¿Por qué nos contamos historias?

La información, a diferencia de un relato oral, tiene relevancia inmediata en el campo de la acción. Por ejemplo:

-Esta tarde me voy a quedar en el centro después de trabajar – Significa “No me esperes al mediodía, llegaré más tarde de lo común”. La información es algo a lo que el oyente puede reaccionar con actos. Pero una historia no es información, porque activa otro tipo de sensibilidad: -Hoy en el tren habían cuatro turistas sin mascarilla y ha pasado un agente de seguridad que les ha gritado en un tono imponente: – ¡Mask!, ¡Mask! Ellos le han dicho que no tenían, y han preguntado qué podían hacer. El agente ha respondido con un tono igual de imperativo: – ¡It’s compulsory in Barcelona!

Los ha mirado serio, y ha zanjado la cuestión diciendo con el mismo énfasis: – ¡Next time! , marchándose con los hombros y los puños tensos.

Esta historia no contiene información “útil”; no afecta nuestros actos inmediatos, pero repite una experiencia. Como si, al contarla, estuviera invitando al oyente a compartir la vivencia conmigo. Como si quisiera que alguien querido viviera la experiencia de estar sentado en el tren, conmigo, mientras pasaba la escena.

Y una historia es distinta a la experiencia subjetiva y personal de la novela. Si quisiera novelar la escena que acabo de mencionar hablaría de la luz del sol, de la estética de las ropas de los participantes, describiría las expresiones de los turistas, y daría importancia a mi interpretación de la escena; a mi vivencia subjetiva. Pero la historia seguiría siendo la misma: Que un agente de seguridad riñó a unos turistas en el tren.

Una historia tiene algo mucho más abierto que la expresión subjetiva de la novela. El narrador no tiene que convencer al oyente de nada. Pero una historia tampoco es información, porque no tiene ninguna utilidad inmediata. Una historia es una vivencia, que se repite, o se reproduce. Es decir, la historia no describe una vivencia, sino que invoca la vivencia en sí

Y hay historias mejores que la que acabo de compartir, porque cuanto mejor es una historia mayor es la perplejidad que produce en el oyente.

Por ejemplo:

La noche de la muerte de su hijo en la guerra, Arjuna estaba estirado en su tienda, visualizando su venganza.

Pensó en su amigo y compañero Krishna y se durmió.

Entonces Arjuna soñó que Krishna entraba en su tienda. Soñó que se levantaba enseguida y le ofrecía asiento al visitante.

-No sufras Partha (Partha es uno de los nombres de Arjuna), el destino es imposible de vencer. El destino lleva a todos los seres hacia su final. No sufras. La pena destruye los méritos. La pena alegra a los enemigos y aflige a los familiares.

-He hecho el voto de matar al asesino de mi hijo. Nuestros enemigos harán los posible para evitarlo, y lo protegerán tras guerreros formidables. Tienen 11 formaciones de combate para hacerlo. Pero, oh Krishna, si no puedo cumplir mi promesa, ¿cómo puede alguien como yo seguir viviendo? Me está cercando el fracaso.

En su sueño Arjuna vio la mano de Krishna tocando agua.

-Existe un arma mágica llamada Pashupata. Con ella el gran señor de todo (Maheshvara), el que rige todos los seres vivos (Pashupati), mató a todos los enemigos de los deva en la batalla. Con esta arma podrás vencer a quien quieras.

Piensa firmemente en él, que tiene el toro como emblema, y llegarás a su arma. –

Entonces Arjuna tocó agua, también, y se sentó, fijando su mente en el gran señor de todos los seres, que cabalga con el emblema del toro. Y media hora antes del amanecer se vio viajando por el cielo con Krishna, rodeado de cuerpos celestes y místicos en estado de meditación. Viajaba a la velocidad del viento y parecía que Krishna lo estuviera sujetando por el brazo derecho. Parecía como si estuvieran viendo maravillas. Al norte estaba el reluciente monte Shveta, cargado con la simiente luminosa de Pashupati. Allí vio los jardines de Kubera, el rey de los duendes, y vio al Ganges lleno de agua. Había árboles cargados de fruta por todas partes, piedras transparentes como cristales, leones, tigres y ciervos de muchos tipos. Ermitas sagradas frecuentadas por aves maravillosas, y todo resonaba con cantos sagrados. Había montes de oro y plata y hierbas que resplandecían.

Llegaron al monte enjoyado llamado Kala, pasaron muchos ríos y países, hasta llegar al bosque de los cien ciervos, allí alcanzaron un espacio sagrado conocido como la cabeza de caballo. Continuaron volando dese allí hasta llegar a los pies de Vishnu, el que todo lo permea, y descendieron.

Arjuna vio una montaña llameante que brillaba como planetas y estrellas. Acercándose, reconoció al del estandarte del toro brillando con su propia energía como mil soles. Aguantaba su tridente y vestía una piel de animal salvaje. Tenía mil ojos abiertos en todas las direcciones. Sus asistentes bailaban alrededor, cantando y tocando tambores. Allí estaba el protector de todos los seres. El origen del universo.

Krishna postró su cabeza ante él. Allí estaba el que no tiene principio. El origen de la mente, fondo del cielo, del viento y de los cuerpos celestes. Krishna se postró ante la fuente de todas las palabras, pensamientos, sabiduría y actos.

Arjuna también se postró varias veces, sabiendo que estaba ante la fuente del pasado, presente y futuro de todos los seres.

Al verlos, el auspicioso (Sharva) sonrió y dijo:

-Bienvenidos. Levantaos y despojaos de todo agotamiento. Decidme, ¿Por qué estáis aquí? Decidme lo que os va a beneficiar, y lo otorgaré.

Arjuna y Krishna lo satisficieron con un himno:

-Nos postramos ante ti, Oh Rudra, el aullador. Señor de todos los seres. Destructor de demonios. Indestructible. Cazador. Oh tú, en quien es imposible pensar. Protector. Adorado por todos los deva. Oh tú, que meditas en el agua. Creador de todo. Invencible. Alma del universo. Tú que estás en todas partes. Nos postramos ante ti. Otórganos el éxito mediante tu don.

El señor de todos estos epítetos sonrió, y les dijo: -Cerca de aquí hay un lago lleno de elixir de la inmortalidad. Allí fue excretada mi flecha hace eones.

Los dos Krishnas (porque otro de los nombres de Arjuna es también Krishna) fueron al lago, que tenía la forma del disco solar. Vieron una serpiente terrible en el agua. Había una segunda, con mil cabezas. Las vieron escupir llamas gigantes.

Krishna y Arjuna tocaron el agua, y juntaron las palmas en señal de saludo. Por todas las alabanzas a Rudra, las serpientes descartaron su apariencia y tomaron la forma de un arco y una flecha.

Llevaron el arco y la flecha a Rudra, y se apareció a su lado una figura del color rojo azulado. La figura tomó el arco y la flecha. Entonces Arjuna memorizó el gesto con el que sostenía el arco, así como los mantra que encantaba. Aquél ser poderoso liberó entonces la flecha al lago.

El vello de Arjuna se erizó. Sabía que había conseguido el arma que necesitaba. Cuando sostuviera el arco como acababa de aprender, y recitara el mantra que acababa de oír, iba a poder invocar aquella arma todopoderosa en el campo de batalla.

El peligro de una historia demasiado cercana, como la escena del agente de seguridad en el tren, es que la podemos confundir con información. Los elementos familiares nos engañan, y pensamos que hemos comprendido todo lo que había que comprender. Pero ninguna vivencia, ni en el tren de cercanías, ni en casa, ni paseando por el bosque, ni haciendo el amor, está menos abierta a los mundos intermedios de las ensoñaciones y el poder incomprensible que nos permea.

La vida es impensable, inabarcable, infinita, y brilla entre todos sus pliegues. También en el horror. También en el amor. También en la alegría y también en el dolor. Oh Shiva, te pido con todo el cuerpo que no me dejes olvidar tu grandeza; libérame del velo de la ofuscación que me hace pensar que entendiendo el mundo, y que existe algo que ya no me puede sorprender.

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