Cuando leemos la palabra oráculo muchas veces pensamos en futurología: el arte de adivinar qué va a pasar los próximos días y meses. Pero hay otra manera de verlo.

Si lo pensamos, la respuesta de un oráculo, ya sea en imágenes, objetos, palabras o texto, responde a un gesto y a una pregunta, en tiempo presente. La lectura de un oráculo es relevante, e intensamente relevante, porque responde a una pregunta, normalmente candente, establecida enfáticamente en el presente: Qué debo hacer, ahora. Puede que espere, puede que empiece mañana, pero es ahora cuando quiero saber. Y es ahora cuando responde el oráculo, lo que sea.

La diferencia entre una narrativa oracular y cualquier otra es la pregunta. No un discurso general, ni neutro ni objetivo. Una respuesta al aquí y ahora. Y a mí. A mí, que quiero saber.

¡Y quiero saber!

¿Qué somos los humanos? ¿Por qué no nos entendemos, entre nosotros y con el planeta? ¿Qué sabemos y qué no? ¿Qué deberíamos saber?

Si sientes que queda mucho por descubrir este es el momento de avisarte que si vas a venir a la incubación oracular del Mahabharata el próximo 12 de Diciembre, para saber, hay que estar dispuesto a dejar atrás las creencias.

No se trata de especular sobre nuestro origen y el sentido de los textos ancestrales, sino de plantearnos seriamente si lo que sabemos sobre la realidad es suficiente.

¿Son los elementos que conocemos (agua, tierra, aire, fuego, sonido, mente, discernimiento y consciencia) los únicos que existen? ¿Cuáles son los limites del universo? ¿Controlamos lo que pensamos?

Todas estas cuestiones se vuelven banales si no las tomamos en serio. Pasatiempos. Y así también la vida.

El oráculo es la redención, cuando la vida se vuelve asfixiante, y el juego nos recuerda la importancia de entregarnos, y la seriedad, cuando la vida se vuelve insustancial. Los dos, juego y oráculo, están muy cerca. Uno transiciona hacia el otro sin que nos demos cuenta. La respuesta más seria se revela como un guiño de humor, cuando menos lo esperamos, y el pasatiempo más alegre nos pinza el corazón con un mensaje transcendental de manera sorprendente.

Mitología y religión son llaves que transforman recuerdos difusos y fantasiosos en la revelación que está por llegar.

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Manifestar Ahamkara (4):

La mesa en el centro. Patrones, cuentas, ritmos, retornos. Los dados caen, una y otra vez. ¿Movidos por el azar o guiados por una mano tramposa? No importa, porque detrás de todas las conspiraciones, quien ha reunido estas personas aquí -a estos enemigos- sigue siendo el divino azar.

Todos han decidido estar aquí: unos han venido a responder ante sus obligaciones, otros han venido a engañar y conjurar la caída de sus enemigos, pero en realidad ninguno adivina las consecuencias de esta partida amañada: la caída de toda su clase social. El fin de una era.

El plan de ninguno de ellos llega a ser tan ambicioso. Ni de lejos.

Imagen de Marco Luna ilustrations