Orgasmos y lágrimas es el título provisional que se me ha ocurrido ponerle a la presentación del primer año de este proyecto. Lo he consultado con varias personas de confianza y me han hecho desistir, con pocos argumentos verbales pero muchas expresiones faciales como levantar los ojos, curvar los labios, etc. Algo me dice que no debería usar este título para la narración pero lo aprovecho para titular una entrada del blog y voy a explicar de dónde ha salido la idea y qué tiene que ver con el Mahābhārata.

Todavía quedan meses para el 12 de Diciembre, el día del estreno definitivo, pero el próximo 23 de Junio vamos a presentar un esbozo del trabajo (lo que se llama en el argot artístico work in progress) para el festival de performance Experimental Room Festival (http://www.experimentalroomfestival.com/) y para ello ya hemos ordenado el material que se incluirá en la narración del primer año. El trabajo a partir de ahora será el de mejorar la presentación y ampliar mis conocimientos de las historias menores, o laterales, que llenan el esquema central del primer año. Este esquema se compone de una ordenación de los argumentos principales de las historias que contienen Anukramika Parva hasta Ambhava Parva, para los más entendidos, o todo lo que se cuenta hasta el momento de narrar el nacimiento de los Pandava. Los primeros pasos de los Pandava sobre la tierra, y sus primeras aventuras, serán ya material del segundo año.

¿Por qué orgasmos y lágrimas? Este título tan entregado tiene que ver con la historia de Yayati, y su hijo Puru, los ancestros de los Pandava. Esta es una historia que aparece tanto en el Mahābhārata como en el Bhāgavata Purāņa, en versiones que se complementan una a otra, y añade un quiebre muy mundano al tono tan simbólico del inicio del Mahābhārata.

El Mahābhārata comienza con un ritual, en el que un rey, nieto de los Pandava, pregunta por su linaje. Pregunta ¿por qué el mundo está cómo está? ¿Qué pasó en la gran guerra en la que luchó su abuelo junto a sus hermanos? Y ¿de dónde viene su linaje?

Para explicar el origen de la guerra, y del linaje del rey, el narrador comienza explicando el origen del universo. El batir del océano universal, el nacimiento de Garuḍa y las serpientes, las luchas de los dioses con sus enemigos los asuras, el nacimiento de Bhārata, el primer antepasado, y después, el narrador explica la historia de Yayati, uno de los antepasados de los Pandava. Por qué, entre todos los reyes ilustres del linaje de los Pandava, el narrador se para precisamente en Yayati, en mi opinión la razón tiene que ver con el título que le he puesto a esta entrada.

La historia de Yayati se cuenta de manera muy escueta, casi como un telegrama, pero contiene las semillas de todas las pasiones humanas.  Intervienen cuatro personajes principales, aparte de Yayati:

Shukra, el gurú de los Asura

Devayānī, la hija de Shukra

Kacha, brahmán joven del mundo de los dioses

Shramishta, la princesa Asura

Recomiendo al lector volver a estos nombres en caso de perder el hilo, lo que viene a continuación es todo un culebrón, pero vale la pena el esfuerzo porque el mensaje es muy poético.

Los Asura, son los enemigos de los dioses. El universo flota en Dios; nosotros vemos los fenómenos y nos pensamos que son fijos, pero estos flotan, toman forma, cambian y desaparecen en Dios. Quienes rigen los fenómenos y cuidan de que se mantengan en equilibrio son los deva, que traducimos al castellano por dioses. Dios está de parte de los deva; los deva son seres justos y su único defecto es una sutil adicción al placer. Los asura, son seres equivalentes a los deva en cualidades y capacidades, pero el defecto de los asura es una sutil adicción al poder. Los asura no deberían regir los fenómenos, porque podrían acabar queriéndolos controlar. Los deva sin embargo no abusan de su poder para controlar, solo se pierden ocasionalmente en la satisfacción excesiva.

Los deva y los asura están siempre en guerra, porque los asura quieren el poder y Dios cuida de que este quede de parte de los deva. Para el lector escéptico hago un inciso para recordar que no es necesario creerse esta historia para poderla disfrutar.

Los asura tienen un gurú, de nombre Shukra. Shukra es un mago oscuro, podríamos decir en lenguaje más propio de la saga del Señor de los anillos. Shukra es un brahmán, aprendiz e hijo del sabio que transmitió todo el conocimiento de los astros a la humanidad[1], que se pasó al lado de los asura. Shukra tiene el poder de revivir a los muertos y lo usa para ayudar a los asura, reviviendo a los héroes caídos en las batallas. Shukra tiene una hija, joven y bella, llamada Devayānī.

Los deva, preocupados por la ventaja que les tienen los asura, deciden robarle el secreto a Shukra. Para hacerlo enrolan a Kacha, un aprendiz de brahmán joven, bello y galán. Los deva convencen a Kacha que suplique con sus bellas palabras a Shukra para que este le acepte como alumno y que a la vez seduzca también  a la hija de Shukra, con su carácter amable, para que esta haga presión sobre su y le inste a enseñarle a Kacha su artes mágicas.

Kacha lo consigue. Enamora a Devayānī, convence a Shukra y consigue aprender de él el arte secreto de revivir a los muertos. Cuando lo consigue, Kacha se queda quinientos años más al servicio de Shukra y después pide a su maestro que le deje continuar su camino.

El problema es que Devayānī está enamorada de él. Devayānī se declara a Kacha y este la rechaza diciéndole que él es un renunciante, y célibe, por tanto no puede consentir a las necesidades pasionales de Devayānī. Esta se ofende, y tal vez con razón porque la historia deja intuir que Kacha sí ha estado flirteando con ella todos estos años. Devayānī se enfada y maldice a Kacha: le dice que nunca podrá usar nada de lo que ha aprendido. Kacha no podrá revivir a ningún muerto por tanto, a causa de la maldición de Devayānī.

Kacha acepta la maldición, pero le dice a Devayānī que si bien él no podrá usar el conocimiento recibido, en cambio sí podrá hacerlo otra persona. Si Kacha enseña a alguien el poder de revivir a los muertos, esta persona sí podrá usarlo.  – El texto pasa rápido por esta cuestión pero si nos detenemos un momento podemos observar que se está hablando aquí de la esencia de la transmisión; la transmisión de conocimiento de persona a persona, generación a generación. Esto es muy relevante porque toda esta primera parte del Mahābhārata habla de linaje y transmisión.  – Volviendo a la historia, Kacha responde lo dicho a Devayānī y la maldice también: la condena con sus palabras a no quedar satisfecha nunca con su vida. Esto sería el final de uno de los capítulos del culebrón.

En el siguiente capítulo, Devayānī está bañándose en un lago con Shramishta, la princesa asura, y sus ayudantes. Todas las chicas entran en el agua y el viento barre con una ráfaga todas las telas que han dejado en la orilla. Cuando salen del agua, las chicas se confunden y Shramishta se pone el sari, o el vestido tradicional indio, de Devayānī. No se trata de cualquier sari sino de un sari rojo que perteneció a la esposa de Indra, el rey de los deva. Ahora lo lleva puesto la princesa asura, y Devayānī se enfada. Shramishta y Devayānī chocan, se discuten y en el calor y la intensidad de la discusión se dañan con las palabras. Devayānī le dice a Shramishta que dado que es una noble, y asura, es inferior a ella y siente que está ensuciando el sari que le pertenece. Shramishta se ofende y le responde a Devayānī que si se enorgullece tanto de ser hija de un sacerdote, que piense que no es más que la hija de un mendicante que vive de las limosnas del rey, su padre. –si se mira, una discusión muy vulgar, de niñas, un equivalente mágico de la discusión de guardería del tipo “mi padre es más fuerte que el tuyo”, pero los dardos que se lanzan van hondo, y si uno sigue su estela puede llegar a cuestionarse pilares centrales del orden social. Estamos hablando del papel de la religión, o si se quiere también llevar a un plano más contemporáneo, de lo inmaterial en la sociedad. Cuando el festival Primavera Sound de Barcelona recibe 170.000 euros del ayuntamiento de la ciudad ¿quién es el mendicante, el ayuntamiento o el festival?¿Qué utilidad tiene invertir en lo inmaterial?

Shramishta, como princesa e hija de guerreros, no se contenta con las palabras y empuja a Devayānī además a un pozo. Aquí termina el segundo capítulo del culebrón.

En el siguiente capítulo aparece Yayati. Yayati es un rey humano; está pasando por el reino de los Asura persiguiendo caza. Por lo que parece, un personaje bastante ocioso. Escucha una voz viniendo desde el pozo y rescata de él a Devayānī, que le ofrece su mano derecha, “con uñas del color del cobre”. Hechas las presentaciones, Devayānī le explica a Yayati que dado que la ha rescatado dándole la mano derecha, ellos dos ya están casados. Yayati acepta, sin más. Dado el carácter conciso del texto, el lector puede hacerse muchas conclusiones de esta particular decisión. ¿Es Yayati un rey con poco carácter?

Devayānī y Yayati se disponen a casarse y además, como plato fuerte de este capítulo, Devayānī se niega a entrar en la ciudad y exige que su padre salga a hablar con ella. Cuando llega Shukra, Devayānī le cuenta lo que le ha dicho la princesa y Shukra amenaza con irse del reino asura y llevarse con él el secreto para resucitar a los héroes muertos (imaginemos que el Primavera Sound amenaza con irse a otra ciudad). El rey suplica a Shukra que no lo haga y ofrece a Devayānī lo que sea con tal de que se calme y convenza a su padre de que no se vaya. Devayānī exige como regalo de bodas a la princesa. Exige llevarse a Shramishta con ella al palacio de Yayati, pero como esclava. Y con este terrible golpe de efecto termina otro capítulo del culebrón.

La mayor sorpresa, sin embargo, lo reserva el último capítulo del culebrón, y con esto termino y explico un poco mejor el título Orgasmos y lágrimas.

Yayati, entrando en la vejez, siente que no ha disfrutado suficientemente de los placeres de la vida y recibe de otro mago la posibilidad de intercambiar su edad con uno de sus hijos. Yayati le ofrece a Yadu, el primer hijo que nació de su matrimonio con Devayānī, intercambiar edades a cambio del reino. Yadu recibiría el reino inmediatamente y Yayati la juventud de su hijo, porque “no ha saciado su hambre de placer con las mujeres”, dice el texto literalmente. Yadu se niega, dice que su padre ha perdido la razón, y en este momento tan crítico aparece en el palacio Puru, el hijo de Yayati con… ¡Shramishta!, la princesa asura esclavizada. Dado que están relacionados genéticamente, la magia funcionaría con Puru, el hijo ilegítimo del rey, y Yayati no se lo piensa dos veces. Desde ese día Puru pasa a reinar el planeta desde el centro del continente principal. Este es el antepasado de los Pandava y por ello se les llama también Pauravas: descendientes de Puru.

Así termina el culebrón de Yayati.

Más que una historia, el caso de Yayati es un guión. Hay narraciones en el Mahābhārata, como el nacimiento de Garuḍa o el batir del océano universal, en los que un único acto simbólico se describe con detalle y se convierte en una narración poética de varias páginas, pero el episodio de Yayati es el caso opuesto. En pocas líneas se ofrecen los puntos clave, las bisagras, de una historia condensada que incluye semillas de las pasiones humanas principales: El amor no correspondido, el complot político, apego de padres a hijos, el poder de la transmisión generacional, la ofensa y el apego al estatus social, el deseo de venganza, el deber de los reyes hacia su pueblo y siempre el efecto transgresor del deseo sexual de trasfondo, que termina en la transmisión del reino a un hijo bastardo.

Si leemos los inicios del Mahābhārata como una introducción al nacimiento de los Pandava, el conjunto de elementos que barajan los relatos principales, las líneas argumentales que atraviesan la estructura circular de la narración, es muy relevante. Son relatos que van de lo más simbólico a lo más material. La narración pasa por el batir del océano universal como esencia de la creación, por explicaciones de la relación del cielo con la tierra y de los símbolos que puedan representar esta tensión de opuestos, la relación de los elementos primordiales con la creación y finalmente, la pasión humana: banal, material y tan incontrolable como imprescindible. Imprescindible porque un nacimiento, al final, pasa por un acto de pasión, por el arrebato que sufren dos cuerpos humanos. Quién escucha el Mahābhārata puede saborear el elixir de la inmortalidad, dice y repite el texto de la obra, y el elixir de la inmortalidad parece que sea la vida misma. La vida que atraviesa los símbolos y los cuerpos y mezcla fantasías y reflexiones con instintos y arrebatos. La vida es una sola, y además de los sueños la vida atraviesa los cuerpos, se condensa, hincha y exprime de las glándulas humanas orgasmos y lágrimas, como el mejor culebrón, el culebrón interminable. El culebrón inmortal.

La pintura utilizada para la portada de esta publicación forma parte de una serie de pinturas alrededor de la historia de Yayati, realizadas por el artista plástico contemporáneo A. Ramachandran: http://www.artoframachandran.com/

[1] Bhŗgu, ver Bhŗgu Samhita