La derrota real

El vencedor dejó entonces al vencido a solas.

Y el perdedor, volvió lentamente a su ciudad, junto a los componentes de su ejército, con la mirada caída por el peso de la vergüenza.

En el camino pasaron por un lugar con agua, cubierto de yerba excelente. Allí acamparon, por orden, los elefantes, caballos, carros e infantería. Todos rodeando al rey derrotado.

Cuando pasó la noche, el mejor amigo y admirador del rey se le acercó y le dijo:

-Es extraordinario verte aquí, libre de daño, junto a tu familia, riquezas y vehículos. Pudiste sobrevivir a la batalla contra los jinetes invisibles; no hay otro hombre en la tierra que sea como tú.

Pero los ánimos del rey no cambiaron:

– Me gustaría entrar en un agujero en la tierra para esconderme de mi vergüenza. Hubiera preferido morir en la batalla que salvarme y quedar así en deuda con la vida. Me quedaré aquí para ayunar hasta morir. El resto de vosotros volved a casa. Que mis hermanos vuelvan a quienes nos desean el bien y continuad la vida sin mí. Humillado así por el enemigo no pienso volver a la ciudad.

¿Qué diré a mis conocidos? ¿Qué contestaré a quienes me preguntan? Soy incapaz de vivir. Tengo orgullo y he perdido mi virilidad. El enemigo se ha reído de mí. Me han mirado con desprecio.

– No deleites a tus enemigos con esta tristeza – contestó el consejero – No deberías lamentarte como una persona ordinaria. Levántate y avanza. Si falleces así, ayunando, todos los reyes se reirán de ti.

-No me interesan más la justicia, las riquezas, la amistad o los actos que den placer. Id. Dejadme y volved al mundo. Estoy decidido a desaparecer.

Y percatándose de la resolución del rey los Asura, los señores de las sombras que viven en las entrañas de la tierra, sintieron que estaban perdiendo a uno de sus representantes en la superficie.

Con encantaciones complicadas, ejecutadas de manera precisa, invocaron a Kritya, la diosa de la magia negra, cuyo nombre significa “la que pertenece a lo terminado”.

A petición de los Asura Kritya trajo el rey a los mundos subterráneos. Allí, en la oscuridad, los ojos de los Asura se dilataron cuando vieron entre ellos a su protegido.

– ¿Por qué recurres a este acto apresurado de ayunar hasta la muerte? El suicidio hace que se hable mal de uno. Los inteligentes no deberían embarcarse en labores que corten las raíces de sus intereses. Esta decisión que estás tomando mata la fama, el poder y la fortaleza, mientras aumenta la felicidad de los enemigos.

Oh rey, escucha la verdad sobre este cuerpo tuyo y recupera tu fortaleza: En tiempos remotos conseguimos, a través de esfuerzos y austeridades, construir la parte superior de tu cuerpo a base de la energía de distintos rayos. Conseguimos hacer tu torso impenetrable a cualquier arma, por la gracia de dios. La parte inferior de tu cuerpo fue hecha de flores por la misma diosa, y es atractiva a todas las mujeres. ¡Supremo entre los reyes! Tu cuerpo ha sido creado por el dios y la diosa. Tu origen es divino, no humano. En la próxima batalla contra tus enemigos otros Asura entrarán en los cuerpos de tus generales que, poseídos como lo estarán, lucharán sin ningún miramiento. Son numerosos los demonios (rakshasa) que han nacido en matrices humanas para poder luchar a tu lado. La tierra entera va a ser tuya. No dirijas tus esfuerzos a otro objetivo que no sea este. Ve, y lucha.

Tras ese discurso el rey fue devuelto al mundo. El monarca mantuvo esta experiencia para sí y no la compartió con nadie, pero su resolución se dirigió hacia la lucha.

Demonios y dioses, Asura y Deva, necesitan la vida, porque estos cuerpos que habitamos son el campo sobre el que luchan. La vanidad, la autoexaltación, el engaño y la furia son las armas de los Asura. Armas que usan a través de nuestros cuerpos. Y las ideas que alimentan a los Asura son aquellas que nacen de una visión del mundo como una masa de reacciones azarosas entre elementos inanimados. Este tipo de visión acaba negando la vida; porque si nuestro cuerpo es solo un conjunto de materiales en reacción, ¿cómo se comprende qué es lo que lo habita?

La mente que concibe así el mundo queda atada a los contextos más pequeños, encerrada en procesos de reacción, rechazo y anhelo de las circunstancias más superficiales. Condición que lleva a la violencia y la destrucción, propia y del entorno.

La persecución de logros y placeres es el juego de los Asura en el tablero del mundo. Así se propaga su espíritu entre los cuerpos de la humanidad.

Existe también un sendero distinto. Comienza aquí y ahora. La elección es nuestra.

 

Fragmento basado en la depresión de Duryodhana y su encuentro con las voces infernales en Ghosha Yatra Parva, capítulo 14, del Mahabharata más comentarios relevantes al respeto de la Bhagavad Gita Parva, capítulo 16.

En la barra lateral del blog puedes encontrar el enlace a las grabaciones en video de los encuentros que hago cada semana. Puedes ver los horarios y videos en el enlace. Espero que lo disfrutes. Cualquier comentario será bienvenido.

Consciencia de la consciencia

 

Antes. Mucho antes. Antes del antes. Antes de que existiera el antes. Antes del tiempo. Había una pitón llamada Vritra, que retenía el fluir de las aguas universales. Este ser alargado y plegado sobre sí fue fraccionado y repartido en fragmentos, que fueron esparcidos por el universo.

Ese fraccionamiento lo llevó a cabo la energía diamantina del emperador de la luz y los sentidos: Indra. Después, los que habían luchado del lado de Vritra fueron perseguidos y cazados por los dioses esplendorosos (deva) y no hubo lugar en el cosmos donde la oscuridad pudiera refugiarse de la luz.

Aterrorizados, los enemigos de la luz (Asura) se escondieron en el fondo del océano, lleno de gemas y poblado de peces pequeños y gigantes. Desde las profundidades conspiraban la destrucción de los tres planos. Cada asura, de acuerdo a sus inclinaciones y carácter, proponía un método distinto para vencer a los deva, y en lo que estuvieron todos de acuerdo fue en que lo primero que tenían que destruir era la sabiduría.

Hicieron su ciudadela en la morada de Varuna -el dios que reside en las profundidades- y, desde ese palacio de mil puertas, salían de noche a devorar a los sabios de la tierra, uno a uno. Cada la mañana los ascetas se encontraban los huesos descarnados de alguno de sus compañeros, esparcido junto a restos rotos de los objetos sacrificiales que le pertenecían.

Los ascetas en la tierra llegaron a tener tanto miedo que se escondieron en cuevas que tapaban cascadas. Algunos murieron, incluso, de terror.

Los héroes de aquella era buscaron a los asura por toda la tierra, con la intención de luchar contra ellos, pero no los encontraron, llegando algunos incluso a morir de cansancio. Los sabios en aquella era dejaron de practicar los sacrificios ceremoniales y los dioses dejaron de recibir sus ofrendas; es decir, la conexión entre la tierra y el cielo se diluía.

Preocupados, los dioses se encaminaron hacia Vishnu -el que permea todo y está en todas partes-. Juntos se presentaron en el espacio que queda dentro del espacio y le pidieron ayuda:

-Oh tú que naces una y otra vez como avatar para proteger el orden, ayúdanos en esta dificultad.

-Los asura más oscuros se han refugiado en el océano – contestó Vishnu – ahora él los acoge y protege; mientras exista el océano la tierra no podrá liberarse de la opresión de los asura.

El único que tiene el poder de librarnos del océano es Agastya. Agastya es un rishi, nacido de la mente de la expansión cósmica, pero por su propia voluntad Agastya volvió a nacer de la semilla de Varuna, el dios de las profundidades, y por ello es él el único que nos puede ayudar. Agastya es un emisario de la consciencia, el fulgor de la vida, e hijo del vientre de las aguas, el lugar donde no llega la luz.

Los dioses fueron a buscar a Agastya en el lugar en el que residía. Fueron a buscar a Agastya, quien era capaz de beberse el océano entero, y lo acompañaron a la orilla del mar. Todos los seres, de todos los mundos, los seguían. Todos los planos de la existencia querían ver aquella proeza única. Ante ellos rugía el océano, atronador, como si hiciera bailar sus olas ante la mirada de todos. Parecía que se riera, con su espuma, cuando se abalanzaba contra las cavidades en las rocas. Estaba repleto de animales y lo visitaban masas de aves.

Agastya se agachó, y comenzó a beberse el océano. Absorbía todas las aguas hacia su interior mientras todos los seres, en los tres planos, le animaban.

Cuando se secaron las aguas lo que había sido el océano parecía un gran desierto montañoso y los deva se abalanzaron en su interior, cazando y aniquilando a los asura que en él se habían refugiado. Los restos de las armaduras doradas, quebradas, en el fondo seco del océano, brillaban bellamente bajo el sol. Los pocos asura que sobrevivieron a ese ataque se refugiaron en las entrañas de la tierra.

Tras esas batallas turbulentas los seres pidieron a Agastya que devolviera el océano a la tierra, pero Agastya ya lo había digerido.

-Tendrá que pasar mucho tiempo hasta que vuelva el océano- les dijo Agastya –Y esta tarea ya se la ha encomendado el destino a alguien. Será el rey Bhagiratha quien devuelva el océano a la tierra y no yo.

Así dijo Agastya.

¿Y quién fue el rey Bhagiratha? ¿Cómo recuperó Bhagiratha las aguas que llenan los océanos de la tierra? Estas preguntas quedan por responder. Y se responderán, pero no en la próxima entrada. La próxima entrada es la última de este cuarto año de Respirar el Mahabharata. La entrada que la sigue, la del 15 de Diciembre, será la primera del quinto año.

Como ha venido siendo hasta ahora, la última entrada antes del estreno del próximo capítulo de Respirar el Mahabharata (el 12 de cada diciembre) será un manifiesto que ponga por escrito las intenciones de este cuarto año de proyecto. Ahora, lo importante, es preguntarnos de qué va la historia que acabo de compartir. ¿Es una historia que habla de una serpiente cortada o de la percepción sesgada que los sentidos tienen de la vida? ¿Es una historia que habla de relación entre la luz y la oscuridad, que donde hay una no puede haber la otra? ¿Y qué sería la luz y qué sería la oscuridad si no tuviéramos sentidos que las percibieran? ¿Y si nuestra mente no las dividiera? ¿Y qué esconden las aguas profundas del cosmos? ¿Qué esconden las aguas profundas de nuestro cuerpo? ¿Y qué, o quién, puede llegar al fondo de lo insondable y destapar sus secretos?

Cuando las palabras sueñan, sueñan que son el mundo

Inspirar es absorber el aliento del mundo; dejarse impregnar, alimentar y transformar. Expirar es alimentar al mundo con el aliento. Así nos convertimos en todo lo que ha pasado, lo que hay y lo que pasará. Nos convertimos en mundo.

Somos mundo.

¿Y qué es el mundo?

Las plantas del pié, del mundo, son las profundidades infernales de nuestros terrores (Pātāla). Las adicciones y la obsesión por el placer son las piernas (Rasātala), el cielo es su estómgao (Suvar loka), el renacer continuo de las criaturas es la cara (Jana).
La vía espiritual forma la frente del mundo (Tapa loka) y todo lo que existe es el accionar de sus brazos (Satya loka). Los dioses son la punta de sus dedos, las cuatro direcciones sus orejas. Sus fosas nasales son los Ashvin, los dioses gemelos. Exhala fuego por a boca y sus ojos son e sol. El día y la noche son sus párpados; el agua forma su paladar, el conocimiento es su cabeza (Veda) la muerte es la dentadura del mundo (Yama) y su sonrisa es la confusión que lo permea (Māyā).
El impulso continuado de la creación es el brillo de la mirada del mundo, el océano su estómago y las montañas sus huesos. Los ríos son venas y los bosques son el vello que lo cubre.
Lo inmanifiesto es su corazón (Avyakta) y su mente es la luna.
El ser humano es su intelecto (Manu) y la fantasía y el estudio su canto (Gandharva, Charanas, Apsāra). El pulgar derecho del mundo es hábil, fuerte, ágil y capaz (Daksha). Acompaña a Manu, el intelecto del mundo, como un hermano.
De hecho, cuando sueñan, Manu y Daksha (el intelecto y el pulgar del universo) son dos individuos, corpóreos, que tienen familia.
En uno de sus sueños, para ser precisos, Daksha tiene 27 hijas, que se casan con la luna. Y otra hija, que se casa con el fuego y lo acompaña cada vez que se le invita a una ceremonia decente. Y Daksha tiene también, trece hijas más, que se casan todas con Kashyapa.

¿Y quién es Kashyapa?

Kashyapa pertenece a la raza de los seres que pasean libremente por el inconsciente humano y con un paso llegan a las murallas de la ciudad de los dioses (Devanāgarī), llaman a los guardianes en el portal y son introducidos, con todos los honores, en el palacio real; allí los dioses les piden que les cuenten las historias de cómo eran las junglas, y las llanuras vírgenes, sobre las que se levantó su ciudad. Esta raza es la de los Rishi; los que estaban antes de los dioses y antes del tiempo. Los Rishi ven lo primero que pensamos cuando abrimos los ojos y viven en los sueños que olvidamos.
Entre los Rishi, Kashyapa está emparentado con la chispa. Algunos dicen que nació de un destello y otros lo llaman hermano del relámpago en los cielos (En ambos casos, Marīci) . Lo cierto es que es difícil hablar con nuestro lenguaje humano sobre el linaje de los que ya estaban aquí antes de que existiera el tiempo.

Kahyapa nació con el primer destello que emanó el roce (kṣa) de las fluctuaciones de ultrasonido (om) que iniciaron la creación. Kashyapa es la verdad (satya) que reside en el calor (tapas) que sostiene la vida.
Dos de las 13 hijas de Daksha que se casaron con Kashyapa son hermanas con caracteres contrarios. Una vive en comunión con todas las posibilidades que el mundo ofrece; sus movimientos no se limitan a nada, su pensamiento no tiene fronteras (Aditi) y por tanto tampoco sus acciones. Su hermana, en cambio, personifica todos los límites (Diti) que se puedan poner a la verdad.
Los hijos de Aditi y Kashyapa son los hijos de lo ilimitado – brillan, expanden, explotan, en todas las direcciones (dīv) e impulsan cada partícula hacia el infinito. Ellos son los Deva, los que tienen al fuego de su parte.
Sus hermanos son los hijos de Diti, el límite. Ellos viven cortando, desgarrando, dividiendo, desgajando y distribuyendo. Son los Asura, los que anhelan el dominio y el control.
Los Deva son luminosos, y por eso recibieron al día como hogar. Los Asura residen en la noche. Las transiciones, el ocaso y el amanecer, son las horas de los ancestros de la humanidad, que vive, desde que tiene memoria, entre la luz y la oscuridad.
El pulgar, la habilidad del mundo, Daksha, cuando sueña, oficia siempre una ceremonia compleja a la que acuden todas sus hijas. Las 27 esposas de la luna (Nakṣatra) con su marido, todos los enigmáticos rishi con sus esposas, que son también las Pléyades (Kṛttikā).
Diti y sus hijos se sientan todos en el lado nocturno, Aditi y los Deva brillan al otro lado del altar.
Acude Manu, el hermano de Daksha, con todos los antepasados de la humanidad.
Y el sueño de Daksha siempre se convierte en pesadilla, a causa del rechazo. Porque Daksha rechaza a la más especial de sus hijas , y al marido de esta, Shiva. También porque los Asura rechazan a los Deva y los Deva rechazan a los Asura.
El rechazo se ha infiltrado en esta ceremonia original, de la que venimos todos. Por esto Asuras y Devas se hacen la guerra, y sus sueños son las guerras de la humanidad, y las peleas domésticas y las discusiones en la cola del supermercado.
Porque todos estos lugares están en el mundo, y en todos estos lugares se encuentran Daksha, Manu, los Deva y los Asura, ante la mirada de los Rishi y los ancestros. Y allí donde nos encontramos todos siempre se esconde el rechazo. ¿Quién será capaz de reconocerlo y darle su lugar, antes de que nos haga pelear?

¿Dónde vivimos?

El recuerdo es una dimensión especial de esta realidad en la que vivimos. Una dimensión cercana y a su vez inasible; líquida; y también concentrada.

Podemos recordar un texto, o una serie numérica, y volver a repetirlo a través del tiempo. También podemos recordar un evento, pero en ese caso reproducimos más bien la sensación interior, la emoción, que relacionamos con la narración de unos eventos pasados que nosotros consideramos estar relacionados entre sí.

Un parque de atracciones, por ejemplo, es muchas cosas: palomas que picotean sobras de comida que los niños han dejado caer, polvo, ruido de motores, aroma de azúcar quemado, esperanzas de reunión familiar, ansiedad, etc. Pero el recuerdo que nos queda de un parque de atracciones es una cualidad, casi una sensación, que unifica la experiencia en una sola impresión física; un sabor, o sustancia (rasa, en sánscrito). Y este recuerdo depende de cómo hemos llegado al lugar, y desde dónde; en un sentido exterior e interior. El recuerdo es el lugar de confluencia de dos mapas, el del trayecto externo, el del encuentro con las formas del mundo físico, y el trayecto interno, el de las cualidades que atribuimos internamente a las experiencias físicas.

Después, el recuerdo se sigue transformando, y re-transformando, a partir de la interpretación posterior de la experiencia. El viaje continúa, la exploración del mapa se despliega de manera inevitable a causa del tiempo. Crecemos, y recordamos la infancia con dolor y alegría. Se forma el recuerdo de dos parques de atracciones internos: Uno, sombrío, al que no nos llevaron, en el que nos decepcionamos con la vida, por no ser tan intensa, segura, gratificante o justa como nos gustaría. Otro, esplendente, en el que los colores joviales anuncian desde la lejanía la apertura de un vórtice luminoso que hala nuestra atención hacia los armónicos templos luminosos de la dicha universal. ¿Cuál es el parque de atracciones real?

El Mahabharata es también la historia de un choque con la realidad. A los príncipes protagonistas, quienes han nacido para cuidar y volver prósperos sus dominios, se les desmorona el reino entre las manos, a través de una guerra apocalíptica que ni pueden, ni quieren, ni saben cómo evitar.

Al final, quedan los destrozos, el recuerdo y la reflexión. Por esto Yudisthira, el príncipe heredero, pregunta a todos los maestros disponibles a su alrededor, en busca de una respuesta a esto que le ha pasado por encima: La vida.

Yudisthira cuestiona cada detalle de lo que ve. Observa los preparativos de su propia ceremonia de coronación y le pregunta al sacerdote encargado: «-¿Por qué hay cuatro oficiantes en cada ceremonia?»

Parece que su crisis es profunda, y gracias a ello podemos instruirnos los lectores también:

«-Escucha el supremo misterio» responde, atento al estado vulnerable del rey, el sacerdote:

«-el agente, la acción, el instrumento y la emancipación – estos son los cuatro sacerdotes oficiantes que envuelven el universo. Escucha cuáles son los medios que usan: La nariz, la lengua, los ojos, la piel, las orejas como quinta, la mente y la inteligencia – estas siete se conocen como las cualidades asociadas con el agente. Olor, sabor, forma, sonido, tacto como quinta, lo que se piensa y lo que se entiende – estas siete son las cualidades asociadas con la acción. El que huele, el que come, el que ve, el que toca, el que escucha como quinto, el que piensa y el que entiende – estos siete son conocidos como las cualidades asociadas al instrumento. Poseen cualidades, buenas o malas, y son consumidos por sus propias cualidades. La persona que se sabe estar más allá de las siete, y carente de cualidades, tiene motivos para la emancipación. Los entendidos saben que estas cualidades ocupan sus lugares respectivos. Son las formas de los dioses, que siempre disfrutan de las oblaciones. Los ignorantes consumen y desarrollan una sensación de propiedad. Este tipo de persona se cocina para sí misma y siempre es destruida por la sensación de propiedad. (…) Lo que es pensado por la mente, lo que es hablado en palabras, lo que es escuchado por los oídos, lo que es visto por los ojos, lo que es tocado por la piel, lo que es olido por la nariz – estos seis son como oblaciones que deberían ser reguladas por la mente. Estas cualidades deben ser ofrecidas al fuego resplandeciente que brama dentro del cuerpo.[1]»

«-Hay un gobernante, no hay otro» continúa el sacerdote: «-Allí donde voy me emplea siempre el mismo. El gobernante es el ser que está establecido en el corazón, y gobierna desde allí. Yo soy movido por él. Hay un solo maestro, no hay segundo; está en el corazón y siempre es de él de quién hablo. (…)

En una ocasión», sigue contando a Yudisthira el mismo sacerdote: «-las serpientes (naga) fueron a ver al ser primordial, al universo personificado (Prajapati), y le preguntaron: «-¿Qué es lo que sería mejor para nosotros?». El ilustre centro del universo (Brahma, en este caso sinónimo de Prajapati), pronunció la sílaba «Om». Oyendo esto huyeron todas las serpientes hacia direcciones diferentes. Habiendo oído lo que estaba destinado como instrucción para ellas, para su ser, se dispersaron.

La inclinación a morder apareció así entre las serpientes.  Los Asura desarrollaron la insolencia en su conducta. Los dioses fueron reclutados a la labor de ofrecer el auto-control a los sabios (Maharshis). Todos recibieron su instrucción personal a partir de una sola palabra».

Así que así es como es engrana el universo entero en una sola palabra. Como maquinaria de una enorme y compleja noria, en un parque de atracciones incomprensible. Todo engranado y apoyado en el corazón, que es uno solo y está en todas partes, que son el centro del universo.

Lo que comprende esto, cuando se comprende, si se comprende, se ofrece al fuego resplandeciente, intenso, que brama en el interior de nuestro cuerpo. Así es como moramos el parque de atracciones cósmico. El parque de atracciones galáctico. El parque de atracciones Universal.

Todo esto es Om.

[1] Todo el texto que cito en esta entrada proviene del Ashvamedikha Parva 25 y 26, en el Mahabharata.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

Subir ↑