Este blog nació en el invierno del año 2016 con el propósito de documentar la preparación de un espectáculo de narración oral del Mahābhārata, la obra iniciática más grande conocida. Una preparación que se dará por concluida en diciembre de 2028.

La vastedad del Mahābhārata, tanto en volumen de páginas como en la profundidad de su contenido, exige que la preparación esté a la altura del propósito. De ahí la decisión de marcar un tiempo mínimo de 12 años de preparación. 12 años dedicados al estudio y reflexión sobre el Mahābhārata y sus fuentes secundarias debería ser suficiente para poder narrar con un mínimo de criterio una obra así de excepcional. 12 años dan tiempo para que el narrador pueda madurar con la obra que va a narrar y pueda mostrar, si bien no todos los rincones del paisaje que despliega el Mahābhārata, por lo menos los senderos que se ha habituado a transitar, y cómo llegó a hacerlo.

Para que el contenido del blog vaya más allá de lo anecdótico, y lo excesivamente personal, se estableció, ya en el 2016, la norma de basar cada escrito en una cita del Mahābhārata. Como un viaje de exploración, en el que el contenido del Mahābhārata inspira un proceso de transformación de la mirada del narrador, provocando así el descubrimiento de nuevos detalles en el paisaje de la obra. Como la exploración de un campo desvela detalles que se van descubriendo en el camino. Como la descubierta de un paisaje que es interior y exterior a la vez.

¿Y por que la insistencia en usar símiles topográficos? Porque algo de esto hay en el Mahabharata. Esta obra relata la preparación, el desenlace y las consecuencias de un conflicto bélico. De un conflicto bélico generacional. Generacional, en el sentido de que fue el evento que generó este mundo en el que vivimos. Este mundo que nos confunde y fascina.

Y para hablar de ese conflicto el Mahābhārata insiste mucho (más de lo que uno esperaría) en la definición del espacio -el campo- en el que transcurrió esa guerra. El campo de Kuru, que es, a su vez, el campo del Dharma. Una esplanada que fue preparada para ese conflicto generacional varios milenios antes de su estallido. Un territorio que perteneció al linaje de los descendientes del rey Kuru, y un campo referencial para todo el universo. Ese campo, en el que transcurrió la guerra del Mahābhārata, es el mismo en e que sigue transcurriendo el relato de esa guerra, y su recuerdo.

Hay algo que el Mahābhārata quiere dejar claro en cuanto al espacio de la guerra que realata, pero la pregunta es qué. Los capítulos/partes anteriores a la guerra despliegan, primero, un recuento de los carros, armas, tropas, provisiones y poderes de los generales que participaron en ella (Ratha-atiratha samkhya parva). Segundo, un recuento de los parámetros de todos los mundos sutiles, imaginales, o simbólicos, que correspondem y enmarcan nuestros gestos en la tierra (Jambukhanda vinirmana parva). Tercero, una descripción de toda la tierra (Bhumi parva). Cada una de estas partes merece más atención y probablemente la reciba a lo largo de este año en este blog, pero sin perder de vista el punto de atención establecido para el 2021, que es el de comprender a Krishna. Y aquí paso a relacionar todo esto con Krishna:

Krishna es un personaje del Mahābhārata. Es un príncipe, un guerrero, un hombre y es Dios. Es decir, hay un Krishna que ya fue: el hombre. El Krishna que nació y murió, y luchó en esa guerra que hizo caer los cimientos de la sociedad. Ese Krishna ya pasó, y se habla de él en pasado. Pero hay un Krishna que sigue presente en todas partes. El Krishna que es Dios.

El Mahābhārata prepara al oyente (porque no olvidemos que es una obra pensada para ser oída, más que no leída) para la guerra describiendo/enumerando los poderes involucrados en ella. Enumerando a continuación los mundos imaginales involucrados en ella. A continuación describiendo toda la tierra, que quedará afectada por la guerra. Y la guerra se inicia con un discurso de Krishna (Bhagavatgita parva) en el que, entre otras cosas, dice que “ese cuerpo humano se conoce como campo (kshetra) y él, en cada campo, es su conocimiento (jñana)”.

Hay un universo interior sutil, que corresponde a un universo físico y terrenal, que corresponde a los poderes del ser humano, que corresponden a su cuerpo físico. Todos estos planos orbitan alrededor del recuerdo de una guerra, y en el centro de esta guerra está Krishna. Y Krishna es, entre otras cosas, la comprensión de todas estas órbitas que nos incumben.