Manifiesto del séptimo año: Aceptar lo desconocido

Cuando empecé el voto de dedicar 12 años a preparar una narración digna del Mahābhārata me motivaban, principalment, dos cosas: Una, la convicción de la importancia de defender los encuentros de narración oral en el siglo XXI. Influenciado, sobre todo, por un artículo de Walter Benjamin traducido al castellano como El narrador, donde el autor define de una manera precisa la diferencia entre:

 a) información (ej.: Se está quemando un edificio en el barrio), que tiene una utilidad inmediata y puntual – Esta misma información no tendrá la misma relevancia en un futuro cercano, cuando haya terminado el fuego y el edificio haya sido rehabilitado.

b) la novela, donde la voz del autor conduce las emociones y pensamientos el lector para hacerle partícipe de una visión del mundo personal y aislada.

c) la narración como acto social, donde el narrador comparte algo que ha visto u oído. El narrador comparte una experiencia traída de viajes lejanos o de recuerdos secretos de la comunidad, exenta de análisis e interpretaciones psicológicas, para compartir con la comunidad la maravilla y el debate sobre las misteriosas manifestaciones de la vida.

La narración, para que sea tal, no debería determinar sino abrir posibilidades, y preguntas. La narración tiene sentido en el encuentro con el otro, en el debate y, en mi opinión, sobre todo, en los silencios compartidos. Y aquí entra mi segunda motivación: El encuentro con el Mahābhārata.

Cuando digo Mahābhārata me refiero a toda la tradición de narración india, extendida a gran parte de Asia del sur. Quiero decir también Ramayana y Purana, o toda recopilación de historias incluida en esa tradición, que contiene ese tesoro invaluable en su interior, que tanta maravilla y asombro produce.

Hay muchas maneras de hablar de este tesoro, cada año me encuentro describiéndolo de una manera distinta. En este séptimo año del voto de narrar el Mahābhārata en 12 años lo describiría como la consciencia de la palabra como resonancia.

Se me ocurre, para describir esta frase que acabo de escribir, tomar prestado algo de la teoría musical indostaní. En esta tradición los músicos improvisan tocando con la mayor precisión posible determinadas notas escogidas. La combinación de las notas elegidas para la ocasión producirá una resonancia, que emitirá el sonido común de la escala seleccionada. Existe una lista de escalas (llamadas raga), y cada raga tiene su sonido. Eso es, un solo sonido, que se produce con la combinación de unas notas determinadas. Porque si tocamos una nota sin esperar a que la anterior desaparezca en el silencio, el sonido de las dos se funde en uno solo. La combinación de todas las notas de un raga forma un solo sonido, pero no solo esto, sino que el sonido de un raga se entiende como una entidad viviente. Tocar bien un raga es invocarlo, y el raga se hace presente con el sonido.

Para que los músicos conozcan el raga, para que aprendan a reconocer su presencia, esta tradición artística ha desarrollado estrofas meditativas (dhyánas, de nombre) que describen con palabras el sonido de un raga determinado. Por ejemplo, el raga llamado Todi: “La heroína camina sola con su vina (instrumento de cuerda) en la mano, entre los árboles del bosque, rodeada de las gacelas, a las que ha cautivado con su música” o “con el cuerpo delgado, jazmines frescos brillantes y las extremidades uncidas con alcanfor de Kashmir, rechazando una gacela en el límite de un claro del bosque, sosteniendo una vina, brilla Todi” y “su cuerpo delgado brilla como la escarcha, o la flor de jazmín, y está untado con pasta de sándalo y alcanfor; cautiva las gacelas en el bosque con su vina, así es Todi[i]. El sonido de este raga es el de la mañana, se describe de esta manera y se toca así, como así, así o así.

Esta concepción de la palabra como evocación, de algo real, que se hace presente cada vez que se describe, pero no se puede terminar de describir ni aprehender por ningún sentido, es la misma que la del Mahābhārata. A esto me refiero con la palabra como resonancia. Las historias del Mahābhārata son reales, pero hablan de un sonido, o un color, o un sabor, o una sensación: de algo cuya presencia se evoca con la narración, pero no puede ser asido conceptualmente, ni refutado, ni definido, porque los argumentos se disuelven en ello como burbujas de jabón en el agua. Y lo maravilloso es que los mismos narradores originales del Mahābhārata eran conscientes de ello mientras lo transmitían.

No digo que en el primer año del voto (2016) yo hubiera descrito esto con las mismas palabras que uso ahora, pero esta maravilla era lo que me motivaba a proponer este voto de narración. Ahora bien, soltarse realmente a esta conciencia de la palabra como evocación de algo no terminado, indefinible e inconcebible, implica abrirse a lo desconocido, y esto no siempre es fácil.

En los encuentros de narración me gusta decir que cuando más aprendo del Mahābhārata menos me parece que lo conozco, pero aunque lo proclame con alegría, y admiración, no quiere decir que siempre lo disfrute. El encuentro con lo desconocido puede producir una gran angustia. La sensación de estar caminando por un terreno ignoto, después de siete años, me ha sobrepasado en estos últimos diez o doce meses. Por miedo a lo desconocido me he agarrado a interpretaciones literalistas del texto y me he angustiado cuestionando si tenía sentido narrar el Mahābhārata a pesar de no ser hindú, ni haber nacido en la India.

He compartido esta duda con expertos en el tema, de origen hindú o no, y he leído estudios sobre nacionalismo, mito hindú e identidad, pero no puedo decir que he llegado a ninguna conclusión¡. Lo único que puedo decir , y este es el manifiesto de este séptimo año, es que siento que me he enredado excesivamente en la interpretación de la historia, o en eso que Walter Benjamin decía que no formaba parte de la narración. Porque el Mahābhārata es una narración, y lo que evoca es un campo en el que podemos encontrarnos tod@s. Este campo es el campo de lo desconocido; el campo abierto en el que los caminos desaparecen como olas en el mar. Más que un mapa, programa o esquema, lo que propone el Mahābhārata es una evocación, como un plano onírico multicolor que se modifica ante la mirada, pero no deja de apuntar a la realidad. Este gran desconocido puede asustar, cuando estás solo. Por eso es tan importante la compañía. Por eso es tan importante el encuentro presencial, la narración en grupo. Las siete mil páginas del Mahābhārata, leídas en soledad, como una novela, pueden angustiar, pero narrar su historia en grupo es evocar junt@s nuestra realidad compartida. Aquello en lo que se disuelven las palabras y los conceptos, que paradójicamente se evoca con sonidos, colores, sensaciones, sabores y aromas, pero está más allá de ellos.

El manifiesto de este séptimo año es una defensa de lo desconocido. No olvidemos que, en última instancia, no sabemos nunca de qué estamos hablando, pero escuchando nos encontramos.

Por esto te invito a venir, escuchar y opinar, en la narración de este séptimo año de Respirar el Mahābhārata. Volver a los orígenes significa para mí volver a narrar el argumento entero del Mahabharata sin más artificios que la luz de las velas.

Volver a los orígenes es volver a la sala de CRA’P, que es el lugar donde más versiones de la narración del Mahābhārata he estrenado y presentado.

Dado que este año el día 12 cae en lunes, haremos la narración el domingo 11 por la tarde. Cada participante recibirá una vela que podrá encender el día 12. El domingo narraré el Mahābhārata, y hablaré de la participación de Krishna, teniendo en cuenta lo desconocido, que se abre entre las palabras. El ritmo será pausado, habrá tiempo para descansar, tomar té y meditar, porque el objetivo es compartir el espacio, el tiempo y lo desconocido.

Para inscripción en información: info@cra-p.org


[i] Citado por Klaus Ebeling en Ragamala Painting, Ravi Kumar, Basel, Paris, New Delhi, 1972, pp.122 Y 128

Manifiesto del sexto año

El lenguaje nació para la invocación. La función del lenguaje no es la de describir nuestras pulsiones e impresiones. La función del lenguaje es la de invocar.

Cuando nos esforzamos en comunicar con la mayor precisión posible qué queremos comer, qué opinamos sobre alguien, cómo queremos que nos traten, cómo hemos entendido un concepto y cómo deberían entenderlo otros, nos encerramos en habitaciones mentales. En salas dentro de salas.

Y es inevitable usar el lenguaje también así, para pedir pepinillos y decir dónde nos pica la espalda, pero es imperante recordar que el lenguaje es, ante todo, y en primera instancia, una invocación. Lo que importa no son los pepinillos, sino lo que invocamos al pedirlos.

Toda palabra es una invocación; la invocación de un aspecto de algo que está en nosotros, pero no es solo nosotros, porque está en todas partes, y ya estuvo antes, y siempre será, también, todo lo que no somos.

Cuando asumimos al lenguaje como invocación despiertan los recuerdos de la realidad. Recuerdos invisibles del mundo que somos, fuimos y seremos.

Manifiestos anteriores:

Año 1: la semilla

Año 2: El encuentro

Año 3: La corona interior

Año 4: Antarayatra

Año 5

Lo que proponemos este año es un acercamiento no linear al argumento de la obra. Al acudir al evento te encontrarás con un espacio físico que habitarás durante dos horas. Una instalación que podrás explorar, y que comunicará contigo de maneras distintas.

Individualmente, en pareja o trio, serás llamado a escuchar tu narración personal del Mahābhārata, basada en la carta que te haya tocado del tarot del Mahābhārata, que hemos desarrollado los últimos seis años junto a Gisele Cornejo.

A medida que transcurra el tiempo tu relación con el espacio cambiará, tu relación con el Mahābhārata también, y quizá tu relación con tu propia humanidad. Es así como se abre el portal del Amor en la guerra: la joya invisible del corazón del Mahābhārata, que es la guía de nuestra humanidad.

Las plazas para el estreno están agotadas, pero pronto anunciaremos más representaciones. Más información escribiendo a: respirarelmahabharata@gmail.com

La instalación de este año se ha desarrollado con la guía inestimable de Toni Cots.

Manifiesto del quinto año

No sabemos con certeza el desenlace que tendrán nuestras acciones. Cada palabra, cada gesto, o cada silencio, tendrá consecuencias: El momento que elijo para salir de casa, la persona con quien me cruce, y mi estado de ánimo cuando nuestras miradas se encuentren, tendrá repercusiones, a corto y largo plazo. Mi presencia repercutirá en más gestos, silencios, palabras y otros estados de ánimo, que producirán a su vez más consecuencias. Nuestro paso por el mundo tiene un eco. No podemos prever el alcance que tendrá el despliegue de las consecuencias de nuestra vida, y tampoco podemos comprender desde dónde, y cuán lejos en el tiempo nos arriba todo lo que inspira nuestras decisiones. Todos los eventos que han derivado en el encuentro de nuestros padres biológicos, así como el de los padres de nuestros padres, y todas las causas que llevan a la aparición de miles de fenómenos que afectan a nuestra actitud.

Desastres ecológicos, guerras, enamoramientos, golpes de suerte y milagros interactúan entre ellos desde el abismo del pasado hasta el abismo del futuro. Causas que nos convierten en consecuencias. De lo desconocido, vamos hacia lo desconocido. Lo que nos queda es el ahora, plagado de posibilidades. Incontrolable. Libre.

El fin nunca puede justificar los medios, porque no sabemos cuales serán las consecuencias de nuestras acciones. Más bien, los medios son el fin, porque los medios son ahora. El posicionamiento que elijo es mi refugio. Presente a presente. El bienestar del mundo es tan importante como mi bienestar, porque el mundo me permea. Por esto creo que la colaboración, y la repartición de los bienes, es preferible a la competición. Creo que todos tenemos la misma capacidad para crecer, cuando las condiciones lo permiten.

Elijo creer en la sinceridad, porque el fin nunca justifica los medios, sino que los medios son el fin, y nada vale la pena cuando se consigue sin sinceridad. Mi opinión no vale más que la de otro, aunque crea en ella. No quiero convencer, sino buscar el diálogo; intentar comprender las razones del otro y ponerme en su lugar. No prejuzgar por apariencia, afiliación o ideología. Buscar el argumento y el acuerdo en lugar de la victoria. Ser fiel a estos votos es más importante que el éxito, o que cualquier otro resultado, porque los votos son la realidad y el resultado no es más que un eslabón más en la cadena de causas y consecuencias.

Este es el manifiesto del quinto año de respirar el Mahābhārata. Estás invitad@ a asistir al estreno de Respirar el Mahābhārata 5. Con colaboración de Gisele Cornejo y Toni Cots.

Este año online, en vivo, o por diferido, para quien no pueda asistir al vivo pero quiera ver las grabaciones.

 Tenemos un precio especial para Latinoamérica también.

Como reflejo de este año convulso, y el fragmento correspondiente del Mahābhārata, la presentación de este año será un taller sobre el Mahābhārata y el posicionamiento en la vida. Un taller dividido en tres encuentros.

 Domingo 6: Introducción teórica.

Sábado 12: Narración ritual.

Domingo 20: cierre y conclusiones.

Para información y reservas puedes escribir a: info@cra-p.org o abrir este enlace de la página del colectivo CRA’P, quienes han vuelto a acoger esta performance en residencia un año más.

Manifiesto del cuarto año

Vivir es renacer, y renacer, en cada instante.

Vivir es nacer ahora, leyendo esto. Nacer con este parpadeo. Porque si lees estas líneas, vives.

Vivir es valorar este nacimiento. Valorar este cuerpo humano. Valorar las sensaciones que nos otorga la vida. Valorar el frío y el calor; valorar lo suave, y valorar la contención de lo duro; valorar la paleta de colores que percibe el ojo y los sonidos que nos inspiran.

Valorar los ciclos de nuestras emociones. Valorar la tristeza y la felicidad, el dolor y la rabia que produce la frustración.

Valorar el efecto de nuestras palabras. Valorar el discurso político que adoptamos, los insultos que nos decimos y las mentiras que aceptamos. Valorar el efecto que tiene la poesía y el sendero que sale de las palabras y llega al corazón. Valorar los efectos de nuestras acciones como humanidad. Valorar el lugar y la familia en la que hemos nacido.

Valorar los frutos de la tierra. Valorar el alimento que nos nutre. Valorar la ayuda que recibimos.

Valorar nuestra aportación.

Valorar las normas, los acuerdos sociales, las opiniones y el trabajo de cada uno por encontrar una manera de vivir justa, entre el cielo y la tierra; entre el hambre y la curiosidad. Valorar, el valor del dar. Valorar el ser; el ser humano y el ser cósmico: el ser universal.

El nacimiento humano es el más preciado, porque es el nuestro. Valorar nuestro nacimiento. Llevarlo a la máxima expresión, es la motivación de este proyecto. Reconocer al humano como ser creativo: como un enigma por resolver.

Evitar la trampa de la complacencia; del veneno del “esto ya lo he entendido”. Escuchar al miedo. Celebrar la inocencia. Buscar la palabra justa, la expresión sincera del ser, en este lenguaje humano, es la motivación de este proyecto.

Respirar el Mahabharata es un acto ritual. Un voto. Una ceremonia de 12 años de duración. Y una ceremonia ritual tiene que tener un propósito para convertirse en un acto de transformación.

En consecuencia, pongo como propósito de este acto ritual lo siguiente:

en lo personal, hacer las paces con mi guerra interior. Integrar la violencia y el rechazo como aspectos de mi nacimiento humano, para darles el lugar justo que les toca, en equilibrio con la entrega y la inocencia. En lo colectivo, que la narración del Mahabharata, la historia de la gran guerra de la humanidad, lleve a desarrollar un lenguaje de la liberación. Un lenguaje creativo que nos libere de los aferramientos a la necesidad de tener razón. Un lenguaje creativo que despierte la curiosidad al profundo misterio que es el ser humano.

 

Estreno del cuarto capítulo de Respirar el Mahabharata: 12 de Diciembre de 2019, en la sala del colectivo CRA’P (Anselm Clavé 67 3r, Mollet del Vallès). 19.30 – 22.30.

Información y reservas: CRA’P

Anteriores manifiestos: año 1, año 2, año 3.

«Manifiesto» del segundo año

Estas líneas que estás leyendo forman parte de un diario o, como a mí me gusta llamarlo, un cuaderno de bitácora imaginal, que documenta la evolución de mi lectura del Mahabharata, la historia más grande jamás contada.

Yo, que escribo estas líneas, soy un amante de la ironía, porque me parece reconocer en ella la sonrisa de la transcendencia, y en este caso la bella ironía consiste en la constatación de que documentar la evolución de mi lectura del Mahabharata es un propósito basado en una premisa huidiza e insegura, de entrada, por no decir imposible; porque ese yo que lee el Mahabharata se dilata y separa, y re-ordena, y nunca para de evolucionaro se deja de mover.

La palabra inglesa blog viene del lenguaje naval: es el cuaderno del viaje en el que el capitán anota las observaciones más relevantes entre aquello que transcurre en el avanzar de la expedición. El viaje naval hacia lo exótico también es un viaje de auto-reconstrucción, pero en el caso de los antiguos viajes de exploración colonial renacentistas, o los viajes comerciales de la modernidad, el yo del capitán, la referencia a la hora de anotar observaciones -lo que decide qué es relevante y digno de anotar- está más definido, porque correspondía a los intereses expansivos y comerciales de la corona o el organismo que financia la empresa. El capitán anota aquello que pueda servir a otros capitanes para facilitar próximos viajes, perfeccionar las rutas y mejorar la efectividad de futuros proyectos navales. Podrá cambiar la personalidad del capitán con el viaje, y la de los marineros, pero los intereses de la corona siguen siendo los mismos.

Esto, es el mito. Pero al final, también la corona cambia, el sistema económico se transforma. La gente siempre quiere lo mismo pero de maneras distintas. Los reinos se convierten en imperios y los imperios en países y los países en alianzas y las asociaciones en fondos económicos comunes y el yo que apunta lo que ve y lo que le pasa, sigue cambiando.

Irónica seguridad la de saber que todo es y será siempre diferente.

Todo viaje es un partir de un lugar desconocido hacia lo desconocido. Durante el viaje, uno siente que entiende mejor lo que va dejando atrás. Esta es la vivencia interior, la de la profundización. El viaje interior que refleja el viaje exterior, a través del tiempo.

La materia es el poso que va dejando el flujo del tiempo. Igual que las partículas que arrastra el cauce del río se posan en los márgenes y se condensan en esa arcilla suave y tan agradable al tacto con la que construimos vasijas e instrumentos musicales, el cauce del tiempo deja en sus márgenes planetas, montañas y bosques. También seres humanos. Tallar en piedra palacios y estatuas de dioses es una manera de representar lo que la humanidad va viendo en su viaje interior hacia lo desconocido.

El arte nunca crea, solo re-crea; re-interpreta lo que siempre ha existido.

Los relatos míticos, simbólicos, sociales, místicos, de la tradición india ofrecen un mapa para transitar el plano imaginal, el plano de la interpretación mítica de la realidad. La que une la experiencia interior con la exterior. Un mapa hacia lo más humano que hay en nosotros, el destello de lo mejor a lo que podemos llegar. Eso que llamamos la esencia, lo mejor o lo más elevado de la humanidad. Algo que transciende todo vocabulario, a pesar de yacer entre nosotros.

Otra vez, la ironía.

Las narraciones, los apuntes del cuaderno de bitácora colectivo de la humanidad, no pueden hablar de lo más elevado porque es demasiado sutil para ser atrapado en una palabra -es demasiado maleable, demasiado fluido – pero nos pueden ayudar a intuirlo.

Lo más elevado no está en mí, ni en ti, sino en los dos. La condición indispensable para encararse hacia lo humano que yace en nosotros es el encuentro. Entre tú y yo.

Sin encuentro no hay arte ni creación, y sin encuentro ninguna historia nos lleva más allá; hacia lo mejor.

Las historias están hechas para compartir. Los mitos son estructuras que se entrelazan cuando se reconocen.

En el encuentro yo ya no soy yo y tú dejas de ser tú. Mi mito personal, mi interpretación de la realidad, se entrelaza con la tuya. En el encuentro nos volvemos reales. Si te presento mi avaricia, mi miedo, mi soberbia o mi fantasía más egoísta no nos encontramos. Porque no te pregunto, no escucho, solo expongo. Yo presento y tú no vienes hacia mí, solo juzgas.

Sin embargo cuando compartimos relatos misticológicos tradicionales, como el Mahabharata, ambos compartimos un mismo campo abierto que podemos explorar. Esto se podría decir de muchos mitos compartidos, pero pocos son tan beneficiosos como el Mahabharata. El Mahabharata contiene el conocimiento heredado de unas relaciones simbólicas que abren el paso a la circulación más propicia de la energía vital a través de esa red psicoemocional que proyectamos sobre el espacio que compartimos.

El Mahabharata ofrece la posibilidad de encontrarnos los dos en el interior.

***

Esta es la última entrada del segundo año del proyecto

Respirar el Mahabharata. El próximo día 12 estrenaremos el segundo espectáculo del proyecto con Gisele Cornejo y la banda Surindia. Estás invitado, estás invitada.

La próxima entrada, para el día 15 de Diciembre, será la primera del tercer año.

Gracias a todas las personas involucradas en el proyecto, al que ayuda, al que opina, al que corrige, al que programa, al que invita, al que escucha, a cada uno, a cada una. Gracias a cada potencia del universo. Gracias a la vida. Gracias a la suerte y gracias al alimento, al oxígeno y al amor que me mantiene vivo.

Manifiesto del primer año

Esta es la última entrada que publico antes del estreno de la narración del primer año de inmersión en el océano del Mahabharata. La próxima está pensada para el 15 de Diciembre, después del estreno, y será la que abrirá el segundo año del proyecto. Por esta razón especial he decidido hacer algo diferente. La premisa de este diario de navegación siempre ha sido no publicar ninguna entrada que no contenga una historia del Mahabharata o esté por lo menos basada en un citado de la obra. En esta entrada me salto esta norma, pero lo hago con consciencia. Tengo la intención de saltarme la norma cada año, en la última entrada antes del estreno del 12 del 12.

Lo que publico aquí tampoco se aleja demasiado del tema. Se trata de algo que he estado incubando y nunca he tenido intención de publicar, hasta ahora. Lo que quiero publicar es un manifiesto, que vengo madurando desde hace tiempo. Para mi proceso interno, he venido pensando en un “manifiesto del primer año”, así lo tengo apuntado en mi libreta, que consiste en una síntesis de las intenciones del proyecto basadas en la vivencia acumulada del pasado año. Esto yo lo he querido escribir siempre para mí, para mi inspiración personal, pero pensando en algo diferente para publicar en esta última entrada me han venido las ganas de compartir el “manifiesto del primer  año”. Lo que se me ha ocurrido a continuación es establecer aquí otra rutina, que consistirá en publicar cada año un “manifiesto”, antes de cada estreno, de manera que al final quedarán 12 manifiestos que servirán para trazar una línea de evolución del proyecto.

Aquí el manifiesto del primer año de Respirar el Mahabharata:

Las palabras y el lenguaje son una necesidad humana. El bebé se esfuerza en aprender a comunicar sin saber por qué.

Las palabras combinadas estructuran narraciones, las narraciones son una construcción imaginaria. La raza humana busca una narración común. No una misma narración dogmática sino un terreno imaginario común sobre el que se pueda improvisar. Cada cuerpo humano es único pero a la vez somos una misma especie. De la misma manera que podemos extraer conclusiones generales sobre el funcionamiento físico del cuerpo humano, o de las emociones, podemos reconocer patrones generales en el funcionamiento de la fantasía humana.

Considero a la fantasía tan real como las emociones o el cuerpo físico. La fantasía es otra herramienta de comunicación con la realidad.

La fantasía es real cuando es sincera. Compartir las propias fantasías es real. La represión hace que las personas podamos llegar a compartir fantasías que no tenemos y tener fantasías que no compartimos. Una fantasía compartida es una fantasía real.

La fantasía es real pero no es toda la realidad, de la misma manera que el cuerpo físico es real pero no toda la realidad es física y las emociones son también reales pero no componen toda la realidad.

El imaginario humano, cuando se comparte, se sana.

Cuando se comparte, el imaginario humano se estructura. En el Mahabharata podemos encontrar una estructura. Aprender esta estructura es aprender qué imaginario podemos compartir los humanos para entendernos.




Aprender la estructura imaginaria (real) del Mahabharata será uno de los motores de este proyecto.

La estructura que me parece reconocer en este momento es la siguiente:

Esencia única del universo

Potencias que juegan con el destino

Antepasados ejemplares

Familia

Individuo

Sociedad

Transformaciones - libertad – tendencias destructoras.




En el ser humano se encuentra el impulso de equilibrar estos patrones de la estructura imaginaria. Compartir nuestro imaginario ayuda a equilibrarlo junto al de los demás. Por esta razón creo en compartir el Mahabharata de manera oral, para propiciar un debate que ayuda a equilibrar el imaginario de los que compartimos la experiencia.

Este es el manifiesto del primer año.

Me metí en este proyecto porque me apasionaba. Porque quiero entrar en el Mahabharata, me llama, pero no quiero hacerlo solo. Siento que si entro en el Mahabharata tengo que hacerlo compartiendo lo que descubro, esto es una necesidad.

Veo que me hace bien. A lo largo de este año he vivido momentos concretos en los que compartiendo fragmentos del Mahabharata he visto una persona abrir los ojos, entusiasmarse y empezar a filosofar sobre la vida con optimismo y vitalidad. Cada uno de estos momentos es único y hace que el proyecto tenga sentido. Son momentos en los que integramos todos los planos de la estructura imaginaria y asumimos que no somos un ser individual solamente sino que estamos unidos a unos ancestros, un linaje, unas potencias que no entendemos, una sociedad y un plano oscuro que nos asusta. Y todo esto está dentro de una misma esencia que nos abraza a todos.

Estoy buscando una frase final potente y no se me ocurre, probablemente porque esto apenas es el principio. Nos quedan 11 años por delante, espero que los dioses del azar protejan este proyecto. Lo que les ofrezco es mi esfuerzo, tiempo, dedicación y diligencia. Espero que estas ofrendas agraden a su mirada.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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