La materia es infinita, porque no se cesa de transformar. En su aspecto no manifestado, latente, es el universo.
El universo es la base de todo lo que sabemos; es la base del conocimiento, pero el objetivo del conocimiento no es el mundo, sino lo que lleva a su creación. Y eso no tiene cualidades en sí mismo, ni es frío ni es caliente, y nunca se puede suprimir.
Las cualidades del mundo se pueden destruir: sus manifestaciones se deshacen, pero no la naturaleza en sí. Nunca. Todo nace de ella y todo vuelve a ella al morir. Si no asumes esto, por mucho que estudies, todos los textos sagrados no te van a servir. Serán una carga para ti.
El pez reside en el agua, pero aunque agua y pez estén juntos no son lo mismo. Lo que los diferencia es algo que no está fuera, sino dentro. Detrás de nuestra mirada hay un espejo, y en este espejo se complementa la naturaleza. Se reconoce su parte invisible en su parte oculta. Como si descubriera el trayecto oscuro del sol. El que hace de noche.
(Mahabharata, Shanti Parva 305)
Relato:
Este hombre que está aquí no es un hombre, es algo más. Su mirada no se esconde, no anticipa. No avanza ni retrocede.
Esta figura humana que está aquí, frente a Karna, bañada por el sol del mediodía, le pide su piel. Le pide la armadura mágica con la que nació.
Y Karna no puede decir no. No cuando es mediodía; cuando está en lo más alto el oro brillante de la bóveda celeste.
Lo que el desconocido pide es que Karna se vuelva vulnerable en la batalla. Vulnerable a Arjuna.
Y Karna aceptará. Por la palabra dada. Por su voto de no negar nada a la hora de la luz.
Pero pedirá algo a cambio esta vez, porque así le aconsejó ayer el sol.
Una lanza, va a pedir. Una lanza que se tira una sola vez, pero nunca falla.
Con esa lanza Karna apuesta por una sola oportunidad. Para matar a su enemigo, que lo espera, en la batalla que vendrá.
Así se configura el destino, por resonancia de impulsos aparentemente contradictorios. Porque Arjuna i Karna respiran el mismo oxígeno, pero son distintos. Dos máscaras de la naturaleza, que de ella vinieron y a ella volverán.
…
Esta entrada, y todas las que están cerrando este año 11 de Respirar el Mahabharata, proponen una forma de escucharnos, como humanos. Escuchar los sonidos delicados que se modulan más allá de la ideología y más allá de quienes nos pensamos como individuos. En este espacio, vasto, se está generando una nueva manera de ser. El Mahabharata tiene mucho de esto: de un mundo que se derrumba y una semilla que se traspasa a la siguiente generación. Por esto la presentación de este año se llama “Incubación”, y propondremos una manera nueva de escuchar la narración oral, donde el mito nos llevará a la intimidad donde germina el sueño, que es lugar desde el que nace la nueva realidad.
No te lo pierdas y reservate la fecha: Sábado 12 de Diciembre en Nau Coclea.
Imágen: Paula Rozanska
