¿Por qué y desde cuándo existe la mentira? Una hipótesis

Todo se hace. Se va haciendo, todo, por sí mismo y por el entorno, en una danza vertiginosa, como millones de aves brillantes que vuelan en remolinos. Incluso lo que llamamos des-hacer, es un hacer. Un hacer de la descomposición, de la cual sale el brote, que crece, florece, se marchita y se descompone, etc.

En sánscrito la raíz más usada para referirse al “hacer” es kṛ, de la que deriva la palabra karma: el hacer continuo. Vishvakarma es “el hacer que está en todo”. El vuelo arremolinado de los pájaros atómicos, este espectáculo embriagador, es el hacer en todo: Vishvakarma.

En términos misticológicos (la misticología es el arte de narrar lo metafísico), Vishvakarma, el que todo lo hace, es el arquitecto de los dioses. Quien da forma al sol, al grano de arena y al mar. El movimiento de la materia.

Y Vishvakarma, el arquitecto de los dioses, tuvo un hijo llamado Vishvarupa: la forma de todo. Un hijo con tres caras. Con una recitaba los cantos inspirados por la esencia de la sabiduría de todos los mundos: los Veda, los poemas que todo lo abarcan. Con otra cara Vishvarupa bebía el néctar de los dioses, el elixir de la inmortalidad, y con la tercera Vishvarupa miraba en todas las direcciones.

Vishvarupa era especial. Era único. Vishvarupa era como todas las formas juntas. Como la unión de todas las formas con la luz de la cual provienen. Especial como la unión de la respiración con la exhalación, y la vida con la muerte. Pero alrededor de las formas orbitan los dioses luminosos, como lunas alrededor de un planeta, o meteoritos alrededor del centro gravitacional de la galaxia. Y encima de todos los dioses está Indra. Desde la cima del cosmos descienden los decretos de Indra, como las percepciones sobre los sentidos, o la lluvia sobre las montañas. E Indra se preocupaba, cuando veía a Vishvarupa, porque la posición de rey de los dioses, el trono en la cima del cosmos, es transferible. Un ser con los méritos suficientes puede ascender y destronar al rey de los deva, los dioses luminosos. Puede convertirse en el próximo Indra.

Indra temía Vishvarupa y el brillo que emanaba su cuerpo. Indra temía que la intensidad de la energía de este ser lo destronara y no se sintió tranquilo hasta que en un arrebato mató a Vishvarupa mientras meditaba.

La sabiduría colectiva que permea el universo se apenó por el acto injusto que cometió Indra. En añadido el cuerpo de Vishvarupa seguía brillando como un sol e Indra seguía intranquilo. Así se le ocurrió al rey de los cielos pedir al leñador Takshā (Taksh: esculpir) que cortara todas las cabezas de Vishvarupa y descuartizara su cuerpo.

-Esto es injusto y cruel – protestó Takshā, pero Indra le prometió una parte de todo sacrificio que se hiciera a partir de ese día.

Entonces Takshā levantó su hacha. De cada cabeza que cortó salieron miles de pájaros. De la boca que solía entonar los cánticos de la sabiduría original salieron perdices (kapiñjala), de la boca que bebía el elixir de la inmortalidad salieron aves terrestres que no vuelan (tittiri) y de la boca de la cara que veía todos los rincones del universo volaron miles de gorriones.

Por supuesto no podemos describir con palabras el dolor de Vishvakarma, el arquitecto de los dioses. Durante 8 días continuados mantuvo una ceremonia, mientras cantaba:

– ¡Oh enemigo de Indra, crece con el poder de mi energía! – y mientras lo hacía, el fuego crecía con furia, y crecía como una torre que superaba los cielos. De repente apareció en la columna de  llamas la cara de un ser que parecía la misma muerte.

-¿Qué puedo hacer por ti padre?- preguntó. -¿Debería beberme el océano, desmenuzar las montañas en polvo, o debería bloquear el paso del sol, o matar a Indra y sus dioses?

Así nació el peor enemigo que los deva han tenido. No podía morir ni a manos del hierro, ni la madera, ni por cosas secas ni húmedas, ni por bambú ni otra sustancia. Su poder aumentaba en la batalla y era grande como el eje del universo. Ese fue Vritra, el enemigo de los dioses.

Los Asura, los eternos contrincantes de los deva, se pusieron del lado de Vritra y lo ayudaron en la batalla cósmica contra los guardianes brillantes de los mundos. Vritra arrasaba con todo lo que se le ponía por delante y destruía las moradas de los dioses – los planetas de placeres en los que residían. Todos los deva tuvieron que huir a los confines de la galaxia, allí donde flota el centro de la existencia, en Vishnu, el que emana el brillo de la vida.

Y Vishnu, como tantas otras veces, ofreció la solución:

-El sabio Dadhicha ofrecerá su esqueleto – dijo Vishnu.

-Por el bien de los tres mundos, ofreceré mis huesos – contestó, efectivamente, el sabio Dadhicha cuando lo visitaron los dioses en su ashram (lugar de retiro) rodeado de árboles tras las aguas de Saraswati, la ría invisible.

Dadhicha, brillando como una estrella, expulsó su vida del cuerpo controlando la respiración. Con los huesos de su cuerpo construyeron los dioses para Indra su arma más mortífera: El Vajra, el diamante que fragmenta la percepción de la realidad. El rayo que separa el cielo de la tierra. Afilado y con un sonido horrible.

-Yo mismo permearé con mi poder – prometió Vishnu, -este arma misteriosa cuando reduzca Vritra a cenizas.

En ese momento el brillo intermitente de las estrellas habló al corazón de Vritra en silencio, como si recibiera los pensamientos de cientos de miles de consciencias profundamente sabias a la vez:

-Oh Vritra, todo el universo teme tu poder y aún así no encuentras sosiego. Es tu enemistad con Indra lo que no te deja dormir. El que practica la enemistad nunca consigue la felicidad. Por vuestras guerras estamos todos los seres agitados, pero los sabios deseamos que vosotros, y todos los nacidos (jivas), seáis felices. Jurad juntos un tratado de paz. Puedes confiar en la palabra de Indra, él sabe que esta tierra se sostiene en la verdad, el sol amanece por la verdad, el viento sopla por la verdad y el océano no se desborda por la verdad.

Oyendo este consejo Vritra se ablandó y aceptó a Indra como aliado. Creyó en su palabra y los dos enemigos se volvieron aliados y, con el tiempo, amigos. Durante tres años permanecieron juntos por la tierra; hablaron, rieron, jugaron y, una tarde, tras caminar por la playa cogidos de la mano, Vritra se sintió complacido y soñoliento, y decidió dormitar un poco sobre la arena, junto a Indra.

Cuando bajó el sol, llegó el terrible momento de la jornada en el que no es ni de día ni de noche. Todo quedó teñido de luz rojiza. Vritra dormía tranquilamente entre el agua del mar y la arena, cubierto con la espuma de las olas. No estaba ni seco ni mojado, y el Vajra, el arma que no está hecha de ningún material, fue lo que Indra usó para golpear a Vritra. El poder de Vishnu penetró el ataque, también, y Vritra cayó fulminado.

Entonces Vishnu volvió al centro del universo (Vaikuntha), con miedo.

Los Munis, sintieron que el epíteto de sabios había perdido sentido: -Nuestras palabras han sido las de la traición – se lamentaron -el apego a lo conocido es la causa de todos los males.

Indra se sintió tan avergonzado que se escondió en un lago. Su cuerpo se volvió delgado por la tristeza; se volvió tan fino que entró en el tallo tubular de un loto, y allí pasó a alimentarse y vivir como una serpiente.

Los cielos quedaron entonces sin rey y los dioses descendieron a la tierra y pidieron a un rey del linaje de Manu, el padre/madre de la humanidad, que ocupara el cargo vacante. Ese rey fue Nahusha, cuya historia se contará en la próxima entrada de este blog.

Pero ¿por qué mintieron Vishnu e Indra?

Cuando la luz primordial de la vida entra en el plano separado de la materia y se despliega en mil y una formas, asume la confusión del mundo, en su interior. La creación se muestra a sí misma en la renovación anual de la naturaleza, en sus disoluciones y reordenamientos. Se muestra como “el gran cambio”. Este es un universo ordenado con un conflicto de poderes inmanente; y detrás de él yace el Cambio, cuya naturaleza permanece inescrutable. La existencia se revela en la materia y, a causa de la limitación y fragmentación inherente a la misma materia, la existencia también se vela a sí misma en la materia. La verdad se nos esconde y se nos revela en un pulso rítmico. Este e el atractivo y doloroso enigma de la vida.

Esta es una de las últimas entradas de este cuarto año de Respirar el Mahabharata. La investigación de este año gira alrededor de la relación entre azar, ritual, compromiso y el Mahabharata. El resultado del trabajo de este año será un taller sobre como respirar el Mahabharata, con el juego de Lilah como herramienta. Cada entrada de este último año ha estado basada en tres casillas del tablero del juego de Lilah, en este caso las casillas 26, 61 y 72.

Es importante para mí decir que escribir sobre el Mahabharata cuando la mitad de la ciudad en la que vivo está sumida en manifestaciones tiene sentido. El Mahabharata es la historia de lo que nos hace humanos en medio del conflicto, cada uno de sus pliegues apunta a esto y por esta razón es relevante seguir estudiando y compartiendo su luz.

Aprovecho para compartir aquí, también, el enlace a una entrevista que contesté a la plataforma de  Artistas del Presente sobre este proyecto: Entrevista.

El enigma de los Ashvins

Los pequeños relatos del Mahābhārata se entrelazan para ir tejiendo lentamente el gran tapiz que es el argumento general de la obra. Igual que en las historias con las que compongo el relato de mi vida, se me hace muy difícil señalar comienzos o finales a cada encuentro y cada separación, que puede convertirse a su vez en un re-encuentro, así también en las diferentes líneas argumentales del Mahābhārata. ¿Podría contar la historia de mi vida sin mencionar la de mis padres, o mi hermana, o mis amigos, o la de los líderes políticos más influyentes del siglo, o la de algunos de los artistas pop más conocidos, o la de los sabios que nos han transmitido el Mahābhārata?

En el Mahābhārata está la historia de un gran practicante espiritual llamado Upamanyu, que por razones que ahora son largas de explicar, comió las hojas de un árbol venenoso y se quedó ciego. Solo en el bosque y privado del sentido de la vista, Upamanyu cayó a un pozo y cuando lo encontró su maestro, ciego y atrapado en el fondo del hoyo, le recomendó alabar a los Ashvins, los dioses gemelos, los médicos divinos, para que le devolvieran la vista.

Aquí paro para presentar cortamente a los Ashvins, dos dioses gemelos que se invocan siempre juntos, hasta donde yo sé, y me tienen fascinado desde hace años. Primero, porque se dice de ellos que son los médicos divinos. Y yo me pregunto, ¿desde cuándo se ponen enfermos los dioses? Me da la sensación de que aquí se está diciendo algo entre líneas que se me escapa. De hecho, el mutismo de los Ashvins es uno de los elementos que los hace más misteriosos. Lo Pandava, los cinco hermanos protagonistas del Mahābhārata, son hijos de cinco dioses: Yudișțhira, hijo de Dharma el orden universal. Bhīma, hijo de Vāyu el dios del viento- la fuerza imparable de los elementos y Arjuna, hijo de Indra- el rey de los dioses. Estos tres hermanos son los que mueven la acción del Mahābhārata y sus palabras son las que llenan los diálogos allí donde aparecen los Pandava en la historia. Ahora bien, Yudișțhira, Arjuna y Bhīma tienen dos hermanos menores: Nakula y Sahadeva, que son hijos de los gemelos divinos, los Ashvins. Nakula y Sahadeva acompañan a sus hermanos en todas las historias, pero no tienen texto, y si las cualidades de sus hermanos mayores se describen con detalles y pormenores, de Nakula y Sahadeva se dice que son extremadamente bellos, y punto. Esta presencia silente de los dos hermanos mayores fue lo que me llamó primero la atención sobre los Ashvins. He intentado recoger información sobre esta deidad doble pero esta información también es muy escueta y se hace escurridiza. Una palabra aquí, media frase allí y así los Ashvins, como Nakula y Sahadeva, siempre están pero de fondo, como si fueran sombras que guardan los relatos itihasa.

Volviendo a Upamanyu, su loa a los Ashvins, desde el pozo de la ceguera, en el capítulo llamado Poushya Parva, recién en los meros inicios del gran Mahābhārata, dice así:

Oh fieros seres primogénitos, nacidos antes que la creación, os alabo a los dos, infinitos y radiantes. Sois pájaros de plumas preciosas, más allá de la medida, pero penetráis en el mundo y el universo; estáis en todos los seres. Sois águilas dorados en los que todo desaparece. Estáis libres de falsedad y deterioro. Siempre triunfáis. Habiendo creado el sol, tejéis noche y día con hilos negros y blancos. En favor de la buena fortuna, habéis liberado el pájaro de la vida que estaba atrapado por el tiempo. Los que sufren el engaño de los sentidos piensan que vosotros, que transcendéis la materia, y tenéis forma. Trescientas sesenta vacas que dan leche dieron luz a un solo ternero, el creador y destructor del tiempo. Los terneros están en casetas diferentes pero maman la misma verdad. Los Ashvins ordeñan de ellos el auténtico conocimiento. Hay 720 radios en el timón; al borde de la rueda hay clavados 20 más. Sin borde, esta rueda gira, sin deterioro y con delirio. ¡Oh Ashvins! Poned esta rueda en movimiento, una rueda del tiempo gira con doce bordes. Seis radios y un eje sustentan el néctar inmortal al que los dioses del universo son adictos. Ashvins, liberadme de esta rueda del tiempo. Tras matar a Vŗtra, Indra recuperó en su día el néctar, de esta manera los Ashvins lo recobraron. Los Ashvins partieron los montes en todas sus formas y liberaron los placeres obtenidos por los sentidos. Al principio de la creación, creasteis las diez direcciones del universo. Colocasteis el sol y la luna en lo alto; los rishi hacen sacrificios en relación a sus movimientos y así lo hacen también los dioses y los habitantes de la tierra. Mezclando muchos colores, habéis creado objetos para la vista y el mundo y el universo están creados de estos. Los dioses y los humanos siguen a estos objetos. ¡Oh Ashvins! Os adoro y adoro el cielo que habéis creado. Estáis libres y no conocéis el deterioro, y creáis un orden que ni los dioses pueden evitar. Sois la semilla de todo. Como macho y hembra, tragáis comida que se convierte en fluido vital y sangre. El bebé recién nacido mama del pecho de la madre y vosotros sois el bebé. ¡Oh Ashvins! Devolvedme la vista y otorgadme la vida.

Algunas partes de esta invocación pueden ser simbólicas, pero suficientemente sugerentes como para que la intuición de uno pueda abrirse hacia ellas; otras son demasiado crípticas. Por suerte, más adelante, otro personaje del Mahābhārata relacionado con Upamanyu recibe una explicación: Los hilos negros y blancos son la noche y el día, la rueda de 720 radios son la suma de las 360 noches y 360 días del año. 360 vacas son 360 días y el ternero que mama de ellas es el año; la rueda tiene 12 bordes como los 12 meses y 6 ejes como las 6 estaciones del año indio (a las 4 estaciones se le suman la estación del monzón y una estación de paso entre el otoño y el invierno)

Los Ashvins están en todas las formas del universo, lo que percibimos lo percibimos gracias a ellos; tal vez por eso tienen la capacidad de salvar a Upamanyu del pozo y de la ceguera. Me pregunto si mi amor a la literatura y el arte en general es lo que me atrae tanto a la figura de los Ashvins. Lo que está claro, es que estas invocaciones y las historias de los dioses que se describen en el Mahābhārata y los llamados puranas (en breve una corta explicación de lo que es un Purāņa) no deben leerse literalmente. De la misma manera en que 360 vacas son 360 días del año, cuando hablamos de gemelos divinos estamos hablando otra cosa también. Probablemente de cosas que a fin de cuentas no pueden contarse con otro lenguaje que no sea el simbólico.

Continuando con el lenguaje simbólico, se dice que los Ashvins están emparentados con el artesano de los dioses. Esto se describe con más detalle en el Vāyu Purāņa, el Purāņa del dios del viento. Los puranas son recopilaciones de relatos, cosmogonías que relatan el inicio del universo y las dinastías de los dioses. Son relatos que fueron transmitidos a los humanos por los mismos seres divinos. Cuando hablamos del Vāyu Purāņa, el Purāņa del dios del viento, no estamos hablando de historias sobre el dios del viento sino más bien lo contrario: historias sobre el universo transmitidas por el dios del viento, por Vāyu mismo, a Vedavyāsa primero, quién recopiló los vedas, el Mahābhārata y los Purāņa principales, y se los enseñó a su discípulo Lomaharshana, quién se los cuenta a los presentes en el sacrificio que organiza el rey Janamejaya. Para entendernos, tanto el Vāyu Purana como el Mahābhārata son contados por la misma persona en el mismo lugar y tiempo. Volviendo a lo simbólico, poco a poco parece ser que este famoso sacrificio que organizó el rey Janamejaya tiene una transcendencia mucho mayor de lo que parece; parece como el punto de contacto entre el cielo y la tierra, cuando el discípulo de Vedavyāsa transmitió a la humanidad las historias que su maestro recibió de los dioses. Cabe preguntarse de qué hablan realmente estas historias.

Según el Mahābhārata, después de escuchar el relato de la extracción del amṛta, el rey Janamejaya pide oír la historia del nacimiento de los dioses. De la expansión de la mente de Brahmā, dice Lomaharshana, nacen los Saptarṣi, los siete sabios videntes que corresponden a las siete estrellas de la Osa Mayor. De los Saptarṣi nacen más Rishis y algunos dioses menores (por ejemplo kala, el regulador del tiempo, nace del Rishi llamado Dhruva). Otros dioses nacen en paralelo a los Rishi. La hija de Brihaspati, el maestro de los dioses, la primera mujer de la creación, caminaba por el mundo absorta en sus poderes yóguicos hasta que se casó con el octavo vasu, Prabhasa. Los vasus son los ayudantes de Indra, el dios del cielo, pero a su vez Indra posee el rayo como arma y cada uno de los vasus corresponde a un elemento –tierra, llamas, viento, espacio, eternidad, cielo, luna y estrellas. Prabhasa es el cielo y de su unión con la primera mujer, la hija de Brihaspati, nace Vishvakarma, el arquitecto y constructor de los dioses – fundador de todas las artes y técnicas. Gracias a él los humanos se ganan la vida siguiendo las formas de esta alma noble.

Insisto en las correspondencias de cada personaje divino con un elemento natural para recordar una vez más el carácter alegórico y simbólico de estas transmisiones.

El arquitecto original, Vishvakarma, tomó la forma de una yegua y se emparejó con Savita, hija del sol, de ellos nacieron los Ashvins en el cielo (Según el Mahābhārata: Sambhava Parva 60).

Ahora, si comparamos esta versión con la del Purāņa de Vāyu (capitulo 22), vemos ligeras variaciones: Allí se dice que fue la hija de Vishvakarma, de nombre Samjña, quien tomando la forma de una yegua se emparejó con el sol y parió los dos Ashvins por las fosas nasales.

En este punto los sabios que escuchan a Lomaharshana le preguntan: ¿Por qué se llama el sol también Mārtaņḍa y por qué Samjña, en forma de yegua, parió los Ashvins por las fosas nasales?

Lomaharshana responde que cuando el sol estaba en su huevo, pasó mucho tiempo y este no se abría. Su padre pensó que el feto podía haber muerto y rompió el huevo, cuando miró dentro dijo “este hijo no ha muerto” de allí el nombre Mārtaņḍa: huevo muerto.

Samjña, la hija de Vishvakrma, tuvo tres hijos con el sol, pero con el tiempo el contacto abrasador del sol en el cuerpo se le hizo a Samjña menos y menos agradable. Cansada, Samjña creó una sombra de ella misma. Una mujer con forma física material nació de la sombra creada y se presentó ante la Samjña original y le preguntó: ¿qué debo hacer? Samjña le dijo que ella volvería a la casa de su padre, el artesano divino, y en cambio la sombra se quedaría a vivir con el sol. Samjña también le pidió a su doble que no le dijera nada al sol. Samjña le dijo a Samjña: Noble mujer, mientras el pelo pueda ser aferrado con los dedos no delataré tu secreto.

La Samjña luminosa volvió a casa de su padre y vivió con él mil años, durante los cuales él no dejó de pedirle que volviera con su marido. Al final ella tomó coraje para abandonar la casa paterna pero no se presentó ante el sol sino que tomó la forma de una yegua y se quedó pastando hierba en el “reino superior” (Uttarakuru), una especie de paraíso para guerreros bañado por el sol.

Samjña sombra tuvo dos hijos con el sol, y el cariño que le tenía a ellos no era igual al que le tenía a los hijos anteriores, aquellos que había tenido con el sol la Samjña original. Después de algunos altercados el sol se dio cuenta de lo que había ocurrido y se presentó furioso en el planeta del artesano divino.

Vishvakarma, confrontado, tuvo que explicarle al sol que su forma ardiente no era placentera y que por eso su esposa real se encontraba pastando sola los campos. Para que pudiera ver a su esposa, Vishvakarma le construyó al sol un disco que regula su luz y así el brillo del sol se convirtió en algo precioso de observar. Con esta nueva forma se presentó el sol ante la Samjña original y la sedujo sin que ella reconociera en la nueva imagen del sol la vieja forma terrible del astro. Los dos hicieron el amor, pero durante el acto ella se dio cuenta de que se estaba acostando con su marido y por tanto había sido engañada, de manera que expulsó su semen por las fosas nasales, de este semen nacieron los médicos divinos, Nāsatya (amigable) y Dasra (beneficioso), llamados también Ashvins, los dioses gemelos.

A mí a estas alturas la historia me produce cierto vértigo intelectual. Lo único que está claro es que todo tiene una alta carga simbólica. Se conectan los hilos blancos y negros con los que los Ashvins tejen el universo y Samjña y su sombra, el papel del artesano del universo en el linaje de los gemelos que cuidan las formas de la realidad, el título de médicos de los dioses, etc.

Siento que la descripción de mi interpretación de estas historias se convertiría en un texto demasiado engorroso, e innecesario, y siento también que si se escribe poco sobre los Ashvins y a su vez lo poco que se escribe se escribe de manera tan misteriosa, es por una buena razón. Es aquí donde se hace audible el silencio de Nakula y Sahadeva, los hijos de los Ashvins. Tal vez no necesitan decir tanto porque es su mirada muda la que cuida de sus hermanos mayores. Es en este silencio que me parece escuchar la presencia enigmática de estos gemelos divinos, velando por las formas del universo desde antes de que este fuera creado.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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