Siente esta brisa que permea tu esqueleto. Son los vientos que mecen un arbusto de unos 15 metros de alto, con un tronco fino sosteniendo una copa redonda, cargada todo el año de ciruelas indias.
No lo visualices, siéntelo en la piel. En este lugar el ser humano y su destino conversan.
Aquí es donde esperan los Pandava que vuelva Arjuna. Aquí volverá su hermano con Pashupata, el arma definitiva. Aquí regresará del mundo de los dioses.
Aquí esperan sus hermanos, con su esposa.
Aquí dejan pasar el tiempo; se limitan a sentirlo fluir por sus órganos y saborear el néctar de la transformación. Su sabor es dulce cuando no se lo resiste.
Este lugar es el centro del flujo: por aquí pasa el Ganges celestial. Y por sus aguas invisibles bajan, flotando, y de manera intermitente, flores de loto doradas. Ligeras como pétalos, pero brillantes como cáusticas refractadas en el líquido.
-Desearía un ramo de estas flores – dice Draupadi, con voz de eternidad.
Y Bhima, el hijo del viento, se levanta lleno de amor.
Está dispuesto a subir por el río, más allá del umbral de lo permitido.
Más allá de la frontera que no debería atravesar ningún humano.
Porque el viento es así: no existe, más que en el encuentro de temperaturas distintas. El viento no es algo, sino movimiento. Se le reconoce cuando desplaza lo que siempre ha estado. Cuando se vulnera lo conocido.
…
Este escrito continua la lista de entradas que van a seguir hasta el 12 de Diciembre de 2026. Corresponden a una reescritura del Mahabharata en forma oracular, que presentaremos en el centro de arte contemporáneo Nau Coclea de una forma que todavía no hemos experimentado en este proceso de 12 años.
Lo que me gusta de estos textos es que no están terminados, en el sentido de ser una unidad autónoma. Tienen sentido en relación a otras historias.
¿A qué aspecto de tu vida alude este texto?

Imagenes:
Opensource, Pinterest y Rubin Museum of Art.

Me resultan muy inspiradoras estas nuevas entradas que estas compartiendo. Es como si el texto, las palabras, tuvieran cuerpo, presencia. No se bien cómo explicarlo, es como un encuentro, no en el sentido de hallazgo, sino de compartir un espacio-tiempo común, de respirar juntos.
En relación a la pregunta que haces sobre qué aspecto de mi vida alude este texto, me hizo pensar en qué hacemos cuando toca esperar;¿Podemos disfrutar de la belleza y los regalos del presente? ¿O dejamos que el presente se nos escape anhelando un futuro diferente?
Como siempre, un placer leerte y compartir contigo.
Gracias Michael!
Gracias por tus ánimos. Lo que me gusta de las preguntas abiertas, como las que propones, es que abren un espacio que nadie puede cerrar, porque no tienen una respuesta final que las concluya como cerrar dos portones con llave. Este espacio abierto me fascina. En la Bhagavad Gita sería el akasha, espacio inasible e imperceptible en a través del cual la divinidad permea todas las formas.