Ven. Siéntate. Únete a este instante.

A esta cadencia.

A este ritmo.

A esta densidad.

Lo que podemos hablar ahora, lo que podemos oír en este momento, es la misma voz del origen de la humanidad.

Hay palabras que son circunstanciales y sirven para ejecutar algo práctico. Palabras que sirven para ponernos de acuerdo en cómo actuar. Pero hay diálogos que suenan como un rayo de luz y no sirven más que para revitalizar el corazón.

La reverberación del sol es el recuerdo de que los seres vivos tenemos un origen en común.

Vidura fue un tío de los Pandava, quien fue descartado del linaje por ser hijo de una criada. Pero actuó toda su vida como consejero, por su profunda sabiduría.

A la víspera de la batalla final Vidura consoló al rey ciego Dhritarashtra. Ya se había agotado el tiempo. No se podía corregir nada en lo circunstancial: la guerra era inevitable. Pero los consejos, en esa ocasión, no venían directamente de Vidura. No solamente. Sino que quien hablaba a través suyo era otro ser, Sanatsujata, uno de los pilares de la sabiduría humana:

En el origen de la creación se despliegan siete sabios en el espacio, ellos son las siete estrellas de la osa mayor. Lo que irradia de ellos es todo el universo que se pueda percibir. Pero junto a ellos aparecen siete sabios más. Interiores. Ellos no tienen estrella visible en el firmamento, pero guían la idiosincrasia interna del saber, del conocer y de la percepción.

Sanatsujata es uno de ellos.

Sanatsujata habla mediante Vidura en el Mahabharata, para beneficio del rey ciego y de todos los que queramos escuchar.

Los consejos de Vidura y Sanatsujata no evitan la guerra, pero nos liberan de algo mucho más importante y despejan el camino de la luz del sol hacia nuestro plexo solar.

¿Cómo llamaríamos el fenómeno en el que un ser sin cuerpo habla con la boca de una persona tangible, gesticulando y ocupando el espacio físico terrenal?