Cuando empecé este blog lo hice para obligarme a estar inmerso en el Mahabharata durante 12 años y para compartir esta experiencia con quien pudiera estar interesado. Esto tiene una implicación que está cobrando una importancia especial ester año, y probablemente sea el tema principal de la presentación del 12.12.2025. Esta es: que me encuentro a menudo -en sesiones de narración del Mahabharata- con la costumbre de pensar que podemos entender qué pone en un texto, qué significa o en qué contexto fue escrito, sin cambiar nosotros. Como si fuéramos una realidad objetiva estable y fuera posible elegir un texto, o expresión cultural, comprender qué pone en él, y decidir si lo aplicamos a nuestra vida o no. Decidir si queremos cambiar o no, como quien dice. Pero esto me parece una ilusión.

No podemos leer nada sin cambiar un poco al hacerlo. Y nunca entendemos un texto de manera objetiva. Siempre lo hacemos a nuestra manera; y nuestra manera se enmarca en la de un colectivo.

El interés que pueda tener este blog es el de compartir un proceso de cambio frente a un referente: el Mahabharata. Y el interés que pueda tener un ejercicio así es la exploración de la transformación como fenómeno.

Cuando me comprometí a escribir cada quince días sobre el Mahabharata a lo largo de doce años lo hice sabiendo que sería difícil y que algunas entradas mencionarían el Mahabharata brevemente, para desarrollar otros puntos. Esta es una de ellas, y propongo más preguntas que no respuestas.

En estos quince días que han pasado desde la entrada anterior estuve en el segundo festival de teatro argentino de Barcelona y pude ver una versión infantil de Sueño de una noche de verano de William Shakespeare por la compañía Criolla. Una ejecución que me hizo llorar porque me recordó la magia que tiene el teatro cuando se hace tan bien, y la profundidad que tiene la propuesta lúdica de Shakespeare, de saltar entre tantos niveles de realidad cuando unos actores representan a unos actores hechizados por hadas mientras ensayan en el bosque una obra de teatro.

¿Qué nos pasa como humanos cuando compartimos el espacio con otros seres humanos que desgranan ante nosotros las posibilidades de la ficción?¿Qué nos pasa en el cuerpo, y qué transcendencia tiene esto?

Pregunto, porque en el Mahabharata, Bhishma, como consejero, recomienda al próximo rey Yudisthira expulsar del reino a borrachos, locos y actores. O Nartaka, en sánscrito, de nr(i)ta: bailar, remitiendo a la tradición india, donde danza y teatro no están separados, de manera que actores son también bailarines.

¿Por qué representan una amenaza al orden del reino?

Aquí es donde tengo más preguntas que respuestas. Porque toda respuesta sería una suposición.

¿Qué sabemos de la época del Mahabharata?¿Qué sabemos de cómo era un reino en aquella época?¿Qué sabemos del arte representativo de aquella época?

¿Acaso no se representa el mismo Mahabharata en danza teatralizada?¿No son los actores bailarines quienes perpetúan el legado del Mahabharata?¿No estará la obra jugando con nostros un poco?

¿No estará el mundo, o la vida, jugando un poco con nosotros?

No estoy apuntando al nihilismo; a la desidia de levantar las manos y decidir que no sabemos nada. Al contrario, sabemos muchísimas cosas, pero me pregunto cómo las combinamos.

¿Cómo interpretamos todo lo que sabemos, y para qué?

Imágen de Emma Constantini