Cuando inicié este blog me propuse escribir cada medio mes sobre el proceso vivencial de transitar el voto de narrar el Mahabharata durante doce años seguidos. Entonces, me comprometí a que cada entrada contuviera una historia, o fragmento, del Mahabharata, porque temía terminar por escribir demasiado sobre mis procesos, mis altibajos o mis opiniones personales.

En la mitad del quinto año de este voto ritual, me encuentro que la situación es la contraria. Tengo claro qué fragmento quiero compartir del Mahabharata, pero no encuentro qué añadir sobre mis procesos, mis altibajos u opiniones personales. Ni tan solo sabría explicar bien por qué elijo el fragmento que quiero compartir: el momento en el que Arjuna, el héroe, expone sus nombres y explica cómo se ha ganado cada uno:

<<He conquistado todos los países y obtenido su riqueza. Me yergo entre las riquezas; esta es la razón por la que se me llama Dhanajáya (“el que gana riquezas”).

Cuando salgo a luchar contra quienes son inconquistables en la batalla, nunca regreso sin derrotarlos. Esta es la razón por la que se me conoce como Vijáya (“victoria”).

En la batalla se me ve en un carro tirado de corceles blancos atados con arneses dorados. Es la razón por la que se me llama Shvetaváhana (váhana: vehículo, shveta: blanco brillante).

Nací en las cuestas del Himalaya durante la transición entre Purva y Uttara Phalugni (dos signos astrológicos distintos propios de la astrología védica, llamados nakshatra, que se suceden cada 24 horas aproximadamente. 27 en total, se repiten a lo largo de cada ciclo lunar). Esta es la razón por la que se me llama Phalugni (“perteneciente al signo lunar de Phalugna”).

En tiempos pasados, cuando luché contra los poderosos entre los demonios (dhanavas), Shakra (otro de los nombres de Indra, el rey de los dioses) me regaló una corona, radiante como el sol. Por esto soy kiriti (“el que tiene kirita”, es decir “el que está coronado”).

Por mi presencia en la batalla se me conoce como Bibhatsu (“el que da miedo”).

Mis dos manos son diestras con arco Gandhiva, largo como una palmera, labrado con miles de ojos dorados, que perteneció a Brahma el formador del universo y estuvo en manos del ser original 503 años, en manos de Shakra, el rey de los dioses, 85, 500 años en manos de Soma, el dios de la luna, cien años en manos de Varuna, el dios de las profundidades, y me fue legado de manos de Agni, el dios del fuego. Este arco puede vencer ejércitos enteros y lo puedo usar con las dos manos. Por esto soy conocido entre hombres y dioses como Savyasáchi (“el de la mano izquierda”, en el sentido que para él izquierda y derecha son lo mismo: es ambidiestro)

Mi apariencia es única entre los cuatro rincones de la tierra. Mis actos son puros, y por eso soy conocido como Árjuna (“claro/ brillante como la plata”)

Soy difícil de alcanzar, no puedo ser reprimido sino que yo soy el que reprime. Soy el hijo de Indra, por eso se me conoce como Jishnu (“victorioso”, y Jishnu es uno de los nombres de Indra. Se puede leer como “el hijo del victorioso”)

Con afecto, mi padre me dio como décimo nombre el de Krishna (oscuro), porque mi complexión es oscura. >>

[Mahabharata, go grahana parva, 15)

¿Qué define a una persona? Las palabras, los apuntes que tomamos de este torbellino que es la realidad, trazan el mapa por el que se mueve la voluntad de los dioses. Los nombres de una persona hablan del entorno que se los ha otorgado.

¿Y yo, qué quiero decir con esto? ¿Cuáles son mis nombres? No lo sé del todo.

¿Qué quiero conseguir con este voto? Lo intuyo, pero todavía no sabría explicarlo bien. De momento, queda el Mahabharata.