La búsqueda de lo real

Allí fuera hay un mundo objetivo: el de todas las cosas iluminadas por los rayos del sol. Allí fuera, una pared es una pared y el fuego quema. Allí fuera, está el cosmos, desplegándose hacia las entrañas del infinito. Y aquí dentro, hay un mundo interior: tiene formas y nombres, pero sus paredes son maleables y su fuego nunca quema. Entre el infinito y lo objetivo, hay un mesocosmos que enlaza todas las posibilidades: es el lugar donde las formas brillantes que danzan sobre un tronco se llaman fuego, y este fuego es un dios, que enlaza el tronco seco con la respiración de nuestro cuerpo, y con en el sol, y el ritual, y la poesía.

El ser humano se mueve y se desplaza por y mediante este mesocosmos. Gracias al mundo intermedio reconocemos el espacio que nos rodea; reconocemos nuestra relación con nuestro hogar. Porque nuestro hogar es un lugar físico y otro lugar interior. Mediante el mesocosmos reconocemos nuestra relación con nuestra aldea, nuestra familia, nuestra raza y el planeta.

Pero en el mundo intermedio uno se puede perder, dando vueltas alrededor de los propios pensamientos. Porque la dirección aquí no se encuentra con la mente, ni ninguno de los sentidos, sino mediante la acción. La acción desinteresada, la entrega, es la guía para ir reconociendo el pulso vital que nos llama a atravesar las aguas fantasmales en las que se diluye el tiempo, y en él todas las formas del mundo objetivo.

Mahābhārata, es el nombre de una gran historia, que habla de cómo encontrar esta dirección. Para hacerlo, el Mahābhārata nos cuenta la historia de aquellos que vivieron antes que nosotros; la humanidad anterior:

El Mahābhārata nos habla de un mundo en el que las cosas eran distintas, y nos habla de cómo murieron los héroes (kshatriya) que defendían al mundo de bandidos. Nos habla, el Mahābhārata, de una humanidad que conoció a los reyes (kshatriya), aquellos seres que vivían por hacer lo correcto y proteger la justicia. Pero, dice el Mahābhārata, que llegó una era misteriosa y oscura en la que los Kshatriya se convirtieron en una carga demasiado pesada. La tierra rogó por ayuda, con un plañido que fue escuchado en todos los mundos. Y nació Krishna, y su contraparte femenina Krishná: también llamada Droupadi, la oscura, nacida del fuego. Entre los dos se encargaron de que murieran todos los hombres kshatriya, en una guerra total, que quedó narrada en los cantos del Mahābhārata.

Este gran canto iniciático que se llama Mahābhārata es lo que estoy narrando en doce años. Dejándome transformar por el Mahābhārata, entregándole la mayor parte de mi tiempo y mis pensamientos entre el 2016 y el 2028. Y este sexto año se lo dedico a Krishna, porque es el centro del Mahābhārata, junto a Krishná. Porque el Mahābhārata dice que allí donde está Krishna está la victoria (jaya). Solo que, si Krishna y Krishná fueron quienes destruyeron a los Kshatriya, ¿a qué tipo de victoria se refiere el Mahābhārata?

Cuando Krishná (Krishnā), instiga a sus cinco maridos como fuego en sus entrañas; cuando los insta a ir a la guerra contra sus primos, en nombre de la justicia, y la venganza, ella sabe que esa guerra que está avivando será la destrucción de todos. Y cuando en medio de la batalla Arjuna, quien fue el más poderoso entre los kshatriya, sintió que no debería participar de esa guerra corrupta, Krishna lo animó a hacerlo, aun sabiendo que esa guerra significará la desintegración de todos los clanes. Y cuando, al final de esa guerra terrible, Krishna animó al héroe Bhima a luchar de manera deshonesta, y ganar con un golpe bajo el último duelo de la batalla, sabía que se ganaría una maldición. Y esa maldición fue la que lo destruyó a él, a Krishna, y a todo su linaje. En la próxima entrada explicaré mejor este fragmento, que todavía no ha aparecido en el blog, sobre la muerte de Krishna y algunos de los sucesos que llevana ella; pero lo que importa ahora es que eso era precisamente lo que Krishna buscaba. Krishna provocó su muerte, y la de su linaje, porque también fue un guerrero, y su clan (los Vrishni) debía desaparecer como los otros.

Así, ¿cuál es la victoria de Krishna?  Porque con la desaparición de los reyes comenzó nuestra era. Ahora nadie nos protege de los bandidos. Las guerras siguen existiendo, pero ya no son batallas, sino saqueos, y el fuerte esclaviza al débil para venderlo en el matadero. Así es la era de los bandidos coronados. Pero Krishna, y Krishná, siguen existiendo. Porque ellos sostienen todas estas formas que llamamos universo; con una pequeña parte de sí mismos. En medio de la confusión, en medio del paisaje fantasmal de las fantasías y los deseos, sigue estando Krishna. Y allí donde está Krishna está la victoria. Pero para estar con Krishna, y llegar a la próxima victoria, habrá que dejar ir alguna cosa. Así como la humanidad anterior tuvo que renunciar a los héroes, para seguir a Krishna, esta humanidad nuestra tiene que renunciar a algo. ¿Qué se nos está pidiendo que renunciemos, para que comience la era siguiente?

La próxima humanidad, se cuenta en el mismo Mahābhārata, será perfecta. La humanidad que nos suceda, recuperará la era de la luz, donde todos sabrán lo que tienen que hacer, y lo harán. ¿Qué es lo que tenemos que dejar ir, para dar paso a la próxima humanidad?

Si te interesa la relación de Krishna con el mesocosmos, tal y como se describe en la Bhagavad Gita, probablemente el texto filosófico más conocido del Mahabharata, puedes seguir los encuentros que estoy haciendo sobre el tema para La estrella de la devoción, un colectivo dedicado al arte religioso contemporáneo. Los encuentros se pueden seguir en vivo o en diferido, escribiendo a: respirarelmahabharata@gmail.com

Hay una guerra en el cielo

Más allá de los confines del mundo, y más allá de todo ciclo temporal; allí donde rugen las tormentas de lo indefinido; los dioses colaboraron una vez -esa sola vez- con sus enemigos eternos.

Los dioses (que brillan como el amanecer, la amistad, el fuego, el oro y la sinceridad) colaboraron con los Asura, quienes avarician el poder y controlar la vida. Juntos, por aquella sola vez, los enemigos unieron fuerzas para remover las aguas cósmicas que conectan todos los mundos: para extraer de ellas una esencia. Igual que se bate la leche para producir mantequilla, o se frota la madera para encender un fuego, así giraron juntos las aguas cósmicas los Dioses y los Asura.

Así lo cuentan las memorias antiguas. Y en el momento en el que el elixir de la inmortalidad salió de las aguas universales terminó la colaboración de Dioses y Asura. En el momento en el que vieron al elixir salir de las aguas, los Asura se abalanzaron sobre él y comenzó una guerra que continúa todavía. En todos los mundos, en todos los tiempos, hay una lucha absurda por la verdad. Porque así es la mente de la confusión: cada vez más inquisitiva, y a la vez más pequeña. La mente de la confusión es como un pequeño cuchillo para cortar el mundo a pedazos. Y así es como la división se posa sobre nosotros como un bochorno húmedo y pesado. Como un malestar compartido.

El Mahābhārata es un gran libro, claro como el agua limpia. Habla del ser humano, de nuestros miedos y anhelos, del sufrimiento y los dioses que nos guían. De los espíritus invisibles, del hombre, la mujer, y de la atracción y el miedo que nos tenemos. Y en el Mahābhārata hay un capítulo que se llama Bhagavad Gita: el canto de la fuente universal, donde Dios le habla a un guerrero para que deje de sufrir. Y lo que le dice es cristalino: que no se pierda en pequeñeces y confíe, más allá de la comprensión. Y por mucho que intentemos cortar la facilidad de este mensaje, y lo diseccionemos en opiniones, contextualizaciones  e interpretaciones parciales enfrentadas todas entre todas, la realidad siempre nos excederá. La realidad nos engulle, nos sostiene y nos pare. A la realidad no le afectan nuestros cuchillos, nuestras barreras, ni nuestros gritos, porque también forman parte de ella.

Entre lo que es cierto, y lo que sé; entre lo que entiendo, y lo que hay; entre mi idea, y la tuya; entre lo cercano y lo inalcanzable; entre lo que está y lo que no. Entre el bosque y el verano, entre la abeja y el sendero, entre la sombra y el aroma de una flor. Entre la lluvia y la tierra. Entre el pájaro y el horizonte, o entre la nube y el cielo, se regocija aquello que no puede morir.

En esta entrada es un intento de expresar la tristeza que me causan todas las discusiones innecesarias, y las tomas de poder intelectual, cada vez que decidimos que somos nosotros quienes entendemos “de verdad” como deberían ser las cosas. O cómo debería leerse un texto sagrado como la Bhagavad Gita.

El texto está influenciado por una narración oral del Mahābhārata que he escuchado durante los pasados quince días, a manos de Uma Jimenez, y el poema místico-erótico del autor medieval Jayadeva, llamado Gitagovinda. Poema que narra los dolores y placeres de Krishna y su amada Radha, así como las compañeras de esta.

Este sexto año de Respirar el Mahābhārata está basado en la búsqueda interior de Krishna. Si quieres participar, o recibir también los videos que estoy haciendo en paralelo sobre los elementos mitológicos de la Bhagavad Gita, y la descripción iniciática que Krishna hace de sí mismo en ella, puedes escribir a respirarelmahabharata@gmail.com

El campo en el que nos encontramos

Antes de que este mundo naciera, hubo otro. Para que pudiera comenzar esta era confusa, en la que nos cuesta distinguir entre el engaño y la verdad, tuvo que terminar otra. Antes de nosotros hubo otra gente, distinta. Esa era terminó, con una gran guerra. Mejor dicho, en una batalla. Una sola batalla a la que acudieron todos los guerreros del planeta. Tantos, que llenaban esplanadas y bosques. Tantos, que en el resto de la tierra solo quedaron los ancianos y los niños.

El Mahābhārata es el relato gigantesco que cuenta lo que se pueda recordar de aquella batalla y aquella era anterior a la nuestra, tan distinta que nos costaría comprenderla con la mente de hoy. Y en aquella batalla estuvo presente Krishna, la personificación de la fuente universal de la que mana todo lo que existe, existió y está por existir. Y en medio de la batalla Arjuna, un guerrero invencible, pasa por una crisis existencial (tal vez bajo el peso de la transcendencia del evento en el que estaba participando) y cuestiona a Krishna sobre el sentido de la vida.

Hace unas semanas publiqué en este blog una recapitulación de las preguntas que Arjuna hizo a Krishna en medio de aquella batalla de la que venimos todos, que son las preguntas que aparecen en el fragmento del Mahābhārata llamado Bhagavad Gita. Elegí redactar solo las preguntas de Arjuna, sin las respuestas de Krishna, porque me pareció que cuando se leen juntas se puede ver la coherencia que tienen y cuán vigentes siguen siendo como expresión de la duda, maravilla, miedo y curiosidad del humano ante la profundidad del mundo en el que nace.  La entrada se puede leer aquí, e incluye todas las preguntas que Arjuna hace, desde el verso 1 hasta el 14. El texto no termina ahí, el fragmento tiene 18 partes, pero yo terminé el texto en la pregunta que hace Arjuna en medio del canto 14, porque a partir de esa pregunta hay un cambio sustancial en el diálogo. En esta entrada quería comentar este cambio:

Ante la visión de la magnitud del conflicto en el que está formando parte; en el cual Arjuna se está enfrentado en una lucha a muerte con sus familiares, maestros y amigos, este se cuestiona el sentido de toda empresa. El mundo, el cuerpo, la vida, todo es transitorio así que ¿por qué luchar? Y ¿qué sentido puede tener la vida, si es tan corta y tenemos tan poco control sobre nuestras acciones? A esto Krishna responde trazando en esquema del cuerpo como un campo en el que confluyen sentidos con mente, consciencia y discernimiento. Un cuerpo que se enmarca, también, dentro de otro cuerpo mayor, que es social y ceremonial; y Krishna explica cómo el cuerpo ceremonial está acompasado con el ritmo del universo. La existencia, el mundo, el cosmos, -explica Krishna- es un rito, en el que todos participamos, y el centro del rito es él: Krishna. Y a continuación Krishna explica qué es lo que nos aleja de la visión del centro (la ignorancia y sus causas), y qué nos acerca (la entrega y la conciencia, libre de prejuicios, de los procesos que envuelven el centro). Entonces Arjuna pide ver este centro, que es Krishna, y Krishna le otorga una visión directa, que el texto no describe sino que relata la reacción de Arjuna ante la visión. Lo que se nos describe es la mirada de Arjuna, y sus reacciones ante la visión. Después, Krishna se describe a sí mismo en palabras, usando toda la simbología de la cosmogonía que enmarca el Mahābhārata: Se nos describe la mirada del Mahābhārata, para ver en ella el reflejo de Krishna.

El ser humano, concluye Krishna, es un campo compuesto por emociones y sensaciones. Este campo está enmarcado en el universo, que es otro campo de fenómenos que aparecen y desaparecen, nacen y mueren en todas partes. No dejarse confundir por todos estos movimientos lleva más allá de la duda destructiva que está corroyendo a Arjuna.

Y aquí viene la pregunta clave, que cambia las reglas de juego. La pregunta en la que me vi obligado a terminar el texto que redactaba la duda de Arjuna. La pregunta es: ¿Y dónde encuentro a alguien que me enseñe a hacer este trabajo? ¿Quién me puede guiar? ¿Cómo reconozco a la persona que me pueda mostrar en lo concreto, en la práctica del día a día, a redirigir la mirada?

Esta pregunta lo cambia todo, porque a partir de ahora Arjuna ya no está elevando sus preguntas al silencio del cielo estrellado. A partir de esta pregunta Arjuna va a recibir una respuesta, y para recibir una respuesta hace falta un cambio de actitud radical. Hace falta empezar a escuchar, y a confiar en lo que se escucha. El texto que compartí en la entrada anterior sirve como resumen de la duda humana a lo largo de los siglos, pero lo que viene a partir de la pregunta clave de Arjuna, en el verso 14.21 de la Bhagavad Gita, es otra cosa. Y las próximas preguntas que hará Arjuna a Krishna tienen que ver con esta otra forma de escucha y la nueva relación con Krishna que se ha iniciado tras el giro. ¿Es posible hacer este giro también en nuestra era, la era de la confusión? ¿Se puede ir más allá de la duda metódica sin caer en la complacencia? ¿existe un punto medio entre la duda y el fanatismo?

En el fragmento del Mahābhārata llamado Bhagavad Gita Krishna le confiesa a Arjuna que está en todo, y en todas partes, pero no es las apariencias. Y esto es lo que me importa ahora, porque la pregunta que me hago este año es cómo no confundirme y reconocer a Krishna. ¿Cómo reconocer a lo que queda de Krishna en esta era de la confusión? (que, no lo olvidemos, llevará al renacer de la sabiduría). Porque, aunque Krishna sea la razón de existir de todo, no está en lo que veo, ni en mi mirada. O, visto de otra manera, está en ambos. Y para ver a Krishna es necesario ir más allá de la duda, pero sin caer en la inocencia de creerse las propias opiniones. ¿Cómo hacer esto? No lo sé, pero lo que propongo es la narración de esta búsqueda a través de nuestras invenciones y nuestros fantasmas colectivos. El arte como rito basado en el ritmo universal que palpita bajo nuestras discrepancias. Porque en el centro del rito está Krishna, el enigma sanador.

El miércoles 21 de Abril comienza un nuevo bloque de la práctica de narración meditativa que vengo ofreciendo para el colectivo CRA’P. Los encuentros son online, y en ellos indagamos en la narración meditativa como herramienta transformación, así como todos los temas tratados en esta entrada: arte ritual, espacio interior y exterior, la búsqueda, etc. En cada encuentro narro la historia de la fase lunar de esa noche (según la tradición astrológica sánscrita), seguida de una meditación guiada sobre el mismo tema y cerrando con un espacio de debate, o silencio, en el que compartimos lo vivido. Puedes conectarte a un encuentro de prueba o recibir la grabación:

NARRACIÓN MEDITATIVA TRADICIONAL DE LA INDIA

La derrota real

El vencedor dejó entonces al vencido a solas.

Y el perdedor, volvió lentamente a su ciudad, junto a los componentes de su ejército, con la mirada caída por el peso de la vergüenza.

En el camino pasaron por un lugar con agua, cubierto de yerba excelente. Allí acamparon, por orden, los elefantes, caballos, carros e infantería. Todos rodeando al rey derrotado.

Cuando pasó la noche, el mejor amigo y admirador del rey se le acercó y le dijo:

-Es extraordinario verte aquí, libre de daño, junto a tu familia, riquezas y vehículos. Pudiste sobrevivir a la batalla contra los jinetes invisibles; no hay otro hombre en la tierra que sea como tú.

Pero los ánimos del rey no cambiaron:

– Me gustaría entrar en un agujero en la tierra para esconderme de mi vergüenza. Hubiera preferido morir en la batalla que salvarme y quedar así en deuda con la vida. Me quedaré aquí para ayunar hasta morir. El resto de vosotros volved a casa. Que mis hermanos vuelvan a quienes nos desean el bien y continuad la vida sin mí. Humillado así por el enemigo no pienso volver a la ciudad.

¿Qué diré a mis conocidos? ¿Qué contestaré a quienes me preguntan? Soy incapaz de vivir. Tengo orgullo y he perdido mi virilidad. El enemigo se ha reído de mí. Me han mirado con desprecio.

– No deleites a tus enemigos con esta tristeza – contestó el consejero – No deberías lamentarte como una persona ordinaria. Levántate y avanza. Si falleces así, ayunando, todos los reyes se reirán de ti.

-No me interesan más la justicia, las riquezas, la amistad o los actos que den placer. Id. Dejadme y volved al mundo. Estoy decidido a desaparecer.

Y percatándose de la resolución del rey los Asura, los señores de las sombras que viven en las entrañas de la tierra, sintieron que estaban perdiendo a uno de sus representantes en la superficie.

Con encantaciones complicadas, ejecutadas de manera precisa, invocaron a Kritya, la diosa de la magia negra, cuyo nombre significa “la que pertenece a lo terminado”.

A petición de los Asura Kritya trajo el rey a los mundos subterráneos. Allí, en la oscuridad, los ojos de los Asura se dilataron cuando vieron entre ellos a su protegido.

– ¿Por qué recurres a este acto apresurado de ayunar hasta la muerte? El suicidio hace que se hable mal de uno. Los inteligentes no deberían embarcarse en labores que corten las raíces de sus intereses. Esta decisión que estás tomando mata la fama, el poder y la fortaleza, mientras aumenta la felicidad de los enemigos.

Oh rey, escucha la verdad sobre este cuerpo tuyo y recupera tu fortaleza: En tiempos remotos conseguimos, a través de esfuerzos y austeridades, construir la parte superior de tu cuerpo a base de la energía de distintos rayos. Conseguimos hacer tu torso impenetrable a cualquier arma, por la gracia de dios. La parte inferior de tu cuerpo fue hecha de flores por la misma diosa, y es atractiva a todas las mujeres. ¡Supremo entre los reyes! Tu cuerpo ha sido creado por el dios y la diosa. Tu origen es divino, no humano. En la próxima batalla contra tus enemigos otros Asura entrarán en los cuerpos de tus generales que, poseídos como lo estarán, lucharán sin ningún miramiento. Son numerosos los demonios (rakshasa) que han nacido en matrices humanas para poder luchar a tu lado. La tierra entera va a ser tuya. No dirijas tus esfuerzos a otro objetivo que no sea este. Ve, y lucha.

Tras ese discurso el rey fue devuelto al mundo. El monarca mantuvo esta experiencia para sí y no la compartió con nadie, pero su resolución se dirigió hacia la lucha.

Demonios y dioses, Asura y Deva, necesitan la vida, porque estos cuerpos que habitamos son el campo sobre el que luchan. La vanidad, la autoexaltación, el engaño y la furia son las armas de los Asura. Armas que usan a través de nuestros cuerpos. Y las ideas que alimentan a los Asura son aquellas que nacen de una visión del mundo como una masa de reacciones azarosas entre elementos inanimados. Este tipo de visión acaba negando la vida; porque si nuestro cuerpo es solo un conjunto de materiales en reacción, ¿cómo se comprende qué es lo que lo habita?

La mente que concibe así el mundo queda atada a los contextos más pequeños, encerrada en procesos de reacción, rechazo y anhelo de las circunstancias más superficiales. Condición que lleva a la violencia y la destrucción, propia y del entorno.

La persecución de logros y placeres es el juego de los Asura en el tablero del mundo. Así se propaga su espíritu entre los cuerpos de la humanidad.

Existe también un sendero distinto. Comienza aquí y ahora. La elección es nuestra.

 

Fragmento basado en la depresión de Duryodhana y su encuentro con las voces infernales en Ghosha Yatra Parva, capítulo 14, del Mahabharata más comentarios relevantes al respeto de la Bhagavad Gita Parva, capítulo 16.

En la barra lateral del blog puedes encontrar el enlace a las grabaciones en video de los encuentros que hago cada semana. Puedes ver los horarios y videos en el enlace. Espero que lo disfrutes. Cualquier comentario será bienvenido.

Lo que realmente importa

La palabra siempre está relacionada con la interpretación. Más aún la palabra escrita. ¿Y cuántas interpretaciones podría dar de sí un texto que supera las siete mil páginas? Tantas como daría de sí la vida. Este texto es el Mahabharata, la épica más larga conocida.

Hay quien ve en el Mahabharata un documento histórico. Hay quien ve en él un conjunto de leyendas folclóricas, pero también es un texto filosófico, metafísico o teológico. Hay quien considera el Mahabharata como una recopilación selvática de narraciones populares con temática dispar, pero también hay quien reconoce en el Mahabharata una estructura clara y cohesiva[1] o, por otra parte, quien reconoce en el Mahabharata líneas narrativas paralelas[2]. Y no existe un consenso sobre su antigüedad. El Mahabharata es vasto, y sobrepasa al lector. Como la vida sobrepasa a quienes la vivimos.

Como la vida, el Mahabharata presenta enseñanzas en forma de incongruencias. O, mejor dicho, paradojas. Como por ejemplo el presentar una sinfonía de personajes que predican la acción justa, el deber y lo correcto mientras el mundo se derrumba a su alrededor, y todos acaban fallando de alguna manera al deber, al mundo y a sí mismos.

El Mahabharata es la historia de una guerra. La historia de un desastre que nadie consigue evitar un desastre en el que participa el universo entero: Los dioses, los demonios, los seres serpentinos que viven en ciudades escondidas dentro de las entrañas de la tierra, los humanos, por supuesto, y el resto de animales que son víctimas de estos excesos, como los caballos y los elefantes que mueren en la batalla, o todos aquellos que mueren en los bosques incendiados.

También participan en la guerra de la que habla el Mahabharata Krishna y Arjuna. Dos personajes con muchas capas, que permiten muchas lecturas, de cuya relación ya escribíhace unos meses, y seguro que volveré a escribir a lo largo de este acto creativo de 12 años. Pero de lo que quería escribir esta vez es de una de estas pequeñas paradojas del Mahabharata que son tan importantes.

Cuando la guerra ya es inminente, Krishna, guerrero invencible y príncipe del clan de los Yadava, promete que no va a luchar en el conflicto que se avecina. Krishna regala las tropas que comanda, con todas sus armas, a uno de los bandos en conflicto. En el otro bando está Arjuna, el amigo de Krishna. Y Arjuna pide a Krishna que sea el auriga de su carro de combate.

Cuando están a solas, Krishna pregunta a Arjuna:

-No tomaré parte en la batalla. ¿En qué estabas pensando cuando me elegiste?

A lo que Arjuna responde:

-No hay duda de que tú solo podrías eliminar a todos nuestros enemigos, ¡Oh suprema entre las personas! Pero yo también sería capaz de terminar con todos ellos sin ayuda de nadie. Tus actos son famosos en este mundo y tu fama ya te envuelve. Yo también deseo ser famoso y esta es la razón por la que te he elegido. Siempre ha sido mi deseo que condujeras mi carro. Lo he deseado durante muchas noches y deberías satisfacer mi deseo.

Arjuna quiere que se le recuerde. Y se le recuerda. Seguimos hablando de él. Este blog está dedicado a su historia. Pero la paradoja radica en que no recordamos a Arjuna por sus hazañas bélicas. No se haría un voto de 12 años como este para describir únicamente las victorias de Arjuna en una batalla. Por muchos guerreros poderosos que mandara al otro mundo. No se seguiría traduciendo, comentando, interpretando y enseñando el Mahabharata a lo largo de tantos siglos si solo hablase de las victorias bélicas de Arjuna.

Arjuna es famoso porque fue sobre su carro donde Krishna le reveló el mayor de los secretos del universo. En aquel carro famoso que condujo Krishna se escuchó recitar la Bhagavad Gita, uno de los pilares espirituales de la humanidad. Un texto filosófico, ético y místico, que sigue encendiendo la esperanza en los corazones más asustados. Sigue siendo el faro para los corazones más confundidos. Un manual que apunta a la doctrina más secreta, el arte de vivir.

La paradoja está en que, aunque el Mahabharata hable de una guerra, y de la caída de un mundo, lo leemos como un escrito espiritual.

Antes de empezar la batalla Arjuna -ese guerrero que se veía capaz de derrotar solo a todos los ejércitos-, se derrumbó en medio de su carro cargado de armas. Y Krishna, ese auriga que había prometido no luchar, le dijo que se levantara porque su conducta no estaba siendo la adecuada para un devoto. El mundo es más de lo que ven nuestros miedos, le reveló Krishna a Arjuna. Recuerda, instó Krishna a Arjuna, lo que realmente importa. No te pierdas entre las ramificaciones que despliegan las interpretaciones de esta realidad. Y Krishna ofreció una guía para hacerlo: La Bhagavad Gita. Esta guía que seguimos estudiando juntos.

La paradoja está en que el gran guerrero Arjuna se hizo famoso porque se asustó.

Más que sus hazañas bélicas, lo que ha quedado de Arjuna para la posteridad es la consecuencia de su fragilidad. Cuando se rindió a su fragilidad Arjuna pudo escuchar las enseñanzas de Krishna. La fragilidad abrió el pecho de Arjuna a la fe, el verdadero sostén, motor y destino de la humanidad. Por esto seguimos hablando de él, porque esto es lo que buscamos realmente. No nos engañemos más.

 

 

[1] Por ejemplo Vishwa P.Adluri, en Frame Narratives and Forked Beguinnings: Or, How to Read thr Ādipārvan (Journal of Vaishnava Studies).

[2] Ver, por ejemplo, la introducción de James L.Fitzgerald al artículo The Rāma Jāmadagnya ‘Thread’ of the Mahdbharata a new survey of Rāma Jāmadagnya in the Pune Text.

Escribiendo el fuego

Todas mis acciones pasadas y todas las posibilidades que sopesé, más las posibilidades que no pude concebir porque nunca emergieron del fondo inescrutable de las profundidades del océano desconocido que es el mundo para mí, son como circunferencias que forma con su movimiento circular una cadena de reacciones y consecuencias enroscadas alrededor de sí mismas. Una cadena de consecuencias de la cual no puedo vislumbrar ni el principio ni el fin.
La conjunción de elementos que me ha llevado hasta aquí, hasta este cuerpo y este lugar, hasta esta consciencia que me pide escribir estas palabras, danza en un espacio ilimitado, que crece a medida que se le observa. Con cada decisión descubro un mundo nuevo en mi interior. Un nuevo espacio. Un nuevo planeta. Nuevos valles y lunas por descubrir.
La vida despliega sus facetas a medida que se vive: sus colores, sus aromas y los sonidos que los anuncian. Sus sabores. sus emociones. Sus picos de intensidades y sus posibilidades: el estudio, las costumbres y rutinas, los encuentros, las decisiones y sus consecuencias. Reflejos, todos, de una misma fuerza que disfruta y asimila; que encienda en mi la percepción y la concepción, más allá de su comprensión, de un proceso de transformación continuo que evapora residuos de memorias, que se dispersan como los últimos recuerdos del sueño de la madrugada.
Mi mundo, los paisajes de mis proyecciones y anhelos, mis ideas, mis miedos y los senderos que despiertan mi curiosidad, se ven continuamente transfigurados; como si ardiera en su centro el fuego de un sacrificio continuo en el que se consumen las opiniones y las frustraciones, y se destila una verdad que me parece infinitamente refinable.
Así es como el mundo que conozco se desintegra y se funde en el cosmos, y renace, a cada instante, reintegrando elementos que brotan del vasto espacio desconocido que reconozco en mi interior, en mi vida y en el mundo que me contiene.

Este texto está basado en los versos 4.23 hasta 4.38 de la Bhagavad Gita. La Bhagavad Gita es uno de los discursos existenciales, con un matiz entre filosófico y teleológico, que contiene el Mahabharata; no el único, pero sí el más conocido. En cada uno de estos discursos que aparecen en el Mahabharata alguien más instruido o más inspirado enseña, o recuerda, a alguien más confundido que él, el sentido verdadero de la vida, explicado según los parámetros de la cosmovisión que representa el Mahabharata.
Los consejos y enseñanzas que ofrecen estos discursos son simbólicos. De hecho, la última cuarta parte del Mahabharata es un largo compendio de enseñanzas que imparte el abuelo político de los protagonistas al rey heredero (Bishma a Yudhiṣṭhira), y una frase que el maestro repite a menudo es: “medita sobre el sentido verdadero de estas enseñanzas”, como si impulsara a su aprendiz, y al lector, a ir más allá de lo literal. Más aún porque otro de los axiomas que se repiten es que los consejos prácticos que se ofrecen en el Mahabharata ya no servirán en las épocas venideras, como lo es la nuestra, porque la confusión interior y general de los siglos a por llegar hará inefectivos la gran mayoría de las ceremonias.
En los versos de la Bhagavad Gita que acabo de mencionar se habla de la vida como un yajña, que viene a ser un sacrificio u ofrenda. Es decir, en lo exterior está claro qué es un yajña; se trata de una ceremonia articulada que se compone de ofrendas al fuego en un orden determinado, unidas a cánticos adecuados. Pero la Bhagavad Gita no habla de la ceremonia exterior, sino de su significado interior, que es lo que se mantiene más efectivo en esta era confusa.
Desde lo misticológico, se habla de la forma circular por la que la serpiente infinita del tiempo se enrosca sobre sí. Unas espirales sobre las que yace “aquello que lo pernea todo”, Viṣṇu, que es la fuente eterna, Bhagavān. Del ombligo de Viṣṇu brota brahmā, quien expande la realidad, y las diversas caras de Brahmā son todas las formas posibles de sacrificar (yajña) que permite el mundo.
Y todo sacrificio es posible gracias al fuego, que es lo que une la parte con el todo.
En el escrito que inicia esta entrada he intentado escribir el fuego interior, el fuego simbólico que consume mi vida y la convierte en un sacrificio, para profundizar en la búsqueda que caracteriza este tercer año del proyecto, y entender mejor qué busco con esta simbólica peregrinación interior.

Consultas:
C. Radhakrishnan Bhagavad Gita, Modern Reading and Scientific Study, High Tech Books, 2017
Sri Aurobindo The Bhagavad Gita with text, translation and commentary in the words of Sri Aurobindo, Sri Aurobindo Divine Life Trust, 2014
Sri Aurobindo The Secret of the Veda, (Cap. IV: Agni, The Illuminated Will), Sri Aurobindo Ashram Trust, 1998.
Consuelo Martín, Ed. Bhagavad Gītā con los comentarios advaita de Śankara, Trotta, 2009

Esta entrada forma parte del diario escrito de una performance de 12 años que tiene como expresión más importante los encuentros de narración oral de historias del Mahabharata y la tradición india. En el apartado “próximas actividades” puedes ver las opciones que van apareciendo para poder disfrutar de alguno de estos encuentros.

Volver a casa

Kshetra es una palabra sánscrita que significa, según el pensador C. Radhakrishnan, <aquello que está sujeto a degeneración y (por tanto) es transitorio>, probablemente considerando la palabra kshetra como derivada de la raíz sánscrita de clase 1 kshi: corromper, destruir, arruinar, terminar. También, según el mismo pensador: <campo>, sinónimo de espacio, que es a su vez sinónimo de lugar.
El prestigioso diccionario sánscrito Monier Williams traduce Kshetra como lugar, propiedad, terreno, a partir de la raíz sánscrita Kshi, pero de clase 2, que se traduce por habitar, estar, residir.
En lo filosófico, como sucede a menudo con el sánscrito, el significado de ambas raíces no se contradice sino que se complementa.
Todos los objetos del mundo son Kshetra, desde la más pequeña partícula a nivel subatómico hasta la más grande; es decir, el universo completo. Nuestra vida tiene lugar en más de un kshetra a la vez, y el funcionamiento correcto de cada kshetra es la acción que le es natural.
Todos los eventos en el universo son complementarios. Ningún ser vivo pude existir a menos que forme parte de un balance mayor. Todo lo que actúe bajo un <auto-interés> que vaya en contra de esta ley queda alienado y acaba sufriendo, tarde o temprano.
Cada ser vivo manifiesta y actúa acorde a unos impulsos de la naturaleza basados en la biosfera colectiva. Los seres vivos no conocen la avaricia y no atrapan ni acaparan como los humanos. A esto se refiere la frase <observa los pájaros en el cielo; no plantan ni cosechan>. De hecho hacen las dos cosas, pero la diferencia crucial es que mientras lo hacen no sienten que lo hacen para sí mismos, y tampoco lo hacen bajo el impulso de ningún derecho de propiedad. Trabajan por el bien mayor por instinto. Esto es conocido como shayajña: ritual colectivo, o <Tomar parte del funcionamiento del mundo>, según C. Radhakrishnan. Toda acción con un interés que sea más estrecho que este es perjudicial para el que la hace. Uno no puede formar parte del balance a menos que esté desapegado.
Uno puede iniciar el acercamiento a la verdad de muchas maneras. También el ateo tiene una visión de la verdad en mente; está buscando una alternativa mejor a las propuestas religiosas y creencias existentes.
Sea cual sea la postura que uno toma en un principio, esa idea crecerá y evolucionará. Cuando el individuo se percata de que existe algo más auténtico y permanente que él ya ha iniciado el sendero del descubrimiento del ser en el universo (Ātman). Después, basándose en lo que haya podido oír, leer y ver, o las costumbres que conoce, continúa el aprendizaje.
La mayoría de las personas, independientemente de la fe que procesen, rezan a su propio y único Dios, quien se supone que escucha a sus penas, y solo a las suyas. Para algunos Dios es un ser redentor que cumple las necesidades de individuos y comunidades selectos. El concepto crece con la madurez del individuo; muchos quedan atrapados en alguna de las fases intermedias pero algunos repiensan y buscan senderos frescos. Sea cual sea el sendero y sea cual sea el lugar, todos estamos en ruta hacia el ser mayor, ser superior o supremo. También la negación y el odio a Dios forman parte de este viaje. Ninguna religión o fe es errónea o inútil. Todos los ríos fluyen junto al mismo sendero evolutivo, todos somos compañeros de viaje. No tiene sentido sentirse enfadado o separado de nadie. La única cosa a recordar es que este aprendizaje no se debería estancar en la guardería.
El descubrimiento de que existe una fuerza única y fundamental que sostiene el universo es el primer paso. Uno puede concebir esto como el creador / señor. <Pertenezco a esto> (tasmaivahan) es la actitud que refleja una relación de dueño y servidor. Sin embargo, el dueño es abstracto, distinto de uno y lejano. En el siguiente paso (taivaham– soy tuyo), el sujeto de la dedicación es más cercano, vivo y familiar. El último paso es tvamevaham (soy tú mismo) y lo vuelve todo claro. Incluso entonces permanece la distinción <yo-tú>, indicando una línea de separación. Cuando estos dos desaparecen y uno se unifica con ello se dice que uno ha alcanzado el verdadero conocimiento. Jñanayajña, comprender el sacrificio, es el esfuerzo de luchar por este conocimiento. No hay necesidad de preocuparse por los pasos intermedios pues también nos ayudan a ascender. Ya sea filosofía o simple adoración de naturaleza, continuar y progresar con la actitud adecuada le lleva a uno al éxito (jaya).
El alma no le tiene rechazo a nadie adoptando el sendero o método que sea. Cada uno puede tomar la cantidad de agua que quiera de este enorme océano dependiendo del tamaño del contenedor que uno tenga. No existe parcialidad ni favoritismos.
La entrega absoluta no lleva a nadie a una manera particular de adoración sino que investiga de manera imparcial la naturaleza de todas las creencias y revela los secretos elementales de la naturaleza profunda de las cosas (prakṛti) y, al final, redirige a todos hacia el último encuentro.

***

La Bhagavad Gita es un texto central del Mahabharata, la gran obra, “el kshetra que contiene todo este proyecto”. En la Bhagavad Gita se expone el dialogo entre Krishna, hablando en nombre de la máxima consciencia, con su discípulo y amigo Arjuna. Se trata de un texto traducido y re-traducido, así como comentado y debatido a lo largo de los siglos. El texto de esta entrada se compone de los comentarios de C.Radhakrishnan a los versos 13.2 / 1.1 / 3.9 / y 4.11 de la Bhagavad Gita.

Los escritos que aparecen en este blog representan el pulso de un acto artístico que consiste en el voto de estudiar durante 12 años el Mahabharata y estrenar cada 12 de Diciembre un espectáculo nuevo basado en la narración oral de un capítulo nuevo de esta gran obra. Puedes ver una explicación más detallada del proyecto en el apartado Una performance de 12 años, o el significado de este blog.
La parte más importante de este proyecto es su dimensión oral, o los encuentros personales. En el apartado Próximas actividades puedes ver un calendario de las posibilidades para vivir en vivo la narración oral de estos materiales.

Fuego, agua, palabras

«¿Alguien piensa que el océano es solamente lo que aparece en su superficie?

Por la observación de su matiz y movimiento, el ojo penetrante puede percibir indicaciones de la profundidad de ese océano insondable. La compasión y la misericordia del Señor son un océano sin orilla, provisto de variadas e infinitas vistas para todos aquellos quienes navegan su superficie; pero la suprema maravilla y satisfacción está reservada para aquellas “criaturas del mar” para quienes esa misericordia se ha vuelto su medio.

El Señor nos llama a través de un Amor y una Atracción Divina que ha sido implantada en nuestros corazones, un amor que puede ser comprendido y sentido conscientemente como Divino por algunos, y solo indirectamente como amor por Sus criaturas, o creación, por otros. En ambos casos la tracción de las fibras de nuestro corazón nos arrastra a esos Océanos de Misericordia, al igual que nuestros cuerpos físicos se sienten arrastrados a un cálido y apacible mar.

Por medio de la revelación de Libros Sagrados y a través del ejemplo establecido por Profetas y Santos, todos los seres humanos han sido puestos en contacto con esos Océanos.

Para toda la humanidad, estas revelaciones sirven como naves, o como “manuales de instrucción” para construir y mantener las naves que navegan esos espaciosos mares, pero para aquellos que tienen la capacidad de leer entre líneas, una gran revelación emerge: que nosotros somos ese mar, que nuestro lugar, nuestro hogar está en sus profundidades, no en su superficie.

El Señor está llamándonos a entrar a ese Océano de Unidad mientras estamos todavía en esta vida, para disolvernos como el azúcar se disuelve en el té. Cuando el azúcar se disuelve, tú ya no puedes decir, “Esto es azúcar y aquello es té”. La invitación de nuestro Señor a participar de Su Unidad está siempre extendida, y es nuestro destino sufrir hasta que respondamos a esa invitación. Mientras nos aferremos a nuestra demanda de autonomía, tendremos que soportar el peso de las duras lecciones que este mundo tiene para ofrecernos y gritar de dolor. Suéltala y nada podrá dañarte.[1]»

La fuente de la realidad se compara con las inmensurablemente profundas aguas de un océano infinito en el texto que acabo de citar. Sin embargo cuando, en el centro del Mahabharata, habla Krishna, a quien se describe también como Aprameyaḥ: inmesurable, en nombre de este ser supremo que es la realidad – porque la realidad es un Ser, un continuo ser siendo y ser haciendo– Krishna no se compara a sí mismo con el agua sino con el fuego[2]:

«-Contempla mis cientos y miles de formas divinas de diferentes figuras y colores.

Contempla mi cuerpo: el universo entero, animado e inanimado, es uno conmigo; y contempla cualquier otra cosa que quieras ver. Pero no puedes verme con tus ojos naturales [uno diría: “has de disolverte en el océano para poder ver las criaturas que habitan mis profundidades”].

Arjuna [el interlocutor, quien ve en su amigo Krishna la profundidad del universo], contempló entonces, en el cuerpo del Dios de dioses, la unidad del universo con su inmensa diversidad. Era tal el resplandor de aquel excelso Ser que podría compararse a la luz de mil soles que brillaran a la vez en el firmamento – Y sobrecogido por el asombro, con el cabello erizado, inclinó su cabeza y juntando las manos susurró:

-Estoy viendo la forma cósmica que me ha sido velada por ti: En tu cuerpo contemplo todos los dioses y las infinitas variedades de los seres. Veo por doquier las formas infinitas de tus numerosos brazos, pechos, bocas y ojos.

¡Dios del Universo, Espíritu cósmico, en ti no existe principio ni medio ni fin! Una mole de luz que resplandece alrededor tuyo impide contemplarte de frente desde cualquier lado, ya que resplandeces como el fuego flamígero y el sol radiante e inmenso.

Veo que no tienes principio, medio ni fin, y tu poder es infinito. Te veo con innumerables brazos, con el sol y la luna como ojos, con una boca de fuego flamígero. El universo arde en tu resplandor.

Los espacios que se encuentran en el cielo y la tierra y todas las regiones del orbe están llenos de ti. A ti van los dioses en tropel, y sobrecogidos de temor algunos te invocan con las manos juntas. Gran cantidad de sabios y santos te alaban entonando sublimes cánticos de gloria. Al verte tocando el cielo, resplandeciente en múltiples colores, con tus abiertas bocas y tus enormes y fieros ojos, mi mente se espanta, Vishnu- que lo penetras todo- y no puedo encontrar la paz y la serenidad.

Cuando veo tus mandíbulas con sus amenazadores dientes que parecen el fuego de la disolución, pierdo mi equilibrio y no me siento bien. ¡Ten piedad de mí, Dios de dioses, morada del universo!

Y a ti van todos mis familiares y las multitudes de gobernantes de la tierra, los héroes y mi peor enemigo, junto a los mejores guerreros de nuestro bando. Corren a precipitarse en tus horribles bocas de despiadados dientes. Como las múltiples corrientes de las aguas de los ríos van hacia el mar, así esos héroes del mundo humano se lanzan en tus llameantes bocas. Como insectos que se precipitan volando en el ardiente fuego que los destruye, así también las criaturas se lanzan en tus bocas con acelerado ímpetu para destruirse. Por todas partes tus labios absorben las criaturas y tus flamígeras fauces, todo lo devoran. El universo entero está lleno de ese ardor, Vishnu, y en tus fieros rayos se abrasa.»

A Arjuna le cuesta sostener la intensidad de la visión y le pide a Krishna que vuelva a mostrarle su forma humana. Krishna y Arjuna vuelven a ser dos personas, un guerrero armado y el conductor del carro en el que se encuentran los dos. Dos hombres en medio de un campo de batalla. ¿Es esta la realidad?

Agua y fuego; dos palabras, dos elementos incompatibles, para definir lo mismo. El puente entre las dos es el humano. El nacimiento humano contiene la llama que evapora su cuerpo físico en pensamientos y acciones, en una participación en la cadena de la historia. El cuerpo de la persona se mueve, accionado desde el interior por Agni, el nombre del fuego, hasta consumirse en las ondas expansivas de las consecuencias de sus acciones, que encuentran el espacio para permear en el océano universal. El oscuro- por profundo y receptivo- océano celeste recibe las acciones de la raza humana en su seno. Pero no es el océano físico, no el espacio material únicamente, el cielo del que estamos hablando, sino el inconsciente colectivo del universo. Varuna, el dios de las aguas primordiales –Las aguas profundas de la consciencia que sueña el universo, es quien recibe a Agni en su seno.

La consciencia humana es una hoguera subiendo al cenit nocturno. Pero no solo eso. Porque fuego y agua son solamente palabras y la vida es más que palabras.

Respirar hondo, y que el fuego de mi pecho desaparezca en el calor que me rodea – o que la compasión que esconde mi corazón se reconozca en la compasión de otros corazones, o que mi consciencia fluya hacia la consciencia cósmica:

 

«Cuatro estaciones llenan el ámbito de un año;

en la mente del hombre cuatro estaciones hay.

Él tiene su fecunda primavera, cuando su fantasía

absorbe, despejada, pronto, toda belleza.

Conoce su verano, cuando con honda calma

le apasiona rumiar aquel primaveral y dulce pasto

del pensamiento en flor, y en tal ensoñación logra elevarse

lo más cerca del cielo. Quietas calas

atraviesa su alma en el otoño.

Cuando sus alas pliega, contento con mirar

la niebla ociosamente, con dejar que las cosas más hermosas

pasen inadvertidas como un tranquilo arroyo.

también tiene su invierno, de apagado semblante,

pues no puede abolir su condición mortal.[3]»

Así es como ante el hogar, con una mantita en las rodillas, vemos la inmensidad crepitar.

¿Y si dijera que todo es muerte consumiendo la vida y vida penetrando la muerte?

«¿Es poesía el verso que describe

fríamente aquello que acontece?

Pero ¿qué es lo que acontece?[4]»

 

En el apartado próximas fechas de este blog puedes ver un calendario de propuestas de espectáculos y cursos basados en el Mahabharata y la narración espiritual.

 

[1] Mawlana Sheikh Nazim Amor  SeresSeres Ediciones, Mar del Plata, Argentina, 2003.

[2] Bhagavad Gita 11, resúmen a partir de la traducción de Consuelo Martín – Bhagavad Gītā con los comentarios advaita de Śankara, Trotta, Madrid, 2009.

[3] Cuatro estaciones llenan el ámbito de un año, de John Keats, en Belleza y verdad, Edición y traducción de Lorenzo Oliván, Pre-Textos, Buenos Aires – Valencia, 2010.

[4] Matar a Platón, Tusquets, 2004.

Para qué sirve la narración / las tres respuestas de Savitri

El Mahabharata es la historia de la escalada, el estallido y las consecuencias de un conflicto bélico. De una guerra entre familiares; como lo son todas, porque todas las guerras representan un conflicto dentro de la misma familia humana.

En el caso del Mahabharata los bandos enfrentados son herederos de un mismo linaje, el linaje de los descendientes de Kuru, un rey legendario. La batalla, como indica el texto del Mahabharata, tiene lugar en Kurukshetra, “el campo de los Kuru”. Kshetra, igual que la palabra campo, indica un espacio delimitado; ya sea geográfico, anatómico o temático. El campo de los Kuru es un espacio geográfico delimitado, que pertenecía a los descendientes de Kuru, en el cual estos mismos descendientes, divididos en dos bandos, guerrearon su batalla transcendental.

El campo de los Kuru, es también el campo del Dharma. El primer verso de la Bhagavad Gita, uno de los textos filosóficos más conocidos de la tradición india, que está incluido en el mismo Mahabharata, así lo dice: En el campo de los Kuru, el campo del Dharma, se reunieron los dos bandos dispuestos a guerrear (Ver Bg.Gt. 1.1)

El Dharma es el sostén del universo. Un ritmo, o algoritmo universal, que ordena la realidad más allá de la comprensión humana; algo tan sutil que es mejor no hablar de ello, para no acabar diciendo burradas, y a la vez algo tan importante que sostiene el funcionamiento universal, desde el girar de los átomos hasta la expansión de la luz por  la galaxia.

En un mismo espacio, convergen estas dos polaridades. Por un lado, el campo de acción de los personajes del Mahabharata es el de lo personal y lo concreto. El campo que enmarcaron sus antepasados, un espacio físico atado a las modificaciones del tiempo, al pacto social, al linaje y a las memorias personales. Por otro lado, este mismo espacio es el espacio de lo universal; de lo eterno.

Así es también nuestro barrio: las calles de nuestros recuerdos y las esquinas del Dharma. Cuando bajamos a comprar el pan estamos atravesando, también, lo numinoso, el secreto que transciende las palabras.

Narrando el secreto

Una narración es una suma de elementos. Si digo la palabra cielo, uno tiene una determinada visualización. Si digo la palabra oscuridad, esta vendrá sucedida por otra visualización. Si digo pájaro, es de esperar que uno visualice algún tipo de ave, el dibujo de un pájaro o algo relacionado con este campo semántico. Pero si digo cielo oscuridad pájaro, es fácil que uno visualice el vuelo de un ave a través de un cielo oscuro, y con suficiente atención es más que probable que uno pueda empalizar con lo que este pájaro pueda sentir.

El simple ejercicio de sumar las palabras y enhebrarlas en el tiempo como cuentas atravesadas por un hilo produce una segunda visión. Más allá del significado de cada palabra por separado aparece el destello de otro universo, más sutil, al cual se refiere la narración, más allá de las palabras que la componen. Se nos aparece el campo, el espacio, en el que vuela el pájaro.

Toda narración, toda suma de palabras, es un cruce entre el plano concreto y personal, atado al tiempo, con el plano transcendente en el que vuela nuestro destino.

Savitri, la heroína que salvó a su amado de la muerte, lo salvó usando una narración.

El Mahabharata cuenta que el Dharma se llevó el alma del amado de Savitri, porque ese era su destino, y Savitri, por la fuerza de su amor, pudo seguir al Dharma e incordiarlo durante su partida hacia el más allá:

Savitri, hija mía, ¿por qué me sigues? Este es el destino de todos los mortales– Le dice Dharma.

No te sigo a ti, padre mío, sino que también es el destino de toda mujer ir donde su amor la lleva. Y la ley eterna no separa al amante esposo de la fiel esposa. – Responde ella.

La respuesta de Savitri agrada al Dharma. El Dharma se acerca a ella y quiere regalarle un regalo, el que sea, menos la vida de su amado.

Savitri pide al Dharma, al orden sutil del universo, que le devuelva la vista a su suegro ciego.

Y Savitri continúa siguiendo al Dharma hacia el otro mundo. No puedo hacer otra cosa, le dice al Dharma, porque su alma sigue siendo la mía, por lo que me veo unida a él. Y esto también le agrada al amparo universal, que otorga otro favor a Savitri. Y ella pide que su suegro, el padre de su difunto amado, recupere el reino que había perdido.

Concedido, hija, pero vuélvete porque ningún ser vivo puede seguir a Yama, – o si se quiere, ningún ser vivo puede seguir el Dharma a estos planos tan sutiles. 

Porque, continúa hablando el Dharma, –¿y si tu marido ha sido un malvado y me lo estoy llevando a su infierno, lo vas a seguir igual?

Al infierno o al cielo, iré donde va él, ya sea en vida ya sea en la muerte. Responde Savitri, y esto agrada por tercera vez al Dharma, que le concede otro regalo. A esto Savitri responde que lo que le gustaría es que continuara sobre la tierra, -en lo concreto, en lo personal- el linaje de su suegro.

El amado de Savitri es hijo único, y la única manera de que continúe el linaje de su familia en la tierra es devolviéndolo al mundo; devolviendo la vida a su cuerpo.

¿Consigue Savitri engañar a Yama o se deja el Dharma engañar por esta heroína para legarnos a todos la narración de su hazaña?

¿Y cuál es el secreto de las respuestas de Savitri? ¿Qué podemos aprender de ellas?

Mi propuesta es que lo que podemos aprender de las respuestas de Savitri está escondido en la narración. Es decir, la suma de preguntas y respuestas en el diálogo entre Savitri y el Dharma abre la percepción a un espacio que transciende la temporalidad, y lo que transciende la temporalidad transciende el lenguaje, porque las palabras son concretas y están ancladas en lo lineal.

Lo que las narraciones espirituales del Mahabharata trazan es un sendero hacia lo sagrado, desde lo concreto. Porque palabras como sagrado, espiritual o Dios, no tienen mucho sentido para los herederos del materialismo, que hemos perdido el contacto con lo transcendente a causa de una larga educación de negación de lo divino, por un lado, y la utilización de la imaginería tradicional de lo sagrado para fines materiales, por otro.

Pero el plano sutil existe, porque sin él, ir a comprar el pan se convierte en una experiencia seca y apagada, y los rayos del sol temprano no son más que una molestia, un estorbo más en el tedioso paso de los días. Sin embargo cuando aceptamos la presencia sutil de los sagrado la luz del mismo sol puede ser casi tan alimenticia como el pan que no sabemos hasta cuándo vamos a poder pagar.

En el campo de lo concreto, y en el campo de lo sutil, transita el ser humano. Las narraciones sagradas nos permiten comprender ambos caminos, y reajustar el paso por uno y otro, y la relación entre ambas caras de una misma realidad.

¿Cómo entender la respuesta de Savitri? Leyéndola, y dejando que el pájaro de la intuición vuele por el cielo de lo innombrable. Y cuando lo perdemos de vista en el horizonte, volvemos a leer las respuestas de Savitri, y mandamos otro pájaro. Porque mientras vivamos, y no perdamos de vista las narraciones sagradas, no habremos perdido el sendero de la inmortalidad.

Entre los embaucadores, soy el azar

¿De qué trata el Mahabharata? Es una pregunta que me hago a menudo.

Es una pregunta sin fondo para mí porque lo único que se me ocurre es que el Mahabharata va sobre “la vida” y La Vida, la verdad, todavía no sé exactamente lo que es.

La Bhagavad Gita (Bhagavad-gītā) es uno de los cantos del Mahabharata y el más conocido probablemente. Consiste en una conversación entre el arquero Arjuna y su compañero Krishna. Krishna es un personaje del Mahabharata, y un avatar divino, una encarnación de Dios sobre la tierra. Esta semana pasada me han llamado la atención dos versos de este canto: El primero corresponde al momento en que Arjuna, consciente de que está hablando con Dios personificado, le pregunta a Krishna si podría ver su forma divina, o la auténtica forma de Dios. Aquí lo que me ha llamado la atención es que lo primero que Krishna responde es: «observa los Āditya, los Vasu, los Rudras, los dos Ashvins y también los Maruts (…) observa todas las maravillas, Arjuna» (BG 11:6). No es la primera vez que leo esta frase y siempre la he pasado por alto, pero ahora me ha tocado de manera especial porque estos nombres (Ādityas, Vasu, Rudras, Ashvins, etc.), son precisamente lo que vengo contemplando los últimos meses, y con asombro creciente.

¿Qué son todas estas palabras sánscritas? Quiero decir, ¿qué son de verdad? Porque existen muchas explicaciones sobre ellas, podemos explayarnos con generosidad sobre cada una de estas palabras, pero lo que me interesa ahora va un poco más allá. Lo que quiero compartir aquí es la sensación de encantamiento que me produce el espacio que se extiende entre los nombres sánscritos y entre los motivos narrativos que se repiten en los Purana y en el Mahabharata.

Pero cuando quiero hacerlo me quedo sin palabras.

Para seguir describiendo lo que quiero describir solo se me ocurre seguir usando el lenguaje del Mahabharata, y sus símbolos:

Lo que Kirshna nombra a Arjuna en la estrofa que he citado, los Āditya en el espacio, los Rudra en el cielo y los Vasu y Ashvin pasando por la tierra, son puntos cardinales de lo que se llama Hiranyagarbha (Hiraņyagarbha), cuya traducción más habitual es “el huevo dorado”, del cual se dice que es el mundo fenoménico en el que vivimos. Esto se traduce así porque hiraņya, la primera palabra del compuesto, significa oro destilado. Pero hiranya significa también semen. Significa semen, también, porque se dice que el hiraņyagarbha se formó cuando una gota de esperma cósmico cayó en las aguas eternas y se convirtió en un feto dorado (otra de las traducciones posibles de hiraņyagarbha), o receptáculo o matriz-seno de esperma/oro. Dentro de este seno dorado opera Brahmā, la expansión universal, que elabora y modifica las formas del cosmos.

Garbha puede significar huevo, pero también parte interior del santuario de un templo, seno, útero, dormitorio o los vapores que el sol levanta de la tierra para que los devuelva el cielo durante la estación lluviosa. Hirnayagarbha es la matriz inseminada de la vida, como la luz del amanecer.

Probablemente no exista una manera más exacta para describir la vida que la descripción simbólica de un huevo/útero/santuario hecho de esperma dorado, en cuyo interior contiene dioses, héroes y espíritus. Probablemente no la haya porque cualquier otra explicación no sería menos metafórica que esta. ¿O acaso decir que la vida es una tensión circulante de núcleos energéticos que llamamos átomos y quarks es menos metafórico? ¿Y una combinación azarosa de espirales de ADN, es eso menos metafórico? ¿Menos poético?

«Entre los embaucadores, soy el azar», le dice Krishna a Arjuna poco antes de mostrarle su verdadera cara (BG 10:36). Esta es la otra frase que me ha atrapado esta semana.

No olvidemos la diferencia de matiz; yo estoy intentando definir qué es la vida, pero lo que Arjuna le pide a su amigo divino no es ver la “vida”, sino el auténtico de rostro de Krishna, y lo que Krishna le muestra es el rostro de Dios. ¿Pero qué es Dios?

Dios es una palabra traviesa: el creyente no necesita que se la expliquen y al ateo no le interesa que se la expliquen. La palabra Dios lo puede significar todo o nada; es sinónimo de la más profunda verdad y de la mayor farsa. Krishna parece moverse sobre esta cuerda floja en el Mahabharata. Pero el Mahabharata, además, es una catedral de la poesía. El mahabharata es una obra orfebrería del lenguaje y por esto nos regala frases como «entre los embaucadores, soy el azar».

Los embaucadores manipulan el resultado de los dados, suman y dividen las cuentas, se esconden cartas en las mangas y en los calcetines, cooperan para engañar al inocente, pero nunca pueden controlar el azar. El embaucador tiene cartas escondidas para sustituir a las que no le convienen, pero no puede predecir qué cartas le ofrecerá la baraja; por muy preparado que esté, siempre habrá un instante que le sorprenderá desprevenido.

La palabra sánscrita que usa el verso 10:36 del Bhagavat Gita es chalayata (chalayatām), de la raíz chala: cubrir, tapar, envolver y esconder; como un chal envuelve el cuello o un objeto que queramos cubrir.

Eso hacen los embaucadores cuando intentan cubrir el azar. De hecho el mismo dado es un objeto que cubre el azar y lo interpreta. Un cubo con números pintados a cada lado no significa nada fuera de la convención humana, o fuera de las reglas del juego. El azar agita un cubo y las consecuencias de la tirada dependen de las normas acordadas. Las consecuencias de la tirada dependen de las capas con las que cubramos el acto en sí, el arrojar un cubo sobre una mesa.

Esto hacen las palabras también: envolver, tapar, decorar la realidad. ¿Pero qué es la realidad sin las palabras? Las palabras forman parte de la realidad. Las palabras son como una danza de abanicos o telas transparentes que transportan el azar. Y el azar es ese momento de sorpresa que activa un reflejo incontrolable en los ojos y el corazón. Qué pesado sería si el dado no cayera más que sobre el número que nosotros eligiéramos, qué aburrido y qué opresivo, ¿cómo podríamos vivir sin lo inesperado?

Los Āditya luminosos, los Rudras grises que serpentean lentamente por el cielo alrededor de los relámpagos que saltan como cabras grilladas junto a los Maruts y los Ashvins que cabalgan los rayos del sol para repartir su miel sanadora a la humanidad, ayudados por los Vasu escondidos entre los aspectos físicos de la tierra, son la fuente de asombro que abre las puertas a la realidad cuando nos quedamos sin palabras.

A partir de esta semana voy a estar contando historias del Mahabharata en dos teterías de Barcelona, usando el azar como guía. Todos los lunes estaré de las 16.30 a las 18.00 en LaClandestina y los miércoles de 17.00 a 21.00 en Mailuna. El formato que quiero probar es más íntimo que el de los espectáculos. Contaré historias para una, dos o como máximo cinco personas y en voz baja, alrededor de una de las mesas del lugar. La selección de las historias será a medida de lo que dé de sí el encuentro y un elemento de azar que será el dado que guiará el juego de Gyan Chaupar, que quiero compartir con quien se decida venir. Gyan Chaupar es un juego de azar transcendental de la India, “el juego de los santos” lo llama el escritor Harish Johari. Consiste en representar sobre un tablero el juego del despertar universal, Māyā Līlā. Si te interesa puedes venir a la hora que quieras dentro de los márgenes mencionados y sumarte al juego. No se trata de espectáculos de una durada determinada sino de encuentros informales alrededor de los relatos sagrados de la India. Puedes venir y partir cuando quieras, yo estaré compartiendo historias con quién se quiera quedar.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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