La sensación de pecado

Estaban los ejércitos alineados, como un mar de banderines, lanzas, elefantes y carros preparados para luchar. Y en medio de aquellas aguas de la destrucción había una isla; una llanura; una esplanada limpia de soldados. Un espacio abierto, en el que iban a chocar las armas y apagarse en los cuerpos la chispa vital.

Arjuna, el guerrero perfecto, entró en crisis porque reconoció en el bando opuesto a familiares y gente con la que había crecido.

-Lo que vamos a hacer es pāpā (पापा – pronunciado pápá) la dice a su compañero Krishna, y nos llevará a Nāraka (नरक).

La palabra sánscrita pápá se traduce a menudo por pecado, pero es interesante observar que algunas traducciones evitan esta opción, ofreciendo sustitutos como: destruir -o corromperlas buenas costumbres. Porque existe la idea de que la palabra sánscrita pápá no corresponde exactamente a la idea de pecado. Pápá es una transgresión de las normas de una ceremonia, consciente o no, que interfiere en su funcionamiento. También es una transgresión del código social. Como por ejemplo en el Mahābhārata los guerreros carentes de pápá son los que nunca se olvidan de atender a los invitados, de escuchar a los sabios y proteger a los necesitados. Recomiendo el escrito más exhaustivo sobre el uso de la palabra pápá del sanscritista Francisco Javier Rubio Orcecilla: El pecado, la culpa y la vergüenza en el pensamiento védico, donde menciona el concepto “cultura de la vergüenza” frente a la “cultura de la culpa”: una teoría que propone la opinión de que en la cultura sánscrita la transgresión se sanciona como error a corregir ritualmente, más que fuente de culpa personal.

En este verso (1.44) de la Bhagavad Gita Arjuna recuerda que la consecuencia de una transgresión no corregida (pápá) es el descenso a Náraka, un compendio de mundos subterráneos en los que a consciencia sufre castigos equivalentes a la transgresión efectuada: El adúltero se ve obligado a abrazar una estatua de la persona con quien transgredió el acuerdo matrimonial, hecha de hierro candente, el rey corrupto se ve obligado a nadar solo en fosares llenos de estiércol, etc.

El paso por Náraka es temporal, como lo es el dolor que causan las olas de pensamientos de culpa y auto-castigo. Quizá de ahí la elección de Emanuel Olsenberg, el traductor al hebreo de la Bhagavad Gita (1956), de equiparar Náraka a la palabra hebrea Shaol (שאול). Igual que Náraka, Shaol es una dimensión subterránea, más profunda que el abismo (tehóm: תהום) que se abre bajo la tierra, donde la estancia es temporal, porque Dios decide quién desciende a Shaol y quién asciende de él; así se menciona en el libro bíblico de Samuel (Libro 1, 2:6), donde también se describen rituales de comunicación con almas que se encuentran en los inframundos (Shaol).

Mi corazón está envuelto en niebla y me veo difuminado en el espejo.

¿Cuántas ramas he dejado rotas en el camino? ¿Cuántos caracoles habré pisado?

La traducción que E. Olsenberg propone para la palabra pápá es heta (חטא). Literalmente, lehtía, el verbo derivado de la raíz heta, significa fallar, errar la diana. Salirse del camino recto, errar el propósito del ser humano. Una etimología cercana a la del peccatum latín. Dejar de hacer lo que nos toca, o fallar en el intento, por inconsciencia.

Pero lo que me pregunto es si el enfoque llamado “cultura de la vergüenza” es tan diferente a una “cultura de la culpa”, o viceversa. Porque dicho así parece que sea la sociedad, el grupo humano, quien decide qué está bien y qué está mal, y si hay que sentir vergüenza o culpa, pero ¿hasta qué punto depende de nosotros?

¿Cómo vive cada uno de nosotros el impacto, cuando en las profundidades de nuestro ser nos damos cuenta que hemos dañado al mundo? ¿Dónde lo notamos? ¿De dónde viene este dolor?

El dolor de haber ofendido a un amigo, de habernos olvidado de la pena de un familiar, de darnos cuenta que hemos estado ignorando a nuestro hijo, o roto el juguete con el que le gustaba jugar, ¿de dónde viene? Más allá de la vergüenza o la culpa siento el dolor del mundo, en el estómago, y en los pulmones. Un dolor que compartimos todos los seres sintientes, las plantas sobre las que trepan los caracoles y nuestros antepasados, cuando nos visitan en sueños. Sé que lo sentimos todos, le demos el nombre que le demos, e independientemente de lo que decidamos hacer al respecto.

¿Cómo transitar este fuego? Sigamos leyendo la Bhagavad Gita, atentamente, en busca de una respuesta sincera a esta pregunta candente.

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