Esta semana he escuchado referirse al momento actual como el de una crisis de autoridad. Porque estamos viviendo una crisis, marcada por la evolución de una enfermedad con patrones de contagio y efectos que confunden nuestras predicciones. No hay autoridad que sepa qué hacer frente a la situación. Ni los expertos médicos ni expertos políticos encuentran una verdadera solución y, los que no somos entendidos, necesitamos precisamente más que nunca recurrir a una autoridad en la que podamos confiar. Pero esta no existe, porque quienes esperamos que actuen como autoridad carecen de las herramientas para hacerlo.

Esta situación de desamparo despierta en cada uno la pulsión más inconsciente de su relación con la mencionada autoridad. Como si fuéramos adolescentes en rebeldía expresamos nuestras frustraciones irresueltas con la autoridad optando: o por hacer caso de las normas, pero renegando de ellas, o por saltarnos las medidas propuestas en secreto o, si no, aferrarnos a explicaciones teóricas de la situación que, aunque poco contrastadas, se nos antojan como las más convincentes. Es decir, inventamos una autoridad paralela.

La entrevistada a quien he escuchado expresar estas ideas es astróloga de profesión, y explicó cómo esta situación tiene una razón de ser desde el punto de vista de las estrellas, aunque probablemente lo más importante, más allá de la situación de los cuerpos celestes alrededor de nuestro planeta, sea tomar consciencia de lo que nos está pasando. Y esta explicación, con la que comienzo este escrito, sobre la crisis de nuestra relación con la autoridad, tampoco es lo más importante. Las palabras son como los planetas, orbitan alrededor de la consciencia, pero no son toda la realidad. Lo importante de una explicación no son las palabras que la componen sino la intención.

El Mahabaharata, la gran historia de lo humano, también habla de una crisis de autoridad. El Mahabharata cuenta la historia del fin de los reyes justos. El Mahabharata es la historia de la última generación de monarcas divinos, porque lo que ha venido después -lo que conocemos nosotros- es un eco de lo que había sido; una representación ritual.

El Mahabharata funciona como un plano detallado de las pulsiones humanas. Una representación de todo lo que puede llevar a una sociedad a desintegrarse, así como todo lo que la sostiene y puede salvar la vida. Porque lo que hizo caer a los reyes de antaño es lo mismo que nos afecta hoy. Así lo cuenta el consejero Vidura (Yana Sandhi Parva, 62):

<<Los ancianos cuentan la historia de un cazador de pájaros que colocaba su red en el suelo.  En una ocasión dos aves igual de fuertes quedaron enredadas en la trampa, pero levantaron el vuelo llevándose la red con ellas. El cazador, cuando vio su red volando, no se preocupó sino que la siguió corriendo.

Un sabio renunciante vio las aves pasar volando con la red, y después al cazador, trotando tras ellas. Se dirigió al cazador diciendo:

-¡Oh cazador! Me parece extraordinario que con los pies en el suelo persigas a los que van por el cielo.

Pero el cazador respondió:

-Juntas, estas dos se están llevando la red con ellas, pero en cuando comiencen a pelear quedarán bajo mi control.

Condenadas a morir, las dos aves comenzaron a reñir. Cuando pelearon, las ilusas cayeron al suelo. Atrapadas por los lazos de la muerte, comenzaron a luchar entre ellas con ferocidad. Entonces, con sigilo, el cazador se acercó y las atrapó.

De la misma manera, los familiares que discuten por posesiones son superados por sus enemigos, como esas aves. Los familiares deberían comer juntos, conversar e interesarse unos por los otros y reunirse. Nunca deberían discutir. Mientras respeten sus mayores con las mejores intenciones serán invisibles como el bosque protegido por los leones. ¡Oh rey! Los que  hayan obtenido riquezas pero sigan siendo mezquinos entregan sus bienes a quienes los odian. ¡Oh rey! Los familiares son como la leña, que separada emana humo pero cuando se junta despiertan llamaradas.

Te contaré algo que vi en una ocasión en las montañas. Cuando lo oigas haz lo que creas que es mejor.

Junto al clan de los Kirata y sacerdotes que eran como dioses, expertos en todas las encantaciones y medicinas, viajamos una vez a las montañas del norte. Llegamos al monte Gandhamadana, que parece un jardín, y estaba iluminado por una gran cantidad de hierbas mágicas, y frecuentado por siddhas (magos iluminados) y gandharvas (caballeros celestiales). Todos vimos una miel amarilla que no provenía de abejas. Estaba colocada en una grieta de la montaña, en medio de un terreno desigual. Se trataba de la bebida favorita de Kubera, el dios de los espíritus naturales, y estaba protegida por serpientes virulentas. Al beber de esta miel, un hombre se puede convertir en inmortal; el ciego recupera la vista; el anciano recupera la juventud. Esto es lo que los sacerdotes que iban con nosotros, quienes tenían el poder de conversar con las plantas, nos explicaron.

¡Oh señor de la tierra! Cuando los Kirata vieron la miel quisieron llegar a ella y, uno a uno, acabaron resbalando todos por el precipicio. De la misma manera, el que desea la tierra para sí mismo ve la miel, pero no el precipicio.>>

Eso fue lo que contó Vidura a su hermano Dhritarashtra, y así lo documenta el Mahabharata.

Esa historia que le contó el consejero Vidura a su hermano, el rey Dhritarashtra, se entiende perfectamente hoy. Porque la humanidad también es una familia, sobre todo ante las dificultades que la superan, y no es necesario, añadir interpretaciones a la historia de las dos aves. Cada uno lo entiende a su manera. ¿Pero qué significa colaborar? ¿Cómo entendernos con quienes son distintos a nosotros? Este es el misterio que queda por resolver. Pero la intención es crucial. Hay mucha diferencia entre aspirar a llegar a un acuerdo, aspirar a entenderse, que querer tener la razón, destacar, demostrar, enseñar, educar… forzar al otro. Y ponerse de acuerdo tampoco significa negar los valores en los que uno cree o dejar de escuchar las propias necesidades.

Si se mira bien, muchos tenemos dentro algo de Dhritarashtra, ese rey que no confiaba en los demás y ponía en cuestión la posibilidad de llegar a la paz. Como dijo Vidura: Que cada uno escuche esta historia y piense por sí mismo qué quiere hacer.

Si te has preguntado quien es Vidura, este consejero tan especial, te lo explico en vídeo.