Estas líneas que estás leyendo forman parte de un diario o, como a mí me gusta llamarlo, un cuaderno de bitácora imaginal, que documenta la evolución de mi lectura del Mahabharata, la historia más grande jamás contada.

Yo, que escribo estas líneas, soy un amante de la ironía, porque me parece reconocer en ella la sonrisa de la transcendencia, y en este caso la bella ironía consiste en la constatación de que documentar la evolución de mi lectura del Mahabharata es un propósito basado en una premisa huidiza e insegura, de entrada, por no decir imposible; porque ese yo que lee el Mahabharata se dilata y separa, y re-ordena, y nunca para de evolucionaro se deja de mover.

La palabra inglesa blog viene del lenguaje naval: es el cuaderno del viaje en el que el capitán anota las observaciones más relevantes entre aquello que transcurre en el avanzar de la expedición. El viaje naval hacia lo exótico también es un viaje de auto-reconstrucción, pero en el caso de los antiguos viajes de exploración colonial renacentistas, o los viajes comerciales de la modernidad, el yo del capitán, la referencia a la hora de anotar observaciones -lo que decide qué es relevante y digno de anotar- está más definido, porque correspondía a los intereses expansivos y comerciales de la corona o el organismo que financia la empresa. El capitán anota aquello que pueda servir a otros capitanes para facilitar próximos viajes, perfeccionar las rutas y mejorar la efectividad de futuros proyectos navales. Podrá cambiar la personalidad del capitán con el viaje, y la de los marineros, pero los intereses de la corona siguen siendo los mismos.

Esto, es el mito. Pero al final, también la corona cambia, el sistema económico se transforma. La gente siempre quiere lo mismo pero de maneras distintas. Los reinos se convierten en imperios y los imperios en países y los países en alianzas y las asociaciones en fondos económicos comunes y el yo que apunta lo que ve y lo que le pasa, sigue cambiando.

Irónica seguridad la de saber que todo es y será siempre diferente.

Todo viaje es un partir de un lugar desconocido hacia lo desconocido. Durante el viaje, uno siente que entiende mejor lo que va dejando atrás. Esta es la vivencia interior, la de la profundización. El viaje interior que refleja el viaje exterior, a través del tiempo.

La materia es el poso que va dejando el flujo del tiempo. Igual que las partículas que arrastra el cauce del río se posan en los márgenes y se condensan en esa arcilla suave y tan agradable al tacto con la que construimos vasijas e instrumentos musicales, el cauce del tiempo deja en sus márgenes planetas, montañas y bosques. También seres humanos. Tallar en piedra palacios y estatuas de dioses es una manera de representar lo que la humanidad va viendo en su viaje interior hacia lo desconocido.

El arte nunca crea, solo re-crea; re-interpreta lo que siempre ha existido.

Los relatos míticos, simbólicos, sociales, místicos, de la tradición india ofrecen un mapa para transitar el plano imaginal, el plano de la interpretación mítica de la realidad. La que une la experiencia interior con la exterior. Un mapa hacia lo más humano que hay en nosotros, el destello de lo mejor a lo que podemos llegar. Eso que llamamos la esencia, lo mejor o lo más elevado de la humanidad. Algo que transciende todo vocabulario, a pesar de yacer entre nosotros.

Otra vez, la ironía.

Las narraciones, los apuntes del cuaderno de bitácora colectivo de la humanidad, no pueden hablar de lo más elevado porque es demasiado sutil para ser atrapado en una palabra -es demasiado maleable, demasiado fluido – pero nos pueden ayudar a intuirlo.

Lo más elevado no está en mí, ni en ti, sino en los dos. La condición indispensable para encararse hacia lo humano que yace en nosotros es el encuentro. Entre tú y yo.

Sin encuentro no hay arte ni creación, y sin encuentro ninguna historia nos lleva más allá; hacia lo mejor.

Las historias están hechas para compartir. Los mitos son estructuras que se entrelazan cuando se reconocen.

En el encuentro yo ya no soy yo y tú dejas de ser tú. Mi mito personal, mi interpretación de la realidad, se entrelaza con la tuya. En el encuentro nos volvemos reales. Si te presento mi avaricia, mi miedo, mi soberbia o mi fantasía más egoísta no nos encontramos. Porque no te pregunto, no escucho, solo expongo. Yo presento y tú no vienes hacia mí, solo juzgas.

Sin embargo cuando compartimos relatos misticológicos tradicionales, como el Mahabharata, ambos compartimos un mismo campo abierto que podemos explorar. Esto se podría decir de muchos mitos compartidos, pero pocos son tan beneficiosos como el Mahabharata. El Mahabharata contiene el conocimiento heredado de unas relaciones simbólicas que abren el paso a la circulación más propicia de la energía vital a través de esa red psicoemocional que proyectamos sobre el espacio que compartimos.

El Mahabharata ofrece la posibilidad de encontrarnos los dos en el interior.

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Esta es la última entrada del segundo año del proyecto

Respirar el Mahabharata. El próximo día 12 estrenaremos el segundo espectáculo del proyecto con Gisele Cornejo y la banda Surindia. Estás invitado, estás invitada.

La próxima entrada, para el día 15 de Diciembre, será la primera del tercer año.

Gracias a todas las personas involucradas en el proyecto, al que ayuda, al que opina, al que corrige, al que programa, al que invita, al que escucha, a cada uno, a cada una. Gracias a cada potencia del universo. Gracias a la vida. Gracias a la suerte y gracias al alimento, al oxígeno y al amor que me mantiene vivo.