Hubo un niño (¿cuándo?¿dónde?), que era hijo de un rey.
El rey tenía hijos de dos esposas distintas. Una tarde el rey estaba jugando con el hermanastro del protagonista de esta historia, quien quiso también participar, pero su madrastra lo apartó.
El niño salió del palacio, profundamente dolido. Continuó corriendo hasta llegar al bosque, donde se vió rodeado de ermitaños (ṛṣi) que se encontraban meditando entre la vegetación. Aquél estado impresionó tanto al niño que se dispuso a imitarlos, días y noches, a pesar de que los mismos ermitaños le aconsejaban jugar y vivir su infancia.
Al fin el niño se entregó de tal manera al estado meditativo que se encontró “cara a cara”, o “corazón a corazón” con la fuente universal (bhagavān) , o aquello que permea todas las cosas (viṣṇu), el origen y sostén de toda la existencia.
-¿Qué deseas de mí? Preguntó Viṣṇu al niño. Pero, impresionado por aquella presencia, el niño solo pidió que le enseñara a dirigirse a “él”. Ese pedido inspiró un canto en el niño, que expresó en el lugar en el que estaba, en el bosque, pero lo oyeron los sabios y sabias de todo el universo. Algunos de ellos son estrellas, como las siete estrellas de la osa mayor, por ejemplo (saptarṣi), quienes se dispusieron a circunvalar aquel niño, en honor al canto que estaba entonando, y le hicieron un lugar en el cielo, un lugar fijo (dhruva), el que ocupa la estrella polar. Desde entonces aquél niño pasó a llamarse Dhruva, que significa estable, o fijo, y las estrellas del cielo giran a su alrededor.
Esta historia es central para mi vivencia del Mahabharata este noveno año. Tal como la comparto aquí escrita, forma parte de un artículo que he ido escribiendo estas dos semanas durante los tiempos que me quedaban libres, para una revista académica. El artículo no lo puedo compartir, todavía, porque para que sea publicado tiene que ser inédito. Si es aceptado, compartiré el enlace en una entrada futura y si es rechazado compartiré el artículo aquí.
Es relevante para este blog y el proceso de este noveno año porque el artículo consiste en una retrospectiva de lo que ha sido el proceso de Respirar el Mahabharata en estos nueve años, en la linea propuesta como temática para este noveno año, que debía servir de reflexión antes del último tramo de este acto voto/performance/acto creativo. Escribirlo me ha servido para volver a tomar consciencia de algo que no he podido reflejar en el artículo mencionado, que viene a partir de la manera de escribir:
Hacía mucho tiempo, probablemente años, que no escribía de manera académica. Es decir, ordenando la información primero en un esquema y después construyendo una argumentación ordenada con la información elegida. Hace tiempo que decidí dejar de escribir así, como parte del aprendizaje de Respirar el Mahabharata, para cruzar así el umbral a otra manera de usar la palabra. Recuerdo que más o menos por el tercer año del proyecto perdí el ordenador portatil donde tenía citas y referencias de textos sánscritos acumuladas durante años, ordenadas por temas. En aquél momento pensé que sería un ejercicio excelente retomar la escritura del blog y de un libro que estaba preparando, sin recurrir a citas sino apoyándome en el sentido de lo que se escribía en sí. Y tanto me gustó la experiencia que dos años después se me volvió a romper el ordenador, de nuevo sin haber hecho un backup de nada, perdiendo otra vez la información acumulada. Así empecé a indagar en esta manera de escribir, y por esto también pasé a escribir cada entrada a mano en una libreta y a último momento. En lugar de ir retocando y añadiendo fragmentos a cada entrada durante los quince días entre cada publicación me acostumbré a dejarme llevar por la lectura del Mahabharata y literatura relacionada, sintiendo cada quince días el estado de la inmersión en el relato para escribir la entrada a mano y de una sentada la tarde anterior a su publicación.
Escribir este artículo me ha recordado cómo era escribir de una manera que hacía unos años ya que no practicaba, y hay algo que me ha llamado la atención y me gustaría compartir en esta entrada. Esto es, que al escribirla podía compartir mucho menos el espacio y el tiempo con mi familia, sobretodo mi hija. En estos días tengo muy poco tiempo y había reservado un día que tenía libre para escribir el articulo mencionado, con una semana de antelación, después de haber tomado notas allí donde podía. La coincidencia fue que justo ese día mi hija se puso enferma y se quedó en casa, y tuve que compartir la escritura con la atención que una niña de cinco años necesita. Pues me he encontrado mucho más irritable e impaciente de lo que hubiera estado escribiendo un escrito espontáneo en la libreta. Porque cuando tienes que construir una narración lineal, donde cada párrafo construye el argumento del siguiente, cualquier distracción te exige volver a empezar lo que estabas haciendo. Volver a retomar la argumentación desde el principio. En los textos que venía escribiendo esto no era así. Se basaban en las sensaciones del momento, con apoyo en el Mahabharata. Si algo me interrumpía, retomaba la escritura desde donde estaba.
Encuentro esta diferencia de matiz relevante e interesante de compartir, porque lo que busco con la narración del Mahabharata es una alineación de palabra con momento presente, que estoy convencido que el Mahabharata permite de manera excepcional, por la profundidad del texto. Como he dicho aquí y en los encuentros de narración muchas veces: El Mahabharata no va de algo, sino que es la realidad. Es el momento presente expresado en palabras. Tanto cuando se lee como cuando se narra o cuando se recuerda. Indagar en esto es el sentido de este proceso de 12 años.
El próximo 12 de Diciembre será un paso más en esta dirección y por esto presentaré un juego narrativo, basado en el Mahabharata, que ha nacido este año. El encuentro será en el espacio cultural Musubu en Barcelona, donde también haremos una charla sobre el Mahabharata y su narración el día 15 de este mes de noviembre, a las 19.00.
(La imagen de la entrada está generada por IA a partir del mismo texto que acabas de leer)
