¿Dónde se encuentra la paz?

El Mundo tiene una dinámica. Vibra: resuena, funciona, existe. El mundo se condensa y se dilata, se despliega y se repliega en sí mismo, en una dinámica que algunos ven como una batalla, entre los deva y los asura, por la posesión del elixir de la inmortalidad. Una batalla entre liberación y el poder, que tiene lugar en el corazón de todos los mundos. Todo conflicto es un eco de esta batalla constante. Toda dinámica de resistencia interna, todo rechazo. Pero también los grandes conflictos externos, como las discusiones, e incluso aquella batalla total que tuvo lugar al fin de la era anterior, antes de que empezara la historia de la humanidad tal como la conocemos. Aquella batalla del campo de los Kuru (kurukshetra), que unió a los luchadores de la tierra en una rueda de todas las emociones posibles:

Donde flechas de hierro esparcían a los soldados como el viento dispersando una masa de nubes. Una visión bella, incluso, para quienes lo pudieran ver. Y donde guerreros orgullosos de su linaje y proezas se caían ridículamente de culo en sus carros, abrumados por el ruido de los insultos y los gritos de – ¡ataca! ¡dale! ¡vamos! ¡golpea! – que sonaban en todas las direcciones. En un remolino triste en el que miles de familias, nombres y linajes desaparecieron, engullidos por la furia que hacía avanzar a todos, insensibles al dolor. Como leones en el bosque deseando la misma hembra.

En aquél campo de batalla se plantó Bhishma, el hijo del Ganges y de los elementos; hijo del cielo y la tierra, y decidió que ya no iba a vivir. Y lo decidió sin miedo, y sin rencor; solo con heroísmo.

Él, que podía decidir cuándo iba a morir, había matado miles de hombres las jornadas anteriores, junto a miles de elefantes y caballos, mientras avanzaba como la terrorífica muerte con la boca abierta, por aquel campo de batalla en el que cuerpos eran cercenados por la mitad y cabezas arrancadas. Elefantes, caballos, carros y guerreros caían en todas las direcciones. Príncipes y generales eran desmembrados por ruedas de carros y pisados por elefantes y caballos. La tierra estaba cubierta de carros rotos y ruedas quebradas; la merodeaban perros, cuervos, buitres, chacales y animales desagradables, que aullaban ante la visión de la carne.

Bhishma vio como Arjuna, el guerrero que se había amigado con los dioses, que era también su nieto, discípulo, y ahora enemigo, invocaba un arma mágica que hizo llover millones de flechas, que caían sobre todos los carros desde el cielo, como si fueran los rayos del sol.

Ante aquella visión maravillosa Bhishma entendió que era el momento de renunciar. Había pasado por la rueda de todas las emociones: el enamoramiento (shringara), lo cómico (hasya), la pena (karuna), la furia (raudra), el heroísmo (vira), el miedo (bhayánaka), el asco (bibhatsu) y la maravilla (adbhuta). Lo que quedaba en él era solo paz (shanti), aquello que subyace a todas las emociones, que es inexpresable e imposible de representar, pero aflora cada vez que se equilibra el resto de los sentimientos, o cuando se dejan pasar las olas de todas las emociones. Shanti, paz, aquello que somos, aún cuando lo olvidamos.

¿Quién inventó el Mahabharata?

El sociólogo Michel Certeau escribió sobre el mito que es “un discurso no experimental que autoriza y reglamenta unas prácticas»[1] . Y no pretendo discutir los matices de las ideas de Michel Certeau, pero es interesante aislar esta frase porque expresa una manera de ver el mito que está muy difundida, pero el planteamiento de este proyecto/blog es precisamente el contrario: El mito expresa, en forma de narración, algo que es experimentado por todos, pero es demasiado sutil para ser definido.

Porque el mito no define, sino que es un cuento que inspira y apunta hacia un tipo de consciencia que no es mental. El mito no define, pero sí es experimentable. De hecho, estamos viviendo el mito todo el tiempo, aunque nuestros pensamientos no nos lo permitan ver.

Que muchas prácticas rituales se reglamenten en base a mitos es cierto, pero eso -y el abuso político ligado a las normas- no significa que el mito sea inventado por una ni por varias mentes; o que no sea experimental.

El Mahābhārata habla de una realidad. De nuestra realidad. Pero de un aspecto tan sutil de ellaque ni siquiera se puede señalar. Porque el Mahābhārata habla de la raíz de la realidad.

¿Y cuál es esta raíz? ¿Dónde está? ¿Qué nombre tiene? Yo no podría decirlo. Pero el Mahābhārata sí lo hace: La llama el fin del universo, y aquello que lo crea. La gloria, y la manifestación del universo. Esta raíz es Krishna.

El hilo argumental de este sexto año de Respirar el Mahābhārata ha sido el desarrollo de la pregunta de cómo encontrar a Krishna en el mundo moderno. En la entrada pasada compartí la historia de las campesinas (Gopi) que tienen que desnudarse para encontrarse con Krishna, y pensé que para llegar a Krishna tengo que desnudarme yo, en lugar de buscarlo fuera. ¿Pero qué queda cuando uno se desnuda de sí mismo?

Pues los sentidos, y el espacio inmensurable que los contiene. La consciencia, en la que se manifiestan todos los mundos. Un misterio incomprensible, y el lugar en el que se pueden manifestar las características de un animal, o de un amado. Un palacio del deseo, abismo de destrucción o fuente de la vida.

Todo esto es Krishna. Y Krishna nació en la tierra para continuar su historia. Para salvar al planeta. Para salvar todos los mundos. El Mahābhārata no es ninguna historia inventada. Es el relato de algo que recordamos, sin saberlo del todo. Algo que recordamos sin entender qué es lo que recordamos. Porque pasó antes de las concepciones que tenemos ahora del mundo; antes de la historia registrable, antes de que naciera esta humanidad como la conocemos. El Mahābhārata nos recuerda eso que olvidamos cada vez que pensamos.

Este escrito está inspirado por el fragmento 61 de Bhishma Vadha Parva, en el Mahābhārata.

Con la siguiente entrada vamos a cerrar este sexto año de Respirar el Mahābhārata, y prepararnos para el estreno del sexto espectáculo. Si lees esto antes del 13 de Noviembre, y estás cerca de Barcelona, puedes asistir al ensayo general en la sala del colectivo cultural CRA’P, el próximo 13 de Noviembre. La entrada al ensayo general es gratuita, y haremos un pequeño debate con vermut para compartir impresiones.

El estreno del 12 del 12 tendrá lugar en la sala Equilibrium Yoga, en Barcelona.


[1] citado por Mabel Moraña en Pensar el cuerpo; historia materialidad y símbolo, Herder, 2021.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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