¿Cuánto tiempo hace que existe la vida? Esta vida que conocemos, basada en la interacción del carbono con el oxígeno, ¿es la primera que ha existido? ¿La única? Y una cuestión que sería, tal vez, más importante aún sería la pregunta de si, en cado de que en este planeta ya hubiera habido una vida, que se extinguió, y tiempo más tarde se dio la combinación de elementos de nuevo para que el fenómeno llamado vida se volviera a dar, ¿estaríamos hablando de varias, y distintas, vidas o de una misma vida que renace? ¿La vida está separada de los elementos que la componen o no? ¿Quién podría responder estas cuestiones? La vida.

Todo ser vivo puede preguntarle a la vida lo que quiere, porque un ser vivo es vida. ¿Pero en qué lenguaje respondería la vida?

Se dice y se cuenta que en los tiempos originales vida le dijo consciencia:

-Hace tanto que vivo que no sé qué explicarme quién soy. ¿Hoy alguien que me haya visto nacer?

-Yo no pongo nombres a las cosas – dijo consciencia- Hay un búho que vive en las cimas blancas del extremo norte del mundo. Sus ojos grandes observan el transcurrir de las cosas desde hace eones. Puede que él te conozca.

Pero los montes nevados quedaban muy lejos, así que vida se transformó en caballo y transportó a consciencia al lugar en el que residía el búho.

– ¿Me conoces? – preguntó la vida.

-No – contestó el búho.

– ¿Y existe alguien que sea más anciano que tú?

-Hay un lago con tu nombre. Allí vive una grulla más anciana que nosotros.

Vida llevó a consciencia y al búho al lago. Allí vieron a la grulla y le preguntaron si había visto a vida nacer. La grulla pensó y dijo que no recuerda haber visto el nacimiento de vida.

-¿Y queda alguien más antiguo que tú? – preguntaron todos.

-Hay una tortuga que sostiene la tierra sólida y vive en las aguas – dijo la grulla, y ella misma se dirigió por ellos hacia la tortuga:

-Tenemos que preguntarte algo; por favor ten la amabilidad de acercarte a nosotros.

En ese momento la tortuga emergió de las aguas y pudieron preguntarle si conocía la vida.

Los ojos de la tortuga se llenaron de lágrimas. Su corazón se agitó y le hizo temblar:

-¿Cómo no voy a recordar al nacimiento de la vida? Mientras existe el sonido existe la vida.

Entonces bajó de los cielos la semejanza de un carro, veloz como el pensamiento, estable como la tierra y brillante como el sol.

-Tu lugar está en los cielos. – continuó la tortuga- Las acciones sagradas protegen la vida y el ser humano es quien las efectúa. Cada vez que peligra el equilibrio las acciones buenas descienden del cielo hacia todos los mundos inferiores, de la mano del humano.

Las buenas acciones, la búsqueda de la verdad, son la corona del ser humano y el ser humano ha nacido para defender la vida. Vivir correctamente es realizar el propósito humano y así habla la vida.

(Basado en una historia contada por Markandeya a los Pandava en Markandeya Parva, el capítulo que narra el encuentro de los Pandava con este sabio que vive más allá de las destrucciones y reconstrucciones del mundo)