Krishna: más allá de la oscuridad

Vio a quienes habían sido los más valientes entre los héroes yaciendo en el campo de batalla. Habían huesos y mechones de pelos desparramados entre charcos de sangre. Miles de cuerpos en todas partes. Elefantes, caballos, carros y guerreros cubiertos de sangre. Cuerpos sin cabeza, y cabezas sin cuerpo. Chacales y cuervos desafiantes, y espíritus oscuros (rakshasa) volando sobre el lugar.

Cuando las esposas de los guerreros llegaron, bajaron de sus carros lujosos llorando, y se dispersaron por el lugar buscando a sus amados. La reina Gandhari las vio llegar, ella ya estaba caminando entre los cuerpos, y se dirigía a Krisha (quien la había traído hasta allí) igual que el alma habla con el corazón en los momentos de desesperación:

-Mira a todas estas viudas, Pundarikaksha («ojos de loto», uno de los nombres de Krishna), despeinadas y chillando como águilas. Son esposas y madres de los héroes que han sido muertos. Esos guerreros brillaban como el fuego y llevaban armaduras doradas, tenían gemas incrustadas que ahora están siendo desgarradas por bestias carroñeras. Ve, con tus propios ojos, este campo de batalla.

Todos estos guerreros que mi hijo comandaba son ahora como fuegos apagados. Todos ellos merecen descansar en lechos blandos y limpios, pero yacen destruidos sobre la tierra. En vida eran alabados por bardos, y ahora los rodean los horribles aullidos de los chacales. Sus brazos y piernas eran untados con sándalo y aloe, pero ahora reposan en el polvo. Cuervos están arrancando sus pendientes. Muchos eran guapos, y ahora yacen desfigurados. Algunos siguen sujetos a sus armas como si fueran mujeres asidas a su amante en la cama.

Las caras de todas estas mujeres afligidas son bellas como el loto, pero están marchitas. Unas lloran y otras se han cansado, y solo observan melancólicas el horizonte. Algunas corren de un lugar a otro. Parecen ausentes unas de las otras, como si no se conocieran. Se golpean las cabezas con sus manos delicadas. Fijando una cabeza cortada sobre un cuerpo, se dicen: -No es él, debe estar en otra parte. – Están perdiendo la cordura, juntando manos y pies que han sido arrancados por flechas.

Algunas pasan de largo un cuerpo decapitado y devorado por las bestias, sin darse cuenta que es el de su marido. Oh, Krishna, otras se golpean la cabeza y el pecho cuando reconocen a sus padres y hermanos. Pero la tierra permanece impasible bajo los barrizales de sangre y carne que la cubren.

Entonces la reina Gandhari reconoció a su hijo Duryodhana, y cayó al suelo como una enredadera cortada.

Hrishikesha (“señor de los sentidos”, otro de los nombres de Krishna) se acercó a ella, y mientras lloraba sobre su hijo Gandhari le decía:

-¿Cómo es que mi corazón no estalla en mil pedazos? ¿Hay algo más difícil para mí, ahora, que seguir viva?

Sé que mi hijo ha sido injusto y cruel. Intenté aconsejarlo, pero no me escuchó. Intenté disuadirlo de esta guerra, pero no me quiso escuchar. Ahora veo a las esposas de mis hijos, y las de sus enemigos, corriendo entre los cuerpos con los pies ensangrentados, espantando buitres, abrazadas a sus cuerpos, apartando sus melenas ensangrentadas con los dedos, como si los quisieran despertar. Todas te llaman: -Era guapo como tú, Krishna, y tenía tu misma mirada, -dicen – pero ha sido abatido.

Oh Krishna, mis hijos y los Pandava[1] siempre han sido maliciosos unos con los otros, oh Janardana, (“el que otorga los nacimientos”, otro de los nombres de Krishna) ¿por qué has ignorado la escalada de su destrucción? Eras capaz de hacerlo. Podías haberte hecho escuchar. Oh Madhusudana (“destructor del demonio Madhu”, otro de los nombres de Krishna) has ignorado intencionadamente la destrucción de nuestro clan. Recogerás los frutos de lo que has hecho. Serás difícil de asir, pero yo te maldigo: Igual que mis hijos y sus primos se han masacrado, así se va a masacrar tu gente.

Después merodearás por el bosque y enfrentarás una muerte humillante. Las mujeres de tu clan sufrirán igual que las del nuestro.

Y habiendo escuchado esto, dicen, Krishna sonrió un poco, y contestó, con su voz profunda, que según dicen sonaba como el retumbar de truenos en la lejanía:

-Oh bella Gandhari. Nadie más que yo, puede destruir a los Vrishni (el clan de Krishna). Oh mujer noble (kshatriya). Yo conozco lo que ya ha sido decidido. Acabas de actuar de acuerdo a lo que ya había sido decretado. Los Yadava (la familia de Krishna, sinónimo de Vrishni) no pueden ser muertos por ningún otro clan, ni por dioses ni demonios.  Pero encontrarán su destrucción en manos de sí mismos.

Y así, con una sonrisa, Krishna recibió la maldición sobre su clan. Porque dicen que la tierra estaba abrumada por el peso de los reyes. No podía sostenerlo más, y suplicó ayuda a los dioses. Entonces nació Dios en el mundo, con el cuerpo de Krishna, para hacer desaparecer a los guerreros de la tierra. Y así, con la maldición de Gandhari, Krishna pudo completar su labor. Porque su clan era el único que había sobrevivido a aquella guerra apocalíptica.

El hijo de la reina Gandhari fue un rey avaricioso, celoso, mentiroso y orgulloso, pero ¿quién sería el desalmado que le dijera eso a una madre cuando sufre la pérdida de su hijo? En la hora del luto no se hacen reproches, pero en medio del dolor más insoportable Krishna escucha. Camina entre la destrucción escuchando los lamentos de todos los corazones. Y hay algunos que dicen que es mentira, que no hay nada ahí, más que sangre bombeando, pero no lo saben. Nadie lo sabe.

Lo único que puedo decir, es que en esta sociedad en la que vivimos escucho mucho hablar de la necesidad de “tocar con los pies en el suelo”, de ser objetivos y calculadores, para sobrevivir. Pero no se habla lo suficiente de la necesidad de “echar un cable al cielo”, de “abrir las alas a las estrellas”, o “el corazón a Krishna”. Porque en muchas ocasiones hace falta tener “la cabeza en el cielo” para sobrevivir, emocionalmente. Tanto como tocar de pies en la tierra.

El sabio que entienda esto ya no tendrá miedo, ni si todos los mundos se destruyeran. (Anu Gita, Mahābhārata)


[1] Los enemigos de los hijos de la reina Gandhari, y también sus primos. La guerra fue esencialmente entre ellos, aunque involucrara a todos los reinos de la tierra.

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