En este blog comparto, cada quince días, cómo se va transformando mi lectura del Mahabharataa través del tiempo:

Hay un momento en el que se mezcla el semen con la sangre y se genera un embrión. El embrión acumula tejido y manifiesta extremidades, en las que se juntan uñas y pelo. A los nueve meses nace una criatura y esta recibe un nombre, cuando se decide si es hombre o mujer.
Cuando la persona se transforma en niño, ya no se puede ver por ninguna parte su forma de recién nacido. El niño se vuelve joven y el joven, anciano. En cada fase, la forma anterior desaparece. Estas transformaciones ocurren en todas las criaturas; son tan sutiles que no se perciben.
El inicio y el fin de cada uno de estos cambios no se pueden ver, oh rey, igual que uno no puede discernir el movimiento de la llama de una lámpara. Así es la creación: corriendo a través de todo como un caballo bien entrenado.

Así hablaba la asceta Sulabha a un rey del linaje de Mithila, mítico linaje de reyes sabios.

Así son también los cambios en este blog: sutiles e imperceptibles. Pero hay un objetivo. No estoy compartiendo solamente un fragmento de mi vida a la luz del Mahabharata: estoy preparando una narración oral de esta obra. Busco el formato ideal para compartir su profundidad y su riqueza; una obra tan especial que permite tantas lecturas paralelas.

En esta búsqueda me he cansado de la interpretación o de la comparación textual. Es como si el océano de palabras que es el Mahabharata me invitara a sintetizar y a elegir bien. Por eso me quedo con una sola cosa de esta maravillosa historia del encuentro del rey de Mithila con Sulabha:

Sulabha es una mujer que vive sola, peregrinando de bosque en bosque, dedicada a ese acto heroico y enigmático que es la “liberación”. No la defino como maga, sabia, ermitaña ni asceta, además de haberla definido ya como mujer, precisamente porque el debate que mantiene con el rey gira en torno a las definiciones. Él le pregunta quién es, de dónde viene y a quién pertenece. Quiere saberlo antes de que ella le demuestre si está liberada o no. Y Sulabha responde que, si todavía necesita preguntar estas cosas, le falta mucho para liberarse.

«Nací en el linaje del oráculo (rishi) Pradhana. Las montañas Drona, Shatashringa y Vakradavara vinieron al altar de mis ancestros cuando ofrecieron sus sacrificios, así como Maghavan (el dueño de las nubes, dios de la lluvia). Y con un linaje así era imposible encontrar marido para mí».

Con esta imagen me basta: un instante en el que el texto se rompe y deja pasar el aroma del bosque, rociado por unos pocos humanos prehistóricos que marcan senderos invisibles en él para la posteridad.

(El encuentro entre Sulabha y el rey Mithila se narra en el Mahabharata 12.308, dentro del episodio Moksha Dharma Parva.)