Entre Yavé y Brahma

Continúo con la propuesta del octavo año de Respirar el Mahābhārata, que consiste en comparar el original sánscrito de la Bhagavad Gita con su traducción hebrea. Lo que pueda aportar una reflexión de este tipo se irá viendo a lo largo de este año 2023. El sánscrito y el hebreo son idiomas considerados sagrados, porque la creación del mundo tuvo -tiene- lugar mediante sus sonidos. Traducir la Bhagavad Gita al hebreo es re crear su mensaje con sonidos distintos, pero con una carga religiosa parecida. La comparación entre los dos idiomas sirve de indagación en el significado de lo sagrado, y narrar este proceso es un acto creativo -artístico- que entronca con la motivación de este voto de 12 años.

El sánscrito y el hebreo también comparten la condición especial de ser idiomas “revivivdos”. Más de una vez he oído la pregunta de si el sánscrito todavía se usa o si es un idioma “muerto”, lo cual me remite al hebreo como otro lenguaje que fue rescatado de la muerte para la construcción de un estado. Es interesante el uso de la palabra “muerto”, porque ni el hebreo ni el sánscrito nunca se han dejado de usar en un contexto religioso, ni se ha dejado de escribir poesía mística, o espiritual, en ambos idiomas. Cuando en la edad moderna se habla de revivir el sánscrito, ampliando su uso a la conversación diaria en poblaciones indias como Mattur o Hosahalli, o de revivir el hebreo para que sea usado en ámbitos seculares en el estado e Israel, ¿de qué tipo de muerte han de ser revividos ambos idiomas? ¿Acaso el ámbito de la liturgia, el debate religioso y la poesía mística es el de la muerte, y el ámbito secular corresponde a la vida? Dejo esta pregunta abierta y si quieres comentar algo al respeto puedes hacerlo en los comentarios. No siento que sea el momento para mí para opinar sobre esta cuestión, porque en esta entrada quiero apuntar más bien a la importancia de la palabra vida. Para entender a qué nos referimos hoy cuando decimos lenguaje vivo, o muerto, habría que definir qué es la vida para nosotros.

Por ejemplo, en esta entrada, considero que vale la pena comentar un fragmento de la introducción al traducción que estoy usando, de Immanuel Olsvanger (quien estudió sánscrito en Konigsberg, Bern y Basel, antes de emigrar a Palestina en 1933). Una introducción escrita en India, por N.I. Nikam, de la universidad de Mysore, de quien lamentablemente no he podido encontrar más información, y publicada en hebreo en la edición original de la traducción. Un texto breve en el profesor presenta la Bhagavad Gita definiéndola como un texto universal, que representa el interés instintivo por la religión que tiene el ser humano, más allá de credos y sectas.

El autor presenta dos puntos centrales para la Bhagavad Gita, que según él son también los pilares centrales de toda vía de pensamiento hindú: Brahmavidya (ब्रह्मविद्या), que queda traducida al hebreo como “hăvāyāh”   (הֲוָיָה) y Yogashastra (योगशास्त्र) que se traduce aquí por “mishmá’át ruchānit” (מִשְמְַעַת רוּחָנִית).

Brahmavidya es un compuesto de las palabras Brahma y Vidya: La palabra Vidya está derivada de la raíz verbal Vid, que se puede traducir por: conocer o comprender.

Vidya se puede traducir como ciencia, aprendizaje o filosofía. Tradicionalmente se ha dicho que existen cuatro tipos de Vidya:

Trayīvidyā: conocimiento de los tres veda (textos religiosos) principales, o conocimiento del ritual.

Ānvīkshikiīvidyā: lógica y metafísica.

Daņdanītividyā: conocimiento de cómo gobernar correctamente.

Vārttāvidyā: Conocimiento práctico, como agricultura, comercio o medicina.

Más adelante se añade Ātmavidyā: conocimiento interior. Y el autor de la introducción abarca todas estas ramas con el compuesto Brahmavidya, o “conocimiento de Brahma”. ¿Pero qué es Brahma?

La palabra Brahma deriva de la raíz Bŗih, que se puede traducir por: crecer, aumentar, expandir, promover e, incluso, “espesar”. De esta raíz deriva el nombre del dios Brahmā, quien da forma y modifica la creación. La fuerza creativa de la realidad, que de una manera más metafísica podría llamarse Brahmán: “aquello que posee expansión”; la realidad profunda de las cosas, un movimiento expansivo hacia dentro y hacia fuera, en todas las dimensiones. Conocer esto (Brahmavidya) es uno de los pilares del hinduismo, según N.I. Nikam, e Immanuel Olsvanger lo traduce al hebreo como Havayá (הֲוָיָה), derivado de Hové: presente, ahora.

El místico judío de la Zaragoza del siglo XI, Iben Pakuda, en su obra Hovót Halevavot, traducida al castellano como Guía de los deberes, habla de de la Havayá como “aquello a lo que uno sale después de formarse en el útero materno”. Mientras en algunos contextos Havayá podría traducirse como “la vivencia” del mundo, o “la manera de ser” de algo. Y en un sentido religioso, “el nombre de toda esta vivencia del mundo (shem havayá) es el nombre que incluye todos los nombres: el nombre completo de la divinidad.

Yavé, el nombre de la divinidad, está compuesto de la misma raíz que Havayá, de ahí la relación con Brahma, que es una palabra que alude tanto al creador personificado como a la realidad, en todos sus aspectos conocibles.

Lo que cada un@ pueda entender de esta comparación lingüística queda influenciado por nuestra constelación de asociaciones personal, dependiendo de qué asociamos a la palabra mundo, experiencia o creación. Lo que propongo como ejercicio es parar un momento la lectura y visionar, como si miráramos las nubes pasar sobre la montaña, las imágenes e ideas que se dibujan en nuestro paisaje interior.

Más que hacer el esfuerzo de definir la experiencia a la que apuntan estas palabras, propongo el ejercicio de vivenciar la experiencia lingüística en sí. Un ejercicio que se irá puliendo a lo largo de este octavo año de Respirar el Mahābhārata.

El otro pilar, o punto central, de la visión hindú, según el autor mencionado, es Yogashastra; y esta palabra es igual de fascinante que la anterior, porque es prácticamente imposible de traducir de manera literal. La prueba es que las traducciones más contemporáneas de la Bhagava Gita ya tienden a dejarla en el sánscrito original, confiando en que el uso repetido de la palabra vaya habituando a los lectores interesados a sus diversos significados posibles. Yoga, derivada de la raíz yuj, se puede traducir como: atar, yugo, pero también disciplina, o arte, dependiendo del contexto.

En el Mahābhārata, por ejemplo, la palabra Yoga aparece en muchas ocasiones y en contextos aparentemente distintos: Los guerreros hablan del yoga del tiro al arco, que han aprendido de sus maestros, y la reina Gandhari tiene la capacidad de volver a su hijo invencible con el acto de poner en él su mirada, gracias al yoga de haber mantenido los ojos cerrados durante décadas. Hay místicos que saben todo lo que ha pasado, siempre, en el mundo gracias a su yoga y existen armas mágicas con capacidad de destrucción masiva que se consiguen gracias a un yoga determinado.

En la Bhagavad Gita se habla de varios yoga, que supongo iremos viendo a lo largo de este año, y para nosotros, los lectores contemporáneos, yoga son secuencias de posturas físicas practicadas regularmente, asociadas a un estilo de vida austero y meditativo. ¿Qué es lo que une todos estos significaos, con el sentido de la raíz sánscrita yuj: atar?

Shastra, la segunda palabra del compuesto, es igual de ambigua. La traducción más coherente en el contexto de esta introducción es la de Enseñanzas. Probablemente el autor se refería a esto, a las enseñanzas de yoga (aunque, de nuevo, ¿en qué pensaba al decir yoga?). Y aún así, es interesante tener en cuenta que la raíz shas se puede traducir por cortar, y shastra puede ser cualquier instrucción oral tanto como manual escrito o compendio de normas.

El segundo pilar, entonces, junto a Brahmavidya, es Yogashastra: “comprender las enseñanzas del yoga”, lo cual Immanuel Olsvanger traduce por Mishma’at Ruhanit. Mishma’at se puede traducir por disciplina, pero vale la pena mencionar que deriva de la raíz sham’a, que tiene que ver con la escucha. En este caso disciplina tiene que ver con “oír”, en el sentido de “hacer caso”, obedeciendo al tópico hebreo de que oír de verdad significa hacer. Según Maimonides, en sus escritos editados a la comunidad de Yemen (Epístola a Yemen): Oír, callar y hacer trae el bien verdadero.

Pero, ¿oír qué? Pues la palabra ruhaní deriva de ruah, que se puede traducir por viento. ¿Oír, hacer caso al viento? ¿A los vientos de Brahma, la expansión universal? Todas las palabras hebreas que se refieren al interior sutil e inasible del cuerpo tienen que ver con el aliento y la respiración. Nefesh, neshamah, ruah, son sinónimos de alma, o se refieren a aspectos distintos del alma, si se quiere, pero se pueden traducir también por soplo, respiro y viento. En el segundo verso del libro bíblico de Génesis lo que vuela encima de las aguas sin forma es la ruah divina. En la traducción al griego conocida como “la de los setenta”, en el siglo III a.e.c la palabra ruah de este verso se tradujo por primera vez por pneuma, y de ahí al latín en la Biblia Vulgata como spiritus dei. Por esto la traducción más común de ruah es “espiritual”. Mishma’at Ruhanit: Disciplina espiritual, o escuchar la voz del viento divino: Yogashastra, conocer las enseñanzas espirituales.

Considero la traducción bien escogida, porque la tradición insiste en que el yoga no es especulación sino acción. La misma Bhagavad Gita insiste en ello. En el sentido de “escuchar es hacer”, la traducción de yoga por mishma’at, disciplina espiritual, es inspiradora, y abre campos semánticos interesantes. Si volvemos a la pregunta de ¿Qué es vida?, con la que ha empezado este escrito, puede ser muy indicativo el tener en cuenta los pilares de comprender la expansión del mundo y escuchar los vientos espirituales, para serles fiel.

Escuchar cómo respiran los fenómenos. Escuchar con la piel. Escuchar el espíritu de la escucha. Caminar, respirar, es escuchar. Escuchar es estar. Estar es hacer.

Entre la comprensión del mundo y una vía espiritual; entre el hebreo y el sánscrito; se abre el misterio de la vida. Esta vida que pasa rápida como el vuelo de una flecha. Entre las palabras y el silencio. ¿Qué aportan a nuestro mundo las palabras? ¿Y qué le quitan?

Entre el sánscrito y el hebreo

Sobre las llanuras salvajes se delinean las poblaciones humanas, como diagramas de paredes y costumbres que recuerdan vagamente algo que vimos antes de nacer. Por esto a veces tiene sentido, todavía, lo nuestro y lo que construyeron nuestros antepasados; lo que nos han contado y enseñado. Pero a veces no. Como un parpadeo.

Sobre los terrenos fértiles crecen y desaparecen bosques, o ciudades que se convierten en desiertos y desiertos que florecen y se convierten en ciudades…

El Mahābhārata es el relato de una guerra cósmica que atraviesa varios planos existenciales. Visto desde el plano material, la guerra ocurrió en un pasado lejano, pero en otros planos el conflicto continúa. El Mahābhārata habla del conflicto y de la paz que permea todo conflicto. Para escuchar su mensaje es necesario abrirse a la posibilidad de que nuestra vida transcurre simultáneamente en varios niveles de existencia y uno de ellos transciende toda descripción, todo conflicto y, además, nos habla subjetiva y personalmente a cada un@ nosotr@s.

En el centro del Mahābhārata, cuando se dispone a empezar en el plano material y temporal la gran batalla mencionada, el guerrero Arjuna entra en crisis y cuestiona a su compañero Krishna el sentido de todo. En ese momento Krishna se revela como la voz de ese plano eterno y personal del cual emanan todos los demás. Por esto el texto que recoge su respuesta es llamado Bhagavad Gita: La raíz sánscrita bhag tiene significados relacionados con la repartición de abundancia, o el brotar, como una fuente, de contenido. –Van es un sufijo de posesión, de ahí la palabra Bhagavan, “el que posee abundancia para repartir”. Bhagavan es uno de los nombres de la divinidad, en sánscrito, ¿porque qué reparte toda la abundancia de los mundos sino la divinidad?

Bhagavan, también, se ha usado tradicionalmente en sánscrito para referirse a reyes y lideres regionales, en tanto a que el monarca, o el patrón, es quien reparte entre los súbitos la abundancia de las tierras que le pertenecen. De ahí que Bhagavad Gita, “el canto de bhagavan”, se traduce a menudo como “el canto del señor”, siendo Dios el señor de todos los mundos, aunque podría perfectamente traducirse como “el canto de la fuente de todo lo que existe”, porque quien habla en este texto es la fuente cósmica, universal, de la cual emanan todas las dimensiones que habitamos.

Lo que quiero decir con esto, aparte de introducir la Bhagavad Gita, es que las traducciones de este texto tan esencial abren nuevas perspectivas, alejan y acercan al original, como una exploración guiada, tanto de las posibilidades del lenguaje como de los pliegues del mundo que el lenguaje muestra y esconde.

Para este octavo año de Respirar el Mahābhārata propongo una exploración artística de la traducción hebrea de la Bhagavad Gita, narrando en este idioma que estoy usando para el blog las cercanías o distancias entre el sánscrito y el hebreo. Lo que puede aportar un trabajo así se irá viendo a lo largo de este año 2023. El sánscrito y el hebreo son dos idiomas que se consideran sagrados porque la creación del mundo tuvo -tiene- lugar mediante sus sonidos. Traducir la Bhagavad Gita al hebreo es volver a crear su mensaje con otros sonidos, y narrar este proceso es un acto artístico, creativo, que entronca con la motivación de este voto de 12 años.

Para este ejercicio me propongo usar la traducción de Immanuel Olsvanger, de 1956, junto con la de Itamar Teodor, mucho más moderna pero que todavía no ha llegado a mis manos. Estas son los únicas traducciones directas del original sánscrito al hebreo, a mi saber. Las otras traducciones de la Bhagavad Gita publicadas en hebreo se han traducido a partir de traducciones inglesas del texto.

Para evitar análisis lingüísticos demasiado técnicos, que pueden dar más protagonismo a las palabras que a la inspiración, propongo ir presentando cada 15 días textos basados en los campos semánticos de las palabras sánscritas y sus correspondencias hebreas. Si leyendo esto tienes alguna duda más técnica puedes escribirme a respirarelmahabharata@gmail.com, o añadir un comentario.   

Dharmakṣetre kurukṣetre (धमृक्षेत्रेकुरुक्षेत्रे)

Dharma (धमृ) – firme / sostener / decreto / práctica / uso / costumbre / justo / correcto / ley / doctrina / disciplina.

Kōdésh (קֹדֶשׁ) – Cercano a dios / aquello que transciende lo secular / el país del “kodesh” es la tierra santa / la ciudad de “kodesh” es Jerusalén / actos de “kodesh” son las costumbres / el idioma de “kodesh” es el hebreo / el pueblo de “kodesh” es el judío.

Kṣetra (क्षेत्र) – propiedad / terreno delimitado / región / país / una figura geométrica / diagrama / signo zodiacal /

Derivados: útero fértil / cuerpo / marido

En forma verbal: Raíz kshi, clase 2: residir / habitar

Sdēh (שׂדֵה) – Terreno para agricultura / comarca / zona / terreno no habitado (animales del שׂדֵה)

Kuru – linaje de los kuru

Comienza el octavo año

Para este blog, y para el voto de Respirar el Mahabharata, el año comienza cada 15 de Diciembre.

El día 12 de Diciembre se estrena la narración que resume el proceso del año anterior, de 12 a 12 de Diciembre, y la próxima entrada del blog ya inicia el proceso de preparación del próximo ciclo.

No sé muy bien qué aventuras deparará este próximo ciclo, o este octavo año del voto de narrar el Mahabharata entre el año 2016 y el 2028, pero después de la experiencia del pasado domingo siento que me gustaría indagar en el tema de la escucha del público y los lectores. Por esto me parece adecuado que la primera entrada del año responda al pedido de una oyente, quien pidió volver a oír el texto con el que concluí el encuentro de narración del domingo. El texto es una versión adaptada del último discurso de Krishna en el Mahabharata. Se trata del discurso que hace Krishna a Utanka, explicando las razones que tiene para actuar.

La persona que pidió el texto pidió poderlo oír otra vez, y he pensado que si iba a volver a grabar el texto era una buena oportunidad para grabar el primer episodio del podcast llamado El bosque del instante, en el que quiero terminar la narración del Ramayana, que empecé a hacer en vivos para instagram, además de ir añadiendo narraciones según los pedidos y preguntas de quien me quiera escribir.

Este es un primer episodio improvisado para poder presentar en esta entrada, pero a partir de 2023 empezaré a compartir regularmente episodios narrando el Ramayana. En el episodio cuento la historia del contexto en el que aparece este discurso, antes de recitarlo.

Comparto aquí el enlace del audio, espero que lo disfrutes:

El último discurso de Krishna

La búsqueda de lo real

Allí fuera hay un mundo objetivo: el de todas las cosas iluminadas por los rayos del sol. Allí fuera, una pared es una pared y el fuego quema. Allí fuera, está el cosmos, desplegándose hacia las entrañas del infinito. Y aquí dentro, hay un mundo interior: tiene formas y nombres, pero sus paredes son maleables y su fuego nunca quema. Entre el infinito y lo objetivo, hay un mesocosmos que enlaza todas las posibilidades: es el lugar donde las formas brillantes que danzan sobre un tronco se llaman fuego, y este fuego es un dios, que enlaza el tronco seco con la respiración de nuestro cuerpo, y con en el sol, y el ritual, y la poesía.

El ser humano se mueve y se desplaza por y mediante este mesocosmos. Gracias al mundo intermedio reconocemos el espacio que nos rodea; reconocemos nuestra relación con nuestro hogar. Porque nuestro hogar es un lugar físico y otro lugar interior. Mediante el mesocosmos reconocemos nuestra relación con nuestra aldea, nuestra familia, nuestra raza y el planeta.

Pero en el mundo intermedio uno se puede perder, dando vueltas alrededor de los propios pensamientos. Porque la dirección aquí no se encuentra con la mente, ni ninguno de los sentidos, sino mediante la acción. La acción desinteresada, la entrega, es la guía para ir reconociendo el pulso vital que nos llama a atravesar las aguas fantasmales en las que se diluye el tiempo, y en él todas las formas del mundo objetivo.

Mahābhārata, es el nombre de una gran historia, que habla de cómo encontrar esta dirección. Para hacerlo, el Mahābhārata nos cuenta la historia de aquellos que vivieron antes que nosotros; la humanidad anterior:

El Mahābhārata nos habla de un mundo en el que las cosas eran distintas, y nos habla de cómo murieron los héroes (kshatriya) que defendían al mundo de bandidos. Nos habla, el Mahābhārata, de una humanidad que conoció a los reyes (kshatriya), aquellos seres que vivían por hacer lo correcto y proteger la justicia. Pero, dice el Mahābhārata, que llegó una era misteriosa y oscura en la que los Kshatriya se convirtieron en una carga demasiado pesada. La tierra rogó por ayuda, con un plañido que fue escuchado en todos los mundos. Y nació Krishna, y su contraparte femenina Krishná: también llamada Droupadi, la oscura, nacida del fuego. Entre los dos se encargaron de que murieran todos los hombres kshatriya, en una guerra total, que quedó narrada en los cantos del Mahābhārata.

Este gran canto iniciático que se llama Mahābhārata es lo que estoy narrando en doce años. Dejándome transformar por el Mahābhārata, entregándole la mayor parte de mi tiempo y mis pensamientos entre el 2016 y el 2028. Y este sexto año se lo dedico a Krishna, porque es el centro del Mahābhārata, junto a Krishná. Porque el Mahābhārata dice que allí donde está Krishna está la victoria (jaya). Solo que, si Krishna y Krishná fueron quienes destruyeron a los Kshatriya, ¿a qué tipo de victoria se refiere el Mahābhārata?

Cuando Krishná (Krishnā), instiga a sus cinco maridos como fuego en sus entrañas; cuando los insta a ir a la guerra contra sus primos, en nombre de la justicia, y la venganza, ella sabe que esa guerra que está avivando será la destrucción de todos. Y cuando en medio de la batalla Arjuna, quien fue el más poderoso entre los kshatriya, sintió que no debería participar de esa guerra corrupta, Krishna lo animó a hacerlo, aun sabiendo que esa guerra significará la desintegración de todos los clanes. Y cuando, al final de esa guerra terrible, Krishna animó al héroe Bhima a luchar de manera deshonesta, y ganar con un golpe bajo el último duelo de la batalla, sabía que se ganaría una maldición. Y esa maldición fue la que lo destruyó a él, a Krishna, y a todo su linaje. En la próxima entrada explicaré mejor este fragmento, que todavía no ha aparecido en el blog, sobre la muerte de Krishna y algunos de los sucesos que llevana ella; pero lo que importa ahora es que eso era precisamente lo que Krishna buscaba. Krishna provocó su muerte, y la de su linaje, porque también fue un guerrero, y su clan (los Vrishni) debía desaparecer como los otros.

Así, ¿cuál es la victoria de Krishna?  Porque con la desaparición de los reyes comenzó nuestra era. Ahora nadie nos protege de los bandidos. Las guerras siguen existiendo, pero ya no son batallas, sino saqueos, y el fuerte esclaviza al débil para venderlo en el matadero. Así es la era de los bandidos coronados. Pero Krishna, y Krishná, siguen existiendo. Porque ellos sostienen todas estas formas que llamamos universo; con una pequeña parte de sí mismos. En medio de la confusión, en medio del paisaje fantasmal de las fantasías y los deseos, sigue estando Krishna. Y allí donde está Krishna está la victoria. Pero para estar con Krishna, y llegar a la próxima victoria, habrá que dejar ir alguna cosa. Así como la humanidad anterior tuvo que renunciar a los héroes, para seguir a Krishna, esta humanidad nuestra tiene que renunciar a algo. ¿Qué se nos está pidiendo que renunciemos, para que comience la era siguiente?

La próxima humanidad, se cuenta en el mismo Mahābhārata, será perfecta. La humanidad que nos suceda, recuperará la era de la luz, donde todos sabrán lo que tienen que hacer, y lo harán. ¿Qué es lo que tenemos que dejar ir, para dar paso a la próxima humanidad?

Si te interesa la relación de Krishna con el mesocosmos, tal y como se describe en la Bhagavad Gita, probablemente el texto filosófico más conocido del Mahabharata, puedes seguir los encuentros que estoy haciendo sobre el tema para La estrella de la devoción, un colectivo dedicado al arte religioso contemporáneo. Los encuentros se pueden seguir en vivo o en diferido, escribiendo a: respirarelmahabharata@gmail.com

Hay una guerra en el cielo

Más allá de los confines del mundo, y más allá de todo ciclo temporal; allí donde rugen las tormentas de lo indefinido; los dioses colaboraron una vez -esa sola vez- con sus enemigos eternos.

Los dioses (que brillan como el amanecer, la amistad, el fuego, el oro y la sinceridad) colaboraron con los Asura, quienes avarician el poder y controlar la vida. Juntos, por aquella sola vez, los enemigos unieron fuerzas para remover las aguas cósmicas que conectan todos los mundos: para extraer de ellas una esencia. Igual que se bate la leche para producir mantequilla, o se frota la madera para encender un fuego, así giraron juntos las aguas cósmicas los Dioses y los Asura.

Así lo cuentan las memorias antiguas. Y en el momento en el que el elixir de la inmortalidad salió de las aguas universales terminó la colaboración de Dioses y Asura. En el momento en el que vieron al elixir salir de las aguas, los Asura se abalanzaron sobre él y comenzó una guerra que continúa todavía. En todos los mundos, en todos los tiempos, hay una lucha absurda por la verdad. Porque así es la mente de la confusión: cada vez más inquisitiva, y a la vez más pequeña. La mente de la confusión es como un pequeño cuchillo para cortar el mundo a pedazos. Y así es como la división se posa sobre nosotros como un bochorno húmedo y pesado. Como un malestar compartido.

El Mahābhārata es un gran libro, claro como el agua limpia. Habla del ser humano, de nuestros miedos y anhelos, del sufrimiento y los dioses que nos guían. De los espíritus invisibles, del hombre, la mujer, y de la atracción y el miedo que nos tenemos. Y en el Mahābhārata hay un capítulo que se llama Bhagavad Gita: el canto de la fuente universal, donde Dios le habla a un guerrero para que deje de sufrir. Y lo que le dice es cristalino: que no se pierda en pequeñeces y confíe, más allá de la comprensión. Y por mucho que intentemos cortar la facilidad de este mensaje, y lo diseccionemos en opiniones, contextualizaciones  e interpretaciones parciales enfrentadas todas entre todas, la realidad siempre nos excederá. La realidad nos engulle, nos sostiene y nos pare. A la realidad no le afectan nuestros cuchillos, nuestras barreras, ni nuestros gritos, porque también forman parte de ella.

Entre lo que es cierto, y lo que sé; entre lo que entiendo, y lo que hay; entre mi idea, y la tuya; entre lo cercano y lo inalcanzable; entre lo que está y lo que no. Entre el bosque y el verano, entre la abeja y el sendero, entre la sombra y el aroma de una flor. Entre la lluvia y la tierra. Entre el pájaro y el horizonte, o entre la nube y el cielo, se regocija aquello que no puede morir.

En esta entrada es un intento de expresar la tristeza que me causan todas las discusiones innecesarias, y las tomas de poder intelectual, cada vez que decidimos que somos nosotros quienes entendemos “de verdad” como deberían ser las cosas. O cómo debería leerse un texto sagrado como la Bhagavad Gita.

El texto está influenciado por una narración oral del Mahābhārata que he escuchado durante los pasados quince días, a manos de Uma Jimenez, y el poema místico-erótico del autor medieval Jayadeva, llamado Gitagovinda. Poema que narra los dolores y placeres de Krishna y su amada Radha, así como las compañeras de esta.

Este sexto año de Respirar el Mahābhārata está basado en la búsqueda interior de Krishna. Si quieres participar, o recibir también los videos que estoy haciendo en paralelo sobre los elementos mitológicos de la Bhagavad Gita, y la descripción iniciática que Krishna hace de sí mismo en ella, puedes escribir a respirarelmahabharata@gmail.com

El campo en el que nos encontramos

Antes de que este mundo naciera, hubo otro. Para que pudiera comenzar esta era confusa, en la que nos cuesta distinguir entre el engaño y la verdad, tuvo que terminar otra. Antes de nosotros hubo otra gente, distinta. Esa era terminó, con una gran guerra. Mejor dicho, en una batalla. Una sola batalla a la que acudieron todos los guerreros del planeta. Tantos, que llenaban esplanadas y bosques. Tantos, que en el resto de la tierra solo quedaron los ancianos y los niños.

El Mahābhārata es el relato gigantesco que cuenta lo que se pueda recordar de aquella batalla y aquella era anterior a la nuestra, tan distinta que nos costaría comprenderla con la mente de hoy. Y en aquella batalla estuvo presente Krishna, la personificación de la fuente universal de la que mana todo lo que existe, existió y está por existir. Y en medio de la batalla Arjuna, un guerrero invencible, pasa por una crisis existencial (tal vez bajo el peso de la transcendencia del evento en el que estaba participando) y cuestiona a Krishna sobre el sentido de la vida.

Hace unas semanas publiqué en este blog una recapitulación de las preguntas que Arjuna hizo a Krishna en medio de aquella batalla de la que venimos todos, que son las preguntas que aparecen en el fragmento del Mahābhārata llamado Bhagavad Gita. Elegí redactar solo las preguntas de Arjuna, sin las respuestas de Krishna, porque me pareció que cuando se leen juntas se puede ver la coherencia que tienen y cuán vigentes siguen siendo como expresión de la duda, maravilla, miedo y curiosidad del humano ante la profundidad del mundo en el que nace.  La entrada se puede leer aquí, e incluye todas las preguntas que Arjuna hace, desde el verso 1 hasta el 14. El texto no termina ahí, el fragmento tiene 18 partes, pero yo terminé el texto en la pregunta que hace Arjuna en medio del canto 14, porque a partir de esa pregunta hay un cambio sustancial en el diálogo. En esta entrada quería comentar este cambio:

Ante la visión de la magnitud del conflicto en el que está formando parte; en el cual Arjuna se está enfrentado en una lucha a muerte con sus familiares, maestros y amigos, este se cuestiona el sentido de toda empresa. El mundo, el cuerpo, la vida, todo es transitorio así que ¿por qué luchar? Y ¿qué sentido puede tener la vida, si es tan corta y tenemos tan poco control sobre nuestras acciones? A esto Krishna responde trazando en esquema del cuerpo como un campo en el que confluyen sentidos con mente, consciencia y discernimiento. Un cuerpo que se enmarca, también, dentro de otro cuerpo mayor, que es social y ceremonial; y Krishna explica cómo el cuerpo ceremonial está acompasado con el ritmo del universo. La existencia, el mundo, el cosmos, -explica Krishna- es un rito, en el que todos participamos, y el centro del rito es él: Krishna. Y a continuación Krishna explica qué es lo que nos aleja de la visión del centro (la ignorancia y sus causas), y qué nos acerca (la entrega y la conciencia, libre de prejuicios, de los procesos que envuelven el centro). Entonces Arjuna pide ver este centro, que es Krishna, y Krishna le otorga una visión directa, que el texto no describe sino que relata la reacción de Arjuna ante la visión. Lo que se nos describe es la mirada de Arjuna, y sus reacciones ante la visión. Después, Krishna se describe a sí mismo en palabras, usando toda la simbología de la cosmogonía que enmarca el Mahābhārata: Se nos describe la mirada del Mahābhārata, para ver en ella el reflejo de Krishna.

El ser humano, concluye Krishna, es un campo compuesto por emociones y sensaciones. Este campo está enmarcado en el universo, que es otro campo de fenómenos que aparecen y desaparecen, nacen y mueren en todas partes. No dejarse confundir por todos estos movimientos lleva más allá de la duda destructiva que está corroyendo a Arjuna.

Y aquí viene la pregunta clave, que cambia las reglas de juego. La pregunta en la que me vi obligado a terminar el texto que redactaba la duda de Arjuna. La pregunta es: ¿Y dónde encuentro a alguien que me enseñe a hacer este trabajo? ¿Quién me puede guiar? ¿Cómo reconozco a la persona que me pueda mostrar en lo concreto, en la práctica del día a día, a redirigir la mirada?

Esta pregunta lo cambia todo, porque a partir de ahora Arjuna ya no está elevando sus preguntas al silencio del cielo estrellado. A partir de esta pregunta Arjuna va a recibir una respuesta, y para recibir una respuesta hace falta un cambio de actitud radical. Hace falta empezar a escuchar, y a confiar en lo que se escucha. El texto que compartí en la entrada anterior sirve como resumen de la duda humana a lo largo de los siglos, pero lo que viene a partir de la pregunta clave de Arjuna, en el verso 14.21 de la Bhagavad Gita, es otra cosa. Y las próximas preguntas que hará Arjuna a Krishna tienen que ver con esta otra forma de escucha y la nueva relación con Krishna que se ha iniciado tras el giro. ¿Es posible hacer este giro también en nuestra era, la era de la confusión? ¿Se puede ir más allá de la duda metódica sin caer en la complacencia? ¿existe un punto medio entre la duda y el fanatismo?

En el fragmento del Mahābhārata llamado Bhagavad Gita Krishna le confiesa a Arjuna que está en todo, y en todas partes, pero no es las apariencias. Y esto es lo que me importa ahora, porque la pregunta que me hago este año es cómo no confundirme y reconocer a Krishna. ¿Cómo reconocer a lo que queda de Krishna en esta era de la confusión? (que, no lo olvidemos, llevará al renacer de la sabiduría). Porque, aunque Krishna sea la razón de existir de todo, no está en lo que veo, ni en mi mirada. O, visto de otra manera, está en ambos. Y para ver a Krishna es necesario ir más allá de la duda, pero sin caer en la inocencia de creerse las propias opiniones. ¿Cómo hacer esto? No lo sé, pero lo que propongo es la narración de esta búsqueda a través de nuestras invenciones y nuestros fantasmas colectivos. El arte como rito basado en el ritmo universal que palpita bajo nuestras discrepancias. Porque en el centro del rito está Krishna, el enigma sanador.

El miércoles 21 de Abril comienza un nuevo bloque de la práctica de narración meditativa que vengo ofreciendo para el colectivo CRA’P. Los encuentros son online, y en ellos indagamos en la narración meditativa como herramienta transformación, así como todos los temas tratados en esta entrada: arte ritual, espacio interior y exterior, la búsqueda, etc. En cada encuentro narro la historia de la fase lunar de esa noche (según la tradición astrológica sánscrita), seguida de una meditación guiada sobre el mismo tema y cerrando con un espacio de debate, o silencio, en el que compartimos lo vivido. Puedes conectarte a un encuentro de prueba o recibir la grabación:

NARRACIÓN MEDITATIVA TRADICIONAL DE LA INDIA

La derrota real

El vencedor dejó entonces al vencido a solas.

Y el perdedor, volvió lentamente a su ciudad, junto a los componentes de su ejército, con la mirada caída por el peso de la vergüenza.

En el camino pasaron por un lugar con agua, cubierto de yerba excelente. Allí acamparon, por orden, los elefantes, caballos, carros e infantería. Todos rodeando al rey derrotado.

Cuando pasó la noche, el mejor amigo y admirador del rey se le acercó y le dijo:

-Es extraordinario verte aquí, libre de daño, junto a tu familia, riquezas y vehículos. Pudiste sobrevivir a la batalla contra los jinetes invisibles; no hay otro hombre en la tierra que sea como tú.

Pero los ánimos del rey no cambiaron:

– Me gustaría entrar en un agujero en la tierra para esconderme de mi vergüenza. Hubiera preferido morir en la batalla que salvarme y quedar así en deuda con la vida. Me quedaré aquí para ayunar hasta morir. El resto de vosotros volved a casa. Que mis hermanos vuelvan a quienes nos desean el bien y continuad la vida sin mí. Humillado así por el enemigo no pienso volver a la ciudad.

¿Qué diré a mis conocidos? ¿Qué contestaré a quienes me preguntan? Soy incapaz de vivir. Tengo orgullo y he perdido mi virilidad. El enemigo se ha reído de mí. Me han mirado con desprecio.

– No deleites a tus enemigos con esta tristeza – contestó el consejero – No deberías lamentarte como una persona ordinaria. Levántate y avanza. Si falleces así, ayunando, todos los reyes se reirán de ti.

-No me interesan más la justicia, las riquezas, la amistad o los actos que den placer. Id. Dejadme y volved al mundo. Estoy decidido a desaparecer.

Y percatándose de la resolución del rey los Asura, los señores de las sombras que viven en las entrañas de la tierra, sintieron que estaban perdiendo a uno de sus representantes en la superficie.

Con encantaciones complicadas, ejecutadas de manera precisa, invocaron a Kritya, la diosa de la magia negra, cuyo nombre significa “la que pertenece a lo terminado”.

A petición de los Asura Kritya trajo el rey a los mundos subterráneos. Allí, en la oscuridad, los ojos de los Asura se dilataron cuando vieron entre ellos a su protegido.

– ¿Por qué recurres a este acto apresurado de ayunar hasta la muerte? El suicidio hace que se hable mal de uno. Los inteligentes no deberían embarcarse en labores que corten las raíces de sus intereses. Esta decisión que estás tomando mata la fama, el poder y la fortaleza, mientras aumenta la felicidad de los enemigos.

Oh rey, escucha la verdad sobre este cuerpo tuyo y recupera tu fortaleza: En tiempos remotos conseguimos, a través de esfuerzos y austeridades, construir la parte superior de tu cuerpo a base de la energía de distintos rayos. Conseguimos hacer tu torso impenetrable a cualquier arma, por la gracia de dios. La parte inferior de tu cuerpo fue hecha de flores por la misma diosa, y es atractiva a todas las mujeres. ¡Supremo entre los reyes! Tu cuerpo ha sido creado por el dios y la diosa. Tu origen es divino, no humano. En la próxima batalla contra tus enemigos otros Asura entrarán en los cuerpos de tus generales que, poseídos como lo estarán, lucharán sin ningún miramiento. Son numerosos los demonios (rakshasa) que han nacido en matrices humanas para poder luchar a tu lado. La tierra entera va a ser tuya. No dirijas tus esfuerzos a otro objetivo que no sea este. Ve, y lucha.

Tras ese discurso el rey fue devuelto al mundo. El monarca mantuvo esta experiencia para sí y no la compartió con nadie, pero su resolución se dirigió hacia la lucha.

Demonios y dioses, Asura y Deva, necesitan la vida, porque estos cuerpos que habitamos son el campo sobre el que luchan. La vanidad, la autoexaltación, el engaño y la furia son las armas de los Asura. Armas que usan a través de nuestros cuerpos. Y las ideas que alimentan a los Asura son aquellas que nacen de una visión del mundo como una masa de reacciones azarosas entre elementos inanimados. Este tipo de visión acaba negando la vida; porque si nuestro cuerpo es solo un conjunto de materiales en reacción, ¿cómo se comprende qué es lo que lo habita?

La mente que concibe así el mundo queda atada a los contextos más pequeños, encerrada en procesos de reacción, rechazo y anhelo de las circunstancias más superficiales. Condición que lleva a la violencia y la destrucción, propia y del entorno.

La persecución de logros y placeres es el juego de los Asura en el tablero del mundo. Así se propaga su espíritu entre los cuerpos de la humanidad.

Existe también un sendero distinto. Comienza aquí y ahora. La elección es nuestra.

 

Fragmento basado en la depresión de Duryodhana y su encuentro con las voces infernales en Ghosha Yatra Parva, capítulo 14, del Mahabharata más comentarios relevantes al respeto de la Bhagavad Gita Parva, capítulo 16.

En la barra lateral del blog puedes encontrar el enlace a las grabaciones en video de los encuentros que hago cada semana. Puedes ver los horarios y videos en el enlace. Espero que lo disfrutes. Cualquier comentario será bienvenido.

Lo que realmente importa

La palabra siempre está relacionada con la interpretación. Más aún la palabra escrita. ¿Y cuántas interpretaciones podría dar de sí un texto que supera las siete mil páginas? Tantas como daría de sí la vida. Este texto es el Mahabharata, la épica más larga conocida.

Hay quien ve en el Mahabharata un documento histórico. Hay quien ve en él un conjunto de leyendas folclóricas, pero también es un texto filosófico, metafísico o teológico. Hay quien considera el Mahabharata como una recopilación selvática de narraciones populares con temática dispar, pero también hay quien reconoce en el Mahabharata una estructura clara y cohesiva[1] o, por otra parte, quien reconoce en el Mahabharata líneas narrativas paralelas[2]. Y no existe un consenso sobre su antigüedad. El Mahabharata es vasto, y sobrepasa al lector. Como la vida sobrepasa a quienes la vivimos.

Como la vida, el Mahabharata presenta enseñanzas en forma de incongruencias. O, mejor dicho, paradojas. Como por ejemplo el presentar una sinfonía de personajes que predican la acción justa, el deber y lo correcto mientras el mundo se derrumba a su alrededor, y todos acaban fallando de alguna manera al deber, al mundo y a sí mismos.

El Mahabharata es la historia de una guerra. La historia de un desastre que nadie consigue evitar un desastre en el que participa el universo entero: Los dioses, los demonios, los seres serpentinos que viven en ciudades escondidas dentro de las entrañas de la tierra, los humanos, por supuesto, y el resto de animales que son víctimas de estos excesos, como los caballos y los elefantes que mueren en la batalla, o todos aquellos que mueren en los bosques incendiados.

También participan en la guerra de la que habla el Mahabharata Krishna y Arjuna. Dos personajes con muchas capas, que permiten muchas lecturas, de cuya relación ya escribíhace unos meses, y seguro que volveré a escribir a lo largo de este acto creativo de 12 años. Pero de lo que quería escribir esta vez es de una de estas pequeñas paradojas del Mahabharata que son tan importantes.

Cuando la guerra ya es inminente, Krishna, guerrero invencible y príncipe del clan de los Yadava, promete que no va a luchar en el conflicto que se avecina. Krishna regala las tropas que comanda, con todas sus armas, a uno de los bandos en conflicto. En el otro bando está Arjuna, el amigo de Krishna. Y Arjuna pide a Krishna que sea el auriga de su carro de combate.

Cuando están a solas, Krishna pregunta a Arjuna:

-No tomaré parte en la batalla. ¿En qué estabas pensando cuando me elegiste?

A lo que Arjuna responde:

-No hay duda de que tú solo podrías eliminar a todos nuestros enemigos, ¡Oh suprema entre las personas! Pero yo también sería capaz de terminar con todos ellos sin ayuda de nadie. Tus actos son famosos en este mundo y tu fama ya te envuelve. Yo también deseo ser famoso y esta es la razón por la que te he elegido. Siempre ha sido mi deseo que condujeras mi carro. Lo he deseado durante muchas noches y deberías satisfacer mi deseo.

Arjuna quiere que se le recuerde. Y se le recuerda. Seguimos hablando de él. Este blog está dedicado a su historia. Pero la paradoja radica en que no recordamos a Arjuna por sus hazañas bélicas. No se haría un voto de 12 años como este para describir únicamente las victorias de Arjuna en una batalla. Por muchos guerreros poderosos que mandara al otro mundo. No se seguiría traduciendo, comentando, interpretando y enseñando el Mahabharata a lo largo de tantos siglos si solo hablase de las victorias bélicas de Arjuna.

Arjuna es famoso porque fue sobre su carro donde Krishna le reveló el mayor de los secretos del universo. En aquel carro famoso que condujo Krishna se escuchó recitar la Bhagavad Gita, uno de los pilares espirituales de la humanidad. Un texto filosófico, ético y místico, que sigue encendiendo la esperanza en los corazones más asustados. Sigue siendo el faro para los corazones más confundidos. Un manual que apunta a la doctrina más secreta, el arte de vivir.

La paradoja está en que, aunque el Mahabharata hable de una guerra, y de la caída de un mundo, lo leemos como un escrito espiritual.

Antes de empezar la batalla Arjuna -ese guerrero que se veía capaz de derrotar solo a todos los ejércitos-, se derrumbó en medio de su carro cargado de armas. Y Krishna, ese auriga que había prometido no luchar, le dijo que se levantara porque su conducta no estaba siendo la adecuada para un devoto. El mundo es más de lo que ven nuestros miedos, le reveló Krishna a Arjuna. Recuerda, instó Krishna a Arjuna, lo que realmente importa. No te pierdas entre las ramificaciones que despliegan las interpretaciones de esta realidad. Y Krishna ofreció una guía para hacerlo: La Bhagavad Gita. Esta guía que seguimos estudiando juntos.

La paradoja está en que el gran guerrero Arjuna se hizo famoso porque se asustó.

Más que sus hazañas bélicas, lo que ha quedado de Arjuna para la posteridad es la consecuencia de su fragilidad. Cuando se rindió a su fragilidad Arjuna pudo escuchar las enseñanzas de Krishna. La fragilidad abrió el pecho de Arjuna a la fe, el verdadero sostén, motor y destino de la humanidad. Por esto seguimos hablando de él, porque esto es lo que buscamos realmente. No nos engañemos más.

 

 

[1] Por ejemplo Vishwa P.Adluri, en Frame Narratives and Forked Beguinnings: Or, How to Read thr Ādipārvan (Journal of Vaishnava Studies).

[2] Ver, por ejemplo, la introducción de James L.Fitzgerald al artículo The Rāma Jāmadagnya ‘Thread’ of the Mahdbharata a new survey of Rāma Jāmadagnya in the Pune Text.

Escribiendo el fuego

Todas mis acciones pasadas y todas las posibilidades que sopesé, más las posibilidades que no pude concebir porque nunca emergieron del fondo inescrutable de las profundidades del océano desconocido que es el mundo para mí, son como circunferencias que forma con su movimiento circular una cadena de reacciones y consecuencias enroscadas alrededor de sí mismas. Una cadena de consecuencias de la cual no puedo vislumbrar ni el principio ni el fin.
La conjunción de elementos que me ha llevado hasta aquí, hasta este cuerpo y este lugar, hasta esta consciencia que me pide escribir estas palabras, danza en un espacio ilimitado, que crece a medida que se le observa. Con cada decisión descubro un mundo nuevo en mi interior. Un nuevo espacio. Un nuevo planeta. Nuevos valles y lunas por descubrir.
La vida despliega sus facetas a medida que se vive: sus colores, sus aromas y los sonidos que los anuncian. Sus sabores. sus emociones. Sus picos de intensidades y sus posibilidades: el estudio, las costumbres y rutinas, los encuentros, las decisiones y sus consecuencias. Reflejos, todos, de una misma fuerza que disfruta y asimila; que encienda en mi la percepción y la concepción, más allá de su comprensión, de un proceso de transformación continuo que evapora residuos de memorias, que se dispersan como los últimos recuerdos del sueño de la madrugada.
Mi mundo, los paisajes de mis proyecciones y anhelos, mis ideas, mis miedos y los senderos que despiertan mi curiosidad, se ven continuamente transfigurados; como si ardiera en su centro el fuego de un sacrificio continuo en el que se consumen las opiniones y las frustraciones, y se destila una verdad que me parece infinitamente refinable.
Así es como el mundo que conozco se desintegra y se funde en el cosmos, y renace, a cada instante, reintegrando elementos que brotan del vasto espacio desconocido que reconozco en mi interior, en mi vida y en el mundo que me contiene.

Este texto está basado en los versos 4.23 hasta 4.38 de la Bhagavad Gita. La Bhagavad Gita es uno de los discursos existenciales, con un matiz entre filosófico y teleológico, que contiene el Mahabharata; no el único, pero sí el más conocido. En cada uno de estos discursos que aparecen en el Mahabharata alguien más instruido o más inspirado enseña, o recuerda, a alguien más confundido que él, el sentido verdadero de la vida, explicado según los parámetros de la cosmovisión que representa el Mahabharata.
Los consejos y enseñanzas que ofrecen estos discursos son simbólicos. De hecho, la última cuarta parte del Mahabharata es un largo compendio de enseñanzas que imparte el abuelo político de los protagonistas al rey heredero (Bishma a Yudhiṣṭhira), y una frase que el maestro repite a menudo es: “medita sobre el sentido verdadero de estas enseñanzas”, como si impulsara a su aprendiz, y al lector, a ir más allá de lo literal. Más aún porque otro de los axiomas que se repiten es que los consejos prácticos que se ofrecen en el Mahabharata ya no servirán en las épocas venideras, como lo es la nuestra, porque la confusión interior y general de los siglos a por llegar hará inefectivos la gran mayoría de las ceremonias.
En los versos de la Bhagavad Gita que acabo de mencionar se habla de la vida como un yajña, que viene a ser un sacrificio u ofrenda. Es decir, en lo exterior está claro qué es un yajña; se trata de una ceremonia articulada que se compone de ofrendas al fuego en un orden determinado, unidas a cánticos adecuados. Pero la Bhagavad Gita no habla de la ceremonia exterior, sino de su significado interior, que es lo que se mantiene más efectivo en esta era confusa.
Desde lo misticológico, se habla de la forma circular por la que la serpiente infinita del tiempo se enrosca sobre sí. Unas espirales sobre las que yace “aquello que lo pernea todo”, Viṣṇu, que es la fuente eterna, Bhagavān. Del ombligo de Viṣṇu brota brahmā, quien expande la realidad, y las diversas caras de Brahmā son todas las formas posibles de sacrificar (yajña) que permite el mundo.
Y todo sacrificio es posible gracias al fuego, que es lo que une la parte con el todo.
En el escrito que inicia esta entrada he intentado escribir el fuego interior, el fuego simbólico que consume mi vida y la convierte en un sacrificio, para profundizar en la búsqueda que caracteriza este tercer año del proyecto, y entender mejor qué busco con esta simbólica peregrinación interior.

Consultas:
C. Radhakrishnan Bhagavad Gita, Modern Reading and Scientific Study, High Tech Books, 2017
Sri Aurobindo The Bhagavad Gita with text, translation and commentary in the words of Sri Aurobindo, Sri Aurobindo Divine Life Trust, 2014
Sri Aurobindo The Secret of the Veda, (Cap. IV: Agni, The Illuminated Will), Sri Aurobindo Ashram Trust, 1998.
Consuelo Martín, Ed. Bhagavad Gītā con los comentarios advaita de Śankara, Trotta, 2009

Esta entrada forma parte del diario escrito de una performance de 12 años que tiene como expresión más importante los encuentros de narración oral de historias del Mahabharata y la tradición india. En el apartado “próximas actividades” puedes ver las opciones que van apareciendo para poder disfrutar de alguno de estos encuentros.

Volver a casa

Kshetra es una palabra sánscrita que significa, según el pensador C. Radhakrishnan, <aquello que está sujeto a degeneración y (por tanto) es transitorio>, probablemente considerando la palabra kshetra como derivada de la raíz sánscrita de clase 1 kshi: corromper, destruir, arruinar, terminar. También, según el mismo pensador: <campo>, sinónimo de espacio, que es a su vez sinónimo de lugar.
El prestigioso diccionario sánscrito Monier Williams traduce Kshetra como lugar, propiedad, terreno, a partir de la raíz sánscrita Kshi, pero de clase 2, que se traduce por habitar, estar, residir.
En lo filosófico, como sucede a menudo con el sánscrito, el significado de ambas raíces no se contradice sino que se complementa.
Todos los objetos del mundo son Kshetra, desde la más pequeña partícula a nivel subatómico hasta la más grande; es decir, el universo completo. Nuestra vida tiene lugar en más de un kshetra a la vez, y el funcionamiento correcto de cada kshetra es la acción que le es natural.
Todos los eventos en el universo son complementarios. Ningún ser vivo pude existir a menos que forme parte de un balance mayor. Todo lo que actúe bajo un <auto-interés> que vaya en contra de esta ley queda alienado y acaba sufriendo, tarde o temprano.
Cada ser vivo manifiesta y actúa acorde a unos impulsos de la naturaleza basados en la biosfera colectiva. Los seres vivos no conocen la avaricia y no atrapan ni acaparan como los humanos. A esto se refiere la frase <observa los pájaros en el cielo; no plantan ni cosechan>. De hecho hacen las dos cosas, pero la diferencia crucial es que mientras lo hacen no sienten que lo hacen para sí mismos, y tampoco lo hacen bajo el impulso de ningún derecho de propiedad. Trabajan por el bien mayor por instinto. Esto es conocido como shayajña: ritual colectivo, o <Tomar parte del funcionamiento del mundo>, según C. Radhakrishnan. Toda acción con un interés que sea más estrecho que este es perjudicial para el que la hace. Uno no puede formar parte del balance a menos que esté desapegado.
Uno puede iniciar el acercamiento a la verdad de muchas maneras. También el ateo tiene una visión de la verdad en mente; está buscando una alternativa mejor a las propuestas religiosas y creencias existentes.
Sea cual sea la postura que uno toma en un principio, esa idea crecerá y evolucionará. Cuando el individuo se percata de que existe algo más auténtico y permanente que él ya ha iniciado el sendero del descubrimiento del ser en el universo (Ātman). Después, basándose en lo que haya podido oír, leer y ver, o las costumbres que conoce, continúa el aprendizaje.
La mayoría de las personas, independientemente de la fe que procesen, rezan a su propio y único Dios, quien se supone que escucha a sus penas, y solo a las suyas. Para algunos Dios es un ser redentor que cumple las necesidades de individuos y comunidades selectos. El concepto crece con la madurez del individuo; muchos quedan atrapados en alguna de las fases intermedias pero algunos repiensan y buscan senderos frescos. Sea cual sea el sendero y sea cual sea el lugar, todos estamos en ruta hacia el ser mayor, ser superior o supremo. También la negación y el odio a Dios forman parte de este viaje. Ninguna religión o fe es errónea o inútil. Todos los ríos fluyen junto al mismo sendero evolutivo, todos somos compañeros de viaje. No tiene sentido sentirse enfadado o separado de nadie. La única cosa a recordar es que este aprendizaje no se debería estancar en la guardería.
El descubrimiento de que existe una fuerza única y fundamental que sostiene el universo es el primer paso. Uno puede concebir esto como el creador / señor. <Pertenezco a esto> (tasmaivahan) es la actitud que refleja una relación de dueño y servidor. Sin embargo, el dueño es abstracto, distinto de uno y lejano. En el siguiente paso (taivaham– soy tuyo), el sujeto de la dedicación es más cercano, vivo y familiar. El último paso es tvamevaham (soy tú mismo) y lo vuelve todo claro. Incluso entonces permanece la distinción <yo-tú>, indicando una línea de separación. Cuando estos dos desaparecen y uno se unifica con ello se dice que uno ha alcanzado el verdadero conocimiento. Jñanayajña, comprender el sacrificio, es el esfuerzo de luchar por este conocimiento. No hay necesidad de preocuparse por los pasos intermedios pues también nos ayudan a ascender. Ya sea filosofía o simple adoración de naturaleza, continuar y progresar con la actitud adecuada le lleva a uno al éxito (jaya).
El alma no le tiene rechazo a nadie adoptando el sendero o método que sea. Cada uno puede tomar la cantidad de agua que quiera de este enorme océano dependiendo del tamaño del contenedor que uno tenga. No existe parcialidad ni favoritismos.
La entrega absoluta no lleva a nadie a una manera particular de adoración sino que investiga de manera imparcial la naturaleza de todas las creencias y revela los secretos elementales de la naturaleza profunda de las cosas (prakṛti) y, al final, redirige a todos hacia el último encuentro.

***

La Bhagavad Gita es un texto central del Mahabharata, la gran obra, “el kshetra que contiene todo este proyecto”. En la Bhagavad Gita se expone el dialogo entre Krishna, hablando en nombre de la máxima consciencia, con su discípulo y amigo Arjuna. Se trata de un texto traducido y re-traducido, así como comentado y debatido a lo largo de los siglos. El texto de esta entrada se compone de los comentarios de C.Radhakrishnan a los versos 13.2 / 1.1 / 3.9 / y 4.11 de la Bhagavad Gita.

Los escritos que aparecen en este blog representan el pulso de un acto artístico que consiste en el voto de estudiar durante 12 años el Mahabharata y estrenar cada 12 de Diciembre un espectáculo nuevo basado en la narración oral de un capítulo nuevo de esta gran obra. Puedes ver una explicación más detallada del proyecto en el apartado Una performance de 12 años, o el significado de este blog.
La parte más importante de este proyecto es su dimensión oral, o los encuentros personales. En el apartado Próximas actividades puedes ver un calendario de las posibilidades para vivir en vivo la narración oral de estos materiales.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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