La duda

El pasado 12 de diciembre se estrenó el sexto capítulo de esta instalación viva de 12 años que es Respirar el Mahābhārata. Desde diciembre del 2016 venimos presentando cada año una manera distinta de narrar el Mahābhārata, que es la historia de cómo hemos llegado hasta aquí.

El formato que estamos probando este sexto año es más íntimo, porque, en lugar de narrar para todo el público a la vez, voy recibiendo uno a uno, o en parejas o tríos, a los participantes, para narrar a cada persona un fragmento del Mahābhārata que le ha tocado al azar. Esto propicia sincronías muy interesantes entre los intereses del participante y el fragmento del Mahābhārata que le ha tocado escuchar, y también un encuentro más personal con cada oyente.

De hecho, en dos de los encuentros individuales del pasado día 12 de diciembre apareció una misma pregunta, muy interesante, sobre el lugar de la duda en nuestra vida. O expresado de manera más directa:

  • ¿Por qué no dejo de dudar?

O también:

  • ¿Qué hacer con esta duda existencial continua?

Y en el momento sé que algo dije, pero no recuerdo muy bien qué. Sé que hice el esfuerzo de responder de la manera más sincera posible, pero ya no recuerdo cuáles fueron mis palabras. Lo que sí me quedó grabado es la pregunta:

¿Cómo lidiar con esta duda continua?

Es una pregunta relevante, porque el Mahābhārata es una obra existencial, y espiritual. El Mahābhārata nos habla del rol del ser humano en el mundo, y sin embargo no dicta, ni predica, nada definitivo. El Mahābhārata nos habla de héroes y heroínas que sabían muy bien lo que hacían, y por qué, pero se encontraron con una realidad que no respondió a sus expectativas. Y, es más, el Mahābhārata nos indica, de entrada, que aquellas personalidades heroicas que tan claro tenían lo que hacían fueron un peso, una carga, para la tierra.

Uno espera de una obra con tanta carga espiritual, que documenta además los discursos de varios avatares y semi avatares, es decir nacimientos de la divinidad en forma de ser humano (Arjuna, Vyasa, Draupadi o Krishna), que dicte algunas normas para sacarnos de la duda. Pero esto no pasa.

Actuar sin esperar nada a cambio, parece ser la única indicación clara. Hacer lo que toca, en cada momento. Apreciar el propio nacimiento humano, y la importancia de nuestro rol en el universo. Pero esto no nos libra de la duda. ¿Qué es lo correcto? ¿Qué requiere cada momento? Y si nuestro rol es tan importante ¿quién nos indica cómo cumplirlo?

La duda queda, y quizá porque forma parte de nosotros. Y siento importante compartir, en estos momentos, esta defensa de la duda como parte de la condición humana.

La filosofía, y la religión, o la práctica espiritual, ayudan a vivir la duda sin caer en la angustia o la desesperación, pero no deberían reprimirla. Una doctrina que niegue la duda, y pretenda tener respuestas para todo, nos impediría vivir una parte de nosotros. La duda es la fuente de la creatividad, y la raíz de todos los universos es la mismísima creatividad.

El mundo, a través de la creatividad, parece decirnos, desde el legado de todos nuestros ancestros hasta el movimiento del viento entre las plantas, que no dejemos de dudar, sino que soltemos la pretensión de poder anticipar los giros del destino. Todo nos llama a avanzar hacia lo inesperado, sin negar el misterio de lo desconocido que nos espera, y escuchar a la realidad. Porque la duda es nuestra manera de escuchar.

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