Inspirar es absorber el aliento del mundo; dejarse impregnar, alimentar y transformar. Expirar es alimentar al mundo con el aliento. Así nos convertimos en todo lo que ha pasado, lo que hay y lo que pasará. Nos convertimos en mundo.

Somos mundo.

¿Y qué es el mundo?

Las plantas del pié, del mundo, son las profundidades infernales de nuestros terrores (Pātāla). Las adicciones y la obsesión por el placer son las piernas (Rasātala), el cielo es su estómgao (Suvar loka), el renacer continuo de las criaturas es la cara (Jana).
La vía espiritual forma la frente del mundo (Tapa loka) y todo lo que existe es el accionar de sus brazos (Satya loka). Los dioses son la punta de sus dedos, las cuatro direcciones sus orejas. Sus fosas nasales son los Ashvin, los dioses gemelos. Exhala fuego por a boca y sus ojos son e sol. El día y la noche son sus párpados; el agua forma su paladar, el conocimiento es su cabeza (Veda) la muerte es la dentadura del mundo (Yama) y su sonrisa es la confusión que lo permea (Māyā).
El impulso continuado de la creación es el brillo de la mirada del mundo, el océano su estómago y las montañas sus huesos. Los ríos son venas y los bosques son el vello que lo cubre.
Lo inmanifiesto es su corazón (Avyakta) y su mente es la luna.
El ser humano es su intelecto (Manu) y la fantasía y el estudio su canto (Gandharva, Charanas, Apsāra). El pulgar derecho del mundo es hábil, fuerte, ágil y capaz (Daksha). Acompaña a Manu, el intelecto del mundo, como un hermano.
De hecho, cuando sueñan, Manu y Daksha (el intelecto y el pulgar del universo) son dos individuos, corpóreos, que tienen familia.
En uno de sus sueños, para ser precisos, Daksha tiene 27 hijas, que se casan con la luna. Y otra hija, que se casa con el fuego y lo acompaña cada vez que se le invita a una ceremonia decente. Y Daksha tiene también, trece hijas más, que se casan todas con Kashyapa.

¿Y quién es Kashyapa?

Kashyapa pertenece a la raza de los seres que pasean libremente por el inconsciente humano y con un paso llegan a las murallas de la ciudad de los dioses (Devanāgarī), llaman a los guardianes en el portal y son introducidos, con todos los honores, en el palacio real; allí los dioses les piden que les cuenten las historias de cómo eran las junglas, y las llanuras vírgenes, sobre las que se levantó su ciudad. Esta raza es la de los Rishi; los que estaban antes de los dioses y antes del tiempo. Los Rishi ven lo primero que pensamos cuando abrimos los ojos y viven en los sueños que olvidamos.
Entre los Rishi, Kashyapa está emparentado con la chispa. Algunos dicen que nació de un destello y otros lo llaman hermano del relámpago en los cielos (En ambos casos, Marīci) . Lo cierto es que es difícil hablar con nuestro lenguaje humano sobre el linaje de los que ya estaban aquí antes de que existiera el tiempo.

Kahyapa nació con el primer destello que emanó el roce (kṣa) de las fluctuaciones de ultrasonido (om) que iniciaron la creación. Kashyapa es la verdad (satya) que reside en el calor (tapas) que sostiene la vida.
Dos de las 13 hijas de Daksha que se casaron con Kashyapa son hermanas con caracteres contrarios. Una vive en comunión con todas las posibilidades que el mundo ofrece; sus movimientos no se limitan a nada, su pensamiento no tiene fronteras (Aditi) y por tanto tampoco sus acciones. Su hermana, en cambio, personifica todos los límites (Diti) que se puedan poner a la verdad.
Los hijos de Aditi y Kashyapa son los hijos de lo ilimitado – brillan, expanden, explotan, en todas las direcciones (dīv) e impulsan cada partícula hacia el infinito. Ellos son los Deva, los que tienen al fuego de su parte.
Sus hermanos son los hijos de Diti, el límite. Ellos viven cortando, desgarrando, dividiendo, desgajando y distribuyendo. Son los Asura, los que anhelan el dominio y el control.
Los Deva son luminosos, y por eso recibieron al día como hogar. Los Asura residen en la noche. Las transiciones, el ocaso y el amanecer, son las horas de los ancestros de la humanidad, que vive, desde que tiene memoria, entre la luz y la oscuridad.
El pulgar, la habilidad del mundo, Daksha, cuando sueña, oficia siempre una ceremonia compleja a la que acuden todas sus hijas. Las 27 esposas de la luna (Nakṣatra) con su marido, todos los enigmáticos rishi con sus esposas, que son también las Pléyades (Kṛttikā).
Diti y sus hijos se sientan todos en el lado nocturno, Aditi y los Deva brillan al otro lado del altar.
Acude Manu, el hermano de Daksha, con todos los antepasados de la humanidad.
Y el sueño de Daksha siempre se convierte en pesadilla, a causa del rechazo. Porque Daksha rechaza a la más especial de sus hijas , y al marido de esta, Shiva. También porque los Asura rechazan a los Deva y los Deva rechazan a los Asura.
El rechazo se ha infiltrado en esta ceremonia original, de la que venimos todos. Por esto Asuras y Devas se hacen la guerra, y sus sueños son las guerras de la humanidad, y las peleas domésticas y las discusiones en la cola del supermercado.
Porque todos estos lugares están en el mundo, y en todos estos lugares se encuentran Daksha, Manu, los Deva y los Asura, ante la mirada de los Rishi y los ancestros. Y allí donde nos encontramos todos siempre se esconde el rechazo. ¿Quién será capaz de reconocerlo y darle su lugar, antes de que nos haga pelear?