¿Por qué luchan los reyes del Mahabharata?

En la refulgente ciudad de Hastināpura vivían los emperadores del mundo; reyes entre reyes y guías de la humanidad. Tan justos, y efectivos, que bajo su amparo los monarcas del mundo dormían tranquilos y recordaban sueños dulces cada mañana con su real despertar (…).

Estamos hablando del gran (mahā) linaje de los Bhārata.

La humanidad sigue recordando su paso por la tierra;

cantando su nombre;

escribiendo blogs sobre sus hazañas…

Uno de los últimos herederos del clan de los Bhārata nació ciego, y su hermano nació pálido como la luna. Los nombres de estos reyes fueron Dhŗtarāșțra y Pāņḍu, respectivamente.

Los 100 hijos del rey ciego anhelaron la tierra, y quisieron expulsar de ella a los hijos del rey pálido. Así estalló la gran guerra civil que quebró la confianza en la humanidad.

Pāņḍu, el rey pálido, murió cuando sus hijos (los Pandava) aún no estaban en edad de retener memorias. Nunca pudo aconsejar a sus sucesores. Y el rey ciego, a pesar de justo, fue un rey muy maleable: se dejaba influenciar por su hijo mayor (Duryodhana) y aún volviendo a recurrentes ataques de remordimiento y preocupación no fue capaz de controlar a su desbocado vástago y fue permitiendo que la tierra se vaya arrastrando hacia la guerra.

En el mismo linde de la guerra, viendo a los ejércitos tomar posiciones, a los miles de soldados reunirse con sus armas, carros, elefantes, banderas y brillantes trompetas, el rey ciego tiene otro gran momento de arrepentimiento y por un instante “ve lo que está pasando”, y pregunta a su consejero (Sañjāya), quien ha recibido la bendición de la visión profunda – la capacidad de ver, escuchar, percibir, todo lo que pasa en el mundo, detrás de cada piedra y dentro de cada hogar:

«En pos de la tierra, todos estos señores de la tierra están dispuestos a dar su vida. Nada los apaciguará. No se tolerarán unos a otros, por su deseo de prosperidad terrenal. ¡Oh Sañjāya! Siento que la tierra debe poseer muchas cualidades, háblame de ellas.»

Y la respuesta del consejero es, para los profanos como yo, más bien enigmática:

«¡Oh, inmensamente sabio! Te hablaré de las cualidades de la tierra según mi conocimiento. Contémplalas con la visión de los textos sagrados. ¡Oh toro entre el linaje de los Bhārata! Me postro ante ti.

Hay dos clases de seres en el mundo, los móviles y los inmóviles. Dependiendo de su nacimiento, los seres móviles son de tres tipos – los nacidos de huevos, los nacidos del sudor (se refiere a los insectos) y los nacidos del útero. ¡Oh rey! Entre todos los seres móviles los nacidos del útero son los mejores. De los nacidos del útero los humanos y los animales son supremos. ¡Oh rey! Tienen diversas formas y están divididos en catorce grupos. Siete residen en el bosque y siete viven en las aldeas. ¡Oh rey! Leones, tigres, jabalíes, búfalos, elefantes, osos y monos- estos siete son los que se llaman los habitantes de los bosques. Ganado, cabras, humanos, ovejas, caballos, mulas y burros – estos son considerados habitantes de las aldeas por los justos. ¡Oh rey! Estos son los catorce tipos de animales, domésticos y salvajes. ¡Oh señor de la tierra! Estos han sido mencionados en los textos sagrados (Veda) y los sacrificios adecuados de cada uno han sido establecidos. De los domésticos los humanos son los mejores y los leones lo son entre los salvajes. Todos los seres sostienen su vida viviendo unos de los otros. De los que son inmóviles se dice que son udbhijas y estos tienen cinco especies –  árboles, arbustos, trepaderas, plantas y los que no tienen tallo entre las especies de hierba. Hay por tanto diecinueve especies. Tienen cinco constituyentes universales. Son veinticuatro elementos en total. Estos se describen como Gāyatrī y esto es conocido por el mundo. El que comprende que todo esto es el sagrado Gāyatrī posee todas las cualidades. ¡O mejor entre el linaje de los Bhārata! Este no será destruido. Todo nace de la tierra. Cuando es destruido, todo vuelve a la tierra. Todos los seres están establecidos en la tierra. La tierra es eterna. El que posee la tierra, posee todos los objetos móviles e inmóviles del universo. Esa es la razón por la que los reyes están dispuestos a matarse unos a otros.»[1]

Gāyatrī es, en sánscrito, un tipo de métrica: 3 versos de ocho sílabas, que suman en total 24, como los elementos de la tierra según Sañjāya, el consejero omnividente. Los Veda, estos textos sagrados que menciona el consejero en su respuesta al rey ciego, tienen partes importantes escritas en el tipo de métrica llamada Gāyatrī. Una de ellas el mantra llamado, precisamente, Gāyatrī.

¿Significa la respuesta del consejero Sañjāya que todo lo que existe tiene la métrica Gāyatrī? ¿O que el mantra llamado Gāyatrī lo contiene todo?

¿O las dos cosas?

Gāyatrī es la energía vital; lo que existe antes de la aparición de la semilla[2].

La energía vital es el rey, lo que dirige todo[3]. Esta energía vital fue expresada en verso por lo más elevado.

¿Y qué es lo más elevado? El órgano del lenguaje, dicen los que entienden[4]. ¿Y cómo se llama a lo más elevado?

En sánscrito, Vasisțha: lo más elevado.

Vasisțha, lo más brillante, o elevado, o supremo, en sánscrito, es el órgano del lenguaje[5].

Vasisțha es también una estrella, Mizar, situada en la cola de la osa mayor, junto a su estrella gemela Alcor, o Arundhatī en sánscrito.

Vasisțha, es también el maestro espiritual del clan de los Bhārata, cuando toma la forma de un anciano con la cabellera blanca, muy larga, que se recoge en un moño tras la cabeza.

Según cuenta él mismo:

« (…)[6] la Omnisciente Omnipresencia brilla eternamente en todos los seres. Cuando despierta una agitación en este ser eterno nace Viṣņu, la omnipresencia, como una ola se levanta en la superficie del océano cuando es agitado. De Viṣņu nació el creador, Brahmā. Brahmā comenzó a crear las incontables variedades de seres animados e inanimados, conscientes e inconscientes, en el universo. Y el universo se volvió como ya había sido, antes de la disolución cósmica.

El creador vio que todos los seres vivos en el universo estaban sujetos a la enfermedad y la muerte, al dolor y al sufrimiento. En su corazón nació la compasión, y pensó en establecer un sendero que pueda llevar a todos los seres vivos a liberarse de todo aquello. Por tanto instituyo centros de peregrinaje y virtudes nobles como la austeridad, la caridad, la sinceridad y la conducta adecuada. Pero estos eran inadecuados; solo proporcionaban un alivio temporal del sufrimiento y no una liberación definitiva de la pena.

Reflexionando pues, el Creador me hizo emerger. Me acercó hacia sí y posó el velo de la ignorancia sobre mi corazón. Instantáneamente olvidé mi identidad y mi naturaleza. Fui miserable. Le supliqué a Brahmā, el creador, mi propio padre, que me enseñara el camino de salida de aquella tristeza. Hundido en mi melancolía era incapaz de hacer nada y yacía vago e inactivo.

Así que en respuesta a mis plegarias mi padre me reveló el auténtico conocimiento que instantáneamente disipó el velo de la ignorancia que él mismo había desplegado sobre mí. El Creador me dijo entonces: «Hijo, he velado el conocimiento y te lo he revelado para que experimentes su gloria, pues solo así comprenderás el esfuerzo que hacen los seres ignorantes y los podrás ayudar». Señor[7], equipado con este conocimiento estoy aquí y seguiré estando hasta el final de la creación.»[8]

Este es Vasisțha.

Es también lo más elevado,

una estrella

y el lenguaje.

Vasisțha manifestó el Gāyatrī.

El Gāyatrī lo es todo: la tierra, el espacio abierto por el que vuelan las nubes y el espacio exterior.

El cuerpo, las ideas y el sendero hacia la comprensión de la verdad, que nos muestra Vasisțha[9]. El sendero por el que el alma viaja a través del tiempo, evolucionando desde el gusano hasta dios. La chispa por la que la inconsciente Noche carente de sol recibe la llama que agita la vida para que la dura tierra inanimada se pueda mover y la naturaleza sonámbula pueda, en su sueño, parir una criatura pensante capaz de creer y amar[10].

Por esto, por este secreto, los reyes del mundo están dispuestos a dar la vida.

 

 

 

[1] Mahābhārata, Jambukhanda-Vinirmana Parva 5

[2] En los comentarios de Śankara al verso 6.1.1 de Brihadāranyaka Upanișad – Traducción de Consuelo Martín, Trotta.

[3] Brihadāranyaka Upanișad 6.3.5

[4] Brihadāranyaka Upanișada 6.1.2, y comentario de Śankara – Traducción de Consuelo Martín, Trotta.

[5] Ibíd

[6] La palabra que falta es ¡Oh Rāma!, para agilizar el texto la escribo aquí en lugar de donde toca.

[7] Rāma

[8] Yoga Vāsișțha, 2.8- traducción al inglés de Swami Venkatesananda

[9] Traducción e interpretación del verso de apertura del mantra Gāyatrī: Om Bhuh Bhuvaḥ svah.

[10] Traducción y adaptación del poema The Miracle of Birth, the Sri Aurobindo, citado en: On Love, Sri Aurobindo & The Mother, Sri Aurobindo Ashram Press, 2011.

¿Por qué la tierra se llama la extensa (Prithvi)?

Anga fue un rey que durante toda su vida sustentó el universo con su energía. Llegó un punto en el que entendió que había cumplido con los deberes hacia su rol social y Anga decidió que el calor que movía su cuerpo ya podía disolverse en la temperatura del universo.

Anga se levantó y entró caminando en un bosque; sin dirección, sin pensar qué camino tomar. Esquivando la vegetación hacia la dirección que le dictara la intuición, el rey se fue alejando de la civilización de manera irreversible y acercándose con cada paso más hacia el silencio de la noche.

Anga no quiso registrar ningún camino de vuelta al mundo político y nadie en la corte supo nunca más dónde se encontraba.

Cuando los maestros que siguen la danza de la tierra con las galaxias se dieron cuenta de que había nadie que protegiera la vida, ungieron como rey a Vena,  el que era hijo de Anga, el rey que había desaparecido en el bosque.

Así, elegido por el viento y las estrellas, Vena se sentó sobre el trono y sintió que en su interior se avivaba el calor más intenso que había sentido en su vida. Cuando los dedos de los sacerdotes acomodaron la corona sobre su frente Vena entendió que él era el ser más importante del universo. El hombre dorado, el rey. Él, y solamente él, se expande por el universo y sus súbitos son puntos de luz y polvo dorado como reflejos del sol sobre la arena. Él era la única religión.

Los videntes que lo habían coronado vieron al rey alejarse de ellos hacia el universo de su imaginación. La mirada de Vena cambió y se perdió; ya no miraba a quien tiene delante sino hacia un horizonte inexistente. El nuevo rey Vena prohibió la religión, los ritos y la filosofía. A partir de su coronación lo único que el rey permitió adorar fue al propio Vena.

-No puedes- le explicaban los maestros al rey –privar a la gente de la posibilidad de crecer y desarrollar su potencial humano.

Las personas nacemos para volver al uno; para volver más allá de nuestro nacimiento; y lo que nos permite hacer este viaje es el ritual y la búsqueda de la transcendencia. La sumisión a un poder terrenal no es el destino de la raza humana.

-Vuestros llantos no me importan. No creo en vuestras quejas y súplicas. Estáis todos confundidos; vuestra debilidad mental os arrastra hacia la locura. No existe nada más allá de mí, yo soy quien rige el orden y el orden soy yo: no existe nada más. Yo soy lo único que deberíais adorar. Soy lo único adorable.

 

-Lo único que tenías que proteger es la vida- le contestaron los maestros –y ahora quieres glorificarte a ti mismo como inmortal. Un lugar donde no mueren los individuos no es un lugar vivo, es lo contrario. Como parte de la gran vida, el rey Vena debe morir.

 

Los maestros decidieron que el rey Vena era una amenaza para el equilibrio del mundo y terminaron con su vida. Porque existen dos tipos de compasión: La compasión personal, regida por el afecto y la emoción, y la compasión cósmica, mucho más enigmática. Los maestros tuvieron que llevar a cabo el misterio de la compasión cósmica, pero la madre de Vena, movida por la compasión personal, se llevó el cuerpo sin vida que había sido su hijo y lo lloró a escondidas mientras los grupos de bandidos y forajidos abusaban de su caótico poder y saqueaban las tierras desamparadas que antaño habían sido un reino.

-Nuestro ascetismo, el calor y la energía que condensamos y canalizamos a través de nuestro cuerpo físico y sutil, vibra acompasado con el pulso del latido universal, pero esto no es suficiente para proteger a las familias que viven a merced del hambre y la violencia. Necesitamos un monarca que sirva de ejemplo. Necesitamos un punto fijo en el que balancear los platos de la justicia.- Así conversaban entre ellos los videntes. -Nosotros no podemos sostener el reino porque no escuchamos el plañir de los pobres,- se decían –necesitamos un descendiente de la dinastía de Anga.

Para recuperar el orden, los sacerdotes amasaron y removieron la profundidad del peso del muslo de Vena, el rey cadáver. Con sus consciencias, que son como la luz de las estrellas penetrando la oscuridad, los sacerdotes penetraron el muslo de Vena y de la masa densa del cuerpo saltó un enano vivo, con la piel muy oscura y con todas las partes del cuerpo en forma de zigzag.

El enano aceptó con un susurro todas las faltas que el rey Vena había tenido en vida y tras clavar una mirada eléctrica en los presentes se giró y se marchó lentamente hacia las montañas. Sus descendientes son las tribus llamadas Nishada, quienes viven en los bosques de las partes elevadas de las montañas.

Con la misma concentración, los sabios siguieron amasando ahora los brazos del cuerpo sin vida del antiguo rey. De la materia de los brazos del rey Vena salió una pareja humana. Las líneas de la mano del hombre dibujaban en su palma caminos que nunca se habían visto y si se comparaban con las líneas de las palmas de la mujer, juntos, los trazos en la piel de las cuatro palmas formaban un dibujo enigmático que evocaba algo cercano y a la vez incomprensible. Cuando tuvieron a la pareja delante los videntes sintieron la vibración de un soplo sordo, fresco, intenso, que permeaba y peinaba todos los átomos de su cuerpo. Cobraron consciencia de que se encontraban ante una porción de la divinidad; ante dos avatares. Se encontraban ante el nacimiento del milagro y la realidad en forma de una pareja humana armonizada de manera interminable.

El hombre recibió el nombre de Prithu (Pŗthu) : expansivo. Porque así como los videntes expanden su consciencia de la expansión constante del cosmos, Prithu nació para expandir la fama de sus acciones y los relatos de sus hazañas están destinados a resonar de generación en generación mientras sobreviva la humanidad.

A la mujer le fue dado el nombre del primer rayo de luz (Archi), el relámpago que separa la luz y la oscuridad para que comience el juego de escondite entre los contrarios.

Prithu expandió los relatos que se contaban sobre sus acciones por el tiempo y el espacio. Su conducta salvó del infierno a su antepasado Vena. Prithu hizo brillar el renombre de su linaje; durante toda su vida tuvo una idea clara de lo que quería hacer y supo sostener con coherencia este ideal apoyándolo con las acciones necesarias.

Viṣņu le prestó a Prithu su disco, una rueda flotante que le permitía discernir bien el camino como una linterna que alumbra el camino de día.

Brahmā le prestó a Prithu una armadura real forjada con estrofas poéticas que sintetizaban la esencia del conocimiento.

Shiva le presto a Prithu una espada sellada con los símbolos cíclicos de la transformación.

Vāyu le prestó a a Prithu dos abanicos para invocar su bendición.

Prithu llevaba sobre el cuello el collar del Dharma, la acción a tono con la realidad, a modo de protección. Llevó durante toda su vida la corona de Indra, el emperador de los seres de luz, sujetó la vara del tiempo y guardó el arco del fuego, cuya flecha apunta hacia el centro del universo. Todo esto, lo supo aprovechar Prithu sentado sobre el trono de la abundancia de Kuvera, quien es el tesorero del oro y la luz.

Cuando los sabios que provocaron el nacimiento de Prithu quedaron deslumbrados por todas las cualidades que lo rodeaban sintieron necesidad de postrarse ante sus pies pero Prithu no se lo permitió.

-Debéis adorar el alma suprema únicamente; – les dijo –a aquello que está en todo y por lo que cada uno de vosotros es especial.

Sin embargo en aquella época, mientras todos los matices de personalidades humanas quedaban deslumbrados ante el ejemplo de Prithu, la tierra dejó de ofrecer grano. El alimento no crecía y las criaturas estaban hambrientas.

A Prithu esta actitud de la tierra le pareció profundamente injusta y esto hizo que subiera por sus ánimos el murmullo de la furia como el sonido de las olas desde el fondo de un abismo. Prithu sujetó el arco del fuego y estiró los brazos tensando la cuerda del arma para  apuntar el filo de su flecha hacia el cuerpo de la tierra. Esta acción y una mirada limpia de todo deje de misericordia fueron lo que aterrorizó a la tierra llevándola al extremo de tomar la forma de una vaca y huir corriendo de la furia del rey.

-¿Cómo puedes matarme? – le gritó la tierra a Prithu con indignación -¿Acaso tus votos reales te permiten asesinar una mujer?

-Seas del género que seas,- contestó Prithu –escondes dentro lo que Brahmā ha moldeado para todos, egoísta. Piensas solo en ti y no dejas a la gente comer, por esto voy a destruir tu matriz.

Pero la tierra muge y suplica:

-Solamente los avaros y déspotas estaban aprovechándose de mi grano, por eso lo escondía, Prithu. Consígueme un ternero adecuado y te prometo que te daré el alimento que guardo en forma de leche. Fluirá de mí el elixir de la vida tanto como lo desees. Y también, oh Prithu, haz planicies en mi cuerpo, y huecos, para que el agua que Indra hace llover sobre mí tenga donde reposar y puedan así beneficiarse de ella todas las criaturas.

Prithu proyectó su cuerpo sutil entonces al plano astral, se encontró allí cara a cara con el arquetipo de la humanidad, con la pareja espacial del hombre y la mujer originales (Manu) y la convirtió en ternero. Prithu ordeñó por primera vez la tierra con sus propias manos para enseñarle al ternero de dónde beber y rompió con sus flechas las montañas, creando los valles, las grutas, los escollos y los estanques de agua. Así es como la tierra pasó de llamarse Medini, o hecha de la sangre blanca (Med) del demonio Madhu Kastabha, a llamarse Prithvi, la que es del rey Prithu.

 

En un principio el ser, la única entidad, no era más que esto. Y deseó: «Que se me permita tener una esposa, para poder tener descendientes. Que tenga riqueza para que pueda realizar ritos». Todo esto es deseo. Incluso si se deseara no se podría obtener más que esto. Por lo tanto, incluso hoy en día un hombre que está soltero también desea: «que se me permita tener una esposa para procrear y riqueza para llevar a cabo los ritos». Y hasta obtener cada una de estas cosas, se considerará incompleto. Ésa es su manera de completarse. La mente es su ser, el lenguaje su esposa, la energía vital su hijo, el ojo su riqueza humana, porque la obtiene a través del ojo, el oído, su riqueza divina, porque tiene noticias de ella a través del oído, y el cuerpo es su (instrumento para el) rito, porque se realizan los ritos a través del cuerpo. (…)
Brihadāranyaka Upanisad, I, IV, 17 – Traducción al castellano proveniente de la edición de Consuelo Martín para la editorial Trotta.
La fotografía adjunta es de David Gilkey.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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