Cuando cuento historias sagradas de la India me parece percibir una mezcla de fascinación e incomodidad aparecer y diluirse en el espacio cada vez que suena el nombre de alguna de las cuatro castas indias. Y  cuando alguien me pregunta sobre las castas nunca sé qué responder. No lo sé, porque en primer lugar no soy indio, ni vivo en la india, y en segundo lugar tampoco siento que lo que pueda haber leído sobre el tema sea suficiente como para opinar sobre un sistema social que no me incumbe. Sin embargo el Mahabharata (Mahābhārata) está articulado dentro de una cosmovisión basada en la división por castas y por tanto empeñarme en contar y vivir el Mahabharata ignorando la piedra angular del dilema social de la obra sería absurdo.

El Mahabharata es un relato de la búsqueda de la justicia dentro de la injusticia, entre otras más cosas, y ambas polaridades están a menudo relacionadas con la estructura de castas. Pero ¿qué es injusto, el sistema de castas en sí o su aplicación? El tema es profundo, y atrae incluso a los altos videntes (Rishi (ŗșī)), a los que tienen la capacidad y la bendición de poder hablar directamente con los dioses. En el Bhavishya Purana (Bhavișya Purāņa) se explica que en algún punto fuera de nuestro cómputo del tiempo los altos videntes preguntaron a Brahma cómo se reconoce a un brahmana (brāhmaņa): «¿Es por su nacimiento en una familia determinada, por su conocimiento de los Veda, las características de su cuerpo, sus méritos en el campo de la autorealización, las cualidades de su comportamiento o las funciones prescritas que cumple en una sociedad?». Tener dudas sobre las castas sintoniza la frecuencia de nuestra mente con el debate extra-temporal de los altos videntes con Brahm­ā.

La pregunta de los sabios sirve para que Brahma (Brahmā),  después de haber sido instruido por Shiva (Śiva), pueda ofrecer a la humanidad una explicación esotérica sobre la sensible cuestión de las castas.

Como es habitual en los Purana, antes de entrar en materia el texto ofrece varias estrofas dedicadas a una alabanza a la sabiduría en general. En estas estrofas se pueden encontrar siempre las claves para entender la narración que viene después. En este caso, los Rishi cantan  que «las letras del alfabeto existen antes de ser pronunciadas, pero no pueden escucharse sin la ayuda de la lengua y la garganta». De la misma manera, los diferentes matices existen; pueden distinguirse «igual que una persona inteligente puede reconocer a un caballo entre las vacas» o «igual que se pueden distinguir un soldado, un elefante, un caballo, una vaca, cabra, camello o burro viendo sus colores y formas». Porque «Todos los seres vivos tienen diferentes características y deberes que los distinguen uno del otro».

¿Qué es lo que distingue los seres humanos? Esta es una pregunta mucho más sutil. Los seres humanos «no tienen características físicas tan distintas como los caballos y las vacas», pero hay algo en el comportamiento que nos distingue. Yo tengo un amigo que desde la adolescencia se han dedicado en cuerpo y alma a la acción social y otro quien siempre me decía que «iba a ser rico», y lo está consiguiendo. ¿Qué es lo que diferencia a estas dos personas?

¿Es que el nacimiento en una familia y condiciones sociales determinadas marca cómo vamos a enfrentar la vida? Según el Bhavishya Purana no funciona exactamente así: «una división de la sociedad basada solamente en el nacimiento es artificial y temporal. Puede parecer una realidad pero esto solamente es debido a la influencia de la práctica social de un período determinado. Tanto el que decide hacerse comerciante o el que decide hacerse doctor, son ambos el mismo ser humano, sin embargo sus profesiones son diferentes. Han elegido sus trabajos de acuerdo a su naturaleza y sus cualidades y no por la familia en la que han nacido». De hecho podrían haber sido hermanos y nacer en una misma familia. «Un padre puede tener cuatro hijos de cuatro castas distintas», dice el mismo Bhavishya Purana.

Las enseñanzas esotéricas de Brahma insisten, en que las condiciones sociales no marcan las cualidades de una persona sino algo más profundo.

Y me parece que en este punto del escrito es bueno que explique algo que a lo mejor sabes pero no está de más repetir:

Lo que llamamos en castellano castas se refiere a la división teórica de la sociedad india en la estructura de trabajadores, comerciantes, guerreros y sacerdotes – sūdra, vaishya, ksatriya y brāhmaņa-. Digo teórica porque esta división se basa en textos religiosos que explican que el mundo fue creado y sigue vibrando en estos cuatro matices. La palabra sánscrita que se usa para referirse a estos cuatro cuartos es varņa y se podría traducir también por matiz; he visto textos que hablan también de varņa en los colores y varņa de sonidos o varņa musicales. Sūdra, vaishya, ksatriya y brāhmaņa son varņa, matices de la humanidad. Esta división es teórica, porque a la hora de la verdad la división social en la india es y ha sido siempre mucho más articulada que estas cuatro divisiones. Parece ser que en la división social en la India juega un papel mucho más importante el llamado jati, nacimiento, que los varņa. Recomiendo el libro de Agustín Paniker: La sociedad de castas. Religión y política en la India, para leer un estudio a fondo sobre el funcionamiento político-social indio marcado por nacimientos, pero analizar la interpretación política de las “castas” no es el objetivo de este escrito.

Lo que quiero explicar es en qué afecta a este proyecto llamado respirar el Mahabharata la visión del mundo estructurada en estos cuatro matices, y de paso comparto la inspiradora explicación del Bhavishya Purana sobre el tema.

Según el Bhavishya Purana: «el nacimiento (jati) en una familia particular no determina las cualidades (varņa) de uno». Esta es la primera vez que me encuentro con un texto indio tradicional que diga de manera tan literal que lo que determina las cualidades de brahmán o ksatriya no es el árbol genealógico sino la actitud de uno en la vida. Y probablemente hayan suficientes personas en el mundo que puedan refutar esta interpretación con otros textos relevantes pero repito, no me interesa discutir la política de otros países. Lo que me interesa es que un texto sagrado indio diga que los varna (varņa) son algo sutil que afecta el comportamiento y más importante aún, que no son una condición fija sino un elemento en transformación. El Bhavishya Purana cuenta que siete cazadores que vivieron entre los bosques del monte Kālanjara (¿término de la vejez, en sánscrito?) renacieron como perdices en la isla de las flechas (śaradvīpa), después como cisnes en el profundo lago de la mente (Mānasa-sarovara) y finalmente como brahmanes con una vasta comprensión de la sabiduría (veda) en kurukșetra, el campo sobre el que se desarrolló la batalla central del Mahabharata.

Es una historia que me lleva a un ensoñación meditativa y me despierta el recuerdo vago de una misma explicación sobre esta cuestión, ofrecida por dos maestros distintos de budismo zen, por separado, durante la meditación que guió cada uno, según la cual la encarnación es un fenómeno continuo; de hecho renacemos en la realidad en cada segundo. La historia de los siete cazadores es algo más que una habladuría sobre unos hombres que existieron en alguna parte, en algún momento; es una historia que estamos compartiendo ahora y tiene un sentido ahora, cuando yo la escribo y cuando tú la lees.  La historia de los siete cazadores, en el contexto en el que viene, en el Bhavishya Purana, me habla de transformación, y de que allí donde ponen la atención los siete es allí donde renacen. En realidad ni siquiera podemos llamarlos los siete cazadores, por lo menos no con más razón que si los llamáramos las siete perdices, los siete cisnes o los siete brahmanes. Los dilemas sobre varna que atraviesan los diálogos de todo el Mahabharata se vuelven muy interesantes si los integramos todos como diferentes enfoques a la misma pregunta existencial de si “¿estoy haciendo lo que me toca?” O “¿Estoy haciendo lo mejor que podría hacer?

El matiz en el que se expresa el interior es algo que está en transformación y no se puede reconocer por los signos exteriores como el físico y las acciones rituales de uno: «Uno puede estar dedicado día y noche a los ritos propios de un brahmán con mente de sudra». Sin embargo, el matiz que nos mueve, el matiz que anima nuestro cuerpo, no puede expresarse de otra manera que con acciones. Esta parece ser la paradoja del juego. Igual que las letras necesitan de la lengua y el paladar para expresarse, el varna necesita al cuerpo humano para expresarse, pero las acciones exteriores no son suficientes para que nadie pueda juzar el varna de otra persona. El propio matiz solo lo reconoce uno mismo, en su interior. Actuar de acuerdo al propio matiz es un gran acto de sinceridad, y de autoconocimiento.

 

Buscar lo correcto es una búsqueda vital, intuyo. De momento, sé que los brahmanes tienen la capacidad de reconocer el camino de la liberación escuchando o cantando los Veda. Yo a esto no llego. Sin embargo en el Devi Bhagavata Purana (Devī Bhāgavatpurāņa – El purana de la diosa suprema) se dice que las historias sagradas, como los purana, o el mismo Mahabharata, están hechas para mujeres y sudra. Son historias que atraen sobre todo a mujeres y sudra que desean ávidamente la liberación. En esto sí me identifico. No sé si porque mi mentalidad es de Sudra, o muy femenina, pero sí, deseo ávidamente la libertad, y me apasionan estas historias sagradas.

En resumen, los dilemas relacionados con la casta no me afectan a nivel social porque no he nacido en la india, pero observar si mis tendencias son de brahmán, ksatriya, vaishya o sudra y asumir cómo son mis acciones y cuáles son mis hábitos con sinceridad es un ejercicio de autoconsciencia que sirve para reconocer la libertad que tengo a la hora de elegir cómo quiero actuar.

Hay un verso en el Sutra Lankavatara[1] que dice que «un sueño, la sombra o el reflejo ni pertenecen ni dejan de pertenecer al cuerpo». De la misma manera, los cuatro matices del ánima son una estructura que ni me pertenece ni me deja de pertenecer, igual que los purana y el Mahabharata. Lo que queda para mí es el ávido interés por estas historias y el anhelo de seguir compartiéndolas.

 

(Todas las citas de este texto proceden de los capítulos 38 y 39 del Bhavishya Purana).

[1] Sutra Lankavatara, capítulo 2, verso LII, traducción de Red Pine para Counterpoint Press, Berkley, 2012.