Kali

La misticología india describe la evolución histórica del universo como un proceso de sucesión cíclica de “eras cósmicas”, o yuga en sánscrito. El universo se crea perfecto con el inicio de la primera era y a continuación comienza a degradarse, a medida que se suceden las yuga, hasta la desintegración, para volver a renacer perfecto, y comenzar a degradarse… Así, infinitas veces. De manera que igualmente podemos decir que el universo vive un proceso interminable de degradación o que retorna eternamente hacia su renacer. Ambas afirmaciones serían ciertas.

Digo esto a modo de introducción porque hace unas semanas alguien me preguntó en un encuentro de narración, en la escuela de yoga Kaivalya de Barcelona, por qué esto es así, ¿por qué se degrada el universo eternamente? y me parece fascinante lo profunda que puede ser esta pregunta cuando entramos en ella a fondo. Es una pregunta que nos lleva a una de estas cuestiones de la vida que más que entender nos toca aceptar.

Cuando esta pregunta fue hecha contesté con una historia misticológica que me encanta sobre como Dharma, el dios que sostiene el orden del universo, le pegó una patada a su madrastra y esta le maldijo a cojear para siempre; y por eso el universo va perdiendo estabilidad eternamente. Esta puede ser una explicación simbólica, pero existen muchas otras maneras de contestar esta pregunta, sin llegar ni siquiera a entender realmente la cuestión de la eternidad. Está, por ejemplo, el concepto físico de entropía, que describe cómo un sistema en equilibrio tiende siempre a desordenarse para que sus partículas se reordenen en otros sistemas; o la descripción más poética que hace el filósofo romano Lucrecio en De Rerum Natura, cuando describe el universo como un océano infinito de átomos en movimiento libre: Algunos de estos átomos, en su libertad, se ordenan en sistemas estructurados. Pero estos sistemas atómicos ordenados siguen siendo atravesados por el resto de átomos libres que transitan por el universo. Los átomos extraños a una organización atómica, en su paso a través de la estructura van moviendo aquellos átomos con los que chocan y por tanto modificando progresivamente el orden establecido. Visto desde la misticología india, lo que sostiene la estructura atómica sería Vishnu (Vișnu) y la presencia que la desordena para que se puedan formar otras estructuras sería Shiva (Śiva). Dos maneras de referirse a dos polos de una misma existencia. Pero el tesoro de la misticología india está en enseñarnos a usar muchas maneras diferentes para hablar de un mismo misterio. Porque otra manera de explicar este mismo proceso de degradación y renacimiento es integrar a Vishnu y Shiva en la Gran Madre, que puede llamarse también Kali.

En la novela Kali’s Odiyya de Amarananda Bhairavan[1], se describe una secuencia de la infancia del autor en la que él mismo y su prima le preguntan a una mujer adulta por qué los espíritus del bosque los aterrorizan y la respuesta de ella sirve como síntesis clara de esta cuestión:

«Estos demonios nos horrorizan porque asociamos la oscuridad con el cese de toda actividad en el mundo de los vivos. Al final del día cósmico hay demasiado desorden en el universo. La Madre Kali asume su forma severa, arrasa el universo, que es suyo, y construye otro; igual que las amas de casa, cuando se acerca la noche, apartan los muebles y apagan los fuegos de la cocina. Ellas también limpian todo el hogar preparando el día nuevo.

Esta luz de la que hablamos es una forma diferente de luz. Es la luz del espíritu, es la luz del Dharma la que se ve ennegrecida durante el día universal. (…) Cuando el universo nace en su existencia primordial está lleno de amor, compasión, verdad y humildad. Estas son las cualidades del atman (ātman). Este atman está en todas partes y lo adoramos como Madre Kali. En vosotros dos [-El personaje adulto habla a los dos niños que la interrogan-] este atman vive como testigo, en lo más íntimo del centro de vuestro ser. El atman en vosotros es la misma Madre Kali. Siempre que estáis llenos de amor, compasión, y humildad, deberíais saber que vuestra mente se ha acercado al atman, o a la Luz de la Madre Kali. (…)

Teñida por la dualidad, la mente de la gente común ve el mal y el bien absoluto como dos extremos en competición. Establecen lo divino en el extremo bueno de las cosas, atribuyendo el bien absoluto a la Madre Divina y el mal absoluto a las Fuerzas de la Oscuridad. No consiguen comprender la inseparabilidad de los dos; que el bien y el mal son funcionamientos del mismo Absoluto Divino. Cuando crea y nutre el universo, Ella es la Madre Divina, la Kali de nuestro templo. Cuando destruye y asimila, Ella es la Kali de la Noche Oscura de la Disolución, la Kali del bosque.»

Este fragmento citado representa otra manera de nombrar la fuerza que mueve y es el universo en tanto a energía condensada en materia que se alimenta de sí misma. Y si continuamos por este camino, se dice que existen tres maneras de ser de La Madre, de las cuales podemos tener consciencia cuando sentimos en nuestro interior la Fuerza consciente que sostiene nuestra vida y el universo: Transcendente, como la fuerza original (Shakti) que se eleva sobre los mundos y conecta la creación al eterno misterio de lo inalcanzable. Universal, como gran fuerza cósmica, la Madre crea todos los seres que contiene y penetra, sostiene y conduce sus millones de fuerzas y procesos. Individual, cuando da cuerpo al poder de estos dos aspectos más vastos, vuelve la transcendencia y la universalidad seres vivos y cercanos y media entre la personalidad humana y la naturaleza.

El Mahabharata también es, entre otras cosas, una historia sobre la Gran Madre. El Mahabharata es el teatro de la Gran Madre. Determinando todo lo que va a ser en este universo, y en la evolución terrestre, según lo que ella ve y siente y derrama desde sí misma, ella se yergue sobre los Dioses y todos los Poderes y Personalidades de los Dioses se presentan ante ella para actuar y ella manda emanaciones de ellos hacia estos mundos inferiores para intervenir, gobernar, luchar y conquistar, guiar y hacer girar los ciclos: para dirigir las vías absolutas e individuales de sus fuerzas. Estas emanaciones son los personajes del Mahabharata y son las numerosas formas y personalidades Divinas por las que la humanidad la ha adorado a Ella bajo nombres diferentes, a través de las eras. Todas las escenas de la obra terrenal son como una obra de teatro arreglada, planeada y dirigida por ella con los Dioses cósmicos como asistentes y ella misma como actriz encubierta. Por el profundo y gran amor que tiene a sus criaturas ella ha consentido nacer para pasar a través de los portales del nacimiento que es la muerte y ha hecho suyos los dolores y penas de la creación, pues parece que solamente así puede elevarse a la Luz y la Dicha de la Verdad y la Vida continuada. Esto es lo que representa el holocausto de la materia; el sacrificio de la Gran Madre[2].

En la tradición india, sobretodo (pero no exclusivamente), se dividen los poderes de la madre en cuatro personalidades principales. Una es su calmada amplitud y sabiduría compasiva; compasión inextinguible y majestuosidad y grandeza que lo gobierna todo. Otra de sus personalidades da cuerpo a su poder de fuerza espléndida e irresistible pasión, su honor guerrero, su voluntad desbordante, su impetuosidad ágil y fuerza volcánica. Una tercera es vívida y dulce y que causa maravilla en el secreto profundo de su belleza, armonía y ritmo refinado, su intrincada y sutil opulencia, su persuasivo atractivo y gracia cautivadora.

El cuarto aspecto está equipado con su cercana y profunda capacidad de íntimo conocimiento y cuidadoso y preciso trabajo en su quieta y exacta perfección en todas las cosas.

Sabiduría, Fuerza, Armonía y Perfección son sus atributos, y estos poderes se manifiestan en forma humana y alinean con la divinidad aquellos que son capaces de abrir su naturaleza terrestre a la influencia viva y directa de la Madre.

Para el trabajo de creación del segundo espectáculo de esta performance de 12 años que es Respirar el Mahabharata estoy trabajando la voz de la mujer en el Mahabharata -cosa que ya he comentado en anteriores escritos- y en la estructura base del espectáculo que se está perfilando veo que me basaré en cuatro personajes femeninos que expresan su voz en el segundo libro del Mahabharata. Avanzo los nombres: Kunti, Amba, Draupadi (ḍraupaḍi) e Hidimba (Hidimbā), pero lo importante ahora no es recordar estos nombres sino compartir este proceso y centrarnos esta vez en Hidimba, que es quien representa mejor la energía de Kali. Y digo esto porque he relacionado cada uno de estos cuatro personajes con cada nombre de la gran diosa, a modo de guía creativa.

La Gran Madre puede tener cuatro nombres,  que corresponden a sus cuatro aspectos. Estos cuatro aspectos reciben también los nombres de las diosas Maheshwari (o Pārvatī), Mahakali (la gran Kālī), Mahalakshmi (la gran lakșmī) y Mahasaraswati (la gran Saraswatī). Los cuatro personajes femeninos que he escogido los he alineado con cada uno de estos aspectos:

La imperial Maheshwari es la poderosa y sabia cualidad que nos abre a la infinitud supramental y la vastedad cósmica; a la grandeza de la luz suprema, a la sala de los tesoros del conocimiento milagroso, al movimiento inmensurable de las fuerzas eternas de la Madre. El conocimiento es de su poder y su misión es construir nuestra alma y naturaleza hacia la Verdad. (Kunti)

Mahalakshmi representa el milagro de la belleza eterna, un secreto inalcanzable de las armonías divinas, la seductora magia del irresistible encanto universal y la atracción que junta cosas, fuerzas y seres y los obliga a encontrarse y unirse para que un infinito velado los convierta en sus ritmos y figuras. (Droupadi)

Mahasaraswati es el Poder de Ejecución de la Madre y su espíritu de perfección y orden. (Amba)

Mahakali, sin embargo, con cuyo nombre ha comenzado este escrito, tiene otra naturaleza.

No es la sabiduría sino la fuerza y la potencia su poder particular. Hay en ella una intensidad avasallante, una pasión poderosa para los logros, una avalancha de violencia divina que destroza todo límite y obstáculo. Toda su divinidad salta hacia fuera en el esplendor de la acción tempestuosa; existe para la agilidad, para los procesos de efectividad inmediata, el golpe rápido y directo, el asalto frontal que se lleva todo por delante. Su cara es terrible para los demonios (Asura), peligrosa y despiadada su actitud con los que odian a la Divinidad, pues es Guerrera de los Mundos y nunca se achica en la batalla. Intolerante con la imperfección, es ruda con todo lo que es obstinadamente ignorante y opaco; su furia es inmediata y extrema contra el engaño, la falsedad y la maldad; la mala voluntad es aplastada al instante por su azote. La indiferencia, la negligencia y la vagancia en el trabajo divino no las puede soportar y despierta de golpe, con un gran dolor si es necesario, al adormecido que pierde el tiempo. Los impulsos que son veloces, directos y sinceros, los movimientos que son incondicionales y absolutos, la aspiración que se eleva como la llama, son los movimientos de Mahakali. Su espíritu es indomable, su visión y voluntad son elevadas y abiertas de miras como el vuelo de un águila, sus pies transitan veloces el sendero ascendente y sus brazos están abiertos para golpear y salvar. Pues ella también es la Madre y su amor es tan intenso como su furia y tiene una bondad profunda y apasionada. Cuando se le permite intervenir con su fuerza, en un momento los obstáculos que inmovilizan, o los enemigos que acechan al buscador, se vuelven objetos rotos y sin consistencia. Su rabia es terrible y hostil y la vehemencia de su presión dolorosa para el débil y el tímido; pero es querida y adorada por el grande, el fuerte y el noble, pues él siente que sus golpes amoldan lo que es rebelde en su materia en fuerza y verdad perfecta, amartilla recto lo que es retorcido y perverso y expele lo que es impuro o defectuoso. Lo que ella hace en un día podría haber tomado siglos; sin ella el infinito (ānanda) sería extenso y serio o blando y dulce, y precioso, pero se perdería la dicha llameante de sus más absolutas intensidades. Al conocimiento le da una fuerza conquistadora, a la belleza y la armonía les da un creciente movimiento e imparte al trabajo lento y difícil tras la perfección un ímpetu que multiplica el poder y acorta el camino. Nada la puede satisfacer que se quede corto de los éxtasis sublimes, las supremas alturas, las más nobles aspiraciones, las vistas más amplias. Por tanto está con ella la fuerza victoriosa de la Divinidad y es por la gracia de su fuego y pasión, y velocidad, que el gran logro puede hacerse ahora antes que después.

Yo relaciono el personaje de Hidimba con este aspecto de la Gran Madre, Hidimba es una Rakshasa (Rākșasa), un ogro del bosque que huele a los protagonistas cuando caminan por su floresta y se dirige a ellos para matarlos. Hidimba vive en la espesura con su hermano y cuando este huele a los humanos que lo transitan se le hace la boca agua y manda a su hermana para que los mate y le traiga sus cuerpos. Pero cuando Hidimba ve a Bhima, el tercero entre los cinco hermanos protagonistas del Mahabharata, se enamora:

«Este hombre moreno, de brazos poderosos y mirada profunda es el marido adecuado para mí; no obedeceré los crueles órdenes de mi hermano. El amor de una esposa es más fuerte que el afecto por un hermano. Si mato a este hombre el placer de mi hermano y el mío será satisfecho por un instante, pero si no lo mato mi recompensa será eterna.»

Hidimba puede tomar la forma que quiere, así que se acerca al campamento en la forma humana de una mujer atractiva como una enredadera adornada con joyas hechas de luz. Hidimba confiesa la motivación original con la que se había acercado al campamento y confiesa su enamoramiento. «Por favor haz lo que sea apropiado para mí. Mi mente y cuerpo están derrotados por el deseo. Deseo hacerte mío. Hazme tuya. Te salvaré de los Rakshasa y viviremos en la seguridad de las montañas. Puedo viajar por el cielo e ir a donde me apetece. Conmigo encontrarás placer incomparable en estos lugares.»

El primer punto que remarca la historia es que el héroe no requiere la ayuda de Hidimba para vencer a su hermano rakshasa. Primero lo declara el héroe con palabras y después lo demuestra, matando el malvado ogro con las manos desnudas. Durante la pelea los hermanos y la madre del héroe se despiertan, y «se asombran ante la belleza divina de Hidimba».

«El gran bosque que ves, azul como las nubes del monzón, es el hábitat de mi hermano y yo. Soy la hermana del señor de los Rakshasa. (…) Bajo la influencia del deseo enloquecedor he caído bajo el hechizo de tu hijo, [explica Hidimba a la madre del héroe], por tanto lo elijo como esposo. He intentado controlar mi pasión, pero no he podido.»

Todos continúan su huida hasta la ciudad más cercana, seguidos por Hidimba.

Saludando respetuosamente a la madre de los héroes, Hidimba dice: «Honorable señora, tú estás familiarizada con las convulsiones que las mujeres sufrimos a causa del deseo invisible. Afortunada señora, yo estoy sufriendo estos dolores por tu hijo. He sufrido mucho esperando la noche [se entiende que Hidimba los ha estado siguiendo todo el día] pero ahora que la hora ha llegado espero mi felicidad. He abandonado mis amigos, mis parientes y el camino que se me había designado. He elegido a tu hijo, tigre entre los hombres, como marido. Ilustre señora, ¿será la elección de una mujer rechazada a causa de su manera de hablar? Tanto si me consideras estúpida comoo leal a ti, por favor, úneme con tu hijo, mi marido. Permíteme ir donde deseo, llevándome a este semi-dios tuyo. Te prometo que lo devolveré a este mismo lugar. Siempre que pienses en mí vendré a ti inmediatamente y me llevaré a estos toros entre los hombres sobre los hombros, sobre pastizales y terrenos difíciles, allí donde queráis ir. Por favor compadécete de mí y deja que tu hijo me haga el amor. Lo que preserva la vida es sagrado y por tanto lo que otorga la vida es sagrado. Los medios por los que esto se lleva a cabo nunca pueden ser condenados.» (Mahabharata, Hidimba-Vadha Parva)

 

Cierro aquí este escrito porque ya se está alargando mucho y considero mi objetivo con él cumplido. Lo que quería era presentar el estado del trabajo de creación del segundo encuentro de narración de Respirar el Mahabharata, planeado para el próximo 12 de Diciembre de 2017, y aprovechar para presentar el personaje de Hidimba y una descripción de Kali.

En adelante pienso presentar los otros tres personajes femeninos que he elegido y la continuación de traducción de la explicación que Aurobindo hace de las  cuatro cualidades de la Diosa.

[1] Kali’s Odiyya A Shaman’s True Story of Initiation, Amarananda Bhairavan, Pilgrims Publishing, India, 2000.

[2] Todas las descripciones de La Madre,  y la de sus poderes, son una traducción adaptada del texto de Aurobindo sobre La Madre publicado por la editorial del Ashram de Shri Aurobindo en Pondicherry: Sri Aurobindo, The Mother, Sri Aurobindo Ashram Pondicherry, 2013. – (El uso de mayúsculas también es de Aurobindo).

Leer entre líneas el género en el Mahabharata

La representación de La Mujer en el Mahabharata es uno de los temas que más a menudo vuelven en los encuentros de narración y es el tema en el que me estoy centrando este segundo año a la hora de preparar el estreno del próximo 12 de Diciembre de 2017. Escribo La Mujer, en cursiva, porque tengo mis dudas de si es correcto interpretar al intervención de cada personaje femenino del Mahabharata como un discurso modélico sobre cómo debería o no debería  ser  una mujer en general. Tengo la impresión que a veces se confunde el Mahabharata con fabulas morales y no es el caso. La feminidad, así como la masculinidad, que se puedan encontrar en el Mahabharata, permea sutilmente los símbolos del relato por una parte, y después están los personajes, los participantes humanos del relato. Algunos son mujeres, otros hombres, y otros cambian de sexo o son los dos. Lo que no veo que exista en el Mahabharata es La Mujer. Quiero decir que no veo que exista una representación de La Mujer en general, como una condición única de ser mjer. Lo que existen son muchos personajes femeninos. Muchas mujeres, cada una parecida a la otra pero con su particularidad única. Y varios ideales de acción. Hay ética propia de la esposa, la hija, la reina, la noble o la comerciante casada o soltera, cada categoría con obligaciones muy diferentes. Y esta es la parte que más resistencia genera, me parece percibir, en mí y en los que vienen a los eventos de narración. Lo que es interesante de señalar, aquí, es que hay una grandeza disimulada en el Mahabharata y es que el relato no se encierra realmente en una posición determinada. Y señalo también que tampoco estoy diciendo que el relato no toma posición, porque pasa lo contrario, el Mahabharata toma todas las posiciones.

Lo que el texto nos presenta son personas que son mujeres, con sus similitudes y diferencias, que se esfuerzan en adaptarse a la vida y a un sistema ideal, que es problemático. El sistema debería funcionar, pero nunca lo hace del todo, y sin embargo renunciar a él tampoco parece una solución muy realista.

Para ejemplificar esto prefiero compartir unos fragmentos.

Hay un momento en el Mahabharata -en el capítulo llamado Baka-Vadha Parva en el que los protagonistas están viviendo entre aldeas bajo identidades falsas porque prefieren que sus hermanastros piensen que están muertos (es largo de explicar). Los cinco hermanos protagonistas, los Pandava, junto a su madre, residen una temporada en la casa de una familia Brahmán. Aquí es relevante señalar que la familia es Brahmán porque los que pertenecen a este matiz de la sociedad pueden moverse libremente entre los reinos. Allí donde llegan serán bien recibidos y no dependen de tierras que cultivar o proteger, como el noble y el campesino. Es relevante porque una noche Kunti, la madre de los protagonistas, escucha cómo se lamenta la familia por un problema que tiene que ver con la libertad de movimiento: Resulta que la familia reside en un pueblo que vive aterrorizado por un monstruo que suele merodear el bosque, con el cual han llegado a un acuerdo que consiste en entregarle una persona del pueblo cada mes a cambio de que no los acose continuamente. Este mes le ha tocado a la familia brahmán en cuestión elegir a un miembro para entregar al monstruo y se lamentan porque no tenían la necesidad de haberse quedado en el pueblo, podían haber aprovechado la libertad que la sociedad les da para mudarse pero no lo hicieron.

Se trata de una familia modélica, muy responsable, y la posibilidad de huir ahora no cabe en su mente. Lo que discuten entre ellos es quién debería ir hacia el monstruo, y como ejemplo de auto-entrega absoluta cada miembro de la familia insiste en que debería ser él mismo el que vaya a encontrarse con el ogro.

El padre comienza quejándose a su mujer de por qué no han abandonado antes el lugar:

«Ay Brahmani, ya te dije en su momento que nos teníamos que  ir a un lugar seguro, pero no quisiste escuchar mis palabras. ¡Mujer alocada! Cada vez que te lo decía me respondías que has nacido en este lugar, que has crecido aquí y es la casa de tu padre… Tu padre está muerto ahora y tu madre murió también hace mucho tiempo y tus parientes también han muerto. ¿Por qué deseabas tanto vivir aquí? No escuchaste a mis palabras por afecto a tus parientes y ahora nos enfrentemos con la desolación de tener que perder a un familiar»

 

Después el padre se ofrece a sí mismo:

 

«Siempre dando, me has acompañado en toda buena acción. Los dioses te trajeron a mí como una amiga, has sido mi apoyo principal, eres la madre de mis hijos y siempre me has sido fiel, no puedo abandonarte para salvar mi propia vida.

¿Y cómo puedo sacrificar a mi propia hija? No ha alcanzado la edad adulta. La gran alma del creador me la trajo para que pudiera encontrarle marido. A través de ella, junto a mis ancestros, podré alcanzar los mundos a los que llegan aquellos que tienen hijos a través de sus hijas. ¿Cómo puedo abandonar a una hija que he generado yo mismo? Algunos piensan que el padre quiere al hijo más que a la hija pero no es así, yo los quiero igual a los dos. ¿Cómo puedo abandonar esta chica inocente? En ella está basada mi continuidad y los mundos que me llevan a la dicha eterna.

Si me sacrifico a mí mismo y voy al otro mundo todavía tendré de qué arrepentirme porque ellos, abandonados por mí, no podrán sobrevivir. Sacrificar a uno de ellos, esposa, hija o hijo, es un acto cruel condenado por todos los sabios, pero si me sacrifico a mí mismo también morirán sin mí. No sé cómo escapar este destino. Es mejor que muera con todos ellos. No puedo vivir.»

Pero la esposa responde:

«No deberías apenarte como una persona común, alguien tan instruido como tú. Si algo es inevitable, uno no debería sentir pena por ello. Yo misma iré, es el deber eterno de una esposa en este mundo el dar la vida por el bienestar de su esposo. Un acto así te traerá felicidad y a mí fama en este mundo y en el más allá. Ya has obtenido de mí el propósito por el que un hombre obtiene una esposa: una hija y un hijo. A través de ellos me he liberado de la deuda que te tengo como esposa.

Tú puedes mantener y proteger nuestros hijos; yo no podré hacerlo como tú. Me has proporcionado todo lo que he deseado y me has protegido del peligro, pero si me abandonas ¿cómo podrán estos niños sobrevivir conmigo? ¿Cómo podrá una joven viuda mantener sus dos hijos y permanecer en el sendero de la virtud? ¿Cómo podré proteger nuestra hija cuando sea cortejada por pretendientes arrogantes y egocéntricos que no son merecedores de una alianza contigo? Como pájaros peleando por un bulto de carne lanzado al suelo, los hombres desean a mujeres sin marido. ¿Cómo puedo asegurar que esta única hija de nuestro linaje camine el camino de nuestros antepasados? ¿Cómo podré enseñar a este hijo sin padre todas las cualidades deseables para que sea instruido en la virtud como tú? No sé qué me pasará bajo el control de los arrogantes, pero no hay duda que moriré. Y sin nosotros, estos hijos nuestros morirán como los peces fuera del agua. No hay duda de que sin ti los tres moriremos. Es a mí a quien deberíamos sacrificar.»

Y de repente interviene la hija:

« ¿Por qué lloráis como si nadie os pudiera proteger? No hay duda de que soy yo la que tiene que ir. Ya que seré abandonada de todas maneras, abandonadme ahora y salvaros todos a través de mí. La gente tiene hijos para ser salvados y esta hora ha llegado. Usadme como una barca y salvaros. Un hijo salva en todas partes, en este mundo y en el siguiente. Mis antepasados han estado deseando tener hijos a través de mí, ahora yo podré salvarlos salvando la vida de mi padre. Mi hermano es muy pequeño, no hay duda de que perecerá cuando abandones este mundo. Habiendo perdido a mi padre y mi hermano yo descenderé de miseria en miseria y finalmente moriré entre grandes angustias.»

De repente, en medio de la pena, el hijo menor, que parece ser muy pequeño expresa un comentario inocente que hace que se rían los cuatro:

«Por qué tenéis todos miedo, yo mataré al demonio con esta brizna de hierba»

Repito que lo interesante es discernir la sensación de humanidad que produce la combinación entre lo desmesurada que es la situación y la búsqueda del máximo bien dentro de la inminente e inevitable catástrofe. Por otra parte, lo que el relato pone en evidencia es la insuficiencia de los ideales para salvar la situación. No hay una acción correcta y definitiva que lo arregle todo. Los personajes se encuentran en un nudo del destino que no tiene fácil solución. Esto es un eco del famoso momento en el que Arjuna, el tercero entre los cinco hermanos protagonistas, se sentirá incapaz de luchar contra su propia familia y Krishna le cantará la famosa Bhagavat Gita, la canción del señor. Volveremos a esto en unos momentos pero antes quiero terminar la historia de la familia Brahmán.

Kunti, la madre de los Pandava, escucha la conversación y se revela como Kunti. La familia -y todo el reino- conoce de sobras las proezas de los Pandava y su madre, lo que no sabían era que los estaban albergando en su casa. Kunti ofrece la protección de su segundo hijo, Bhima, hijo del viento y poderoso como cien elefantes juntos. Bhima podrá luchar con el demonio y matarlo con facilidad, promete Kunti, y propone a la familia que lo manden a Bhima como “ofrenda”.

Cuando el hermano mayor se entera de la oferta de Kunti se asusta, « ¿Has perdido tu sentido común y tu inteligencia?» le dice. Pero Kunti, y aquí quiero llamar la atención también sobre la seguridad con que responde un personaje femenino. Porque si el Mahabharata tuviera realmente alguna pretensión patriarcal como se la acusa la voz de los personajes femeninos no se escucharía. Si el relato no escatima en monólogos de personajes femeninos debatiendo, rechazando o alabando el orden social que les ha tocado vivir, es porque le interesa ofrecer a los lectores la posibilidad de participar en estos debates sobre el rol social del ser humano.

Lo que Kunti responde es «-No te lamentes por tu hermano. No he tomado esta decisión por debilidad mental. Hemos vivido en la casa de estos brahmanes y veo esta oferta como nuestra compensación. Una persona es auténtica en la medida en que reconoce los buenos actos. Confío plenamente en la fuerza de mi hijo tras haber visto sus proezas. En una ocasión, cuando era un bebé, se me cayó de las manos cuando se movía. Bhima cayó sobre una piedra y rompió la roca en pedazos.

No he tomado esta decisión alocadamente, confundida o deseando sacar algo de provecho. Deseo conscientemente hacer este acto porque es lo que el bien común requiere.»

Nadie conoce más a su hijo que una madre, pero a lo que me interesa apuntar aquí es a la relación de los personajes con el deber y con la intuición. En este cado el problema de la familia ha encontrado una solución, ¿pero qué pasará el día que los propios Pandava se encuentren con un conflicto de este tamaño? Este relato menor funciona como aviso.

Comparto a continuación un comentario de Sri Aurobindo sobre el conflicto de Arjuna en la Bhagavat Gita. Se trata del comentario al verso 38 del segundo canto, pero sirve como resumen del segundo canto en general y como reflexión sobre el conflicto humano, también en cuanto la cuestión de la diferencia de géneros, porque habla de la imposibilidad de saber por una fuente exterior cual es la manera correcta de obrar.

La Bhagavat Gita, recuerdo, es el texto que Krishna canta a Arjuna cuando Arjuna se niega a luchar en la guerra contra sus familiares y Krishna le explica la esencia de la vida e insiste en que debe luchar.

Cuando Arjuna no quiere luchar, según Aurobindo: «[El deber de Arjuna] como ser humano y social es su función de noble y guerrero, sin la cual el marco de la sociedad no puede ser mantenido, los ideales de su cultura no pueden ser vindicados y la armonía de la justicia no puede defenderse de la in-arcaica violencia de la opresión y la injusticia. Y sin embargo la llamada al deber en sí ya no puede satisfacer al protagonista del conflicto porque en la terrible actualidad de Kurukshetra [el campo de batalla en el que se encuentra Arjuna] la situación se presenta en términos severos, confusos y ambiguos. El desempeño de su deber social se ha transformado en un gran caos. La regla del interés justo, lo que llamamos derechos, no le sirve aquí; pues el reino que ha de ganar para sí, para sus hermanos y para su bando del ejército ya es justamente suyo y su reivindicación significa el derrocamiento de la opresión y la tiranía así como una aserción de justicia, pero una justicia manchada de sangre y un reino poseído por la tristeza y la mancha de un gran pecado, un daño monstruoso infligido a la sociedad, un auténtico crimen contra la raza humana. Tampoco serviría la regulación del Dharma [de la ética] de mayor ayuda, pues lo que hay es un conflicto de Dharmas. Se hace necesaria una nueva y aún no distinguible regla para resolver el problema, ¿pero cuál es esa regla?

El retractarse de su función, el tomar refugio en la inactividad santa y abandonar al mundo imperfecto para que se cuide de sí mismo con sus métodos insatisfactorios es una posibilidad a tener en cuenta y fácil de ejecutar, pero este es exactamente el corte en el nudo que le está siendo insistentemente prohibido por su maestro. [A Arjuna] se le está exigiendo acción por parte del Dueño del mundo -quien es el dueño de todas sus acciones y cuyo mundo es el campo de acción- ya sea efectuada por la luz parcial de la razón, que es limitada,  o iniciada desde un plano de visión y motivación más elevado y amplio.

Evitar esta acción particular como si fuera algo malo sería otra posible solución. [Sería] el recurso de una mente moralizante y corta de vista, pero a esta evasión el maestro [Krishna] también le está negando el asentimiento. La abstención de Arjuna produciría un mayor mal y pecado: Significaría, en el caso de tener algún efecto, el triunfo del error y la injusticia y el rechazo la misión de Arjuna como instrumento del proceso divino.

Una crisis violenta ha sido traída sobre los destinos de la raza humana, no por un ciego movimiento de fuerzas o por un mero choque confuso de ideas, intereses, pasiones y egoísmos humanos, pero por una Voluntad que está detrás de estas apariencias exteriores. Esta es la verdad que Arjuna tiene que ser guiado a ver; ha de aprender a actuar, de manera impersonal, como instrumento -pero no de sus diminutos deseos personales y débiles pequeñeces humanas, sino de un poder más vasto y luminoso, una Voluntad omnisciente y universal.

Es el credo del guerrero: «Conoce a Dios», dice, «conócete a ti mismo, ayuda al humano; protege lo Correcto, hazlo sin temor y sin flojear o dudar de tu labor de disputar el mundo. Eres el eterno e imperecedero espíritu, tu alma está aquí en su camino ascendente  hacia la inmortalidad. No mires por tu propio placer, ganancia y provecho. Mira hacia arriba y alrededor»

El conflicto de Arjuna es el suyo y es el que él tiene, en la época y el contexto que le ha tocado vivir. Lo que aprendemos del Mahabharata es a reconocer la intuición y el anhelo de un bien mayor más allá de las formas. De la misma manera, cuando sus personajes discuten sobre la función del hombre y de la mujer en la sociedad, están hablando de su época y su entorno. No me parece que el texto proponga copiar estos modelos sin penar. Al contrario. Mi impresión es que el texto apunta, en su estilo escueto y directo, a la dimensión humana que brilla alrededor del dilema y el esfuerzo de superar el conflicto y buscar siempre el bien mayor. Por esto considero que el Mahabharata no es ni patriarcal ni matriarcal sino una representación de las profundidades de la condición humana.

Bajo la mirada de un avatar

Entre todas las cosas sorprendentes que existen sobre la faz del azulado planeta que nos acoge existe una persona que nació en el estado indio de Gujarat, en el oeste de este país, y ha llegado caminando al estado de Tamil Nadú. Solo hace falta googlear un mapa de la India un momento para entender que pasa algo especial con este hombre. Él me ha dicho en una ocasión que sus maestros son el sol y los árboles; a ellos los escucha y al sol lo mira directamente; a causa de una anomalía en los ojos, desde niño tiene la capacidad de mirar directamente al sol sin hacerse daño. Su apellido es también Vyasa. Es decir, su familia desciende del mítico compositor del Mahabharata.

Siempre va de blanco. Usa turbante, ropa y sandalias blancas. La barba que tiene es larga y también blanca.

El día que lo conocí pasamos horas juntos. Nos reunimos al mediodía y sin darnos cuenta el sol se fue escondiendo bajo el horizonte. Estábamos sentados bajo el cielo, rodeados de bosque y sin luz artificial. Se hacía de noche pero seguíamos en el mismo lugar, la conversación pausada pero intensa y a medida que oscurecía me parecía que sus ropas brillaban cada vez más. Compartir la tarde con un descendiente de Vyasa no es poca cosa para mí. Además fue él quien, mirándome fijamente, me dijo: «creo que ya es hora de que conozcas a Hanuman».

La seriedad con la que lo dijo me produjo escalofríos. Entendí al instante que no estaba hablando en sentido alegórico y no valía la pena buscar una explicación racional a lo que me decía.

Asentí.

Cuando fui invitado por primera vez al templo de Hanuman no pensé que tendría el honor de verlo, pero pasó. Mientras estaba contando el Ramayana, en inglés -con un traductor a mi lado que volvía a contar en Tamil las partes del Ramayana que yo recuperaba-, empecé a notar que el sacerdote ya no era el sacerdote. Su cuerpo empezó a balancearse siguiendo un ritmo que recordaba más bien el de los monos. Se apoyaba en el suelo con los brazos estirados, como lo hacen los gorilas, y sus ojos ganaron un brillo hipnótico, juguetón, alegre, profundo e inteligente. El traductor me susurró de repente al oído: «cuida lo que cuentas porque Hanuman está aquí». Después los tambores aceleraron su latido, aumentó el volumen, Hanuman se levantó, rezó con voz atronadora, levantó una pesada maza que tenía preparada y se puso a bramar en Tamil y Sánscrito.

-Te está llamando- me dijo el traductor.

Yo me levanté y sentí que aquello no era un juego y que no estaba en condiciones de ponerme cínico. Me arrodillé, renuncié al sentido común y me entregué a la experiencia.

Sentí la mano de Hanuman sobre la frente, y escuché sus bendiciones. Después Hanuman se sentó y me preguntó a través del traductor una pregunta simple pero importante, sobre la que sigo reflexionando:

-Hanuman dice que ¿qué es lo que quieres?- Así de simple y así de directo me lo traducen.

Para mí es una pregunta existencial. ¿Por qué este viaje? ¿Por qué esta atracción por las historias sagradas? ¿Por qué son tan importantes para mí?

Lo que le contesto a Hanuman en el momento es una cosa, y el proceso interior que inicia esta pregunta, en aquel lugar, y de aquella manera, es otra muy diferente.

Pero lo que me choca, sin embargo, es el día después. Cuando yo sigo pletórico por lo que me parece un evento que sobrepasa todas las expectativas que puedo haber puesto en este proyecto, me reúno con amigos que presenciaron todo el ritual y me encuentro con devoluciones sorprendentes:

-Yo entiendo que para ti todo esto sea importante pero yo, la verdad, si supiéramos que veníamos a esto, no venía. Yo fui para escucharte contar historias, no para ver todo el show del sacerdote.

-Para mí esto no es espiritualidad, esta parte de la India no me interesa.

-A mí ayer me gustó, pero me sobró un poco la parte del “recreo Hanuman”. Hubiera preferido escuchar más historias.

Me siento como en un aterrizaje forzado, al límite de estrellarme. Como si me hubieran borrado todas las estrellas del cielo de un manotazo. ¿Es que no vieron a Hanuman?

Y me vuelve la pregunta, ¿qué quieres?

Quiero decir, ¿qué busco con estas historias? ¿Flipar, llegar a sensaciones especiales, tener “viajes místicos”? ¿Es esto lo que importa?

Al cabo de unos días el chico que hizo de traductor la noche que vi a Hanuman, que resulta ser el hijo del hombre que lo canaliza, me lleva en moto a ver otro templo de Hanuman cerca de la región. Es un templo especial que guarda una piedra flotante. Cuando Sita, la encarnación femenina de Dios, fue secuestrada y escondida en la isla de Lanka, para ayudar a Rama, el avatar masculino de Dios y marido de Sita, los animales del bosque construyeron un puente gigante que conectó el continente indio con Lanka. El puente fue diseñado por Nala, uno de los monos, o Vanaras, compañeros de Hanuman, y fue construido por piedras que flotaban sobre el agua gracias a cierta manipulación avanzada de la materia que Nala conocía y efectuaba por mediación del nombre sagrado de Rama. El templo al que nos dirigimos en la moto guarda una de estas piedras, un trozo de roca que pesa 120 kilos y flota en una fuente de agua.

Mi expectativa, mientras siento en la cara el viento fresco y cargado de mosquitos, es mayor. Pero a la vez me pregunto de nuevo cual es mi verdadero propósito y qué es lo que busco en este templo. Si veo una piedra que flota, ¿en qué cambia mi relación con el Ramayana y las historias sagradas? ¿Qué me demuestra este tipo de prueba? Primero, sea lo que sea lo que vea, y vi, efectivamente, siempre puede ser un engaño. Segundo, el significado profundo de las historias sagradas en mi corazón no necesita apoyarse en ninguna prueba física que al fin y al cabo está basada en una percepción de mis sentidos.

Esta cuestión me hace recordar el encuentro del sabio Markandeya con Vishnu, o Dios, cuando Vishnu, en forma de niño, levantó a Markandeya con dos dedos y se lo tragó. No es que Vishnu creciera, o encogiera a Markandeya, simplemente hizo que cambiara su percepción de las medidas. Dentro del cuerpo de Vishnu, Markandeya se sentía muy en paz y veía todas las cualidades de la naturaleza bailar ante él. Las direcciones, las formas, los colores, toda la realidad estaba allí, lejos y cerca. Sus oídos escuchaban todos los sonidos posibles juntos, en una armoniosa vibración repetitiva, en la que Markandeya comenzó a reconocer la recitación cíclica de las palabras Sah Aham, Sah Aham, Sah Sham… “eso soy yo”, en sánscrito. Poco a poco, la repetición de las mismas palabras comenzó a amalgamarse y se dice que a Markandeya le pareció escuchar también Hamsa, Hamsa, Hamsa…  Hamsa es el ave sagrada, símbolo del alma y la liberación, que algunos diccionarios traducen como cisne y otros como ganso.

Cisnes, gansos o almas liberadas, engaños, trucos baratos, piedras flotantes, dioses, sacerdotes en trance, motocicletas, vacas y el olor del viento… todo esto importa como todo, pero lo que más me importa es que la noche en la que conté el Ramayana en el templo de Hanuman todos nos entendimos. Nos reunimos indios tamiles, indios de Gujarat y Rajastán, argentinos, dos alemanas y un catalán nacido en Israel, más la presencia de un avatar divino, y todos estábamos unidos. Nos mirábamos y nos reconocíamos, porque las historias sagradas hacen esto.

Cuando se comparten las historias sagradas no importa qué tipo de personas las escuchan, ni de dónde vienen, todos no las entienden de la misma manera. Son historias que sobrepasan nuestra inteligencia y hacen que nos encontremos en otro plano, con la mirada amplificada y a la vez humilde de reconocer nuestra mutua humanidad. Esto es el camino de la paz y es lo que busco, esta fue mi respuesta a Hanuman.

Cuentos reales

Shaktival es el nombre que usa un hombre de mirada tímida y sonrisa generosa que vive en la aldea de Kottakarai, en el sur de la India. Shaktival trabajaba de cocinero y tenía una pequeña pastelería en la que vivía con su familia, cuando acudió a la inauguración de un templo dedicado a Hanuman cerca de su pueblo.

Aquí hago un inciso para explicar quién es Hanuman, con el hándicap de no saber qué explicar. Estos últimos quince días he estado muy dedicado a Hanuman, hasta el punto de recibirlo en un sueño, en el que Hanuman se me ha aparecido en la forma de una máscara asimétrica, o mejor diría como una letra china hecha de planchas doradas que se asemejaba a la representación de una cara casi humana; casi como un jeroglífico dorado, que flotaba en el cielo y me preguntaba provocador:

-¿De verdad crees que me vas a comprender?

Este es Hanuman para mí.

La representación común de Hnuman, no la que soñé yo, es la de un hombre fornido con cara de simio. Se le representa muchas veces volando, con una maza y una montaña en la mano, y otras rezando o meditando.

Un evento central en la historia del universo es el momento en el que los Deva, las divinidades luminosas, y los Asura, magos oscuros con poderes cósmicos y titánicos enemigos de los Deva, se asociaron para batir juntos el océano estrellado del universo y destilar de él el elixir de la inmortalidad. El Mahabharata narra este evento pero omite que en el momento en el que la primera gota de la inmortalidad salió exprimida del océano, Vishnu tomó la forma de la mujer más sensual que había visto el cosmos y bailó una danza tan hipnótica que todos los Asura quedaron hechizados, inmóviles. Este momento de distracción o aprovecharon los Deva para hacerse con la inmortalidad. La operación fue un éxito pero, según me han contado, a Shiva le gustaron las formas de aquella mujer ilusoria que había representado Vishnu y quedó enamorado.

Me cuesta encontrar las palabras justas porque me es imposible discernir las corrientes sutiles e inmesurables que impulsaron a Shiva e Vishnu a ejecutar aquella acción enigmática pero el hecho es que hicieron el amor, los dos aspectos de la divinidad, Vishnu en forma de mujer y Shiva en forma de hombre. Su descendencia, el fruto de aquél acto de amor, fue una energía tan podersa que no podían bajarla directamente al mundo material. Le pidieron al dios del viento que lo hiciera y así, en el seno de una tribu de monos, el embrión que la madre de Hanuman acababa de concebir en su interior fue cargado con la energía del dios del viento y la energía de Shiva, con la intervención de Vishnu.

Hay una explicación, también, de por qué esta energía nació entre monos, pero la dejo para otro día.

Siguiendo con la energía de Hanuman, nos podemos ir formando la idea de que era poderoso como un agujero negro, por lo menos, y siendo todavía bebé confundió la imagen del sol entre las hojas de un árbol de mango con una madura fruta dorada, lo cual le impulsó a saltar hacia el espacio exterior para comerse al sol.

Se dice que las cualidades de Hanuman son inmesurables, incluido su cuerpo físico: puede volverse más pequeño que un átomo o más grande que la galaxia en la que vivimos. No tuvo ningún problema en engullir el sol.

Quién sí tuvo problemas con ello fue Indra, el rey de los Deva y el encargado de mantener el orden meteorológico. Por culpa de aquel monito la tierra se quedó sin luz e Indra defendió el equilibrio golpeando la mandíbula de Hanuman con su arma, el rayo, de manera que Hanuman cayó de vuelta a la tierra con la boca abierta.

El dios del viento recogió a Hanuman en su caída y Shiva explicó a Indra que era a su hijo a quien había golpeado. Todos los dioses se sintieron mal y bendijeron a Hanuman con regalos. Indra transfirió al cuerpo de Hanuman toda la energía del rayo y Brahma le dio la capacidad de comprender toda la creación.

Para que no causara más problemas los dioses hicieron que Hanuman olvidara sus poderes y el sol asumió la responsabilidad de convertirse en su gurú, guiando sutilmente a Hanuman a través de su vida hacia la madurez.

Y estas historias las tenía muy incorporadas Shaktival, el pastelero con quien he empezado este escrito, cuando fue a la inauguración de un templo de Hanuman.

Recogió algunas de las monedas que lanzaron los sacerdotes durante la ceremonia y volvió caminando a casa. Pero en el camino encontró una fotografía en el suelo, en un lugar inesperado, en medio del campo. Era la fotografía de una estatua negra de Hanuman decorada con una larga guirnalda.

Esto le pareció una señal a Shaktival y se llevó la fotografía a casa, le preparó un altar, le encendió una vela, le hizo las ofrendas apropiadas y le rezó a Hanuman con mucha devoción.

Shaktival no habla inglés, todo lo que cuento lo sé de su hijo, Cakrapani, que me contó que aquella misma noche su padre despertó a la familia saltando por la casa y cantando el nombre de Rama.

Hanuman es, ante todo, devoto de Rama. Rama es una de las encarnaciones más importantes de Vishnu y la historia de Rama es el llamado Ramayana, “la vía de Rama”, una historia que me encanta narrar y que fue la semilla de este proyecto de Respirar el Mahabharata.

El Ramayana se puede encontrar dentro del Mahabharata; los cinco hermanos protagonistas lo escuchan narrar en la selva. Por razones que espero poder explicar mejor en el futuro, siento que el Ramayana es el corazón del Mahabharata, es su compasión, así como la Bhagavat Gita es su comprensión. Es por esto, y porque Hanuman actúa también en el Mahabharata, que considero este escrito apropiado para este diario de Respirar el Mahabharata.

Volviendo a Hanuman, lo que más le gusta hacer es decir el nombre de Rama.

Al cabo de un rato Shaktival volvió en sí y dejó de actuar de aquella manera, pero el evento se repetía y noche sí noche no, Shaktival volvía a saltar en trance recitando el nombre de Rama. Pronto la familia entendió que en aquellos episodios su pariente se veía poseído por la energía de Hanuman, a quién de día Shaktival seguía venerando en su apropiado altar.

Dado que Shaktival seguía siendo un padre de familia tierno y responsable, y el negocio de la pastelería prosperaba, la familia aprendió a convivir con la situación. La esposa de Shaktival intentó acudir a ciertos expertos para que bloquearan el acceso de Hanuman al cuerpo de su marido, pero nada funcionó. Hanuman seguía apareciendo y se convirtió en una más de la familia.

En caso de que leer esto te incomode, por parecer demasiado íntimo, he de decir que cuando le he preguntado a Cakrapani, el hijo de Shaktival, si podía contar su historia, me ha mirado con los ojos bien redondos y me ha dicho, sorprendido:

-Es la verdad, ¿Por qué no lo vas a poder contar?

Pero todo cambió cuando llegó a la pastelería de Shaktival un amigo, llorando, y le contó que estaba pensando vender su casa para costear una operación muy difícil. Un agente policial había dañado una vértebra del hijo del señor desesperado, golpeándole con un bastón, y la única posibilidad de que volviera a caminar era con una operación que la familia no podía pagar de otra manera.

Aquel día fue la primera vez que Shaktival se atrevió a compartir con alguien lo que hasta aquél momento la familia consideraba una excentricidad. Le explicó al señor necesitado la situación y le ofreció consultar a Hanuman como último recurso, antes de vender la casa.

Aquella misma noche invocaron a Hanuman y este ser tan enigmático, mono, mensajero divino, avatar y poseedor de la visión del poeta original, recomendó a los presentes preparar un ungüento hecho de hierbas que podían recoger en los bosques cercanos. Desde un punto de vista médico la recomendación era absurda pero Shaktival insistió a su amigo probar aquello como última opción. Si no funcionaba, podían pasar a vender la casa y pagar la operación.

Sobra decir que, milagrosamente, funcionó.

El amigo de Shaktival le regaló una vaca, y rápidamente comenzaron a aparecer personas de las aldeas vecinas pidiendo consejos de Hanuman.

Las vacas han aumentado, de una a nueve. La pastelería se cerró y en un terreno nuevo se ha erguido un modesto templo a Hanuman, que Shaktival mantiene en un estado continuo de incuestionable devoción.

Cuando yo he conocido a Shaktival no conocía todos estos detalles. Había oído rumores de que se convertía en Hanuman y tenía muchas ganas de presenciarlo para estar por fin cerca de este ser misterioso. Sin embargo pensaba que para conocer a Hanuman debería ser invitado a algún tipo de ceremonia íntima. Cuando hace unos diez días una persona muy especial, que merece otro escrito dedicado solamente a él, me ha invitado a contar el Ramayana en un templo de Hanuman, no me he imaginado que aparecería el mismo Hanuman en el lugar. Pensé que probablemente esa noche el sacerdote me pondría a prueba, y así podría ganarme la bendición de conocer a Hanuman, pero había olvidad que otra de las cosas que más le gustan hacer a Hanuman es escuchar el Ramayana.

Voy a dejar este escrito aquí, porque se está alargando mucho, primero, y también porque siento que todavía no he asimilado del todo este encuentro físico con Hanuman. Si has leído hasta aquí te saludo, te honro y te agradezco. También me disculpo. Dentro de quince días espero poder continuar esta historia.

El desenlace inmediato de lo que estoy contando es obvio: he tenido el honor de conocer a Hanuman; lo que todavía no acabo de asimilar son las consecuencias de este encuentro. En quine días espero entenderlo mejor y poder relacionar la experiencia con el proceso artístico que es Respirar el Mahabharata.

El juego de la eternidad

 

Cada mitad de mes escribo de qué manera los ultimos quince dias han afectado este peregrinaje que estoy haciendo por el Mahabharata  y en el escrito de hoy reúno el efecto de las conversaciones que he tenido con los facilitadores de la extraordinaria herramienta llamada Sanacion Espiritual, quienes durmieron en casa, y las sordas canciones que susurra la vegetación del sur de la India.
En esta entrada quiero hablar de epítetos. Porque prestar atención de tanto en tanto al lenguaje del Mahabharata es muy importante.
Lo que me ha abierto la mirada a los epítetos del Mahabharata es el encuentro con imponentes arboles banianos naturales, que atraen mi mirada con su sinuosa majestuosidad entre el resto del bosque.

Hace poco más de una semana que estoy en la India y lo primero que me ha llamado la atención al salir del aeropuerto de Chennai es la visión de un árbol banianao, que me ha recordado una descripción recurrente en el Mahabharata: la descripción de las mujeres más bellas como alguien que . En Barcelona no tengo muchas oportunidades de ver banianos, y aquí en Tamil Nadu estan por todas partes.
El baniano es un arbol que parte de un tronco original que al ensancharse y proyectar su copa deja caer de las ramas finas ra’ices que penetran la tierra para beber.

A medida que se nutren, las raíces se ensanchan y se convierten en otros troncos que proyectan más ramas y más raices colgantes. Una baniano veterana es una sororidad de troncos curvados y redondeados; unos finos y alargados, otros anchos y bajos.
Llevo dias observando babnianos y pienso que comparar la belleza femenina con los troncos de este arbol es una manera de ensalzar las formas redondas y sinuosas de la feminidad comparandolas con un modelo abierto, opuesto al constreñimiento del maniqui. El modelo femenino del Mahabharata no corresponde a una altura o un peso determinados, a unas medidas anatómicas fijas, sino que es un referente abierto de meandros suaves. Las ramas , lianas o raíces del baniano pueden ser altas, cortas, gruesas o finas, y lo que las une como referente es su falta de fragmentación; la ausencia de angulos rectos. El baniano es un proceso de crecimiento ondulado, multiplicación y colaboración. Este es el referente de feminidad que creo que el Mahabharata toma del baniano. Lo femenino se convierte así en una cualidad ultranatural, que apunta a algo que se extiende mas alla de lo material.

Para los hombres, el epíteto mas común es el de <león entre los hombres>. Para poder inspirarme bien deberia ver un león salvaje en el bosque, antes de escribir. Esto es algo que no me apetece, mas bien me asusta y pido no tener la oportunidad de encontrarme en esta situación. Así que, desde este lugar seguro, alejado de leones, pienso (inspirado aquí por las notas de Sri Aurobindo sobre el lenguaje del Mahabharata) que para poder plantarme ante un león y observar su presencia de la misma manera que he estado observando la de los banianos, deberia ser un león como él. Visto asi, el epíteto se puede leer como una llamada al lector a sacudirse de los miedos y las ataduras a las pequeñeces de la vida para crecer y mirar a los ojos cada personaje del Mahabharata, para empatizar desde lo mejor de uno, con los dilemas existenciales que preocuparon a los ancianos de nuestra raza humana.
Para explicar mejor a que me refiero con remito a lo que relaciona el Mahabharata con las conversaciones que he venido teniendo esta ultima quincena con personas de mi entorno: El aceptar y asumir que cada uno de nosotros tiene una misión en la vida y la raza humana tiene una misión conjunta en en el universo. A esto apuntan los epítetos transcendentales del Mahabharata. Ninguno de sus «personajes» son vanos. La manera de atreverse a mirar de frente a los participantes del Mahabharata es asumir que nosostros tampoco somos vanos. Los pensamientos aparentemente humildes del tipo , o somos todos son engañosamente cómodos porque nos dan una excusa para eludir nuestro deber, pero nos llevan a eludir nuestro rol en el juego de la vida, a la tristeza y a la depresion.
Se cuenta que mientras Shiva pasa noches y dias cósmicos meditando, su sombra le dice cada mediodía:

-Te ruego que me otorgues el ser verdadero.
Shiva sonríe, toma una hoja dorada de Aswatta, el arbol sagrado del ser, y le dice a la sombra:
-Siete veces nueve, puedes arrojar esta hoja entre nosotros y si cae una vez hacia ti tendras el ser verdadero.
La sombra lanza la hoja siete veces nueve veces y en todas las ocasiones cae con la punta hacia Shiva.
Cuando llega la noche la sombra, desilusionada, se lleva la hoja al mundo de las tinieblas y les habla a los reyes del mundo sombrío sobre el juego. Seguros de ganar, los reyes del mundo de las tinieblas no dudan en apostar todas sus riquezas. Pero en el otro lado la hoja se vuelve negra y señala a lo mas oscuro. La sombra, aun siendo sombra, sigue siendo la sombra de Shiva y es lo mas real que existe en el mundo de las tinieblas. Por tanto la hoja siempre cae apuntando hacia la sombra.
Cada mañana la sombra vuelve a salir y quiere apostarse las riqezas que ha ganado en el inframundo con Shiva.
-Otorgame el ser verdadero- dice la sombra.
Y Shiva levanta una hoja de color coral, en forma de corazón:
Si la punta apunta hacia ti, esta vez pierdes- se apresura a decir la sombra, pero no sabe que la hoja del amor siempre señala a Shiva, porque es tambien dios en el reino del amor.
Hay mañanas en las que Shiva arranca una hoja verde en forma de trebol de cuatro hojas. La sombra le arranca una hoja y dice:

-Si una de las tres hojas apunta hacia ti gano yo- La sombra cree en el azar y piensa que teniendo 3 posibilidades de ganar contra 1 juega con ventaja, pero el trébol siempre muestra su espacio vacío hacia Shiva, para que lo pueda complementar con su consciencia pura.
Otras mañanas Shiva levanta una hoja azul del arbol de la sabiduría, en forma de diamante. La sombra, que sigue creyendo en el azar, le dice:
-Si una de estas cuatro puntas apunta hacia mi gano? Y Shiva asiente, pero siete veces nueve la hoja apunta solo a Shiva, porque Shiva es la fuente de la sabiduría.
Algunas veces Shiva muestra tambien una hoja dorada y redonda y la sombra, creyendo jugar sobre seguro, propone que solamente si el pequeño tallo muestra a Shiva este ganará, y el tallo siempre muestra a Shiva, porque el es el origen de toda bienaventuranza. Estos son los momentos en los que la sombra entiende que el azar no existe y solo como sombra de Shiva puede participar en el ser unico. Siendo la sombra de Shiva puede participar en el amor, la consciencia, la sabiduría y la bienaventuranza del ser verdadero.
Cuando la sombra queda pegada a los pies de Shiva los reyes de las tinieblas siguen jugando con las hojas caídas, que llaman espada, corazón, diamante y trébol.
Para huir de nuestra responsabilidad jugamos a nuestra vida como al poker, apostando bienes y placeres materiales, y así pasamos el tiempo hasta volver a la tierra de la que salimos. Pero cuando jugamos a descubrir nuestra misión en la vida el tablero del universo se expande.

(Gracias a Anandi por hacerme llegar la historia de Shiva y el juego de la eternidad)

¿Qué sexo tiene la furia?

La semana pasada me hice una pregunta a raíz de un comentario del Mahabharata, en el cual un personaje hablaba de una ceremonia llamda svayamvara (de “auto-elección”) en la que, para casarse, una princesa elegía un marido entre varios candidatos. El comentario en cuestión llamaba esta ceremonia «una ceremonia la que los instruidos recuerdan y los reyes elogian».

¿Acaso existió una época anterior al Mahabharata en la que las mujeres elegían a sus pretendientes? Me preguntaba la semana pasada. ¿Acaso se trata de una era anterior, en la que el orden social era diferente, y que la anciana historia del Mahabharata recuerda?

Dos días después, el mismo Mahabharata me responde. Leo que una mujer[1]habla con su marido y este le dice que «en tiempos antiguos las mujeres iban descubiertas. Caminaban por donde querían y eran independientes. Permanecían solteras toda la vida y no le eran fieles a ningún hombre. Eso no se veía como contrario al Dharma, porque aquél era el Dharma de aquellos tiempos antiguos. Sin deseo ni rabia, este Dharma anciano lo siguen practicando los animales. La práctica de este Dharma ancestral está sancionado hoy por los sabios (Maharshis). Este Dharma se sigue practicando en la región del norte de Kuru. Ese Dharma eterno es conveniente a las mujeres, oh tú que tienes sonrisas tan bellas. La práctica que se sigue ahora fue impuesta más tarde. El Dharma actual es el de los humanos, y nos separa de los animales»[2].

Cuando leo estas palabras me parece que el Mahabharata habla de una despedida doble; de dos sociedades que se van. Por una parte, el lejano mundo del que habla el pasaje que acabo de citar y por otra, el mundo de normas sociales que sostuvieron por un tiempo una sociedad justa pero han dejado de funcionar. Por una parte, el Mahabharata habla del final de un tipo de civilización y por otra, siento que en nuestro días también, aferrarse a una división de roles tradicional ya no es viable, aunque no queda claro cuál es la alternativa.

Con esto en vista es muy interesante la historia de Amba, una princesa despechada, que también mencioné hace quince días, porque es la historia de un impulso, de un ímpetu, atrapado entre cuerpos y normas. Su historia puede servir como reflexión sobre la cuestión de hacia dónde va este ímpetu en la época actual y cómo dirigir este ímpetu hacia un lugar que no sea el campo de batalla, si es posible.

Amba es una princesa que fue secuestrada junto a sus hermanas por un noble guerrero célibe[3], que quería esposar a Amba con su hermanastro, el rey. Es decir, el noble célibe quería coronar a Amba como reina de su reino. Sin embargo Amba le hace saber a su secuestrador que ya estaba enamorada de otro rey, que su corazón ya había hecho una elección, y el guerrero célibe decide, en una decisión que parece noble por su parte, dejarla ir en busca de su amado.

Aquí es donde comienza el conmovedor periplo de Amba, porque al dirigirse hacia su amado este la rechaza, aludiendo que ya no puede estar con ella después de que haya pasado por la corte de otro rey. Dice que tiene miedo al guerrero que la secuestró, y a las habladurías de los demás. Amba le responde con toda la sinceridad de su corazón que no fue feliz cuando fue secuestrada por aquel «destructor de enemigos»: «Después de ahuyentar a los señores de la tierra, me secuestró por la fuerza y yo lloraba. Oh querido, yo te amo, ámame también. Soy inocente. El Dharma no aprueba el abandonar a aquellos que te quieren. He venido a ti después de obtener permiso de mi secuestrador, el que nunca se retira del campo de batalla. He obtenido su permiso y he venido aquí ante ti. Él ni si quiera me quería para si mismo sino para su hermano; le ha dado mis hermanas y yo he quedado libre. Nunca he deseado otro hombre que tú. Oh tigre entre los hombres, juro por mi cabeza que nunca he deseado otro hombre que tú. Juro por mí misma que estoy diciendo la verdad.  Quiéreme. Una mujer se ha presentado ante ti por su propia voluntad».

Pero nada de esto sirve ante el príncipe y cuando asume la situación, Amba, con lágrimas en los ojos y la voz ahogada por el llanto, le dice: «Habiendo sido repudiada por ti, iré donde quiera. Voy a ir con los virtuosos, porque donde está la virtud está la verdad». Y así comienza el primer paso de la búsqueda de Amba. La princesa peregrina, sola, por el bosque, y pasa la noche en la ermita de unos ascetas, a quienes cuenta su historia.

«Debería darle vergüenza al creador», dice Amba, y pide que se le den ejercicios ascéticos por hacer, porque siente que debe expiar acciones terribles que debe haber hecho en otras vidas para llegar a sufrir lo que está sufriendo en esta. No le interesa volver con su familia, dice, porque estos la han rechazado también. «Cuando vuelva me criticarán», les dice, «me perderán el respeto».

Pasando el tiempo con Amba, escuchando su historia, los ascetas sienten que lo que le ha sucedido es una gran injusticia. El tono de Amba comienza a teñirse con matices de despecho y los ascetas le recomiendan hablar con Parashurama, un asceta guerrero, encarnación furiosa y violenta de Vishnu, famoso por haber extinguido 21 generaciones de guerreros en su juventud, conocedor de todas las  técnicas guerreras además de los ataques mágicos. Parashurama pasa por el lugar esa noche, precisamente, con el pelo largo y pegado en rastas, vestido con cortezas de árbol y la mirada encendida. Viene seguido de sus discípulos, con un arco colgado al hombro y sujetando un hacha de guerra.

Amba llora y le cuenta a Parashurama que está inmersa en un océano de barro y tristeza. El asceta se compadece de su cuerpo delicado, de su situación, y le pregunta si prefiere que convenza al amado que la rechazó o que calcine al guerrero que la secuestró  con el calor de sus armas. Y aquí Amba toma la decisión que marcará su destino. Dice que su secuestrador es la razón de su infelicidad y es por su culpa que está merodeando sin rumbo, en este estado de suprema miseria. Él es avaricioso e insolente, dice, y que desde el día en que la secuestró ella tomó la resolución mental de verlo muerto.

La desolación de Amba lleva a su protector a luchar contra su secuestrador. El problema es que uno de los contrincantes es un avatar, Dios mismo, nacido en la tierra en forma de asceta furioso, y el otro tiene como madre al río Ganges y como padres a los ocho elementos. Ninguno de los dos puede morir. La batalla dura varios días, la sangre de ambos guerreros fluye como resinas de árboles arrancados por un ciclón, las flechas doradas vuelan como llamas y son tantas las que cubren el cielo que ni el viento tiene espacio para pasar entre ellas, mucho menos el sol. El campo de batalla se oscurece y el calor de la batalla incendia todas las flechas en el aire, de manera que los dos guerreros luchan entre las cenizas; arrojan lanzas como meteoros, la tierra tiembla, los chacales aúllan, se desencadenan tormentas y terremotos, los tambores suenan con tonos terribles a pesar de que nadie los golpea, el cielo se convierte en una gran masa de energía, los dioses y sus enemigos gritan de dolor y sus mensajeros se aparecen ante ambos contrincantes para convencerlos de que dejen de luchar.

Parashurama, el asceta guerrero, reconoce ante Amba que su poder no es suficiente para vencer a su secuestrador en la batalla y ella, con los ojos rojos otra vez, pero a causa de la rabia ahora, jura que irá allí donde pueda vencer en la batalla a su odiado enemigo.

Amba llega al río Yamuna y permanece de pié en sus aguas por un año entero, sin comer. Por un año más sobrevive comiendo una hoja al día. Llena de rabia, permanece sobre la punta de los dedos doce años durante los cuales su ascetismo calienta los cielos. Peregrina hacia las tierras donde viven las almas ascendidas, los que poseen poderes (siddhas),  camina hacia los bosques de los dioses, de ermita en ermita, hasta que el río Ganges, en forma de mujer, se levanta ante ella y le pregunta «Oh desafortunada, ¿por qué estás pasando por todo este dolor? Contéstame con sinceridad». Y Amba expone su motivación: «Mi enemigo no puede ser vencido en la batalla, pero yo pasaré por las más extremas austeridades hasta que lo pueda destruir. Vagaré por la tierra buscando la forma de matar este rey, aún si obtengo este fruto en otro cuerpo». Y el río le responde «Oh, preciosa. Estás siguiendo un camino torcido, doncella. Este deseo tuyo es imposible de satisfacer. Si sigues el voto de la destrucción de este rey, si abandonas tu cuerpo en este voto, te convertirás en un río desviado que solamente lleva agua durante la época de las lluvias. Tendrás lagunas terroríficas que nadie querrá conocer. Solo fluirás durante las lluvias y permanecerás seca durante ocho meses. Tendrás cocodrilos espantosos en tus aguas y serás aterradora para todos los seres». Pero la fuerza que mueve Amba no se calma con estas palabras y la princesa sigue esforzándose en su búsqueda hasta que se convierte, efectivamente, en un riachuelo siniestro como el que le describió Ganges. La mitad del cuerpo de Amba se convierte en agua, agua semi-estancada plagada de cocodrilos, y la otra mitad de su cuerpo sigue siendo el de una doncella. «Solamente por la muerte de mi enemigo alcanzaré la paz», decía Amba, «He sido privada de la opción de tener un marido. No soy ni mujer ni hombre. No desistiré hasta que venza a mi enemigo en la batalla». La fijación y la disciplina de Amaba en su búsqueda personal fueron tan grandes que acabó encontrándose a Shiva sosteniendo su tridente en el fondo del bosque. En su desesperación, Amba escucha como la voz de Shiva le promete que podrá matar al rey que tanto odia. Shiva le promete que volverá a nacer en otro cuerpo, pero recordando toda su historia. Nacerá primero como mujer y será una gran guerrera, experta en todo tipo de armas, pero se convertirá en hombre, y acabará venciendo al ser que tanto odia.

Habiendo escuchado estas palabras Amba se levanta, recoge leña para encender una pira y se estira dentro de la hoguera para abandonar su cuerpo.

En otro reino, un rey que no podía tener hijos y consiguió satisfacer a Shiva con muchas ceremonias. Shiva le prometió que tendría una hija, que se convertiría en hijo, y sería un gran guerrero. Así, cuando poco después nació Shikandi, con la memoria de Amba, el rey la educó en todas las técnicas de guerra, como si fuera un príncipe varón, y además mintió a todos sus consejeros anunciando ante el reino que Shikandi era el heredero masculino de su reino. Solo la reina y el rey sabían que el príncipe era en realidad una niña vestida de chico. Shikandi se convirtió en alumna excelente de esgrima, tiro al arco y artes marciales. Aprendió incluso a usar mantras destructivos y armas mágicas. Shikandi, apoyada por sus padres, retrasaba el momento de casarse pero el reino, y los reinos vecinos, empezaban a murmurar, a sospechar, a preguntarse cuál sería el problema. Confiando en las palabras de Shiva, y en que al final todo se iba a arreglar de algún modo, Shikandi fue casada con la princesa de un reino vecino. Cuando inevitablemente la princesa se dio cuenta de que Shikandi tenía cuerpo de mujer la princesa se sintió engañada y mandó mensajeros a su padre, que declaró inmediatamente la guerra al reino de Shikandi.

Shikandi se entristeció mucho por el destino que había traído sobre su reino y decidió escapar sola hacia el bosque, para morir. Dejó sus residencias para alejarse hacia un bosque profundo y apartado, un bosque que todo el mundo eludía porque lo dominaba por un Yaksha al que temían. La casa del Yaksha estaba hecha de ladrillos y enyesada. Estaba llena de humo y grano seco. Tenía muros altos alrededor y una verja.

Shikandi entró en el lugar y ayunó en el patio durante varios días, secando su cuerpo. Cuando el Yaksha salió de su casa tenía los ojos del color de la miel. «¿Qué es lo que quieres pedirme?» le preguntó el Yaksha «Soy el servidor del dios de las riquezas, puedo conseguir todo lo que me pidas, aunque parezca imposible». Shikandi le explicó toda su historia y le habló del peligro que corría su reino, del poder del monarca de armadura dorada que les había declarado la guerra, y le exigió «conviérteme en un hombre para salvar mi reino, has prometido que puedes hacer todo lo que te pida».

El Yaksha se lo pensó y le dijo a Shikandi que podían encontrar una solución pero haciendo un pacto. Él podía prestarle a Shikandi su órgano masculino por un tiempo, con la condición de que Shikandi se lo devolviera cuando terminara de convencer a su esposa y a su suegro de que era un hombre. «Puedo merodear el cielo y tomar la forma que quiero» le dice el Yaksha «llevaré tu órgano femenino por un tiempo, salva a tu familia, pero no intentes engañarme». Y Shikandi, aliviada, responde al ser que merodea la noche que le devolverá su órgano sin falta, cuando pasen los problemas.

Cuando volvió a su reino en un cuerpo masculino, los mensajeros hicieron su trabajo, se comprobó la sexualidad de Shikandi y su esposa y el reino quedaron satisfechos. Sin embargo en estos días el dios de las riquezas, Kubera, señor de todos los Yakshas, se encontraba volando en su carro encima del bosque siniestro en el que Shikandi había depositado su sexo femenino. Kubera se encontró a la residencia del Yaksha decorada con muchos colores, con muchos tipos de guirnaldas diferentes. Estaba el grano seco y también toldos hechos de hierbas aromáticas. El lugar estaba adornado con telas y banderines, olía a incienso delicioso, había suministros de grano, carne y licor. El dios de las riquezas exclamó con su  voz profunda que el lugar estaba muy bien decorado pero se preguntó por qué el yaksha no salía a saludarlo. El Yaksha se avergonzaba de salir porque ahora tenía las fromas de una mujer, le explican los espíritus que le acompañan. Ante esto Kubera se enfada, por alguna razón que el texto no especifica, y condena al Yaksha a permanecer en esta forma femenina hasta la muerte de Shikandi.

De esta manera Shikandi siguió viviendo en cuerpo de hombre, hasta enrolarse en la gran batalla del Mahabharata, en el lado contrario al de su enemigo, que no es otro que Bhishma, el enigmático rey renunciante que prometió antes de luchar que «no apuntaría con sus flechas a ninguna mujer, o a nadie que haya sido mujer anteriormente, que tenga el nombre de una mujer o la forma de una mujer». Bhishma siguió todo el periplo de Amba con la ayuda de espías, sabía perfectamente quién era Shikandi y lo estaba esperando, porque Bhisma podía morir solo cuando él lo decidiera, y tomó la decisión de que fuera Shikandi quien lo matara en la batalla.

Las decisiones de Bhishma, el enemigo de Amba y Shikandi, son un tema para otro día. Esta entrada está dedicada a Amba y Shikandi. Su historia es la de un impulso, un ímpetu atrapado entre cuerpos y entre normas. Un deseo que danza entre cuerpos diferentes, forcejeando con una estructura social. Mi pregunta es hacia dónde va este ímpetu en la época actual. ¿Qué es lo que buscaba Amba? Al amor me parece que renunció muy pronto, y la venganza, ¿por qué le importó tanto? ¿Qué fue lo que más le dolió, la separación de su amado, el despecho o la humillación? ¿Qué dolor alimentó esa transcendental fidelidad al voto de venganza? Y qué fue este ímpetu, ¿masculino o femenino?

A Bhishma, el secuestrador y víctima de Shikandi, se le conoce como “el del voto terrible”, porque hizo el voto de renunciar a la descendencia y no lo levantó ante nada. Con esto en mente, podemos decir que Amba fue su media naranja; Amba “la del voto terrible”. Y Bhishma no dejó de seguir a Amba con sus espías. Amba no dejó de pensar en Bhishma. Su historia es la historia de una relación, tal vez porque al final todo está relacionado. Todo está en relación con todo y no podemos apartar nada del mundo, lo que podemos hacer es elegir bien cómo relacionarnos con ello. Puede ser esto, y puede ser mucho más. Disculpas si la conclusión es algo ligera, solo quiero terminar este escrito de alguna manera. Si has visto otra cosa en la historia de Amba, Shikandi y Bhsihma, estás invitado/a/@ a dejar tu comentario.

[1] Se trata de Kunti hablando con Pandu

[2] Sambhava Parva 112-113

[3] Se trata de Bhishma

Sobre si vale la pena buscar consejos matrimoniales en el Mahabharata

Esta primera entrada de 2017 la dedico a una de las primeras decisiones importantes de Bhishma, un personaje que sirve de eje al argumento del Mahabharata. La decisión a la que me refiero se describe en el texto como una anécdota que no parece mucha transcendencia cuando ocurre y se describe en un par de frases, pero las consecuencias de esta decisión acabarán causando que Bhishma abandone su cuerpo.

El Mahabharata, entre otras cosas, es una historia de enredos en la que actuar de manera correcta no es necesariamente sinónimo de éxito o garantía alguna de evitar el conflicto. La dinastía cuya historia explica el Mahabharata comienza con lío, mucho lío. Demasiado lío para poderlo resumir en esta entrada. Digamos solamente, para situarnos, que nos encontramos en un momento en el que un rey ha hecho un voto de castidad y dado que él, a causa de su voto, no podrá continuar el linaje real, decide buscarle conyugue a su hermanastro menor. El rey en voto de castidad es Bhishma, pero ahora el voto y su relación con el hermanastro no importa, lo que importa es que Bhishma está buscando la descendencia para su familia.

Bhishma se entera de que en el reino de Varanasi el rey está organizando un concurso al que vendrán jóvenes nobles de todos los reinos para demostrar sus cualidades e impresionar a las tres hijas del rey. El premio del concurso es ser elegido como esposo por una de las princesas y se presentan miles de pretendientes.

Aquí el texto hace una cabriola de estas que me impresionan tanto y me hacen pensar que una vida entera no será suficiente para entender el Mahabharata. Lo que quiero hacer en esta entrada es comentar este punto del texto y observar cómo se usa el lenguaje fantástico para explorar los espacios a los que no llega la razón.

La pirueta que hace el texto es afirmar, en referencia a la ceremonia de elección de pretendientes que describe, que esta ceremonia corresponde a la octava forma de casamiento, llamada «autoelección» (Svayamvara, en sánscrito).

Me he encontrado con muchas historias sagradas en las que aparece esta ceremonia pero cuando el Mahabharata habla de «octava forma de casarse», parece referirse a algún códice existente que regule estas formas, y concrete ocho maneras posibles de emparejarse. Aquí es donde el texto hace su “cabriola”. La leyenda dice que el sabio Vyasa, compositor del Mahabharata, le pidió al dios Ganesha que transcribiera el Mahabharata mientras él se lo dictaba. Ganesha aceptó con la condición de que el sabio dictara la obra entera de principio a fin, sin parar ni para dormir. Vyasa aceptó y para poder descansar intercalaba acertijos y enigmas filosóficos en la historia, que hacían que Ganesha levantara la cabeza y se quedara pensativo unos segundos, los cuales el sabio aprovechaba para descansar. Este momento parece ser uno de ellos.

Porque es cierto que existen ocho formas de emparejamiento registradas en los códigos de rituales domésticos de referencia (Grihya Sutras, Artha Shastra o el Código de Manu), en ambos se habla de ocho maneras de casarse, pero no se incluye el ritual de autoelección entre ellas. ¿Por qué esta línea del Mahabharata sitúa esta ceremonia (svayamvara) entre una de las ocho formas posibles de matrimonio? es un misterio, más aún a la luz de la siguiente línea: «[la ceremonia] que los instruidos recuerdan y los reyes elogian». ¿Es que la ceremonia en la que la mujer elegía un hombre entre varios pretendientes constituía un recuerdo del pasado, ya en la época del Mahabharata, y es posterior la composición de los códices? Yo, en este momento, no sé la respuesta a esta pregunta. Si estás leyendo esto y sabes algo al respeto por favor escríbeme algo, en los comentarios o a la dirección: respirarelmahabharata@gmail.com

Más allá de este pequeño gran enigma, quiero continuar con el discurso y las acciones de Bhishma en este punto de la historia. Bhishma se presenta en la ceremonia de autelección y exclama la mencionada frase: proclama que la ceremonia que está tomando lugar es «recordada por los sabios y respetada por los reyes», pero «aquellos que conocen el Dharma saben que la esposa tomada por la fuerza es la mejor», y acto seguido Bhishma lucha contra todos los pretendientes y secuestra a las tres princesas.

Ahora, es natural que nos sintamos repelidos por lo que está pasando en el texto, pero una doble, triple y cuádruple lectura de estas páginas abre la mirada a unos significados más sutiles de lo que parece a primera vista. Y aviso de antemano que no pretendo forzar un sofismo enrevesado para justificar ningún secuestro sino que quiero romper una lanza a favor de la complejidad y sensibilidad del Mahabharata. El texto, si se lee con cuidado, es muy imparcial, también visto desde la mirada post-feminista del siglo XXI. Bhishma irrumpe la ceremonia y guerrea contra los príncipes más feroces de la tierra. El texto describe, alaba, las proezas marciales de Bhishma por unas buenas dos páginas, hasta que victorioso, Bhishma se aleja en un carro con las tres princesas a bordo. «A las cuales trata como sobrinas». Es decir, la batalla de Bhishma es contra los otros pretendientes y la derrota es de ellos, en ningún momento se habla de hacer daño a las princesas, o menospreciar su persona o feminidad, ellas se mantienen a salvo, mientras los hombres compiten.

¿Pero y la opinión de ellas? Nos diremos. Y a esto responde la historia, inmediatamente. En el viaje de vuelta a su palacio una de las princesas habla: «Yo ya he elegido al rey de Soubha como marido. Esto yo ya lo había hecho anteriormente, y él ha aceptado mi mano. En la ceremonia yo iba a elegirlo a él. Tú conoces bien el Dharma y ahora sabiendo esto, decide lo que el Dharma implica». Ante esto Bhishma hace los arreglos para que la princesa vuelva a su reino.

Que Bhishma venza a otros príncipes para secuestrar unas princesas es correcto desde el punto de vista del Dharma, a menos que una ya haya elegido, entonces lo correcto es que ella vaya con su elegido. A lo que la princesa alude es a la llamada boda Gandharva, esta vez sí, una de las ocho formas regladas,  en la que hombre y mujer se emparejan por mutuo acuerdo. Es la boda más valorada en la sociedad occidental del siglo XXI, pero ahora me gustaría entrar en el significado profundo de la palabra Gandharva.  ¿Por qué hacerlo? De entrada, porque el texto hace un llamado a la reflexión en este punto. Primero, porque presenta un cruce de intereses sin sancionar ninguno de los dos, al contrario, presentándolos como de igual valor frente al Dharma (la armonía universal). Segundo, porque este enredo será la causa de que Bhishma abandone su cuerpo, a partir de ramificaciones que probablemente aparezcan en próximas entradas o futuras narraciones del Mahabharata.

¿Cuál es la ambigüedad de la boda Gandharva? La denominación en sí nos presenta la pista. Los Gandharva son seres astrales. Tienen cuerpos demasiado sutiles para que los podamos percibir con sentidos humanos. Se les describe como músicos de los Dioses; entretienen a las potencias que son mayores que ellos, a los Deva, y confunden a los humanos. Llama la atención que en el Atharva Veda, himnario referencial para la cultura del Mahabharata, ofrece un himno de protección contra los Gandharva: «como un joven, de apariencia exuberante, el Gandharva acecha las mujer. A él lo expulsamos de aquí con un poderoso hechizo» y las Apsara son las ninfas acuáticas, compañeras de los Gandharva, «marchad hacia el río, a sus vados, como levantadas por el viento, ¡habéis sido reconocidas!» (Ambas citas: Ath.Veda 5,37).

Los Gandharva y las Apsara son bellos, divertidos, sobretodo atrayentes, su presencia imperceptible embelesa el alma, ¿por qué protegerse contra ellos con conjuros? Esto ya es una pregunta que cada uno debe hacerle a su interior. ¿Qué deseo en la vida? ¿Existe otro propósito que el embelesamiento? No pretendo responder estas preguntas aquí, ni tampoco ofrecer una guía para hacerlo, lo que quiero ilustrar es la ambigüedad y la apertura que ofrece definir un tipo de emparejamiento como el «mutuo acuerdo» con una definición “mitológica”, o “simbólica”, como lo es el término Gandharva. Podemos ver que no nos encontramos con un claro juicio moral sino con otra cosa, algo mucho más flexible. Gandharva es una definición, que no cierra ni fuerza sino que apela al discernimiento interior desde este plano sutil hacia el que se expande la percepción cuando accede al pensamiento mitológico. Llámesele fantasía, si se quiere, pero una fantasía real; una fantasía que tiene que ver con el amor y la elección de pareja.

Por otra parte, el secuestro como “forma de emparejamiento”, se menciona en los códigos como boda Rakshasa. Los Rakshasa son seres monstruosos, con un físico muy concreto, tan material como el cuerpo humano, pero con poderes mágicos como la capacidad de volar y cambiar de forma a voluntad. Los Rakshasa son feroces depredadores y consumen carne humana. ¿Se refiere a este tipo de boda como algo positivo la exclamación de Bhishma? En primer lugar, según el código de Manu (3,21), esta boda es la única aceptada para un noble (Ksatriya). En segundo lugar, tal vez, lo que pueda tener de positivo este tipo de “boda”, a nivel material, es que en caso de secuestro, Bhishma no tendría ningún derecho a la propiedad de las princesas que secuestra ni las de sus reinos. Si Bhishma reclamara algo de su dote se consideraría su reclamo como robo. En este caso, Bhishma deja intacto las posesiones del reino de las princesas. Pero de nuevo ¿qué es lo que desean ellas? Y por extensión ¿qué desea el hermanastro de Bhishma? Se toma por supuesto que él estará contento cuando se le presenten dos desconocidas con las que debe casarse, igual que suponemos que dos personas que deciden casarse por la influencia de la melodía encantadora de los Gandharva serán más felices, pero sabemos que no es siempre así.

No pretendo con este escrito defender una u otra acción de los personajes del Mahabharata. Tampoco pretendo, como alguien pueda pensar, defender una ordenación patriarcal, matriarcal, o de ningún tipo en este escrito. Estoy comentando una historia sagrada y un códice legal/ritual. Todo códice es una idealización y representa a la sociedad que lo aplica tanto como una constitución nacional pueda representar a los individuos que respiran dentro del territorio que incumbe; es un mero referente. Lo único que quiero compartir aquí es la fluidez que aporta a un códice el lenguaje mítico. El hecho de dar a cada emparejamiento un nombre mitológico hace que obtenga un significado mayor que el del juicio binario de bien o mal. Las ocho formas de emparejamiento que definen los códices indios son primero una descripción de las posibilidades reales de emparejamiento. Nos guste o no, la realidad es de una manera determinada y ofrece un margen de acción que va desde la elección de la pareja al secuestro. Dentro de estas posibilidades de la realidad, fluye el sentido.

En mi opinión, lo que aporta el uso de un lenguaje “mitológico” en un códice ritual, es la opción de establecer normas y acuerdos sociales sin olvidar que estos no dejan de ser coordenadas temporales dentro del infinito. Allende las murallas del mundo, las murallas de la realidad y de la ley, el espacio es infinito. Con esto en mente vuelvo a honrar el Mahabharata como un texto que es de todo menos didáctico o taxativo, porque lo que nos ofrece es un espejo de la realidad en todos sus matices y uno se sitúa frente el Mahabharata de acuerdo a su discernimiento interior. Así es como el espejo del Mahabharata actúa como un catalizador, un estímulo del despertar interior.

Los hijos de la perra

El Mahabharata termina con el peregrinaje de los cinco hermanos protagonistas y su esposa común por las cuatro direcciones de la tierra. Cuando inician su camino hacia el este el texto dice que los empieza a seguir un perro, un perro que no les pierde la pista cuando deciden circunvalar la tierra por el sur y les sigue los pasos cuando alcanzan por el oeste la antigua ciudad de Krishna, que se encuentran hundida bajo el océano. Cuando deciden cruzar la cordillera del Himalaya por el norte el perro continua tras ellos y a medida que los Pandava mueren entre las nieves perennes de las alturas, el perro sobrevive y continua caminando al lado de los restantes hasta que Indra aparece montado en un carro refulgente ante el último hermano vivo, el mayor, Yudisthira, y le ofrece subir hacia el cielo. Yudisthira haco el gesto de llamar al carro a su fiel acompañante pero Indra le para:

-Los perros no tienen lugar en el cielo.

Entonces Yudisthira, en un gesto que se sigue recordando hasta hoy, renuncia al cielo en nombre de la fidelidad. Se niega a abandonar en el frío a su amigo cuadrúpedo, y este gesto de empatía de Yudisthira se gana un sitio de honor entre los dioses.

Esta historia es una de las más conocidas del Mahabharata pero lo que se recuerda menos es que el Mahabharata comienza también con un perro. Este perro, en cambio, probablemente también de la raza llamada Mastil Tibetano, que parece ser la autóctona de la India, es golpeado cruelmente por el rey Janamejaya cuando se acerca husmeando al terreno del ritual en el que el mismo Janamejaya oirá contar todo el Mahabharata.

A este ritual se acercará más adelante el conductor de carros que contará, a medida que contesta todas las preguntas que le hace el rey y sus acompañantes, lo que conocemos hoy como el Mahabharata. Pero antes de esto, el texto nos cuenta que el perro golpeado volvió a su madre Sarama, y se quejó ante ella de la injusticia que acababa de sufrir.

Ahora, Sarama no es cualquier perra. Sarama es la madre de todos los perros, la Devi perruna si se quiere, la diosa madre de la raza canina. Sarama aparece ya en el Rig Veda, el canto más antiguo de la tradición de la que proviene el Mahabharata, en un himno en el que se canta cómo Sarama visitó a los Panis, los enemigos de los dioses[1]:

-Panis, soy la mensajera de Indra, él me ha mandado. Tenéis muchas vacas y es mi intención alcanzarlas. Las aguas del río rasa no me han podido dañar porque estoy protegida por los dioses; primero tenía miedo de cruzar pero he conseguido llegar a vuestra orilla. Las aguas profundas del río no han podido contradecir los deseos de mi amo.

-¡Oh Sarama! Podrías alcanzar los puntos más lejanos del cielo. Hemos escondido el tesoro en un lugar rodeado de montañas. Has malgastado tu viaje. Sabemos que los dioses te han asustado para que vengas aquí; quédate hermana, eres preciosa, te daremos parte de las vacas. [En algunos versos védicos parece ser que a los Pani se les llama lobos. Una lectura que me parece preciosa es la del diálogo entre Sarama y los Pani como un diálogo entre los lobos del bosque y una perra amaestrada]

-No puedo ser vuestra hermana y no sois hermanos míos. No reconozco estas relaciones. Solamente conozco a Indra y al fuego[2]. Huid Panis, y dejad que las vacas vuelen al cielo. Habéis intentado mantenerlas en secreto pero Soma, Indra y los sabios las han encontrado.

 

Esta es la Sarama a la que acude para gemir el perro golpeado por Janamejaya. Algunos la han relacionado con la luz del amanecer también, y a los Pani con la oscuridad que esconde las nubes, que son las vacas del himno.

Yo, que soy de flipar fácil, pienso también que a la estrella más brillante de la noche, Sirio, se la llama “el perro”. En sánscrito su nombre es Lubdhaka, “el cazador”, o Mrigavayaha “cazador de antílopes”. Porque a los perros en sánscrito se les llama Sarameya –literalmente “el que es de Sarama”- en tanto a descendiente de la famosa Sarama, pero también Mrigadagņśa, “cazador de antílopes”. Esto tiene sentido porque la estrella Sirio va detrás de Orión, la constelación que parece un arquero, como el perro que acompaña al cazador. De hecho la franja del cielo que cubre tanto Orión como Canis Majoris, la constelación a la que pertenece Sirio, en la astrología india se la conoce como la casa lunar de Mrigashira, “cabeza de antílope”, y se dice que los nacidos bajo su influencia se caracterizan por ser buscadores incansables y personas con un deseo muy intenso.

El antílope, el deseo, la búsqueda y la realeza son elementos que aparecen a menudo en el Mahabharata. Los momentos de quiebre en el linaje de los Pandava, las crisis importantes, comienzan siempre con un rey persiguiendo un antílope (Mŗga, también puede significar ciervo) que lo lleva a adentrarse en el bosque, donde se encuentra de cara con su destino (ejemplo 1,2). Lo que no se menciona es que el rey muy probablemente vaya acompañado de un perro, un fiel “cazador de antílopes”. El perro es rechazado del relato como el hijo de Sarameya es expulsado de los terrenos del sacrificio cuando comienza el Mahabharata.

El lugar del perro es ambiguo en las historias sagradas, igual que en nuestro presente. Un animal necesario, compañero y hasta cierto punto espejo del humano, pero al que el imaginario social trata con recelo. En el Mahabharata los que crían perros son los chandala, un sector social problemático que componen los hijos de casta mezclada, brahmán y sudra, sacerdote y sirviente. Un chandala es un cruce entre mundos, una mezcla, algo indefinido de lo que puede salir tanto un conductor de carros (oficio destinado a los Chandala) que acabe contando todo el Mahabharata, un consejero real como Vidura, una de las figuras importantes de la corte de los Pandava, o un criador de perros. Un chandala es un espacio indefinido, como el cruce entre yugas.  El final de cada era es siempre confuso, en el crepúsculo de Treta a Dvapara yuga la tierra sufrió 12 años seguidos de sequía. Era imposible mantener ningún cultivo o ganadería, las poblaciones sufrían el saqueo de barones de la guerra y bandas de maleantes y muchos, desesperados, recurrieron al canibalismo.

En aquellos tiempos Vishvamitra, el famoso Rishi, abandonó su esposa e hijos y vagó en solitario por los caminos desolados. En una ocasión llegó hambriento al lugar donde vivían unos chandalas. Había jarrones rotos, pieles de perro, huesos de cerdos y burros, y ropas de difuntos acumuladas por todas partes. Gallos y asnos clamaban al cielo y habían grupos de chandalas discutiendo y peleando. Vishvamitra escudriñó el lugar buscando algo de comida pero no encontró nada; ni carne ni grano ni fruta. Estaba tan cansado que colapsó y quedó tirado en el suelo cuando de repente vio que en una de las cabañas quedaba carne de un perro que acababa de ser degollado.

Vishvamitra decidió que robar para salvar la propia vida estaba bien y esperó a que se durmieran los chandalas para entrar en la cabaña y robar la carne. Pero el dueño de la cabaña se despertó y gritó:

-¿Quién está robando la carne? ¡Vas a morir!

-Soy Vishvamitra, estoy moribundo y hambriento, he robado un poco de la carne de este muslo de perro. He perdido mi conocimiento de los textos sagrados. Ya no soy capaz de distinguir entre lo que debe y lo que no debe ser comido. Me he convertido en un ladrón. El dios del fuego se lo come todo, me he convertido en lo mismo.

Oyendo quién era el sabio, el chandala saltó de la cama y se postró ante Vishvamitra:

-No hagas nada contra tu naturaleza. Los entendidos han dicho que los perros son peores que los chacales y en lo que concierne a la carne de perro, dicen que la carne del muslo es peor que la de cualquier otra parte. Eres un sabio ilustrado, por favor encuentra otra manera de salvar tu vida.

-No hay otra manera– respondió Vishvamitra– todo vale a la hora de salvar la vida. Después de haber salvado la vida uno puede reunir fuerzas para restaurar su Dharma. El dios del fuego, el espíritu de los textos sagrados, es mi fuerza. Con sus bendiciones voy a saciar mi hambre y salvarme.

-La carne de perro no beneficia al cuerpo– volvió a contestar el chandala- Entre los animales que tienen cinco uñas, como los conejos, hay cinco tipos que son aptos para el consumo de brahmanes. Los perros no están incluidos en la lista, por favor busca otra comida y salva tu Dharma.

-En el estado en el que me encuentro no hay diferencia entre carne de antílope o de perro.

Así continúa la discusión hasta que Vishvamitra dice: –un toro sediento no dejará de beber por el croar de una rana– despreciando al chandala e ignorando su consejo. Vishvamitra se llevó la carne al bosque, ofreció parte a los dioses y cocinó la carne. Después ofreció parte de lo cocinado a los dioses y a los ancestros. El dios Indra quedó tan satisfecho que dejó que cayera la lluvia, por primera vez en 12 años, y Vishvamitra no tuvo que consumir la carne robada.

Cuando los dioses reciben su parte de esta carne prohibida, de un brahmán que actúa como ladrón, aconsejado por un chandala que recuerda la ley mejor que un rishi, el mundo se equilibra. La relación que yo hago entre estas historias es que el perro cazador que no se menciona, el que sigue al rey en el bosque como un acompañante invisible, es reconocido por primera vez por Yudisthira al final del Mahabharata, pero ha estado siempre, desde la primera página, acompañando fielmente al lector.

Aceptar el perro negro que nos acompaña es asumir el mundo, me parece. Cuando Janamejaya patea al pobre perro que se acerca a su ritual, Sarama le maldice diciéndole que «cuando menos te lo esperes te pasará algo malo». En cambio cuando Yudisthira reconoce y acoge al perro que lo acompaña llega más alto que el cielo. La diferencia entre Yudisthira y su nieto Janamamejaya es que Yudisthira es el último representante de Dvapara yuga, la era en la que todavía quedaban quienes sabían qué debemos hacer, Janamejaya representa las primeras generaciones de Kali Yuga, la era de la confusión. La era de la mezcla de razas también, la era de los chandala. Y digo yo, en el Mahabharata siempre se pone en un mismo lugar a los perros y a las mujeres. La mente crítica patea esta comparación y asumimos directamente que el Mahabharata es un texto malévolamente machista. ¿Y si se nos está insinuando otra cosa? Tal vez que cuando el mundo aprenda a reconocer y escuchar a los invisibles, a los que han estado allí a lo largo de la historia de la humanidad, acompañando en silencio, podremos volver a equilibrar el universo, regresar a Satyayuga.

¿Y si se me estoy volviendo a flipar?

Las historias siguen siendo bonitas.

[1] Se trata del himno 10/108/1-11- El texto que ofrezco es un resumen de la traducción al inglés de Bibek Debroy

[2] El original dice Angirasa, uno de los Rishi, asociado al fuego. Traduzco por fuego para mantener la linea de la interpretación del verso como el dialogo entre un perro y lobos.

Manifiesto del primer año

Esta es la última entrada que publico antes del estreno de la narración del primer año de inmersión en el océano del Mahabharata. La próxima está pensada para el 15 de Diciembre, después del estreno, y será la que abrirá el segundo año del proyecto. Por esta razón especial he decidido hacer algo diferente. La premisa de este diario de navegación siempre ha sido no publicar ninguna entrada que no contenga una historia del Mahabharata o esté por lo menos basada en un citado de la obra. En esta entrada me salto esta norma, pero lo hago con consciencia. Tengo la intención de saltarme la norma cada año, en la última entrada antes del estreno del 12 del 12.

Lo que publico aquí tampoco se aleja demasiado del tema. Se trata de algo que he estado incubando y nunca he tenido intención de publicar, hasta ahora. Lo que quiero publicar es un manifiesto, que vengo madurando desde hace tiempo. Para mi proceso interno, he venido pensando en un “manifiesto del primer año”, así lo tengo apuntado en mi libreta, que consiste en una síntesis de las intenciones del proyecto basadas en la vivencia acumulada del pasado año. Esto yo lo he querido escribir siempre para mí, para mi inspiración personal, pero pensando en algo diferente para publicar en esta última entrada me han venido las ganas de compartir el “manifiesto del primer  año”. Lo que se me ha ocurrido a continuación es establecer aquí otra rutina, que consistirá en publicar cada año un “manifiesto”, antes de cada estreno, de manera que al final quedarán 12 manifiestos que servirán para trazar una línea de evolución del proyecto.

Aquí el manifiesto del primer año de Respirar el Mahabharata:

Las palabras y el lenguaje son una necesidad humana. El bebé se esfuerza en aprender a comunicar sin saber por qué.

Las palabras combinadas estructuran narraciones, las narraciones son una construcción imaginaria. La raza humana busca una narración común. No una misma narración dogmática sino un terreno imaginario común sobre el que se pueda improvisar. Cada cuerpo humano es único pero a la vez somos una misma especie. De la misma manera que podemos extraer conclusiones generales sobre el funcionamiento físico del cuerpo humano, o de las emociones, podemos reconocer patrones generales en el funcionamiento de la fantasía humana.

Considero a la fantasía tan real como las emociones o el cuerpo físico. La fantasía es otra herramienta de comunicación con la realidad.

La fantasía es real cuando es sincera. Compartir las propias fantasías es real. La represión hace que las personas podamos llegar a compartir fantasías que no tenemos y tener fantasías que no compartimos. Una fantasía compartida es una fantasía real.

La fantasía es real pero no es toda la realidad, de la misma manera que el cuerpo físico es real pero no toda la realidad es física y las emociones son también reales pero no componen toda la realidad.

El imaginario humano, cuando se comparte, se sana.

Cuando se comparte, el imaginario humano se estructura. En el Mahabharata podemos encontrar una estructura. Aprender esta estructura es aprender qué imaginario podemos compartir los humanos para entendernos.




Aprender la estructura imaginaria (real) del Mahabharata será uno de los motores de este proyecto.

La estructura que me parece reconocer en este momento es la siguiente:

Esencia única del universo

Potencias que juegan con el destino

Antepasados ejemplares

Familia

Individuo

Sociedad

Transformaciones - libertad – tendencias destructoras.




En el ser humano se encuentra el impulso de equilibrar estos patrones de la estructura imaginaria. Compartir nuestro imaginario ayuda a equilibrarlo junto al de los demás. Por esta razón creo en compartir el Mahabharata de manera oral, para propiciar un debate que ayuda a equilibrar el imaginario de los que compartimos la experiencia.

Este es el manifiesto del primer año.

Me metí en este proyecto porque me apasionaba. Porque quiero entrar en el Mahabharata, me llama, pero no quiero hacerlo solo. Siento que si entro en el Mahabharata tengo que hacerlo compartiendo lo que descubro, esto es una necesidad.

Veo que me hace bien. A lo largo de este año he vivido momentos concretos en los que compartiendo fragmentos del Mahabharata he visto una persona abrir los ojos, entusiasmarse y empezar a filosofar sobre la vida con optimismo y vitalidad. Cada uno de estos momentos es único y hace que el proyecto tenga sentido. Son momentos en los que integramos todos los planos de la estructura imaginaria y asumimos que no somos un ser individual solamente sino que estamos unidos a unos ancestros, un linaje, unas potencias que no entendemos, una sociedad y un plano oscuro que nos asusta. Y todo esto está dentro de una misma esencia que nos abraza a todos.

Estoy buscando una frase final potente y no se me ocurre, probablemente porque esto apenas es el principio. Nos quedan 11 años por delante, espero que los dioses del azar protejan este proyecto. Lo que les ofrezco es mi esfuerzo, tiempo, dedicación y diligencia. Espero que estas ofrendas agraden a su mirada.

Los dioses en el Mahabharata

La palabra Deva se traduce normalmente por Dios. Y es una traducción correcta. Deva suena parecido a Dios y tiene una misma raíz común, que comparten los antiguos idiomas indo-europeos: una palabra que se supone sonaba parecido a cómo se pronuncia hoy la palabra Dios, y tenía que ver con la luminosidad y la transcendencia.  Sin embargo yo considero dos cosas distintas el hacer un análisis teórico de lo que podían significar las palabras deva, o deus, para antiguas sociedades de las zonas que hoy llamamos India o Europa y traducir la palabra Deva por una palabra contemporánea que signifique para nosotros, ahora, algo que sea luminoso, y a la vez signifique azar, juego, lanzar, apostar, expandir, abrir miras, bromear, aumentar, regocijarse e incluso enloquecer o emborracharse. Todos estos son usos diferentes de la raíz de la palabra deva, en sánscrito, junto a otro significado común que es el de cielo.

La cuestión que más me interesa es cuál es el común denominador a todas estas ideas, que nos sea habitual y mundano. Porque si yo cuento una historia en la que hablo del deva llamado Indra, “el rey de los dioses”, en algún punto siento que yo, y parte del círculo de oyentes, sufrimos una desconexión sutil de la historia. De repente, nos encontramos con el esfuerzo de tener que tomar la decisión de creer en una figura que no conocemos para poder seguir sumergidos en la historia. Y por una parte creo que el misterio forma parte de la palabra deva; y preguntarse quién es Indra cada vez que aparece su nombre es algo importante y positivo. Pero por otra parte veo también una gran diferencia entre la experiencia de preguntarse quién o qué es Indra cadavez y el caso hipotético de si en lugar de decir que el personaje del relato se encontró con el dios Indra, dijéramos que el personaje vio una gran luz brillar en el cielo, que el personaje se encontró con algo por azar o se vio lanzado hacia el cielo por una gran fuerza. El movimiento, el azar, la luz, el cielo, son cosas que no cuestionamos. Un deva sí.

Si lo que busco es entretejer estas historias sagradas con nuestra interpretación contemporánea de la realidad tengo que encontrar una manera de transmitir todo lo que es un deva sin tener que cortar la historia. Porque por ahora lo que estoy haciendo es contar toda esta introducción que acabo de escribir cada vez que narro una historia, pero me gustaría encontrar una manera más fluida de compartir el Mahabharata.

Buscando con el cuerpo

En mi investigación del Mahabharata siento que es importante poder asimilar con todo el cuerpo partes de la historia que escapan a la capacidad analítica de la mente. Recurrir inmediatamente a la meditación y a técnicas de consciencia corporal de origen indio me produce la preocupación de que el proyecto se vaya volviendo un producto de interés exclusivo para indiófilos y practicantes de yoga. En caso de que esto ocurriera el objetivo de la traducción se perdería, a mi parecer. Lo que busco es una manera más popular de compartir del Mahabharata; una transmisión más abierta. Este objetivo es muy ambicioso, soy consciente de ello, y acepto el fracaso como posible resultado final, pero estoy convencido que el proceso será suficientemente interesante como para conocerme mejor y conocernos mejor como sociedad.

Buscando una manera diferente de relacionar el cuerpo con el Mahabharata hemos comenzado a investigar maneras de compartir fragmentos de su argumento desde el cuerpo con mi hermana Diana Gadish, que es coreógrafa de formación y en consecencia conocedora del cuerpo en profundidad desde una vía más bien occidental. A propósito de los entrenamientos con Diana he preparado el texto que voy a compartir en esta entrada, que consiste en un resumen del proceso de creación universal y de la mayoría de divinidades involucradas en él.

El resumen que presento no es perfecto pero estoy satisfecho con él. En la tradición del Mahabharata no existe un relato de creación lineal. En ninguna parte se describe la creación del universo desde el instante cero hasta hoy. Primero porque el universo se expande y desaparece cíclicamente, hasta el infinito, así que en alguna parte los procesos de creación y de destrucción del universo son constantes y paralelos, y en segunda parte porque hay muchas maneras de contar un mismo proceso, sobre todo cuando se usa el lenguaje mitológico. En el Mahabharata y los textos relacionados con él se ofrecen fragmentos, vistazos de momentos de la creación repartidos en historias diferentes, y es el inconsciente de uno el que va recogiendo los detalles y formándose de manera natural una visión de pájaro de un proceso que es a la vez presente e infinito, real e imaginario. Pero como experimento he querido probar cómo se recibe una descripción más o menos lineal de la creación del mundo, en combinación con algunos ejercicios físicos, y para esto he ensamblado este resumen.

La guía del resumen son las casas lunares indias, los nakshatra (nakșatra). Las casas lunares indias están relacionadas con ciertas constelaciones celestes y ciertos deva. Así, con un repaso de los símbolos de cada casa lunar nos formamos una imagen general de la creación del universo. De hecho, es interesante tener en cuenta que en los sutras del yoga de Patañjali, el verso 3.28 propone el consejo enigmático de meditar en la luna para conocer las estrellas interiores. Menciono aquí esta cita porque si te decides leer el texto que viene a continuación recomiendo hacerlo como una meditación, sin intentar comprender, memorizar o aferrar de alguna manera estas ideas. Lo que presento es un resumen de descripciones poéticas y fragmentos de himnos y oraciones que relacionan el estado interior con las estrellas y el universo. Este tipo de información se vive más allá de la mente y más allá del cuerpo a mi parecer.

Para los más avanzados: he traducido los nombres de las constelaciones indias originales por el de las constelaciones occidentales, para que el texto sea más cercano al público general, y la estructura de dioses que he usado es la védica. En los textos puránicos esta estructura gana muchas florituras y se vuelve más barroca. El nombre de algunos dioses cambia ligeramente también, pero la esencia es claramente la misma. Como ya he dicho, el resumen es incompleto. Se puede hacer mejor, seguro, pero dudo de que se pueda hacer bien. Resumir algo así es imposible, y contar de manera lineal algo que no lo es, también. Pero estoy satisfecho con el texto porque creo que es una herramienta útil:

«Los Nakshatra son las estrellas en el cielo, puntos de luz difuminados que marcan lugares demasiado lejanos para que la mente pueda comprender cuán lejos quedan. En el contexto sánscrito la palabra nakshatra se usa tanto para designar las casas lunares como las estrellas en general. Las casas lunares son divisiones en el cielo nocturno, de 12 grados. La tradición divide el cielo en 27 o 28 líneas imaginarias. La órbita de la luna alrededor de la tierra intercepta la órbita de la tierra alrededor del sol y por esta razón desde la tierra parece que cada día la luna circule por una franja diferente del cielo, bajo otro grupo de estrellas.

A las estrellas principales de cada franja, de cada nakshatra, casa lunar, se les atribuye relación con dioses diferentes. Meditar en el sentido de cada uno armoniza la mente con las necesidades del cuerpo en el espacio:

El arquitecto de los dioses se llama Vishvakarman (Vișvakarman), el “todo creador”: es el ser primordial porque construye todas las formas a partir de su propio cuerpo. Vishvakarman diseña también al bebé dentro de su madre.

El dios primordial deseó y de su deseo nació su hija, masculino y femenino se separaron y con la separación nacieron los dos: de lo femenino nació lo masculino y de lo masculino nació lo femenino.

La hija del ser primordial (Aditi) es ilimitada, dulce y cariñosa. Protege a los dioses, es una nube cargada como una ubre que amamanta con cataratas de agua la madre tierra, que es ella misma.

Perseguida por el deseo de su padre (e hijo), la hija del ser primordial se convirtió en gacela y huyó hacia los confines del universo. El ser primordial la seguía deseando, y persiguiendo, y para equilibrar esta situación nació Rudra, “el aullador”, que algunos llaman también Shiva (Śiva). Rudra nació para cortar el deseo desenfrenado del ser primordial con una flecha, y el pago que pidió a cambio fue vivir apartado del mundo, en el monte, y ser el señor de lo salvaje. Por esto se le llama “el señor de los animales” (Pașupati), pero también “múltiple” (șarva), feroz (ugra), trueno (aśani), existencia (bhava), “divinidad suprema” y “el señor”.

Cuando Rudra disparó su flecha el ser primordial se convirtió en un ciervo y su hija se convirtió en una estrella roja- Rohiņī, o Aldebarán en occidente, que es la estrella que persigue la constelación de Orión.

La flecha se convirtió en Pushya (Pușya), la constelación de Cáncer, tres estrellas que forman la estrella que apunta más allá (traividyam). La flecha es el gurú de los dioses y tiene una voz profunda y potente. Cuando unos ladrones disfrazados de sacerdotes robaron las vacas de los dioses, la voz de Pushya abatió las rocas que las escondían y el ganado pudo volver a la luz.

De Aditi y Prajapati (Prajāpati), -el ser primordial y la madre/hija que el deseo separó de él- nacieron los dioses y el primer mortal (Mārtāņḍa: embrión/parte mortal). El arquitecto primordial colocó al primer mortal en el cielo y le dio la forma del sol.

Quien da la energía al sol es Savitri (Savitŗ). Savitri penetra con sus manos doradas todo lo que existe, materia, sueños y pensamientos, para despertarlo con la energía que necesita para existir. Savitri se eleva desde los extremos de la tierra y asciende hacia la cúspide del cielo. Así, moviéndose, deleita todo lo que existe (RV 6.71.5)

El sol (Mārtāņḍa) se casó con la hija de Savitri (Saraņyū: fuente de agua o nube) y juntos dieron a luz a los gemelos Yama y Yami (Yamī); de género masculino y femenino. Yami bajó hacia la materia y reclamó a Yama que hiciera el amor con ella para tener descendencia mortal. Yama se negó por su carácter estricto. Yama descubrió el camino hacia la luz. Yama guía a los antepasados hacia ella. Ojalá nuestros antepasados caminen por el camino que pasa entre los dos perros de Yama, uno negro y otro blanco, nacidos del amanecer; ojalá les ganen la carrera; ojalá podamos uniros a nuestros antepasados en el lugar donde disfrutan en compañía del dios del orden cósmico. (RV10.14.10 10.14.8)

El hermano menor de Yama y Yamī es otro ser mortal llamado Manu Vaivasvata. Cuando se crearon los tres mundos, los hijos inmortales de Aditi, los dioses, viajaron a través del sol hacia la salida de la luz y dejaron atrás a Manu. La descendencia mortal de Manu Vaivasvata se mezcló con los descendientes de los siete sabios que nacieron de la mente de Brahma, las siete estrellas de la osa mayor, y de esta mezcla nació la raza humana.

La transmisión genética de Vaivasvata Manu, el primer humano, garantiza el camino lunar. La transmisión espiritual de los siete Rishi mantiene abierto el camino solar, el sendero de los dioses.

Pero a la esposa del sol no le gustaba su forma original, con el tiempo se fue cansando y al final se sentía tan disgustada cada vez que lo miraba que no pudo aguantar más la situación y huyó. Creó una sombra de ella y le pidió a su sombra que siguiera viviendo con el sol en su lugar. El sol no se dio cuenta del cambio y tuvo con ella dos hijos: el planeta Saturno y otro de los ancestros de la humanidad (Savarni Manu).

Yama se dio cuenta del engaño y se lo contó a su padre. Este salió a buscar a su esposa y se la encontró disfrazada de yegua, pastando en un campo. El sol tomó la forma de un potro y montó a su esposa. Esta primero cooperó pero cuando percibió la energía intensa de su marido escupió su semen por la nariz, que salió de sus dos fosas nasales en forma de fuego y de este fuego doble nacieron los gemelos Ashvins.

Los Ashvins son gemelos con espíritu de caballo. Viajan juntos por los tres mundos, de noche y de día, bajo el agua y dentro de la tierra. Visitan a los que confían en ellos y reparten miel metafísica que traen del plano de las potencias. Conocen todos los caminos de la sanación.

Estos dos gemelos llevaron juntos el carro ornamentado en el que iba la hija del Sol cuando se casó con la Luna (Soma). Como acompañante de la procesión iba Aryaman -las caderas de la constelación de Leo- el dios que protege los contratos legales y la amistad, y Bhaga, dios de la prosperidad y también la cola de la constelación de Leo. Esta boda enlaza el punto de partida del camino hacia el más allá. El camino de los ancestros, lleva hacia la luna, hacia la mano de Pushyan, el navegante –la constelación piscis- el pastor que acompaña los viajantes por el sendero dorado. Este es el camino del humo (dhūma-marga), y el camino de retorno a la tierra. El camino hacia el norte es el de los dioses (devayāna) el camino que nunca vuelve a la tierra. El universo entero, que se extiende entre el cielo paterno y la madre tierra, avanza por estos dos senderos (RV 10.88.15)

Aryaman y Bhaga se llaman también arjunīs, “los plateados”, igual que Arjūna es el nombre místico de Indra, el rey de los dioses (SB 2.1.2.11). Esto es así porque la constelación de Leo es el trono sobre el que se sienta Indra, el que posee el vigor necesario en los sentidos (indriya vīrya) para vencer a la bestia que retenía las aguas y proclamarse rey entre los dioses. Es el más vigoroso entre los dioses, el más fuerte, el más valiente, el más perfecto y el que lleva a cabo toda misión necesaria; por esto es el rey de los dioses (AiB 8.3.12)

Los sirvientes de Indra son los aulladores (rudras); que viven en el cielo  y lo sacuden vestidos con joyas doradas, que centellean cuando los rudras juegan a perseguirse. Once hijos gigantes de Rudra, el dios salvaje, que nacieron de las ubres de su madre, la vaca celestial. Entre los Rudras las estrellas de la constelación de Pegaso y la punta del triángulo de Andrómeda representan a la nube en forma de serpiente que se desliza por la atmósfera y el dios cabra de una pierna, el relámpago loco que salta por el cielo.

Otras fuentes (Vāyu Purana), dicen que el ser primordial, el origen de la creación, quiso que Rudra naciera como su hijo. Estuvo haciendo ejercicios ascéticos y místicos durante eones pero nada pasó. La desesperación del ser original (Prajāpati-Brahmā) le hizo chillar y cuando las lágrimas de rabia caían sobre la tierra se transformaban en serpientes venenosas. Al final, el ser original se sintió tan angustiadamente mal que cayó muerto. Cuando murió, de su cuerpo nacieron once seres aullando (Rudra: aullar) Estos son los Rudras, los aulladores, y ellos revivieron al ser original y este vio como así nacieron de él once hijos de Rudra.

Los tres mundos crecen como un árbol con las raíces en la tierra y la copa son las estrellas de la bóveda paradisíaca. En los márgenes, de las estrellas más bajas del sur del horizonte, la constelación de escorpio sirve como raíz a la enredadera de la diosa Nirriti (Nirŗti) que se alimenta de la enfermedad y el caos. Nirŗti encuentra el desorden y lo absorbe con sus lianas, se le rinde homenaje para que alivie su amarre (AV 6.63.2-3). Junto a las lianas de Nirriti se deslizan las serpientes que habitan el espacio atmosférico y la tierra, y algunas viven también en la esfera luminosa del sol (TB 3.1.1.7). Las serpientes se arrastran alrededor del horizonte -constelación hydra- y engullen a quienes abusamos de nuestro nacimiento humano y desaprovechamos la oportunidad que este significa.

Varuna ata las normas desde la constelación de acuario. Varuna se refleja en las aguas del océano, por eso se dice que vive en sus profundidades. El océano es el recipiente que une (samudra) todas las aguas. Las aguas de los ríos, las aguas congeladas en las cimas de las montañas y las aguas que flotan en la atmósfera, todas las aguas son el océano. De hecho todas las aguas son el universo y para producir la vida meditan y encienden el fuego en su interior, que se convierte en la semilla dorada que transforma las aguas en el huevo dorado que dibuja la vida como un esquema intrincado y brillante.

Por esto el fuego, en el ritual, representa la semilla de la vida. Representa Soma, la medicina que cuando se mezcla con las aguas de la vida otorga la fuerza a Indra. Soma es el sabor de la vida, y Soma fluye de la sabiduría de las estrellas.  Los hijos de Aditi, los luminosos, dirigen el paraíso detrás del sol. Los Rudras viven en el espacio atmosférico y el viento, las aguas y el fuego se quedan en la tierra junto a los Ashvins. Los gemelos.

Cuando la lluvia hace crecer las plantas de la tierra y estas se ofrecen al paraíso transformadas en humo, el paraíso y la tierra vuelven a unirse. Soma es el sentido del ritual, es el sacrificio y el beneficio, las plantas, la lluvia y las constelaciones».

Si el universo son átomos chocando a velocidades diferentes, el reposo no es estático sino un estado temporal de equilibrio de potencias; una red de tensiones enmarañada en el zumbido de una nube energética que eventualmente se disolverá, se dividirá y volverá a formarse en grumos energéticos de formas variadas en constante transformación. Unos átomos chocan y se repelen a distancias enormes, otros quedan enroscados en órbitas respectivas y algunos quedan perdidos en el espacio, fuera de una estructura reconocible, pero eventualmente volverán a influir otros sistemas. Dentro de esto ¿qué es la imagen que el espejo me devuelve y qué son los deva? Si quieres escribir algo al respeto puedes contestar esta pregunta en los comentarios.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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