La persona no obtiene nada por sus acciones o pensamientos, ni por donar nada. Todo lo que la persona obtiene, progresivamente, en el curso del tiempo es lo que ha sido decretado por el transcurrir de los hechos (por Brahmā: la expansión creadora) en sucesivos arreglos. Si no es por el tiempo, la persona es incapaz de obtener nada en particular, ni siquiera estudiando escrituras sagradas. Incluso un iluso puede obtener riquezas. El tiempo determina los resultados de las acciones.
Cuando es el tiempo de adversidad ni conjuros, ni operaciones y medicinas no dan fruto. Cuando los tiempos buenos llegan y es la hora de la prosperidad, es esto lo que asegura el éxito. Es por el tiempo que la lluvia se genera en las nubes. Es por el tiempo que los cuerpos de agua contienen flores de loto. Es por el tiempo que los árboles florecen en el bosque. Es por el tiempo que la noche es oscura y fresca. Es por el tiempo que el disco de la luna se vuelve lleno. Cuando no es el tiempo, no hay flores ni fruta en los árboles. Cuando no es el tiempo, los ríos no bajan con fuerza. Cuando no es el tiempo aves, serpientes, animales pequeños, elefantes y grandes depredadores en las montañas no enloquecen de pasión. Cuando no es el tiempo las mujeres no dan a luz. Cuando no es el tiempo el verano, invierno o monzón no llega. Cuando no es el tiempo uno no muere, ni nace. Cuando no es el tiempo el niño no empieza a hablar. Cuando no es el tiempo la juventud no llega. Cuando no se el tiempo las semillas no brotan. Cuando no es el tiempo el sol no aparece y, cuando no es el tiempo, tampoco se pone bajo el horizonte. Cuando no es el tiempo la luna no se encoge ni crece, ni las grandes olas del océano se inflaman y suben. (Raja dharma parva, 26)
¿Amor por el tiempo? Es la hora del ahora:
Una parte de mi muere con cada padre que pierde a su hijo, con cada bomba y cada bala; otra parte de mí nace con cada amanecer, con cada mirada y encuentro; con cada apretón de manos y abrazo. Con cada saludo.
Siete veces maldito cada día que olvido el dolor de los demás, y siete veces maldito si desprecio las flores que caen del cielo con cada amanecer. Desgarrados por el amor, temblamos por dentro, como hojas al viento, o como llamas de una hoguera.
No tengo soluciones ni curas. Mis manos están vacías. Por no tener, no tengo ni qué decir. No tengo palabras. Por esto narro el Mahābhārata.

Siempre gracias, Michael
¡A ti, Sigrid!