero en los cuerpos como un cuerpo sutil. Por habitar todos los cuerpos se le llama el espíritu (purușa). No hay nada que no esté cubierto por Él, nada que no esté penetrado por Él. Se transformó a sí mismo de acuerdo a cada forma, y su forma era para darse a conocer. Indra, Dios creador a través de la ilusión (Māyā), se percibe de diversas formas. Porque para Él es los órganos, diez y mil, infinitos. Lo Absoluto no tiene causa ni efecto, ni interior ni exterior. El Ser, el que es consciente de todas las cosas, es lo Absoluto. Esta es la enseñanza».

La miel de los Ashvins me parece la miel de la comprensión de que todo está relacionado. Esta es la meditación de Dios, perdón, quería decir el universo, describiéndose a sí mismo a partir de sí mismo.

El lenguaje está compuesto de medidas. Medidas, o referencias en el espacio y en el tiempo: La distancia hacia una montaña, desde donde estoy, es un cálculo de energía – la que tendré que usar para llegar a la montaña- pero el mundo interior utiliza unas coordenadas espacio temporales diferentes. Dentro de mí estoy aquí y en la cima de la montaña, también al otro lado.

La luna es un cuerpo sólido inalcanzable, concentrado alrededor de un inasible centro de gravedad, que circunvala mi planeta, y en mi interior la luna es un reflejo blanco onírico que inspira mis sueños. El relámpago, en mi interior, es la intuición del recuerdo lejano de una verdad olvidad; el cosmos, el entusiasmo por la abundancia de aprendizaje que ofrece la vida.

Leer siempre es interpretar, y vivir también lo es. Hay una vida en mí, y un reflejo que la interpreta a medida que vivo. Un gemelo podríamos decir. Como los Ashvins; gemelos, como dos caballos blancos que cabalgan uno al lado del otro, moviendo cada uno exactamente los mismos músculos que el otro, pisando al mismo tiempo la tierra. El mismo número de pelos en la cabellera, cada pelo meciéndose hacia la misma dirección, los dos cabalgan teñidos de las tonalidades color miel del atardecer.

Es importante conocer a los Ashvins para leer el Mahabharata.

[1] Dharma Parva 21

[2] Brihadarānyaka Upanishad II, V, I-19

El enigma de los Ashvins

Los pequeños relatos del Mahābhārata se entrelazan para ir tejiendo lentamente el gran tapiz que es el argumento general de la obra. Igual que en las historias con las que compongo el relato de mi vida, se me hace muy difícil señalar comienzos o finales a cada encuentro y cada separación, que puede convertirse a su vez en un re-encuentro, así también en las diferentes líneas argumentales del Mahābhārata. ¿Podría contar la historia de mi vida sin mencionar la de mis padres, o mi hermana, o mis amigos, o la de los líderes políticos más influyentes del siglo, o la de algunos de los artistas pop más conocidos, o la de los sabios que nos han transmitido el Mahābhārata?

En el Mahābhārata está la historia de un gran practicante espiritual llamado Upamanyu, que por razones que ahora son largas de explicar, comió las hojas de un árbol venenoso y se quedó ciego. Solo en el bosque y privado del sentido de la vista, Upamanyu cayó a un pozo y cuando lo encontró su maestro, ciego y atrapado en el fondo del hoyo, le recomendó alabar a los Ashvins, los dioses gemelos, los médicos divinos, para que le devolvieran la vista.

Aquí paro para presentar cortamente a los Ashvins, dos dioses gemelos que se invocan siempre juntos, hasta donde yo sé, y me tienen fascinado desde hace años. Primero, porque se dice de ellos que son los médicos divinos. Y yo me pregunto, ¿desde cuándo se ponen enfermos los dioses? Me da la sensación de que aquí se está diciendo algo entre líneas que se me escapa. De hecho, el mutismo de los Ashvins es uno de los elementos que los hace más misteriosos. Lo Pandava, los cinco hermanos protagonistas del Mahābhārata, son hijos de cinco dioses: Yudișțhira, hijo de Dharma el orden universal. Bhīma, hijo de Vāyu el dios del viento- la fuerza imparable de los elementos y Arjuna, hijo de Indra- el rey de los dioses. Estos tres hermanos son los que mueven la acción del Mahābhārata y sus palabras son las que llenan los diálogos allí donde aparecen los Pandava en la historia. Ahora bien, Yudișțhira, Arjuna y Bhīma tienen dos hermanos menores: Nakula y Sahadeva, que son hijos de los gemelos divinos, los Ashvins. Nakula y Sahadeva acompañan a sus hermanos en todas las historias, pero no tienen texto, y si las cualidades de sus hermanos mayores se describen con detalles y pormenores, de Nakula y Sahadeva se dice que son extremadamente bellos, y punto. Esta presencia silente de los dos hermanos mayores fue lo que me llamó primero la atención sobre los Ashvins. He intentado recoger información sobre esta deidad doble pero esta información también es muy escueta y se hace escurridiza. Una palabra aquí, media frase allí y así los Ashvins, como Nakula y Sahadeva, siempre están pero de fondo, como si fueran sombras que guardan los relatos itihasa.

Volviendo a Upamanyu, su loa a los Ashvins, desde el pozo de la ceguera, en el capítulo llamado Poushya Parva, recién en los meros inicios del gran Mahābhārata, dice así:

Oh fieros seres primogénitos, nacidos antes que la creación, os alabo a los dos, infinitos y radiantes. Sois pájaros de plumas preciosas, más allá de la medida, pero penetráis en el mundo y el universo; estáis en todos los seres. Sois águilas dorados en los que todo desaparece. Estáis libres de falsedad y deterioro. Siempre triunfáis. Habiendo creado el sol, tejéis noche y día con hilos negros y blancos. En favor de la buena fortuna, habéis liberado el pájaro de la vida que estaba atrapado por el tiempo. Los que sufren el engaño de los sentidos piensan que vosotros, que transcendéis la materia, y tenéis forma. Trescientas sesenta vacas que dan leche dieron luz a un solo ternero, el creador y destructor del tiempo. Los terneros están en casetas diferentes pero maman la misma verdad. Los Ashvins ordeñan de ellos el auténtico conocimiento. Hay 720 radios en el timón; al borde de la rueda hay clavados 20 más. Sin borde, esta rueda gira, sin deterioro y con delirio. ¡Oh Ashvins! Poned esta rueda en movimiento, una rueda del tiempo gira con doce bordes. Seis radios y un eje sustentan el néctar inmortal al que los dioses del universo son adictos. Ashvins, liberadme de esta rueda del tiempo. Tras matar a Vŗtra, Indra recuperó en su día el néctar, de esta manera los Ashvins lo recobraron. Los Ashvins partieron los montes en todas sus formas y liberaron los placeres obtenidos por los sentidos. Al principio de la creación, creasteis las diez direcciones del universo. Colocasteis el sol y la luna en lo alto; los rishi hacen sacrificios en relación a sus movimientos y así lo hacen también los dioses y los habitantes de la tierra. Mezclando muchos colores, habéis creado objetos para la vista y el mundo y el universo están creados de estos. Los dioses y los humanos siguen a estos objetos. ¡Oh Ashvins! Os adoro y adoro el cielo que habéis creado. Estáis libres y no conocéis el deterioro, y creáis un orden que ni los dioses pueden evitar. Sois la semilla de todo. Como macho y hembra, tragáis comida que se convierte en fluido vital y sangre. El bebé recién nacido mama del pecho de la madre y vosotros sois el bebé. ¡Oh Ashvins! Devolvedme la vista y otorgadme la vida.

Algunas partes de esta invocación pueden ser simbólicas, pero suficientemente sugerentes como para que la intuición de uno pueda abrirse hacia ellas; otras son demasiado crípticas. Por suerte, más adelante, otro personaje del Mahābhārata relacionado con Upamanyu recibe una explicación: Los hilos negros y blancos son la noche y el día, la rueda de 720 radios son la suma de las 360 noches y 360 días del año. 360 vacas son 360 días y el ternero que mama de ellas es el año; la rueda tiene 12 bordes como los 12 meses y 6 ejes como las 6 estaciones del año indio (a las 4 estaciones se le suman la estación del monzón y una estación de paso entre el otoño y el invierno)

Los Ashvins están en todas las formas del universo, lo que percibimos lo percibimos gracias a ellos; tal vez por eso tienen la capacidad de salvar a Upamanyu del pozo y de la ceguera. Me pregunto si mi amor a la literatura y el arte en general es lo que me atrae tanto a la figura de los Ashvins. Lo que está claro, es que estas invocaciones y las historias de los dioses que se describen en el Mahābhārata y los llamados puranas (en breve una corta explicación de lo que es un Purāņa) no deben leerse literalmente. De la misma manera en que 360 vacas son 360 días del año, cuando hablamos de gemelos divinos estamos hablando otra cosa también. Probablemente de cosas que a fin de cuentas no pueden contarse con otro lenguaje que no sea el simbólico.

Continuando con el lenguaje simbólico, se dice que los Ashvins están emparentados con el artesano de los dioses. Esto se describe con más detalle en el Vāyu Purāņa, el Purāņa del dios del viento. Los puranas son recopilaciones de relatos, cosmogonías que relatan el inicio del universo y las dinastías de los dioses. Son relatos que fueron transmitidos a los humanos por los mismos seres divinos. Cuando hablamos del Vāyu Purāņa, el Purāņa del dios del viento, no estamos hablando de historias sobre el dios del viento sino más bien lo contrario: historias sobre el universo transmitidas por el dios del viento, por Vāyu mismo, a Vedavyāsa primero, quién recopiló los vedas, el Mahābhārata y los Purāņa principales, y se los enseñó a su discípulo Lomaharshana, quién se los cuenta a los presentes en el sacrificio que organiza el rey Janamejaya. Para entendernos, tanto el Vāyu Purana como el Mahābhārata son contados por la misma persona en el mismo lugar y tiempo. Volviendo a lo simbólico, poco a poco parece ser que este famoso sacrificio que organizó el rey Janamejaya tiene una transcendencia mucho mayor de lo que parece; parece como el punto de contacto entre el cielo y la tierra, cuando el discípulo de Vedavyāsa transmitió a la humanidad las historias que su maestro recibió de los dioses. Cabe preguntarse de qué hablan realmente estas historias.

Según el Mahābhārata, después de escuchar el relato de la extracción del amṛta, el rey Janamejaya pide oír la historia del nacimiento de los dioses. De la expansión de la mente de Brahmā, dice Lomaharshana, nacen los Saptarṣi, los siete sabios videntes que corresponden a las siete estrellas de la Osa Mayor. De los Saptarṣi nacen más Rishis y algunos dioses menores (por ejemplo kala, el regulador del tiempo, nace del Rishi llamado Dhruva). Otros dioses nacen en paralelo a los Rishi. La hija de Brihaspati, el maestro de los dioses, la primera mujer de la creación, caminaba por el mundo absorta en sus poderes yóguicos hasta que se casó con el octavo vasu, Prabhasa. Los vasus son los ayudantes de Indra, el dios del cielo, pero a su vez Indra posee el rayo como arma y cada uno de los vasus corresponde a un elemento –tierra, llamas, viento, espacio, eternidad, cielo, luna y estrellas. Prabhasa es el cielo y de su unión con la primera mujer, la hija de Brihaspati, nace Vishvakarma, el arquitecto y constructor de los dioses – fundador de todas las artes y técnicas. Gracias a él los humanos se ganan la vida siguiendo las formas de esta alma noble.

Insisto en las correspondencias de cada personaje divino con un elemento natural para recordar una vez más el carácter alegórico y simbólico de estas transmisiones.

El arquitecto original, Vishvakarma, tomó la forma de una yegua y se emparejó con Savita, hija del sol, de ellos nacieron los Ashvins en el cielo (Según el Mahābhārata: Sambhava Parva 60).

Ahora, si comparamos esta versión con la del Purāņa de Vāyu (capitulo 22), vemos ligeras variaciones: Allí se dice que fue la hija de Vishvakarma, de nombre Samjña, quien tomando la forma de una yegua se emparejó con el sol y parió los dos Ashvins por las fosas nasales.

En este punto los sabios que escuchan a Lomaharshana le preguntan: ¿Por qué se llama el sol también Mārtaņḍa y por qué Samjña, en forma de yegua, parió los Ashvins por las fosas nasales?

Lomaharshana responde que cuando el sol estaba en su huevo, pasó mucho tiempo y este no se abría. Su padre pensó que el feto podía haber muerto y rompió el huevo, cuando miró dentro dijo “este hijo no ha muerto” de allí el nombre Mārtaņḍa: huevo muerto.

Samjña, la hija de Vishvakrma, tuvo tres hijos con el sol, pero con el tiempo el contacto abrasador del sol en el cuerpo se le hizo a Samjña menos y menos agradable. Cansada, Samjña creó una sombra de ella misma. Una mujer con forma física material nació de la sombra creada y se presentó ante la Samjña original y le preguntó: ¿qué debo hacer? Samjña le dijo que ella volvería a la casa de su padre, el artesano divino, y en cambio la sombra se quedaría a vivir con el sol. Samjña también le pidió a su doble que no le dijera nada al sol. Samjña le dijo a Samjña: Noble mujer, mientras el pelo pueda ser aferrado con los dedos no delataré tu secreto.

La Samjña luminosa volvió a casa de su padre y vivió con él mil años, durante los cuales él no dejó de pedirle que volviera con su marido. Al final ella tomó coraje para abandonar la casa paterna pero no se presentó ante el sol sino que tomó la forma de una yegua y se quedó pastando hierba en el “reino superior” (Uttarakuru), una especie de paraíso para guerreros bañado por el sol.

Samjña sombra tuvo dos hijos con el sol, y el cariño que le tenía a ellos no era igual al que le tenía a los hijos anteriores, aquellos que había tenido con el sol la Samjña original. Después de algunos altercados el sol se dio cuenta de lo que había ocurrido y se presentó furioso en el planeta del artesano divino.

Vishvakarma, confrontado, tuvo que explicarle al sol que su forma ardiente no era placentera y que por eso su esposa real se encontraba pastando sola los campos. Para que pudiera ver a su esposa, Vishvakarma le construyó al sol un disco que regula su luz y así el brillo del sol se convirtió en algo precioso de observar. Con esta nueva forma se presentó el sol ante la Samjña original y la sedujo sin que ella reconociera en la nueva imagen del sol la vieja forma terrible del astro. Los dos hicieron el amor, pero durante el acto ella se dio cuenta de que se estaba acostando con su marido y por tanto había sido engañada, de manera que expulsó su semen por las fosas nasales, de este semen nacieron los médicos divinos, Nāsatya (amigable) y Dasra (beneficioso), llamados también Ashvins, los dioses gemelos.

A mí a estas alturas la historia me produce cierto vértigo intelectual. Lo único que está claro es que todo tiene una alta carga simbólica. Se conectan los hilos blancos y negros con los que los Ashvins tejen el universo y Samjña y su sombra, el papel del artesano del universo en el linaje de los gemelos que cuidan las formas de la realidad, el título de médicos de los dioses, etc.

Siento que la descripción de mi interpretación de estas historias se convertiría en un texto demasiado engorroso, e innecesario, y siento también que si se escribe poco sobre los Ashvins y a su vez lo poco que se escribe se escribe de manera tan misteriosa, es por una buena razón. Es aquí donde se hace audible el silencio de Nakula y Sahadeva, los hijos de los Ashvins. Tal vez no necesitan decir tanto porque es su mirada muda la que cuida de sus hermanos mayores. Es en este silencio que me parece escuchar la presencia enigmática de estos gemelos divinos, velando por las formas del universo desde antes de que este fuera creado.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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