Sobre los portales

Siento la necesidad de parar a recapitular en esta entrada del blog.
El fin de este blog es documentar la evolución de este voto de pasar 12 años estudiando y narrando el Mahabharata, la gran historia de la humanidad. Un propósito fiel al significado de la palabra inglesa blog: cuaderno de bitácora. En el cuaderno de bitácora la embarcación documenta lo que puede, a partir de elementos conocidos y medibles como temperatura, velocidad del viento, horas de luz y parecidos, un viaje que, en ocasiones, se adentra en paisajes inesperados y sorprendentes para cuya descripción todavía faltan palabras. Así me pasa con este proceso.
En este momento, el punto en el que me encuentro en el Mahabharata -la parte que tocará narrar este año- se podría resumir de la siguiente manera: El emperador del mundo ha perdido su reino jugándose todo lo que tiene en una partida de dados amañada.
El emperador del mundo, junto a sus cuatro fieles hermanos, y la esposa que los cinco comparten, están en el exilio y no tienen ninguna posesión.
En el exilio, místicos que viven solos en los bosques recomiendan al emperador del mundo, sus hermanos y su mujer, hacer un peregrinaje por todos los lugares de poder/portales (tirtha, en el idioma del Mahabharata) conocidos y prepararse así para la guerra que tendrán que hacer contra aquellos que les han quitado las tierras mediante el engaño.
En cada lugar sagrado -en cada tirtha- los protagonistas escuchan contar un relato, que explica cómo llegó ese lugar a convertirse en un tirtha, que literalmente significa vado.
Así, relato a relato, se perfila toda la cosmogonía del Mahabharata. Que es una cosmogonia simbólica. Es una cosmogonía mítica.

El mito, es un símbolo narrado. El símbolo, o el mito -y de esto quería escribir en esta entrada- no se puede interpretar. Si se interpreta el mito nos limitamos a sesgarlo de diferentes maneras.
Si entendemos el mito como una realidad empírica, lo convertiremos en una superstición. Si meramente conceptualizamos el mito, terminamos interpretándolo en forma de una metafísica dogmática. Si no creemos lo que cuenta el mito, lo convertimos en una alegoría. Si leemos el mito con desapego se convierte en un entretenimiento de carácter estético y si nos autoconvencemos de que uno puede interpretar lo que quiera en el mito entramos en la frecuencia de la magia, la manipulación de las conciencias. Y la magia, según dicen que dijo el sabio Gautama Budha, no significa más que tirar de cuerdas más largas. Porque aunque puedas hacer que todos crean lo que tú quieras, y sepas predecir lo que pasará hasta dentro de un millón de años, estarás en el mismo sitio. Porque todavía no sabrás lo que pasará en un millón de años y un día.
En fin, volviendo a las formas de interpretar el mito, no pongo ejemplos de ninguna de las opciones mencionadas porque creo en la inteligencia del lector, y en la lectura lenta. A quien le interese este esquema (que no he desarrollado yo, sino el pintor visionario Paul Laffoley, inspirado por el filósofo Karl Jaspers) puede releer cada opción y reflexionar sobre ella con calma.
Lo que quiero decir es que un mito se puede interpretar, pero te pierdes lo mejor. ¿Por qué? Porque al interpretar, no salimos de la dualidad sujeto (yo/nosotros) que interpreta un objeto (el mito). Es decir, no entramos en el portal.
Un mito es un portal a otra dimensión. El mito, cuando se escucha, nos traslada a otra dimensión. El mito nos traslada a un plano en el que las reglas se modifican y el sujeto que ha tenido a escuchar un mito se transforma en el objeto observado, por el mito. Esto se vive como una sensación de amplitud; como si de repente entendiéramos cosas que son más importantes que todo lo que normalmente nos preocupa. Estas comprensiones, sin embargo, no podemos explicarlas en esta dimensión, si no es volviendo a contar el mito que nos llevó a ellas. ¿Por qué? Porque contando el mito con sinceridad volvemos a abrir el mismo portal. Así, narradores y oyentes nos encontramos juntos en la dimensión que abre el mito. Allí somos observados juntos. Allí no sirven estas palabras.

Y dicho todo esto, queda por responder la cuestión de ¿para qué?¿Para qué abrir estos portales?¿Por qué no quedarse en esta dimensión material?¿Por qué tienen que viajar los Pandava, los protagonistas del Mahabharata, el emperador universal destronado, sus hermanos y su esposa, por todos los tirthas conocidos?¿Y para qué escuchar sus historias?
Esto intentaré responderlo en la próxima entrada. El viaje es largo, y le quedan todavía ocho años y medio a este proyecto. Mejor avanzar sin prisas.

En este cuarto año de Respirar el Mahabharata estoy desarrollando taller basado en el Mahabharata contrastado con en el tablero del juego de Lila, que comparto en el apartado Flechas y Serpientes de este mismo blog. Para la preparación cada entrada reflexiono sobre un fragmento del Mahabharata y tres casillas del tablero. Así, hasta cubrir todo el tablero antes de llegar al 12 de Diciembre de 2019, cuando se estrene el cuarto capitulo de esta performance, en la sala del colectivo CRA’P. Este escrito está influenciado por una reflexión sobre las casillas 10, 20 y 32

La decisión de Karna

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Para la entrada de esta semana quiero comentar una ilustración del dibujante de comics Mukesh Singh. Se trata de una imagen sugerente, hipnótica y algo kitsch, lo cual me recuerda la opinión del pintor Paul Laffoley quién considera que la estética kitsch es muy útil para acercarse a lo místico porque permite combinar lo inconcebible con lo obvio de la misma manera que lo hacen las religiones.

El título del dibujo es “la elección de Karna” y se refiere a uno de los eventos clave del Mahābhārata. Lo que a mí me cautivó en la ilustración, cuando la vi, fue el que el artista decidiera representar una de las escenas clave del Mahābhārata utilizando unos diseños espirales, porque en mi proceso de preparación de este primer bloque de la performance sobre el Mahābhārata sigo fascinado con la simbología de la espiral, vórtice circular o giro, presente la historia del batir del océano universal: cuando los dioses y sus enemigos unieron fuerza para batir juntos el universo y destilar de él una gota de elixir de inmortalidad. Se dice en el Mahābhārata que las guerras de la tierra descienden de las luchas entre los dioses y los demonios por el mismo elixir, el que batieron juntos antes de que empezara todo. Cuando vi cómo Mukesh Singh utilizaba una simbología circular para representar la elección de Karna en el Mahābhārata quedé inmediatamente magnetizado por la imagen.

¿Quién es Karna y qué elige?

Karna es el hermano mayor de los Pandava, los cinco hermanos protagonistas del Mahābhārata. Pandu, el padre de los Pandava, no podía tener hijos, y estaba preocupado porque todas sus ofrendas y su aprendizaje vital no iban a tener sentido ni continuidad. “Nunca alcanzaré los mundos luminosos”, le dice Pandu a su esposa Kunti, y le explica que los textos religiosos hablan de seis clases de hijos que se pueden considerar herederos: “los hijos nacidos a partir de uno mismo, los presentados en sociedad, los hijos comprados, los nacidos de la viuda de uno, los hijos nacidos de la esposa de uno antes de consumar el matrimonio y los hijos nacidos fuera del matrimonio. (…) Se dice que uno debería intentar tener descendencia de la primera manera y si no es posible, continuar probando por este orden” Y a continuación, Pandu le propone a Kunti una propuesta que podría considerarse algo progresiva en nuestro siglo, que consiste en quedarse embarazada de otro hombre. “El autoprocreado Manu dijo que los justos que no puedan tener descendencia pueden asegurar los frutos del Dharma teniendo descendencia que no provenga de su semilla”.

En este momento Kunti le revela a Pandu que recibió hace muchos años de manos de Durvasa, uno de los sabios primigenios, un mantra que la hacía capaz de invocar al dios que quisiera con el objetivo de quedar embarazada de él. Aprovechando este regalo, Pandu se asegura la descendencia pidiéndole a Kunti usar el mantra para tener cinco hijos de cinco dioses diferentes, a los cuales el rey reconoce como propios y por tanto herederos de su reino. Pero lo que Kunti no le cuenta a Pandu cuando revela el secreto de su mantra, es que cuando lo recibió, a causa de su juventud, decidió probar el mantra con el sol, quedando embarazada del hijo del astro. Confundida, Kunti abandonó al niño en una cesta en el río y este fue recogido por un conductor de carros y su esposa, ambos de la casta sudra, es decir trabajadores y no nobles. El niño que se encontraron llevaba puestos unos pendientes dorados con los cuales nació, regalo de su padre el sol, y por esta razón uno de sus apodos más conocido es Karna -orejas, y el otro Radheya –hijo de Radha: el nombre de su madre adoptiva. El nombre que sus padres realmente decidieron ponerle fue Vasușena, literalmente: “poseedor de excelencia”, probablemente porque ya de bebé, Karna emanaba todas las cualidades que lo hacían especial como persona y merecedor de ser el hijo del sol.

Lo trágico de la historia es que por varias causas Karna, quién desconoce su origen, acaba relacionado con el hermanastro codicioso de los Pandava, Duryodhana, quién organiza e instiga la guerra civil contra ellos. Duryodhana ofrece su amistad a Karna, y le regala un reino, a pesar de que ambos saben que el linaje de Karna no es de noble. Antes de comenzar la guerra, Karna está en el lado de Duryodhana, apunto de luchar contra los Pandava, y siendo como es el hijo del sol, su fuerza y habilidad en el campo de batalla igualan la balanza entre el poder de los Pandava y el de sus enemigos.

Krishna, siendo la encarnación de la divinidad, lo sabe todo y conoce el verdadero origen de Karna. Antes de comenzar la guerra ejecuta un último intento de llegar a un acuerdo de paz con los enemigos de los Pandava pero estas conversaciones fracasan. Antes de abandonar el lugar, Krishna llama a Karna, quién estaba presente en las conversaciones, a subir a su carro. Lejos de los demás, Krishna le habla en voz baja a karna y le cuenta su verdadero origen. Habiendo nacido como hijo de Kunti y un dios, igual que sus hermanos los Pandava, pero antes que ellos, Karna es en realidad el hermano mayor y el verdadero heredero del reino. Así se lo explica Krishna. “Si te proclamamos ahora hermano mayor de los Pandava”, le dice Krishna, “serás tú el rey (…) los cinco Pandava se abrazarán a tus pies (…) Los reyes, las esposas de los reyes y las hijas de los reyes traerán oro, plata y vasijas de barro con todo tipo de hierbas y gemas para tu unción. (…) Serás sentado sobre una piel de tigre y yo mismo te nombraré rey y señor de la tierra”. De esta manera, Krishna sigue describiendo a Karna cómo le servirán los cinco Pandava, cada uno de forma diferente, pero todo esto no le interesa a Karna: “Cuando nací” le contesta a Krishna, “Kunti no pensó en mi bienestar (…) El conductor de carros Adhiratha me considera un hijo. Movido por el afecto hacia él, yo siempre le he visto como un padre; (…) él organizó los ritos de mi nacimiento, él me puso el nombre, él me casó. (…) Oh Krishna, la tierra entera, pilas de oro, el placer o el miedo no pueden incitarme a ser falso con estos lazos”. Y de manera más trágica todavía, o más heroica si se quiere, Karna sabe que su bando está condenado a perder la guerra: “Seremos la oblación en el sacrificio al fuego de los Pandava; yo seré una de las ofrendas”, le dice Karna a Krishna, “Cuando las mujeres de Duryodhana (el enemigo de los Pandava) lloren en el campo de batalla rodeadas de perros y buitres, esto será como el baño después del ritual para los Pandava. (…) Deja que todos los nobles (kshatriya) encuentren la muerte bajo sus propias armas en el campo de batalla, Krishna, y dirige tus deseos solamente a que alcancen el cielo. (…) Mientras queden montañas en pié y los ríos sigan fluyendo, la fama eterna de estos hechos seguirá llameando”. Karna continúa hablando, y dice que en un sueño ha visto la derrota con todo detalle. Pero no solamente la derrota de su bando en la guerra, Karna entiende también que esta guerra significa el final de una era, entiende que todo el mundo tal y como lo conoce desaparecerá. Krishna intenta seducirlo hacia la paz una vez más haciéndole ver que están en la mejor época del año, al principio de la primavera, cuando todavía no hace demasiado calor ni hay demasiados insectos, pero Karna insiste: “Oh krishna, ¿por qué intentas confundirme? Tú mismo sabes que la destrucción de la tierra es inminente. Todos nosotros somos los responsables, (…) los augurios son terribles(…) hay muchos signos que erizan el vello. (…) Los caballos están llorando y no encuentran satisfacción en el pienso y el agua, (…) se escuchan sonidos de mugidos desde de los pozos (…) y ha aparecido una radiante ciudad en el cielo”.

Karna tiene muy claro que su bando va a perder, que él va a perder la vida en la guerra, y que el mundo tal y como lo conoce quedará destruido en el encuentro, pero se niega a cambiar de bando; esta es la famosa decisión de Karna.

El texto insiste una y otra vez en dejar claro que Karna es perfectamente consciente de la situación y entiende las consecuencias de sus actos. Su decisión no se debe a la ignorancia, esto queda claro, y que su decisión es transcendental también, porque Krishna mismo dice que Karna es capaz de evitar la guerra, simplemente decidiendo cambiar de bando. Krishna es la divinidad en persona y lo que propone a Karna es cambiar el rol que está jugando en la vida; le da la oportunidad da cambiar el aspecto de su existencia, de cambiar su futuro y el de la humanidad. Pero Karna se niega, porque la guerra es inevitable dice, y su lealtad está con Duryodhana. ¿Significa esto que Krishna fracasa? ¿Qué tiene la guerra del Mahābhārata, que ni tan solo Krishna, la divinidad en forma humana, es capaz de evitar? ¿O caso Krishna no pretende evitar la guerra? Se dice en el Mahābhārata que siempre que aparece en la tierra un avatar, una encarnación de la divinidad, esta viene para guardar el equilibrio del universo. En este caso, parece que el equilibrio del universo pasa por una guerra que destruye todo un mundo, y da lugar a una nueva era, la nuestra, más imperfecta y más precaria que la era en la que vivieron los héroes del Mahābhārata. Los eventos del Mahābhārata son inevitables, la guerra parce ser inevitable porque ni tan solo Krishna es capaz de evitarla, pero la elección personal de cada personaje es relevante. ¿Cuál es la oportunidad que pierde Karna al negarse a pasar de bando? ¿Qué es lo que Krishna le ofrece realmente sobre su carro? Porque si la guerra es inevitable, ¿qué importa el bando en el que luche Karna? Esto Karna no lo descubrió, porque no siguió el consejo de Krishna. La pregunta es si podemos descubrirlo nosotros, inspirándonos en las enseñanzas de Mahābhārata.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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