En un reino cercano, en el espacio, pero lejano, en el tiempo, había un hombre instruido en las enseñanzas que muestran el camino hacia la sabiduría. Él era lo que en aquellos tiempos se llamaba un brahmán. De un brahmán como él se esperaba que mostrara el camino hacia el origen, hacia la esencia de lo que somos, a todos los que estuviéramos confundidos. En el lenguaje de aquella época, se decía que se esperaba de un brahmán como él que conectara el cielo con la tierra.

El brahmán de esta historia estaba sentado bajo un árbol una mañana, recitando las sílabas que entonan la esencia de la sabiduría, modulando la voz tal como le habían instruido sus maestros, cunado se posó en una rama una grulla y excretó.

Cuando el excremento del ave cayó sobre la cabeza del brahmán este le dirigió una mirada tan enfurecida que el pájaro cayó muerto. Tal es el poder de la mirada de un brahmán, y más aún en aquellos tiempos.

En cuanto vio el cuerpo sin vida del animal caer al suelo el brahmán se arrepintió profundamente de su arrebato. Conmovido, se levantó y deambuló pensativo hasta la ciudad más cercana, donde se dispuso a mendigar comida para observar su humildad o lo que le faltaba aprender de ella.

El brahmán llegó a una casa encuya puerta le recibió una mujer. La mujer pidió al brahmán que esperara mientras ella traía comida de la despensa, pero justo en aquel momento volvió el marido de la mujer a casa y ella trajo primero agua fresca para que el marido pudiera lavarse la cara y los pies, y fue a traer un plato con la comida que había preparado.

Cuando terminó, la mujer se giró hacia la puerta y vio al brahmán esperando de pie, allí donde lo había dejado. Enojado.

-¡Acaso no conoces el poder de un brahmán, mujer! – dijo con severidad. Pero ella contestó con naturalidad:

-Por supuesto que conozco el poder de los brahmanes, ¿acaso no fue un brahmán quien se bebió el océano? Y sé que elfuego que aguarda en el fondo del océano es fruto de la furia de un brahmán. Y también me he enterado, brahmán, de que tu furia incendió  una grulla en el bosque. Oh brahmán, sepas que la rabia es el enemigo que se esconde en el cuerpo de las personas. Los dioses reconocen como brahmán al que ha descartado la ilusión de la furia y al que dice la verdad y escucha a sus benefactores. Los dioses reconocen como puente entre el cielo y la tierra al que no responde con daño, aunque haya sido dañado. Los dioses reconocen como ejemplo para la humanidad al que no está dominado por sus sentidos, siempre está dedicado al estudio, es puro y no está controlado por el deseo y la ira. El que ve al mundo como a sí mismo es inteligente y comprende el dharma, el orden de las cosas. Los dioses reconocen como brahmán al que dona de acuerdo a sus posibilidades.

Lo que guarda el bienestar de los que viven para la humanidad es el decir siempre la verdad y no regocijarse mentalmente en la falsedad. Aunque el dharma, el orden eterno de las cosas, sea muy difícil de concebir, reside en la verdad. Tú estás dedicado al estudio y eres puro, pero en mi opinión no conoces el verdadero sentido del dharma. En el reino de Mithila vive un cazador que podría ayudarte.

Así habló la mujer. El brahmán le respondió que su respuesta había disipado su rabia y que iría a Mithila para mejorarse a sí mismo.

Cuando llegó a la capital de Mithila, el reino protegido por el justo rey Janaka, el brahmán se encontró con una ciudad decorada con torres, palacios y casas, llena de templos y cantos devocionales. Las calles eran anchas y limpias, flanqueadas con las paradas de vendedores que ofrecían frutas y verduras frescas. La gente estaba contenta y bien alimentada.

Preguntando, el brahmán llegó a la carnicería en la que el cazador vendía cortes de ciervo y búfalo.

-Lo sé todo sobre la mujer devota diciéndote que vengas aquí, y sé por qué has venido.

Con estas palabras se dirigió el cazador al brahmán cuando lo vio.

-Este no es un lugar para ti. Vayamos a mi casa si lo deseas – continuó el cazador. En su hogar ofreció agua al brahmán, para refrescarse y lavarse los pies.

Cuando se sentó y se relajó el brahmán dijo al cazador:

-Esta labor que haces no es apropiada. Siento mucho que tengas que llevarla a cabo.

El cazador contestó:

-Esta es la profesión de mi familia y me ha venido heredada de mi padre y de mi abuelo. Yo cuido a mis mayores. Digo la verdad. No envidio. Hago donaciones de acuerdo a mis posibilidades. Vivo de lo que sobra tras ofrecer a los dioses, los invitados y los sirvientes. No hablo mal de nada.

En este mundo los medios de subsistencia son la agricultura, la ganadería y el comercio. Una persona que nace con mala conducta puede convertirse en una persona de buena conducta. Tanto si la gente me congratula como si me critica yo siempre les respondo con las mejores acciones que pueda hacer.

Ofrecer comida en correspondencia a las posibilidades de uno, la paciencia, fidelidad eterna al dharma, el respeto a quienes lo merecen, la compasión con todos los seres y el desapego son las cualidades que distinguen a un ser humano en la tierra. Uno debería abandonar la falsedad y hacer buenas acciones, también cuando estas no son solicitadas. Uno no debería abandonar nunca el dharma por estar desbordado por las dificultades. El mal no debe contrarrestarse con el mal. El malvado que desea cometer una mala acción se está matando a sí mismo. El que se atormente a causa de sus malas acciones se libera de estos pecados; si se asegura de que no los cometerá de nuevo se libera del segundo pecado. Oh gran brahmán, uno también puede liberarse del pecado mediante las acciones justas. El que ha cometido un pecado por ignorancia puede revertirlo por adherencia al dharma. Tras cometer un pecado uno debería pensar que no es él quien lo ha cometido. Debería ser fiel a lo que es apropiado. Debería adherirse a lo justo sin odiar. Así es como los justos remiendan los agujeros en sus vestimentas. Tras pecar, una persona todavía puede alcanzar el bien; puede liberarse de todos los pecados como la luna de las nubes. Como el sol amanece y dispersa la oscuridad establecerse en lo bueno asegura la liberación de todo pecado.

Y entonces el brahmán preguntó:

-¿Y cómo reconoceré la conducta adecuada?

-Práctica espiritual, generosidad, ser comedido en los gestos, renuncia, estudio y sinceridad – estos son los elementos sagrados que caracterizan la buena conducta. Estar libre del control del deseo y la rabia, descartar la arrogancia, la avaricia y el engaño son los rasgos de los justos; aquellos que se contentan con el dharma. El respeto y servicio a los mayores, sinceridad, carencia de rabia, y generosidad, estos cuatro siempre están presentes en los justos.

Los textos sagrados están aposentados en la verdad. La verdad se aposenta en el autocontrol. El autocontrol se establece en el desapego. Esto constituye la conducta adecuada. Las personas con la inteligencia confundida odian al dharma; siguen un sendero que no debería transitarse y desciende a la miseria.

Usando el bote de la firmeza uno puede cruzar el río que tiene a los cinco sentidos como agua y está plagado de los cocodrilos del deseo y la avaricia. Así se supera el nacimiento.

Se ha dicho que el dharma es lo que se ha hecho con justicia. Los que no tienden a enfadarse, los que no odian, los que no se vanaglorian, los que no son egocéntricos y los que son simples y serenos se caracterizan por la buena conducta. Esta buena conducta es extraordinaria, anciana, eterna y fija. Esto es lo que llaman Dharma.

 

Este texto está basado en el discurso de la mujer y el cazador sabios contado por Markandeya en el fragmento del Mahabharata llamado Markandeya samasya parva (197-199).

Preparado y redactado en Luyaba, Argentina, entre el 1 y 14 de enero de 2020. La fe implica creer en la posibilidad de autosuperación del ser humano. La rabia se puede soltar; la violencia se puede controlar; esto nos hace humanos y en la fe en esta capacidad nuestra como especie se aposenta la vida y el futuro de la humanidad.