Cuando la luna se nos aparece entera en el cielo si uno mira el flanco derecho de su superficie, desde el hemisferio norte de la tierra, se puede reconocer una mancha que parece tener la forma de un antílope de perfil. Y así, de perfil, el antílope parece que tenga un solo cuerno; un cuerno único como el eje alrededor del cual vira este pedestal de lava, cubierto de tierra, agua y bosques, que nos sostiene. Aún si no lo sabemos, los místicos y los entusiastas perseguimos su canto, el canto del antílope de la luna, que modula ese sonido elusivo que nos maravilla.
El Mahabharata, la historia de la humanidad antes del diluvio, prescribe encontrar el lugar donde se despliega el sonido de este canto de la luna, que es el origen de la vida. Con decirse constantemente “iré a ese lugar; viviré en ese lugar” uno se libera de los defectos. Porque allí viven los dioses, los sabios, los santos, los espíritus y las visiones.
Hace muchas eras, en tiempos que a la humanidad le cuesta hoy creer que existieron, un ermitaño, de nombre Parashurama, mató con un hacha a todos los guerreros de la tierra. Con sus poderes creó cinco lagos y los llenó con la sangre de sus víctimas. Cuando terminó invocó a sus ancestros en la profundidad de los cielos, más allá de la Luna, Marte y Júpiter, y les pidió que le liberaran de su pecado. Les pidió que aquellos lagos rojos se transformaran en vados hacia mundos mejores.
-Tu energía aumenta gracias a la devoción que le tienes a tus antepasados. Has asesinado a estos guerreros, con furia, pero quedas libre de tu pecado porque la propia corrupción y degradación de ellos es la que los ha hecho caer. En el futuro, quien se bañe en estos lagos conseguirá de sus ancestros aquello que su mente desee, incluso lo más difícil de conseguir sobre la tierra, o los mismos mundos eternos.
Estos lagos rodean las praderas lunares, que quedan al sur del río de la inspiración. Pero el auténtico buscador ha de dejar los lagos atrás para llegar a los campos bendecidos y, al llegar, ha de saludar al guardián del portal, el inmensamente poderoso espíritu llamado Macharuka, quien le es fiel a Kubera, el guardián del oro subterráneo y el poder de las montañas. Este gesto equivale a los méritos producidos alimentando a miles de personas.
Y así, uno llega al centro de su corazón. Al lugar donde transcurre la batalla eterna, entre la luz y la oscuridad.
La luz nunca gana, porque no puede existir sin la oscuridad, pero la vida sigue eligiendo su bando – generación tras generación, vida tras vida, minuto a minuto. También ahora.

Esta entrada, está basada en una indagación en la etimología de la raíz sánscrita ku y algunas palabras derivadas como kukila, kuja, el verbo ku y su derivación kva, así como las palabras kuranga, kuru y, por supuesto, kurukshetra. El punto de partida es un comentario sobre Kurukshetra, el espacio que albergará la guerra del Mahabharata, en el apartado Tirtha Yatra Parva 81.
En este cuarto año de Respirar el Mahabharata estoy basando el desarrollo del espectáculo correspondiente en el tablero del juego de Lila, que comparto en el apartado Flechas y Serpientes de este mismo blog. En cada entrada contrasto un fragmento del Mahabharata con tres casillas del tablero y después de 15 días de reflexión sobre ello comparto el escrito resultante. Así, hasta cubrir todo el tablero antes de llegar al 12 de Diciembre de 2019, cuando se estrene el cuarto capitulo de esta performance, en la sala del colectivo CRA’P. Este escrito está influenciado por una reflexión sobre las casillas 34, 47 y 56.