Lo más importante es mantener el poder. Sin poder no hay abundancia (śrī), y sin abundancia no puede haber orden (dharma). Por eso, un rey debe conservar ante todo el poder. Si las circunstancias lo exigen —en situaciones extremas— puede incluso aliarse con enemigos, pactar con bandidos o saquear los tesoros de otros reinos.
Así lo afirma Bhishma en el Apad Dharma Parva del Mahabharata, donde expone su visión del poder a Yudhisthira, el último rey de una era. Porque el Mahabharata transmite sobre todo acciones, decisiones y conversaciones de protagonistas que vivieron en un tiempo difícil de imaginar. Un tiempo sin templos: la palabra templo no aparece ni una sola vez en sus más de siete mil páginas. Nadie va a templos; se visita lo sagrado en árboles, lagos y ríos. Allí se realizan ritos que los protagonistas ya saben ejecutar como por efecto de su formación personal.
En esa era sin templos, Bhishma fue un noble que debió ser rey, pero renunció al trono para que su padre pudiera casarse con Satyavati, su amante. Aun así, años después, fue él quien ofreció a Yudhisthira —un rey criticado, acusado de anhelar la vida religiosa más que la política— enseñanzas fundamentales sobre el arte de gobernar.
—No hay que confiar en nadie —le dice Bhishma. Y para ilustrarlo, le cuenta una historia:
Un ratón salió de su escondite y vio a un gato atrapado en una trampa de cazador. Al mismo tiempo, se dio cuenta de que un águila lo acechaba desde lo alto, lista para devorarlo. Entonces, el ratón propuso un trato al gato:
—Yo te liberaré, si tú espantas al águila.
El gato aceptó. Pero el ratón no mordió todas las cuerdas: solo las suficientes para que el gato pudiera usar sus garras y asustar al ave, pero no las que le permitirían huir.
—Ahora somos hermanos —le decía el gato—. Me has salvado la vida. Puedes confiar en mí.
Pero el ratón no se dejó engañar. Solo cuando vio al cazador acercarse entre la maleza, terminó de roer las cuerdas y dejó que el gato escapara.
Las alianzas son necesarias, dice Bhishma, pero no debemos confundirlas con la confianza. Hay que cuidar los propios intereses.
Sin embargo, lo que me pregunto es: ¿por qué Bhishma, que no confía en nadie, decide transmitir su conocimiento a Yudhisthira?
La pregunta de fondo aquí es la de la transmisión. ¿Por qué luchamos por un mundo mejor cuando nuestras acciones parecen no tener frutos ni recompensas? ¿Por qué deseamos dejar algo a las generaciones futuras, si lo que hemos recibido no ha funcionado del todo para nosotros?
Creo que nada de esto tiene sentido si lo vivimos desde la individualidad. Es como cuando me preguntan cómo me siento al ser padre, o por qué decidí serlo. Y pienso que, aunque uno toma ciertas decisiones, en realidad no somos nosotros quienes elegimos a nuestros hijos, sino ellos a nosotros. Hay parejas que desean tener hijos y no lo logran, y otras que no los buscan y terminan teniéndolos. Es la vida la que decide nacer, y elige a quiénes utilizar para hacerlo.
Así también, el poder encuentra maneras de continuar, igual que la justicia y la compasión.
Bhishma y Yudhisthira son arrastrados por algo más grande que ellos —como remolinos en un río. Igual que todos nosotros. La vida existe gracias a los seres vivientes, y los seres vivientes existen gracias a la vida. El poder y la compasión son parte de ella.
¿Qué piensas tú sobre esta cuestión?
Imágen de Formyths



Gracias por traer este dilema entre el poder y la compasion. Ambos forman de la vida, como dices.
Tu propuesta, de que para conciliar ambas en nuestro hacer personal en el mundo, invita a percibirnos más allá de nuestra individualidad, a sentirnos como un eslabón del proceso vital, dejándonos guiar como parte de ese proceso, a mí me parece liberador.
Me conecta con la humildad y al mismo tiempo con un sentimiento de pertenencia, de grandeza y agradecimiento al que no puedo llegar cuando me siento individual o separada de la vida.
Gracias. En este blog comparto lo que me parece entender del Mahabharata, de allí viene la propuesta de percibirnos más allá de nuestra individualidad. Lo que a mí me interesa sobretodo es la cuestión de cómo compartir un texto sin convertirlo en un objeto, y de ahí la sensación de que esté hablando yo, cuando intento más bien dar voz al Mahabharata. Gracias por comentar!